Podemos abandona la revolución tranquila

Por segunda vez este semana, el  volvimos a asistir al segundo ejercicio de realismo político de Podemos tras el aplauso de su líder, Pablo Iglesias, al discurso del Papa ante el plenario del Parlamento Europeo. Con todo el bombo posible, la formación había anunciado una rueda de prensa para dar a conocer los principios económico del programa electoral con el que buscará el concurso de la ciudadanía. Finalmente, la comparecencia se centró en una rueda de prensa de Iglesias y Carolina Bescansa, que se hicieron acompañar por los economistas que están trabajando en el programa de Podemos: Vicençs Navarro y Juan Torres, los mismos que firmaron con el aspirante a liderar IU, Alberto Garzón, su libro “Hay alternativas”.

Los economistas de Podemos presentaron un programa “para la gente” que  confirma que, tras asumir un discurso que muchos percibían como radial, Podemos ha comenzado a orbitar hacia la política posible. Aunque a muchos de sus seguidores no les gustará, lo cierto es que Podemos parece haber renunciado a los principios más revolucionarios (termino empleado con todas las cautelas) con los que se presentó a las elecciones al PE para optar por un reformismo en sentido clásico.

Así, sitúan como ejes de su acción el combate a la tasa de paro, al peso de la deuda pública como piedra que hunde las expectativas de España (y del resto de países de la Eurozona intervenidos), y en la desigualdad, sobre todo tras saberse que el paisaje tras seis años de crisis económica es que España sea el segundo país de la UE en el que más ha aumentado la desigualdad. Éstas son algunas de las propuestas esbozadas, que se podrán consultar en la web del partido a lo largo del día de hoy, son:

  • Una política fiscal que permita recuperar poder adquisitivo a las rentas más bajas. Se pretende combatir el fraude fiscal (estimado en 40.000 millones de euros); hacer que los superricos y las multinacionales tributen lo que deben (estiman por se conseguirían 3500 millones de euros)
  • Acciones para promover pacto de rentas: se estudia aumentar el Salario Mínimo Interprofesional y limitar los salarios máximos para incluir una mayor redistribución de la renta. La renta básica universal se transforma en una renta básica para personas en riesgo de exclusión social, algo que recuerda mucho a la renta básica de trabajo con la que se intenta paliar la situación de parados sin prestación con cargas familiares.
  • Una financiación pública frente a la banca privada tradicional, que consideran que “no ha funcionado”. Se propone una o varias bancas del Estado para reactivar el crédito o bien la creación de cooperativas de crédito. De fondo, la consabida nacionalización de la banca que formaba parte de los programas de los partidos socialdemócratas europeos hasta los años 80 y 90.
  • Reestructuración del Instituto de Crédito Oficial (ICO) para que tenga un papel más cercano a los ciudadanos, dado que se asume el crédito como un “derecho”. Así, también se proponen remodelar la Sareb, la sociedad que gestiona los activos transferidos por las cuatro entidades bancarias nacionalizadas.
  • Política laboral: se promoverá la eliminación de los incentivos a la contratación a tiempo parcial no voluntario; se establecerá la jornada laboral de 35 horas semanales; se fortalecerá el papel de los sindicatos para que suban los salarios; y se retomará la jubilación a los 65 años (y no a los 60 años, algo que ha formado parte de su programa hasta ayer mismo). Además, se potenciará una mayor integración de la mujer en el mercado laboral con la creación de escuelas infantiles que les ayuden a compaginar las responsabilidades familiares con sus proyectos personales.
  •  Gasto público: Puesta en marcha de un plan inmediato de ahorro público que evite el gasto innecesaria; se aumentará el gasto público en “infraestructura social” ya que “es fuente de empleo”. En la práctica, se pide que el Estado acometa la función de crear empleo si el sector privado es incapaz de absorber la tasa de paro similar.
  • En política europea recomiendan mecanismos que garanticen la mancomunación de la deuda; se abogad por una reestructuración de la deuda de los Estados o una quita “dialogada y pactada”, en la línea de propuestas como las de Syriza en Grecia.

Según los economistas que lideran esta propuesta de Podemos, se trata de una “apuesta ética y pragmática”, puesto que se tiene en cuenta la pertenencia de España a la UEM de la UE (con las restricciones en relación a la política monetaria y, gracias a la crisis, a los límites presupuestarios) y a un entorno global que nos obliga a determinados compromisos. Para los más miedosos con el tsunami Podemos: España no es Venezuela y los dirigentes de Podemos no aspiran, en ningún caso, a poner en marcha políticas económicas como las que protagonizan, con todas las cautelas del mundo, los países del ALBA.

En el acto de presentación de estas líneas maestras, Pablo Iglesias mencionó los engaños que promovieron tanto PSOE y PP con los programas electorales que presentaron a los comicios de 2008 y 2011 y defendió la receta económica de Podemos como el plan que asumiría cualquier socialdemócrata hasta no hace mucho tiempo. Es decir, se acabaron las veleidades de transformación revolucionaria de la sociedad y se asumen los límites que significan las estructuras que componen este país, algo que, necesariamente, debe tener un reflejo en sus seguidores.

De paso, Podemos da un triple salto mortal y lanza un paquete de medidas que pretende corregir la consideración que de sus propuestas tienen los ciudadanos. Recordemos que, en el último barómetro del CIS, los ciudadanos situaban a Podemos en la extrema izquierda (2.43 en el eje izquierda/derecha) y, hasta donde sabemos, las elecciones en España las han ganado formaciones que, sin renunciar a sus electorados, lanzaban guiños al centro político que cambia el sentido de su voto según el ciclo.

Ese guiño, por parte de Podemos, se basó inicialmente en el enfado ante una situación económica, política y social a la que los partidos tradicionalista no sólo no están dando soluciones, sino que están comportándose como agentes responsables del desaguisado. Ahora ha llegado el momento de jugar en serio y esos gestos se transforman en discursos que ponen el acento en lo posible y no tanto en lo deseable, insertándose en la tradición que abrazó en su día Felipe González.

Su gran ventaja es que, tras años de terceras vías y productos similares en la socialdemocracia europea, este posicionamiento cumple dos características: No resulta amenazador para el establishment y activa ecos de un paraíso perdido por parte de una ciudadanía que parece dispuesta a desandar el camino emprendido para intentar hacer las cosas de otra manera.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
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