ETA confirma su disolución

Tal y como se había anunciado, ETA confirmó su disolución a través de un comunicado en el que muestra su deseo de “cerrar un ciclo en el conflicto que enfrenta a Euskal Herria con los estados, el caracterizado por la utilización de la violencia política”  para que “el proceso en favor de la libertad y la paz continúe por otro camino”. ETA se fija como reto la constitución del Estado Vasco desde la “acumulación de fuerzas, la activación popular y los acuerdos entre diferentes” y menciona “las consecuencias del conflicto”, que puede ser la referencia más clara a la admisión del daño causado.

Con el comunicado, leído por José Antonio Urrutikoetxea, alias Josu Ternera, y María Soledad Iparaguirre, alias Anboto, se cierran seis décadas de lucha armada, un proceso que hay que enmarcar en un contexto histórico concreto: La aparición de ETA en un momento de fuerte contestación social y política en las sociedades desarrolladas occidentales y de procesos de liberación nacional, sobre todo marxistaleninista, en los Países No Alineados o países con dictaduras. Tras este primer momento, llegó la pérdida de referentes en un momento de cambio geopolítico con la caída del Muro de Berlín y el advenimiento del Nuevo Orden Mundial, en teoría multipolar, que culminó con la sacudida del 11-S.

La caída de las Torres Gemelas simbolizó un giro en la percepción de amenazas y riesgos internacionales, con el terrorismo de corte yihadista como principal preocupación internacional. Las 3.000 víctimas del 11S dejaban en un lugar casi irrelevante un conflicto que ha provocado, en 60 años, 853 muertos y 2.500 heridos en una de los territorios con mayor renta per capita de Europa. Ese cambio se tradujo en la inclusión de ETA en la lista de organizaciones terroristas internacionales y en un giro en la política antiterrorista de Francia, que tradicionalmente había sido refugio de los huidos.

Ese cambio se tradujo también en un aumento de la percepción de amplias capas de ciudadanos en Euskadi de que los métodos de ETA no podían ser el cauce para resolver o no la independencia. Esta transformación, que comenzó en los años 90 con las primeras manifestaciones de repulsa a los atentados de la banda terrorista, fue penetrando poco a poco en los colectivos que podrían haber mirado con simpatía la lucha armada o terrorista, según el lenguaje que se quiera emplear. Las movilizaciones del 15M, aún pecando de ingenuas, evidenciaron que se podrían abrir ventanas de oportunidad que era conveniente no desaprovechar en esta ocasión y que en ningún caso la violencia formaba parte del manual de acción.

La derrota de ETA comenzó cuando sus métodos fueron cuestionados desde su mundo, y eso a pesar de una ofensiva desde el Estado para minar sus capacidades civiles: Desde la ilegalizaciones de candidaturas electorales en aplicación de la Ley de partidos y al cierre de periódicos bajo la teoría de que todo en el mundo abertzale era una correa de transmisión de ETA, mantra que se todavía permanece en el enjuiciamiento, por ejemplo, de los encausados por la pelea de Alssasua.

ETA se disuelve mediante una serie de comunicados que hacen sospechar en el inicio por una batalla por la comunicación con el fin de reescribir el relato que minimice su derrota. En esos términos se ha expresado, por ejemplo, Alfredo Pérez Rubalcaba estos días, un aviso que en estos momentos no se ajusta del todo a lo que estamos viendo. Más allá del reconocimiento del daño causado o la justificación de la lucha armada, hoy hay muy pocas voces que defiendan en público un legado y unos métodos que, por otra parte, no han conseguido el objetivo de la independencia.

Vamos más allá: Si alguien consideró históricamente útil la existencia de ETA para conseguir unos fines políticos, la independencia de Euskal Herria, nadie parece dispuesto a atribuirse el fracaso de su misión. Y ahí se enmarca su principal derrota, a la espera de ver cómo el Estado resuelve los flecos que quedan pendientes: Desde la elaboración de ese relato al que hacía mención Rubalcaba a la atención y recuerdo como sociedad civil a las víctimas de ETA o la política penitenciaria de los presos, comenzando por el acercamiento a las cárceles de Euskadi.

En este punto, sólo cabe recordar que hoy no estaríamos en este punto sin el empeño de Arnaldo Otegi y de Jesús Eguiguren, hoy un olvidado en el PSE, que capitanearon las negociaciones que acabaron con el anuncio del principio del fin de ETA en  octubre de 2011. Todo ello con el beneplácito y empuje del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, especialmente en una legislatura durísima, la de 2004-2007, en la que un PP que no había digerido la derrota electoral no dudó en utilizar a las víctimas del terrorismo contra el Ejecutivo. Esperemos que todos estemos a la altura esta vez.

CODA. Así recibió la prensa española el comunicado de disolución de ETA. Mención especial a los diarios más escorados al centroderecha

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
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3 respuestas a ETA confirma su disolución

  1. Las portadas de muchos diarios dan vergüenza ajena

  2. Pingback: Sociómetro: El PNV sigue intratable y C’s lograría representación en Euskadi | La última en llegar

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