El bloqueo institucional andaluz mina el liderazgo de Susana Díaz

El pasado 14 de mayo, el Parlamento andaluz volvió a rechazar la investidura de Susana Díaz como presidenta de la Junta. Era la tercera votación convocada y la presidenta de la Junta en funciones no disimuló su malestar al confirmarse que toda la oposición votó en contra de que ella sea la que lidere la formación del nuevo gobierno. Susana Díaz volvió a acusar a todos los partidos de la oposición de tacticismo electoral y de anteponer sus intereses personales a los de los andaluces al alargar la decisión para la conformación del gobierno hasta después de las elecciones autonómicas y municipales.

En una declaración velada, que se volvió más explícita según pasaron los días, Díaz también apuntó la posibilidad de adelantar las elecciones y que los andaluces pudieran decidir con su voto castigar o premiar lo que ya se entiende como actitudes obstrucionistas. En cualquier caso, los partidos tienen hasta el 5 de julio de plazo para negociar la investidura y, de haber un adelanto electoral, los comicios no se podrían celebrar hasta septiembre, mes en el que está en el aire también la convocatoria de elecciones en Cataluña, fuertemente criticadas en su momento por la propia Susana Díaz.

Si hubiera elecciones hoy, la apuesta estratégica de cada formación tendría costes y beneficios. De acuerdo con un sondeo de Metroscopia para el diario El País, el PSOE volvería a ganar las elecciones con el 37.1% de los votos, +1.7 puntos en relación a los datos conseguidos el pasado 22 de marzo. El PP se convertiría en el gran damnificado, con una intención de voto del 20% (-6.8 puntos respecto a marzo), que es casi el mismo porcentaje de voto que sube C’s, que se consolidaría también como el partido de moda en Andalucía al pasar del 9.3% de los votos a un 15.5% (+6.2). Podemos pasaría a ser la cuarta fuerza con un resultado muy parecido al del mes de marzo, al igual que IU, cuyas aspiraciones no se ven influidas por la posición alcanzada por el grupo parlamentario en la cámara andaluza [y que ya hizo explícito antes de ir a las elecciones]:

CapturaMetroscopiaAndalucía

El trabajo de campo, realizado a partir de 1.000 entrevistas recogidas entre los días 11 y 12 de mayo, es decir, antes de que saltara el escándalo de la adjudicación de la explotación de las minas de Aznalcóllar, convenientemente difundido en estos momentos aunque el auto en el que se basa la información se dictó a comienzos de abril, certifica que los andaluces niegan que haya voluntad de pacto entre las formaciones que negocian la investidura de Díaz. El 53% cree que el PSOE no está teniendo esa voluntad de alcanzar acuerdos (el 38%, opina lo contrario), porcentaje que llega al 76% cuando se habla del PP (el 14% cree  que los ‘populares’ sí están teniendo voluntad). El 62% niega que C’s esté facilitando las cosas, mientras que el 67% se pronuncia así en el caso de Podemos y el 68% respecto a IU.

Así, ante la situación de bloqueo institucional, el 55% estima que los partidos deben hacer lo posible para alcanzar un acuerdo antes del 5 de julio, opinión que llega al 78% entre los votantes del PSOE y al 53% entre los de IU. El 43% cree que los partidos deben seguir firmes en sus planteamientos aunque eso implique ir a unas elecciones repetidas (66% de votantes del PP comparte esta opinión frente al 60% de los de Podemos y el 50% de los de C’s).

El proceso andaluz aventura así lo que pasará en casi todas las CCAA y buena parte de los ayuntamientos que renuevan sus cargos este 24 de mayo si se cumplen los pronósticos que apuntan los sondeos sobre intención de voto. En todas las instituciones se repite la misma dinámica: Fragmentación política en aumento en ausencia de una mayoría clara por parte de las formaciones políticas que, hasta el momento, han protagonizado la vida política del país desde la Transición.

