Grecia: ND se consolida como alternativa a Syriza

Faltan dos meses para que se cumpla el primer aniversario de la victoria de Syriza en las elecciones generales, las segundas celebradas en Grecia en 2015, en las que el partido que encabeza Alexis Tsipras obtuvo el 35.4% de los votos. Tras esta victoria, que conllevó el repligue de Atenas a los dictados de Bruselas, tanto Syriza como su líder se encuentran en horas muy bajas, tal y como confirman los sondeos sobre intención de voto durante 2016.

Esta pérdida de apoyos coincide, como no podía ser de otra manera, con la puesta en marcha de las medidas económicas más controvertidas del Gobierno de Tsipras: Desde la reforma de las pensiones a la reforma agraria, pasando por nuevos recortes del gasto público y subida del IVA.  Y se traduce en que los griegos vuelven a mirar a Nueva Democracia, el partido conservador tradicional del sistema de partidos heleno que, aunque no gana apoyo, tampoco lo pierde.

Los sondeos publicados a lo largo del mes de julio confirman esta tendencia: Syriza se movería en torno al 19.2% de media con sondeos, como el de la Universidad de Macedonia, que le sitúa en el 17% de intención de voto. El partido de Tsipras ha perdido 16.2 puntos desde las elecciones de septiembre de 2015, un desplome en toda regla y casi 3 puntos respecto a los sondeos correspondientes al mes de junio.

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Como apuntábamos, el principal beneficiado de la situación es Nueva Democracia, que obtendría el 29.2% de media (+1.1 puntos respecto a las elecciones generales pero -0.2 puntos respecto a los sondeos publicados hace un mes). De esta manera, volvemos a tener una suerte de bipartidismo imperfecto en Grecia, con dos partidos fuertes a pesar del desplome de Syriza y, al menos, cinco partidos más que tendrían opción de obtener representación parlamentaria. Todo ello con porcentaje de indecisos de entre el 17.6% (Alco) y el 19% (Universidad de Macedonia).

Amanecer Dorado sigue consolidándose como la tercera opción parlamentaria, con el 9.1% de media, +2.11 puntos respecto al resultado conseguido el pasado mes de septiembre y +1.4 puntos si comparamos los resultados con los sondeos del mes pasado. El KKE, por su parte, sobrepasa al Pasok en intención de voto con el 6.8% de los votos de media, +1.25 puntos. Los socialistas se quedarían en el 5.1% de intención de voto de media, casi un punto menos de su representación actual.

El EK, el partido liberal de nuevo cuño, obtendría un resultado muy parecido al de las elecciones (3.8% de media, con el sondeo de Alco situándole en el 4.7% de intención de voto) y Antarsya, el partido constituido como un frente anticapitalista, daría la sorpresa al sobrepasar el límite del 3% de los votos siendo el quinto partido con representación con un 3.15% de media.

To Potami, el partido que dio la sorpresa en las elecciones del mes de enero de 2015, se apaga poco a poco con una media del 2.5% de los votos pero con un sondeo, el de la Universidad de Macedonia, que lo sitúa en el 1.5%. LAE, la escisión de Syriza tras el referéndum con el que los griegos dijeron no a la Troika (mensaje luego ignorado por Tsipras en la negociación del tercer rescate de la economía helena), también se quedaría en el 2.5% de los votos de media.

Por último, ANEL, el socio de Gobierno de Syriza, también quedaría fuera del Parlamento con un 2.6% de la representación de media, pero con un estudio, el de Alco, que lo lleva al 3.2% de intención de voto. Si recordamos el comportamiento electoral de los ciudadanos respecto a este partido, es más que probable que su representación se mueva en ese 3% de intención de voto.

Tsipras se embarca en la reforma de la Ley electoral 

Tras la aprobación del paquete de medidas económicas con los que Atenas cumple las órdenes de la Troika, llega el turno de abordar la reforma de la Constitución y, con ella, la de las instituciones griegas con dos principios: Introducir mayor proporcionalidad en el sistema electoral y reforzar el papel del presidente como figura que aporte estabilidad. El primer paso fue la presentación del proyecto para reformar la ley electoral, la piedra de toque para afrontar la crisis política “mediante una revolución democrática”.

