Torpeza discursiva y la corrupción como una mancha de aceite

El PP se muestra incapaz de responder a los dos retos que amenazan su curso político: La corrupción, que se extiende como una mancha de aceite sobre los dirigentes del PP que tienen o han tenido vinculaciones con el pasado más próximo del partido; y la emergencia de partidos que han comenzado a morder entre su electorado, con mención expresa a C’s, convertido definitivamente en la formación política de moda en este momento.

La reacción de Génova ante estos dos problemas se imbrica directamente con la ruptura de la confianza entre la actual dirección ‘popular’ y su electorado, en buena medida gracias a un liderazgo muy particular ejercido por Mariano Rajoy, al que no le dejan de crecer los enanos. Hace un par de semanas, en un acto del partido, intentó trasladar una de las ideas que asumió durante la segunda legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero y durante la campaña electoral que le dio la mayoriá absoluta en las generales: Los ciudadanos votan por sentido común.

Sin embargo, Mariano Rajoy terminó embrollando el argumento y, a menos de dos meses de las elecciones municipales y autonómicas, el primer test sobre las expectativas del partido de cara a las elecciones generales, apeló a los “seres humanos normales”, entendiendo como tal a los que apoyan las medidas del Gobierno sin rechistar, una suerte de mayoría silenciosa humana

“Detrás de demagogos y populistas de todo signo, hay millones de Españoles que miran al PP, gente honrada que trabaja, se preocupa de su país, siente a España, la quiere y quiere que crezca. Quiere las cosas que quieren las personas, los seres humanos normales”

Esta categoría, por defecto, establece la división respecto a los “seres humanos anormales”, es decir, aquellos que no sólo no comparte la visión de la economía, de la política y de la sociedad que defiende el partido en el Gobierno y su presidente, sino que lo manifiesta y entiende que se podrían buscar otras vías y que el cambio de modelo impuesto por el PP durante la legislatura supura ideología por los cuatro costados.

La segunda torpeza discursiva llegó de la mano de la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, cada vez más cuestionada internamente por el guirigay que proyecta un partido habitualmente disciplinado y que se muestra en shock incluso a la hora de responder a los problemas de Rodrigo Rato. Cospedal, en respuesta a preguntas sobre la emergencia de nuevos partidos con liderazgos protagonizados por hombres jóvenes, tiró de los clásicos y aseguró:

“Cuando los dioses quieren castigar a los pueblos, les envían reyes jóvenes”.

Cospedal entra de lleno así en uno de los debates que se dirimirán en el próximo ciclo electoral y que nosotros hemos calificado de efebocracia. No decimos nada nuevo si afirammos que, si finalmente Rajoy se convierte en cabeza de cartel del PP en las genreales, se enfrentará a líderes políticos recién llegados, jóvenes y que pertenecen a una generación distinta a la suya.

Si, además, tenemos en cuenta que Rajoy, con 61 años, proyecta la imagen de un señor antiguo, nada que ver con lo que, por ejemplo, representa Hilary Clinton en EEUU con sus 67 años, parece que la reflexión de Cospedal no hace ningún favor a su jefe, que aparece así en el espejo de un país que, formalmente, ha acometido una renovación de caras durante esta legislatura, como evidencia que el protagonismo hoy lo atesoren el Rey Felipe VI, Albert Rivera (candidato con 37 años), Pablo Iglesias (37 años), Susana Díaz (41), Pedro Sánchez (43) o Soraya Sáenz de Santamaría (44 años), por mencionar sólo algunos de los nombres que aparecen a diario en los medios.

Por si fuera poco, el PP se enfrenta a una de sus bestias negras durante estos años: La corrupción y la incapacidad del partido para hacerle frente y lanzar un mensaje de firmeza respecto a comportamientos de algunos de sus dirigentes, por mucho que se teatralice la lucha contra el fraude fiscal con detenciones tan espectaculares como las de Rodrigo Rato o la exhibición de los datos de lucha contra el fraude fiscal.

No puede ser que la respuesta oficial ante la detención de Rato por presuntos delitos de alzamiento de bienes, blanqueo de capitales y fraude fiscal sea señalar que estamos ante el caso de una persona particular que hace tiempo abandonó la política, una posición que este fin de semana Rajoy rectificó parcialmente.  Reconoció que el caso Rato “afecta especialmente” al PP porque fue uno de sus “activos más importantes”, pero luego tiró de argumentario y remarcó que todos los españoles son iguales ante la ley.

La prueba de que Génova ha activado el botón del pánico se confirma cuando muchos dirigentes admiten ya en privado que estas informaciones, a poco más de un mes de las elecciones municipales y autonómicas, agrandan la vía de agua de las expectativas electorales de un partido que poco a poco ve achicharrado todo su pasado cercano, en buena medida por su incapacidad de reacción ante las abundantes señales que se estaban produciendo desde hace años.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
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