Metroscopia: C’s suma 15 puntos en intención de voto en menos de dos años

El sondeo mensual de Metroscopia para el diario El País sigue alimentando el fenómeno C’s. De acuerdo con los datos de su última estimación, a partir de 1.321 entrevistas realizadas entre los días 5 y 8 de febrero, C’s estaría en disposición de ser primera fuerza política con un resultado casi idéntico al que obtuvo el PP en las elecciones de diciembre de 2015 y el que consiguió el PSOE de Alfredo Pérez Rubalcaba en 2011. El partido de Albert Rivera se haría con el 28.3%  de los votos, +15.3 puntos respecto a las elecciones de junio de 2016 y +2.3 puntos en sólo un mes.

Los dos partidos tradicionales caerían respecto a sus últimos resultados pero también en comparación con la última estimación de Metroscopia, algo que no coincide con los resultados del CIS, que analizaremos en los próximos días, o de otros estudios publicados este fin de semana. Así, el PP se movería en torno al 21.9% de los votos, -11.1 puntos respecto a sus resultados del 26J y -1.3 puntos respecto a la estimación anterior. En el caso de los socialistas, volverían a ser tercera fuerza con el 20.1% de los apoyos, tras perder 1.5 puntos respecto al anterior sondeo; si lo comparamos con sus útlimos resultados en las urnas, perderían 2.6 puntos, lo que confirmaría la idea de que la ola C’s también estaría dañando las expectativas de Ferraz.

 Con un supuesto de participación del 70%, un dato increíble si se tienen en cuenta los datos de otros estudios demoscópicos, Unidos Podemos sería cuarta fuerza con el 16.8% de intención de voto, -4.3 puntos respecto a los comicios celebrados hace año y medio pero +1.7 puntos si lo comparamos con la estimación anterior.

Metroscopia asienta una parte de sus resultados en el voto directo: C’s aparece como la primera opción, con un 26% de voto decidido (recordemos que la estimación es sólo 2.3 puntos superior), seguido de UP (13.3%), que queda muy por detrás.PP y PSOE, por su parte, prácticamente empatan en voto decidido, con un 12.9% y un 12.8% respectivamente, lo que reforzaría las pérdidas de apoyo en las estimaciones finales.

En esta ocasión, Metroscopia publica datos de fidelidad de voto y transferencias, con varios puntos llamativos: por un lado, destaca el apoyo de C’s entre sus votantes (82% votaría por su lista) pero también que la segunda fuerza con mayor voto fiel sea UP, con un 60%. En el caso de la formación morada, pierde apoyo hacia C’s (5%) y PSOE (6%).

Entre las fuerzas tradicionales, el PSOE conserva al 58% de su electorado, con pérdidas a su derecha, especialmente (18% votaría por C’s ahora). En el caso del PP, mantiene a la mitad de su electorado y tiene en C’s una vía de agua muy importante: El 28% daría su confianza a la lista de Albert Rivera, que vuelve a ser el líder mejor valorado. Aprueba con un saldo de +16 y logra un porcentaje de aceptación entre los votantes de C’s del 90%.

Prosigue la tendencia de los meses anteriores, por lo que Pedro Sánchez es el segundo líder con mejor aceptación (saldo de -36), con un 65% de aprobación entre su base electoral. Por su parte, Mariano Rajoy vuelve a tener un porcentaje de apoyo importante entre los suyos (75%) aunque es el segundo líder con menor aceptación (-46), por detrás de Pablo Iglesias, que conjuga dos variables que explican por qué UP se encuentra así en estos momentos: Sólo la mitad de su electorado le aprueba (53%) y su liderazgo arroja un saldo de -62 entre los votantes.

Más datos curiosos que ayudan a reforzar la posición editorial de El País sobre la solvencia del proyecto de C’s en estos momentos: El 45% cita a C’s como el partido que tiene un mejor proyecto para España, muy por delante del 19% que registra el PP, el 17% del PSOE o el 15% de UP. En términos ideológicos, el 64% apostaría por un giro claro de centroderecha con PP y C’s como los partidos con más ideas sobre España (frente al 32% que optaría por un proyecto de izquierdas).

De esta forma, el 55% cita como positiva la labor parlamentaria de C’s en estos momentos (94% de sus votantes y, atención, el 73% de los del PP y el 53% de los del PSOE), un dato que prácticamente duplica el porcentaje que obtien el segundo partido mejor situado, el PP, que logra un 31% (78% de apoyo entre los suyos, sólo +5 puntos respecto a los que respaldan la labor parlamentaria de C’s).

En la izquierda, el PSOE recibe un 27% (56% entre sus votantes, sólo +3 puntos respecto a los que opinan así respecto al partido de Rivera) y UP un 21%, que se convierte en 61% entre sus votantes. En este sentido, llama la atención el 29% de votantes de UP que ven positivo el trabajo de C’s en el Parlamento.

Respecto a la crisis catalana, el 39% considera que Albert Rivera sería la persona indicada para resolver el asunto, un dato que, unido a la estrategia de C’s respecto a Cataluña, debería poner en alerta a casi todos. En esta ocasión, la confianza en Pedro Sánchez (16%) y Pablo Iglesias (14%) es mayor que la de Mariano Rajoy (13%) para resolver el problema, lo que enfatiza la idea de que Cataluña puede ser el Vietnam español para los populares. También resulta significativo que el 18% se decante por el no sé/no contesta cuando se pregunta por el liderazgo mejor situado para afrontar este problema.

