28A: El PSOE gana con contundencia a un PP que hunde su suelo electoral

Hace tres años, analizamos los resultados de las elecciones generales de 2015 y 2016 como un punto de inflexión en relación al suelo electoral del PP situado en los siete millones de votos. Tras los resultados de los comicios de este domingo, se confirma la capacidad de hundimiento del partido de referencia del centroderecha español, que ha sufrido en primer persona la fragmentación del bloque ideológico del que veníamos hablando estas semanas a favor de VOX y, sorpresa de la noche, de Ciudadanos.

A pesar del tono de la campaña, o precisamente gracias a ello, la formación de Albert Rivera pasa a ser una de las ganadoras de la noche al quedarse a menos de un punto de distancia de los populares, que reciben un correctivo en las urnas que, con total probabilidad, tendría mayores consecuencias si no hubiera convocadas elecciones municipales, autonómicas y europeas en menos de un mes. Pablo Casado, en su primera comparecencia pública tras el hundimiento del PP, asumió errores en el planteamiento de la campaña aunque volvió a disparar hacia la fragmentación de un electorado que, hasta no hace tanto, era absolutamente fiel a las siglas que representa Génova.

Los sondeos sobre estimación de voto acertaron en relación a VOX, que entra en el Congreso con 24 diputados y 2,7 millones de votos, unos datos que contradicen los rumores de la última semana de campaña electoral, cuando se trasladaba su capacidad de movilización a su empuje como la fuerza dirigida a disputarle al PP su espacio. La formación de ultraderecha obtiene el 10.26% de los votos y se confirma como un fenómeno a tener en cuenta pero mucho más limitado de lo que se apuntaba en la recta final de la campaña.

Sánchez gana sus primeras elecciones generales 

El PSOE se confirmó como el claro vencedor de unos comicios que se sustentan sobre la división del electorado en dos bloques muy claros con una fuerza parecida: Por un lado, el centroderecha con proyección estatal, que reúne 11,2 millones de votos correspondientes al apoyo recibido por PP, C’s y VOX; por otro lado, el centroizquierda (11,4 millones de votos, sumando la representación de PSOE, UP y las antiguas confluencias).

En mitad de ambos bloques quedan los nacionalistas periféricos, que refuerzan sus posiciones respecto a 2016, y una suerte de pequeñas formaciones que, en esta ocasión, han aprovechado el desplome del PP para crecer en sus territorios y que pueden ser fundamentales de cara a la próxima investidura de Pedro Sánchez. Es el caso de CC (2 diputados) o el Partido Regionalista de Cantabria, la formación de Miguel Angel Revilla, que entra con un escaño en el Congreso.

Las últimas encuestas publicadas confirmaron los datos del PSOE, que logró 7,480 millones de votos (dos millones más que en 2016) y se convirtió en primera fuerza política en casi todo el país, con porcentajes de apoyo que prácticamente duplican el apoyo a la segunda opción. Este escenario se da en Andalucía, con un 34.23% frente al 17.7% de C’s; Extremadura, con un 38.08% frente al 21.40% del PP; en Canarias, con un 27.85% frente al 15.72% de UP; o en Asturias, con un 33.13% frente al 17.91% del PP.

En términos globales, la lista del PSOE le saca casi 12 puntos al segundo y prácticamente duplica su representación en escaños. Así, la lista que encabeza Sánchez obtiene el 28.68% de los votos, es decir, un porcentaje de apoyo similar al que logró en 2011 el PSOE de Alfredo Pérez Rubalcaba  y 123 diputados que certifican el fin de la travesía en el desierto; por primera vez en 11 años, Ferraz celebra una victoria en unas elecciones generales que, apuntan, serán la antesala de un buen resultado en los comicios convocados el 26 de mayo y a los que el PP acude completamente desmoralizado y con la refundación pendiente.

En ese contexto se puede leer la petición de Casado de que Sánchez piense en España en su articulación de pactos de investidura, en lo que pareció por momentos una oferta de Génova para evitar que el candidato socialista depanda de las demandas de los independentistas. En la práctica, el líder socialista puede abrirse a tres opciones: La que le reclamaron sus bases en la celebración nocturna en Ferraz, es decir, una fórmula que pase por un acuerdo con UP (165 diputados en total, a la espera de sumar a Compromís también).

