O reforzo do bipartidismo

Madrid | 13 de xuño. Hai un mes, as enquisas daban por morto ao PSOE fronte a Ciudadanos, o partido de moda desde que se agudizou a crise catalá e o mellor situado para substituír ao Partido Popular no momento no que Mariano Rajoy convocase eleccións. Hoxe, Ciudadanos quedou tocado tras unha moción de censura que se gañou por sorpresa e que lle deu a Pedro Sánchez a oportunidade de redimirse como líder coa formación dun goberno pensado para competir polo centro ideolóxico.

[El resto del análisis se puede leer en Adiante, una medio digital gallego en el que he comenzado a colaborar]

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GAD3: El bipartidismo se refuerza con el PSOE como primera opción

El declive de Mariano Rajoy y, sobre todo, su manera de perder el poder apuntaba a que podríamos estar ante un punto de inflexión para las opciones electorales del PP, sobre todo ante la evidencia de que tampoco C’s se proyectaba como una opción ganadora en pleno shock popular. Las primeras encuestas sobre intención de voto publicadas tras la moción de censura del PSOE confirman la sospecha y apuntan a que la composición del Gobierno de Pedro Sánchez estaría apuntalando un efecto honeymoon (luna de miel) favorable al partido en el Gobierno, que parece haber optado por recuperar el centro político de cara al próximo ciclo electoral.

Pedro Sánchez parece dispuesto a asumir el riesgo que supone dejar todo el flanco de la izquierda para el crecimiento de un Unidos Podemos que estos días confirma que ha perdido todo control sobre la agenda mediática mientras comienza a denunciar que Sánchez no ha tenido en cuenta los apoyos conseguidos para ganar la moción de censura en la formación del Gobierno y se plantea reclamar un pacto programático para garantizar el apoyo parlamentario a los socialistas.

El sondeo de GAD3 para el diario ABC confirma estos dos escenarios, con una recuperación evidente de los partidos que protagonizaron el bipartisimo político español desde la Transición política y una caída en la expectativa de voto de la nueva política. Como viene sucediendo durante toda la legislatura, las pérdidas de UP se traducen, sobre todo, en un aumento en las expectativas del PSOE, que también se nutre de parte del voto que pierde C’s. Sin embargo, el gran beneficiado de la caída de la formación de Albert Rivera vuelve a ser el partido que ha engrosado las estimaciones de voto más abultadas para la formación morada, a la espera de que Génova dé con un liderazgo capaz de afrontar lo que queda de la legislatura desde una opción ganadora.

Con un 28.8% de intención de voto, el PSOE sería primera fuerza política con 118 diputados. En esta ocasión, la aplicación de la Ley D’Hondt no le pasa una gran factura, como sí ocurría cuando C’s competía por ser primera fuerza con el PP, por la capacidad de penetración de los socialistas en las circunscripciones menos pobladas. Según GAD3, el PSOE podría obtener un resultado parecido al que consiguió en 2011 pero con mayor atribución de diputados (118), en lo que constituiría el mejor resultado para los socialistas desde la segunda victoria electoral de José Luis Rodríguez Zapatero en 2008. Respecto al anterior sondeo, con Mariano Rajoy en La Moncloa, el PSOE sube 5.1 puntos; veremos si las primeras medidas del Ejecutivo Sánchez contribuyen a ese efecto luna de miel.

El PP, con el 25.6%, se asienta como segunda fuerza política tras frenar la sangría de votos; este dato, que se parece al 25.8% atribuido por GAD3 en el anterior estudio publicado, aporta pistas sobre el desgaste de la marca popular, que podría haber encontrado impulso en la moción de censura que les habría expulsado del poder. La noticia más importante, sin embargo, tiene que ver con C’s, que no sólo se aprovecha de los problemas del PP, sino que cae respecto a las últimas estimaciones de voto, lo que confirma la situación de locura en la que parece haber entrado la política española. La decisión de Sánchez de disputar el centro político a la formación naranja bloquea a C’s su capacidad de crecimiento, obligándole a competir en el espacio del centroderecha, donde el PP está muy cómodo en estos momentos.

Con un 21.1% de intención de voto, C’s sigue muy por encima del resultado conseguido en las últimas elecciones generales (+8.1 puntos) pero pierde-4.5 puntos respecto a la última estimación de voto de GAD3, que situaba a la formación en plena competencia con el PP por la primera plaza. La lista de Rivera se movería en torno a los 70 escaños, que ya no serían suficientes para armar una mayoría alternativa suficiente con el PP (171 diputados), por lo que se agudiza la pérdida de influencia en lo que resta de legislatura.

En este contexto hay que volver los ojos a UP, que ofreció el apoyo a la moción de censura de Sánchez sin condiciones dos años después de que las exigencias de Pablo Iglesias ayudara a abortar el acuerdo de gobierno que habría impedido la investidura de Rajoy. La formación morada, que estos días presenta problemas en Andalucía, cae a la cuarta posición con un 13.1% de intención de voto (-1.7 puntos respecto al mes de marzo) y que pasaría de 71 a 34 diputados, en una transferencia de voto claro al PSOE, que gana 34 diputados.

Estamos ante un resultado claramente insuficiente para volver a reeditar por sí mismo un acuerdo suficiente para reeditar un acuerdo de moción de censura como el que ha llevado a Sánchez a La Moncloa. La suma de PSOE y UP sería de 152 escaños, tres menos de los 155 que suman en la actualidad, por lo que Ferraz volvería a depender de la decisión de los nacionalismos periféricos, que volverían a ser fundamentales para marcar la agenda.

Así, cobra interés el apoyo al resto de formaciones parlamentarias: ERC pasaría de 9 a 13 diputados y PdeCat de 8 a 5; en Euskadi, el PNV repetiría sus 5 diputados actuales (que serían suficientes ante un hipotético acuerdo de centroderecha entre PP Y C’s) mientras que EH-Bildu sumaría un escaño a los dos actuales. Por su parte, CC mantendría su diputado actual.

El sondeo de GAD3, realizado a partir de 800 entrevistas recogidas entre los días 7 y 8 de junio, confirma que la mayor parte de la ciudadanía estaba a favor de convocar nuevas elecciones generales, en línea con lo defendido por C’s entre la publicación de la sentencia del caso Gürtel y la votación de la moción de censura. En 69.1% era partidario de esta opción, que era unánime entre los votantes de C’s (90.8%) y del PP (87.1%), pero también mayoritaria entre los electores del PSOE (55.6%) y de Unidos Podemos (50%). Sin embargo, esta opción favorable a un adelanto electoral no parece ir en consonancia con la opinión electoral ante el PSOE, lo que apunta a la posibilidad de un periodo de gracia para confirmar si hay cambios con el nuevo Ejecutivo de Sánchez.

