Todo a favor para que éste sea el año de Ciudadanos

El fin del parón navideño ha permitido, con retraso, valorar en toda su dimensión la réplica del terremoto que han supuesto las elecciones catalanas y las consecuencias en la situación política del resto del país. A pesar de que Albert Rivera ha repetido en varias ocasiones que su partido no tiene la intención de forzar un adelanto electoral en Madrid, la simple mención de esta posibilidad ya ha puesto a todo el mundo a trabajar, con silencio incluido de Soraya Sáenz de Santamaría.

A punto de cumplirse 12 años después de su aparición, C’s comienza este curso político con todo a favor para poner en serio peligro las aspiraciones electorales del PP en todo el país, que puede recibir un castigo en diferido de buena parte de lo que hizo mal en la legislatura de la mayoría absoluta: Desde las medidas económicas dirigidas a una devaluación interna (ya admitida en público incluso por sus terminales mediáticas afines) al impacto de la corrupción política que afecta a buena parte de la cúpula directiva del PP a nivel nacional y en sus feudos históricos desde los tiempos de José María Aznar.

El miedo a C’s explica el llamamiento de los barones a Mariano Rajoy para que haga política (el famoso relato del que hemos hablado en este blog durante estos años) o la respuesta de Génova de activar la maquinaria electoral de cara a las municipales y autonómicas de mayo de 2019, en las que C’s podría consumar el desafío que se ha llevado por delante al PP catalán y que estaría midiéndose ya de tú a tú con PP y PSOE según algunas de las encuestas publicadas.

Ciudadanos ahora tiene el viento de cara para ese “cambio tranquilito” al que Ferrán Martín aludía en una viñeta del año 2015. Ironías de la vida: Entonces no caló ese mensaje, con las elecciones generales de 2015 como primer freno a las aspiraciones de C’s que se consumó en las generales de junio de 2016, cuando el partido se quedó en 32 diputados. Un buen resultado sólo maquillado por las enormes expectativas recogidas por las encuestas sobre intención de voto.

En la actualidad, ése es el mensaje fuerza de toda la estrategia de la formación naranja, a la que le favorece su propia estructura de partido, más parecida a un partido de notables que a la de una formación con vocación de masas. Con un toque totalmente presidencialista, apenas hay disputas en público entre los pesos pesados (aunque existen), a lo que ayuda la imposibilidad de Inés Arrimadas de ofrecer una mayoría de gobierno alternativa al independentismo.

Con un liderazgo indiscutible, bien valorado por el electorado, el partido tiene se beneficia de una implantación en unos territorios concretos, en los que cala su idea de unidad de España desde una perspectiva ciertamente recentralizadora, gracias en buena medida a que no tiene feudos a los que contentar, por lo que puede ahondar en el marco que siempre benefició al PP, que lo modulaba a su antojo  en función de si estaba en el Gobierno o en la oposición.

La formación naranja no tiene poder municipal (lo que podría cambiar en mayo de 2019) y apenas es relevante en las CCAA históricas (salvo Cataluña), Baleares o Canarias. Sin embargo, esa falta de implantación en esos territorios la compensa con la presencia de una marca muy potente, que le ha hecho convertirse en un puntal en Madrid, las dos Castillas y Andalucía, donde podría forzar un adelanto electoral. Existen razones fundadas para prever que en la Comunidad Valenciana puede terminar de hacerle también un buen roto al PP, tal y como avanzaron las elecciones de 2015.

Y todo ello con un proyecto potenciado, sobre todo, a raíz de la crisis catalana. Es decir: en apenas cuatro meses, el partido ha pasado de rozar los 30 escaños a C’s jugar con cartas ganadoras en un marco nacionalista español para intentar atraer a un voto muy enfadado con el PP por el tema catalán y por el propio efecto de la corrupción política, que seguirá ocupando minutos en los próximos meses al calor de los juicios de los casos abiertos.

Por primera vez, por lo tanto, C’s se postula como una alternativa creíble al PP y Génova ha comenzado a tomárselo en serio ante la constatación de que el partido de Rivera podría hacerle un daño similar al que en su día le hizo Podemos al PSOE, sobre todo si persisten shows como el que Rodrigo Rato dio este martes en el Congreso de los diputados revitalizando el marco de lo que nos llevó a la crisis financiera y los responsables políticos de esa situación.

Tampoco en Ferraz las tienen todas consigo. La mayoría de los sondeos sobre intención de voto publicados hasta el momento apuntan a un bloqueo en las expectativas electorales de los socialistas a pesar de confluir dos circunstancias: La caída del PP en intención de voto, en beneficio de C’s, y de Unidos Podemos, en lo que ya se asume como un repliegue de la izquierda. Tradicionalmente, la pérdida de apoyo al partido en el gobierno se traducía en un aumento en las expectativas electorales de la formación que se percibía como alternativa, algo que, en teoría, debería estar potenciándose más por la situación de Podemos, al que parece que nadie espera ya.

La novedad, en este momento, es que esa subida electoral del PSOE no se está produciendo a pesar del escenario favorable para sus intereses. Y ese escenario se traduce en la percepción de que C’s podría ser un problema serio también para los socialistas, que podrían ver cómo se potencia una nueva fuga de votos por el centro tras las transferencias cedidas en 2011 a UPyD y en las últimas elecciones a la formación naranja.

De ahí los anuncios de que el PSOE ya no considera a Podemos socio preferente o los giros al centro ideológico a pesar de que este centro está muy movilizado en estos momentos (en detrimento del votante más escorado a la izquierda) con anuncios de la cosecha podemita de pedir un impuesto a las transacciones bancarias propuesta por Pedro Sánchez en su primera aparición pública en semanas.

En cuanto a Podemos, 2018 puede ser el año en el que se consume el desastre final, con consecuencias directas en el comportamiento de una base electoral que empujó, desde 2011, para un cambio político real. Los estudios demoscópicos recogen una desmovilización en todas las CCAA en las que no hay alternativas nacionalistas de izquierdas, como en Cataluña, Euskadi, a falta de datos sobre Galicia o la Comunidad Valenciana, donde Compromís juega un papel sustancialmente diferente al de los comunes en Cataluña.

En el arraque del año, se fitró que el partido estaría pensando cambiar de nombre después de constatar que la marca ya no suma votos. Esta información fue desmentida por el número 2 del partido, Pablo Echenique, que la calificó de fake news, quizás en un intento de enmascarar que las filtraciones proceden del propio partido y que es una evidencia que ni Podemos ni su líder, Pablo Iglesias, desaparecido desde hace semanas, suman votantes en estos momentos. Tampoco parecen llamados a jugar ningún papel en los próximos meses, en los que se hablará mucho del posible sorpasso de C’s al PSOE, especialmente si la crisis catalana se enquista y termina devorando también a los socialistas.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
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