Refuerzo de PSOE y PP, sin rastro de desbloqueo político

La investidura fallida de Pedro Sánchez, y la posterior batalla por el relato político para distribuir culpas y responsabilidades, no hacen especial mella en los dos partidos que protagonizan el sainete desde el arranque del verano. En el momento de elaboración de este post, todo parece indicar que Ferraz sólo aceptaría someter a Sánchez a una nueva votación en el Congreso de los diputados con una condición: Si Unidas Podemos renuncia a estar en el Consejo de Ministros y se conforma con un acuerdo parlamentario que emule  el que practica en Portugal el primer ministro António Costa con el Bloco de Esquerdas y con el CDU.

Con la crisis institucional en Italia resuelta, al menos temporalmente con la muerte política de la Lega y de Salvini, los ojos vuelven a dirigirse a España ante la incapacidad manifiesta de las principales fuerzas políticas a llegar a acuerdos globales en torno al gobierno central del país, que parece vivir en una dinámica diferente a lo que lleva años ocurriendo a nivel local y autonómico. Así, ocho años después del primer aviso del desgaste del bipartidismo imperfecto en las urnas, que se confirmó en las elecciones de 2015, los partidos políticos siguen adoptando pautas de mayorías parlamentarias más potentes que las que se empeñan en arrojar las urnas desde hace cuatro años.

En el momento de elaboración de este post había algunas certezas clara: Por un lado, la negativa de UP a dar un apoyo gratuito a los socialistas para que gobiernen. Por otro, las posiciones de los portavoces del Gobierno y del PSOE, que parecen asumir como destino más probable la repetición de las elecciones generales tras una gestión de la investidura que, sobre todo, ha vuelto a poner el nombre de Iván Redondo sobre la mesa. En medio, la amplificación del juego del gallina hasta lo que parece el penúltimo capítulo de una desconfianza y un ajuste de cuentas entre partidos que, por encima de ser socios de espacio ideológico, se consideran rivales respecto a su capacidad de atracción de un mismo tipo de electorado.

Así, y a pesar de los temores que, en privado, se pronuncian respecto a una victoria del centroderecha gracias, sobre todo, a la desmovilización del electorado progresista en el caso de una repetición de las elecciones, en público todo apunta a que se mantendrá el órdago hasta el 23 de septiembre,  todo apunta a una nueva repetición de las elecciones que podría conseguir la cuadratura del círculo: En un contexto de fragmentación del voto en el espacio del centroderecha, con un PP muy debilitado que, sin embargo, ha salvado los muebles amarrando los gobiernos del Ayuntamiento de Madrid y de la Comunidad, los populares podrían volver al Gobierno de España como consecuencia, sobre todo, de la estrategia desplegada por los líderes de los partidos de centroizquierda.

Los datos de las encuestas publicadas a lo largo del mes de agosto no recogen grandes cambios en relación a las expectativas electorales de los diferentes partidos. Es decir, a pesar del bloqueo político y de la guerra de guerrilla diaria entre los portavoces de los diferentes grupos políticos, el electorado no manifiesta una voluntad de cambio del sentido del voto respecto al 28A salvo en dos tendencias: El refuerzo de las opciones del PP, que trata de liderar el espacio del centroderecha apelando a fórmulas electorales como España Suma (con la que pretende evitar el castigo que supone la fragmentación del voto en las circunscripciones menos pobladas) y de un PSOE que se sitúa claramente por encima del 30% de estimación de voto.

Así, los socialistas se moverían en torno al 34,53% de apoyo (31,15% si eliminamos el factor distorsionador que vuelve a introducir la estimación del CIS), -2 puntos en relación a la estimación del mes de julio pero +5,85 si tenemos en cuenta los datos que arrojaron las urnas el pasado mes de abril. De acuerdo con el dato de Celeste-tel, pasaría de 123 a 129 escaños, a la espera de repetir fórmulas de negociación con un UP más debilitado o con un C’s al que estos meses de bloqueo le pasa factura.

UP se movería en torno al 13.4% de estimación de voto (13,6% si eliminamos la proyección del CIS), dato que no se aleja demasiado del 13,85% estimado hace un mes y que le sitúa un punto por debajo del apoyo obtenido en las últimas elecciones generales. En la retina, en coste político de su negativa a dar un cheque en blanco al PSOE, a pesar del mensaje instaurado en torno a un refuerzo de las derechas (entre ellas la ultradereha), y la percepción de que el partido estuvo dispuesto incluso a sacrificar a su líder con tal de conseguir sillas en el próximo Consejo de Ministros.

En el flanco del centroderecha, encontramos un refuerzo paulatino del PP, al que sigue sin pasarle factura, aparentemente, las informaciones en torno a Isabel Ayuso, una de la baronesas del partido por carambola, o de la imputación de sus madrinas políticas en el PP madrileño. El partido de Pablo Casado se mueve en torno al 17,03% de apoyo (18,7% si prescindimos del dato de estimación del CIS), con un líder que poco a poco va reforzando posiciones respecto a sus votantes (62,8% de apoyo entre sus votantes de acuerdo con el barómetro de Simple Lógica de agosto, despuntando respecto a los datos que obtenían Santiago Abascal y Albert Rivera en esa base electoral) y que ha establecido dos prioridades: Dominar el discurso en su flanco ideológico (y ahí situamos la proyección de Cayetana Álvarez de Toledo) y dejar claro que su objetivo es promover una vuelta de un electorado natural que optó por otros partidos en las elecciones celebradas entre 2011 y 2019.

C’s, por su parte, se convierte en uno de los partidos damnificados de la temporada. Albert Rivera, completamente desaparecido durante el mes de agosto por decisión propia del partido, bajaría al 13,8% de los apoyos (14,6% si eliminamos el CIS), un punto por debajo de la media registrada el pasado mes de julio. Respecto a las elecciones, C’s se deja 2 puntos porcentuales, mientras aumenta la lista de personalidades que abandonan progresivamente la formación, que pivota por completo en torno a la figura de un Albert Rivera que, hasta el momento, no parece dispuesto a tender puentes con los socialistas a pesar de los mensajes lanzados desde Moncloa.

VOX, por último, se mantiene estable en un 7,9% de media (7,8% el pasado mes de julio). Según datos publicados recientemente por DYM, sus votantes serían los más proclives a explorar una fórmula electoral como la que representa España Suma dirigida, sobre todo, a superar el castigo a la fragmentación política en las provincias que menos diputados aportan. Si tenemos en cuenta dónde son fuertes, mayoritariamente, PP y VOX, tenemos la constatación de por qué estos partidos son los que más empujan en esta dirección frente a un C’s que se resiste a extender la fórmula más allá de Navarra y Euskadi, dos de las CCAA donde son más débiles electoralmente.

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Politóloga y periodista en transición
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