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Sociómetro: El PNV sigue intratable y C’s lograría representación en Euskadi

Desde hace años, la situación política en Euskadi sigue estable a pesar del protagonismo del PNV en la política nacional a pesar de la irrupción de la nuva política, que en teoría venía a sustituir a los nacionalismos periféricos como bisagras del sistema político español, y de la desaparición de ETA. A la espera de la publicación de nuevos sondeos sobre intención de voto, la legislatura vasca transcurre con tranquilidad centrada en leves cambios respecto a los últimos resultados electorales y en comparación con las encuestas que se publican periódicamente.

Por un lado, estaríamos ante un reforzamiento del PNV, un aumento de poder que no le pasa factura tampoco a su socio de Gobierno, el PSE. Por otro, se trasladaría el desgaste del PP, del que se estaría beneficiando C’s, que tiene todas las papeletas para ocupar el hueco que dejó UPyD, con la posibilidad de conseguir un escaño por la provincia de Álava. Y todo ello con una caída de Podemos, que tampoco es dramática en comparación con lo que estaría ocurriendo en otros territorios.

De acuerdo con los datos del barómetro del Gobierno vasco, publicado en el mes de abril a partir de 1973 entrevistas realizadas entre los días 26 de febrero y 5 de marzo, el PNV volvería a ser la primera fuerza en la Cámara vasca con 30 diputados, dos más de los que tiene en la actualidad y con una subida de un diputado en comparación con los datos publicados en verano del año pasado.

A la espera de compulsar los datos de la aceleración de la legislatura que ha acabado con la moción de censura y el Gobierno de Pedro Sánchez con el apoyo inestimable del PNV en el Congreso de los diputados, los jeztales se consolidan como la opción preferida de los vascos, aumentando su distancia respecto a sus competidores, aunque estarían por debajo de la estimación de voto de Gizaker de hace unas semanas.

EH-Bildu seguiría como segunda fuerza con 18 escaños, los mismos conseguidos en las elecciones de septiembre de 2016, mientras Podemos, a pesar de sus problemas internos, sólo se deja un escaño y sigue asentado en los 10 asientos. El PSE, por su parte, repite los 9 diputados conseguidos en las últimas elecciones, lo que ayudaría a allanar un nuevo acuerdo de gobierno en el caso de que unos comicios arrojaran unas mayorías similares.

Sí hay cambios en el PP, que se deja dos diputados respecto al último sondeo sobre intención de voto publicado por el Gobierno Vasco confirmando, así, el daño que le ha supuesto el conflicto catalán y C’s como principal partido de la oposición en ese marco. Como en el resto del país, la formación naranja se beneficia del desgaste popular y podría entrar en el parlamento vasco con un diputado. Respecto a los datos de Gizaker, el Sociómetro aporta un diputado más a la lista que encabezaría Alfonso Alonso, confirmándose que C’s no tendría demasiada capacidad de crecimiento en Euskadi, algo que podría estar reproduciéndose también en Galicia.

Por provincias, éste es el reparto de diputados del Sociómetro:

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  • En Alava, el PNV sería primera fuerza política con el 29.8% de los votos y 8 diputados, los mismos conseguidos en las urnas hace dos años. Esta situación de estabilidad se extiende a EH-Bildu, que seguiría como segunda fuerza con el 19.2% de los apoyos y 5 diputados; a Podemos, que aguantaíra con 4 escaños; y al PSE, que con el 12.6% lograría 3 asientos. Como apuntábamos, el cambio en esta circunscripción vendría de la mano del PP, que se deja uno de sus 5 escaños con un 15.7% de los apyos (tercera fuerza) que pasaría a computar como C’s, que entraría en la Cámara Vasca con el 5.3% de la representación.
  • En Vizcaya, el único cambio que se registra es el aumento de un diputado en la lista del PNV, que pasa de 11 a 12 escaños, que es el que pierde Podemos, que se queda como tercera fuerza, con el 12.7%, casi empatando con el PSE. El resto de formaciones logran el mismo reparto de diputados que el que salió de las urnas.
  • En Guipúzcoa, el PNV suma un diputado con el 36% de intención de voto, y pasaría de 9 a 10 escaños. Es la provincia en la que el segundo partido se queda más cerca del primero, y en este caso vuelve a ser la izquierda abertzale la que se se queda a 8 puntos de los jetzlales (28% de los votos y 8 escaños). El PP, por su parte, cede un diputado con el 6% de intención de voto, mientras que Podemos y el PSE vuelven a repetir con 3 diputados y un porcentaje de voto muy similar.

Guipúzcoa es la provincia con mejor dato de participación que, a dos años de las elecciones, no pasaría de una previsión del 60%.

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Un Gobierno para ganar el centro político

Primeras imágenes del gabinete elegido por el presidente del Gobierno tras una semana de sucesión de gestos, entre los que destacan el compromiso con la igualdad de género, la elección de técnicos como ministros y el intento de apaciguar internamente el partido,  y de control de la agenda mediática. Tras ganar una moción de censura imposible, Sánchez se ha dedicado a formar un gobierno con un mensaje muy claro: El PSOE está preparado para disputar el centro político a C’s, dejando un amplio margen a su izquierda que puede capitalizar Unidos Podemos, si es que el partido que lidera Pablo Iglesias quiere tomar nota en algún momenot.

Este mensaje se ha ejecutado a partir de una estrategia que avanza datos de lo que será la comunicación del nuevo Ejecutivo. Así, primero se filtraron los nombres de las personas llamadas a ocupar los 17 ministerios que compondrán este gobierno, como si de un programa de televisión se tratara de manera que, durante tres días, se combinaron los nombres que figuraban en las quinielas de los periodistas, especialmente relacionados con miembros del PSOE que han acompañado a Pedro Sánchez durante su segundo mandato, con las sorpresas de un Gobierno en el que abundan los candidatos independientes.

Especialmente significativo es este grupo, entre los que destacan los nombres de Fernando Grande-Marlaska, Pedro Duque, Teresa Ribera, Dolores Delgado, Màxim Huerta o Nadia Calviño, una superfuncionaria de la UE que, junto al resto de personalidades, bien podría haber formado parte de un hipotético Gobierno formado por Albert Rivera, con un gesto también hacia el lobby homosexual: Dos de los 17 ministros son gays declarados y el titular de Interior, incluso, saludó en público a su marido durante el acto de toma de posesión de la cartera ministerial.

