El PSOE inicia el ciclo electoral en el precipicio

La guerra ha estallado y ha confirmado que el problema del PSOE no era Alfredo Pérez Rubalcaba. Antes de irnos de vacaciones, hablamos de los movimientos internos en el PSOE dirigidos a impulsar el liderazgo de la presidenta de la Junta, Susana Díaz, que emerge como la única capaz de salvar los muebles de un partido que se enfrenta, por primera vez desde la restauración democrática, a un partido político que le disputa el liderazgo del centroizquierda.

Apenas se cumplen seis meses desde que Pedro Sánchez fue elegido por las bases secretario general del PSOE, y las operaciones para desbancarle ocupan portadas en los principales diarios, que entienden el adelanto electoral como la primera fase de la operación montada para situar a Díaz como cabeza de lista del cartel socialista de cara a las elecciones generales:

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Las razones que se esgrimen para explicar este movimiento interno ya fueron apuntadas en nuestro post de hace unas semanas:

  • Las encuestas sobre intención de voto, que apuntan a que el PSOE no sólo no remonta, sino que cae por debajo de su suelo electoral. Y eso a pesar de que Sánchez no sale mal parado en términos de liderazgo, lo que acentúa la sensación de que es la marca PSOE la que está achicharrada en estos momentos.
  • Las críticas hacia el liderazgo de Sánchez, materializado en una política de comunicación muy personalista y, conforme con la propia identidad del personaje, más dirigida a que se le conozca y caer simpático que a proporcionar argumentos ideológicos que convenzan a los votantes socialistas que se han ido. De ahí su presencia en Sálvame, El Hormiguero, Salvados o Planeta Calleja, exposiciones con sus pros y contras pero que han conseguido que, en apenas medio año, un desconocido para el gran público goce de porcentajes de conocimiento en torno al 80%. Alguien dirá que lo ha hecho a base de inconsistencia ideológica y con refuerzo de alguno de los macros problemáticos para el PSOE (como colgarse de un aerogenerador de Iberdrola en mitad de un debate sobre las puertas giratorias), pero  eso es no tener en cuenta cómo y por qué fue elegido Sánchez en las primarias y, como recuerda Juan Carlos Escudier, el punto en el que tomó las riendas del partido.
  • Los barones del PSOE critican, además, que Ferraz haya diseñado una estrategia dirigida a promocionar a Sánchez y no al partido, sobre todo cuando faltan pocos mese para las elecciones municipales y autonómicas. Esas mismas federaciones olvidan, convenientemente, lo que supuso en 2003 el ‘efecto Zapatero’ en los resultados de las autonómicas (en sentido contrario también tenemos el efecto Zapatero en 2011).

Alguien parece dispuesto a ajustar cuentas con el secretario general del PSOE por su disposición a presentarse a las primarias que decidirá el número 1 de la lista socialista a las elecciones generales, y parece que no está dispuesto a esperar más. Eso explica las referencias de Díaz a no perder el tren, el pasado mes de diciembre, o cómo evita en las últimas semanas señalar que su presente y su futuro está en Andalucía mientras se prepara para un adelanto electoral en el bastión del poder del PSOE, que se podría materializar este lunes. Según apuntan periodistas que siguen habitualmente al PSOE, éstos serían los posibles escenarios: “Ir a un Comité Federal que está absolutamente controlado por Díaz y tumbar el liderazgo de Sánchez; convencer por las buenas a Pedro Sánchez de que tire la toalla, o buscar un pacto con él, o ir directamente a una primarias Díaz-Sánchez”.

Afrontamos la semana en la que  la bomba interna parece haberse activado y que hasta ahora se traduce en una suerte de ventilador de filtraciones desde la Ejecutiva,  las federaciones regionales y líderes históricos, que no dejan pasar la ocasión de mostrar su malestar con la actual dirección socialista. Las informaciones sobre el adelanto electoral en Andalucía ha servido para que se ponga de manifiesto que Díaz ha perdido la confianza en Sánchez y que le habrían retirado su apoyo muchos de los que le respaldaron en las primarias. Algunos apuntan que a Sánchez no le queda ni un solo apoyo mientras que el protagonista se limita a recordar que fue apoyado por la militancia y que se siente más legitimado que entonces.