La medida salió adelante con los votos a favor de Syriza, Griegos Independientes (Anel), el EK y los comunistas del EKK. Votaron en contra ND, Pasok y To Potami, que criticaron la eliminación del “bonus” de 50 escaños que la ley electoral aporta al partido más votado con el fin de reforzar su mayoría parlamentaria. Según los detractores de esta opción, la eliminación de ese extra dificultará la formación de un Gobierno estable.

La nueva ley electoral no contó con el respaldo de al menos 200 diputados de la Cámara, por lo que no entrará en vigor inmediatamente, e incluye, además de la eliminación del bonus parlamentario: La rebaja de la edad legal para votar a los 17 años; mantiene el umbral mínimo el 3% de los votos para lograr representación parlamentaria; la posibilidad de convocar referendos populares con la recogida de medio millón de firmas recogidas para temas de interés nacional y con un millón para revocar leyes ya votadas, siempre y cuando no afecten a asuntos financieros; y la posibilidad de implantar el voto de censura constructivo, una medida que funciona en España por herencia alemana.

Tsipras instó a la población a que se implique en la reforma de la Constitución para que sea “un proceso con el pueblo, no entre las cuatro paredes del hemiciclo”. Así, a partir de septiembre se celebrarán asambleas para que, en la primavera de 2017, se puedan tener consensuadas todas las propuestas para ser debatidas y aprobadas en el Parlamento.

El FMI asume su culpa en el rescate griego

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Seis años después del primer rescate de Grecia por parte de la Troika (CE, BCE y FMI), una de las instituciones implicadas, el FMI, reconoce lo que ya muchos señalaron: El Fondo actuó en los rescates a Grecia forzado por las presiones políticas europeas con el fin de salvaguardar el sistema bancario (particularmente alemán y francés) a costa de la deuda soberana griega. Durante aquellos meses, se tomaron decisiones basadas en análisis superficiales y mecánicos que no valoraron la reestructuración de la deuda ni previeron la devaluación interna (del 25%) de la economía helena que todavía se prolonga.

Así, se “sostuvo una estrategia que no funcionaba durante demasiado tiempo” usando proyecciones de crecimiento económico “demasiado optimistas” y sin tener en cuenta el verdadero “impacto de los ajustes fiscales en el crecimiento y en la dinámica de la deuda”. De acuerdo con el informe del auditor interno del FMI, que habla de un trato diferente a los países europeos, fue injusto acusar a Grecia de los fallos del rescate, que se abordó sin mecanismos de transparencia: “Si prevenir el contagio internacional era la preocupación esencial, el coste de esa prevención tendría que haber sido asumido por la comunidad internacional como primer beneficiario (…) No hubo un intento riguroso de articular un plan convincente para restaurar la sostenibilidad de la deuda en Grecia más allá de un programa de financiación oficial, ajuste fiscal y reformas estructurales”.

Sorprendentemente, el reconocimiento de los errores por parte del FMI no ha supuesto un gran escándalo político ni ha hecho que los líderes implicados en aquella negociación, todavía en activo, se hayan pronunciado. Más bien al contrario. Christine Lagarde aseguró que el informe confirma que el FMI supo hacer un diagnóstico certero de la situación aunque minizara los riesgos que se presentarían después. La CE replicó el contenido del informe asegurando que el rescate a Grecia “lejos de ser una cuestión técnica, es desde luego una cuestión eminentemente política”: “Estabilizar la eurozona y estabilizar Grecia en particular está lejos de ser una cuestión técnica, es desde luego una cuestión eminentemente política”.

Pese a este reconocimiento, la vida sigue igual en lo relativo a Grecia. Según medios locales, la CE, el BCE y el MEDE quieren que Atenas dé  una vuelta de tuerca más a su mercado laboral con el objetivo de conseguir el tercer rescate. Entre las medidas que se exigen se incluye la bajada del salario mínimo 586 euros,  la limitación de las primas por antigüedad, eliminación de las pagas extra para los nuevos contratados, la supresión definitivamente la negociación colectiva sectorial y la reducción del derecho de huelga.

La estrategia del palo desde Bruselas sigue dando sus frutos:  El Estado y las administraciones públicas griegas registraron en el primer semestre del año un déficit de 1.008 millones de euros, muy por debajo de los 4.493 millones previstos. Los motivos, una  gestión financiera austera basada en la reducción del gasto y de las inversiones públicas.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
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