En el caso de Andalucía, además de constituir un banco de pruebas ante lo que va a pasar a partir del 25 de mayo, se dirimen otros asuntos que tienen otras lecturas en las que conviene prestar atención:

  • Hace unos días, Susana Díaz llamó directamente a los responsables de Podemos, PP  y C’s a nivel nacional ante la sospecha de que las negociaciones que lideran Teresa Rodríguez, Juan Manuel Moreno y Juan Marín, están dirigidas por sus jefes en Madrid: Pablo Iglesias, Mariano Rajoy y Albert Rivera (el líder más implicado en las negociaciones de Marín, hasta el punto de que rectificó el anuncio de un acuerdo casi alcanzado). La respuesta fue de manual: Se pasó la pelota a las delegaciones de los partidos en Andalucía intentando negar la mayor: que las negociaciones allí estén influidas por la situación política del resto del país.
  • Díaz necesitará de una cuarta votación, al menos, para ser investida presidenta, una situación que supera la que vivió en su día Manuel Chaves, elegido presidente en la tercera votación en la legislatura 1994-1996. Como apuntábamos hace unos días, la situación se antoja aún más surrealista cuando se tiene en cuenta el porcentaje de voto recibido el pasado 22 de marzo y la distancia de sus competidores, que tampoco parecen tener voluntad de intentar conformar una mayoría para hacer posible un gobierno alternativo.
  • Las tres negativas en el Parlamento, unidas al escándalo Aznalcóllar, que de confirmarse habría ocurrido bajo su mandato, minan un liderazgo que parecía consolidado y, según el runrún habitual, a punto de dar el salto a la política nacional para intentar liderar el PSOE durante el proceso de elección del cabeza de lista para las elecciones generales. La victoria amarga de marzo, puesto que se quedó lejos de la mayoría absoluta, y el ajuste de cuentas del que está siendo objeto diluye esa proyección de candidata de país, sobre la que ya manifestamos nuestras dudas en su momento por el excesivo peso andaluz que los socialistas conformarían como alternativa dirigida al resto del país.
  • Las negociaciones para su investidura han coincidido en el tiempo con el desarrollo de la campaña electoral, una circunstancia que, quizás, no se previó muy bien cuando se convocaron las elecciones autonómicas andaluzas. A los problemas institucionales de Andalucía, se suma la actitud que ha adoptado la presidenta de la Junta con respecto a Pedro Sánchez, con el que coincidirá este miércoles en un mitin en Alcalá de Guadaira (Sevilla). Será éste el primer acto de partido en el que compartirán escenario desde las elecciones andaluzas.
  • Parece claro que las expectativas de Sánchez se ven favorecidas por la prolongación de los problemas en Andalucía, que sigue siendo, recordemos, el granero de votos del PSOE  en las elecciones generales. En términos de vida interna de partido, parece que la efervescencia del liderazgo de Díaz, a pesar de sus intentos por mantener el control de una imagen pública que ha quedado tocada, se topó con un muro y que su imagen hoy está más desgastada que hace dos meses.
  • No hacía falta que la encuesta de Metroscopia confirmara que uno de los principales damnificados en el caso de adelantar las elecciones sería el PP. Juan Manuel Moreno evidencia una actitud de segundón muy llamativa si se tiene en cuenta que el PP es, en teoría, el relevo del PSOE en esta CCAA. Sin embargo, Moreno se está viendo obligado a sumarse a las posiciones de fuerza que manifiestan Podemos y C’s, que son las formaciones que están poniendo las líneas rojas más firmes para desbloquear la situación. A falta de conocer los datos de fidelidad del voto, parece claro que el porcentaje de voto que pierde el PP estaría llegando a C’s.
  • Asimismo, sorprende que C’s esté siendo el partido que mayor rédito esté sacando de la situación, sobre todo si se tiene en cuenta que, hasta que llegaron las elecciones andaluzas, en su ADN figuraba facilitar gobiernos a través de la negociación. Esta filosofía ha quedado alterada en el caso de Andalucía y, sin embargo, los ciudadanos están premiando precisamente ese cambio de actitud. Será interesante comprobar la evolución de este idilio con el electorado a partir del 24 de mayo, cuando C’s se vea obligado a dejar de ser una marca política para bajar a la arena de la realidad. Por si acaso, su líder en Andalucía, Juan Marín, ya ha dejado entrever que cuando pase la cita electoral habrá más herramientas para alcanzar un acuerdo que desbloquee la situación.
  • Por su parte, parece que Podemos ha alcanzado su techo electoral en Andalucía. A diferencia de C’s, su posición de fuerza es apoyado por sus votantes (los mismos que le dieron su confianza en marzo) pero no gana posiciones, un factor también interesante a seguir en las negociaciones de los gobiernos de otras CCAA.

Tras las elecciones de Andalucía, cobró fuerza la idea de que estábamos ante un escenario con unas características muy particulares que hacían que los resultados no fueran extrapolables al resto del país. Dos meses después, y a la vista de los sondeos sobre intención de voto, lo único que queda claro es que Andalucía es un banco de pruebas de los tiempos que están por llegar y que deberán obligar a los partidos a amoldarse a esta nueva realidad.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
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