Podemos renuncia a ganar Madrid

La semana pasada, la dirección de Podemos hizo públicos los nombres que competirán para ocupar la Alcaldía de Madrid y el Gobierno de la capital. Se trata respectivamente de la ex juez y ex vocal del CGPJ  Manuela Carmena, cofundadora de Jueces para la Democracia, la asociación judicial progresista, y de José Manuel López, ingeniero agrónomo y activista vinculado a Cáritas.

Ambos, unos grandes desconocidos para la ciudadanía, deberán ahora someterse a las primarias de la militancia de Ahora Madrid, la plataforma que Podemos ha creado junto a Equo, Ganemos y la formación liderada por Tania Sánchez. En el momento de elaboración de este post se estimaba que, salvo sorpresa, ambos revalidarán la apuesta oficialista.

Podemos parece optar así por un perfil atípico con el que hacer frente a los tickets de los grandes partidos: Esperanza Aguirre/Cristina Cifuentes por parte del PP; Antonio Miguel Carmona/Ángel Gabilondo por parte del PSOE; y Mauricio Valiente (hasta nuevo aviso)/ Luis García Montero por parte de IU.

Las diferencias respecto a los demás partidos es evidente: Se prioriza la marca por encima de los candidatos y se apuesta por perfiles que presentan una trayectoria profesional desvinculada de la política. Y ésta, que es su fortaleza en todo el país, se puede convertir en su gran debilidad, sobre todo si tenemos en cuenta estos tiempos de política televisada, de espectáculos y de rostros conocidos para conseguir el favor de un electorado sumamente volátil.

La elección de Podemos, sorprendente, no es un hecho menor si se tiene en cuenta la importancia de Madrid en un país tan centralista políticamente como España. Tal y como demostró Pedro Sánchez con su golpe en la mesa para retirar a Tomás Gómez, Madrid supone el sumidero que domina la agenda política y mediática, de manera que todo lo que ocurre en la capital o en la CCAA se convierte en noticia en el resto del país.

Por si quedaba alguna duda del concepto centralista de la vida política y social del país, llevamos dos semanas oyendo hablar de los problemas del ático del presidente de la CAM, Ignacio González, y de la elección de los cabezas de lista del PP en Madrid, su comunidad fetiche y que podría convertirse en el símbolo del principio del fin de su poder. Y esos asuntos no se dirimen en un nivel local, no. Cualquiera que haya seguido mínimamente los informativos o programas de tertulias en televisión y radio ha podido comprobar cómo las cuitas internas de Madrid se abordaban desde una perspectiva nacional. Como si todo tuviera que pasar necesariamente por la capital de España para convertirse en algo relevante.

La obsesión por Madrid no es nueva. Entronca con la herencia de la consideración de Madrid como la Villa y Corte desde el siglo XVI y ha sido una constante sólo matizada por la alteración de un orden natural debido al terrorismo de ETA [que convirtió a Euskadi en un actor político de contrapeso a los distintos gobiernos centrales], al proceso soberanista catalán [en estos momentos adormecidos] o por hechos noticiosos de interés mediático [aunque no resisten la comparativa: una temporal de nieve en Madrid siempre será noticia antes que una noticia similar en cualquier punto del país].

Si, además, añadimos que Madrid lleva décadas siendo el baluarte en el que se dirime el poder a nivel estatal, ya tenemos un buen retrato de por qué esta ciudad se reivindica en cada cita electoral como el espacio en el que se centralizan intereses políticos, económicos, financieros y sociales. No es casualidad que los madrileños apenas oigamos hablar del funcionamiento del transporte público, de cómo se ha depauperizado la sanidad pública o la educación, entregada a centros concertados a cambio de cuantiosos sobornos. Ni hablar del estado de las calles o de la inexistente y casposa vida cultural de una capital que aspira a compararse con otras como París, Berlín o Londres.

Por este motivo, resulta llamativa la renuncia de Podemos a presentar candidatos potentes capaces de aglutinar liderazgo y la marca del partido. Así, parece que se deja en un lugar secundario las ganas de liderar el malestar de una ciudadanía muy molesta por la forma en la que se han hecho las cosas en el pasado, con voluntad de ser repetidas en el futuro, como evidencia la elección de Aguirre como posible alcaldesa de Madrid.

Y en este contexto, volvemos a hablar de la relevancia de la elección de perfiles como los de Luis García Montero o, sobre todo, Ángel Gabilondo, que se pueden beneficiar de la elección de candidatos de Podemos y de la guerra que Esperanza Aguirre parece haber emprendido con buena parte de sus compañeros de partido, comenzando por la propia Cristina Cifuentes, a la que no deja de recordarle que ella está jerárquicamente por encima.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
Esta entrada fue publicada en C's, IU, Podemos, PP, PSOE. Guarda el enlace permanente.

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