Primera crisis para Sánchez: Màxim Huerta dimite como ministro de Cultura

Crisis de gobierno de Pedro Sánchez cuando aún no se han cumplido una semana de la primera renión del Consejo de Ministros. El ministro de Cultura, Màxim Huerta, el último nombramiento realizado por el presidente del Gobierno, anunció su dimisión como consecuencia de la publicación de sus problemas con Hacienda: “A veces hay que retirarse y eso hago. Porque amo la cultura y eso hago. Hay momentos que hay que retirarse”. Tras defender su inocencia (que) “no vale de nada contra esta jauría”, confirmó: “Me voy con la abnegación de quien ama su trabajo por encima de todas las dificultades. Me voy porque amo la cultura más que nada y porque así voy a poder colaborar más en este sueño y esta ilusión de Sánchez”.

Tras horas en las que la consigna fue resistir como fuera, la situación de Huerta se volvió insostenible por varios motivos: Por un lado, la propia gravedad de las informaciones publicadas, que confirmaron un intento de fraude; por otra, por el propio pasado de Sánchez, que se enfrentó a su propio posicionamiento, en 2015, en su respuesta a los problemas similares de Juan Carlos Monedero con Hacienda.  Y todo ello sin contar que mantener a Huerta al frente del Ministerio dilapidaba todo el caudal de renovación y de cambio que esgrimió el PSOE en la moción de censura que ganó Sánchez y que le llevó en volandas al Palacio de la Moncloa.

El escándalo Huerta, que dejó de pagar 218.000 euros a Hacienda entre 2006 y 2008, aguantó apenas ocho horas en los que Sánchez puso en evidencia sus propias debilidades: Su fichaje estrella, el que más atención mediática había provocado, salía rana ante un asunto de dominio público que el equipo del presidente del Gobierno desconocía, seguramente por la improvisación con el que formó su equipo ministerial. A pesar de las crónicas laudatorias de El País, Sánchez no tenía ni idea de quiénes podrían ser las personas que le habrían de acompañar en su gobierno si salía adelante la moción de censura y la elección de Huerta, con sus problemas, lo pone de manifiesto.

El periodista fue uno de los presentadores que se vio afectado por el endurecimiento de las inspecciones del Ministerio de Hacienda de sociedades limitadas personalísimas formadas por parte de figuras conocidas del periodismo y del deporte con un objetivo: Pagar menos al Fisco mediante el tributo como beneficios y no por IRPF al tiempo que incluye una serie de gastos susceptibles de ser desgravados. En el caso de Huerta, se ha conocido, además, que intentó pasar como gastos de su actividad profesional hasta 300.000 euros que había destinado,entre otros aspectos, a su vivienda de vacaciones, hechos que se han conocido porque acudió a los tribunales contra la inspección de Hacienda y perdió.

La reacción de Moncloa, nada más conocerse la noticia, fue posicionarse al lado del ministro de Cultura, hasta el punto de que fuentes del entorno del presidente  confirmaron que se descartaba “absolutamente” la destitucion de Huerta, que durante la mañana hizo una ronda de medios para explicar lo ocurrido. Moncloa se atrincheraba ante la avalancha con un ejercicio de transparencia inservible ante unos hechos que la sociedad española, con lo vivido estos años, ya no aguanta. En términos comparativos, Sánchez optaba por ejecutar la misma estrategia que en su momento desplegó el PP ante asuntos como los viajes del presidente de Extremadura, José Antonio Monago, o del titular de Industria, José Manuel Soria.

En estas intervenciones ante los medios, Huerta confirmó que Sánchez no conocía sus problemas con el Fisco, que englobó como un problema del pasado, que había afectado a muchas personas y que ya estaba solucionado. Bajo este prisma, distintos miembros del Ejecutivo, que tenían encomendada la tarea de vender un principio de acuerdo para elevar el salario mínimo por convenio a los 1000 euros mensuales en 14 pagas, se agarraron al argumentario gubernamental.

Hasta que la difusión de unas declaraciones de Sánchez, en febrero de 2015, dinamitó cualquier opción de aguantar para salvar a un ministro que, por otra parte, no supone una gran pérdida para el gabinete de Sánchez. De ahí la extrañeza ante la cerrazón de no destituirlo a primera hora de la mañana para proyectar aun más la idea de que estamos ante un equipo diferente y ante un presidente del Gobierno al que no le tiembla la mano ante comportamientos poco estéticos. Y el de Màxim Huerta lo era.

Muchos, en privado, confirman que durante una época fue habitual que las cadenas de televisión ofrecieran a sus presentadores estrella esta modalidad de contratación para pagar menos impuestos de los que correspondería tributando como persona física (con IRPF de 45% en función de sus salarios). La llegada de Cristóbal Montoro a Hacienda, en plena crisis financiera, supuso la búsqueda de ingresos extra vía impuestos y también la inspección de situaciones alegales. En este contexto se puso el foco en las pensiones de los emigrados españoles que habían retornado a España y en el uso irregular de una fórmula, la de la SL, como empresas pantalla, y se incrementaron las inspecciones.

Lo más grave de este caso, además de la elección como ministro de una persona que en su vida privada tiene como mantra no pagar los impuestos que le corresponden (y con los que se financia el Estado de bienestar) en un Gobierno socialista, tiene que ver con escaso escrutinio que el entorno de Sánchez realizó sobre los candidatos. Una simple búsqueda en Google les habría permitido saber lo que ocurría con Màxim Huerta, lo que plantea incógnitas sobre los muertos en el armario que podría tener el resto del equipo del Gabinete de Sánchez, que sigue perfilando la estructura de Secretarios de Estado.

En este sentido, llama la atención que el protagonista de la noticia, de la que se hizo eco también Cristina Cifuentes, no informara a Sánchez de este asunto, que causaría antes o después un problema de imagen y una crisis política en un momento como el actual, y que las personas encargadas de pulsar la idoneidad de los candidatos no supieran de este problema o, si fueron informados, no eliminaran el nombre de Màxim Huerta de la lista por el peligro potencial a la reputación del Gobierno. Las peticiones de dimisión del resto de formaciones del arco parlamentario tampoco ayudaron a rebajar la tensión que apunta a un ejercicio de ejemplaridad constante en la escena pública, sobre todo en gobiernos que nacen con la debilidad parlamentaria que tiene Sánchez en la actualidad.

El ministro de Cultura abandona el cargo apenas seis días después de tomar posesión y deja tocado al presidente del Ejecutivo, que tuvo la oportunidad, a primera hora de este miércoles, de adelantarse a los acontecimientos y destituirle. Eso sí que hubiera un gesto equiparable a la decisión de Sánchez de ordenar el acogimiento de los inmigrantes atrapados en el barco Aquarius, por la negativa de Italia de dejarles atracar en sus costas. Veremos, en los próximos días, si el calificativo de Màxim, El Breve se puede aplicar al Gobierno de Sánchez, que ya debe estar preparando su próximo golpe de efecto para tapar este traspié.

Anuncios

Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
Minientrada | Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Primera crisis para Sánchez: Màxim Huerta dimite como ministro de Cultura

  1. Pingback: Celeste-Tel: Se estabilizan las mayorías de la moción con el PSOE como primera fuerza | La última en llegar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.