La investidura de Susana Díaz como síntoma de país

Susana Díaz decidió adelantar las elecciones autonómicas un año con el argumento de que su gobierno necesitaba ganar estabilidad y que su acuerdo de coalición con IU no lo garantizaba. En el fondo, y ante la evidencia de que los problemas con los socios de gobierno en la Junta no eran tan graves como para justificar ese adelanto, se entendió como un intento de anticiparse a los acontecimientos en dos sentidos:

  • Aprovechar que el PP y Podemos se encontraban en una situación de debilidad en Andalucía para ganar las elecciones de forma cómoda.
  • Tener el aval de una victoria en el granero de votos del PSOE en el caso de que finalmente Díaz diera el salto a la política nacional y decidiera presentarse a las primarias para elegir al cabeza de lista del PSOE para las generales.

Llegaron las elecciones y se confirmaron las impresiones del socialismo andaluz: el PP se dio un batacazo histórico (perdió 17 escaños respecto a 2012) y  Podemos, aunque se colocó como tercera fuerza, quedó muy lejos de poder disputar la hegemonía de la izquierda al PSOE, algo que sí puede ocurrir en otras CCAA. Sin embargo, la cita en las urnas deparó una sorpresa: C’s obtuvo 9 escaños gracias a una campaña de poco más de un mes que convirtió a un candidato desconocido en el líder del cuarto grupo parlamentario de la Cámara andaluza.

La misma noche electoral ya apuntamos que el camino para lograr la investidura de Susana Díaz no sería sencillo. Hoy, a punto de que arranque la campaña de las elecciones locales y autonómicas del próximo 24 de mayo, los hechos nos dan la razón. Si las cosas no varían mucho hasta mañana, Susana Díaz no obtendrá la mayoría simple que necesita para ser investida presidenta de la Junta en segunda votación, a la que llega tras el no de PP, IU, Podemos y C’s el pasado martes. Se cumple así el guión previsto:

  • Podemos, con 15 diputados, y C’s, con 9, están haciendo valer su peso en oro su representación, y eso a pesar de que no hay posibilidad de conformar un gobierno alternativo al de Susana Díaz.
  • Desde el comienzo de las negociaciones, Podemos puso tres condiciones para votar sí a Díaz: La marcha de Manuel Chaves y José Antonio Griñán por su implicación en el caso de los ERE; que la Junta se desvinculara de las entidades bancarias que promuevan desahucios; y reducir el número de cargos de la Junta de Andalucía. Estos tres puntos fueron abordados de una manera y otra por Díaz tanto en los días previos al primer debate de investidura como en el desarrollo del mismo. Chaves y Griñán anunciaron que abandonan la política al final de sus respectivos mandatos; Díaz planteó una rebaja del 10% en el número de altos cargos de su gobierno; y habló de presionar a las entidades bancarias para que no ejecuten más desahucios. Desde Podemos se mantiene que estos gestos no son suficientes y ya se recuerda que hay un margen de dos meses para seguir negociando.
  • C’s fue mucho más disperso en sus exigencias, que pasaban, sobre todo, por conseguir que el PSOE firmara un pacto con medidas contra la corrupción y la regeneración política, documento que parecía que sería el manual de estilo de C’s en el resto de CCAA en las que haya que ir a acuerdos de gobierno para facilitar la gobernabilidad. Ante la posición favorable del PSOE, y seguramente pensando en el efecto que  la foto con Susana Díaz puede ocasionar a sus intereses electorales el próximo 24 de mayo, Albert Rivera llamó al orden a su candidato en Andalucía, ¿Resultado? En las últimas horas se ha endurecido su posición inicial para demandar que Díaz ponga una fecha para que Chaves abandone su escaño en el Congreso. La presidenta andaluza en funciones se juega su propia fortaleza si aceptara ese requisito a estas alturas.
  • IU había anunciado de antemano que votaría no a la investidura de Díaz, una posición que se explica por la ruptura del acuerdo de gobierno por parte del PSOE de forma unilateral y la convocatoria de elecciones.
  • El PP, que en campaña se había motrado proclive a facilitar el gobierno del partido más votado en las elecciones, también modificó su posición y, en este momento, se inclina por votar NO a la investidura de Díaz a pesar de, insistimos, la imposibilidad de llegar a un gobierno alternativo. Hay voces que apuntan que Génova estaría presionando hasta el punto de plantear la necesidad de volver a celebrar elecciones este mes de junio ante la situación de bloqueo institucional.