Por otro lado, existe la posibilidad de abrirse a un pacto con C’s (180 escaños), un escenario que ha planeado desde  hace meses y que el propio Sánchez se negó a cerrar al hablar  de que evitaría “cordones sanitarios“.  Inés Arrimadas, esta mañana, se ha negado a esta opción que supondría enmendar toda la estrategia de C’s durante la campaña electoral.

Por último, los socialistas pueden intentar un gobierno en solitario y abrirse a pactos puntuales con el resto de las fuerzas políticas apelando a la estrategia de la “geometría variable” que tantos quebraderos de cabeza le dio entre 2008 y 2011 al segundo Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. La vicepresidenta en funciones, Carmen Calvo, se inclinó por esta tercera opción en su primera valoración de los resultados electorales.

El efecto VOX desploma el suelo electoral del PP

Hasta el momento, se partía del supuesto de la capacidad del PP para mantener un suelo electoral estable que, en 2015, bajó a los 7,2 millones de votos. Las elecciones de este domingo han venido a enmendar ese supuesto: La lista de Pablo Casado conserva sólo 4,356 millones de votos (3,6 millones menos de los obtenidos el 26 de junio de 2016) y 66 escaños en su peor resultado desde la refundación del PP (en 1989 obtuvo el 25,79% de los votos).

Los populares se mantienen, por los pelos, como la principal fuerza de oposición con el 16,7% de la representación, con un retroceso generalizado en todos sus feudos históricos. En Castilla y León se convierten en segunda fuerza con el 26,05% de los votos (-18.22 puntos), al igual que en Galicia (-14.14 puntos y 9 diputados, uno menos que el PSOE) o en Comunidad Valenciana (-17.86 puntos). En Murcia, se queda como segunda opción tras perder 23 puntos y 3 diputados (dos de ellos pasan a VOX).

En Madrid, C’s sobrepasa al PP como principal fuerza de oposición  (-19.61 puntos y 7 escaños) mientras que en Andalucía, la CCAA a la que se miraba con lupa tras el pacto a tres tras los comicios autonómicos, el PP retrocede también por detrás de C’s al dejarse 16,3 puntos en representación. El PSOE, por su parte, pasa de 20 a 24 escaños con un avance de apenas  237.000 votos, lo que certifica el daño que la fragmentación ha infligido en estos comicios a las formaciones de centroderecha, que ha sido el argumento principal defendido por Casado.

En la práctica, hablamos de un bloque ideológico que, en 2011, votó al PP de Mariano Rajoy y que hoy se presenta fragmentado en tres opciones, con un PP en retirada.  Hace unos días escribíamos sobre los paralelismos entre la situación que vive el PP hoy con la que le tocó al PSOE de Sánchez entre 2014 y 2015. Hoy podemos certificar otra semejanza más: La obsesión de ambos por taponar la fuga de votantes de sus respectivos extremos a opciones percibidas como novedosas (Podemos antes y VOX ahora) que se tradujo en una pérdida de 26 diputados del PSOE entre 2011 y 2016 (85 diputados menos si nos remontamos a la última victoria socialista, en 2008, con la pérdida de 51 diputados entre 2008 y 2011) y de 71 escaños por parte del PP en sólo tres años (120 si retrocedemos a 2011).

Como hemos intentado reseñar en este blog, durante meses el PP se ha obsesionado con la vía de agua que se le abrió en su flanco derecho sin analizar que estábamos ante un fenómeno a tener en cuenta pero limitado. A pesar de los rumores en torno a la movilización del electorado de VOX, hablamos de 2 millones de electores que han dado su confianza a una formación que deparará grandes días en el Congreso de los diputados pero que, por el momento, tiene una capacidad de influencia concreta, aunque inmensa en el efecto contagio en la elaboración de candidaturas por parte de Génova o por la adopción de una estrategia de campaña muy errática, que culminó este viernes con la oferta a VOX para entrar en un gobierno de coalición, por la mañana, para pedir el voto del centro en el mitin de cierre.

C’s y UP, con suerte dispar

Tras la apertura de las urnas, se ha confirmado que el escoramiento excesivo del PP a la derecha, con la defensa de argumentos que hacían imposible diferenciar el discurso de VOX y el elaborado por Génova, junto a la imagen de Casado rodeado de los líderes de la formación de ultraderecha, había conseguido dos efectos simultáneamente. Por un lado, había permitido visualizar el bloque político a evitar con una movilización de la izquierda y de los nacionalistas, particulamente evidente en CCAA como Euskadi o Cataluña (donde el PSC  logró 960.000 votos y 12 escaños); y, por otro lado, había dejado al descubierto el centro ideológico, que es que tradicionalmente ha dado la victoria al PP en los anteriores procesos electorales.

