Europa contiene el aliento ante el resultado del referéndum constitucional italiano

Este domingo, la UE afronta dos procesos electorales que invitan a contener el aliento: Por un lado, la segunda ronda de las elecciones presidenciales austriacas, suspendidas hace meses por irregularidades durante la votación. Por otro lado, y más importante, el referéndum constitucional convocado por el Gobierno de Mateo Renzi con el fin de reforzar el poder del Estado frente a las regiones y que no apunta bien para los intereses del primer ministro italiano.

Un proyecto con fuerte contestación política

La reforma constitucional de Renzi salió adelante el pasado mes de abril con 361 votos a favor de la Cámara de Diputados, que controla el Partido Demócrata (PD) del primer ministro (contó con 7 votos en contra y con la ausencia de toda la oposición). El resultado de la votación implicó de facto la convocatoria del referéndum, ya que la reforma no obtuvo la mayoría de dos tercios necesarios. Por lo tanto, el país lleva meses embarrado en un problema que el primer ministro ha asumido de forma personalísima, como si la consulta fuera un plebiscito sobre su persona: “Me lo juego todo, si pierdo el referéndum, me voy a casa”, ha repetido en numerosas ocasiones.

El principal escollo del texto parte de la decisión de acabar con la capacidad legislativa del Senado, cuyo papel queda limitado al de una cámara de representación regional. La reforma constitucional concluye con el “bicameralismo perfecto” que rige el sistema político italiano desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

En el nuevo texto, el Senado estará compuesto por 100 miembros (en lugar de los 315 actuales) y no serán elegidos en las urnas, sino entre los asesores regionales y alcaldes por un mandato de siete años. Renzi, que afronta el referéndum con dos objetivos: Por un lado, reformar la arquitectura del estado para acabar con la inestabilidad y el inmovilismo que ha provocado que en apenas 70 años de historia el país haya tenido 63 gobiernos; por otro, y más importante, para reforzar su liderazgo ya que, recordemos, fue nombrado primer ministro sin pasar por las urnas: el ex alcalde de Florencia accedió al cargo tras liderar una revuelta en su partido contra Enrico Letta en febrero de 2014.

La mala noticia para Renzi es que, desde hace meses, el no va por delante en las encuestas sobre intención de voto a pesar de su su amenaza de que el Ejecutivo caerá si no vence la posición que defiende. De acuerdo con los sondeos publicados a lo largo del mes de noviembre, el no vencerá con un apoyo del 53.1% de media frente al 46.8% del sí (6.3 puntos de ventaja), con un porcentaje de indecisos que podría rondar el 25%.

capturaitalia

Estos son los resultados de los últimos sondeos publicadas, ya que la ley prohíbe que se hagan públicas nuevas encuestas durante las dos últimas semanas de campaña. De ahí que haya resultado sumamente interesante seguir las posiciones defendidas por los respectivos líderes y mantener el foco en las expectativas electorales de cada formación de cara a las elecciones legislativas de 2018, las primeras a las que Renzi prevé presentarse como cabeza de lista de su partido.

Así, entre los partidarios del no se encuentran el Movimiento 5 Estrellas (M5E) de Beppe Grillo, que está prácticamente empatado con el PD en las encuestas sobre intención de voto de cara a las elecciones legislativas. También hacen campaña por el no centristas como el ex primer ministro Mario Monti y Força Italia (FI), el partido de Silvio Berlusconi, y la Liga Norte, que felicitó la victoria de Trump como un golpe al establishment. Todas estas formaciones esperan que la ola que se materializó en el Brexit y hace unas semanas en las presidenciales de EEUU se lleven por delante también a Renzi y, de paso, una manera de entender la UE como un bloque.

Sin embargo, la sorpresa llega de la posición de significativos líderes del partido del primer ministro, que se han opuesto  a una reforma que tachan de centralista e ineficaz. En ese grupo se encuentran referentes del PD como Pier Luigi Bersani, que calificó la reforma de “peligrosa para el país” y que está haciendo campaña por el no. Asimismo, tampoco ayuda en exceso la aparición de Renzi al lado de Barak Obama en la Casa Blanca el pasado mes de octubre, un acto que lo vincula a los perdedores en las elecciones de EEUU frente a la ola de protesta que simboliza Donald Trump.

