El PP vuelve a dispararse en el pie: ‘¡Os jodéis!’ a los pensionistas

Sábado, 5 de mayo. El PP congrega a 1.300 simpatizantes en un acto para celebrar el control de la Alcaldía tras una moción de censura contra el anterior regidor. A su llegada al Ayuntamiento, Mariano Rajoy aguanta los gritos y pitidos de pensionistas, en la enésima confirmación del desencuentro entre el Gobierno del PP y amplias capas sociales. Una cámara de 12TV graba el momento y capta a  la secretaria de Estado de Comunicación, Carmen Martínez Castro, comentar a otra persona: “Dan ganas de hacerles un corte de mangas de cojones y decirles: ‘¡Pues os jodéis!”.

Nuevo error en las filas del Gobierno con hilo directo a lo que constituye su base electoral natural y que confirm la brecha entre el PP y la sociedad civil, a la que el Gobierno trata como un enemigo a batir y no quien les paga el sueldo. Y, de paso, ese “pues os jodéis” de Martínez Castro rememora el abrupto de Andrea Fabra contra los desempleados en el debate de anuncio de los recortes vinculados al rescate bancario, en lo que constituye el símbolo de los problemas de empatía desde las filas populares a algunos de los ciudadanos que salieron peor parados de la crisis.

La difusión de la grabación obligó este lunes a la protagonista a dar explicaciones ante los medios afines al Gobierno: “Fue un comentario jocoso con un amigo en una conversación privada” pero “cuando pasa del ámbito privado a público, se convierte en unas palabras muy inadecuadas en fondo y forma y pido disculpas”. ‘Comentario jocoso’ que atrajo la atención de los medios y que ha diluido el mensaje que el PP quería lanzar con el acto celebrado en Alicante: Los ayuntamientos del cambio hacen aguas por todas partes frente a un PP que es fiable y que es capaz de dar una imagen de fuerza ante el ciclo electoral que se avecina.

Errores propios y señales de descomposición

El PP no pasa por su mejor momento político, tal y como recogen todas las encuestas sobre intención de voto. Agotamiento de un proyecto al que, desde el comienzo, le faltó un relato creíble en un partido agujereado por la corrupción política y prácticas poco ejemplares de sus dirigentes, a lo que se suma una nefasta gestión de situaciones de crisis, como la de la dimisión de Cristina Cifuentes como presidenta de la Comunidad de Madrid, o la salida de tono del ministro de Justicia, Rafael Catalá, que ha puesto en pie de guerra (todavía más) a  un Poder Judicial que está dispuesto a ir a la huelga para denunciar los problemas presupuestarios y el funcionamiento normal de la Justicia.

Problemas para la gestión de crisis, errores de comunicación, alejamiento de la sociedad (también de su base electoral) y señales de cierta descomposición interna, como la que llevó a que este fin de semana coincidieran en varios medios datos concretos sobre la mala relación de María Dolores de Cospedal y Soraya Sáenz de Santamaría, desencuentros que no les constan a Martínez Maíllo o el portavoz del Gobierno, Iñigo Méndez de Vigo, a pesar de ser públicos y cada vez más notorios y que estarían afectando al propio engranaje entre el Gobierno y el partido.

En ese contexto hay que enmarcar la coincidencia del relato del penúltimo desencuentro entre Cospedal y Santamaría en los actos del Dos de Mayo y, sobre todo, en la Convención de Sevilla y también las filtraciones que apuntan a que Rajoy decidirá tras las elecciones municipales, autonómicas y europeas de 2019 si encabazará la lista del PP en los comicios generales, previstos para 2020. Un aviso, quizás, para que cesen los navajazos internos, que no hacen sino confirmar la impresión de un partido unido a base de intereses particulares, sin rastro de un modelo de país medianamente defendible más allá de las reuniones de sus grupos de simpatizantes.

Nada nuevo bajo el sol, salvo la amenaza de C’s a su granero de votos. Los sondeos recogen unánimemente un avance en Madrid, un buen resultado en la Comunidad Valenciana o Murcia, y las opciones de que releguen al PP andaluz a la tercera plaza para disputar con el PSOE la victoria en las próximas elecciones. Señales de una pérdida de poder equiparable a la de mayo de 2015, con una novedad muy destacada: Las opciones de C’s de emerger como alternativa de gobierno creíble entre el electorado de centroderecha, particularmente fiel hasta el momento, a un año de las elecciones generales, que el PP podría afrontar en un estado similar al del PSOE en 2011. Veremos en los próximos meses si es Rajoy el llamado a liderar el desastre.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
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