En esta operación también estarían algunas de las caras de la dirección socialista hasta el descalabro de las elecciones europeas, cercanas a Alfredo Pérez Rubalcaba, como Elena Valenciano o Eduardo Madina. En todas las quinielas se apunta también a Carme Chacón, responsable de Política internacional que estos días se prodiga en medios tan cercanos a sus intereses personales como La Sexta, la principal plataforma política con la que quiso disputar, y perdió, las primarias contra Alfredo Pérez-Rubalcaba.

Hay quien reprocha a Sánchez haberse volcado en las bases del partido -con la celebración, por ejemplo, de asambleas en las que trasladar la acción del partido en este momento- y olvidarse de los cuadros medios y barones regionales (los mismos que habrían facilitado su victoria en las primarias frente a Eduardo Madina). Aunque legítimo, estos posicionamientos trasladan la idea de que el PSOE tiene problemas con la democracia interna de sus bases, un argumento que el secretario general debería estar usando en estos momentos como baluarte para defenderse. Si finalmente Díaz es aclamada como candidata a las generales sin celebrar las primarias abiertas, estaremos ante un movimiento que lo acercaría más al PP que a otras fuerzas políticas que, por ahora, han asumido la tesis de que una mayor participación mejora sus posicionamientos sociales.

Como apuntábamos antes, desde que llegó a la Secretaría General, Sánchez ha liderado una política de comunicación muy centrada en él y basada en estar todos los días en los medios y no tanto en qué decir. Eso le ha permitido  ganar el premio naranja con el que todos los años los periodistas distinguen a políticos por su relación con los medios de comunicación  (el premio limón ha recaído en Pablo Iglesias), pero también amplifica el impacto de errores no provocados.

Así, fue un error marcharse a EEUU en una gira para vender el proyecto del PSOE la misma semana en la que la noticia estaba en París (por los atentados de corte yihadista) y, sobre todo, en Grecia, el país que, con sus diez millones de habitantes, podría condicionar toda la política económica de la Eurozona. Evidentemente, el PSOE no acude a Grecia porque no puede aparecer en estos momentos cerca de esa bomba atómica que es el PASOK pero tampoco puede evidenciar una falta de interés ante lo que pueda pasar en Grecia como la que hemos visto. Si añadimos, además, el problema que tuvo con el navegador cuando acudía a un acto, ampliamente difundido, tendremos que convenir que el resultado de la gira por EEUU no fue positivo.

Zapatero ajusta cuentas

En esta guerra de rumores y de filtraciones interesadas sólo faltaba la puntilla, y parece que el responsable de ejercerla fue el ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero, muy molesto con la dirección socialista por dos asuntos: la decisión de Sánchez de enmendar la reforma del art. 135 de la CE aprobada en agosto de 2011 y que tanto daño sigue haciendo al equiparar al PSOE con el PP; y la reacción ante el escándalo de las tarjetas opacas de Caja Madrid, que llevó a que Sánchez decretara la expulsión de históricos del PSOE (como el sociólogo de cabecera de Zapatero).

El mismo día que Zapatero era entrevistado en Hoy por hoy, en la Cadena SER, se filtró que el ex presidente del Gobierno se había reunido, antes de Navidad, con el líder de Podemos, Pablo Iglesias, y con Iñigo Errejón, con mediación de José Bono. Según reconoció el ex presidente del Gobierno, la reunión fue de carácter personal y por ello no informó a Sánchez hasta que se produjo. Zapatero dijo que habían tratado de asuntos interesantes y que había diferencias notables entre los posicionamientos de unos y otros.

