#LibertadTitiriteros

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Viñeta de JR Mora publicada en ctxt.es

Hace algo más de un año, la campaña “Je suis Charlie” se convirtió en la etiqueta con la que las sociedades abiertas, sobre todo occidentales, repudiaron el asesinato de caricaturistas de la revista Charlie Hebdo a manos de islamistas radicales en París. Un año después, buena parte de la materia gris española ha confirmado que esa campaña tenía un solo objetivo: Exigir el respeto a la libertad de expresión (art. 20 de la Constitución española) como derecho fundamental siempre que se refiera el ataque al Islam y no al cuestionamiento de valores o principios socialmente aceptados.

Desde el pasado fin de semana, estamos teniendo la oportunidad de pulsar el grosor de la defensa de la libertad de expresión en nuestras fronteras. El motivo, la representación de la obra La Bruja y Don Cristobal, de la compañía Títeres desde abajo, el pasado viernes en Madrid dentro de la programación de los Carnavales. Durante la exhibición, en los Teatros del Canal, algunos de los padres de los menores de edad que asistieron  requirieron a la policía municipal, que interpuso la correspondiente denuncia y procedió a la detención de dos integrantes de la compañía por enseñar una pancarta en la que se podía leer “Gora Alka ETA” (un juego de palabras que no significa nada). Éste es un fragmento de dicha representación, en el que se ve cómo un policía coloca pruebas falsas (la famosa pancarta) para criminalizar a los protagonistas. Antes, se mostró cómo se colgaba a un juez y cómo se acuchillaba a una mujer embarazada:

El sábado, el juez de la AN Ismael Velasco decretó prisión preventiva contra los detenidos, acusados de un delito de enaltecimiento del terrorismo, decisión que se mantenía en el momento de elaboración de este post. Es decir, en pleno siglo XXI, con una democracia consolidada, dos actores de títeres llevan cinco noches en prisión por el contenido de una representación de ficción acusados de un delito que recoge el artículo 18 del Código Penal de esta manera:

“1. La provocación existe cuando directamente se incita por medio de la imprenta, la radiodifusión o cualquier otro medio de eficacia semejante, que facilite la publicidad, o ante una concurrencia de personas, a la perpetración de un delito.

Es apología, a los efectos de este Código, la exposición, ante una concurrencia de personas o por cualquier medio de difusión, de ideas o doctrinas que ensalcen el crimen o enaltezcan a su autor. La apología sólo será delictiva como forma de provocación y si por su naturaleza y circunstancias constituye una incitación directa a cometer un delito.”

Como casi todo lo que procede del Ayuntamiento que dirige Manuela Carmena, la detención de los tirititeros ganó peso mediático debido a dos factores: Por un lado, por la caja de resonancia de la derecha mediática, que ha equiparado directamente la representación de la obra con gestos de connivencia con ETA en lo que califican de una campaña de lavado de cerebro dirigida a los menores de edad. Por otro lado y más importante, por la retirada de los sectores progresistas ante una de las batallas más claras de lo que podemos denominar la guerra del relato en la que llevamos inmersa desde, al menos, los años 60, como narra magníficamente Thomas Frank en su obra ¿Qué pasa con Kansas?.

Ante el revuelo por la detención de los tirititeros, actuación que ni siquiera se ganó el reproche del gremio de actores, que el sábado se reunió en la gala anual de los Goya, hemos podido ver reacciones absolutamente repudiables por unos partidos políticos que parecen más preocupados en eliminar problemas en la negociación del futuro Gobierno que en defender principios que, hasta no hace tanto, parecían incuestionables.

Ahí tenemos el ejemplo de Ahora Madrid -con Manuela Carmena a la cabeza pidiendo perdón a los padres de los niños que acudieron a la representación y calificando de ‘deleznable‘ un espectáculo, insistimos, de ficción, cuyo error fue haberse publicitado como apto para todos los públicos- o el PSM, que está aprovechando estas circunstancias para atacar el gobierno municipal de Madrid, mientras el PSOE elude cualquier declaración al respecto. Hace unas semanas señalábamos que los socialistas ya no aparecen como la vanguardia en la defensa de los derechos y libertades que forman parte de la primera generación del liberalismo político. No teníamos ni idea de que llegaría el momento en que el PSOE renunciaría incluso a presentar esta batalla por interés de gobierno.