Una vez publicada la foto oficial del primer Consejo de Ministros, los hechos: El más evidente, la presencia mayoritaria de mujeres (11 de 17) al frente de las carteras del nuevo Gobierno,  en lo que constituye un récord respecto al resto de gobiernos de países de la UE. Además, en esta ocasión la cuota femenina se extiende a las carteras de mayor peso (Economía, Hacienda, Defensa), en lo que constituye el mensaje más potente de que alguien ha tomado nota del impacto del movimiento feminista en España y que podría avanzar cierto interés por el peso decisivo de las mujeres en las próximas citas electorales, como bien sabe el zapaterismo.

Sánchez asumió  en primera persona el mensaje que se había lanzado con la huelga feminista del 8 de Marzo, que el PSOE no respaldó, y toma la delantera para capitalizar esa movilización que es muy posible que el resto de formaciones políticas haya minusvalorado a pesar de los mensajes producidos durante aquella misma jornada.

El presidente del Gobierno, que llevaría un año ajustando la composición de este gobierno, según ha filtrado su entorno, lanzó varios mensajes a propios y extraños. Al exterior, Sánchez certificó su abandono su vinculación con la izquierda ideológica (si es que alguna vez nadó en esas aguas) para elegir un gabinete de liberalsocial, muy en la línea de la deriva política que asume Emmanuel Macron y en la estela de lo que trató de hacer Mateo Renzi en Italia. En un contexto en el que Bruselas sigue con atención lo que ocurre en Italia, Sánchez deja claro que Madrid no tiene nada que ver con Roma en estos momentos, ni tampoco, de paso, con lo que significa el Gobierno de Antonio Costa en Portugal o la oposición laborista de Corbyn en Reino Unido.

Sánchez prescinde de sus fieles  

El presidente del Gobierno, que parece haber aprendido de la falta de apoyos mediáticos que le ha acompañado desde que ganó sus primeras primarias, en verano de 2014, ha aglutinado a su alrededor a personalidades de la empresa privada que goza de buena imagen y predicamento en la sociedad civil, lo que ayuda a esxplicar por qué albert Rivera ha dado la orden de no atacar al Ejecutivo o por qué Luis Garicano intentó apuntarse la medalla de la falta de profesionalización política de este Ejecutivo (a pesar de que C’s votó en contra de la moción de censura liderada por el propio Sánchez).

Además de capitalizar la ola feminista y la de la desprofesionalización de la política, Sánchez lanzó varios mensajes hacia el interior del partido. A pesar de las quinielas, su entorno no ha sido especialmente beneficiado en el reparto de carteras y de Secretarías de Estado, lo que podría venir explicado por el escaso nivel de los dirigentes sanchistas atesoran en general. El nombre de Margarita Robles circuló durante días porque no le encontraba acomodo en ningún ministerio y Adriana Lastra se quedó como portavoz parlamentaria del PSOE, lo que augura grandes momentos por su capacidad para provocar problemas con sus propias declaraciones.

El golpe definitivo para el entorno que acompañó a Sánchez durante las primarias fue el nombramiento de Iván Redondo, consultor contratado por Sánchez en septiembre de 2016 como asesor, como jefe de Gabinete del presidente del Gobierno. La elección de Redondo, que estuvo vinculado al PP vasco, catalán y extremeño, desideologiza aun más un puesto muy desconocido pero que es fundamental para engrasar negociaciones y acuerdos que lleven la firma del presidente del Gobierno.

El nombramiento de Iván Redondo, que no se caracteriza precisamente por su discreción, lanzó un mensaje claro al núcleo que había rodeado a Sánchez durante las primarias y después: Se rompía la tradición de nombramiento de personalidades vinculadas al líder, con quien establece una relación simbiótica, y se opta por innovar en un puesto que en su momento ocuparon Jorge Moragas y Enrique Serrano con Mariano Rajoy y Zapatero respectivamente. Para los aficionados a The West Wing, es como si Jedd Barlet prescindiera de Leo McGarry para nombrar a Bruno Gianelli como jefe de su gabinete.

El hombre de confianza de Sánchez en Ferraz, Juanma Serrano, quedaba descabalgado, como también su jefa de Comunicación. Sánchez sacrificaba también a su amiga Maritcha Ruiz, dircom del PSOE antes de la dimisión de Sánchez y nombrada de nuevo tras las primarias, se queda finalmente en Ferraz pese a sus deseos. El cargo de secretario de Estado de Comunicación lo ocupará Miguel Angel Oliver, periodista de Cuatro muy vinculado también al grupo Prisa, en el que creció profesionalmente.

La fotografía de la primera reunión del Gobierno permite seguir la pista de los nombramientos de personalidades que estuvieron vinculadas con José Luis Rodríguez Zapatero (Carmen Calvo, como vicepresidenta, Teresa Ribera) y Alfredo Pérez Rubalcaba (Meritexell Batet, Carmen Montón o Magdalena Valerio), mientras que sólo Abalos y Margarita Robles fueron recompensados con carteras ministeriales.

Más datos: Se equilibra la presencia de la cuota orgánica que, en algún caso, como el de Isabel Celaá, ex consejera de Educación con Patxi López, se combina con su propio bagaje profesional, mientras se filtraron ofertas de entrar en el Gobierno a Guillermo Fernández Vara (que apostó por López en las primarias). Asimismo, el socialismo andaluz encuentra su representación en María Jesús Montero, ex consejera de Hacienda, que ocupa la cartera que hereda de Cristóbal Montoro, o de Luis Planas, rival de Susana Díaz en las primarias, como titular de Agricultura.

Sánchez refuerza poco a poco la idea de un partido presidencialista con muy escasa conexión con unos territorios que todavía siguen sin pacificar tras la batalla interna de las primarias celebradas hace un año. El presidente del Gobierno opta por establecer dos esferas de poder (la del Gobierno y la del partido), a la espera de que no choquen entre sí con la propia dinámica de acción diaria. El primer aviso, por cierto, llegó desde Asturias y Aragón contra los mensajes lanzados por la nueva titular de Transición Ecológica sobre la energía nuclear y el futuro del carbón.

Objetivo: Ganar el centro político

Tras conocerse la composición del Ejecutivo parece que Sánchez agotará la legislatura, un mensaje en el que han insistido este fin de semana Calvo y Ábalos pero que tampoco puede certificarse del todo. Es cierto que Sánchez ha debido ofrecer estímulos muy potentes a los ministros que no proceden del ámbito político para que aceptaran un cargo que habrían declinado Rafael Bengoa (ex consejero de Sanidad de Patxi López y colaborador de Barak Obama en la reforma sanitaria de EEUU) o Jordi Sevilla, aunque en Moncloa niegan que se llegara a realizar el ofrecimiento formalmente.