Éste es el espacio que parece que se han repartido el PSOE y C’s, convertido en uno de los vencedores de la noche electoral. A pesar de una estrategia de campaña desquiciada, al partido de Albert Rivera le salieron las cuentas  y gana casi un millón de votos respecto a 2016 (de 3,141 millones a 4,136 millones), es decir, el 15,86% de la representación (+2.8 puntos) y 57 diputados. La impresión de que la formación naranja puede terminar de comerse el espacio que le queda al PP, del que solo le separan 9 diputados, añade todavía más interés al próximo proceso electoral, que comenzará cuando apenas nos hemos recuperado de la resaca de estos comicios.

UP parte de una posición inversa. En 2016, la formación morada y las confluencias sumaron 5,080 millones de votos. Las elecciones de este domingo han supuesto un descalabro para la formación que lidera Pablo Iglesias -que suma 3,732 millones de votos, 3,921 millones si añadimos los datos de Compromís (172.751) y En Marea (casi 18.000)- un descalabro que hubiera sido mayor sin la movilización de la última semana gracias, en buena medida, a la actuación de Iglesias en los debates electorales.

Cuando se publique la encuesta postelectoral del CIS, podremos comprobar con datos la impresión de que buena parte del dato de participación (75,75%, +9.27 puntos respecto a 2016) tuvo que ver con el resultado de la formación morada, que cae a la cuarta posición con el 14.31% de los votos y 42 escaños. Su futuro político, en estos momentos, pasa por su capacidad de situarse como socio preferente del PSOE, algo que ya se dibujó en la comparecencia de Pablo Iglesias, rodeado de su equipo, la misma noche electoral,en la que volvió a asumir como error la exhibición de los problemas internos y las purgas en el partido.

El PP se convierte en fuerza residual en Cataluña y Euskadi

Las elecciones del 28A han supuesto un refuerzo claro de las opciones independentistas y nacionalistas, que pueden volver a ser la llave del futuro gobierno. En el caso catalán, el aumento de la participación respecto a 2016 (+14,16 puntos) se traduce en una recuperación del PSC, que estuvo disputando la primera plaza con ERC. Los socialistas sumaron casi 400.000 votos más que hace tres años y pasan de 7 a 12 diputados, un resultado que da la vuelta a los datos de los comunes, hace tres años, y que vuelve a remarcar la teoría de que al PSOE le va bien en las urnas cuando las cosas funcionan en Cataluña (y en Andalucía).

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Este dato, junto al de ERC (más de un millón de votos y 15 diputados), permiten mirar también a los grandes perdedores de la noche: El más evidente, el PP, que sólo conserva un diputado (por Barcelona) de los 6 que logró en 2016, convirtiendo su presencia electoral en Cataluña en residual; lo mismo puede decirse de VOX, que consigue un diputado con 150.000 votos. Por su parte, JxC pierde la pelea interna que mantiene con ERC, aunque aguanta de forma razonable el resultado conseguido hace tres años (sólo pierde un diputado). Por último, C’s mantiene tambiéñ los cinco escaños conseguidos en 2016, aunque gana 117.000 votos respecto a aquellos comicios.

En Euskadi, el PP no logró ni siquiera mantener el diputado de Javier Maroto, número 3 del PP y uno de los principales estrategas de Casado en esta campaña electoral. El PP desaparece de una CCAA en la que VOX sólo aglutinó 28.000 votos. El resto se repartió a partes iguales entre PSE (segunda fuerza con casi 253.000 votos), Podemos (223.000) y EH-Bildu, que duplica su representación respecto a 2016 con 212.000 votos (59.000 más). El PNV, por su parte, vuelve a ser la fuerza hegemónica con el 31.05% de la representación y la suma de un diputado a los cinco que mantenía en la anterior legislatura. Todo hace pensar que será la principal fuerza en la que Sánchez se apoye una vez descartada la vía C’s:

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CODA. El buen resultado electoral del PSOE se confirma con el reparto de senadores, con ausencia de los candidatos de UP. Los socialistas se hacen con 121 actas frente a las 56 del PP. Mención especial merece los 4 senadores que suma el PNV, que se suma al diputado de EH-Bildu, a los 11 de ERC y a los dos de JxC.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
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