EEUU sentencia el fin de la Guerra Fría con Cuba

Hoy se cumple una semana de uno de los acontecimientos históricos más importantes desde la caída del Muro de Berlín. En esta ocasión, el calificativo histórico es el más apropiado: Barak Obama, en EEUU, y Raúl Rivero, desde Cuba, anunciaron al mismo tiempo el inicio de relaciones diplomáticas entre ambos países, un hecho que no se producía desde 1961.

El acuerdo incluía la liberación de presos de ambos países: por el lado cubano, se puso en libertad a Alan Gross, un contratista norteamericano preso en La Habana desde 2009, y a espía de nacionalidad cubana, que trabajaba para EEUU en labores de contraespionaje y llevaba casi veinte años preso en la isla; por el lado de EEUU, se puso en libertad a tres espías cubanos, integrantes de la red Avispa, desmantelada en 1998. “Los Cinco”, como se los conocía en la retórica nacionalista cubana, fueron hallados culpables en 2001 de conspirar y operar como agentes extranjeros sin haberlo notificado al Gobierno de EEUU. Todos están ya en La Habana, donde fueron recibidos por Raúl Castro como héroes.

Éste fue el mensaje con el que Barak Obama anunció el inicio de las relaciones con Cuba, una decisión duramente respondida por los republicanos y por algunos sectores del Partido Demócrata, que acusan al presidente de EEUU de haber renunciado a la fuerza a cambio de nada (no en vano, Cuba está experimentando en estos tiempos cierta apertura económica pero no política en la línea exigida por actores como EEUU y la Posición Común de la UE):

“Está claro que las décadas de aislamiento de Cuba por parte de EEUU no consiguieron nuestro objetivo de promover el surgimiento de una Cuba estable, próspera y democrática. En determinados momentos, esta política a largo plazo de EEUU en relación con Cuba provocó el aislamiento regional e internacional de nuestro país, restringió nuestra capacidad para influir en el curso de los acontecimientos en el hemisferio occidental e imposibilitó el uso de toda una gama de medidas que Estados Unidos podría haber utilizado para promover un cambio positivo en Cuba. A pesar de que esta política se basó en las mejores intenciones, su efecto ha sido prácticamente nulo: en la actualidad Cuba está gobernada por los hermanos Castro y el partido comunista, igual que en 1961 (fecha del embargo). No podemos seguir haciendo lo mismo y esperar obtener resultados diferentes. Intentar empujar a Cuba al colapso no sirve a los intereses estadounidenses ni a los del pueblo cubano. Hemos aprendido tras una dura experiencia que es mejor fomentar y respaldar las reformas que imponer políticas que convierten a los países en Estados fallidos”

Desde La Habana, Raúl Castro vendió la apertura de relaciones con EEUU como una victoria del pueblo cubano por su capacidad de resistencia ante el imperio, una argumentación que se remontó a las guerras de la independencia respecto a España y que se trasladó también al ideario revolucionario castrista:

El heroico pueblo cubano ha demostrado, frente a grandes peligros, agresiones, adversidades y sacrificios, que es y será fiel a nuestros ideales de independencia y justicia social. Estrechamente unidos en estos 56 años de Revolución, hemos guardado profunda lealtad a los que cayeron defendiendo esos principios desde el inicio de nuestras guerras de independencia en 1868. Ahora, llevamos adelante, pese a las dificultades, la actualización de nuestro modelo económico para construir un socialismo próspero y sostenible

En la práctica, ambos actores reconocen la incapacidad de mantener una situación de anormalidad si se tiene en cuenta el contexto internacional tan convulso como el que estamos viviendo, con constantes reacomodos geopolíticos y con una presencia cada vez mayor de Rusia y China en América Latina, un continente que EEUU considera zona de influencia desde el siglo XIX.

Obama dio la sorpresa cuando afronta los dos últimos años de su mandato, que se produce en una situación de debilidad: Las elecciones legislativas de octubre supusieron un varapalo a su gestión. Sin embargo, parece estar inmerso en la posibilidad de hacer Historia, tal y como se esperaba tras su victoria en las elecciones presidenciales de 2008:

  • Si bien no ha desmantelado la prisión de Guantánamo (en suelo cubano, por cierto), sí ha comenzado a realizar gestos como el de trasladar a presos a algunos presos a otros países, como Uruguay.
  • Hace un mes, dictó la mayor regularización de inmigrantes en treinta años: de forma unilateral, aprobó la regularización de cinco millones de ‘sin papeles’, una medida que supone un aviso al bloqueo a su reforma migratoria por parte de los republicanos.
  • De forma simultánea al deshielo con Cuba, EEUU anunció nuevas sanciones contra Rusia por su política exterior respecto a Ucrania, unas medidas que llegaron en la semana más complicada para la economía rusa desde el crash de 1998.