En teoría, un gobierno de estas características debiera llevar aparejada una duración de al menos un par de años antes de las elecciones, una idea que se refuerza, además, por el propio ciclo electoral, que hará coincidir las elecciones autonómicas, municipales y europeas en mayo de 2019, con la propia dinámica de país: La primera medida del Consejo de Ministros de Sánchez fue un gesto a normalizar la situación con Cataluña, un argumento que ha dado alas a la oposición para arremeter contra el Gobierno de Sánchez  pero que estaba incluida en la propia arquitectura diseñada para aplicar el art. 155 de la Constitución tras el referéndum del 1 de octubre. Por si quedaba alguna duda, Batet insistió este sábado en la reforma de la CE como el mecanismo para solucionar el conflicto territorial abierto.

De esta manera, aunque es posible que Sánchez pueda barajar la idea de agotar legislatura, no sería en absoluto descartable que pudiera hacer coincidir las elecciones generales, previstas para junio de 2020, para mayo de 2019, de manera que se intentaría capitalizar el impulso del cambio que se proyecta desde Moncloa para asegurarse los próximos cuatro años. Con el PP buscando líder y con C’s y UP digiriendo el nuevo tiempo político, el PSOE es el único partido que aparece asentado en estos momentos.

Cien días de cortesía con todo a su favor

Era tradición que los presidentes del Gobierno recibieran 100 días de gracia por parte de la oposición para dar tiempo a su equipo a aterrizar y comenzar su acción de gobierno. Desde la época de Zapatero, ese periodo se ha ido reduciendo progresivamente hasta el punto que tanto el PP como C’s reaccionaron en horas al anuncio de que el Gobierno retirará el control del FLA sobre las cuentas de la Hacienda catalana, una medida imbricada con la aplicación del art. 155 por decisión del anterior Gobierno.

Sin embargo, Moncloa cuenta con varios puntos a su favor: El más evidente, la marcha de Mariano Rajoy, que deja descabezado al PP hasta, al menos, el próximo mes de julio. Eso explica la distorsión entre los mensajes que lanzan los digientes encargados de la comunicación agresiva (Rafael Hernando como exponente máximo) con la acción del resto, que parecen más centrados en ver si finalmente Núñez Feijóo da el salto a la política nacional. Este periodo extraño, que coincide con un intento nada disimulado de algunos medios cercanos al centroderecha de demandar una confluencia entre PP y C’s, viene certificado con la propia estrategia de C’s, que debe reacomodarse al nuevo momento.

Los primeros sondeos confirman que una gran mayoría de españoles ve con buenos ojos la moción de censura y el Gobierno que salió de la misma. Así, un sondeo de My Word para la Cadena SER recogió hace unos días que el 42.8% considera que el nuevo Ejecutivo lo hará mejor que el último Gabinete de Mariano Rajoy, que no se caracterizó precisamente por su gran conexión con la sociedad.

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De esta manera, Sánchez se convierte en el líder nacional mejor valorado (4.6), con Rivera cayendo en la segunda plaza (4.1) y con Pablo Iglesias en el 3.2 de valoración. Asimismo, se pone el acento en la mejora de aspectos sociales (empleo, pensiones, pobreza o lucha contra la corrupción) frente a los aspectos duros (Cataluña) que benefician más a C’s o al PP en su oposición.

Este retrato permite al Gobierno de Sánchez tomar aire ante los próximos meses, sobre todo si, además, se encuentran con unos medios que no ocultan su apoyo al cambio político que, en algún caso, como en el de El País, coincide con un cambio en la dirección del rotativo y, en teoría, con la promesa de una nueva relación con Sánchez.

CODA. Recomiendo leer el análisis que Fran Delgado realiza en su blog de la composición del nuevo Gobierno. Comparto especialmente este fragmento, porque sobre estos marcos pivotará el resto de la legislatura:

“Se trata de un Gobierno que si se mira de manera global se obtiene una apreciación distinta de que si se hace observando a sus componentes uno a uno. Sin duda la imagen del Gobierno es muy potente; la mayor presencia femenina ofrece una frescura inusual en la historia de España; el fuerte carácter técnico-político nos habla de un Gobierno pensado para afrontar los dos años que quedan de legislatura con garantías; y la modernidad que desprende respecto a otros Gabinetes anteriores asusta. En su composición ha sido capaz de jugar con diferentes barajas a distintos niveles. Este Consejo de Ministras hace atractivos guiños de manera individual a colectivos de diferentes sectores que tienen desiguales intereses entre sí y que parecen tener un difícil encaje de forma colegiada. Ofrece una propuesta que parece prometer soluciones conjuntas que se basan más en la propia imagen que desprende que en el discurso político que plantea. El triunfo del marketing político nos brinda un Gobierno elegante, de aspecto aseado, con olor a perfume de cierto caché, innovador, con look de solvencia, renovado, con aires de consagración y triunfo de la sociedad meritocrática e ínfulas de ejecutivo guay.Parece impecable. Aunque lo realmente interesante está en la imagen que devuelve. Frente a esta representación de una marca España moderna, de aspecto dinámico y saludable, a la derecha le queda, por un lado, el PP de las viejas glorias de mantilla de corpus christis y caballeros legionarios cantantes de novios de la muerte y, por otro, un Albert Rivera perdido al que su otrora moderno traje de firma de pronto despierta tristeza y una figura viejuna de olor a naftalina. A la izquierda aparece un Podemos descolocado que recuerda a pañuelos palestinos, puños en alto y chaquetas de pana raídas”

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Rajoy da un paso atrás y Feijóo emerge como el favorito para sucederle

Mariano Rajoy no será la persona que pilote la estrategia de tierra quemada contra el Gobierno de Pedro Sánchez que avanzamos. Este martes, en la reunión del Comité Ejecutivo, anunció que abandona la presidencia del partido por su bien y por el bien de España: “Durante más de 30 años he servido al PP en distintos cargos e instituciones, por ninguno he peleado para desplazar a nadie y he cumplido siempre con mi deber. Ha llegado el momento de poner punto y final a esta etapa. Es lo mejor para mí, para el PP y para España”. Rajoy abría la puerta a la celebración de un congreso extraordinario que elija a su sucesor, que será el encargado de la renovación del partido.

