El final de las primarias del PP y las heridas abiertas

Este fin de semana, 3.082 compromisarios elegirán al próximo presidente del PP y más que probable cabeza de lista del partido en las próximas elecciones generales en un proceso que, por su novedad, arroja grandes incógnitas. Mañana se podrá comprobar el control del aparato del partido por parte de los equipos que rodean a los dos candidatos, Pablo Casado y Soraya Saénz de Santamaría, ante la evidencia de que los datos no coinciden. Según el equipo de la ex vicepresidenta del Gobierno, tendría el apoyo del 63% de los compromisarios mientras que el entorno de Casado dice haber recibido el visto bueno del 71% de los llamados a votar, entre ellos los compromisarios gallegos.

Mientras se despeja la incógnita, que influirá en la posición estratégica del PP en los próximos meses, conviene prestar atención a las señales que apuntan a que las cosas no deben estar tan hechas en beneficio de Sáenz de Santamaría como se vendía en un comienzo. La más evidente, el intento casi desesperado de la candidata por llegar al sábado con una lista de integración con la candidatura de Casado para evitar la votación de los compromisarios. Todo ello en aras de la unidad del partido que, en este punto, parece imposible y que plantea muchas dudas sobre la capacidad del vencedor para unir al PP a partir del domingo.

Este llamamiento reiterado, que Casado ha rechazado en todas las ocasiones, deja en el aire la regla número 1 de los procesos internos de los partidos políticos: Si vas ganando por goleada NUNCA planteas una candidatura de unidad antes de tu elección como líder. Lo normal suele ser ganar, pulsar tu poder interno y, luego, facilitar la entrada de tus contrincantes en tu lista para, precisamente, no dejar heridas abiertas que se puedan reabrir en el futuro. Es el planteamiento defendido por Casado en las últimas horas, aunque ya se recogen las dudas ante las opciones de poder unir el partido tras el tono y el fondo de los discursos durante este proceso de primarias.

La actitud de Santamaría se completa con las informaciones de que ex presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, estaría presionando al entorno de María Dolores de Cospedal y, sobre todo, a los ministros que mostraron sus discrepancias con la ex vicepresidenta durante su mandato, para que se evite la imagen del “todos contra una” que se ha evidenciado durante la campaña.

La guinda habría sido la comida que varios ex ministros, que en su momento han mostrado su apoyo a Casado, celebraron este jueves con el candidato y que fue respondida con una imagen supuestamente informal de Santamaría con buena parte de su equipo de campaña (y que se concentra, básicamente, en el PP vasco y andaluz).

Toda una guerra de mensajes cruzados y vídeos, como el que se difundió contra Pablo Casado imitando el formato del difundido hace una semana contra Santamaría, que no esconden que la elección de uno y otra tendrá implicaciones a corto y medio plazo, también para el resto de partidos del arco parlamentario.

Una elección con efecto directo en C’s y PSOE

Santamaría se ha ubicado en el centroderecha y lo ha empeñado todo a que los militantes compren la idea de que ella debe ser la presidenta del PP por su condición de mujer y por su experiencia en la gestión de Gobierno, sin excesivas menciones a Mariano Rajoy. La ex vicepresidenta del Gobierno lo ha sido todo a la sombra de Rajoy pero ha minimizado esa vinculación, seguramente por la imagen que el ex presidente del Gobierno arrastra entre los electores no votantes del PP.

Curiosamente, tampoco hay rastro del perfil de una Santamaría moderna, capaz de militar en el PSOE, que se construyó en los años del zapaterismo para compensar la imagen escorada a la derecha que provocaba Rajoy y buena parte de su equipo. El motivo de situarse en terreno de nadie quizás tenga que ver con su conocimiento del militante del PP, que no se parece en exceso al votante medio popular. Y ésta puede ser la ironía final de este proceso de primarias: El aparato puede terminar eligiendo a alguien que sí comparte señas de identidad con la militancia pero no con el electorado, que estaría más cómodo eligiendo a una persona como Santamaría.

El rival de Santamaría no ha tenido dudas en definirse como heredero del aznarismo y liberal conservador; tampoco ha tenido reparos en recibir el apoyo de organizaciones ultraconservadoras, como HazteOír, que estos días ha mostrado su rechazo frontal a la posible elección de Santamaría. Como hemos señalado en otras ocasiones, Casado tiene a su favor un conocimiento directo de las bases del partido debido a su trayectoria como presidente de Nuevas Generaciones y vicesecretario general del partido. Es uno de los suyos, y ahí radica su principal baza en las primarias que puede ser un problema a la hora de construir una candidatura para todo el electorado.

Su elección como presidente confirmaría lo que hemos señalado en otras ocasiones: los afiliados del PP están mucho más escorados a la derecha que los órganos de dirección (y no digamos ya los respectivos gobiernos), lo que abrirá un periodo interesante en los próximos meses. Si Casado fuera elegido, se habría ganado de origen el voto del centroderecha y se vería obligado a virar al centro en breve para competir con C’s electoralmente, lo que encapsularía la competición en ese segmento. El PSOE tendría todo el espacio situado en el centro “puro” y centroizquierda para avanzar de cara a las próximas elecciones, lo que supondría una amenaza para Unidos Podemos.

Si fuera Santamaría la elegida, la competición ya estaría situada de origen en ese centro electoral, de manera que en los próximos meses veríamos una confrontación directa del PP con C’s y con guiños para atraer a un tipo de elector que, hoy, podría estar planteándose votar por el Pedro Sánchez más liberal. Eso obligaría a Sánchez a escorarse aun más a ese centro, lo que dejaría todo el espacio a la izquierda a un Unidos Podemos que se encuentra desaparecido en combate estas semanas. En teoría, la elección de Santamaría añadiría más competición en el próximo ciclo electoral, facilitaría la entrada de VOX en la pugna por la extremaderecha y obligaría a ser mucho más creativos en los mensajes.

Estas implicaciones explican por qué el PSOE, en público, pide que la militancia vote por Santamaría (petición a la que se ha sumado también el ex presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero ), a la que definen como candidata equiparable al centroderecha europeo, mientras en privado rezan para que los afiliados se decidan por Casado. En cualquier caso, parece que se confirma que los próximos meses veremos un refuerzo de las fuerzas políticas tradicionales, a la espera de la batalla pendiente entre PP y C’s.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
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