UPyD, a punto de la inmolación

Los nefastos resultados de UPyD en las elecciones autonómicas andaluzas, en las que obtuvo 76.653 votos y el 1.93% de la representación, abrieron la espita de la bomba que está a punto de llevarse por delante a la formación que antes habló de regeneración política (con todos los matices que podamos citar) y que se presentó como la alternativa al bipartidismo tradicional.

Las elecciones andaluzas sirvieron para poner de manifiesto todas las debilidades de una formación creada en torno a la figura de Rosa Díez, ex dirigente del PSE y europarlamentaria del PSOE durante tres décadas, que hoy ve cómo precisamente Díez se enroca en sus posiciones, mientras sigue el goteo de dimisiones en la dirección y en algunas de las plazas fuertes de la formación. Hace unas horas, la dirección de UPyD de Aragón anunciaba su intención de confluir con C’s en esta CCAA, al tiempo que Díez acusaba a sus antiguos compañeros de buscar un asiento ante los resultados que apuntan las encuestas.

Poco después de confirmarse que UPyD se quedaba fuera del Parlamento andaluz, en buena medida por el avance espectacular de C’s, una formación que, recordemos, anunció el pasado mes de diciembre su intención de dar el salto desde Cataluña, donde el último CEO analizado en este blog situaba como tercera fuerza, al conjunto del Estado. A partir de ese momento comenzaron a escucharse críticas desde el interior de la formación ante los problemas de la formación.

Esas mismas voces, por cierto, protagonizaron el pasado verano un cierre de filas total en torno a la máxima líder de UPyD ante la sugerencia de buscar una lista única con C’s. No hace falta bucear mucho en las hemerotecas para rescatar el enfrentamiento descarnado de Irene Lozano, hasta hace poco mano derecha de Díez y relevo natural de la dirigente, y Sosa Wagner, el cabeza de lista de la formación al PE que terminó renunciando a su escaño y saliendo del partido [este jueves, Enrique Calvet anunció que también deja el escaño de UPyD en el PE tras ser expulsado de la formación, aunque se mantendrá como independiente].

Los críticos de UPyD reclamaron a Rosa Díez un giro en la formación  -se entiende que para acercarse a C’s-, algo a lo que Díez se niega categóricamente. El resultado ha sido un goteo de dimisiones, que comenzó por la propia Irene Lozano y cuatro dirigentes más, que abandonaron los órganos de dirección del partido, y que alcanzó su cénit este martes, cuando Toni Cantó anunció que abandonaba su escaño en el Congreso y que ya no sería cabeza de cartel de UPyD en la Comunidad Valenciana. No deja de resultar irónico que la rebelión interna en UPyD se dé precisamente en una de las CCAA en las que estaba llamada a jugar un papel relevante hace apenas medio año, pero la política tiene esas cosas.

Tras el anuncio de Cantó, que se expuso convenientemente a los medios de comunicación para dar todas las explicaciones pertinentes, la crisis interna se extendió a Castilla y León y Asturias, donde la formación expulsó a su único diputado, Ignacio Prendes, y colocó una gestora que dirija el partido hasta que, después del 24 de mayo, cuando se convocará un congreso extraordinario que decida el futuro del partido. De cara a esa cita, Irene Lozano ya ha anunciado que encabezará una candidatura alternativa a la de Rosa Díez, una lista en la que, suponemos, estarán todas las voces críticas que han alzado la voz durante estas semanas.

Una formación hecha a la medida de Rosa Díez

UPyD se presentó en 2007 como la alternativa a los políticos tradicionales, una apuesta que, según Díez, no se ha sabido comprender en un país como España. En la reunión de la Ejecutiva tras los malos resultados en Andalucía, Rosa Díez apuntó que su apuesta partidista sería bien entendido en países como Dinamarca pero no en España, donde, al parecer, estamos más acostumbrados a los partidos que establecen fuertes lazos de clientelismo y caciquismo.

Sin embargo, la explicación de Díez hace aguas por todas partes. Hablamos de un partido que fue creado hace siete años después de que su máximo exponente fuera invitada a salir del PSOE. En 2008, UPyD logró su primer escaño en el Congreso y, un año después, también logró colarse en el PE con Sosa Wagner como principal referente.

La formación logró representación en Madrid (tanto en la CCAA como en el Ayuntamiento), principal plataforma de su poder, y logró el hito de entrar en el Parlamento vasco con un diputado. En las elecciones generales de 2011 obtuvo cinco diputados y comenzaba a recoger los frutos de su apuesta contra la corrupción, con mención especial a la querella contra Rodrigo Rato por la salida a Bolsa de Bankia.

Desde entonces, UPyD vivió un crecimiento exponencial que incluso la llegó a situar como tercera fuerza política en el Parlamento gracias a los votos que estaría recogiendo de los electores enfadados del PSOE -como ya ocurrió en 2011- y de los nuevos votantes. Hasta que C’s dio el salto desde Cataluña -donde ocupó tanto el espacio del PSC y el PP y el ámbito que habría ocupado UPyD en el caso de haber tenido cierta relevancia en esta CCAA- y comenzaron sus problemas.

UPyD cometió con C’s el mismo error que hace más de un año cometió IU con Podemos: Subestimó la capacidad de las nuevas siglas para conectar con un estado de ánimo de la ciudadanía, cansada de la política que han hecho PP y PSOE pero también de las formaciones que, sin haber tocado poder (como UPyD) o haber tenido responsabilidades políticas limitadas (IU), se percibían como organizaciones viejas o tradicionales, incapaces de hacer frente a un tiempo político que, al menos en las formas, se presenta como nuevo. C’s representa ese cambio, y su líder, a pesar de ya ser un veterano en la política, se proyecta como un mirlo blanco, impoluto hasta el momento, con muy buena imagen por su capacidad de conectar precisamente con un estado de ánimo.

Rosa Díez lideró las conversaciones que UPyD mantuvo con C’s para optar a una suerte de confluencia y ella fue la principal defensora de negarse a un pacto porque, de acuerdo a sus tesis, ambos partidos defendían tesis diferentes. Fue su apuesta y el partido pareció colocarse detrás de ella en esta decisión que, hoy sabemos, se aventura equivocada.

El arranque del año comenzó con la emergencia de C’s en las encuestas sobre intención de voto, un apoyo que se sustentaba en el retroceso de UPyD. Sólo faltó la prueba empírica de las elecciones andaluzas para confirmar la sospecha: C’s había engullido totalmente a UPyD y ahora se proyecta como la formación a la que se dirige el voto descontento del PP, como atestiguan los nervios que la formación de Albert Rivera suscita en buena parte de los dirigentes populares.

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Politóloga y periodista en activo
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