En su estilo, Rajoy realizó un repaso por los méritos de su Gobierno, entre los que incluyó haber acabado con ETA (“Mi Gobierno no respondió nunca a las llamadas de ETA, ni negociamos ni hubo concesiones. Su derrota es fruto de la fortaleza, la determinación y la convicción democrática de los españoles.”); insistió en el argumentario que confunde los sistemas presidencialistas con los parlamentarios (“hoy gobierna en España quien no ha ganado unas elecciones generales nunca, supone un grave precedente. Y para hacerlo se acompaña de independentistas y la izquierda radical y populista. Es un proyecto débil, incierto e inestable”); y eludió cualquier autocrítica en torno a la corrupción política cuya senda marco la sentencia del caso Gürtel, consideradoel mito fundacional de este nuevo tiempo político en el que Sánchez sigue esbozando, gota a gota, la composición de su Gabinete.

Tras los aplausos de los suyos, que camuflaron las manifestaciones off the record que pedían que Rajoy reaccionara marchándose para recuperar unas siglas muy desgastadas por la corrupción, el ex presidente del Ejecutivo confirmó que seguirá con lealtad a su sucesor como militante, en lo que se consideró un aviso a navegantes ante la comparecencia de José María Aznar, prevista para por la tarde, y que no defraudó.

Aznar aseguró que “no es militante de nada y que no se siente representado por nadie” y se ofreció, desde su posición, a contribuir a liderar un proyecto de centroderecha mientras pasaba por encima de la corrupción política en el PP que se fraguó, precisamente, durante sus años de presidencia del partido. La última puñalada a Rajoy por parte de Aznar, que durante meses ha estado coqueteando con Albert Rivera y C’s, formación que, quizás, ahora está más en conexión con sus pronunciamientos en lo que podría constituir otra brecha más a la competencia que se abre en el centroderecha español tras el triunfo de la moción de censura, que parece que ya no podrá contar con la aquiescencia mesiánica de El País.

La despedida de Aznar, que consuma una ruptura entre ambos líderes fraguada con los años, no tuvo nada que ver con la que le dispensó el líder de Podemos, Pablo Iglesias (“Rajoy no se ha ido, le ha echado la gente que no perdió la esperanza y que no dejó de pedir una moción contra la corrupción. Con todo, se retira un político elegante e inteligente que sabía escuchar. Fue un honor ser su rival y combatirle políticamente. Se ganó mi respeto”), o desde el PNV, con esta valoración de Andoni Ortuzar: “Más allá de la política y sus vaivenes, de nuestros acuerdos y discrepancias, valoro en él a la persona y su talante, que conmigo ha sido siempre impecable”. Poco que ver con la valoración del líder de C’s, Albert Rivera, socio parlamentario preferente de Rajoy durante la legislatura y que confirmó así una brecha cada vez más amplia con los populares:

Feijóo emerge como el gran favorito para la sucesión 

Nada más conocerse la noticia de la renuncia de Rajoy, que permanecerá al frente del PP el tiempo necesario para llevar a cabo la renovación, los ojos se han vuelto a Alberto Núñez Feijoo, presidente de la Xunta, que este lunes se ofreció a dar un paso al frente si había consenso entre sus compañeros. Su nombre lleva meses flotando en los mentideros de Madrid, especialmente por el bagaje político que aporta: Es el único barón del PP que logró amarrar la mayoría absoluta en las últimas elecciones autonómicas gallegas y, a diferencia de otros, ha eludido las polémicas con las decisiones de la dirección nacional, al menos en público.

En las apuestas sigue apareciendo también Soraya Sáenz de Santamaría como el relevo natural de Rajoy, aunque cuenta con un problema muy importante en un partido tan jerarquizado como el PP: No tiene con el apoyo unánime de los líderes y cuadros del partido y su radio de acción se limitaba al Gobierno, ahora desactivado. También tendrá muy difícil destacar en el Grupo Parlamentario Popular, donde los partidarios de María Dolores de Cospedal, otro de los nombres habituales en las quinielas, ya han filtrado que no entenderían que Rafael Hernando fuera relegado a un segundo plano para que Santamaría tomara un tono presidenciable de cara a liderar el partido.

La enemistad manifiesta entre Santamaría y Cospedal, unido a las pocas ganas de guerra interna que habitualmente suele haber en el PP en público, deja el camino despejado a Feijoó, según admiten fuentes del PP citadas por La Vanguardia, que podría tomar las riendas del partido a partir del próximo mes de julio y que viviría una situación idéntica a la de Sánchez desde su resurrección política al frente del PP: No es diputado, por lo que no podría escenificar la oposición al presidente del Gobierno desde el Congreso de los Diputados, que tomará gran relevancia en lo que queda de legislatura por la labor de bloqueo que ejecutará el Senado, donde el PP tiene mayoría absoluta.

Su elección, en cualquier caso, podría significar que Génova comienza a asumir la pérdida de poder ejecutada el pasado viernes, en la moción de censura, y que estaría dispuesta a una digestión pausada y, sobre todo, en clave de construcción de futuro. Será interesante ver los movimientos de Hernando y de la propia Cospedal y si optan por una oposición centrada en C’s o en el PSOE, al menos en este tramo de la legislatura y a dos años de las próximas elecciones generales.

Pedro Sánchez, que sigue perfilando su Gobierno, podría cocerse en su propia salsa tras los primeros movimientos de los partidos que apoyaron la moción y que no ven con buenos ojos, por ejemplo, la elección de Josep Borrell como ministro de AAEE, o la de Nadia Calviño, una superfuncionaria de la UE que se ocuparía de la cartera de Economía y que carece de cualquier veleidad de izquierdas.

El resto de nombres confirmados proceden de las filas de personas vinculadas al zapaterismo (Carmen Calvo, que pasa a ser vicepresidenta y responsable de Igualdad, o Teresa Ribera, que será titular de la cartera de Medio Ambiente y Energía) y a la etapa de Alfredo Pérez Rubalcaba (Carmen Montón, nombrada ministra de Sanidad tras filtrarse que estaba dentro Rafael Bengoa, ex consejero de Sanidad de Patxi López, que trabajó en EEUU en la reforma sanitaria de Barak Obama), y engloba también intentos de coser el partido. Es lo que está detrás de la elección de Meritxell Batet como ministra de AAPP o de María Jesús Montero como titular de Hacienda.

En alquier caso, la marcha de Rajoy ha confirmado la costumbre española de enterrar bien a los muertos en política, una afirmación que realizó en su momento Alfredo Pérez Rubalcaba y que se volvió a repetir este martes. Buena parte de los análisis se centraron en destacar la personalidad y liderazgo de Rajoy en comparación a su antecesor en el PP, sobre todo en el momento en el que tomó las riendas del poder. Asimismo, circunscriben los problemas con la corrupción en un partido a una falta de reflejos en su momento, pasando por encima que Rajoy y otros miembros de la dirección actual, como Javier Arenas o el propio Rafael Hernando, estaban ahí cuando se sucedía Gürtel, los papeles de Bárcenas y demás casos.