El gesto de Zapatero, con Bono de escudero, no debe tomarse a la ligera. Su reunión con Iglesias le puede enmarcar, perfectamente, en la corriente del PSOE que estima que, al calor de los sondeos, los socialistas jugarán un papel fundamental en la conformación de los futuros gobiernos tanto a nivel autonómico como local. Ante la posibilidad de unas elecciones generales que arrojen el resultado que pronostican las empresas demoscópicas, el PSOE sería la  niña bonita de un posible acuerdo con el PP o con Podemos. Si tenemos en cuenta que una parte importante de la base electoral es Podemos procede del PSOE, parece que tenemos claro cuál debe ser la decisión, sobre todo si tenemos en cuenta que desde IU han avisado de que si se rompe el acuerdo en Andalucía ya se pueden ir olvidando de ellos.

Así, ironías de la vida, el presidente del Gobierno que pactó con el PP las recetas económicas que sufrimos en la actualidad emerge como la avanzadilla de un posible acuerdo entre Podemos y PSOE a nivel nacional. Sería digno de carcajada que, al final, a punto de cumplirse cuatro años de la cristalización del 15M, el frente de izquierdas que se demanda desde entonces esté constituido por Podemos y por el PSOE.

Pero volvamos al terreno de los hechos. Tras conocerse la noticia de la reunión entre Zapatero e Iglesias fue evidente el malestar en la dirección socialista actual, que no dejó pasar la oportunidad de apuntar a un ejercicio de deslealtad. Luz Rodríguez, secretaria de Empleo socialista, fue la más clara al señalar este jueves: “No entiendo a santo de qué se reúne el ex presidente del Gobierno socialista con el dirigentes de Podemos, sinceramente, me parece un sinsentido política, una reunión inadecuada, una reunión inoportuna y una reunión que no tiene ningún sentido político”. Más diplomático, Sánchez dijo: “No voy a contribuir al ruido interno; Zapatero se puede reunir con quien quiera”

Recordemos que la estrategia de Podemos ahora pasa por golpear al PSOE de manera directa y preferente, sobre todo ante la evidencia de que parte de su electorado puede pasar a engrosar las filas de los votantes de Podemos. De ahí lo ocurrido el fin de semana pasada, cuando Iglesias aterrizó en Andalucía, y las bromas de Pablo Iglesias sobre la aventura americana de Pedro Sánchez.

Por un motivo u otro, el líder socialista se ha convertido en un filón para los ataques de Podemos, una brecha que se hará más grande tras la enmienda descarnada a su liderazgo, y la respuesta de una parte de la dirección anterior es entrevistarse con el enemigo público número 1 de Ferraz en estos momentos. Demasiada sal en una herida que sangra por errores de origen.

CODA. La intensidad del debate sobre el liderazgo de Pedro Sánchez llega cuando no lleva ni seis meses al frente de la Secretaría General del PSOE. Por este motivo, hay quien recuerda que lo que se vive durante estas semanas en el PSOE recuerda a lo que pasó en el partido tras la marcha de Felipe González.

Recordemos: Joaquín Almunia, apoyado por el poder territorial, fue elegido secretario general. En abril de 1998 se convocaron primarias para elegir a la persona que encabezaría al PSOE en las elecciones generales y, contra todo pronostico de los cuadros medios, Josep Borrell fue elegido por la militancia.

Entonces comenzó un proceso de bicefalia que aún causa urticaria a quienes recuerdan las tensiones que se vivieron entonces, con discrepancias públicas y tensiones mal disimuladas entre ambos liderazgos. Finalmente, en mayo de 1999 Borrell presentó su dimisión ante un asunto menor: Su relación con Ernesto de Aguiar y José María Huguet, encausados en un proceso de fraude fiscal, cuando era secretario de Estado de Hacienda.

Ya conocemos lo que pasó: Almunia fue elegido cabeza de lista en las elecciones generales de 2000 y, la misma noche en la que se confirmó su descalabro electoral, presentó su dimisión irrevocable. Comenzaba el proceso para construir el PSOE de Rodríguez Zapatero, un candidato que ganó también las primarias de los delegados frente a José Bono, el hombre apoyado por el aparato del partido y grupos como Prisa.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
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2 respuestas a El PSOE inicia el ciclo electoral en el precipicio

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