2015: Gran coalición, la ola Podemos y la cuitas socialistas

Hace unas semanas escribimos a propósito de la estrategia del PP respecto al PSOE, al que estaba aplicando luz de gas con el discurso del gobierno de gran coalición que los socialistas rechazan cada vez que se sitúa como tema en la agenda mediática.

En los últimos tiempos, éste ha sido uno de los mensajes esgrimidos por el presidente del Gobierno que, para valorar el avance demoscópico de Podemos como formación con posibilidad de formar gobiernos en el futuro, apeló al PSOE como partido central del sistema político español desde la Transición, una suerte de turnismo político que recuerda mucho a lo que fue la Restauración. De paso, abrió la posibilidad de un pacto de gobernabilidad si fuera necesario para mantener la estabilidad ante los cambios que avecinan las encuestas.

Tras la operación de derrumbe del adversario puesta en marcha durante los primeros años de la legislatura, el PP asume la realidad: Además de perder la mayoría absoluta en las próximas elecciones generales, el escenario que arrojarán las urnas será un sistema de tres partidos que, con porcentajes inferiores al 30% de apoyo, hará difícil, y mucho, las posibilidades de gobiernos en minoría o de gobiernos de coalición a la manera de la gran coalición alemana. Entre los motivos, el adanismo con el que los populares acusan a Podemos, una fuerza recién llegada que, con pocos cadáveres en el armario, exhibe una voluntad de cambio apelando a su capacidad para controlar discursos y mensajes, con clara voluntad performativa en términos de comportamientos en el establishment.

Este escenario, además, se produce en un momento de extrema debilidad bipartidismo que ha regido los designios del país desde la instauración de la democracia. Así, Génova contempla cómo las posibilidades electorales del PSOE se deshacen mes a mes desde la tranquilidad relativa que supone el hecho de que sus votantes molestos se han ido a la abstención, por lo que aún hay posibilidades de convencerlos de su vuelta mediante las ofertas electorales habituales (bajada de impuestos, regeneración democrática, adelgazamiento de las Administraciones Públicas) y el voto del miedo.

Ya tenemos, pues, dos elementos sobre lo que pivotará la estrategia del PP en los próximos meses: La apelación al voto del miedo ante la llegada de unos novatos a la política, con poca capacidad para plasmar su programa, y los mensajes en torno a la necesidad de garantizar una estabilidad política gracias a los actores de siempre, PP y PSOE, con quien no descarta formar un gobierno si fuera necesario.

La claridad de ese mensaje fue asumido directamente por los dos periódicos de información general editados en Madrid con mayor audiencia: El País y El Mundo, que comparten, en los últimos meses, una misma vocación editorial. No en vano, ambos vieron cómo se renovaban sus directores casi en el mismo instante, un proceso que muchos atribuyen a la mano de Soraya Sáenz de Santamaría, brazo armado de la política de comunicación con la que el Gobierno pretende mejorar su imagen en el inicio del ciclo electoral que viviremos en 2015:

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En su comparecencia para realizar balance de año, Rajoy comparó el nuestro con otros sistemas bipartidistas como el alemán, el estadounidense (a pesar de que nosotros aplicamos una regla proporcional y no mayoritaria), el británico (con la misma precisión) o el francés. Convenientemente, Rajoy eludió compararnos con sistemas como el italiano o el griego, a pesar de que parece que seguimos la senda del sistema de partidos heleno, una vez que voló por los aires el bipartidismo imperfecto que representaban ND y el PASOK, con quien el PSOE se puede comparar, y mucho, en los últimos tiempos.

Génova aprovecha la situación en la que está el PSOE, quizás no siendo del todo consciente de que cada mensaje en torno a la gran coalición activa el argumento de que socialistas y populares son lo mismo y que ejecutan las mismas políticas, una comparación que ha laminado las expectativas electorales de los socialistas desde mayo de 2010, que afronta su momento de mayor debilidad desde la Transición, debilidad sólo matizada por los buenos datos que Pedro Sánchez recibe en los sondeos sobre intención de voto.

Desde el giro en la política económica que el PSOE emprendió en mayo de 2010, hemos visto cómo la brecha de desconfianza ha aumentado en relación a su potencial electorado, una circunstancia agravada por la aparición de un competidor en su nicho de mercado capaz de disputarle la hegemonía en la izquierda.  A pesar de las polémicas, Podemos sigue tocada con un aura de pureza que le permite seguir mejorando demoscópicamente a pesar de posiciones en relación a la monarquía como la que mostró Pablo Iglesias desde su cuenta de Twitter tras el discurso de Nochebuena del Rey Felipe VI o gracias a campañas de comunicación negativas como la que ejecutan casi a diario los medios más escorados a la derecha, como este perfil que publicó hace unos días ABC sobre Iñigo Errejón:

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Podemos emerge como alternativa de gobierno, y lo hace en lugares tan complicados como Cataluña o Euskadi, donde podría contribuir a volar el sistema político que ha regido en ambas CCAA desde la aprobación del Estatut catalán o del Estatuto de Gernika. Y uno de sus graneros de votos, una vez dilapidado el apoyo a IU, es el PSOE, sobre todo entre antiguos votantes (que se pasaron a la abstención en 2011 una vez que se negaron a acudir a las urnas con la nariz tapada) y de potenciales electores que podrían haber ido a parar a las filas socialistas como medida para sacar al PP del Palacio de La Moncloa. Ferraz comprueba cómo esos votantes hoy forman parte de los simpatizantes de Podemos, un éxodo que es incapaz de frenar.