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El PP toma la iniciativa para frenar a C’s

Génova comienza a tomar nota del nuevo ciclo político y con ese fin ha convocado a sus barones a una reunión el próximo lunes. A pesar de que el barómetro del CIS no fue tan desastroso para sus intereses como se rumoreaba, el PP empieza a asumir que tiene dos problemas serios a afrontar en los próximos meses con un objetivo: llegar vivos a las elecciones municipales y autonómicas de 2019, que coincidirán con las europeas y, según se baraja, con las andaluzas.

La primera amenaza se llama Cataluña. Aunque la estrategia de dormir la pelota que se asume, sobre todo, desde Moncloa, parece dar sus frutos, el problema sigue ahí. A pesar del último desencuentro entre ERC y el PdeCat, con la sospecha cada vez más clara de que fue un intento de la formación republicana por quitarse de encima a Carles Puigdemont, estamos como en el día posterior a las elecciones autonómicas: A pesar de los rumores de los últimos días que señalan a Elsa Artadi, no hay alternativa a la candidatura independentista y, en este flanco, por el momento, no hay candidato diferente a Puigdemont, por lo que no sería descartable unas nuevas elecciones que prolongarían aun más la situación de interinidad actual.

Unos días nos levantamos con referencias a crear una doble presidencia de la Generalitat (una simbólica, ejercida por Puigdemont, de la que no se sabe ni duración ni forma, y otra real, en Cataluña,  con el objetivo de acabar con la aplicación del art. 155 de la CE); otros días Puigdemont propone precisamente lo contrario (una presidencia real desde Bélgica); y en medio los autos del juez del TS que lleva las causas de los Jordis, de Oriol Junqueras y de Joaquin Forn que incendian a juristas y aficionados con su defensa de que la ideología de los encarcelados le impide ponernos en libertad provisional.

Es decir, el paso de ser presos a ser presos de conciencia se achica cada día más, si es que no se ha dado, en línea con la posición del Gobierno y asumida en la práctica por PSOE y C’s, que parecen ir de la mano con el Ejecutivo en todo lo relativo a Cataluña a pesar de la estrategia extraña adoptada por Moncloa, que ha asumido errores al tiempo que ha pedido a todos los cargos del partido que actúen con discreción, sin dar opciones a que el independentismo pueda escenificar, aun más, lo que está ocurriendo.

Tanto Génova como Moncloa asumen de forma indirecta que Cataluña es una patata caliente para sus intereses y que les conviene salir cuanto antes de la situación de excepcionalidad en la que llevamos inmersos desde, al menos, el pasado verano. En este momento del partido, y por primera vez desde los años ’90, agitar la cuestión catalana no tiene una traducción directa en votos. Al revés. A pesar de los resultados del barómetro del CIS, que todavía sitúa al PP como primera fuerza, se comienza a asumir el desgaste y que una parte importante de sus votantes hoy se decantaría por la abstención o, por lo que es más grave, por C’s. Y aquí se enmarca el segundo problema serio para los intereses populares.

Como hemos señalado en otras ocasiones, por primera vez el PP tiene un competidor electoral en C’s, que además es uno de los partidos que le sostiene parlamentariamente. El partido de Albert Rivera (el líder mejor valorado, según el CIS o Simple Lógica) muerde votos del PP por el centro pero también por su derecha en cuanto atiza argumentarios relativos a Cataluña. La primera confirmación de que Génova ha tomado nota de este problema lo tenemos en la polémica sobre la prisión permanente revisable, que el Gobierno quiere ampliar a otros delitos   y que ya se asume como la primera muestra de que la batalla electoral en el centroderecha será muy dura en los próximos meses.

No en vano, estos días se ha hecho público que cargos del PP en CCAA como Extremadura o Andalucía ya habían comenzado a desembarcar en C’s a la espera de unos buenos resultados en las próximas elecciones autonómicas. Extremadura, por cierto, no estaba en la lista que había filtrado C’s como puntos de referencia para reforzarse de cara a mayo de 2019, lo que termina de dibujar un escenario de incertidumbre durante este año que puede terminar salpicando también al PSOE de forma indirecta.

El centroizquierda, a lo suyo

La batalla en el centroizquierda ya se libró en los años 2014 y 2015, con plasmación directa en las elecciones de 2016. De ahí que apenas se espere nada en este flanco salvo saber la capacidad de PSOE y Unidos Podemos para enfadar a sus afiliados y/o votantes todavía más.

En el caso de los socialistas, y a pesar de que Sánchez ha salido de Ferraz para retomar la idea de las asambleas abiertas, existe cierto malestar ante la evidencia de que el “no es no” con el que el sanchismo ganó las primarias se ha quedado en agua de borrajas y que el partido pendula entre una aproximación al modus operandi de Podemos y la aquiescencia al Gobierno por razón de Estado. Y todo ello mientras se pasa por encima la adopción de acuerdos mediante los cuales la dirección podrá vetar lista de candidatos aprobados por las agrupaciones o la evidencia de que el partido sigue fracturado en dos, con retirada del sanchismo de los territorios controlados por los barones díscolos que en su momento perdieron las primarias.

