El PP ajusta cuentas con el ‘marianismo’ y elige a Casado

Las señales confirmaron la tendencia: Pablo Casado venció con claridad a Soraya Sáenz de Santamaría en la votación de los compromisarios del PP para presidir el partido. Ni la ‘exquisita neutralidad’ de Mariano Rajoy, que no dudó en fotografiarse con la que ha sido su mano derecha desde que fue elegido presidente del PP, ni las presiones de los poderes fácticos pudieron frenar a Casado que, con 37 años, será el próximo cabeza de lista del PP para las elecciones generales. Al menos si sale airoso de sus problemas académicos.

Imagen de  para El País

Casado logró 1.701 votos de los 2.973 emitidos en el Congreso extraordinario que el PP ha celebrado en Madrid frente a los 1.250 de Santamaría. En total, el 57% del apoyo del aparato del partido que consumó el frente “todos contra una” que se avanzó tras la primera vuelta de las primarias. El ex vicesecretario general del PP, que durante estos días recibió el apoyo público de todos los candidatos que perdieron la primera vuelta, certifica la victoria avanzada y, de paso, debería echar por tierra el sesgo presidencialista de que debe ganar la lista más votada.

La contienda, bastante menos educada de lo que se esperaba en un primer momento, se salda también con una segunda moción de censura contra Mariano Rajoy, que ha visto cómo su candidata se queda en el camino. Entre las razones, algunas de las que ya hemos apuntado en otros análisis: Santamaría, aunque afiliada desde 2004, siempre ha sido vista como una outsider del partido, a lo que contribuyó su puesta de perfil cuando comenzaron a arreciar las acusaciones de corrupción sobre el partido.

Tampoco ha ayudado un planteamiento de la campaña centrada, en exclusiva, en su condición de mujer y en su bagaje para gobernar. Sobre todo porque, para llegar a ese punto, hace falta ganar primero unas elecciones con un discurso que, primero, sea capaz de enganchar a tu base electoral para ampliar luego esa base. Algo que difícilmente se puede conseguir con un discurso que se ha caracterizado por ser muy flojo desde el punto de vista ideológico, con un tono de tecnócrata incapaz de diferenciar un mitin de una entrevista o con la exhibición de recursos como abanicos con la bandera de España  como metáfora del trabajo que el PP tiene por delante para recuperar el voto perdido durante estos años.

Enfrente, Santamaría se ha encontrado a un candidato, Pablo Casado, que auna dos elementos fundamentales para entender su predicamento entre los afiliados del partido: Un conocimiento directo del aparato por su propia trayectoria personal y carecer de complejos para defender las líneas maestras de un discurso más duro que gusta al militante medio popular. A saber: Unidad de España,  frente directo contra el independentismo, la familia tradicional, valores neocons en lo moral (aborto, eutanasia) y  un discurso ultraliberal que, en su caso, obvia que no tiene más experiencia laboral que la que le ha vinculado al partido desde su etapa de Nuevas Generaciones. Casado representa el orgullo de ser de derechas y parece que es lo que necesitaba en estos momentos el aparato del partido.

Este fondo, además, cuenta con un envoltorio atractivo en términos personales (es hombre y joven) y comunicativos: Es capaz de lanzar mensajes directos y que provocan a su electorado (también al contrario). Si se analizan, estos mensajes presentan muchas sombras que pueden enmendar los electores (normalmente, aquellos que nunca te votarán). Y todo esto con una presencia mitinera que se vio durante el discurso antes de la votación y que completa el halo de líder de un partido de centroderecha español sin complejos. Justo lo que José María Aznar ha venido propugnando desde que comenzaron los problemas electorales del PP.

El retorno del bipartidismo tradicional

La elección de Pablo Casado avanza la fortaleza de las formaciones tradicionales, en detrimento C’s y, sobre todo, UP, que en estos momentos ni está ni se le espera. Y con un efecto refuerzo entre las formaciones nacionalistas periféricas (sobre todo en Euskadi, Cataluña y Navarra), aunque sólo sea como reacción a la amenaza de que el PP de Casado pueda ejecutar algunos de los mensajes exhibidos durante la clausura del Congreso del PP, lo que nos puede llevar a un reparto de la representación en el país en términos parecidos a los de antes de las elecciones de 2015.

