Sánchez reaparece en Madrid y confirma que el muerto sigue vivo

Hace meses dimos por muerto a Pedro Sánchez. Hace unas semanas, anunció que disputaría la Secretaría General y este lunes, el cadáver político demostró que sigue respirando y que tiene ganas de aguarles las primarias a la gestora, por un lado, y a todos los que, dentro de su partido, le dieron la carta de defunción tras presentar su dimisión como secretario general y como diputado.

Sánchez eligió el Círculo de Bellas Artes de Madrid como el lugar para lanzar su propuesta política con la que pretende volver a liderar el partido el próximo mes de mayo y colgó el cartel de lleno total (con decenas de personas que se quedaron fuera por aforo completo). Su entrada, al ritmo de “Color esperanza”, el hit de Diego Torres que utilizó Esperanza Aguirre en su campaña en las autonómicas de Madrid de 2003, las que concluyeron con el tamayazo, mostró un auditorio entregado a la persona que aglutinó el “no es no”a la abstención del partido en la investidura de Mariano Rajoy.

Tras protagonizar diferentes actos en territorios de federaciones con una base social afín, Sánchez decidió tomar Madrid para exhibir fuerza y poco más. En su discurso, que sigue adoleciendo de los mismos problemas de siempre, apuesta ahora por estrategias que rechazó cuando era secretario general del PSOE, como la plurinacionalidad en Cataluña o el acercamiento a Podemos para construir una alianza de progreso. Todo ello trasladado con el tono monocorde habitual, superficial y no exento de clichés que hacen las delicias a los seguidores sanchistas, que tienen más que suficiente con disparar contra la Gestora con su “no es no”.

Y ése es el principal logro de Sánchez: Un hombre que ha crecido profesionalmente gracias al PSOE que hoy detesta, emerge como una suerte de rojo peligroso de izquierdas, antiestablishment y con una capacidad sorprendente para ocultar su planteamiento de origen (seguir enganchado a la política profesional) con la corriente crítica de una parte importante de las bases socialistas, que están demostrando tener una memoria selectiva digna de mención.

Basta con revisar el primer discurso de Sánchez ante el Comité Federal tras ganar las primarias de 2014 para entender cuál era su planteamiento respecto al lugar que debía ocupar el partido o lo que entonces se pensaba de Podemos. Si eso supone demasiado esfuerzo, recordamos el acuerdo que firmó con Albert Rivera para intentar ser presidente del Gobierno y/o invitamos a revisar la comparecencia de Sánchez tras las elecciones del 26 de junio para ser consciente de cuál era el planteamiento que defendía en el partido.

Incluso gente próxima, como Jordi Sevilla, confirmó este fin de semana que el ex presidente del Gobierno Felipe González no mintió al señalar que Sánchez le había trasladado que su posición, tras las elecciones de junio, fue la de abstenerse a la investidura de Mariano Rajoy. Sevilla formaba parte del grupo de sabios que Sánchez había fichado para elaborar el programa del partido en las elecciones generales de diciembre de 2015.

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Viñeta de Vergara en eldiario.es

No obstante, su “no es no” ha calado y se ha convertido en un gran problema para los interesados en pacificar internamente el partido con el fin de reconstruirlo tras el congreso de junio. Si Sánchez pierde las primarias pero saca un buen resultado, y a juzgar por estos actos lo hará, será muy difícil negociar la cuota de poder que merecería la corriente que encabeza.

Mucho más complicado será cicatrizar heridas que llevan meses abiertas, tanto de los partidarios de la Gestora (que ven a Sánchez como un renegado con ganas de venganza, aunque se lleve por delante el partido) y entre los partidarios sanchistas que cuelan a la par mensajes contra el PP y contra la Gestora del partido y los que osan criticar a Sánchez en público.

Hace unos días, Eduardo Madina recibió críticas de cargos del PSOE por decir lo que es obvio: Sánchez está mirando por sus intereses  (lo demostró en su entrevista en Salvados y mucho antes entre afines que se declararon sanchistas, no necesariamente socialistas) y para conseguirlo se está impulsando en el malestar evidente de una parte de las bases con la dirección actual del partido. Como ejemplo, el tuit de Oscar Puente, alcalde de Valladolid y uno de los destacadados dirigentes que se alinearon con Sánchez desde el comienzo. Insertamos el tuit e invitamos a leer las respuestas que generó:

Estaba claro que tras la guerra interna de Podemos, que se ha saldado con la retirada de Iñigo Errejón de la primera línea y su promoción para ser candidato del partido en las autonómicas de Madrid de 2019, le llega el turno al PSOE. En este punto, hay dos noticias pésimas: Queda muchísimo tiempo para que se celebren las primarias, por lo que durante los próximos meses veremos la crudeza del conflicto en vivo y en directo;  y sigue sin aparecer una candidatura capaz de proyectar futuro y no ajustes de cuentas enquistados desde hace demasiados años. En este intervalo, Susana Díaz sigue amagando con presentarse a las primarias.

CODA. En toda guerra hay vencedores y vencidos. Así, el pacto alcanzado entre Iglesias y Errejón eleva el nivel de damnificados: Por un lado se encuentra Ramón Espinar, descabalgado, por una decisión del líder de Podemos, de la posibilidad de encabezar la lista del partido en las elecciones autonómicas de Madrid. Por otro, están los propios partidarios de Errejón, que han comprobado cómo su referente principal antepone su propia supervivencia política; no en vano, se aceptó una representación del 20% en la nueva Ejecutiva a pesar de que en las primarias lograron el 37% de los votos. Por último, salen dañados los mismos procesos de elección de candidaturas del partido, confirmándose los plenos poderes de Iglesias para elegir a dedo a quien considere sin más filtro que su deseo personal (y entendemos que político).

En el bando ganador, emerge la figura de Irene Montero, convertida en la nueva portavoz parlamentaria del partido. Durante estos días, las informaciones se centran en destacar cómo en la cúpula de Podemos parecen mezclarse, de nuevo, las facetas personales (no en vano, Montero es pareja de Iglesias) con la política, por lo que estamos en el inicio del mismo bucle que les ha traído a la situación actual.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
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