Hace unos días, Gonzalo López Alba publicó su última crónica sobre los problemas que comienza a cristalizar en la dirección socialista por algo que  hemos señalado en este punto en otras ocasiones: Pedro Sánchez diseñó su Ejecutiva pensando, sobre todo, en devolver favores recibidos durante las primarias y ahora esos dirigentes no funcionan. Basta comparar las trayectorias de los equipos que rodearon en su momento a Felipe González o a José Luis Rodríguez Zapatero para entender la dimensión del problema.

Con Unidos Podemos bajando en los sondeos, el PSOE proyecta una falta de cuadros solventes capaces de aguantar una entrevista dura (o todo lo dura que puede ser una entrevista en un medio español) o un debate. En lugar de eso, tienen a Oscar Puente, que apenas supo reaccionar cuando Joan Tardá le puso en bandeja una moción de censura contra Mariano Rajoy sin nada a cambio, a Adriana Lastra secundando a Irene Montero hablando de “portavoza” o la práctica ausencia de voces el día que Ferraz decide esconder a Pedro Sánchez. Asimismo, llama la atención el globo sonda lanzado por el líder del PSM a propósito de la propuesta de una candidatura ciudadana en el Ayuntamiento de Madrid, desmentido de forma inmediata por Ferraz.

Por su parte, Unidos Podemos sigue en una esquizofrenia curiosa que le hace ser muy firme en sus argumentarios contra la pobreza o la corrupción por el día y que por la noche se apunta a la ola de apoyar contenidos como Operación Triunfo desde sus perfiles oficiales como un intento, suponemos, de conectar con una parte del electorado que ha comenzado a verle ya como parte del problema y no de la solución.

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Hace unos días, el partido hizo pública una campaña sostenida en el tiempo, “En Marcha 2019“, con el objetivo de preparar al partido de cara a las municipales y autonómicas. Sorprendemente, la formación morada asume el mismo nombre (y marco) que en su momento fundó Emmanuel Macron en las presidenciales francesas aunque, en este caso, Podemos asume la idea de “centrarse en la gente” dejándose de lo accesorio (Cataluña, asumida como el bache que explica su caída en las encuestas): “Después del bache de la segunda mitad de 2017, es también un objetivo importante que nos cuidemos, nos divirtamos y nos pongamos las pilas juntos”.

Al mismo tiempo, el partido sigue sufriendo un estrategia que en su momento el PP y sus terminales afines desplegaron con facilidad a propósito de todas las políticas que buscaran reconocimiento de derechos o, simplemente, plantear la existencia de un problema incómodo para el conservadurismo. En esta ocasión, la formación morada ha visto cómo una guía difundida por el Ayuntamiento de Zaragoza sobre el uso de drogas se ha convertido en argumentario conservador hablando, quién lo diría, de los efectos de la  heroína en muchos barrios populares durante los ’80. Todavía no han encontrado la fórmula para contrarrestar estas campañas.

CODA. Como se esperaba desde hace meses, algo se mueve también en Euskadi. Portada del jueves del diario El Mundo. Y recordemos que el PNV es el socio preferido del PP para aguantar lo que queda de legislatura para no tener que recurrir a los votos del PSOE, un estatus que quedó en suspenso con la aplicación del art. 155 de la CE. Veremos el rebote de esta constatación.

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La ‘Grosse Koalition’ deja heridos los liderazgos de SPD y CDU

Con más retraso de lo esperado, este miércoles se anunció el acuerdo de gobierno entre la CDU y el SPD para revalidar la “gran coalición” por tercera vez desde que Angela Merkel asumió el poder. Cuatro meses después de las elecciones legislativas, ambos bloques publicitaron un pacto en el que la CDU cede un poder considerable a los socialdemócratas (especialmente la cartera de Finanzas) y que el líder del SPD defendió como el acuerdo que se necesita para dar un impulso al proyecto europeo. Por si quedaba alguna duda, el texto del acuerdo se titula “Un nuevo comienzo para Europa. Una nueva dinámica para Alemania. Una nueva solidaridad para nuestro país”.

Finaliza la fase de negociación, bastante árida en el tramo final, con el SPD perdiendo apoyo en la mayoría de los sondeos sobre intención de voto publicados durante estas semanas y con Angela Merkel asumiendo un desgaste político que adelanta una previsible salida de la política a medio plazo.

En la retina de muchos, la promesa de Martin Schülz durante la precampaña y la campaña electoral de que no habría una tercera parte de la “gran coalición”, un escenario que cristalizó tras la ruptura de las negociaciones entre la CDU/CSU, los liberales y los Verdes (la coalición Jamaika) y al que el líder socialdemócrata llegó por la presión de buena parte de los barones del partido. Durante semanas se han encontrado con la oposición frontal de la rama juvenil (Jusos) en lo que se ha comenzado a denominar la “revolución de los enanos”, con dudas más que razonables sobre su capacidad final de influencia final. No en vano, desde comienzos de año hay 24.000 nuevos afiliados atraídos precisamente por la campaña contra este acuerdo.

