El PP toma la iniciativa para frenar a C’s

Génova comienza a tomar nota del nuevo ciclo político y con ese fin ha convocado a sus barones a una reunión el próximo lunes. A pesar de que el barómetro del CIS no fue tan desastroso para sus intereses como se rumoreaba, el PP empieza a asumir que tiene dos problemas serios a afrontar en los próximos meses con un objetivo: llegar vivos a las elecciones municipales y autonómicas de 2019, que coincidirán con las europeas y, según se baraja, con las andaluzas.

La primera amenaza se llama Cataluña. Aunque la estrategia de dormir la pelota que se asume, sobre todo, desde Moncloa, parece dar sus frutos, el problema sigue ahí. A pesar del último desencuentro entre ERC y el PdeCat, con la sospecha cada vez más clara de que fue un intento de la formación republicana por quitarse de encima a Carles Puigdemont, estamos como en el día posterior a las elecciones autonómicas: A pesar de los rumores de los últimos días que señalan a Elsa Artadi, no hay alternativa a la candidatura independentista y, en este flanco, por el momento, no hay candidato diferente a Puigdemont, por lo que no sería descartable unas nuevas elecciones que prolongarían aun más la situación de interinidad actual.

Unos días nos levantamos con referencias a crear una doble presidencia de la Generalitat (una simbólica, ejercida por Puigdemont, de la que no se sabe ni duración ni forma, y otra real, en Cataluña,  con el objetivo de acabar con la aplicación del art. 155 de la CE); otros días Puigdemont propone precisamente lo contrario (una presidencia real desde Bélgica); y en medio los autos del juez del TS que lleva las causas de los Jordis, de Oriol Junqueras y de Joaquin Forn que incendian a juristas y aficionados con su defensa de que la ideología de los encarcelados le impide ponernos en libertad provisional.

Es decir, el paso de ser presos a ser presos de conciencia se achica cada día más, si es que no se ha dado, en línea con la posición del Gobierno y asumida en la práctica por PSOE y C’s, que parecen ir de la mano con el Ejecutivo en todo lo relativo a Cataluña a pesar de la estrategia extraña adoptada por Moncloa, que ha asumido errores al tiempo que ha pedido a todos los cargos del partido que actúen con discreción, sin dar opciones a que el independentismo pueda escenificar, aun más, lo que está ocurriendo.

Tanto Génova como Moncloa asumen de forma indirecta que Cataluña es una patata caliente para sus intereses y que les conviene salir cuanto antes de la situación de excepcionalidad en la que llevamos inmersos desde, al menos, el pasado verano. En este momento del partido, y por primera vez desde los años ’90, agitar la cuestión catalana no tiene una traducción directa en votos. Al revés. A pesar de los resultados del barómetro del CIS, que todavía sitúa al PP como primera fuerza, se comienza a asumir el desgaste y que una parte importante de sus votantes hoy se decantaría por la abstención o, por lo que es más grave, por C’s. Y aquí se enmarca el segundo problema serio para los intereses populares.

Como hemos señalado en otras ocasiones, por primera vez el PP tiene un competidor electoral en C’s, que además es uno de los partidos que le sostiene parlamentariamente. El partido de Albert Rivera (el líder mejor valorado, según el CIS o Simple Lógica) muerde votos del PP por el centro pero también por su derecha en cuanto atiza argumentarios relativos a Cataluña. La primera confirmación de que Génova ha tomado nota de este problema lo tenemos en la polémica sobre la prisión permanente revisable, que el Gobierno quiere ampliar a otros delitos   y que ya se asume como la primera muestra de que la batalla electoral en el centroderecha será muy dura en los próximos meses.

No en vano, estos días se ha hecho público que cargos del PP en CCAA como Extremadura o Andalucía ya habían comenzado a desembarcar en C’s a la espera de unos buenos resultados en las próximas elecciones autonómicas. Extremadura, por cierto, no estaba en la lista que había filtrado C’s como puntos de referencia para reforzarse de cara a mayo de 2019, lo que termina de dibujar un escenario de incertidumbre durante este año que puede terminar salpicando también al PSOE de forma indirecta.

