Francia pulsa su crisis política en unas presidenciales inciertas

Francia vota este domingo en la primera vuelta de unas elecciones presidenciales atípicas, tras una campaña electoral en la que no ha faltado casi de nada:

  • Problemas judiciales de uno de los candidatos preferidos para disputar el Elíseo en el arranque de la precampaña, con intentos nada discretos desde su propio partido para que se retirara de la campaña;
  • La posibilidad de que la segunda vuelta se dirima entre las opciones consideradas en los extremos del sistema de partidos actual: la candidata del Frente Nacional, Marine Le Pen, que pasaría a la segunda vuelta a pesar de ir perdiendo progresivamente intención de voto, según los sondeos publicados en los últimos meses; y La France insoumise, por otro, tras el espectacular crecimiento de las opciones de su candidato.
  • Remontadas en intención de voto durante toda la campaña electoral, como le ocurrió a Emmanuel Macron cuando comenzaron los problemas del candidato de Les Republicáins, y, desde hace mes y medio, la remontada de Jean-Luc Mélenchon, que pasó del 11% de intención de voto a porcentajes que rondan el 18-20% y que ha conseguido, entre otras cosas, enganchar al electorado español en la última etapa de la campaña francesa;
  • Y, sobre todo, una incertidumbre provocada por la cercanía de cuatro de los cinco principales candidatos a ser el próximo presidente de la República unido a una importante bolsa de indecisos que se mantiene estable hasta el final.

Sólo faltaba un acto de terrorismo de corte islamista, que en principio beneficiaría a los partidarios de aplicar la mano dura contra la población musulmana, para concluir una campaña interesantísima por los cambios que se han registrado, y ese atentado se produjo el jueves por la noche en los Campos Elíseos de París, mientras se celebraba el último debate entre Marine Le Pen, Emmanuel Macron, François Fillon, Benoït Hamon y Jean-Luc Mélenchon. Los tres primeros suspendieron sus respectivas campañas el viernes, último día en el que se publicaron sondeos y trackings electorales, mientras Le Pen y Fillon trataron de capitalizar el voto del miedo en sus últimas apariciones.

Según IFOP, este domingo está previsto un 72% de participación, un porcentaje que ha ido aumentando a lo largo de estas últimas semanas de campaña, lo que le acerca a la media histórica (80% en prácticamente todas las primeras vueltas de las elecciones presidenciales). Ipsos, por su parte, estimaba este viernes un 24% de indecisos, lo que alimenta la idea de que cualquier cosa puede suceder este domingo, con cuatro candidatos separados por apenas 5 puntos de diferencia según los sondeos y trackings electorales (es decir, que estamos en el margen de error).

De ahí la impotancia del efecto entre el electorado del atentado de este jueves en París y los últimos días de campaña, en los que Mélenchon parece haberse acercado a un techo electoral (18%) mientras la mayoría de los sondeos sitúan a Macron como la primera opción frente a Le Pen, que ha perdido unos 3 puntos en intención de voto desde que comenzamos el seguimiento de la campaña. De acuerdo con los últimos datos publicados, se movería en torno al 22.3% de los apoyos, con todas las encuestas situándola por detrás de Macron, medio punto por detrás que las estimaciones de la semana pasada.

El líder de En Marche! pasaría a la segunda ronda con el 24.05% de los votos de media (+0.9 puntos respecto a la primera semana de campaña), mientras que la tercera plaza sigue siendo una disputa entre Fillon (19.2% de media, aunque con una tendencia al alza en los últimos trackings de la campaña) y Mélenchon, que se movería en torno al 19.7% de media (si bien hay que tener en cuenta la distorsión que provoca la estimación de Terrain, que llegó a situar al candidato de La Francia insumisa en la segunda ronda tras haber superado a Le Pen).

El candidato conservador sube levemente (+1 punto en apenas unos días según los trackings de Opinion Way) y Mélenchon gana 0.8 puntos, si bien conviene mantener en cuarentena este dato: Ha podido haber intención de inflar los datos para ayudar a la movilización en el último tramo de la campaña.

