El giro a la izquierda del PSF y el ‘Penelopegate’ alimentan el ‘efecto Macron’

La carrera por las elecciones presidenciales francesas han entrado en un punto de no retorno. Hace unas semanas, todo parecía apuntar a que el candidato de Les Republicains, Fillon, sería la figura que se enfrentaría en la segunda vuelta a la presidenta del Frente Nacional, Marine Le Pen, a la que todos los sondeos sitúan como la favorita en la primera ronda.

La semana pasada, algo comenzó a moverse con las informaciones que apuntaban a que el candidato de la antigua UMP, que venció con facilidad a Alain Juppé en las primarias conservadoras, habría estado pagando a su esposa desde 1988 por tareas de asesoramiento que no habría realizado. Penelope Fillon en teoría trabajaba como “asistenta parlamentaria” de su esposo, si bien no hay hasta el momento pruebas de dicho trabajo. Esta semana se ha elevado la cantidad de dinero presuntamente defraudado a 900.000 euros, a los que habría que sumar pagos de 84.000 euros a dos de sus hijos entre 2005 y 2007, cuando Fillon era senador.

El martes, la polícia irrumpió en la Asamblea Nacional francesa para buscar las pruebas de los pagos  (las nóminas de Penelope Fillon y comprobar si tenía tarjeta de entrada a la Asamblea o correo electrónico que demostrarían que sí realizó el trabajo), en mitad de una campaña que exige que los Fillon devuelvan el dinero cobrado fraudulentamente. Más allá del reproche social, el cobro fraudulento de dinero público se castiga con hasta 10 años de cárcel, un millón de euros de multa y la prohibición de ejercer un cargo público.

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Viñeta de Monseur Kak

En el momento de elaboración de este post, no se habían encontrado pruebas de que Penelope Fillon finalmente cobrara por realizar el trabajo para el que fue contratada. Por lo tanto, es evidente que el llamado Penelopegate ha reventado toda la campaña electoral del candidato de LR, a pesar de baños de multitudes como los 15.000 asistentes a un acto celebrado en París el pasado fin de semana.

Quizás por este motivo, y a la espera de nuevas informaciones, el aspirante conservador ha optado por denunciar “una operación de calumnia muy profesional, de una tremenda amplitud, sin precedentes en la V República (desde 1958), a menos de tres meses de las elecciones”. Según un sondeo hecho público anoche, un 76% de los franceses no cree sus explicaciones.

Una polémica que llega en el momento justo

La polémica sobre los Fillon, que apesta a fuego amigo, estalló después de que la primera vuelta de las primarias francesas situaran al ex primer ministro Manuel Valls y al ex ministro de Educación de François Hollande, del ala más izquierdista del PSF, Benoit Hamon como los favoritos para convertirse en la carta del socialismo francés ante las presidenciales. El domingo se despejó la incógnita y Hamon arrasó en la segunda vuelta de las primarias (que se celebran, desde hace cinco años, con participación de militantes y simpatizantes registrados). En éstas acudieron a votar 1.6 millones de personas, muy lejos de los 4.5 millones que participaron en la elección de Fillón.

Se había consumado el ajuste de cuentas de los críticos del partido a la presidencia de Hollande y a su delfín, Manuel Valls, y se apostaba por un candidato que cuenta con un programa que claramente gira la izquierda. Entre sus compromisos figuran: Derogar la polémica reforma laboral, un salario social especial de 750 euros, impuestos a los robots, subir el salario mínimo un 10%, limitar el sueldo de los ejecutivos, legalizar la marihuana, moratoria del límite del déficit del 3%, estudiar una alianza europea alternativa a la OTAN o mostrarse en contra del acuerdo de Libre Comercio con EEUU.

Hamon, que venció a Valls con el 58.8% de los votos, defendió precisamente el giro a la izquierda que representa su opción ante un PSF que, por segunda vez desde la instauración de la V República, se quedará fuera de la carrera final de las elecciones presidenciales: “Esta noche, una izquierda viva y vibrante levanta la cabeza y mira al futuro”. Muchos le comparan con Jeremy Corbyn, el líder laborista británico, una relación que esconde un temor: La posibilidad de que el votante socialista de centro finalmente se decida por apoyar a Emmanuel Macron, que se puede convertir en la gran sorpresa de las próximas elecciones.