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El PP avanza una oposición de tierra quemada contra el Gobierno de Sánchez

Los más veteranos recuerdan (recordamos) cómo fue la oposición del PP de Mariano Rajoy tras las elecciones generales de 2004 tras una gestión nefasta del atentado del 11 de marzo que dio un vuelco a las encuestas publicadas que confirmaban que los populares estaban muy cerca de volver a ganar los comicios. Entre 2004 y 2008, José Luis Rodríguez Zapatero recibió una oposición de artillería basada en la idea de que era un presidente del Gobierno ilegítimo que había llegado a La Moncloa aupado por unos atentados que causaron casi 200 muertos en Madrid.

Esa infamia, que contaba sobre todo las dificultades del PP para superar sus propios problemas y asumir que buena parte de su derrota en 2004 se debió a la percepción de amplias capas de la sociedad del intento de manipular un acontecimiento dramático en su beneficio por motivos electorales, tuvo momentos que las elecciones de 2008, con refuerzo del PSOE, fueron enterrados convenientemente en los años posteriores, sobre todo por la vinculación de sus protagonistas con los casos de corrupción que ahogan al PP.

Así, en ese periodo, el triunvirato formado por Mariano Rajoy, Eduardo Zaplana y Angel Acebes, y sus medios afines, alentaron movilizaciones contra el PSOE por sus políticas (Educación para la ciudadanía, Ley del aborto, negociación con ETA, Estatut, Memoria Histórica) en un ejemplo de exageración de las diferencias para que, en el fondo, todo permaneciera igual: No hubo acercamiento de presos de ETA como ocurrió entre 1996 y 1998, no se cuestionaron los Acuerdos con la Santa Sede, el PSOE no entró en la enseñanza concertada, no hubo grandes cambios en la ley del aborto como confirma que el PP apenas la haya tocado y el intento por modernizar el Estado de las autonomías nos ha traído a este punto con Cataluña.

Aquella forma de oposición, que Génova moduló tras su segunda derrota en la elecciones de 2008 y, sobre todo, a partir de la crisis económica y financiera sí dejó constancia de que para amplios sectores de la sociedad y sus representantes políticos todo valía en el camino para alcanzar un poder que se entiende como legítimamente conservador, el triunfo del sentido común y del orden frente al caos de los recién llegados que ya recogió en su momento Hermano Lobo.

Es ésta una valiosa lección que el electorado de centroderecha atribuye a la izquierda para no reconocer que el juego sucio y las exageraciones que a menudo se arman desde el conservadurismo deja en pañales las estrategias de comunicación de la izquierda, que aparecen perfectamente encapsuladas y, por lo tanto, muy limitadas en su capacidad de influencia. En este punto, volvemos a recomendar la lectura de Thomas Frank (“¿Qué pasa con Kansas?“) o de George Lakoff (“No pienses en un elefante), particularmente vinculado con el zapaterismo.

Ése es uno de los dramas que han descubierto, por ejemplo, los líderes de Podemos, que han entendido en carnes propias el concepto del “todo vale” cuando se refiere a sus actos políticos y/o vidas privadas frente a la idea de que reciben de su propia medicina: Si bien es cierto que Podemos creció electoralmente con la atribución de comportamientos a sus contrarios en un contexto de definición de casta política frente a los ciudadanos, la capacidad de influencia de sus afirmaciones y críticas, aunque bien traídas, quedan limitadas por la propia condición del ser humano que en un país con nuestra cultura política quedan disueltas en la atribución del nosotros y el ellos.

No se explica de otra manera el éxito de la argumentación exhibida por los líderes del centroderecha español durante el primer fin de semana de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno, al que acusan de dar una suerte de golpe de Estado tras el éxito de un instrumento constitucional, la moción de censura contra el Gobierno, que ha contado con 180 votos a favor, 169 en contra y una abstención: “Lo que ha roto el señor Sánchez es una tradición de 40 años según la cual quien ganaba las elecciones gobernaba y nadie acordaba pactos oscuros en los despachos”, dijo Rafael Hernando este lunes.

Este discurso, que se puede escuchar en la calle y en buena parte de los medios de comunicación, confunde convenientemente sistemas presidencialistas (en los que el ciudadano elige de forma más o menos directa a su jefe de Gobierno) con los parlamentarios (en los que el Gobierno es decidido por una mayoría de diputados). Un problema que heredamos de connivencia de un sistema parlamentario con un sistema político y de partidos muy presidencialista que alimenta esa confusión.

La reconfiguración de la legislatura

El éxito de este discurso, que se enmarca en la idea de que hay que convocar elecciones generales para trasladar la voluntad ciudadana a la Jefatura del Gobierno, confirma la necesidad que tenemos de una ciudadanía formada, que sea capaz de diferenciar los argumentarios de trazo grueso de la propia dinámica institucional, y avanza dos argumentos que ya se esbozaron durante los días previos a la moción de censura y que Rafael Hernando defendió en la tribuna el viernes.

Ha quedado claro que la salida del Gobierno del PP ha sido tan traumática como apuntaban los acontecimientos y, sobre todo, el retiro de Rajoy en un restaurante durante horas mientras se debatía la moción de censura contra su persona. Las afirmaciones de los líderes del PP confirman que ha escocido tanto la manera en la que Rajoy ha sido expulsado de la Moncloa como que el PP asume que la oposición al Gobierno del PSOE, que se centra en formación tras las dificultades de Sánchez por armar un equipo medio solvente en estos momentos, se puede parecer a la que exhibió entre 2004 y 2008, con el “todo vale” como mantra de cabecera frente a un Gobierno que asume que no podrá impulsar grandes políticas con sus 85 diputados y que se centrará en gestos simbólicos, como la recuperación del Ministerio de Igualdad o crear un Observatorio contra la pobreza.

Viñeta publicada por 

Por otro lado, la legislatura vivió el viernes un antes y un después que está obligando a todos a volver a posicionarse de cara al futuro, que depende de las prisas de Sánchez por ir a nuevas elecciones o no. En la izquierda, habrá que ver lo que dura el idilio entre el PSOE y Unidos Podemos, que este fin de semana hizo público que volverá a repetir fórmula de confluencias en un nombre ridículo, en un momento en el que ambos partidos pasan por dificultades diversas.

