#AlbertvsPablo: La nueva política en busca del centro

Primer round de la precampaña de las elecciones generales, el ejemplo más claro de cómo ha camibado el paisaje desde las elecciones de 2011. El domingo, más de cinco millones de espectadores (25.2% de share) siguieron el cara a cara de Albert Rivera y Pablo Iglesias en ‘Salvados’, un simulacro del debate a cuatro que los líderes de C’s y Podemos proponen a PP y PSOE. Y se confirmaron algunas de las percepciones que vienen cristalizando desde la noche del 27 de septiembre:

  • Albert Rivera es, sin duda, el cabeza de lista en mejor forma para disputar las próximas elecciones generales. En su cara a cara con el líder de Podemos, mostró una claridad de ideas y una facilidad para transmitirlas pasmosa, algo a lo que ayudó un Iglesias que orbitó desde la espesura mental a la difusión de principios más bien generalistas. Si tenemos en cuenta, además, que el tono no fue en absoluto bronco, Iglesias se vio obligado a competir en el espacio de las propuestas posibles, y ahí Rivera estuvo mucho más sólido y directo.
  • A estas alturas, y una vez descontado el trasvase del voto cabreado de IU y UPyD a Podemos y C’s, parece claro que C’s y Podemos compiten por electorados diferentes. El programa de Jordi Evole, convenientemente cortado y montado, dio la sensación de que, a pesar del intento de desprenderse de etiquetas, Rivera estaba dirigiéndose al electorado más escorado al centro del PP mientras que Iglesias no dudó en pescar en el caladero de las formaciones de izquierda y del PSOE.
  • Ambos dieron sepultura al bipartidismo que han representado, desde la Transición, el PSOE y UCD/AP/PP, algo rubricado cuando hablaron de puertas giratorias y de la presencia de ex políticos de estas formaciones en los consejos de adminitración de las grandes empresas.
  • España es un país muy poco acostumbrado al debate. A pesar del intento, en los últimos años, de incluir la política espectáculo en televisión, lo cierto es que todavía suena raro un debate sin preguntas o tiempos pactados. Esta carencia la hemos sustituido por la presencia masiva de los líderes de los partidos en los programas de pseudopolítica, esos platós en los que han crecido Iglesias y Rivera. Ambos demostraron por qué están ahí y manejaron bien los tiempos y la colocación de los mensajes defendidas por sus respectivas organizaciones. Por buscar fallos, también evidenciaron la debilidad orgánica de sus formaciones políticas y la necesidad de que la acción pivote en torno a ellos. Veremos el próximo 20D si esto es un problema para sus expectativas de voto.
  • A pesar del viaje que Podemos lleva meses realizando para llegar al centro, no faltaron en Iglesias menciones a la renta básica, a la redistribución de la riqueza, a la defensa de los pilares del Estado de bienestar (aunque las propuestas sobre educación brillaron por su ausencia) y al papel de Podemos como elemento de que ha obligado a la vieja política y a las instituciones a moverse. Fueron frecuentes las apelaciones de Iglesias a la gente y hubo incluso coqueteos con la figura de las nacionalizaciones de empresas públicas.
  • Sin embargo, Podemos lucha contra su propia figura y el exceso de protagonismo de Iglesias. Eso explica que la imagen de agotamiento que proyectaba Iglesias, vestido de nuevo con una camisa blanca, tuviera un impacto directo en una organización exhausta tras las sucesivas citas electorales y la necesidad de modular unas alternativas políticas más creíbles (que, sin embargo, están ahuyentando a su electorado).
  • Frente a Iglesias emerge un Rivera que se cree su papel de ganador en las elecciones catalanas, una cita que, como avisamos, le servirá de trampolín para las generales. Y viéndole en Salvados era fácil imaginar al equipo de Mariano Rajoy preguntándose por qué el presidente del Gobierno no adelantó las generales para hacerlas coincidir con las generales. A pesar de que Rivera lleva en la política activa desde 2007, aporta una imagen de frescura que, hoy por hoy, no iguala ningún líder político.
  • Esto se evidenció en una simple escucha: Algunos de sus mensajes dejaban mucho que desear (como la idea del contrato único, el chascarrillo sobre las cuotas, la restricción de la atención sanitaria a los inmigrantes en situación irregular, el coqueteo con las grandes empresas y la banca o la idea de España). Sin embargo, parece que Rivera se cree lo que dice. Al mismo tiempo, utiliza un tono amable, sin aspavientos y sin más agresividad que la de las palabras en el momento de interrumpir a sus interlocutores, por lo que su oyente no puede sentirse atacado de forma directa, al menos en una primera escucha.
  • Ambos se perdieron en algunos de los temas que han brillado durante esta legislatura: las soluciones al paro; el recorte de libertades gracias a la legislación de este gobierno; el papel regulador (por ser sutiles) del Gobierno en su relación con los medios o con el tribunal de la competencia; los sueldos de los políticos en un país donde ha crecido la brecha de desigualdad; la corrupción; y Cataluña como problema en una España en crisis.
  • Al mismo tiempo, hubo temas que ni siquiera se tocaron durante el debate: La violencia de género (a pesar del mes de octubre que llevamos); el papel de España en el mundo; cualquier mención a la política internacional (entendiendo como tal incluso la UE o la crisis de refugiados); o la educación (salvo en lo relativo a la educación segregada).
  • El cara a cara entre Rivera e Iglesias trasladó la idea de que España debería parecerse a Dinamarca (?), que la flexiseguridad es el camino de los postulados socialdemócratas (que tanto Rivera como Iglesias parecieron abrazar en algunos momentos del debate) y que C’s y Podemos comparten muchos puntos en cuanto a las tesis regeneracionistas del país.
  • Y esto, precisamente, es una losa en las expectativas de Podemos: Su aparición y crecimiento se nutrió de la necesidad de un proyecto constituyente capaz de cambiar el país desde la raíz. El debate en La Sexta apuntaló la idea de que ambos partidos han optado por la reforma en lugar de la revolución, y esa constatación, hoy por hoy, va contra la expectativa de voto de Podemos y en beneficio de C’s como agente de cambio.
  • Ya en las percepciones, Rivera trasladó la idea de un candidato presidenciable mientras que Iglesias, poco a poco, parecía asumir el lugar que en su día ocupó IU: La formación escorada a la izquierda que puede ayudar a una menor derechización del PSOE. No ayudó en exceso su confesión inicial de que estaba agotado tras un año muy duro, con mención a sus problemas con la falta de privacidad.

