Pitar el himno nacional como costumbre

La final de la Copa del Rey entre el Barcelona FC y el Atlhetic de Bilbao comenzó como se preveía tras días alentando, desde los medios más conservadores, la propuesta de que, esta vez, la falta de respeto al himno nacional no quedara sin efecto. Y ocurrió lo que se esperaba: Igual que ocurrió en 2009 y en 2012, asistimos a una monumental pitada en el Camp Nou en cuanto comenzaron a sonar los acordes del himno nacional, pitada que se escuchó con claridad esta vez, sin los trucos de realización de otras ocasiones:

A pesar de la atención mediática, en periodismo se estudia que, cuando un acontecimiento se sucede más de una vez, pasamos a hablar de noticia a comportamiento cotidiano. Es lo que, desde hace años, viene sucediendo en las competiciones deportivas en las que participan equipos procedentes de CCAA periféricas, sobre todo aquellas en las que no está resuelto el encaje con el conjunto del Estado español.

Tras la pitada, volvemos a escuchar los mismos argumentos:  Hay que cambiar la ley para que este tipo de actuaciones no queden sin su correspondiente sanción, una idea a la que se abraza un PP en horas muy bajas; hay que sancionar a los clubes de fútbol y/o entidades que alentaron la protesta; si las aficiones no están de acuerdo con los símbolos nacionales sus equipos deberían dejar de jugar competiciones como la Copa del Rey; o el derecho a la protesta está por encima de la educación y/o el respeto a los símbolos nacionales. Por el momento, la comisión antiviolencia, reunida a petición del Gobierno, se ha limitado a demandar más información sobre los convocantes de la protesta para estudiar posibles sanciones.

Los argumentos esgrimidos ante la pitada pasan por encima del hecho cierto de que tenemos un problema abierto en la construcción del Estado autonómico desde hace años, un problema que se ha evidenciado, sobre todo, a partir de la sentencia del TC sobre el Estatut (2010). Si negamos la evidencia partimos del análisis equivocado de por qué, sistemáticamente, catalanes y vascos aprovechan plataformas como las competiciones deportivas para demostrar un malestar que no se soluciona con sanciones o con afirmaciones en torno a la libertad de expresión. Al otro lado de la mesa, por cierto, parece no haber nadie.

CODA. La pitada en la final de la Copa del Rey fue asunto destacado en las portadas de La Razón y El Mundo. El País prescindió de cualquier referencia y la prensa vasca y catalana se centró en la vertiente deportiva:

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
Esta entrada fue publicada en Cataluña, Euskadi, Nacionalismo. Guarda el enlace permanente.

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