Así, la actual dirección, nacida en el congreso que el PSOE celebró el pasado mes de julio, se enfrenta a tres movimientos distintos que pueden tener el mismo efecto:

  • El abrazo del oso del PP. Génova parece haber valorado que le resulta más rentable apelar al voto del miedo ante la llegada de Podemos, aunque eso signifique alimentar sus expectativas electorales con apelaciones al establishment. Este discurso se dirige, sobre todo, a su base electoral, la misma que le habría dado la espalda en las elecciones al PE y que muestra una irritación evidente por la gestión económica de la crisis, por las promesas incumplidas, por la gestión de asuntos como el fin de ETA o el proceso catalán y por la nula respuesta ante los casos de corrupción que salpican a notables del partido.
  • La luna de miel de Podemos con un electorado que parece dispuesto a ajustar cuentas con PP y PSOE en las próximas citas electorales, aunque eso suponga dar la confianza a una formación de reciente creación cuyas propuestas parecen moverse a golpe de encuesta.
  • La propia guerra interna en el PSOE, con una Susana Díaz que ya no asegura que su prioridad es Andalucía, sino que parece dispuesta a dejarse querer si los resultados electorales en mayo son tan nefastos como aventuran algunas sondeos. Tras semanas de marejada, Pedro Sánchez aseguró que ya no se referirá más a los asuntos internos del partido en las ruedas de prensa que ha protagonizado estos días, sin duda consciente de que toda su actividad como secretario general ha quedado dilapidada por los movimientos internos que se estarían fraguando desde la federación andaluza. Ya se habla abiertamente de que Sánchez ha perdido todos los apoyos que le auparon a la Secretaría General del PSOE.

Las primeras noticias sobre el malestar de la federación andaluza arrancaron hace unas semanas, con las informaciones sobre la reunión que mantuvieron Susana Díaz y Eduardo Madina, un encuentro con más relevancia de lo que parece si tenemos en cuenta los movimientos del PSOE-A contra la candidatura de Madina en las primarias socialistas y que llevó al dirigente vasco a asegurar que dejaría la primera línea de la política (algo que hoy queda en suspenso).

Tras esas informaciones, se habló del malestar de los barones del PSOE, todos notables perdedores en sus respectivos territorios, ante la estrategia de comunicación desplegada por Ferraz, muy centrada en Pedro Sánchez. Esas voces se quejaban de que la dirección estuviera minimizando las elecciones de mayo para centrarse en la proyección de Sánchez como candidato a liderar la lista del PSOE al Congreso de los Diputados, una cita que debería celebrarse en julio. Hoy pocos dudan de que Susana Díaz también concurrirá a dichas primarias y su proyección a nivel nacional, que se suma a un trato de guante blanco en los medios de comunicación.

Esta marejada interna, que habría llevado a que tres barones criticaran abiertamente la estrategia en torno a Podemos debido a la necesidad de pactar con la formación de Iglesias tras las elecciones de mayo, ha tenido efectos directos:

  • Todas las propuestas que el PSOE ha puesto sobre la mesa en diciembre han quedado dilapidadas: Desde la asunción del error de la reforma del art. 135 de la CE [con el malestar evidente de Rodríguez Zapatero] hasta las medidas de política energética defendidas por Pedro Sánchez, que ha vivido su particular diciembre de penitencia con artículos negativos de Ramón Lobo en eldiario.es (medio que leen electores ubicados entre el centro y la izquierda); palizas dialécticas por parte de antiguos votantes del PSOE en Salvados; o entrevistas durísimas como la que protagonizó en Las Mañanas de Cuatro con Jesús Cintora, un periodista que antes pasaba por estar muy cerca de Ferraz.
  • El PSOE afrontó el curso político con una imagen de marca muy devaluada, fruto de la ruptura de la confianza con su electorado en la última legislatura. Sánchez había mitigado esta caída. Hoy, tras los movimientos internos ampliamente publicitados, es un líder débil, con problemas de credibilidad incluso entre los suyos gracias a una inconsistencia ideológica de la que hizo gala en las primarias y al fuego amigo del que es objeto por parte de la federación que mayor poder atesora en la actualidad.

Estén justificados o no, los movimientos internos en el PSOE se despliegan cuando su secretario general apenas lleva cinco meses en el cargo y a menos de medio año de la cita electoral donde los socialistas se juegan su futuro. Tras el desastre en las municipales y autonómicas de 2011, el PSOE tiene opciones de volver a gobernar en Castilla-La Mancha y Extremadura como primera fuerza, de liderar el gobierno que pueda desalojar al PP de la Comunidad Valenciana y de jugar un papel esencial en la CAM ante una caída de la intención de voto del PP.

Estos resultados, a pesar de una pérdida de número de votos (en beneficio de Podemos), podrían dar el espaldarazo definitivo a Sánchez y puede ser el motivo por el que desde Andalucía y otros territorios han decidido jugar duro ahora, aunque esa jugada pueda suponer la explosión definitiva del PSOE como partido de gobierno en España, un hecho que no pasa desapercibido para el PP -en su estrategia de aumentar el temor a Podemos- y para los ex votantes socialistas, que ven unas siglas compactas, en ascenso, con cada vez menos pudor al asumir los ecos del felipismo anterior a 1982.

CODA. Para conocer más datos de la estrategia de comunicación del PSOE, recomendamos revisar el artículo de Isabel Morilla en El Confidencial, sobre todo en relación a los datos sobre la estrategia de comunicación de Susana Díaz.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
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2 respuestas a 2015: Gran coalición, la ola Podemos y la cuitas socialistas

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