24M: La primera vuelta de las elecciones generales

Casi veinte millones de españoles están llamados este domingo a renovar trece parlamentos autonómicos y 35 millones votarán para elegir a los representantes de más 8000 ayuntamientos en unos comicios que muchos ya perciben como la primera vuelta de las elecciones generales que se celebrarán el próximo otoño. Si las elecciones para elegir al Parlamento Europeo ya avisaron del cambio que se estaba produciendo en el sistema político español, se espera que este domingo las urnas certifiquen la mutación definitiva del sistema representativo desde un bipartidismo imperfecto, en torno al PSOE y al centro derecha (representado por la UCD, Alianza Popular y el PP) al cuatripartidismo que liderarán PSOE, PP, Podemos y Ciudadanos (C’s).

No es la primera vez que señalamos la crisis política derivada de una gestión de la crisis económica y financiera basada en la ruptura del concepto de representatitividad y del contrato social en torno al reparto justo de las cargas instaurado en la conformación del Estado de bienestar. Esta crisis, generalizada en buena parte de Europa, en España tuvo un componente mayor que aceleró la descomposición que sustentaba nuestra historia democrática: La difusión de casos de corrupción que salpicaron a partidos políticos, personalidades e instituciones fundamentales desde la restauración en 1975. Así, la combinación de austericidio, desigualdad y corrupción propició el cóctel perfecto para que cristalizara un malestar en ciudadanos que, por primera vez desde la Transición, parecen dispuestos a probar alternativas al statu quo imperante.

Un resultado incierto

Las de este domingo pueden ser unas elecciones que, en su planteamiento, se parezcan mucho a las primeras citas en las urnas durante la Transición, en las que la conformación de las distintas opciones políticas se mezclaba con la duda de su capacidad real. Se daba por supuesto que la UCD de Adolfo Suárez ganaría los comicios -aunque en ningún caso por mayoría absoluta- y el PSOE sustituyó al PCE como el referente de la lucha antifranquista y en la izquierda.

Los partidos afrontan estas elecciones con la misma incertidumbre, conscientes de que, desde hace un año, se ha operado un cambio que avanza el cambio del sistema político sin necesidad de tocar la LOREG, la ley electoral que actúa como herramienta básica que permite repartir el poder entre los distintos actores y que siempre fue la muleta en la que se apoyaron las fuerzas minoritarias con representacion estatal, las más damnificadas por la aplicación de la Ley D’Hondt en circunscripciones provinciales con un umbral de representación entre el 3 y el 5%.

A estas alturas del partido, todo el mundo es consciente de que, a falta de corrección en las encuestas sobre intención de voto, la disputa central entre PP y PSOE se ha ampliado a dos fuerzas nuevas, Podemos y C’s, de origen diverso pero que están sirviendo al mismo objetivo: Recibir el malestar ciudadano y /o plantear una opción política aparentemente diferente a las ofertas que han existido hasta el momento. Lo certifica el componente de lo que podemos llamar ‘ciudadanismo’ (presencia de ciudadanos anónimos en las listas y como activistas), mucho más pronunciado en Podemos que en C’s precisamente por el criterio fundacional.

Podemos se nutre de la movilización del 15-M, de las mareas de colores contra los recortes y del trabajo del asociacionismo de los barrios, hechos que se notan en la propia composición de sus listas y que se certificó, en el mitin de cierre de campaña, en Madrid, con la presencia de 6000 personas. En el caso de C’s, hablamos de un partido fundado en 2006 en torno a la figura de Albert Rivera, que intentó sacar un escaño en las elecciones generales de 2008 y que, antes el fracaso, se concentró en Cataluña, donde se ha convertido en una opción política clara frente al soberanismo y a las terceras vías, con un perfil mucho más presentable y renovado que el que representa el PPC. El omnipresente Albert Rivera lideró el acto de cierre de campaña en un hotel en Madrid, con una cena a 30 euros el menú y discurso de Albert Rivera, muy en la línea de los actos de cierre de campaña de los partidos hace años.

En numerosas entradas hemos señalado una constante que se recoge en todos los estudios demoscópicos: Hay trasvase de votos desde las fuerzas centrales del sistema político español (PSOE y PP, pero también IU y UPyD) a las formaciones emergentes. En todos los casos, hablamos de una caída de votos de los partidos tradicionales desde 2011 que, en esta ocasión, se traduce en que cuatro partidos vuelven a aglutinar entre 80 y 85% del voto, una tendencia más o menos pronunciada que se ha repetido desde la Transición entre PSOE y PP. En este punto, conviene tener en cuenta que la tendencia a la división del voto se agudiza aún más en las CCAA con fuerte componente identitario, como ocurre en Cataluña, Navarra, Comunidad Valenciana, Baleares o Canarias.