Quizás por este motivo, horas después de anunciarse el acuerdo y que asumiría la cartera de Exteriores, Schülz hizo público que abandonaba la presidencia del partido, para la que resultó reelegido el pasado mes de diciembre. Antes de colocar el final feliz a esta historia, 463.000 afiliados socialdemócrats votarán en las próximas semanas su aceptación del acuerdo o no y, en la película por la gobernabilidad germana, queda por ver si, como en otros países europeos, la militancia secunda las órdenes adoptadas por la dirección y los delegados, que hace unas semanas dieron el visto bueno al preacuerdo alcanzado.

De ser así, la primera consecuencia será la configuración de la ultraderecha como principal partido de la oposición, con un porcentaje de voto que sigue subiendo durante estas semanas. Tampoco es casualidad que en el nuevo acuerdo se haya asumido la denominación Ministerio de Interior, Obras y Patria en lugar de Ministerio del Interior, que asumirá el socio bávaro de Merkel, que vuelve a controlar Agricultura. De los 14 ministerios que conformarían el nuevo Gobierno, los socialdemócratas se quedarían con seis, entre ellos las carteras de Exteriores, Justicia, Finanzas y Trabajo.  La CDU controlaría Defensa, Economía, Educación, Sanidad y Desarrollo Regional.

El acuerdo, que consta de 177 páginas, prevé dedicar parte del superávit alemán a inversiones en política social y educativa (11.000 millones para becas, nuevas infraestructuras y la mejora de la conexión digital en los centros educativos), con el eje de ayuda a las familias desde el equilibrio presupuestario. También se acuerda un top de entrada de refugiados –entre 180.000 y 220.000 anuales- y de sus familiares -1.000 al mes además de casos urgentes- y una bajada de impuestos, que computa como victoria conservadora.

La ultraderecha y Los Verdes, grandes beneficiados en los sondeos

Según un sondeo publicado antes de hacerse público el acuerdo, menos de la mitad de los alemanes, el 47%, respaldaba esta fórmula de gobierno. Este dato pone en evidencia las dificultades que tendrán conservadores y socialdemócratas para vender las bondades de un acuerdo que no ilusiona especialmente. La primera traslación del malestar se produce en los estudios publicados en los últimos días, que sitúan al SPD por debajo del porcentaje de apoyo obtenido en las últimas elecciones.

El partido de Schülz obtendría el 18.5% de los votos de media, -1.1 puntos respecto a los estudios que analizamos hace apenas unos días y ya suma una caída de 2 puntos en comparación con los resultados de las elecciones, con estudios que le sitúan en el 17% (INSA) o en el 18% (Forsa). En el caso de la CDU/CSU, se mantiene estable en el 32.4% de los votos, medio punto por debajo de su representación actual.

En paralelo, Die Linke, los Verdes y AfD suman apoyo en los últimos estudios demoscópicos publicados. En el caso de la ultraderecha, pasa del 12.6% de los votos a un 13.8% de media, con estudios que le sitúan en el 15% (INSA) o en el 14% (FGW, YouGov o Infratest); suma medio punto en comparación con los datos anteriores.

Los Verdes se moverían en el 11.9%, medio punto más que hace unos días y +3 puntos respecto a su resultado en las urnas; es el único partido que participó en las negociaciones de la coalición Jamaika que suma apoyo en estos momentos, de manera que es posible esté atrayendo a una parte del votante del SPD frustrado con el acuerdo. En el caso de Die Linke, obtendría el 10.5% de los votos, +0.4 puntos respecto a la anterior oleada que analizamos, y gana 1.3 puntos respecto a las elecciones.

En el escenario contrario encontramos a los liberales, a los que sí que parece que les pasa factura su decisión de levantarse de la mesa de negociaciones tras dos meses de conversaciones. Si en septiembre volvieron al Bundestag con el 10.7% de los votos, los sondeos publicados les sitúa en el 8.3% de media, -2.4 puntos, con una pérdida de -0.4 puntos en apenas unos días.

Salga adelante o no el acuerdo, queda por delante una legislatura muy complicada para el SPD, que sólo podrán remontar la situación de caída libre que sufre desde hace años si es capaz de trasladar a la ciudadanía buena parte de los “acuerdos dolorosos”, según en palabras de Merkel, que logró arrebatar a los conservadores. Mención especial merecerá la capacidad de proyección europea del acuerdo, bien recibido por Emmanuel Macron y el resto de gobernantes europeístas.

CODA. Actualizamos datos que confirmarían la crisis de liderazgo que el acuerdo de gobierno en Alemania ha provocado. Por un lado, Martin Schülz renunció a ser el nuevo ministro de Exteriores germano, un gesto que es  imposible no vincular a la movilización interna contra los términos del acuerdo en el SPD. De paso, constatamos cómo el líder socialdemócrata, elegido hace apenas un año, se ha quedado totalmente en estos meses.

Por otro lado, Angela Merkel reconoció este domingo en una entrevista su debilidad a pesar de lograr salvar los muebles y, en principio, haber llegado a un acuerdo que le permitirá seguir como canciller cuatro años más. En este momento, hay pocas dudas de que la CDU comenzará a preparar su relevo en breve, poniendo fin al merkelismo y que se relevo no será sencillo.