En lo que sí que no cabe ninguna duda es que el programa de Salvados, al más puro estilo de George Lakoff y su No pienses en un elefante, sirvió para que el espectador pensara, precisamente, en el papel de los líderes de los partidos ausentes.

Ya sabemos, a día de hoy, que Pedro Sánchez se ha mostrado dispuesto a debatir con quien sea y, entendemos, en el formato que sea. Sin embargo, suponemos que tanto él como su equipo serán conscientes de lo que es pudo ver el domingo por la noche en La Sexta y en los problemas que puede tener el secretario general de los socialistas para debatir con un líder de la talla de Rivera, que bien puede intentar con él poner en marcha una estrategia para intentar arañar más votos del centroizquierda que, por tradición, podría votar al PSOE.

Rajoy, por su parte, inició el domingo por la noche una semana en la que se percibe cierto aire de derrota entre las filas del PP, en buena medida por el avance espectacular que proyecta un Albert Rivera en estado de gracia. Tanto Moncloa como Génova es consciente de que no ha tocado techo en sus expectativas electorales y que buena parte de su crecimiento se hará en detrimento del voto ‘popular’. Lo dicho: Alguien todavía debe estar preguntándose por qué Rajoy no hizo coincidir las elecciones generales con las autonómicas catalanas.

CODA. Varios medios colocaron en sus páginas encuestas para que sus lectores pulsaran quién había ganado el debate. También Podemos, a través de su cuenta de Twitter, hizo una encuesta sin valor estadístico sobre el cara a cara. Los datos de Público, El Mundo, El Periódico y la cuenta de Podemos no dejan lugar a la duda: En todos, salvo en Público, Rivera fue el claro ganador del debate:

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
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