Las miradas se dirigen hacia UP ante la duda de que esté a la altura de las circunstancias, sobre todo si personas como Juan Carlos Monedero siguen dando artillería pesada a los medios con comportamientos impresentables. Asimismo, queda claro que el PSOE tiene por delante una tarea que pasa, sobre todo, por aparecer como una alternativa sólida en un momento en el que Sánchez no cuenta con cuadros y personalidades relevantes a las que colocar en un Gobierno que debiera actuar con iniciativa.

Sí hay consenso en que el tiempo político que había antes de la moción de censura ha quedado agotado por la sucesión de acontecimientos: A la espera de la digestión de la derrota y de las sentencias por los casos de corrupción venideras, el PP puede ahora competir con C’s como un igual, es decir, como un partido en la oposición, y lo hará sin complejos recuperando parte de su relato tradicional sobre  esencias patrióticas y la consideración del buen español.

Es decir, Génova puede retomar los discursos que durante estos meses ha aglutinado la formación de Albert Rivera, que puede vivir una situación parecida a la de previa a las elecciones de 2015 y 2016, cuando los sondeos sobre intención de voto inflaron sus expectativas electorales. Desde esta óptica, se entiende perfectamente por qué Rivera insistió en un adelanto electoral, antes de dar tiempo al rearme del PP, que tiene todas las papeletas para haber comenzado a recuperar voto perdido en estos meses gracias a la exhibición de un discurso victimista del que Rajoy puede sacar petróleo.

A su favor tiene los apoyos cosechados por el propio Sánchez para sacar adelante la moción de censura, lo que le permitirá recuperar el discurso centralista frente a los nacionalismos periféricos que pasarán a ser considerados como el peligro número 1 de la unidad de España, a la espera de que los datos macroeconómicos sigan en positivo.

En este contexto, no servirá de nada recordar que el PNV votó con el PP los PGE de este año, que ahora los populares se plantean enmendar en el Senado en respuesta a la “traición“, ni que Rajoy negociara hasta el último momento que los jetzales se descolgaran de la moción de censura. Tampoco importará que Génova negociara con el PdeCat un grupo parlamnetario propio en el Congreso de los diputados, en una nueva constatación de que si el PP negocia con el independentismo o ETA es por el bien del país y, si lo hacen otros, es porque quieren romper España.

Ése es el principal éxito de un relato maniqueo que, para pasmo generalizado, cala en una parte de la ciudadanía que podría estar volviendo a las filas populares con el fin de echar a Sánchez cuando llegue el momento. De ello dependerá la gestión interna de lo ocurrido en el PP, especialmente ante la posible marcha de Rajoy y la llegada de un candidato consensuado por todas las familias.

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CIS: Estabilidad y valoración negativa de Sánchez en las semanas previas a la moción

La legislatura ha dado un vuelco tras el éxito de la moción de censura presentada por el PSOE contra el Gobierno de Mariano Rajoy, que salió adelante el viernes con 180 votos a favor, 169 en contra (del Grupo Popular y C’s) y una abstención (CC). De ahí que seamos conscientes que buena parte del análisis de este post queda antiguo, a la espera de ver la reconfiguración de las fuerzas políticas, especialmente importante en el centroderecha, donde ha comenzado este fin de semana una pugna por liderar la oposición, que en estos primeros días alimenta la confusión entre los sistemas políticos presidencialistas y parlamentarios para explicar la falta de legitimidad de Pedro Sánchez para ser presidente del Gobierno.

La falta de tiempo y la sucesión de acontecimientos, desde la publicación de la sentencia de la pieza central del caso Gürtel nos impidió analizar el barómetro del CIS  correspondiente al mes de abril, el último con intención de voto del Gobierno de Mariano Rajoy, que recogía los problemas que afrontaban los populares en un tiempo político en el que sucedían dos dinámicas: Sus problemas con la corrupción política y la ejemplaridad pública y el empuje de C’s como principal fuerza de oposición en sustitución de los socialistas.

La resolución de la moción de censura ha dejado en suspenso buena parte del escenario recogido en el último barómetro del CIS publicado, que analizaremos desde las preguntas habituales para incluir algunas pinceladas sobre intención de voto en la CODA, pero sí avanza la baja valoración del nuevo presidente del Gobierno, también entre sus votantes, y las dificultades del PSOE para emerger como fuerza alternativa (lugar que ocupaba C’s).

De acuerdo con los datos del CIS, a partir de 2466 entrevistas realizadas entre los días 1 y 10 de abril, es decir, en plena crisis por el máster de Cristina Cifuentes, se percibía un repunte en la preocupación por la corrupción y los partidos políticos en la lista de problemas del país. El paro volvía a ser el primer asunto para un 62.3% (-3.6 puntos respecto al mes de marzo), seguido de la corrupción y el fraude, que subía 3.8 puntos en un solo mes. Le seguían los políticos y los partidos políticos (27.4%, +1.4 puntos) y los problemas económicos, que escalaba al 21% (+1.3 puntos).

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En el siguiente nivel volvemos a encontrar la preocupación por las pensiones (13.6%, -1.9 puntos) y la independencia de Cataluña, que sube del 8.6% en marzo al 11% en abril. También la sanidad (10.3%), los problemas sociales (7.4%) y la educación (7.4%) aparecen en lugares descatados de la lista, que registra diferencias cuando se pregunta por los problemas que afectan más directamente. El paro vuelve a aparecer en un lugar destacado (32.7%), seguido de los problemas económicos (19.8%) y las pensiones, que ocupan el tercer lugar (16.3%), por encima de los asuntos de ejemplaridad pública.

De nuevo, vemos cómo el ciudadano medio minimiza la corrupción como un problema que le afecte directamente (13.6%), al igual que el funcionamiento de los partidos políticos (10.1%). Sí encontramos datos más cercanos a los porcentajes generales cuando se pregunta  por la sanidad (10.6%) o la educación (7.7%), con un incremento importante de la preocupación por la calidad del empleo (9.2%).

En cuanto al contexto de país, el 54.7% define la situación económica como mala (34.4%) o muy mala (20.3%), -4.2 puntos respecto a los que se pronunciaban así en el mes de marzo, antes del arranque de la temporada de vacaciones. El 37.7% apuntaba a que el contexto económico era regular. En términos comparativos, el 22% consideraba que la situación es mejor que hace un año mientras que la mitad (50.4%) apuntaba que todo era igual que el año pasado; el 25.4% estimaba que las cosas iban a peor. De cara al futuro, el 21.7% se mostraba pesimista, el 42.6% consideraba que todo seguiría igual y el 21.1% apuntaba que la economía mejoraría.

