Europa prepara su “Patriot Act”

Como si estuviéramos en un permanente déjà vu, trece años después del 11-S, cuyas consecuencias se ven directamente en países como Irak o Siria, el ataque contra el la semanario satírico Charlie Hebdo de la semana pasada nos ha encaminado hacia el eterno debate de las sociedades abiertas entre el equilibrio entre la seguridad y la libertad.

Hace unos días apuntamos las consecuencias legales de la muerte de personas en acciones vinculadas al terrorismo yihadista cometidas por hombres que, en teoría, estaban siendo controlados desde hace años por los servicios policiales de Francia. Hoy ya podemos decir que, tras el chute recibido por los mandatarios europeos el domingo pasado en la marcha multitudinaria de la capital gala, tenemos disponibles todos los elementos para recorrer el camino que en su momento prosiguió EEUU con la asunción del problema del terrorismo yihadista como un asunto de guerra que merece medidas excepcionales y con la consiguiente aprobación de la Patriot Act.

La ley, aprobada bajo mandato de George Bush, siempre estuvo en el punto de mira por ser el paraguas que justifica acciones como la intervención de las comunicaciones (con programas como el PRISM) o el control de los movimientos de todos los ciudadanos que sobrevuelen territorio estaounidense. En la práctica, se dotó a las agencias de seguridad del país de mayores poderes de vigilancia contra los delitos de terrorismo, se tipificaron nuevos y se endurecieron las penas ante acciones relacionadas con el terrorismo.

Bush se fue y llegó Barak Obama a la Casa blanca, pero la filosofía de la Ley apenas varió. La experiencia nos dice que los ciudadanos parecen dispuestos a sacrificar buena parte de sus derechos fundamentales -esos que forman parte de la primera generación- con el fin de garantizar una seguridad extrema en países que, ironías de la vida, encabezan las listas de los Estados más seguros del mundo.

Tras la reunión de los titulares de Interior de Los 28, el pasado domingo, comienzan a producirse movimientos en la línea de aprobar medidas que sirvan, dicen, para combatir el terrorismo de corte yihadista. Así, se habla:

  • De la intervención de las comunicaciones, sobre todo si se tiene en cuenta las labor de proxelitismo que se realiza a través de redes sociales y páginas webs;
  • Se busca controlar la captación y adiestramiento de potenciales terroristas de la Yihad, por lo que se apunta a planes especiales en prisiones y en mezquitas;
  • Se busca conocer la identidad de los pasajeros que se mueven en avión por el territorio de la UE, por lo que se insiste en profundizar la colaboración de los servicios de inteligencia;
  • Se apuntala la posibilidad de restituir los controles de entrada en los países del Espacio Schengen, una propuetas que lleva sobr ela mesa desde que comenzaron los flujos de población del sur de Europa a los países más ricos, con motivo de la crisis económica, y  cuyo debate se retoma ahora dado que no coló cambiar la filosofía del tratado ante los flujos migratorios.

Sin embargo, y puesto que la política antiterrorista sigue siendo, en su mayor medida, una competencia atribuida a los Estados nacionales, se suceden iniciativas de corte nacional:

  • El primer ministro francés, Manuel Valls, anunció que su país aislará a los terroristas islamistas en módulos especiales en las cárceles. También creará listados de miembros condenados por terrorismo y que este año quedará aprobado su propio registro de datos de pasajeros, una medida que se encuentra bloqueada desde hace años en el PE por sospechas de vulneración de los derechos fundamentales de los ciudadanos y que parece que se aprobará a toda prisa al calor de lo ocurrido en París.
  • El primer ministro británico, David Cameron, habló de prohibir el acceso en el Reino Unido de  WhatsApp, Telegram, iMessage o FaceTime. El motivo, porque permiten la comunicación encriptada entre usuarios, algo que estaría siendo usado por extremistas islamistas: “¿Queremos permitir cualquier medio de comunicación entre personas (…) que no podamos leer con una orden personal del ministro del Interior? No debemos permitirlo”, afirmaba desde Nottingham. A lo que añadió: “Si soy elegido primer ministro, me aseguraré de que hay una legislación completa que garantice que no permitimos a los terroristas tener un espacio seguro para comunicarse entre ellos”. Cameron se convierte así en el primer mandatario occidental que habla públicamente de limitar las posibilidades de comunicación entre ciudadanos, una propuesta que, hasta ahora, sólo la habían hecho los responsables de las agencias de seguridad, como la NSA o el FBI ante los nuevos lanzamientos de Apple.
  • En España, PP y PSOE han resucitado el pacto antiterrorista con un acuerdo para combatir el yihadismo en España, con medidas que incluyan la elevación de condenas por actos relacionados con la difusión del yihadismo y medidas de seguridad que, para el portavoz socialista en el Congreso, Antonio Hernando, deben evitar la vulneración de libertades y derechos de los ciudadanos. Ante la posibilidad de penalizar consultas en las webs (algo que acabaría con el trabajo de investigadores, académicos, periodistas o ciudadanos interesados en lo que paas en ese mundo), el titular de Interior español habló de la posibilidad de matizar el delito de adiestramiento pasivo si se acredita interés profesional en la consulta.
  • El primer ministro italiano, Mateo Renzi, tras demandar que la UE tenga unos servicios secretos unificados, defendió los valores que forman parte de la seña de identidad de Europa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y reclamó en el PE no ceder ni un milímetro ante los violentos.
  • En Alemania, el Consejo de Ministros aprobó el miércoles una reforma legal que permitirá retirar el carné de identidad a musulmanes radicalizados y evitar que puedan viajar a Siria o Irak para combatir con grupos islamistas. El fin:  “Deben evitarse de forma eficaz y sostenible los viajes de personas que ponen en peligro la seguridad interior y exterior de Alemania”.

