La izquierda española no aprende la lección

No se entiende, de otra manera, la fragmentación extrema de opciones políticas que nacieron o se encontraron en el 15M y en las plataformas de protesta que cristalizaron cuando la movilización se desplazó de las plazas públicas a los barrios.

Tras el culebrón de la confluencia protagonizado por Podemos e IU, con mensajes nada elegantes de la dirección podemita a la coalición de izquierdas en la que muchos de ellos crecieron como políticos, estos días se despeja la incógnita de las posibilidades a la izquierda del PSOE que la ciudadanía tiene para votar el próximo 20D.

Estas alternativas, por supuesto, se topan con una realidad que ha castigado la fragmentación desde el mismo momento que se eligió la circunscripción provincial y los umbrales de representación como requisitos para repartir el poder emanado de las urnas. Parece mentira que, entre algunos de los pensadores de estas izquierdas, haya politólogos y sociólogos especialistas en comportamiento electoral.

Podemos insiste en su marca

Podemos dejó claro que, como ocurrió en las elecciones autonómicas, concurriría a los comicios con su propia marca. Esta posición ha sido una línea roja inexpugnable, y eso a pesar de que Podemos, como tal, no consiguió desbancar al PSOE como segunda fuerza en ninguna de las CCAA en las que el PP ganó las elecciones. Algo que, recordamos, no ocurrió en las municipales, donde los partidos ciudadanos o alternativas como las de Compromís en la Comunidad Valenciana consiguieron desplazar a los socialistas como el partido de referencia en la izquierda amplia.

Tras la experiencia de las elecciones catalanas, y sobre todo tras el resultado nefasto, Podemos se encastilló en sus siglas y ahí sigue, digiendo mensajes a Ada Colau ante la posibilidad de que la alcaldesa de Barcelona opte por una lista catalana con grupo propio en el Congreso. Colau insiste, así, en uno de los grandes problemas que tuvo Podemos en las elecciones autonómicas catalanas: El factor nacional. De ahí, por ejemplo, que haya fijado el derecho de autodeterminación, prácticamente ignorado durante la campaña del 27S, como una de las bases del programa con el que se presentará a las elecciones.

No es el único mensaje que debería estar recibiendo la dirección de Podemos. Hoy Pablo Iglesias ya no es la estrella a la que invitan todos los medios de comunicación, más interesados en lo que pueda contar Albert Rivera, bastante menos peligroso, a priori, para los intereses del capital. Esta constatación ocurre, precisamente, cuando la formación encuentra mayores problemas para situar sus mensajes, en buena medida por el intento de dirigirse a un electorado heterogéneo.

La consecuencia de su intento de concretar la vemos estos días: Su potencial electorado de izquierdas permanece cerca del partido mientras que su potencial votante más escorado a la derecha ha encontrado un partido que representa mejor sus ideas. Si, además, tenemos en cuenta sus problemas para articular un discurso en torno a la España federal o la existencia de nacionalidades históricas, tenemos la muestra más clara de la caída en las expectativas de voto que se avecinan a dos meses de las elecciones generales.

Ahora en Común o la IU de siempre

Alberto Garzón lo intentó por activa y por pasiva, recibiendo la misma respuesta por parte de Podemos: No es posible la confluencia con un partido como IU, aunque era posible captar a algunas de sus caras más conocidas, como antes pasó con Tania Sánchez o con una parte de IU-Madrid.

Cuando se cerró la puerta definitivamente, IU trabajó con la plataforma Ahora en Común para diseñar una candidatura alternativa al PSOE pero también a Podemos. Finalmente, IU decidió renunciar a sus siglas y presentarse a las próximas elecciones como Ahora en Común, la mejor muestra de la situación en la que está la coalición, la principal damnificada, junto a UPyD, de la emergencia de Podemos y C’s.

Esta decisión coincide con cierta recuperación en las expectativas de voto de IU, aunque los resultados quedarían alejados incluso del 6.9% de apoyo obtenido en las elecciones de 2011. Por lo tanto, es un buen momento para señalar que hablamos de un promedio de votos inferior al 5%. Si tenemos en cuenta, además, que IU pasa por ser uno de los partidos que más voto ‘pierde’ en el reparto de los restos según la ley electoral, ya nos podemos imaginar el daño de esta opción en el momento de plantear una candidatura claramente de izquierdas -pese al intento de Podemos de posicionarse en tierra de nadie con su discurso de los de arriba frente a los de abajo-. 

Talegón amaga con presentarse con su propia formación

Por si no hubiera poca división, faltaba el intento de organización por parte de dirigentes que se marcharon del PSOE por discrepancias con la posición de la dirección federal. El caso más llamativo, junto al de Eduardo Sotillos (que concurrirá en la lista de Ahora en Común) es Beatriz Talegón. La joven dirigente saltó al estrellato por su intervención en la Internacional Socialista juvenil y desde entonces ha intentado jugar un papel de voz de la conciencia ante la derechización del PSOE.

Talegón fue una de las dirigentes que apoyaron la confluencia de la izquierda, aunque ella misma se desvinculó tanto de Podemos como de Ahora en Común. La semana pasada se planteó la posibilidad de formar su propia corriente, con el original nombre de La Izquierda, una aventura en la que recibe el apoyo de Mayor Zaragoza y de Baltasar Garzón,  así como de integrantes de partidos como Los Verdes, Nova Esquerda Galega o el Partido Humanista.

Este lunes, y a falta de formalizar su registro como partido político, se supo que la ex dirigente socialista había decidido retirar el apoyo de su plataforma a esta propuesta. En su cuenta de Facebook, además, mencionó con siglas a los que, en su opinión, buscaban con esta jugada quitarle votos a IU. Todo hace pensar que se refiere a Baltasar Garzón y a Gaspar Llamazares.

CapturaTalegon

CODA. La socialdemocracia vive en una crisis permanente desde los años 90. Experimentos como la tercera vía de Felipe González o Tony Blair, han engarzado sonoros fracasos que se evidencian en la ausencia de un discurso medianamente armado respecto a la crisis económica y las posibles soluciones. Esto es lo que se puso de manifiesto en la elección de Corbyn como el líder del laborismo y es lo que está llevando a los distintos líderes socialdemócratas a posicionarse. El último en hacerlo ha sido Pedro Sánchez, que ha dicho sentirse más cerca del primer ministro francés, Manuel Valls, proclive a las políticas reformistas moderadas, que del líder laborista, que ha planteado la nacionalización de sectores estratégicos. Sin sorpresas a este lado del espejo.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
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