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NC-Report: El independentismo mantiene la mayoría absoluta, con aumento del voto a los partidos constitucionalistas

Los últimos episodios de la crisis catalana -con el presidente del Parlament posponiendo la sesión de investidura hasta nuevo aviso, con críticas directas de Junts Per Catalunya (JxC) y la CUP ante la adopción de una decisión de forma unilateral, o los mensajes grabados a Toni Comín en Lovaina (Bruselas) en las que Carles Puigdemont admitiría la derrota del independentismo frente a la estrategia del Estado- dibujan un escenario en el que podríamos ir a nuevas elecciones autonómicas como penúltima estación para hacer aterrizar el Procés.

De ahí el interés por saber la proyección electoral de los distintos partidos ante este escenario, que no favorece precisamente a las tesis independentistas. El sondeo de NC-Report, realizado a partir de 752 entrevistas recogidas entre los días 15 y 19 de enero, es decir, antes de los últimos acontecimientos en Cataluña, sitúan al independentismo en los 69 escaños, uno menos que en la actualidad, frente a los 59 de los partidos constitucionalistas, que suman dos diputados a los 57 actuales. El sondeo también recoge la ruptura del empate técnico entre JxC y ERC por el liderazgo del independentismo, a la espera de termine de reflejarse en los sondeos la guerra interna entre ambas formaciones, que existe desde hace meses pero que se ha recrudecido en las últimas semanas

Con el 24.9% de los votos, C’s volvería a ser la fuerza más votada, aunque pierde medio punto respecto a su resultado en las elecciones de diciembre. Aun así, ganaría un diputado (seguramente atribuido a una bajada en la participación) hasta los 37. En el bloque constitucionalista encontramos también al PSC, que conserva sus 17 diputados con el 14.3% de intención de bvoto (+0.4 puntos respecto al 21D), y al PP, que gana un diputado con el 5.9% de los votos (+1.7 puntos) hasta los 5 escaños. Sería interesante saber de dónde procede ese apoyo a la lista popular dada la caída relativa de C’s y que el PSC no se resiente.

En el bloque independentista, xC sería la primera opción con el 22.4% de los apoyos (+0.7 puntos respecto al 21D) que no se traduciría en un aumento de sus escaños (34). ERC,por su parte, conseguiría el 20.6% de los apoyos (-0.8 puntos), por lo que estaríamos ante un trasvase de votos entre las opciones del independentismo, que mantienen su pugna personal por liderar el Procés. ERC perdería un escaño que en esta ocasión no suma la CUP: Con el 3.5% de los votos, la formación se deja un punto en intención de voto aunque conserva sus 4 escaños actuales.

Por último, encontramos a Catalunya en Comú (CeC), que conseguiría el 6.9% de los apoyos (-0.6 puntos) y se dejaría uno de los 8 diputados obtenidos en las pasadas elecciones. Con este planteamiento, estaríamos ante la repetición de los bloques políticos con 69 y 59 escaños, aunque sigue reduciéndose la distancia en favor de los constitucionalistas.

NC-Report recoge datos del voto directo que registran las distintas formaciones: C’s y JxC prácticamente empatan con un 18.8% y 18.4% respectivamente, mientras se percibe ya el alejamiento de ERC en relacióna su pugna con la antigua Convergència (15.5%). El PSC sería cuarta opción con el 12.6% de los apoyos mientras los Comunes se quedan en el 5.7%, con poca capacidad de crecimiento electoral. El PP y la CUP prácticamente empatan con un 3.6% y 3.7% de voto decidido respectivamente, mientras el 18.9% se decanta por la abstención (13.4%) o el no sé/no contesto (5.5%).

En cuanto a la fidelidad de voto, el PP conserva al 96.8% de su electorado y sólo manifiesta fugas hacia la abstención (3.2%). C’s mantiene al 87.8% de sus votantes, con un 6.2% que se abstendría y un 5.6% que votaría por el PP, mientras que el PSC amarra al 86.7%  de sus votantes, con un 8.6% que hoy votaría por C’s y un 4.8% que se abstendría. Volvemos a señalar, a la luz de estos datos, nuestra extrañeza por el origen del voto de PSC y el PP, puesto que los dos partidos suben en intención de voto.

En el bloque independentista, JxC es el partido que mantiene mayor fidelidad de voto, con un 88.9% de sus votantes que repetiría lista; el 6.3% optaría por ERC en el caso de nuevas elecciones y el 3.7% se abstendría. En ERC se mantiene el 77./8% de su electorado, con un 7.5% que se abstendría y un 8.8% que votaría por JxC, por lo que el saldo se mantiene favorable a los intereses de la lista de Puigdemont. Por último, la CUP conserva a 7 de cada 10 votantes (69.7%) con una fuga muy importante de votos a ERC (23.1%) y hacia la abstención (7.2%).

Por último, los comunes mantiene al 84% de sus votantes del 21D; su fuga más importante va a parar a la abstención (7.7%) y hacia ERC de forma muy secundaria, con un 4.3% que hoy optaría por esa lista.

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C’s aprovecha el desplome del PP y sube 10 puntos respecto al 26J

El arraque del año, desde el punto de vista de la demoscopia, no puede ser mejor para los intereses de C’s. En apenas un trimestre, el partido que lidera Albert Rivera ha pasado de de ser cuarta fuerza parlamentaria a convertirse en la opción preferida de los españoles en tres de los seis sondeos publicados y analizados en este blog. En otro, en el Sociométrica, C’s sobrepasa al PSOE como principal partido de la oposición y prácticamente empata con el PP, que le supera en apenas unas décimas.

