Los rivales de Sánchez revalidan sus zonas de control

Los primeros procesos de primarias celebrados en las federaciones socialistas están arrojando resultados contradictorios con el enorme poder que el 21 de mayo recibió Pedro Sánchez al ser elegido secretario general. Si aquella noche los militantes habían apostado claramente por una rebelión interna frente a todo lo que sonara a aparato, que se había decantado mayoritariamente por Susana Díaz, durante estas semanas se está comprobando, también en las urnas, que la apisonadora sanchista no ha funcionado de la misma forma en las federaciones que arrojan mayor número de militantes al cómputo nacional.

El pasado fin de semana, Guillermo Fernández-Vara, el único barón que forma parte del Comité Federal elegido por Sánchez, arrasó en las primarias de Extremadura con el 65.21% de los votos, un resultado incontestable que le ha evitado el trago de negociar una dirección consensuada con Eva Pérez, la candidata apoyada por Ferraz.

Sin embargo, la sorpresa llegó precisamente de la Comunidad Valenciana, donde Ximo Puig revalidó su liderazgo como secretario general del PSPV con el 56.7% de los votos de los militantes frente al alcalde de Burjassot, Rafa García, el candidato más próximo al secretario general del PSOE y al secretario de Organización, José Luis Ábalos. La sorpresa, que ya se dibujó en la recogida de avales, se confirmó la misma noche del domingo con otra victoria incontestable que adelanta los problemas de Ábalos para controlar los distintos territorios con la movilización de la militancia.

La contundencia de estas dos victorias se entienden poco cuando se realiza la comparativa con la manera en la que la militancia votó durante la elección de Sánchez, con especial mención a la Comunidad Valenciana, donde el secretario general socialista duplicó con creces los resultados obtenidos por Susana Díaz (9.552 votos frente a los 4.274 de la presidenta de la Junta andaluza).

Durante la recogida de avales, se habló de la escasa movilización de los cuadros del partido, pero los resultados del pasado domingo hablan de algo más: La militancia ha optado por una línea en Ferraz pero prefiere que no haya cambios en sus respectivos territorios, como si estuviéramos ante una suerte de pesos/contrapesos. En la práctica, este escenario nos retrotrae a los problemas relacionados con el control del partido en las distintas federaciones por parte de Sánchez durante su primer mandato como líder del PSOE aunque con un cambio sustancial, que pasa por el refuerzo de un liderazgo más presidencialista.

El domingo también se celebraron dos votaciones de primarias sin sustos para Ferraz: No hubo sorpresas en Cantabria, donde venció el candidato sanchista, Pablo Zuluaga, ni tampoco en La Rioja, donde Paco Ocón venció con claridad al candidato apoyado por César Luena, ex secretario de Organización durante el primer mandato de Sánchez y al que su entorno calificó en su momento de traidor por su apoyo a Patxi López en el inicio de la carrera de las primarias socialistas.

Los críticos se hacen fuertes en el sur 

Enric Juliana escribió, hace años, del peligro para el PSOE de ser percibido como un partido útil políticamente sólo en el sur del país, con especial mención a Extremadura, Andalucía, Castilla-La Mancha y, tal vez, la Comunidad Valenciana. Las elecciones autonómicas de 2015 enmascararon esa posibilidad con la renovación del gobierno en Asturias o el acuerdo en Aragón, pero el tiempo viene a dar la razón a Juliana.

Los procesos de primarias celebrados hasta ahora también suponen aplicar este esquema a la manera en la que la militancia está decidiendo sus respectivas direcciones. Así, la renovación del liderazgo de Puig y de Fernández Vara se completa con la elección sin rival de Susana Díaz como secretaria general de Andalucía, que sigue siendo la federación socialista con mayor peso en el partido. La ausencia de un candidato solvente, después de especularse con la posible promoción de Bibiana Aído o de Carmen Calvo, lanza también un mensaje en torno a las ganas de batalla que Ferraz pueda dar en los congresos provinciales y que ahora se centran en integrar a sanchistas en el equipo de la presidenta andaluza.