Mención aparte merece C’s, que ha defendido la petición de cárcel para los titiriteros mientras demandaba que se despolitice la cultura, confirmándose, de nuevo, que el problema de muchos finalmente tiene más que ver con el uso que se otorga a la libertad de expresión y no tanto en compartir valores y principios generales. El sábado por la noche, desde la gala de los Goya, Pablo Iglesias mostró su respaldo a los detenidos a través de su cuenta de Twitter, una declaración que sirvió para que otros integrantes de Podemos también mostraran su rechazo a una medida que ya se asume como desproporcionada. Alberto Garzón, el líder de Unidad Popular, también resaltó que en estos momentos dos actores se encuentren encarcelados por el contenido de una obra teatral exhibida con motivo de la fiesta más irreverente que tenemos en nuestro calendario.

En este este punto, conviene partir de una evidencia. Defender la libertad de expresión no implica estar de acuerdo con el contenido de todas las obras artísticas existentes o futuras. Así, hay espectáculos buenos y malos, amables y repudiables, significativos y prescindibles, y todo ello viene cruzado por la ideología y el gusto del espectador. Parafraseando a Voltaire, parece que volvemos a estar en un momento en el que la línea divisoria se encuentra en el “detesto lo que defiendes, pero daría mi vida para que pudieras seguir defendiéndolo”.  Y muchos han quedado en evidencia, particularmente entre la nueva y la vieja izquierda, que han preferido no plantar batalla incluso acusando a los tirititeros detenidos de irresponsables por dar carnaza al adversario político una vez más.

Hace unos años, antes de que la crisis financiera lo atravesara todo, existió cierta corriente que se centró en explicar la puesta en marcha de la revolución neocon y de la guerra cultural entre sectores progresistas y el nuevo conservadurismo, una batalla diaria que parecen estar ganando al calor de la salida de la crisis y de la corrección política y social que lleva estos días a unos huelguistas ante el juez por su actuación en la huelga general de 2010.

Sobre este asunto escribió con cierto éxito George Lakoff en su conocido No pienses en un elefante (y su mejor Puntos de reflexión). Lo que hemos visto desde el fin de semana es el intento de los sectores más conservadores de controlar el relato, aunque dicho relato parta de la manipulación de una obra de ficción, representada en plenos Carnavales, y que se ha tomado en su literalidad.

Como se señalaba en estas dos magníficas entradas localizadas en Facebook, es como si en estos momentos se enmendara toda la obra de Goya por fomentar la antropofagia por su Saturno devorando a sus hijos o si se persiguiera todos los espectáculos de títeres del mundo, caracterizados por su irreverencia, por fomentar el infanticio o el regicidio:

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Mientras, y ante la renuncia de buena parte de los representantes políticos y de los medios de comunicación teóricamente escorados a la izquierda [basta ver cómo han informado de este asunto la SER, El País o La Sexta], una parte de la sociedad civil comenzó a movilizarse a través de las redes sociales para exigir la puesta en libertad de los dos actores. En Facebook, se ha creado una comunidad, Libertad Tirititeros, en la que se puede repasar todas las muestras de solidaridad que estas dos detenciones está generando en unos ciudadanos que cada vez se sienten más huérfanos en esta guerra cultural a la que estamos asistiendo y que vamos perdiendo:

CapturaLibertad

CODA. La prisión preventiva contra los dos actores es una medida tan desproporcionada que Madrid y su Ayuntamiento vuelven a aparecer este lunes en las portadas de la prensa internacional, como por ejemplo Financial Times. Esto sí es marca España, aunque nos cause vergüenza ajena:

FT

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
Minientrada | Esta entrada fue publicada en C's, Conservadurismo, Neocons, neolengua, Podemos, PSOE. Guarda el enlace permanente.

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