Este domingo se puede certificar también la ruptura generacional en relación al comportamiento electoral. No es algo nuevo. Durante la movilización del 15M se echó en cara a los mayores su actitud acomodaticia respecto al mito fundacional de nuestro sistema político, la Transición, una actitud que ha derivado en un anquilosamiento de las estructuras institucionales por miedo a hacer saltar todo el proyecto si se incluía algún tipo de reforma.

Hace cuatro años, se puso de manifiesto la desconexión de las generaciones más jóvenes con todo el sistema que nació en la Transición, un cuestionamiento que se aderezó con la crisis de la socialdemocracia y la percepción de que estamos ante la primera generación, desde la Segunda Guerra Mundial, que vivirá peor que sus padres. Esta evidencia, necesariamente, debía tener un reflejo en el comportamiento electoral y así es. Desde hace muchos meses, el sondeo de Celeste-Tel recoge cómo los votantes más jóvenes son los más partidarios de las nuevas formaciones a diferencia de los electores más veteranos, que optan claramente por el PSOE y, sobre todo, por el PP.

En un post que tenemos en elaboración, comprobamos cómo, según el último barómetro del CIS, los más jóvenes son los que de manera más clara optan por Podemos, una tendencia que se suaviza a partir de los 35 años. En la franja de edad de 35 a 44 años, las posibilidades de los cuatro partidos con opciones se iguala para dividirse claramente a partir de los 54 años:

CapturaCISEDAD

Completamos este análisis con una reflexión: el votante más joven es el que menos incentivos muestra a la hora de votar, de manera que su abstención suele ser más elevada que la de los votantes más mayores, más comprometidos con el ejercicio activo del derecho a voto precisamente por el pasado histórico. De ahí que los partidos partidarios del cambio se hayan centrado, en los últimos días, en llamar al electorado más joven, consciente de que una alta movilización implicaría un peor resultado para el PP. Basta recordar el éxito de José Luis Rodríguez Zapatero en las elecciones generales de 2004 gracias a dos segmentos de votantes: Los jóvenes y las mujeres. Si tenemos en cuenta que hablamos de un porcentaje de voto no declarado en torno al 35-40% en casi todas las CCAA, ya nos podemos hacer una idea del efecto que pueden tener los últimos mensajes de campaña en el electorado que finalmente decida acudir a las urnas.

Las urnas como mecanismo de rendición de cuentas

A menudo los Gobiernos suelen apelar al veredicto de las urnas como mecanismo de rendición de cuentas de su gestión, algo que cobra aún más importancia si tenemos en cuenta las promesas incumplidas por el actual Ejecutivo y su escasa cintura para hacer frente a uno de los problemas más graves de ese legislatura: La corrupción y la sensación generalizada de que Génova fue, durante años, una sucursal de enriquecimiento de la cúpula directiva por el cobro de sobornos a cambio de adjudicaciones de contratos públicos.

En el caso del PP, los ciudadanos hablaron claramente en las elecciones europeas de hace un año, un mensaje que no tuvo consecuencias políticas en forma de dimisiones pero sí en un giro hacia una mayor empatía con el ciudadano medio, empatía que ha multiplicado desde que arrancó el año y que se comprueba en la lista de regalos que el Consejo de Ministros aprobó en el arranque de la campaña.

Este domingo se pulsará la fortaleza de las siglas del PP tras su gestión económica y los casos de corrupción mal enfocados, sobre todo si tenemos en cuenta que venimos de las elecciones que permitieron la mayor acumulación de poder territorial en Génova. No escapa a nadie que este domingo habrá un fuerte castigo en las urnas al PP, al que los sondeos sitúan en un suelo electoral sólo comparable al que tenía Alianza Popular en los años 80. De ahí que Génova haya repetido en sus argumentarios que el objetivo es ser la primera fuerza en número de votos, aunque eso implique perder plazas emblemáticas como la Comunidad de Madrid y su Ayuntamiento o la Comunidad Valenciana y su consistorio.

Sin embargo, aunque el PP sea el partido más votado, un apoyo inferior al 30% debería hacer saltar las alarmas y hacer reflexionar sobre la conveniencia de que sea Mariano Rajoy el que encabece la lista del PP en las elecciones generales o la repetición de una campaña como la que hemos visto estas semanas, con especial mención a la porquería puesta en circulación por parte de Esperanza Aguirre, una estrategia que podría haber conseguido un efecto no esperado: la emergencia de la figura de Manuela Carmona, la cabeza de lista de Ahora Madrid, una desconocida para el gran público hasta hace apenas dos semanas.

Rajoy, que se ha convertido en uno de los protagonistas de la campaña electoral, se ha centrado, sobre todo en vender logros económicos, con errores de bulto como preguntarse quién habla de paro o de recesión en este momento, en un país que, no olvidemos, tiene una tasa de paro del 25%. Esta actitud, y la negativa a mencionar la corrupción en sus actos, explican las dificultades del PP para conectar con la gente en sus actos en la calle. Se han visto abucheos y gritos contra sus candidatos y ha habido consenso en que los tiempos han cambiado. Los ‘populares’ han celebrado dos grandes actos durante esta campaña: En Valencia, congregaron a los suyos pero, a diferencia de otras campañas, no hizo falta poner pantallas en los exteriores porque no había gente esperando. En Madrid, el PP cerró en el Palacio de los Deportes ante 9.000 simpatizantes, una cifra muy importante si obviamos que el aforo era de 17.000 personas.