Es evidente que el nuevo líder popular ha protagonizado una campaña esencialista y muy dura desde el punto de vista ideológico, que ha servido para apuntalar el discurso dirigido a una base electoral que estos meses ha coqueteado con la abstención y con el apoyo a Vox. Además, en términos territoriales, la previsión de mano dura hacia Cataluña y, en general, hacia el nacionalismo periférico, permite empezar a cortejar a un electorado que se había ido a C’s, sobre todo a partir del referéndum del 1 de octubre. El deshielo de las relaciones entre Madrid y Barcelona ayudarán en cierto sentido a seguir defendiendo ese discurso desde la oposición.

En este punto, nos queda saber de su capacidad para amoldarse a un electorado, el del PP, que no se encuentra tan escorado a la derecha y, sobre todo, la posible reacción de C’s, que ha quedado encajonado en el centroderecha. En estos momentos, la formación naranja pasa por ser la principal damnificada de este giro en el partido conservador español por excelencia, que haría bien en no sacar a pasear demasiado a José María Aznar en virtud del rechazo que el ex presidente del Gobierno genera en amplias capas ciudadanas.

Como señalamos este viernes, el control de Génova por parte de Casado, que accede a la presidencia con 37 años (la misma de Aznar cuando Manuel Fraga le cedió el testigo), supone un motivo de celebración para el PSOE, que ha dado el primer paso para volver a ganar en Andalucía si se confirma el adelanto electoral. Con un PP andaluz dividido y con el supuesto candidato (Juan Manuel Moreno) y su mentor (Javier Arenas) apoyando a la candidata perdedora, Susana Díaz tiene todo a su favor para comerse al PP.

Desde el punto de vista interno, y a pesar de la dureza del discurso exhibido en las primarias, el PP sabe que su electorado natural no se identifica totalmente con los mensajes que puede comprar la derecha (o la extrema derecha), por lo que hará falta modular el discurso para competir con C’s. Por eso, hay que seguir con atención la posible  integración de los que han apoyado a Santamaría y que sí podrían aportar ese toque más moderno al ideario popular.

Así, a partir de septiembre, seguramente veremos a Casado competir con Albert Rivera en ese espectro, lo que deja todo el espacio abierto a Sánchez para seducir al centro ideológico “puro” y a todo el espacio situado entre el centro y el centroizquierda, incluso con guiños a la extrema izquierda, si dejan de cometer errores que, por otra parte, no están siendo excesivamente difundidos: Uso del avión oficial por parte del matrimonio Sánchez para acudir al FIB o reparto de puestos en empresas públicas, muy bien pagados, a aliados y amigos del sanchismo.

Si se dan tres variables (que Moncloa corrja estos errores, que el PSOE lidere iniciativas legislativas populares y que Unidos Podemos siga desaparecido en combate), no es descatable que Sánchez pueda sumar una legislatura más en La Moncloa. Hoy los socialistas se mueven en torno al 25% de intención de voto y todo está a su favor para comenzar a recuperar electorado del centroderecha liberal y a su izquierda, con C’s compitiendo directamente con el PP y con UP jugando un papel parecido al que en su momento le tocaba a IU. Y con Alberto Núñez Feijoo esperando en Galicia su oportunidad, que no parece que vaya a llegar antes de 2020.

CODA. A falta de saber más datos, la pugna en el PP se salda con un reparto aproximado del 40/60 a favor de Casado. En los próximos días se sabrá la composición definitiva de la Ejecutiva del nuevo presidente del PP, a la espera de la integración de los sorayistas. Por el momento, parece claro que Cospedal no estará ahí y su nombre suena como cabeza de lista en las elecciones al PE, En este contexto, será interesante saber en qué lugar queda el PP andaluz (que se ha dado una torta histórica con su líder, Juan Manuel Moreno, y su mentor perdiendo un congreso a favor de Santamaría) y gallego.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
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