La situación política de Andalucía, por lo tanto, permanece en este momnto en una situación de bloqueo que, seguramente, se prolongará hasta las próximas elecciones municipales de mayo, en las que los partidos tradicionales pulsan su fortaleza frente a los partidos emergentes.  En el caso del PP, C’s está en condiciones de disputar el voto del malestar de un electorado que se mostraba inclinado a abstenerse en un territorio en el que su líder, Juan Manuel Moreno, no desata pasiones. Por su parte, el PSOE puede esgrimir la posición de Podemos y en este sentido ya han comenzado a circular dos ideas: Podemos prefiere ponerse del lado del PP para ir contra el PSOE; y cuando llega el momento de aplicar hechos a la retórica, Podemos no es capaz de dar un paso y asumir una decisión de forma responsable.

Con motivo o no, Andalucía sirve como espejo ante lo que pasará tras el 24 de mayo, sobre todo en CCAA en las que no habrá una victoria clara de un partido como sí ocurrió en los comicios andaluces. Con la visión puesta en las elecciones generales, es más que probable que nadie quiera mancharse las manos y significar una política de pactos en el futuro, en particular las formaciones políticas que han propugnado una indeterminación ideológica palpable.

En el momento de elaboración del post, parece que todo pasa por dos líneas:

  • La renuncia del PSOE a negociar con C’s y Podemos, lo que le habría llevado a abrir el diálogo de nuevo con el PP. Y todo ello teniendo en cuenta que el electorado español no está por la labor de un acuerdo entre ambas formaciones, que no se entiende por ahora como un ejercicio de responsabilidad institucional sino como el intento de los dos grandes partidos de apuntalar su poder. Veremos si esta tesis se mantiene tras los primeros contactos después de las elecciones de mayo.
  • La negativa del PSOE a obligar a los partidos políticos a retratarse convocando votaciones de investidura cada 48 horas tal y como recoge el reglamento de la cámara andaluza. Esta posición, que dejaría en evidencia la tentación obstrucionista de los partidos (sobre todo de C’s y Podemos, que son las fuerzas en las que están puestas los focos), también supondría un desgaste para el propio sistema político andaluz, sobre todo en el arranque e la legislatura.

Es evidente que lo ocurrido en Andalucía daña directamente a Susana Díaz, que estos días debe estar reflexionando sobre la conveniencia de adelantar unos comicios para frenar a Podemos, sobre todo ante los últimos acontecimientos: La formación ha visto mermar sus expectativas electorales a la espera del impacto de la dimisión de Juan Carlos Monedero o de la presentación de un programa económico que, evidentemente, no satisface a la base electoral que le dio su confianza en las elecciones europeas.

Si finalmente tuvieran que convocarse elecciones, es más que probable que el PSOE volvería a ser la lista más votada, y seguramente con mayor margen, pero quedaría claro el mensaje lanzado a la ciudadanía: El reparto del poder en las urnas conduce a bloqueos institucionales por la negativa de los partidos políticos a llegar a acuerdos que garanticen una mínima gobernabilidad, lo que a su vez se traduce en inestabilidad política.

Se confirma que el resultado de marzo supuso una victoria amarga para el socialismo andaluz, que ha decidido liderar las negociaciones en Andalucía sin contar con Ferraz. Quizás por este motivo, el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, que durante estas semanas ha permanecido en un perfil bajo en relación a Andalucía, estos días repite constantemente que se debe facilitar el gobierno de la lista más votada, un guiño dirigido al PP. Si en la votación de mañana el PP diera la sorpresa y se abstuviera, Sánchez podría apuntarse un tanto que, por cierto, dejaría en un mal lugar a Podemos y C’s, convertidos ambos en fuerzas políticas de bloqueo por puro interés electoral.

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Politóloga y periodista en activo
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