Hace unas semanas señalamos que es muy posible que este 2018 sea el año de C’s, sobre todo si el PP agudiza sus problemas con la corrupción política, reconocida en sede judicial por Ricardo Costa en el marco del juicio del caso Gürtel, y con cierta incapacidad para proyectar una imagen mínimanente ilusionante de país de cara al futuro. En este contexto, C’s juega con el viento a favor.

Por un lado, sigue ausente de la mayoría de las instituciones del país al margen de sus pactos con el PP en el Gobierno central, en el Gobierno de Madrid o Murcia, o con el PSOE en Andalucía. Inés Arrimadas ya ha manifestado que no ofrecerá una candidatura alternativa a la de Carles Puigdemont en Cataluña, por lo que, en estos momentos en el que la gobernabilidad pasa mucha factura, C’s se mantiene al margen, a la espera del salto que se espera en las elecciones municipales y autonómicas de 2019, que el partido ha comenzado ya a preparar.

Por otro lado, el partido de Albert Rivera continúa con su estrategia de mano dura en el marco que, hasta hace apenas unos años, jugaba el PP a conveniencia. Ahí está la estrategia respecto a Cataluña pero también en relación a la financiación autonómica (que dará grandes momentos en los próximos meses), a la prisión permanente revisable (aprovechando el revuelo ante asesinatos muy mediáticos) y a su propia capacidad para aprovechar indirectamente los errores provocados por la propia dirección del PP, desde el patinazo de Mariano Rajoy respecto a la brecha salarial por género a las prácticas habituales de presión a instituciones como el Tribunal Constitucional desplegadas por Moncloa.

Si tenemos en cuenta este escenario, no sorprende del todo que C’s se mueva en torno al 23.1% de los votos de media según los sondeos publicados a lo largo del mes de enero, +3.2 puntos respecto a la media de sondeos del mes de noviembre y +10.1 puntos respecto a la representación que consiguió en las urnas en junio de 2016, con tres sondeos que le sitúan como primera opción con entre el 27.1% de los votos (Metroscopia) y el 24.1% (Simple Lógica). Otro estudio, el de Sociométrica, le sitúau como segunda fuerza parlamentaria con el 23.9%, a la espera de sobrepasar al PP (24.1% de intención de voto).

La subida espectacular de C’s se explica por el desplome del PP, que pasaría del 33% de la representación a un 25.6% de media, casi 3 puntos menos respecto a los datos de noviembre, con el efecto corrector que aporta el 30% de intención de voto que sigue manejando NC-Report y Celeste-Tel: sin ambos, la media se sitúa en el 23.4%, por lo que habría un triple empate técnico con el PSOE. Con este matiz en la retina, el próximo Congreso se caracterizaría por una fragmentación del voto y con la necesidad de realizar acuerdos de gobierno entre formaciones políticas con idéntica representación (lo que trasladaría al Congreso la pugna interna que hemos mencionado respecto a ERC y JxC por el liderazgo del independentismo).

En cualquier caso, y a pesar de los problemas del PP, hay un rearme del centroderecha parlamentario, de manera que un acuerdo entre populares y C’s garantizaría un gobierno de derechas en Moncloa. Este escenario se explica por la incapacidad del PSOE por emerger como alternativa al PP, tal y como ha ocurrido desde la Transición política, y por los problemas que atraviesa en este momento de la legislatura Unidos Podemos.

En el caso de los socialistas, el PSOE de Pedro Sánchez se sitúa en el 23.4% de intención de voto de media, -0.7  puntos respecto a la media de noviembre y +0.7 puntos respecto a las elecciones del 26J que se traducirían en una horquilla de 89-97 diputados y que podría verse afectado por los puntos elegidos por C’s para avanzar en su estrategia de elecciones municipales y autonómicas (Málaga, Madrid, Guadalajara, Murcia).

El partido que lidera Pablo Iglesias, por su parte, sería cuarta fuerza política en todos los sondeos, que recogen la misma tendencia: Se movería en torno al 16.1%, -5 puntos respecto al 26J, con poca oscilación entre los distintos estudios demoscópicos estudiados.

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Un descuido (o filtración) muestra la división entre los defensores del ‘Procés’

Joan Tardá avanzó en una entrevista, el pasado fin de semana, que si hacía falta sacrificar a Carles Puigdemont para conseguir la consideración de Cataluña como Estado-nación se haría: “Nuestra obligación es intentar que Puigdemont y Junqueras sean presidente y vicepresidente. Pero si es imprescindible tener Govern, si hay que sacrificar al presidente Puigdemont, tendremos que sacrificarlo”.

Este martes, el presidente del Parlament aplazó el Pleno de investidura tras señalar que Puigdemont seguía siendo el único candidato a presidir la Generalitat. El anuncio de Roger Torrent fue respondido con malestar por Junts per Catalunya (JxC) y la CUP y derivó en explicaciones posteriores: El presidente del Parlament había intentado ponerse en contacto con Puigdemont sin conseguirlo para anunciarle su decisión de esperar.

En la práctica, se ponía en evidencia, de nuevo, los problemas entre las formaciones independentistas que se han agudizado desde que las urnas confirmaron a JxC como el partido llamado a liderar el independentismo (y no a ERC, como se aventuraba antes de la convocatoria de las elecciones por aplicación del art. 155 de la CE). Todo ello en una calle movilizada con caretas de Puigdemont, lo que volvería a confirmar el músculo de la antigua Convergència en el caso de que fuéramos a unas nuevas elecciones autonómicas en Cataluña.

