Nueva vieja política

En el momento de elaboración de este post, sabíamos que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, se había reunido en La Moncloa con el presidente de C’s, Albert Rivera, y con el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez; que Sánchez se había reunido, a su vez con Rivera y con Pablo Iglesias, con quien cenó el miércoles por la noche en ‘territorio neutral‘, que resultó ser el reservado de un hotel; y que Iglesias había almorzado, el martes, en Madrid, con Mónica Oltra, un encuentro que tiene todo su interés si tenemos en cuenta la deriva que están tomando los primeros contactos para formar gobierno en la Generalitat valenciana. Que se sepa, no había intención de Rajoy de propiciar un encuentro con el líder de Podemos ni de éste con Rivera.

Los encuentros de los líderes nacionales de los partidos sobre los que orbita la política en estos momentos han tenido un denominador común: No aparecían en la agenda pública de los dirigentes políticos, de manera que las reuniones se celebraron de forma discreta y, según el caso, en secreto. En casi todos los casos, se comunicó la reunión y el contenido de la misma después de que se hubiera producido.

Supimos de la reunión de Rajoy con Rivera, la primera entre ambos dirigentes, tres horas después de que ocurriera; la noticia del almuerzo que compartieron el presidente del Gobierno y el jefe del principal partido de la oposición se filtró cuando se estaba produciendo, apenas unas horas después de que Sánchez protagonizara una rueda de prensa en la que lanzó balones fuera ante las preguntas sobre cuándo se celebraría el anunciado encuentro con Rajoy, el primero tras aquella foto de ambos en la firma del pacto contra el terrorismo yihadista. Lo mismo sucedió con la reunión entre los líderes del PSOE y Podemos, de la que tuvimos noticia porque Podemos filtró que tendría lugar el miércoles.

Y si la falta de información  y el secretismo son las notas dominantes del inicio de la relación entre líderes que están llamados a capitenear unos contactos que, recordemos, serán fundamentales para decidir los gobiernos municipales y autonómicos en todos los territorios que votaron el pasado 24 de mayo, esas características también se dan cuando se piden datos sobre lo que se habló en esas reuniones.

Todos los protagonistas implicados, a excepción de Rajoy, que sigue guardando un escrupuloso silencio, repiten el mismo mantra: Fue una primera toma de contacto entre personas que no se conocían personalmente; se habló de asuntos generales, como el calendario institucional que determinará la puesta en funcionamiento de los ayuntamientos, o la situación general del país; se acordó que fueran los responsables territoriales en CCAA y ayuntamientos los que lideren las conversaciones para alcanzar acuerdos; y se pusieron las bases para una relación política. En el caso de C’s, se repitieron las líneas rojas para entablar contacto con otras fuerzas, que pasan por la aceptación de su decálologo de medias económicas y de regeneración democrática; Podemos exige que se promueva un cambio en las instituciones y en las políticas públicas; y en lo que se refiere al PSOE, la base de los contactos parten del apoyo a los cambios en los gobiernos del PP allí donde sea posible.

En este punto, conviene poner el foco en varios asuntos:

  • El 24 de mayo significó, en las urnas, el fin del bipartidismo imperfecto que describe nuestro sistema político y la apertura, por lo tanto, de la negociación a, al menos, cuatro formaciones políticas. El país votó fragmentación y ausencia de mayorías absolutas, lo que equivale a apoyar que los actores políticos abandonen sus torres respectivas y dialoguen.
  • También significó un mensaje en torno a este tipo de prácticas que han sido habituales en nuestro país, unas bases que se asentaron durante la Transición democrática (recordemos cómo se redactó la Constitución española) y que se han repetido por parte de todos los actores políticos a pesar de la normalidad democrática.
  • Desde esta perspectiva, tanto PP como PSOE han conseguido que los nuevos partidos, que llegaron con la pátina de otra forma de hacer política, más transparente, hayan asumido unos postulados propios de la casta, ese término que los dirigentes de Podemos han retirado de sus argumentarios en cuanto las urnas decretaron que no había ganado las elecciones y que no había conseguido desplazar al PSOE como principal partido de la izquierda. Eldiario.es recuerda cómo, hace un año, el propio Iglesias criticaba este comportamiento: “Hay que acabar con el secretismo a la hora de hacer política, con las reuniones en reservados de restaurantes donde se toman decisiones al margen de los ciudadanos”.
  • Una de las críticas más frecuentes de los ciudadanos a sus representantes políticos tiene que ver, precisamente, con el comportamiento de las elites en general, en las priman este tipo de contactos, sumamente útiles, por cierto, para dar el paso a la empresa privada. Nuestro país confirma estar a años luz de prácticas de transparencia o de una relación sana entre representantes y representados, que exige información y, por supuesto, evitar unos contactos que, más allá del carácter personal de la cita, llegan precisamente cuando se están negociando los acuerdos que pueden cambiar el signo político en numerosas instituciones.
  • Desde este punto de vista, y si los partidos han decidido que sean los líderes regionales y municipales los que lideren las conversaciones, ¿tiene sentido estas reuniones a varias bandas más allá de buscar una excusa para conocerse, algo que podrían hacer en cualquier momento? Basta recordar que, en una semana, estarán constituidos los ayuntamientos, por lo que se cierra una de las excusas que planean en la convocatoria de estas reuniones.
  • Los contactos entre los líderes de los distintos partidos, recordemos, llegan cuando está pendiente, además de la investidura de Susana Díaz en Andalucía, el gobierno en CCAA como Madrid y la Comunidad Valenciana, además de consistorios como Madrid, Valencia, Zaragoza o los de las capitales andaluzas. De ahí que resulte del todo inverosímil que nieguen que en esos contactos se ha abordado, al menos las preferencias políticas por estos acuerdos, y que se insista en el carácter personal de las conversaciones.
  • En este punto, parece claro que las cuatro fuerzas están poniendo sobre la mesa cuánto vale cada plaza en juego y, por lo tanto, qué instituciones estarían dispuestos a ceder cada uno para conseguir el acuerdo en otros lugares. Seguramente Podemos priorice Ahora Madrid por encima de todas las negociaciones, con el PSOE poniendo el foco en Andalucía y la Comunidad Valenciana, plaza a la que podría renunciar Rajoy a cambio de mantener el control en la CAM. Pura estrategia y prácticas de vieja política, vaya.

Si, además, tenemos en cuenta que en medio año hay elecciones generales y que la imagen de las Cortes puede ser muy similar a la que arrojaron las urnas el pasado 24 de mayo, no cabe ninguna duda de que estos encuentros han servido para comenzar a fraguarse la futura política de pactos necesaria para garantizarse la mayoría del futuro gobierno.

Partinos, así, de la consecuencia directa de que ninguna formación despunte en las encuestas sobre intención  de voto que, próximanente, ya incluirá el efecto de los resultados de las últimas elecciones y de sus consecuencias en el PP.

Negar la evidencia, como están haciendo estos días Pedro Sánchez (en Tele5 y RNE), Pablo Iglesias (en Tele 5) o Albert Rivera (en SER, COPE, Cuatro y La Sexta) es tratar a los ciudadanos como imbéciles. Es decir, lo que la vieja política acostumbró a hacer durante años, con bastante más maestría de lo que se aprecia estos días.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
Esta entrada fue publicada en C's, elecciones, Pedro Sánchez, Podemos, PP, PSOE, Rajoy. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Nueva vieja política

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