Según un sondeo de Kantar Sofres hecho público la misma noche del domingo, Hamon se quedaría como la cuarta opción, por detrás de Marine Le Pen, François Fillon y Macron. El ex ministro de Economía de Hollande, que se presenta como independiente, lleva meses cosechando mejores resultados en las sondeos que cualquiera de las opcions del PSF. En una primera vuelta, su opción, En Marcha, prácticamente empataría con Fillon con el 21% de los votos, convirtiéndose en la opción favorita frente a Le Pen si pasara a la segunda vuelta (65% frente al 60% que conseguiría Fillon).

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Con estos datos presentes se entiende perfectamente la primera reflexión de Hamon sobre la necesidad de “una izquierda moderna e innovadora. Hay que escribir una nueva página de nuestra historia” y también el intento de aglutinar en torno a su candidatura a una suerte de frente de izquierdas. Anunció que contactaría con Jean-Luc Mélenchon, el líder de La Francia Insumisa, y con Yannick Jadot, de Europa Ecología Los Verdes. Según los datos del sondeo, los tres sumarían el 27% de los votos, un porcentaje muy cercano al que se atribuye a Le Pen.

Macron, la opción europeísta

La polémica de lo que ya podemos llamar el caso Fillón, que se destapa ahora y no durante
las primarias conservadoras, podría terminar favoreciendo las aspiraciones del ex ministro capturafrancia3de Economía de Hollande en un entorno de incertidumbre en torno a las opciones reales de que los franceses se sumen a la ola de voto protesta que parece recorrer Europa y EEUU.

Macron representa una opción política que finalmente pueda atraer a una amalgama de votantes muy diversa. Junto al voto joven que podría simpatizar con el candidato con menor edad, el ex ministro de Finanzas cuenta con el apoyo de socialiberales o incluso los socialdemócratas que, como decenas de diputados del PSF, se muestran incómodos con un giro a la izquierda muy pronunciado.

Si finalmente Hamon no consigue aglutinar al frente de izquierdas al que apeló la noche de su victoria en las primarias socialistas, Macron podría ser la opción favorita, si pasa a la segunda vuelta, de votantes de dos caladeros de votos importantes: Por un lado, de los partidarios de Les Republicains más liberales o centristas, y, por otro, de los electores de izquierdas que, como ocurrió en 2002, acudirán a votar con la nariz tapada para evitar el triunfo de Marine Le Pen. Sin duda, es la opción preferida de la UE frente a las simpatías de Fillon por Rusia.

El contexto internacional le favorece en estos momentos. Tras las dificultades para ejecutar el Brexit o las polémicas protagonizadas por Donald Trump, dos de los exponentes de ese voto de castigo al que hacíamos referencia con anterioridad, no parece que se pueda comprar con facilidad la idea de Le Pen de que sacará a Francia del euro en seis meses si gana las elecciones presidenciales. Ese tipo de argumentos, en estos momentos, podrían terminar favoreciendo a cualquiera que sea el candidato que compita con la líder del FN en segunda vuelta.

Macron tiene muchos puntos para poder ser esa persona. De acuerdo con el sondeo de Kantar-Sofres mencionado anteriormente, Macron es el candidato que menos rechazo genera entre los votantes de todo signo político. Empata en porcentaje entre los que consideran que será un buen presidente y los que no. Fillón mantiene una relación de 52-40% mientras que Hamon ya se separa con un 58% que opina que no sería un buen presidente.

Hace unos días se publicó un interesante artículo que analizaba, a partir de los tuits publicados en el perfil oficial de Macron, las ideas fuerza de su candidatura. No hubo sorpresas: “Europa”, “Francia”, “país” y “francés” eran los términos más usados, junto a ideas como la de “proyecto reformista”, “En Marcha”, “revolución En Marcha” o “trabajo”.

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Según el estudio, en los mensajes de Macron destaca el uso del “yo” y del “nosotros”, de muchos términos relacionados con el empleo y la economía, así como de los actores implicados (trabajador, negocio, estudiante). La idea de Francia y Europa están presentes en todo momento (en buena medida insistiendo en un cambio de la UE desde un proyecto emancipador desde Francia), al igual que verbos que ejemplifican movimiento (acción, cambio).

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
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