C’s: Errores no provocados de Rivera por sobreexposición

“La regeneración democrática y política pasa por gente nacida en democracia, que no tenga mochilas, que no tenga dinero en Suiza ni casos de corrupción”

Albert Rivera

El omnipresente líder de C’s lanzó esta frase en un desayuno informativo en el que participó en el hotel Ritz de Madrid y desde el que propuso de manera formal un debate a cuatro entre él, Pablo Iglesias, Mariano Rajoy y Pedro Sánchez. Este planteamiento, ampliamente difundido por los medios de comunicación, dejó en un lugar secundario el argumento que Albert Rivera lanzó en torno a la conveniencia de comenzar una suerte de refundación generacional protagonizada por los menores de 40 años, argumento que el martes sí fue respondido desde todos los frentes.

Rivera defendió la necesidad de que los más jóvenes  sean los que lideren la regeneración democrática y la lucha contra la corrupción partiendo del supuesto de que esa generación, por el simple hecho de tener una edad, llega a la política con una carrera profesional en el ámbito privado (“trabajar, en el mundo de la empresa, en el funcionariado, en la sociedad civil”) y, por lo tanto, sin contaminación respecto a lo público. Más tarde, Rivera matizó sus palabras y señaló que alguien que lleva en un mismo cargo 35 años por sistema es un político que se ha apoltronado, lo que invalida, a juicio del líder de C’s, su capacidad para ser un buen gestor de lo público.

Este argumento resulta aún más curioso si se tiene en cuenta que procede de un político que pidió una excedencia de su puesto de trabajo en La Caixa y que lleva en la arena política desde 2007, tiempo suficiente, quizás, para que también se haya olvidado de todo lo bueno que, en su opinión, tiene la actividad en la empresa privada frente al ejercicio profesional de la política, una actividad sospechosa de antemano en estos tiempos.

El argumento de la juventud ya no resulta tan curioso si atendemos a la propuesta de C’s, calculadamente equidistante desde el punto de vista ideológico (aunque, junto con el PP, se niegue a firmar pactos de protección de la sanidad pública) o a la insistencia en desprenderse de mochilas que les vinculen a partidos políticos o referencias que hoy parecen apestadas, por mucho que esas referencias sean las luchas antifranquistas, por los derechos laborales y el trabajo digno, la igualdad de las mujeres o el trabajo por instaurar el paupérrimo Estado de bienestar en España tras la dictadura franquista.

C’s, como antes ocurrió con Podemos, ha dado el salto al gran mercado electoral hace unos meses, con incrementos en su intención de voto completamente desquiciados, como hemos señalado en algunos de los análisis de las encuestas de cara a las elecciones generales. En elecciones autonómicas del próximo 24 de mayo, C’s puede convertirse en la llave que pueda asegurar el gobierno del PP en CCAA como Madrid o Valencia, aunque está por ver el desenlace de la investidura de Susana Díaz, sobre todo en términos de exigencia que C’s podría hacer firmar a los hipotéticos gobiernos de Cristina Cifuentes o Alberto Fabra.

El ascenso de C’s, hasta el momento, se ha basado en tres circunstancias:

  • La presencia de una formación claramente constitucionalista en el Parlament catalán. C’s y su líder han defendido postulados que gustaban al electorado del PP y a un sector de los votantes del PSC, con el añadido de que aparecía como un partido nuevo, sin vinculaciones respecto a Madrid y sin las incoherencias que se han podido vislumbrar en el PSC a lo largo de los últimos años. Tras el fracaso de Ciudadanos para conquistar un escaño en las elecciones generales de 2008, Rivera se concentró en Cataluña, CCAA que ha servido de plataforma de despegue para el resto del país.
  • La presencia masiva de Albert Rivera en todos los programas pseudopolíticos de las cadenas de televisión generalistas, una presencia que se ha amplificado aún más desde la sorpresa relativa de las europeas (donde el éxito de C’s quedó sepultado por el éxito aun mayor de Podemos) y, sobre todo, tras las buenas expectativas electorales de los últimos meses. C’s es el partido de moda por varias razones: porque por primera vez aparece una formación con capacidad de morder en el electorado tradicional del PP; por la imagen de partido nuevo, con un mensaje de regeneración tranquila que gusta a los sectores más conservadores que entienden que hay que hacer algo controlado para salir de la situación actual; y por la propia capacidad de Rivera como un personaje mediático, con un discurso bien armado y que comunica muy bien.
  • La puesta de largo de las elecciones andaluzas, donde C’s obtuvo 9 diputados con un candidato desconocido para el gran público. Rivera se echó a la espalda la campaña electoral y la experiencia le salió bien, como confirma su papel central en las negociaciones para la investidura de Susana Díaz, lo que ha amplificado aún más su imagen como el líder de un partido que no se hipoteca para ayudar a partidos de la vieja política.

En este punto, la fortaleza de C’s amenaza con convertirse en una debilidad. Toda la acción política de la formación pivota en C’s, el partido que podría dar la sorpresa la noche del 24 de mayo y convertirse en la llave de gobierno en buena parte de los gobiernos autonómicos que renuevan parlamento. Desde hace unas semanas, Rivera se ha convertido en un líder omnipresente que se reparte en tres territorios:

  • Cataluña, feudo que ha descuidado tras lanzarse a la conquista del país.
  • Madrid, la capital de Madrid en la que Rivera encandila y emociona a empresarios y banqueros, que no terminan de fiarse del PP y la explosión descontrolada de sus casos de corrupción. Si, además, tenemos en cuenta que Madrid es epicentro, junto a la Comunidad Valenciana, de la sorpresa en las elecciones del 24 de mayo, entendemos por qué Rivera tiene fijación por la CAM y el Ayuntamiento, sobre todo por el desconocimiento de los cabezas de lista que la formación ha decidido presentar.
  • Y  Andalucía, donde controla las negociaciones en torno a la posible investidura de Susana Díaz como presidenta de la Junta, tal y como se demostró tras la rectificación de Juan Marín de un principio de acuerdo poco antes de la primera votación en el Parlamento andaluz.

Esta actividad y excesivo protagonismo mediático de Rivera le lleva a cometer errores como el que nos sirvió para arrancar este post. A menos de quince días de las elecciones, es muy probable que estos fallos, salvo sorpresa mayúscula, no supongan un coste electoral en los comicios autonómicos y locales del 24 de mayo pero sí pueden comenzar a ser una losa para la propia figura de Rivera de cara a su proyección como candidato a presidente del Gobierno. Igual que le ocurrió a Podemos, jugar en la Liga de los mayores significa amplificar el eco de las meteduras de pata, por mucho que Rivera insista en defender su argumento de relevo generacional.

El líder de C’s, que ha tenido la agilidad de plantear el debate a cuatro asumiendo de facto que el país pasa del bipartidismo imperfecto al multipartidismo a cuatro fuerzas, debería tomar nota de lo ocurrido con Podemos y con Pablo Iglesias, cuyo liderazgo se resiente de una sobreexposición que, suponemos, tratará de recuperar contraponiendo su imagen a la de sus rivales. Quizás sea éste el motivo por el que Iglesias ha sido el primero en aceptar el debate a cuatro e incluso del cara a cara con Rivera que el líder de C’s planteó hace meses, una propuesta que el PP ha rechazado de antemano y que el PSOE ha pospuesto hasta después de las elecciones de mayo.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
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