Muere Fidel Castro y, con él, el siglo XX

Posiblemente sea Eric Hobsbawm el autor que con más éxito defendió la idea de un siglo XX con una duración inferior a la de los 100 años. El historiador comunista defendió en su libro Historia del siglo XX que había comenzado en 1924, año en el que estalla la Primera Guerra Mundial, y que había acabado en 1991, con la disolución de la URSS.

Estos dos procesos históricos marcan pues hitos en la Historia de Europa y del mundo: En el primer caso, 1914 supone el inicio del fin de la hegemonía europea mundial, que a partir de 1945 pivotará sobre dos ejes en lo que se denominó la Guerra Fría. Esta pugna, entre dos modelos políticos, económicos, sociales y culturales, concluye con la derrota de la Unión Soviética y el predominio de EEUU en lo que durante aquellos años se denominaba el Nuevo Orden Mundial,término acuñado por parte de George Bush.

Durante los 25 años transcurridos desde la disolución de la URSS han predominado flecos que impedían hablar abiertamente de un cambio de siglo real. Uno de esos flecos se llama Cuba, desde donde llegó este sábado la confirmación del fallecimiento de Fidel Castro, de 90 años de edad. Tras décadas de rumores sobre su muerte, Raúl Castro confirmaba el sábado por la mañana, hora española, el fallecimiento de su hermano y líder indiscutible de la Revolución Cubana (1959).

Fidel como referente de una época

La importancia que los medios de comunicación de todo el mundo han dado a la noticia ya es indicativo del acontecimiento. Aunque hoy pueda parecer increíble para las nuevas generaciones, la Revolución Cubana y su líder, Fidel Castro, fue un referente para millones de personas por las opciones de éxito de un movimiento de liberación nacional frente a un sistema dictarial, como el de Fulgencio Batista, y como herramienta de los países del tercer mundo para ganar independencia en plena dinámica bipolar de Guerra Fría instaurada desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

De nuevo, y a diferencia de la teorías de la revolución de Marx, Engels o Rosa Luxemburgo, se volvía a poner de manifiesto la importancia de los campesinos como cauce para inflamar la situación y obtener beneficios en los países más atrasados desde el punto de vista industrial. No en vano, buena parte de la leyenda de Fidel Castro comienza precisamente en los meses que permaneció escondido en Sierra Maestra durante 1958. Esta constatación, junto a la guerra de guerrillas, sería clave en la propia evolución movimientos similares durante los años 60 y 70.

capturafidelLa Revolución Cubana triunfa en 1959, tras el intento de 1956 que acabó con los Barbudos en prisión. Apenas unos años antes, en 1953, concluía la primera prueba que enfrentó a EEUU y la URSS como rivales directos en Corea, con resultados que todavía se prolongan hasta la actualidad en forma de división del país.

En 1956, en España había cristalizado una protesta estudiantil contra el régimen de Francisco Franco, que durante estos años gozaba del favor de EEUU, que aceptó con alegría el giro entre el régimen fascista que se acercó a Alemania en su comienzo hacia un autoritarismo conservador basado en la oposición directa a la Unión Soviética.

En aquel contexto, en el que el tablero del mundo parecía una partida de ajedrez entre Washington y Moscú, triunfa en el patio trasero estadounidense un proceso que será imitado por buena parte de los movimientos de liberación nacional en África, Asia y América Latina (las FARC nacieron en 1964  y Sendero Luminoso poco después) que se materializaría en la ídea de los Países no Alineados, que celebró su primera cumbre en 1961.

Fidel Castro fue el símbolo de un proceso que nos interesa en varios sentidos: En la construcción de la idea romántica de la Revolución, gracias a composiciones como las de Carlos Puebla, que glosa la leyenda del comandante en jefe que adquirió su liderazgo en Sierra Maestra; en la propia evolución de un personaje como Fidel Castro, referente para todo el movimiento bolivariano (era conocida su amistad con Hugo Chávez), pero también con una buena propaganda en países como España, donde mantenía amigos personajes como Manuel Fraga, Felipe González o el propio Rey Juan Carlos; y en la supervivencia de un sistema político, económico y social capaz de aguantar durante décadas con ingenio y, sobre todo, las remesas de los emigrantes cubanos.

Muerto el Ché en Bolivia, Castro emerge como la última autoridad de la Revolución. De ahí el interés, prácticamente desde el comienzo, de EEUU de eliminar a la persona que encarnaba el liderazgo simbólico de la Revolución, como el intento de invasión a través de Bahía Cochinos o la obsesión de las distintas Administraciones de EEUU por mantener el bloqueo comercial al que se sometió la isla a partir del 1960 como respuesta a las expropiaciones de propiedades de las empresas estadounidenses asentadas en el país. Embargo que se comenzó a levantar hace dos años y una recuperación de relaciones bilaterales con la visita de la familia Obama este verano, ahora en entredicho tras la victoria de Donald Trump en las presidenciales de EEUU.

Desde que se conoció la noticia de su fallecimiento se volvió a poner en evidencia dos análisis: El de los que se quedan con la idea del Castro dictador limitador de las libertades en Cuba, caracterizado por una fuerte represesión interna y censura, que acompañaron la carestía económica; y los que van más allá y lo ensalzan como símbolo de una era en la que las sociedades más atrasadas económicamente tenían como objetivo primordial la liberación nacional (respecto a potencias extranjeras) y la consecución de la sanidad y la educación pública como derechos básicos del hombre.

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En el punto medio, como siempre, el acercamiento más honesto al personaje, que tras la desaparición de la URSS constató en la páctica el fracaso de un régimen económico absolutamente planificado por el Estado. Desde entonces, Cuba comenzó una transición económica más o menos evidente, que tiene su reflejo más directo en la aparición de paladares o la apertura de habitaciones en casas particulares para alojar a turistas, convertido en el verdadero maná que medirá las posibilidades de supervivencia del castrismo. Desde el año 2015, funciona una red de Wi-fi y se ha ampliado la brecha entre La Habana y el resto del país, que disfruta mucho menos de la llegada de las divisas de turistas y que asiste con prudencia a un proceso que ya parece imparable.

CODA. Recomiendo encarecidamente escuchar cómo Carlos Alsina, en Onda Cero, enmarcó la muerte de Fidel Castro. Una selección de archivos sonoros impagables y un buen retrato del personaje, con todos sus matices y contradicciones.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
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