Podemos, “atrapalotodo”, vs PSOE, partido de Estado

Esta semana se comienzan a despejar algunas bazas de las estrategias con las que los grandes partidos afrontan el curso electoral, con dos evidencias: Podemos se ha erigido como alternativa al PP, convirtiéndose en el partido hegemónico de la izquierda; y el PSOE decidió que su rival a batir es el PP, al menos hasta que decidió firmar un acuerdo contra el terrorismo de corte yihadista que incluye la aplicación de la pena máxima a los terrorista, es decir, la prisión permanente revisable cuando entre en vigor el Código Penal impulsado por el PP.

Podemos se convierte en un partido “atrapalotodo”

Durante el pasado fin de semana, la formación de Iglesias mostró la dimensión de su fortaleza en la calle, con una Marcha del cambio que debería preocupar a los que han detentado el poder hasta la actualidad. Con un año de vida, la formación que lidera Iglesias, con sus luces y sus sombras, ha logrado colocar el frame del cambio, algo que se percibe en la ciudadanía de a pie y en la manera en la que algunos partidos tratan de relacionarse con sus electores. Ahí está el llamamiento del responsable de comunicación del PP, Carlos Floriano, a los suyos para convocar asambleas en los barrios para dar a conocer los logros del PP, las asambleas ciudadanas que protagoniza el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, o las primarias en IU que amenazan con llevarse por delante a toda la organización.

El éxito de la llamada Marcha del cambio, indiscutible salvo para los que siguen cegados con los métodos de la política tradicional, concluyó el domingo con una declaración de intenciones del secretario de Organización de Podemos, Iñigo Errejón. Invitado en el programa El Objetivo, de La Sexta, hizo un llamamiento a los votantes de todas las formaciones para que se sumen al proyecto ilusionante que representa hoy Podemos.

CapturaPodemos

Este pronunciamiento, que ya realizó para que masivamente se apoyara la movilización de Podemos, inserta a la formación en las categorías de partidos tradicionales. Reconducida la deriva asamblearia que lo vinculaba al 15M, a las asambleas de barrio y a los movimientos sociales con un marcado carácter deliberativo, Podemos se quita la careta y se presenta como un partido atrapalotodo (catch all parties o partidos escoba), un término acuñado por Otto Kirchheimer en 1966.

Esta forma de organización de partidos, entendido como una derivada de los partidos de masas, propios del periodo de Entreguerras, deja en un lugar secundario conceptos como la clase social para ofrecerse como la herramienta de interlocución con toda la sociedad. De forma coherente, el intento de atraer el mayor número de votantes, obliga a difuminar las barreras ideológicas, con una oferta clara que convenza a una gran mayoría que pueda asumir parte del programa electoral. Esta evolución de partido político, que comenzó a estudiarse después de la Segunda Guerra Mundial (con especial énfasis en el SPD), llega hasta nuestros días y se explica gracias a la superespecialización en la oferta electoral, de manera que está perfectamente medido qué se ofrece a qué segmento de votantes y con qué objetivo.

El advenimiento de Podemos a esta fórmula clásica de organización política ocurre de manera simultánea a su aparición en los sondeos como la segunda fuerza política y tras señalar que es la única alternativa en el espectro de la izquierda al PP, una tesis a la que ayuda los términos dicotómicos y de fuerte bipolaridad con el que afrontamos el año electoral.

El PSOE opta por convertirse en un partido de Estado

Durante el fin de semana pasado, los socialistas se reunieron en Valencia en la conferencia autonómica con la que pretendían sentar las bases del programa con el que concurrirán a las elecciones de mayo. En la práctica, se escucharon dos debates: Uno en torno a la ausencia de Susana Díaz, enferma de gripe, tras los supuestos desencuentros en torno al liderazgo de Pedro Sánchez; y otro sobre el impacto de la marcha de Podemos, un asunto en el que entraron todos los barones territoriales, todos en sentido crítico.

Quizás por este motivo, el discurso de clausura del secretario general del PSOE se centró en apuntalar al partido como el verdadero y único rival del PP, formación a la que denominó como el objetivo a batir. Durante su intervención, Pedro Sánchez apeló a la historia reciente del PSOE como el partido que puso en marcha todo el entramado del Estado de bienestar y sólo criticó  de forma indirecta a quienes trataban de pescar en el caladero del desencanto, un guiño directamente dirigido a Podemos (no en vano, según el sondeo, el 20% del votante de Podemos procede de las filas del PSOE).

Apenas unas horas después, el PSOE decidió ponerse el traje de partido de Estado y respaldó el pacto contra el terrorismo que comenzó a fraguarse tras los atentados de París y que persigue el combate del yihadismo como principal argumento. Tras semanas en los que desde Ferraz se defendió que se buscaba que fuera un pacto abierto a todos los grupos y que había una línea roja muy clara, en torno a la referencia a la prisión permanente revisable para los que cometan atentados terroristas, en la práctica ofreció al PP el éxito político de la legislatura.