En cuanto al PSOE, este domingo sabremos si ha conseguido trasladar renovación y compromiso en un país que demanda una modificación total de las estructuras y comportamientos, sobre todo ante la ruptura del compromiso entre representantes y representados que se plasmó en el giro económico que José Luis Rodríguez Zapatero emprendió en mayo de 2010 y que tuvo en la reforma de la CE en agosto de 2011 su última referencia. Ya sabemos lo que ocurrió: Los socialistas llevan desde mayo de 2011 en una travesía en el desierto que, según los sondeos, volverá a repetirse este domingo, con mención especial a Barcelona, donde el PSC podría quedar como quinta fuerza en el consistorio.

A pesar de las opciones por recuperar Extremadura o Castilla-La Mancha y la posibilidad de convertirse en la pieza fundamental para el cambio de gobierno en CCAA y Ayuntamientos de peso (como Madrid o Valencia), Pedro Sánchez se somete a la primera prueba de verdad de su liderazgo al frente de la Secretaría General, un mandato jalonado de cuestionamientos más o menos explícitos por parte del socialismo andaluz. Durante la campaña, ha repetido que el PSOE es la única alternativa real para el cambio, por lo que pidió el voto útil para desbancar a los populares del poder. Queda por comprobar si ha calado ese mensaje y, sobre todo, si Ferraz sabrá vender la posición de fuerza en la que puede quedar de cara a cambios de gobiernos en plazas importantes a pesar de perder votos respecto a las últimas elecciones municipales. Sea como fuere, los problemas de Susana Díaz para lograr su investidura como presidenta de la Junta de Andalucía juegan en su contra.

Las urnas también dictaminará el futuro de otras formaciones que han sido relevantes por unos motivos u otros:

  • Durante toda la crisis, IU y UPyD han jugado una baza importante como partidos bisagra, contenedores de la indignación popular, con hitos como porcentajes en torno al 15-18% según estudios como el de My Word. Tras la aparición de Podemos y el salto de C’s a la contienta estatal, este domingo las cosas pintan muy mal para ambas formaciones. UPyD ha sido, directamente, absorbida por C’s, que ha presentado candidatos que en otros comicios lideraron las listas magentas. En el caso de IU, la presencia de Podemos y las marcas ciudadanas en las municipales han derivado en una exposición de una crisis de identidad e interna que ha cristalizado con la fuga de cuadros medios desde las filas de la coalición a las demás formaciones.
  • En Cataluña se pulsará el poder municipal de ERC y CiU, formaciones que, hasta nuevo aviso, siguen con la mente puesta en las elecciones autonómicas que se celebrarán el próximo 27 de septiembre y que sería el próximo paso a seguir en el proceso soberanista. La presencia de las marcas de Podemos en los ayuntamientos puede llevarse todas las expectativas de voto que, hasta hace unos meses, se concentraba en alternativas políticas como ERC que, a pesar de conseguir un buen resultado en plazas como Barcelona, puede quedarse muy lejos de las expectativas que había hace sólo medio año. Será interesante conocer el impacto que un apoyo importante a candidaturas como la de Barcelona en Comú puede ocasionar al proceso interno soberanista.

Multipartidismo y gobiernos de coalición

Todos los sondeos sobre intención de abundan en dos ideas: El lunes encontraremos una España más fragmentada políticamente, con muy pocos gobiernos con mayoría absoluta y/o con mayorías suficientes para que partidos en solitario puedan gobernar con escasos apoyos. En casi todas las CCAA y en ayuntamientos hará falta negociación y gobiernos de coalición, una práctica mucho más extendida de lo que el ciudadano común conoce pero que se verá alterada por una evidencia: La multiplicación de partidos con ofertas políticas diversas que harán que la distancia entre los tres o cuatro más votados sea la menor desde la Transición.

En este blog hemos analizado buena parte de los sondeos que han publicado los medios generalistas en relación a los cambios en los parlamentos autonómicos y en las ciudades más grandes. Con el fin de ordenar la avalancha de datos, hemos considerado oportuno recopilar los datos de las distintas empresas demoscópicas en algunas de las plazas donde estará puesto el foco esta noche:

  • Comunidad de Madrid

CapturaCAM

  • Comunidad Valenciana

CapturaCV

  • Ayuntamiento de Madrid

CapturaAytoMadrid

  • Ayuntamiento de Barcelona

CapturaAytoBCN

  • Ayuntamiento de Valencia

CapturaAytoValencia

  • Ayuntamiento de Sevilla

CapturaAytoSevilla

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
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3 respuestas a 24M: La primera vuelta de las elecciones generales

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