Concluye así el último episodio de la Guerra Fría (con permiso de Corea del Norte) en una isla diminuta que, no obstante, ha ocupado buena parte del imaginario del conflicto abierto entre los bloques desde que la Revolución Cubana, en 1959, acabó con la dictadura de Batista en la isla e implantó un régimen nacionalista que viró al comunismo en 1962, en buena medida por la reacción de EEUU ante la aprobación de medidas que Washington entendía que dañaban sus intereses. Sea como fuere, Washington tenía un régimen de carácter comunista en su mismo patio trasero de EEUU. A partir de entonces, Washington optó por la mano dura con respecto a La Habana, mano dura que se plasmó en una serie de hitos:

  • En el embargo a Cuba decretado por Eisenhower, en 1960, política que ha servido para justificar la resistencia a los cambios por parte de régimen castrista incluso cuando desapareció su principal valedor, la URSS, en 1989. Desde el ascenso de Hugo Chávez en Venezuela, este país se convirtió en el principal suministrador de energía a Cuba, de manera que ahora, con este viraje en la política exterior cubana, habrá que seguir con atención lo que ocurra en Caracas.
  • En la crisis de los misiles, en octubre de 2962, uno de los momentos en los que la URSS y EEUU se encontraron más cerca del enfrentamiento directo, que terminó con la retirada de los barcos de guerra de EEUU. Fidel Castro asumió como victoria esta retirada y ese conflicto sirvió para alimentar la retórica revolucionaria.
  • En la crisis de los balseros, en 1994, con la llegada a EEUU de 40.000 cubanos en embarcaciones rudimentarias, que eran detectadas por los guardacostas de EEUU y trasladados a Florida, el estado donde se reúne la oposición anticastrista desde los años 60 (desde ahí salió también la expedición que orquestó el desastre de Bahía Cochinos, en 1961)
  • Con la aprobación de la Ley Helms-Burton (1996), la última vuelta de tuerca para conseguir que el régimen cayera por la presión desde dentro, una situación que, simplemente no se ha producido ni siquiera cuando Fidel Castro se apartó de la primera línea y cedió el poder a Raúl Castro.

Concluyen así décadas de guerra fría con Cuba, en los que a isla, pese a sus 110860 km cuadrados y poco más de 11 millones de habitantes, ha sido un escollo en las relaciones internacionales de EEUU con el conjunto de América Latina. En todos los encuentros internacionales celebrados en el continente, el bloqueo hacia la isla ha sido motivo de condena por casi todos los gobiernos latinoamericanos y ha dificultado que Washington pudiera mantener unas relaciones más intensas con los países que configuraron la interpretación de la Doctrina Monroe (1821).

La apertura de relaciones diplomáticas con Cuba no supone el fin del bloqueo económico ipso facto, en buena medida porque para ello Obama necesita el concurso de la Cámara de Representantes, dominada por los republicanos en estos momentos. Las posiciones iniciales son de acusaciones de cobardía al presidente de EEUU, con un papel destacado de los republicanos de Florida, todavía insertos en la corriente de una oposición feroz a Castro por parte de los exiliados cubanos, que ahora defienden posiciones sustancialmente distintas a las de anteriores generaciones: Desde hace años, la mayoría de los cubanos estadounidenses se oponen a la política del embargo y esperaban un cambio de dirección en la diplomacia. ¿El motivo? La lejanía respecto a sucesos ocurridos en los años 60 y la apertura de oportunidad para los negocios que supone la isla.

Así, habrá que atender a las presiones del mundo económico y financiero, que ya se frotan las manos ante la posibilidad de que Cuba se vuelva a convertir en uno de los principales destinos turísticos de los estadounidenses. Podría hacer variar una posición que ahora parece muy firme entre los republicanos (sobre todo entre los que tienen ascendente cubano). No hay más que escuchar a Marco Rubio o Jeb Bush, posibles candidatos a las primarias republicanas que podrían verse obligados a cambiar de postura dado el funcionamiento de las campañas electorales en EEUU (con la presencia de las empresas y lobbies en forma de donaciones).

Éstas fueron las portadas de la prensa de EEUU y Cuba el día después de anunciarse la apertura de relaciones diplomáticas entre ambos países:

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Según varios medios, en este deshielo ha jugado un papel fundamental el Papa Francisco, que habría sido el facilitador de la apertura del diálogo entre EEUU y Cuba, que se ha desarrollado, de forma discreta, desde hace meses. De nuevo, España, que podría haber jugado un papel fundamental, se queda al margen de un proceso que mira desde la lejanía, en buena medida por ser la que lideró la Posición Común en la UE (1996) y por defender las posiciones más firmes de la oposición castrista de Miami durante el mandato de José María Aznar, con coletazos como el affaire Carromero.

CODA. Horas después de hacerse público el deshielo de las relaciones entre EEUU y Cuba, las FARC anunciaron un alto el fuego indefinido unilateral para dar una oportunidad para la paz. Recordemos que las conversaciones de paz entre la guerrilla y el Gobierno colombiano se celebran en La Habana.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
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