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Pedro Sánchez acudió este lunes a la Moncloa a firmar el acuerdo junto a Mariano Rajoy en un acto solemne que pretendía ejemplarizar la unidad de los dos partidos centrales ante el terrorismo. En la práctica, estamos ante un texto que recoge principios que ya estaban asumidos; no conocemos ninguna fuerza política que no haya condenado los atentados yihadistas y, desde hace años, las víctimas del terrorismo ocupan su papel en el recuerdo social, aunque algunas víctimas no sean del agrado del partido en el Gobierno, como se pone de manifiesto cada aniversario del 11M.

Sin embargo, hay dos aspectos muy graves: Por un lado, el PSOE asume las tesis más reaccionarias en torno a la seguridad, sin mencionar ni una vez que en democracia debe haber quedar garantizados los derechos de los ciudadanos (como el de la no intervención de sus comunicaciones); por otro,  se acepta implícitamente la prisión permanente revisable, un eufemismo de la cadena perpetua, que entrará en vigor cuando el BOE publique la reforma del Código Penal aprobada con los votos del PP y que el PSOE ha prometido derogar cuando llegue al Gobierno.

El acuerdo ha contado con el apoyo del diputado del FAC y de UPN y la oposición del resto de grupos, que rechazaron la fotografía que se pudo ver en Moncloa y que situó a PP y PSOE como las piedras angulares del sentido de Estado. Esa imagen de unidad, que muchos han utilizado para revitalizar el mito de la “gran coalición” en España, ha tenido efectos distintos en ambas formaciones.

A pesar de su mayoría absoluta, en la que el PP ha aplicado el rodillo parlamentario con mucha alegría, el partido logra un fotografía que vale su peso en oro: Rajoy aparece como un hombre capaz de llegar a acuerdos con la oposición en asuntos trascendentales  como el terrorismo (al parecer, ni sus recetas económicas contra la crisis ni los recortes de derechos que hemos vivido durante la legislatura lo son).

Con un evidente abrazo del oso, logra el acuerdo del PSOE en torno a la cadena perpetua (aunque los socialistas se desgañiten durante días en negarlo  es el poso que queda) y cumple así uno de sus compromisos electorales en un contexto en el que, a pesar de la paz social, una mayoría de la ciudadanía se muestra dispuesta a endurecer las penas en prisión (y eso con un máximo de 40 años de condena íntegra según el Código Penal vigente).

El PSOE no obtiene más rédito que el de aparecer como un partido de Estado liderado por Sánchez que, al menos el lunes, fue tratado como el jefe de la oposición. Tras los líos internos en sus filas, el liderazgo sale reforzado en teoría, aunque en la práctica debe bregar con varias contradicciones:

  • Estamos ante un acuerdo que no se percibía como necesario por obvio y general
  • Ferraz asume un acuerdo que condensa el ideario del PP en la defensa de los resortes para hacer frente  al yihadismo como fenómeno de llegada. La referencia indirecta a  la cadena perpetua se atisba como el problema de mayor envergadura, pues choca con las bases ideológicas de un partido de centroizquierda.
  • Sánchez aparece en una foto al lado de Rajoy apenas 24 horas después de haber señalado al PP como el rival a batir en las urnas, manifestando la imposibilidad de llegar a acuerdos con este partido. El martes, planteó la posibilidad de explorar opciones en torno a un acuerdo sobre educación.
  • El portavoz parlamentario del PSOE, que lideró las negociaciones, fue también el encargado de explicar esta posición ante los medios. Ante las críticas generalizas, aseguró que los socialistas se encontraban en las Antípodas ideológicas del PP y descartó nuevos acuerdos. Horas después, el secretario general del PSOE abrió la puerta a llegar a otros pactos en temas esenciales, lo que reafirma aún más la idea de gran coalición que persigue al PSOE como una losa desde la reforma del art. 135 de la CE en 2011.

A pesar del tiempo transcurrido, el PSOE sigue siendo percibido por un segmento cada vez más amplio del electorado como el partido serio, de Estado, pero capaz de renunciar a sus principios por el supuesto bien del país.

El recuerdo del giro económico que asumió José Luis Rodríguez Zapatero en mayo de 2010 vuelve a hacerse muy presente casi cinco años después y sugiere que se está abonando el terreno por si se reproduce en las urnas los que apuntan los sondeos sobre intención de voto.

En un momento como el actual, el sentido de Estado puede ser lo que al final pase factura al PSOE debido a un hecho evidente: La oferta electoral en lo que antes configuraba su caladero de votos frente a la ausencia de competencia en el flanco derecho.

CODA. El art. 573 del Código Penal recoge como delitos de terrorismo estos supuestos:

CP

Recordemos que la ONU no se ha puesto de acuerdo, tras años de negociación, en la definición del terrorismo y que los apartados 1º y 3º son tan amplios que quedan a disposición de la interpretación de jueces y magistrados. Si tenemos en cuenta que hubo quien definió los escraches o las convocatorias a rodear el Congreso como intentos de golpe de Estado, ya podemos hacernos a lo que cabrá en la manga ancha del considerado fenómeno terrorista.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
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