Los franceses eligen a dos ‘outsiders’ para la segunda vuelta

Acertaron los sondeos sobre intención de voto que, desde que estalló el Penelopegate, situaron al candidato de En Marche, Enmanuel Macron, y a la líder del Frente Nacional, Marine Le Pen, como los dos candidatos que se disputarán el Elíseo en la segunda vuelta de las presidenciales francesas el próximo 7 de mayo. Los franceses han optado por situar, por primera vez desde la fundación de la V República, a dos líderes que no proceden de los partidos políticos tradicionales. Les Republicáins y, sobre todo, el Partido Socialista, se se hunden entre un electorado que, de nuevo, ha empleado las urnas para su ajuste de cuentas.

Marine Le Pen, con 7.6 millones de votos, el 21.43% de la representación, pasa a la segunda ronda mejorando la marca que en 2002 obtuvo su padre, Jean Marie Le Pen, y que va en consonancia con el descenso que recogían los últimos trackings publicados. En
su discurso, habló de “resultado histórico” y dijo sentir la “responsabilidad inmensa de defendre la nación francesa”. Dijo que el 7 de mayo los franceses elegirán entre ella, “la candidata del pueblo“, o Macron, “el heredero de Hollande” y se postuló como la gran alternativa al sistema: “Yo soy la gran alternativa. Ha llegado el momento de liberar al pueblo francés”. Y volvió a situar su marco favorito: La Francia de las fronteras y de la seguridad frente a la “libertad de circulación de terroristas” (sic), la mundialización y las deslocalizaciones.

Marion Le Pen, sobrina de la candidata del Frente Nacional y más que posible relevo en el futuro, destacó, no sin razón, que “los dos grandes partidos han desaparecido” tras estas elecciones. Sin embargo, resulta evidente que el sistema ha fabricado una opción desde dentro que, según todos los sondeos, ganará las elecciones del próximo 7 de mayo con un apoyo de entre el 60 y el 65%.

Macron, a pesar de ser responsable de la política económica de François Hollande, es percibido como un independiente ajeno al establishment que supone la política tradicional, y eso a pesar de tener un recorrido biográfico, académico y profesional propio de lo que por este lado denomina casta. El líder de En Marche! obtuvo 8.5 millones los votos, el 23.86% de la representación, convirtiéndose en el referente de un núcleo variopinto de electores: Fue la opción de los que han creído su discurso de regeneración política; ha sido el favorito entre los electores del Partido Socialista (sobre todo del sector moderado) y de los más centristas de Les Republicáins (sobre todo tras los problemas judiciales de su candidato); y, seguramente, ha sido el receptor de una parte del voto que se ha movilizado en las últimas semanas. Recordemos que hace un mes se barajaba un dato de participación del 65% que fue aumentando progresivamente hasta el 72%, previsto el pasado viernes, y que finalmente se ha convertido en el 78.2% definitivo.

Especialmente significativo ha sido el hundimiento avanzado del candidato del Partido Socialista, Benoït Hamon, que registra el segundo peor resultado desde 1965 al obtener 2.2 millones de votos, el 6.35% de la representación. Un resultado que escuece más si tenemos en cuenta que ha perdido 8 millones desde 2012, cuando François Hollande superó el 28% de los apoyos y fue recibido como la “esperanza blanca de la socialdemocracia europea”. Hoy apenas queda nada más que desconfianza y descrédito, que ha sufrido en primer persona Hamon, que compareció pocos minutos después de haberse cerrado los colegios electorales, confirmó la “sanción histórica y legítima para la izquierda”, se responsabilizó de no poder “evitar el desastre que se anunciaba” y pidió el voto para Macron: “Hago una distinción total entre un adversario político y una enemiga de la República”. El presidente francés, François Hollande, telefoneó poco después a Macron para felicitarle. Anne Hidalgo, alcaldesa de París, o y altos cargos socialistas también se sumaron a pedir el voto para el que fuera compañero de Gabinete. Es posible que muchos de ellos ya optaran por Macron el pasado domingo.

Por su parte, el líder de Les Republicáins, François Fillon, no pudo finalmente. Una hora después del cierre de los colegios electorales, reconoció su derrota (“el fracaso es mío ante demasiados obstáculos”) y aseguró que pedirá el voto para Macron para frenar el extremismo y el caos que traería una Le Pen como presidenta: “El extremismo sólo puede traer desgracia y dvisión. Le Pen nos llevaría a la quiebra, al caos y a la salida de Europa”. Poco después, el ex ministro Alain Juppé, el nombre que se barajó como relevo a Fillon en plenas maniobras de su partido para que se retirara, y otros destacados dirigentes confirmaron que también votarán por Macron. Consiguió 7.1 millones de votos (2.6 millones menos que Nicolás Sarkozy hace cinco años) y el 19.94% de la representación. Este lunes, desde Le Figaro se habla de “enorme desperdicio” y desde sus filas se escuchan palabras sobre el”desperdicio histórico” de su candidatura, por lo que resulta más que probable que esta vez no aguante la rebelión interna que se avecina en su partido para provocar su marcha.

La primera vuelta de las elecciones han supuesto una bofetada para el Partido Socialista, que debe pensar en recuperarse antes de las elecciones legislativas que se celebrarán el próximo mes de junio y que medirán la dimensión del desgaste brutal de su marca política. Hamon, que ganó las primarias socialistas con un discurso más a la izquierda del tradicional en su partido, tenía que  hacer frente al enorme descrédito de la presidencia de Hollande (con la reforma laboral de Manuel Valls como símbolo) y a dos rivales potentes: Macron, por el centro, se convirtió en el referente del elector moderado socialista y Mélenchon, por la izquierda, aprovechó sus expectativas para, al final, aparecer como el candidato del voto útil.