No hay salvación para el candidato del PS, Benoït Hamon, que obtendría el 7.7% de los votos de media, -0.6 puntos respecto a la estimación de hace unos días. Por si acaso, Hollande ya ha pedido a sus ministros que pidan el voto para el rival de Le Pen en la segunda ronda de las presidenciales. Al menos ha tenido el detalle de la línea adoptada por los líderes más centristas del partido, entre ellos Manuel Valls, de pedir el voto para Macron ya en la primera ronda.

Una campaña electoral atípica para pulsar el malestar ciudadano

Este domingo, por primera vez desde las presidenciales de 1969, es posible que no haya un candidato de los dos partidos tradicionales franceses en la segunda ronda, lo que constituye la mejor muestra de la crisis del sistema de partidos que atraviesa el país galo. El candidato del Partido Socialista, Benoït Hamon, está hundido electoralmente; en todos los sondeos figura como la quinta opción entre los votantes franceses con un porcentaje inferior al 8%. Hay que remontarse a las elecciones de 1969 para constatar un resultado peor (en aquella ocasión, Gaston Defferre obtuvo el 5.01% de los votos, por detrás de George Pompidou, de la Unión de Demócratas por la República, de Alain Poher, del Centro Democrático, y de Jacques Duclos, del Partido comunista).

Viñeta de Kevin Kal Kallaugher publicado en The Economist

Hamon ha visto cómo su pretendido giro a la izquierda no ha convencido a su base electoral (pierde 22 puntos respecto a los resultados de François Hollande en la primera vuelta de las presidenciales de 2012) pero tampoco a sus compañeros de partido, que durante estos meses han optado por pedir el voto directamente para Emmanuel Macron, ex ministro de Economía de Hollande, al que se percibe como un candidato de centroizquierda, liberal, europeísta, capaz de frenar a Marine Le Pen con su discurso sobre la regeneración política. Todo ello en una campaña que ha evidenciado los problemas de su movimiento, En Marche! respecto a su base social, pero también respecto a sus discursos, a menudo criticado por superficiales.

Pese a todo, la progresión electoral de Macron ha sido bien curiosa durante estos meses: En el arranque de la precampaña, el delfín de Hollande atesoraba el 18-20% de intención de voto, un porcentaje que comenzó a crecer al calor de los problemas judiciales de François Fillon, el llamado a ser el dique patriótico que frenaría al Frente Nacional dada la situación con la que la izquierda encaraba estos comicios. El PS, hundido por la losa que suponía la herencia de Hollande, y Mélenchon percibido como el candidato imposible. Es decir, Macron no se había visto en otra situación igual y, durante muchas semanas, se le vio como el próximo presidente francés debido al pacto tácito de apoyar a cualquier candidato que evite una victoria de la ultraderecha en las urnas.

Sin embargo, la realidad a veces es tozuda, y en esta ocasión esa realidad ha llegado de dos maneras: Por un lado, hay que hablar de la estabilidad en el voto de Fillon pese a sus problemas judiciales y los movimientos internos de su partido para descabalgarle antes de ser imputado por el Penelopegate. La fidelidad de su votante, junto a la más que probable existencia de un voto oculto considerable, provoca que el candidato conservador deba ser tenido en cuenta como una de las posibles sorpresas la noche del domingo. Estamos muy cerca de los escenarios manejados en las fechas inmediatamente posteriores a su elección como candidato de Les Republicáins: Conservadurismo frente a la ultraderecha en una segunda ronda que la izquierda debería analizar con mucha atención.

Por otro lado, hay que hablar del fenómeno Mélenchon, la verdadera estrella de esta campaña electoral como hemos señalado en otras entradas del blog. Mélenchon ha confirmado capacidad de movilización, con mítines multitudinarios en las grandes ciudades del país, que replicaban su efecto con hologramas simultáneos en otros lugares del país, y con un discurso capaz de competir con el de “no hay alternativa” de Macron o Fillon y el mensaje proteccionista contrario a la globalización, a la UE y  las sociedades abiertas que propugna una Le Pen que ha hecho una campaña perfecta para sus intereses. Sería una sorpresa que consiguiera pasar a la segunda ronda de las presidenciales, pero no se puede descartar esta opción como algo imposible. Y si no, basta con echar un vistazo a la prensa europea desde hace dos semanas para entender la preocupación ante la posibilidad de que Mélenchon finalmente ocupe el Palacio del Elíseo.

