El traje nuevo del emperador

El cuento infantil que mejor explica el funcionamiento de los partidos políticos en España es, probablemente, El traje nuevo del emperador, el relato de Hans Christian Andersen que narra cómo la percepción del poder influye entre los que están teóricamente sometidos a él.

La historia es conocida: Dos pícaros llegaron a los dominios de un rey al que le preocupaba sobremanera su manera de vestir, vestimenta que se proyecta como la legitimidad para reforzar su dominio. Le ofrecieron hacerle el traje con la tela más suave y delicada que se pudiera imaginar y el rey, inmediatamente, aceptó. Cuando el trabajo estuvo realizado, el rey se puso el traje y, aunque él mismo ya se dio cuenta de que iba desnudo, no quiso manifestarlo en voz alta por miedo a que los dos charlatanes descubrieran que era exactamente como ellos. El rey se puso el traje y lo exhibió ante sus súbditos, que, estupefactos, guardaron silencio ante la evidencia de que el rey iba desnudo. Todo, hasta que un niño pronunció el voz alta “¡Pero si va desnudo!”, frase que sirvió para que, los que estaban a su alrededor abandonaran lo políticamente correcto y se sumaran a la evidencia.

En los partidos políticos tradicionales sucede algo parecido. Por nuestra Historia, estamos ante organizaciones políticas bastante más cerradas de lo que sería deseable, muy jerarquizadas y en las que el liderazgo, junto al reparto de cargos, funciona como el mejor pegamento de unión. Existen grados de jerarquía y presidencialismo, con hechos como la construcción de vías de canalización de los problemas internos en el PSOE, que el año pasado ejecutó el triple salto mortal haciendo que el secretario general fuera elegido en primarias entre los militantes. En el otro extremo encontramos al PP, donde el presidente del partido es el que da el visto bueno, finalmente, a las listas electorales que se presentan en municipios y autonomías.

De ahí que sorprenda sobremanera lo que ocurre en el PP desde hace unos días, con barones y responsables políticos munipales saliendo públicamente a desafiar el poder del emperador, concentrado en Génova 13.  Como apuntamos hace unos días, el presidente de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, abrió la veda al preguntarse abiertamente si Mariano Rajoy se ve como el mejor candidato del partido para liderar la lista del PP a las elecciones generales. Ése fue el pistoletazo de salida que derivó en los anuncios de retirada de Luisa Fernanda Rudi en Aragón, de Alberto Fabra en la Comunidad Valenciana y de Ramón Bauzá en Baleares.

Desde el martes, se han sucedido las manifestaciones en esta línea que obligaron, el mismo miércoles, a Mariano Rajoy a anunciar cambios en el Gobierno y en partido, una actitud que contrastó con el discurso que dirigió a los suyos en el Comité Ejecutivo, en el que incidió en que el PP había sido la lista más votada  y dio a entender que, aunque los ciudadanos parecían haberse rebelado, finalmente reconocerán la recuperación económica.

Ante la evidencia de que el rey estaba desnudo y que nadie fue capaz de decírselo en la reunión interna, parece que hay quien ha decidido que los medios son el lugar adecuado para mostrar la ceguera de la cúpula del partido. Días después de las elecciones, la dirección ‘popular’ sigue sin entender cuáles son los motivos de la derrota electoral del pasado 24 de mayo, derrota que se complementa con nuevos casos de corrupción que salpican a destacados dirigentes del partido durante años, como Serafín Castellano en la Comunidad Valenciana. Es decir, al tiempo que el PP insiste en que no ha construido un relato de su gestión y que no se ha acercado a la ciudadanía, se suceden los casos de corrupción que siguen desintegrando la imagen de partido decente y honorable que se proyectó en los años 90 y que el caso Bárcenas hizo saltar por los aires.

Mientras María Dolores de Cospedal sigue en un clamoroso silencio, hay quien dice que molesta por los focos puestos en su gestión al frente de la Secretaría del partido, se señala que Rajoy tiene pensado acometer cambios en el Gobierno el próximo mes de junio, con la salida segura de Luis de Guindos y de José Ignacio Wert (ambos lo habría solicitado). En distintos medios se fija julio como el mes elegido para realizar cambios en el partido, modificaciones que, dejando a un lado la figura de Cospedal, podría terminar con el refuerzo de algunas áreas. Génova todavía insiste, en este punto, en que la razón de la derrota del pasado 24 de mayo se debe a una mala política de comunicación, que ha sido incapaz de transmitir los logros del PP en esta legislatura.

Podemos estar ante la semana de la pérdida de la inocencia, entendiendo como tal la construcción sumamente jerarquizada del PP como organización. Así, y aunque se intenta desviar el foco ante los posibles pactos del PSOE y Podemos en CCAA y Ayuntamientos, acuredos que podrían ser la antesala de un acuerdo mayor tras las elecciones generales, en el PP se suceden señales de alarma que hace pensar, a su pesar, en que están en el germen de un proceso que ya hemos visto en el centroderecha español.

  • Alberto Núñez Feijoó, tras proclamar su lealtad a Mariano Rajoy, planteó cambiar estructuras y mensajes en el PP gallego. El presidente de la Xunta, al que muchos ya ven como un posible relevo de Rajoy, explicó los malos resultados del PP gallego al fallecimiento de 100.000 personas que, en otros comicios, habrían votado por sus siglas.
  • Desde Castilla y León, el portavoz del Gobierno de Herrera arremetió con dureza contra José Manuel Soria, ministro de Industria, por su gestión del conflicto minero, con el consiguiente respaldo de Soraya Sáenz de Santamaría, de Valladolid, al ministro, que se vio obligado a defender también su gestión en el PP canario.
  • Javier Arenas ha pedido que los problemas se diriman dentro de la organización y no en los medios
  • Santamaría, que está en todas las salsas, también respaldó la labor de Cospedal al frente de la Secretaría General, un respaldo que tiene su aquel si se tiene en cuenta la rivalidad entre las mujeres con más poder que rodean a Mariano Rajoy.
  • Ante el anuncio de retirada de los presidentes del PP en varios territorios, que obliga a la celebración de congresos autonómicos, Génova puntualizó que el calendario es otro: Elecciones generales en otoño, congreso nacional el próximo año, congresos autonómicos y congresos provinciales. Desde Baleares, el PP dejó claro que su congreso autonómico será este mes de septiembre, ignorando públicamente la orden del PP nacional.

Todos estos movimientos se suceden incluso ante de saber el impacto que tendrá el resultado del 24M  en el poder territorial del PP, con la salida de instituciones clave como el Ayuntamiento de Madrid o la Generalitat valenciana, donde se ha comenzado a destruir documentación, como denuncian los funcionarios públicos.

Una derrota electoral de estas características se traduce en una pérdida de poder en CCAA y consistorios controlados desde hace veinte años por el PP. Y eso tiene una traducción menos publicitada en forma de pérdida de subvenciones (seis millones de euros), de influencia (sin contar con donaciones y/o mordidas por la adjudicación de contratos) y la consiguiente salida y despido de personal de confianza, asesores y, en general, cargos de designación, que son los que, al final, contribuyen al músculo del partido, como bien sabe el PSOE.

Sospechamos que esta pérdida de poder es lo que explica que se haya roto la disciplina interna del PP y muchos hayan comenzado a decir, en voz alta, lo que buena parte de la ciudadanía sabe desde el arranque de la legislatura: Que Rajoy está desnudo y que los problemas del PP acaban de empezar por el papel de partido desagradable y desconectado de la realidad que en su momento decidió protagonizar.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
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