Pendientes del votante cabreado

Austria e Italia pueden sumarse, durante este mes de diciembre, a la lista de problemas que deberá afrontar la UE si no quiere verse arrastrada por el voto de enfado y de protesta que los electores europeos están manifestando en cada proceso electoral al que son convocados. Ya no se trata de acortar la distancia entre las instituciones europeas y los ciudadanos, sino que parece que afrontamos un proceso en el que habrá que acordar unos temas de agenda (que las instituciones comunitaria ni siquiera son relevantes) e incluso un lenguaje común para referirnos a la realidad.

El semanario británico conservador The Economist salió hace unas semanas a la calle con una portada que resalta cuál será le personaje del año que comenzamos a abandonar: Un nuevo nacionalismo que tiene bastante poco que ver con aquel patriotismo constitucional theeconomistsobre el que escribiera Jürgen Habermas (y que el Gobierno de Aznar usó como argumentario en algún momento de su segunda legislatura) y que hermana a socios como Donald Trump, Vladimir Putin, Marinne Le Pen o Nigel Farange.

El nuevo ogro es consecuencia de los procesos que culminaron con el resultado del Brexit, primero, el avance de los partidos antisistema (en su mayoría de extrema derecha) en buena parte de Europa y la victoria de Donald Trump en EEUU, que sigue dejándonos momentos mágicos como el enfrentamiento diario que mantiene a través de su cuenta de Twitter con medios de comunicación o colectivos críticos, ya se llame Saturday Night Live o los actores de Broadway que tras una obra de teatro enviaron un mensaje desde el escenario al vicepresidente electo, presente en la representación.

Estos tres acontecimientos constituyen tres vértices que han puesto en evidencia lo que muchos susurran desde hace años: La democracia representativa no es un fin en sí misma, como teorizó Francis Fukuyama, y proyectos políticos como la UE pueden ser revertidos si los actores en juego cambian sus preferencias. El pensador italiano Gianni Vattimo lo señalaba así este verano:

“Me parece que, sobre todo en los últimos años, (la UE) se ha convertido en una entidad de control económico sobre los Estados. Es decir, por decirlo de forma bruta: es una agencia de transmisión de las órdenes de las marcas internacionales a los Estados nacionales. Por ejemplo en el fiscal compact, en esta idea de los límites al presupuesto y al gasto de los Estados. Es una cosa absolutamente antidemocrática. Los estados-nacionales son aún la sede de la democracia. Cuando voto, voto por un gobierno italiano, pero si este gobierno debe recibir órdenes de Europa… Está el Parlamento europeo, pero todos sabemos lo poco que cuenta en este momento”

Así, no deja de sorprender que los mensajes que llegan de Europa sigan siendo sobre la manera de hacer las cosas y no sobre el fondo. Para muestra, la intención de alcanzar con el Reino Unido un acuerdo de Brexit duro para su salida de la UE como remedio para combatir “futuros populismos” que puedan romper el bloque comunitario: “Si los británicos no están dispuestos a adoptar compromisos en lo relativo a la libre circulación, la única manera de llegar a un acuerdo para el brexit es un brexit duro (sin acceso al mercado único). De otro modo, parecería que cedemos ante un país que se marcha. Eso sería fatal”, según un diplomático de la UE a The Observer.

CODA. Se confirmó el rumor: François Hollande anunció este miércoles que renuncia a postularse como candidato a la reelección convirtiéndose en el primer presidente de la V República que no representará a un segundo mandato presidencial. Hollande justificó su decisión como un acto de lucidez: “El ejercicio del poder nunca me ha hecho perder la lucidez (…) Soy consciente de los riesgos que conllevaría mi candidatura, que no reúne todos los consensos. He decidido no ser candidato a la elección presidencial, he decidido no renovar mi mandato (…). Como presidente tengo que dirigir el Estado. Como socialista, no puedo resolver la dispersión de la izquierda (…). Aquí no está en juego una persona, sino toda una nación”.

Unas declaraciones de un presidente que en estos momentos tiene un 11% de popularidad y que dejan la vía libre para que Manuel Valls anuncie su candidatura frente a Emmanuel Macron. En cualquier caso, parece que ninguno de ellos pasará a la segunda ronda tal y como reflejan los últimos sondeos sobre intención de voto, que ya recogen la elección de Fillon como el candidato de Les Republicains. Según un sondeo de TNS, Fillon (31%) y Le Pen (24%) serían los candidatos que pasarían a la segunda vuelta; por detrás, Macron (18%) y Mélenchon (13%). En segunda vuelta Fillon obtendría el 66% de los votos gracias, sobre todo, a las transferencias de los electores:

 

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
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