Por supuesto, hasta el momento no se hace autocrítica sobre los fallos del sistema de seguridad galo, que ha permitido que personas completamnte fichadas fueran capaces de preparar y ejecutar una acción de este tipo. Tampoco se plantean cambios en la política exterior de la UE -ni de sus socios a nivel estatal-, a pesar de las heridas sangrantes que supone Irak, Siria y la guerra abierta entre el islamismo moderado y radical, con la configuración del Kurdistán como objetivo.

En lo que sí hay consenso en en que con toda probabilidad se aprobará el registro de pasajeros a nivel europeo -la Presidencia letona de la UE ya ha instado al PE a desbloquear la iniciativa- y en que el retorno del terrorismo islamista como amenaza puede servir convenientemente para cuatro objetivos:

  • Para retomar la unión de los partidos tradicionales en países, como España, Italia, Francia, Reino Unido, Grecia o Alemania, donde las fuerzas clásicas pierden apoyo en favor de partidos ubicados en los extremos de los respectivos arcos parlamentarios.
  • Impulsar el sentimiento de pertenencia de unos ciudadanos que han visto cómo se rompía el pacto entre representantes políticos y representados. En el caso de Francia, ese sentimiento se materializa en la difusión de la bandera nacional y de la preeminencia de símbolos como La Marsellesa -que entonaron los diputados en la Asamblea nacional, días después de escucharse el himno en las manifestaciones de repulsa- o los valores impulsados por la Revolución Francesa

  • Incentivar un estado de miedo generalizado en sociedades abiertas como las europeas con el fin de que los ciudadanos transijan y cedan derechos como la libertad de movimiento o la privacidad
  • Y para desviar el foco de atención de otros asuntos que formaban parte de la agenda mediática desde hace años. A saber: La pugna entre la soberanía nacional y las decisiones impuestas por organismos supranacionales, no sometidos a las urnas, y la construcción de una UE al margen de los ciudadanos gracias a la obsesión por aplicar medidas de austeridad como parche para no afrontar, por ejemplo, el modelo de crecimiento que el capitalismo financiero provoca.

Se elija el punto de vista que se elija, los terroristas que actuaron en París parecen haber ganado otra batalla.

CODA. Este viernes, una docena de personas presuntamente relacionadas con el atentado de París fue detenido en la región de la capital francesa en una operación contra el terrorismo yihadista que parece haber contagiado al resto de países europeos.

En Berlín, los ciudadanos turcos, presuntamente ligados al IS, fueron detenidos por la policía, horas después de una macrooperación en Bélgica que se saldó con la muerte de dos presuntos yihadistas (y heridas a un tercero). Según las informaciones difundidas, estarían preparando un atentado de gran envergadura de manera inminente en el país.

En un clima que comienza a bordear la histeria, las autoridades alertan de que Europa y EEUu son objetivo de los distintos grupos vinculados al terrorismo de corte yihadista, como si fuera una novedad. De esta manera, se suceden informaciones de operaciones que, no hace falta ser un lumbreras, están protagonizadas por personas que con total probabilidad estaba siendo vigiladas con anterioridad.

Y todo ello se produce en mitad de un debate que pone el acento en la seguridad como requisito previo al ejercicio de derechos y libertades civiles y políticos, lo que, de forma indirecta, privilegia el primer aspecto sobre la condición de ciudadanía misma. Bajo este paraguas, sobra decirlo, cada vez más sencillo plantear medidas de control ciudadano con la aquiescencia de casi todos. Lo dicho: Han ganado el relato.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
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