Este miércoles, El Programa de Ana Rosa, en Tele5, difundió una grabación de los mensajes que Puigdemont habría enviado a Toni Comín, ex conseller de ERC con el que viajó a Bruselas el pasado mes de noviembre, en el que el ex presidente de la Generalitat manifestaba su malestar por el anuncio de Torrent de aplazar la investidura. Esos mensajes, enviados en un intervalo de tiempo abultado, apuntaban a una victoria de la estrategia de Moncloa, sugería que JxC y ERC habían decidido “sacrificarle” para reconducir el Procés a la normalidad autonómica y recogían cuáles serían las aspiraciones de Puigdemont en el futuro: Defenderse y limpiar su imagen.

La difusión de estos mensajes tuvieron un efecto inmediato en dos sentidos: Por un lado, los contrarios al Procés defendían que se ponía en evidencia el cinismo de Puigdemont, que en privado defiende unos postulados que rechaza en sus comparecencias públicas, y daban por hecho el fin del Procés. Por otro, se manifestaba la extrañeza ante la posibilidad de que Comín se hubiera dejado grabar de esta manera en el acto organizado en Lovaina en el que estaba previsto que interviniera Puigdemont y que estaba, literalmente, lleno de periodistas y cámaras de televisión. Se ponía el foco en el tono de los mensajes, en el hecho de que fuera prácticamente un monólogo y, en nuestro caso, añadimos nuestra extrañeza ante el hecho de que aparezca “Carles”, un nombre muy común, como único dato del contacto en el móvil del ex conseller. En cualquier caso, parece claro que estamos ante un descuido o una filtración interesada por parte de Comín, a saber con qué fin.

Los protagonistas de los mensajes reconocieron que los mensajes son reales y anunciaban acciones legales ante lo que consideran una intromisión a su intimidad que no parece tal, puesto que esos mensajes se captaron en un sitio público y sin que el destinatario fuera obligado a nada.

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Con esta consideración, toca analizar el sentido de un descuido que bien podría deberse a una estrategia política en dos sentidos. En primer lugar, quedan claros los problemas que existen entre, digamos, la rama más decidida del independentismo y el independentismo que toca más tierra en estos momentos, que entiende como prioridad desactivar la aplicación del art. 155 de la CE y, por ejemplo, trabajar con el PSOE en una moción de censura contra Mariano Rajoy.  Así, estaríamos ante un intento de echar a la gente encima de los traidores a la independencia catalana, como ya se amagó durante la antesala de la votación del art. 155 de la CE en el Senado, y ante la confirmación de que las relaciones entre ERC y el PdeCat no pasan por su mejor momento.

En otro sentido, la gente de ERC trataría de poner en evidencia el cinismo del símbolo político de la resistencia independentista (Puigdemont), el principal baluarte de la candidatura de JxC, sobre todo de cara a unas elecciones anticipadas en las que ERC podría estar a la baja en beneficio de la antigua Convergència. Tanto en un sentido como en otro, la difusión de estos mensajes no deja en buen lugar a nadie.

Existe una tercera posibilidad, menos probable en este punto: Se trataría de ofrecer una imagen de división del independentismo con el objetivo de que el Estado central relaje la presión sobre los líderes fugados y aprovechar un hipotético descuido para convocar el Pleno de investidura, con presencia física de Puigdemont en Barcelona.

Las reacciones difundidas por cargos del PP y por el propio Gobierno, resaltando el “triunfo de Moncloa”, apuntalarían esta posibilidad ante una situación completamente desmadrada, con aviso de que el TS inhabilitará a los líderes del Procés (quizás no se quieren arriesgar a los resultados de unas nuevas elecciones). De confirmarse la fractura en el independentismo, se rompería el ciclo negativo para Moncloa en este arranque del año, con el Procés ocupando toda la agenda mediática del país con ridículos como el operativo para impedir la entrada de Puigdemont en el Parlament.

Hace unos días, Alfredo Pérez Rubalcaba, que hace unos días se reunió con cargos de CDC en un hotel en Madrid, señaló: “Los independentistas quieren que el Estado les quite a Puigdemont de en medio. El Estado lo hará y pagará un coste. Ahora se trata de ver cuál es el coste”. Veremos en los próximos días si esta escenificación tiene que ver con esa estrategia o no.

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CIS: La preocupación por independencia catalana cae 12.3 puntos en dos meses

Las encuestas recogen un estado de opinión en un momento concreto, es decir, en el momento en el que se recogen los datos que servirán para la elaboración de la encuesta. De ahí que sea, asumida la influencia de los medios de comunicación en el estado de opinión, resulte tan importante conocer la fecha de realización del trabajo de campo para poderlo comparar con el estado informativo durante ese momento y ver si hay relación directa entre una cuestión y otra. Normalmente suele ser así y existe una relación directa entre intención de voto y expectativas electorales o en la elaboración de la lista de problemas que existe en un lugar en un momento determinado.