El centroizquierda, a lo suyo

La batalla en el centroizquierda ya se libró en los años 2014 y 2015, con plasmación directa en las elecciones de 2016. De ahí que apenas se espere nada en este flanco salvo saber la capacidad de PSOE y Unidos Podemos para enfadar a sus afiliados y/o votantes todavía más.

En el caso de los socialistas, y a pesar de que Sánchez ha salido de Ferraz para retomar la idea de las asambleas abiertas, existe cierto malestar ante la evidencia de que el “no es no” con el que el sanchismo ganó las primarias se ha quedado en agua de borrajas y que el partido pendula entre una aproximación al modus operandi de Podemos y la aquiescencia al Gobierno por razón de Estado. Y todo ello mientras se pasa por encima la adopción de acuerdos mediante los cuales la dirección podrá vetar lista de candidatos aprobados por las agrupaciones o la evidencia de que el partido sigue fracturado en dos, con retirada del sanchismo de los territorios controlados por los barones díscolos que en su momento perdieron las primarias.

Hace unos días, Gonzalo López Alba publicó su última crónica sobre los problemas que comienza a cristalizar en la dirección socialista por algo que  hemos señalado en este punto en otras ocasiones: Pedro Sánchez diseñó su Ejecutiva pensando, sobre todo, en devolver favores recibidos durante las primarias y ahora esos dirigentes no funcionan. Basta comparar las trayectorias de los equipos que rodearon en su momento a Felipe González o a José Luis Rodríguez Zapatero para entender la dimensión del problema.

Con Unidos Podemos bajando en los sondeos, el PSOE proyecta una falta de cuadros solventes capaces de aguantar una entrevista dura (o todo lo dura que puede ser una entrevista en un medio español) o un debate. En lugar de eso, tienen a Oscar Puente, que apenas supo reaccionar cuando Joan Tardá le puso en bandeja una moción de censura contra Mariano Rajoy sin nada a cambio, a Adriana Lastra secundando a Irene Montero hablando de “portavoza” o la práctica ausencia de voces el día que Ferraz decide esconder a Pedro Sánchez. Asimismo, llama la atención el globo sonda lanzado por el líder del PSM a propósito de la propuesta de una candidatura ciudadana en el Ayuntamiento de Madrid, desmentido de forma inmediata por Ferraz.

Por su parte, Unidos Podemos sigue en una esquizofrenia curiosa que le hace ser muy firme en sus argumentarios contra la pobreza o la corrupción por el día y que por la noche se apunta a la ola de apoyar contenidos como Operación Triunfo desde sus perfiles oficiales como un intento, suponemos, de conectar con una parte del electorado que ha comenzado a verle ya como parte del problema y no de la solución.

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Hace unos días, el partido hizo pública una campaña sostenida en el tiempo, “En Marcha 2019“, con el objetivo de preparar al partido de cara a las municipales y autonómicas. Sorprendemente, la formación morada asume el mismo nombre (y marco) que en su momento fundó Emmanuel Macron en las presidenciales francesas aunque, en este caso, Podemos asume la idea de “centrarse en la gente” dejándose de lo accesorio (Cataluña, asumida como el bache que explica su caída en las encuestas): “Después del bache de la segunda mitad de 2017, es también un objetivo importante que nos cuidemos, nos divirtamos y nos pongamos las pilas juntos”.

Al mismo tiempo, el partido sigue sufriendo un estrategia que en su momento el PP y sus terminales afines desplegaron con facilidad a propósito de todas las políticas que buscaran reconocimiento de derechos o, simplemente, plantear la existencia de un problema incómodo para el conservadurismo. En esta ocasión, la formación morada ha visto cómo una guía difundida por el Ayuntamiento de Zaragoza sobre el uso de drogas se ha convertido en argumentario conservador hablando, quién lo diría, de los efectos de la  heroína en muchos barrios populares durante los ’80. Todavía no han encontrado la fórmula para contrarrestar estas campañas.

CODA. Como se esperaba desde hace meses, algo se mueve también en Euskadi. Portada del jueves del diario El Mundo. Y recordemos que el PNV es el socio preferido del PP para aguantar lo que queda de legislatura para no tener que recurrir a los votos del PSOE, un estatus que quedó en suspenso con la aplicación del art. 155 de la CE. Veremos el rebote de esta constatación.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
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