Este voto útil se llama Jean-Luc Mélenchon, que obtuvo 7 millones de votos, 3.1 millones más que en 2012, y se queda con el 19.6% de los apoyos y la posibilidad de comerse en las legislativas del próximo mes de junio al Partido Socialista. La cercanía de estas elecciones, que explicarán la capacidad de movimiento que tendrá el próximo presidente, puede estar detrás de la posición de Mélenchon, que compareció dos horas después del cierre de los colegios electorales para senalar que La Francia Insumisa no se esperaba este resultado y que no tiene mandato para pedir el voto para ningún candidato, por lo que consultará a las bases la posición final.

A lo máximo que llegó fue a apelar a la conciencia de sus votantes de cara a la segunda vuelta de las presidenciales. Mélenchon, que ha protagozado  una campaña perfecta, sabe que el próximo 7 de junio puede terminar de arrollar al Partido Socialista y no quiere atarse las manos pidiendo el voto para un candidato como Macron (pro UE, liberal en lo económico) que podría alejar a sus electores más izquierdistas. Esta estrategia, sin embargo, no ha sentado bien en amplios sectores de Francia, que le exigen una posición más firme para frenar simbólicamente a la ultraderecha.

Frente republicano para evitar la victoria de Le Pen en segunda ronda

A falta de lo que decidan las bases de la Francia Insumisa, el 7 de mayo se decidirá entre Le Pen o un frente republicano como el que se dio en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2002, las que enfrentaron a Jacques Chirac y Jean Marie Le Pen. Entonces, la participación cayó al 71.6% aunque Chirac arrasó con un 82.2%. Es posible que en esta ocasión, la abstención sea aun mayor y que Le Pen se mueva entre el 35-40% de los votos, un avance nada desdeñable que hay que resituar por el propio diseño de la campaña electoral que ha realizado el Frente Nacional.

Apenas ha tenido patinazos importantes y Le Pen ha emergido como una suerte de madre ultrapatriota defensora de los suyos frente a los considerados elementos extraños. De ahí que su discurso se haya centrado en atacar a la UE y la inmigración (especialmente de origen musulmán), aprovechando el descrédito que el proyecto europeo provoca en una sociedad como la francesa (una de las más euroescépticas de la Unión) y el temor que causan los atentados de corte islamista en suelo galo. Un combo que, a corto y medio plazo, presenta pocas soluciones, por lo que en los próximos años el Frente Nacional encontrará motivos para apuntalar su discurso que enfatice la necesidad de recuperar soberanía nacional, especialmente en materia económica.

Los datos previos a la primera vuelta lo dejaban claro: Le Pen obtendrá un apoyo nada desdeñable del votante de Fillon (30% de sus votantes, según datos de Odoxa), mientras que los electores del resto de opciones optarán por la abstención (especialmente significativa entre los partidarios de Mélenchon) y por el apoyo a Macron, al que votarán 7 de cada 10 votantes socialistas. Si cala la idea del frente patriótico contra la ultraderecha, muchos electores afrontarán esta segunda vuelta como un ejercicio de voto con la nariz tapada, como ocurrió en las presidenciales de 2002.

Salvo sorpresa mayúscula el próximo 7 de mayo, Le Pen perderá esas elecciones, pero puede empezar a ganar las próximas. A la espera de las elecciones legislativas, que tendrán lugar los días 3 y 17 de junio, vemos muy difícil que En Marche! se presente, dado que carece de una estructura partidista mínima y de cuadros medios capaces de disputarle el terreno a formaciones más que asentadas en los territorios.

Éste es un problema importante, pues Macron, que ya avisó de que no participaría en las legislativas si no pasaba a la segunda ronda de las presidenciales, carece de personalidades capaces de conformar el futuro Gobierno. De ahí que no sea descabellado pensar en unas elecciones con cierta recuperación de los socialistas y, de cara al futuro, la presencia de un Gobierno compuesto por líderes procedentes de las filas del socialismo (sector moderado y liberal) y del centro que representa François Bayrou, que manifestó su apoyo a Macron cuando comenzaron a crecer sus expectativas electorales.

En ese punto, convendría retener el enorme desgaste que ha sufrido Hollande por aplicar una política económica en la senda de la que propugna Macron. Basta añadir al combo su inexperiencia en materia de seguridad y defensa, la inestabilidad que no cesa en las zonas emisoras de refugiados y los problemas de construcción de la UE para entender que no lo tendrá sencillo, sobre todo con un Frente Nacional que puede manejar y potenciar los marcos que ha puesto en circulación en estos comicios. Si hay algo de inteligencia en ese lado, el Frente Nacional debería ponerse, desde este lunes, a preparar las próximas presidenciales, en las que las siglas del Partido Socialista no serán las únicas achicharradas por el desgaste de la gestión diaria.

CODA. Como ocurrió en las elecciones de Países Bajos, los sondeos sobre intención de voto acertaron de nuevo en Francia. Entre las razones, la pertenencia de las principales empresas demoscópicas a la Comisión de sondeos, que establece normas para publicar con rigor datos sobre comportamiento electoral, con posibilidad de recibir multas por parte de las empresas que se salten estos requisitos.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
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