Podemos y la pérdida de la inocencia

pablo

Así se refirió Pablo Iglesias al discurso del Papa en la sede del Parlamento Europeo, el primero que pronuncia un Sumo Pontífice desde Juan Pablo II en 1988. Consecuente con la campaña de marketing que pasa por convertir a Francisco en un Papa del siglo XXI, alejado de las prácticas de sus antecesores en términos de evangelización y de cuidado de las esencias del catolicismo, Iglesias compró el producto: Aplaudió las referencias del Papa que mejor casan con el discurso de Podemos, sobre todo las relativas a la burocracia de la UE, al papel de las multinacionales y a priorizar la dignidad humana a los intereses económicos.

Cuando finalizó el discurso del Papa, que hizo que los eurodiputados de la Izquierda Plural abandonaran el hemiciclo, Iglesias no quiso eludir a la prensa y alabó la defensa que el Sumo Pontífice hizo de “los de abajo”, el concepto acuñado por Occupy Wall Street, en 2011, y que está siendo asumido sin reparos por los portavoces de Podemos, que huyen como pueden de la dicotomía izquierda/derecha para abrazar una suerte de transversalidad.

Las palabras de Iglesias, que se acompañaron de tuits elogiosos de las críticas del Papa a la burocracia de la UE y al papel de las multinacionales en el mundo, tuvieron un impacto directo en las redes sociales, en las que algunos eurodiputados de Podemos, sin criticar directamente a Iglesias, arremetieron contra el inmovilismo del máximo representante de la Iglesia católica respecto al derecho de las mujeres a decidir su maternidad o sobre los derechos del colectivo homosexual. Para compensar, Pablo Echenique destacó el papel de Cáritas en la atención a los más afectados por la crisis económica.

Más allá de los posicionamientos internos, que hacen pensar en una pugna más fuerte de lo que parece entre las tendencias más vinculadas al juego político y las más filosóficas en Podemos, hay que leer el posicionamiento de Iglesias en otra clave. En su discurso tras ser proclamado líder indiscutible, habló claramente de virar hacia el centro, lo que denota un objetivo: La formación no se conforma con haber provocado el seísmo en el sistema de partidos, con ecos como la rectificación del PSOE para reformar el art. 135 de la CE cuya reforma pactó en agosto de 2011 con el PP. Con el gesto de ayer (que se suma a su replanteamiento sobre el pago de la deuda ilegítima o sobre la educación concertada), Podemos confirma que aspira a ser un partido de Gobierno, y el PSOE puede dar un máster de las implicaciones que ello tiene en términos de posicionamientos ideológicos.

Aupado por los sondeos y por una exposición mediática que se comienza a regular (en buena medida porque las últimas entrevistas a Iglesias en La Sexta y SER no salieron todo lo bien que se esperaba), Podemos muestra una pérdida de la inocencia, entendida como la defensa de la pureza de los principios fundacionales, que resulta sólo llamativa si se tiene en cuenta que no tiene ni siquiera un año de vida.

En sus cálculos electorales, ya ha descontado el apoyo de la izquierda anticlerical y que, para conseguir sus objetivos, debe convencer al sector ubicado en el centro izquierda e incluso del centro, ese agujero negro en el que abundan trabajadores profesionales o del sector primario que ven bien que se den avisos a los poderosos o que se busquen soluciones a los desahucios pero que en ni en la peor de sus pesadillas se plantean como alternativa real expropiaciones para hacer realidad, por ejemplo, el derecho a la vivienda.

En estos días se escucha, y mucho, la comparación del ascenso de Podemos con la del PSOE en la Transición, cuando la formación sustituyó al PCE como la formación de izquierdas por antonomasia. Entonces se hablaba de la izquierda posible, un término que, a partir de 1982, implicó que el PSOE tuviera que tragarse sapos como la reconversión industrial, la desactivación de la calle o la entrada de España en la OTAN (como condición para adherirse a la CEE). Este proceso , con el tiempo, se amplió con la renuncia de los principios vinculados a la socialdemocracia clásica y con un abrazo cada vez más explícito a experimentos como las terceras vías y que se consumó  en la reforma pactada con el PP de la sacrosanta CE por orden de instituciones supranacionales.

Quizás este martes, en Estrasburgo, vimos el inicio del proceso que necesariamente recorrerá Podemos si quiere convertirse en una alternativa seria de Gobierno. Por si acaso, estos días recibe el espaldarazo de uno de los articulisas de Financial Times, Wolfgang Münchau, que definió la propuesta de Podemos sobre la reestructuación de la deuda como “un enfoque coherente para gestionar el riesgo económico posterior a la crisis”.

Sobre la conveniencia de que el líder de una institución como la Iglesia católica -misógina, ultraconservadora, en retroceso en amplias zonas geográficas (como América Latina) y con millones de cadáveres en sus armarios- fuera protagonista en la que aspira a ser la sede de la soberanía europea, mejor ni hablamos.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
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