Tampoco se prevé  una disputa agria en Castilla-La Mancha, por lo que Emiliano García-Page tiene prácticamente asegurada su reelección. Le avala el acuerdo de gobierno firmado con Podemos hace unos días, en lo que parece un cambio que podría avanzar una relación más profunda entre ambos partidos en el futuro. A pesar de que el pacto supuso una nueva fricción entre Page y Ferraz por la exigencia de consultar a la militancia, finalmente todo se recondujo al calor del encuentro presidido por Pedro Sánchez y Pablo Iglesias en el Congreso de los diputados, con la decisión de crear una mesa de colaboración para reforzar la relación entre ambas formaciones.

Con el sur controlado por los contrarios a Sánchez, las dudas se extienden, sobre todo, a Galicia (donde se espera que gane el candidato de Ferraz, sobrino del alcalde de Vigo, Abel Caballero), a Asturias y Aragón (ambos terrritorios controlados por personalidades significadas de la gestora) y Madrid, donde finalmente el sanchismo puede quedar descabalgado si finalmente, como se espera, el alcalde de Soto del Real presenta su candidatura para liderar el PSM. Se espera que en Baleares gane Francina Armengol, que apoyó a Sánchez en el tramo final de las primarias, y la pugna está abierta en Canarias, con ventaja de Ángel Víctor Torres, cercano a Sánchez, frente a Patricia Hernández y Juan Fernando López Aguilar.

Cataluña, una piedra en el pie para los pesos pesados de Sánchez 

Sánchez optó, en general, por premiar a los dirigentes que estuvieron con él desde el comienzo en esta nueva etapa. Eso explica la elección de Ábalos como secretario de Organización, un cargo para el que hace falta mucha cintura y una estrecha relación con los aparatos territoriales del partido con dos objetivos: Controlar la discrepancia interna y como germen de una movilización de cara a los procesos electorales.

Ábalos parecía tener ese perfil, hasta que los distintos secretarios generales territoriales han puesto de manifiesto que no funciona. Algo que se refuerza con salidas como la de sugerir una quita de la deuda para Cataluña: “Hay una deuda importante que tiene Cataluña y que el Estado deberá intentar contribuir a resolver, porque se va acumulando y nos tendremos que plantear algún tipo de quita para que no se colapse la institucionalidad de Cataluña”.

Ante el revuelo ocasionado, la afirmación de Ábalos fue enmendada por Ferraz y por el propio Ábalos, que señaló que se trataba de una opinión personal. Obviando, de paso, que su cargo implica tener la voz del partido en clave territorial, un asunto más importante de lo que parece a juzgar por las frivolidades de sus opiniones en un problema tan espinoso para el partido como el proceso independentista en Cataluña. Y que puso de manifiesto, una vez más, la descoordinación entre los miembros de la cúpula del PSOE en estas primeras semanas de renovado liderazgo de Sánchez.

El referéndum catalán también sirvió para que Oscar Puente, el portavoz del partido, mostrara su opinión con frases tan desafortunadas como inapropiadas para alguien que habla, insistimos, en nombre del partido ante el problema político más serio para la unidad política desde la Transición: “Yo me afilié al PSOE por su idea del hombre, no por su idea de España; y la verdad es que el asunto catalán me cansa, me aburre, me da mucha pereza”.

CODA. Miquel Iceta fue reelegido primer secretario del PSC y que será el candidato a la Generalitat si finalmente la imposibilidad de la convocatoria del referéndum catalán deriva en un adelanto de las elecciones autonómicas. Iceta fue proclamado candidato en presencia de Sánchez, que volvió a defender el federalismo como solución frente al centralismo y el separatismo. Todo hace pensar, pues, que sigue la luna de miel entre el PSC con Sánchez que se vio durante las primarias socialistas.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
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