La elección de cualquiera de los dos candidatos, que también han sido los más movilización en la calle han registrado, para la segunda ronda confirmaría la victoria de la política frente al marketing electoral de Macron y la disputa directa con Le Pen obligaría a hablar de política en serio: Papel de Francia en el mundo y em la UE, reforma o salida del proyecto europeo, prevención del terrorismo de corte islamista (sobre todo si se sigue confirmando que sus autores son franceses de segunda o tercera generación), enfoque económico y lucha contra la desigualdad y precariedad creciente, que han sido las verdaderas losas de la herencia de la presidencia de Hollande.

Los extremos no se tocan

Uno de los divertimentos preferidos por los periodistas españoles que se han enganchado a la última fase de las presidenciales francesas es equiparar como similares las posiciones defendidas por Le Pen, por un lado, y por Mélenchon, por otro, estableciendo un trasvase directo de votos entre ambos electorados en el caso de que no de ellos logre pasar a la segunda ronda. Por eso, es conviene optar por los datos, como hace Alexandre Afonso en su blog, a partir de los datos facilitados por Ipsos:

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En esta serie se pueden contemplar visualmente los trasvases de los votantes de los candidatos si el suyo no pasara a segunda ronda:  Si el 7 de mayo se enfrentaran Macron y Le Pen en la segunda ronda, habría mayor flujo de electores de La francia insumisa al candidato de En Marche respecto a la abstención (y un flujo testimonial a Le Pen). Esta situación cambiaría algo si los dos rivales en la segunda ronda fueran Macron y Fillon (los votantes de Mélenchon optarían primero por la abstención). Si las opciones fueran Le Pen o Fillon, la mayor parte de los votantes de Mélenchon se iría a la abstención mientras que Le Pen obtendrían un alto porcentaje apoyo de votantes de Fillon si se enfrentara a Mélenchon en la segunda vuelta (similar a los que se abstendrían). Por último, en el caso de un enfrentamiento entre Mélenchon y Fillon, una parte levemente superior de votantes del FN optaría por el candidato de izquierdas antes por el conservador, aunque el grueso de electores se iría a la abstención.

Visualmente queda claro que ni Le Pen recibiría el 7 de mayo al grueso de votantes de Mélenchon ni viceversa. Así, en su mayoría, los votantes de Mélenchon votarían por Macron (51%) y sólo el 12% lo haría por Le Pen, con un 37% que se abstendría. En el caso de que Fillon no pasara a la segunda ronda, el 31% votaría por la candidata del FN el próximo 7 de mayo, mientras que el 42%lo haría por Macron y un 27% se abstendría. En el caso de los votantes socialistas, el 24% optaría por abstenerse mientras que el 72% lo haría por Macron.

Estos datos de Ipsos se parecen bastante a los porcentajes de Odoxa para Le Point: En el caso de que Mélenchon no pasara a la segunda ronda, más de la mitad (55%) votaría por Macron, el 11% lo haría por Le Pen y el 34% se abstendría. En el caso de los votantes de Fillon, el 30% votaría por la candidata de la ultradercha (tres veces más que los de izquierdas) y el 47% lo harí por Macron.

Los datos rompen el argumento de que Le Pen y Mélenchon estarían compitiendo por la misma base electoral en estas elecciones. De ser así, ese movimiento ya se habría producido hace años, cuando se percibió un incremento del voto al Frente Nacional en muchas de las zonas controladas por el Partido Comunista Francés. Debates estos en los que la izquierda no ha querido entrar en los últimos 30 años y que pueden ayudar a explicar el descrédito de las opciones socialdemócratas en buena parte de Europa.

CODA. Este domingo, hay que prestar atención a los resultados de Donzy, un pueblo de 1700 habitantes en la Borgoña. Desde los años ’80, los resultados de este pequeño pueblo han coincidido con los resultados finales en las elecciones presidenciales, de manera que se ha extendido el mito de que es el Ohio francés, una comparativa con el estado de EEUU que también permite anticipar el resultado de las presidenciales estadounidenses.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
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