21-D: El voto oculto correspondía a JxCat y a C’s

Una semana después de las elecciones catalanas, llega el momento de analizar el trabajo de los sondeos sobre intención de voto que, como lleva ocurriendo al menos desde 2015, pueden haber sido fundamentales en esta campaña electoral para movilizar el voto durante las semanas de campaña.

De acuerdo con los datos de los trabajos demoscópicos que hemos recopilando en este blog, el independentismo ha vivido situaciones contradictorias durante la campaña electoral y durante las semanas previas. La más evidente, la emergencia de Junts per Catalunya desde una posición que anunciaba debacle electoral sin paliativos a quedar como segunda opción parlamentaria, sólo por detrás de C’s. Con apenas 0.26 puntos de diferencia, JxCat se convierte en la formación que todavía lidera el bloque independentista, un escenario que, como se recoge en la siguiente tabla, no había previsto ningún sondeo previo.

Igual que le ocurrió al PSOE en 2015 y, sobre todo, en las generales de 2016, avisamos del riesgo de subestimar al partido central de la política catalana desde la Transición política, con suficiente implantación sobre el terreno como para movilizar a un electorado que podría estar dudando entre optar por la lista de Carles Puigdemont y la de ERC, con las carencias que hemo s citado en otros momentos en relación con la campaña de la formación republicana. Finalmente, las urnas han certificado la sospecha y ha puesto en evidencia que ninguna empresa manejó esta posibilidad (con mención a la infravaloración de NC-Report, Metroscopia, Sigma Dos o Celeste Tel).

El mismo escenario, aunque más corregido, lo hemos visto en el caso de C’s, que puede haberse beneficiado de dos tendencias: El efecto bandwagon (efecto de arrastre o de subirse al carro de una oferta que se percibe como ganadora) y un voto útil de manual que ha ido en detrimento del PP, claramente, y del PSC, al que finalmente no parece haberle funcionado el acuerdo con la antigua Uniò combinada con declaraciones de Miquel Iceta en relación, por ejemplo, a los indultos para los políticos presos por los incidentes de septiembre y la organización del referéndum. Destaca la infravaloración del CEO (7.2 puntos), de NC-Report o del GESOP (4.5 y 4.2 puntos respectivamente).

Desde la posición de los dos partidos centrales de los distintos bloques ideológicos, las estimaciones de voto del resto de formaciones tienen una explicación racional: Se sobreestimó el potencial de ERC (hasta 2.9 puntos en el caso de My Word), del PSC (3 puntos en el caso del GESOP), de las CUP (hasta 3.2 puntos Feedback), o el PP, que registra sobreestimaciones de hasta 5 puntos (NC-Report), si bien, en su descargo, cabe señalar que el trabajo de campo se alejó mucho de la fecha final de las elecciones.

En este punto, destacan las estimaciones finales respecto a los comunes, que son los que menos variación registraron finalmente entre las expectativas electorales  durante la campaña y el resultado final de los comicios, lo que apunta la posibilidad de que las transferencias de voto ya se hubieran producido durante los días en los que parecía que Xavier Domènech parecía ser capaz de recuperar a cierto electorado, al menos hasta que llegaron los mensajes de Podemos desde Madrid.

Un resultado electoral de difícil digestión

A una semana de las elecciones, todavía se sigue digiriendo un resultado que sorprende en varios aspectos. Por un lado, la fortaleza del independentismo, que prácticamente igualó el porcentaje de representación conseguido en los comicios de hace dos años (47.8% frente al 47.49% conseguido el 21D), lo que, como señalamos, también implica una debilidad en sí misma: El 21D obtuvo un buen resultado, dadas las circunstancias, pero sigue sin postularse como la mayoría suficiente (al menos el 51%) que vista de legitimidad la estrategia de la última fase del Procés.

Las elecciones plantearon una situación de competencia directa entre JxCat y ERC por el liderazgo del independentismo, habida cuenta de la desactivación de facto de la CUP. Estos días, a pesar de los mensajes de unidad y tranquilidad que llegan desde el activismo independentista, se perciben los primeros roces en relación a quién está más legitimado para presidir el Govern de la Generalitat, sobre todo si tenemos en cuenta que Puigdemont sigue en Bruselas y Oriol Junqueras en la prisión de Estremera. De fondo, referencias de Gabriel Rufián a que no se puede tener un presidente por Skype que se une a las referencias a quién estaba sacrificando más situación personal por el Procés.

Por otro lado, las urnas constataron el avance del constitucionalismo del 39.11% que aglutinaron en 2015 C’s, el PSC y el PP al 43.49%, un dato que se explica desde la movilización y también con la pérdida de apoyo de los comunes (del 8.94% al 7.45% actual). Un dato que puede llevar a engaño si se tiene el cuenta el anormal dato de participación (81.94%), una cifra que, previsiblemente, bajará en las próximas citas electorales si se acaba la situación de excepcionalidad que vive Cataluña desde hace meses.

Tras las portadas de la prensa de Madrid, glosando la gesta de Ciudadanos, convertido en primera fuerza política en el Parlament, llegó el baño de realidad: No hay opciones de articular una mayoría parlamentaria alternativa a la que concentran JxCat, ERC y la CUP y, ante la evidencia, la propia Inés Arrimadas anunció su renuncia a iniciar conversaciones para formar gobierno. Una actitud que ha provocado, por cierto, las primeras críticas del PP, que todavía intenta lamer unas heridas mucho más profundas de lo que parece, a las que se ha sumado también el PSOE.

Con un 4.24% de la representación y 4 diputados (tras recuperar uno por Tarragona a través del voto exterior a costa de C’s), Génova ha visto cómo José María Aznar, a través de FAES, ha pedido responsabilidades al partido por un mal resultado en Cataluña que no atribuye precisamente a la candidatura de García-Albiol, que habría amenazado con dimitir la misma noche electoral. Aznar, de paso, alabó el trabajo de C’s, confirmando el idilio ideológico que mantiene con la formación naranja en detrimento de su propia organización política.

Por el momento, Albert Rivera no ha mostrado disposición a pedir un adelanto de las elecciones generales, aunque hay pocas dudas de que en los próximos meses veremos endurecer el discurso contra el Gobierno de Mariano Rajoy con un tema, el territorial, que hasta el momento siempre beneficiaba al PP.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
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