De nuevo, se percibe un mayor pesimismo sobre el contexto político, opiniones que, suponemos, empeorarán si se generalizan los argumentarios de que el viernes hubo una suerte de golpe de Estado en el Congreso. El 18.9% estima que la situación política es regular y un 76.2% estimaba que era mala (34%) o muy mala (42.2%), +1.3 puntos respecto al mes de marzo. En comparación con el año anterior, el 3.9% estimaba que las cosas iban mejor, el 50.2% que todo seguía igual y un 42.7% se pronunciaba en términos negativos. De cara al futuro, el 29% se mostraba pesimista, el 43.6% pensaba que todo seguiría igual y el 10.9% que las cosas mejorarían.

Modelo de Estado

El barómetro del CIS del mes de abril confirmó un repunte de los partidarios por recentralizar el Estado en las dos modalidades por las que se pregunta: Un 19.5% (+0.7 puntos respecto al mes anterior) se mostraba partidario de un Estado unitario, sin CCAA, opción que vuelve a ser de las preferidas en un sector muy importante de PP (34%) y C’s (32.2%) según la variable recuerdo de voto . El 11.9% (+2.1 puntos) optaba por reducir el nivel competencial de las CCAA, opción que también era bien vista por el electorado de PP (20.9%) y C’s (19.2%). Entre ambas sumam el 31.4%.

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El modelo autonómico actual convence al 37.1% de los españoles, -1 punto respecto al mes de marzo, y vuelve a ser la opción preferida, sobre todo, de los votantes del PSOE (55%). También tiene una implantación importante entre el electorado de En Marea (41.7%), que vuelve a desmarcarse en este sentido respecto a sus homólogos de Unidos Podemos, En Comú Podem y Compromís.

Los votantes de los tres partidos se decantan por fórmulas de descentralizar el Estado, especialmente en la idea de aumentar las competencias a las CCAA. El 12.4% optaría por aumentar este aspecto, algo que comparten los votantes de UP (20%), ECP (50.6%), Compromís (25%) o En Marea (12.5%). El 10.4%, +2.7 puntos, vería bien que las CCAA se pudieran convertir en Estados independientes, aspecto que comparten  los votantes de UP (16.3%), ECP (32.3%) y Compromís (18.8%).

En cuanto al eje izquierda/derecha, la media española se sitúa en el 4.55 y, de nuevo, el PSOE es el partido al que los ciudadanos perciben más cerca de esa media (4.53). A su derecha volvemos a situar al PP (8.25) y a C’s (6.77), mientras que a la izquierda hallamos a Compromís (3.20), la confluencia más escorada a la derecha, ECP (3.04) y, ya por debajo del 3, a Podemos (2.25), En Marea (2.23) e IU (2.17), que es la formación de la confluencia más percibida a la izquierda.

CODA. Como apuntábamos, destacamos algunos datos de interés de la estimación de voto realizada por el CIS porque podrían ser útiles en los análisis futuros. La noticia más importante fue el crecimiento de C’s, que había sobrepasado al PSOE como segunda fuerza con el 22.4% de intención de voto, +9.4 puntos respecto al resultado conseguido el 26J, situándose a 1.6 puntos del PP, que caía al 24% (-9 puntos en comparación con 2016).

El PSOE, en este reparto, se quedaría en el 22% (-0.7 puntos), lo que afianza la idea de que C’s ha crecido, sobre todo, gracias al desplome electoral del PP y, de manera secundaria, por arañar votos en el PSOE. Unidos Podemos, por último, se quedaba en el 19.6%, apenas 1.5 puntos por debajo de su último resultado en las urnas, a la espera de consignar el posible castigo por la vivienda adquirida por Pablo Iglesias e Irene Montero.

En recuerdo de voto, C’s era el partido con más voto movilizado (16.1%, que pasaba al 77.3% entre los votantes de su formación), seguido del PSOE (13.5%, con un 62.1% de fidelidad de voto entre los suyos), PP (12.1%, que pasaba al 56.4% entre su base electoral) y UP (11.3%, con un 58.6% de fidelidad que superaba el 70% entre los votantes del resto de las confluencias). La noticia, sin embargo, volvía a ser el 39% que no declaraba el sentido de su voto: El 18.6% se mostraba indeciso, el 2.7% no contestaba, el 12.9% optaría por la abstención y el 5% por el voto en blanco o nulo.  En este sentido, destaca el 21.9% del electorado de UP que optaría por la abstención en el caso de nuevas elecciones, datos que, recordemos, se consignaron antes de la información sobre la vivienda de los líderes de la formación en Galapagar.

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En simpatía, el 34.7% decía no sentir especial cercanía por ningún partido. Entre los partidos, el PSOE volvía a ser el mejor situado (15.8%, que pasaba al 64.6% entre los suyos), seguido de C’s (14.1%, que pasaba al 62.7% entre sus votantes) y el PP (12.2%, con un 57.1% de apoyo entre sus electores). UP se quedaba en el 11.8%, con un reparto entre los que se siente más cerca de lo que defiende Podemos (35.3%) e IU (24.7%).

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Si se sumaban ambos conceptos, el voto directo y la simpatía, C’s volvía a decantarse como la primera opción con un 18.1% (80.8% entre sus votantes); le siguen PSOE (16.7%, con un 72.1% entre los suyos) y PP y UP, que empatan con un 13.8% y un 13.7% respectivamente. En el caso de los populares, el porcentaje de apoyo entre su base electoral se queda en el 63.2%, muy por debajo del 71.6% que registra UP entre los suyos (con una caída al 69.7% entre los electores de En Marea).

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En cuanto a la posición del Gobierno y la oposición en ese momento de la legislatura, el 29.6% (48.6% de votantes del PP) calificaba la actuación del Gobierno de Mariano Rajoy como regular, con un 59.3% que lo definía en términos negativos. En el caso del PSOE, el 31.1% se decantaba por una labor de oposición regular (51.1% de sus votantes) y 60.3% consideraba que era mala o muy mala. Asimismo el 82.1% decía sentir poca (30%) o ninguna (52.1%) confianza en Rajoy como presidente del Gobierno, dato que llegaba al 85.5% cuando se preguntaba por Sánchez.

Así, en valoración, Alberto Garzón aparecía como el líder nacional mejor situado con un 3.80 (6.56 entre los suyos), seguido de cerca por Albert Rivera, que llegaba al 3.79 (6.13 entre los electores de C’s y 5.45 entre los del PP). Más lejos encontrábamos a Sánchez, con un 3.35 (5.89 entre sus votantes), a Pablo Iglesias (2.77, con un 5.85 entre los suyos, por detrás del dato de su compañero de bancada) y Rajoy, que cerraba la lista con un 2.59 que pasaba al 5.94 entre los electores populares.

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