El barómetro mensual del CIS del mes de diciembre, elaborado a partir de 2476 entrevistas realizadas entre los dáis 1 y 10 de diciembre, vuelve a confirmar esta hipótesis con una curiosidad: A pesar de la atención mediática respecto a la campaña electoral de Cataluña, la preocupación por la independencia cayó al 16.7%, colocándose como quinto problema nacional después de los habituales. Más contexto: El 16.7% que señala al Procés como problema de país supone una caída de 7.9 puntos respecto al mes anterior y -12.3 puntos si lo comparamos con el dato registrado en octubre, tras semanas de atención monotemática en relación a todo lo que llegaba desde Cataluña.

A la espera del próximo barómetro del CIS, del que se avanza que será catastrófico para el PP, los problemas del español medio siguen siendo los habituales antes de la última fase del Procés: El paro seguía siendo primer asunto de interés para el 66.8%, +1.7 puntos respecto al mes anterior, seguido de la corrupción y el fraude, que es mencionado por el 31.7%, un resultado casi idéntico al del mes de noviembre. Los políticos y los partidos políticos vuelven a ser citados como tercer problema par ael 28.5%, +1.5 puntos en un mes, con los problemas económicos en el 22.9%, medio punto menos respecto al mes anterior.

Si se pregunta por los asuntos que afectan más directamente, el paro sigue siendo la primera opción (34.5%), seguido de los problemas sociales (22.5%), los políticos y los partidos (10.3%) y el fraude y la corrupción (9.9%), mientras confirmamos que el electorado sigue sin ver como un problema que le afecte en su día a día que se hurte dinero al Estado o la corrupción directa.

En un segundo bloque encontramos también los asuntos habituales en la lista de problemas nacionales: La sanidad es citada por el 9.9% (con un porcentaje casi idéntico al 10% que dice sentirlo como problema que más le afecta personalmente), seguido de los problemas sociales (9.7%) o la educación, que es citada por el 6.9% (con un 7.1% que dice que le afecta directamente). Destaca, por cierto, el porcentaje que señala los problemas de la calidad en el empleo (10%) como un tema que le afecta directamente, al igual que la preocupación por las pensiones (9.3%).

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Si nos fijamos en el recuerdo de voto, volvemos  a ver las tendencias que hemos apreciado en otros barómetros del CIS: El intereés de los votantes de los partidos más recientes por asuntos como la corrupción o la calidad de la representación política o el desinterés de la base electoral de UP y de las confluencias por asuntos como la independencia de Cataluña o el paro.

El desempleo sigue siendo un tema que interesa sobre todo a los votantes de PP (72.1%), PSOE (77.9%) o C’s (70.9%), mientras que la corrupción y el fraude es destacado por todos excepto los votantes del PP (con hitos como el 61.8% que alcanza entre los votantes de En Marea, el 45.8% que logra entre los de En Comú Podem o el 47.6% que destaca entre los de Unidos Podemos). En cuanto a los políticos y lo spartiods, es un asunto destacado pro los votnates de En Marea (38.9%), ECP (35.6%) UP (29.7%), mientras que el porcentaje entre los de Compromís permanece por debajo de la media. La independencia de Cataluña preocupa sobre todo a los votantes de PP (28.1%), C’s (23.8%) y PSOE (19.2%), con la sanidad convertida en asunto de interés para los de PSOE (11.4%), ECP (13.6%) o Compromís (10.7%).

En cuanto al ambiente de país, el 53.5%, +2.6 puntos respecto al año pasado, define la situación económica como mala (65.8%) o muy mala (17.7%), con un 39.1% que es inclina por catalalogarla de regular. Respecto al año pasado, el 22.4% considera que las cosas marchan mejor, un 50.1% señala que todo sigue igual y un 26.0% se muestra pesimista. De cara al próximo año, el 23.5% cree que irá a mejor, el 43.5% que todo seguirá igual y el 20.6% que empeorará.

No hay dudas sobre el contexto político: El 73.4%, -2.3 puntos respecto al mes de noviembre, lo define como malo (35.3%) o muy malo (38.1%), con un 21% que lo tacha de regular. En comparación con el año pasado, el 46.4% cree que todo sigue igual y el 46.2% que es peor, con un 4.6% que lo define como mejor. De cara al próximo año, el 14.8% considera que las cosas mejorarán, mientras que el 41.8% mantiene que todo seguirá igual y un 27.2% que empeorará.

Modelo de Estado

Como en los meses precederos, no hay cambios significativos en la preferencia por el modelo territorial, que sigue siendo el Estado autonómico. El 37.8% se inclina por mantener el sistema actual, medio punto menos que el mes pasado, algo que comparte sobr etodo todo los votantes de PSOE (48.8%) y C’s (37.9%), que registran porcentajes superiores a la media nacional.

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El 27.4% preferiría una recentralización del Estado: El 17.9%, +0.6 puntos respecto al mes pasado, apuesta por un Estado unitario, una opción que destaca sobre todo entre la base electoral de PP (34.7%) y C’s (26.7%), con los socialistas situados cerca de la media nacional. La posibilidad de recuperar competencias transferidas es bien vista por el 9.5% del electorado, +0.4 puntos, sobre todo entre los de PP (15.9%), C’s (18.9%) y En Marea (11.1%).

Las opciones descentralizadoras convencen al 25.4% del electorado y aquí sí se registra un cambio significativo: El 16%, +2.5 puntos en un mes, apostaría por aumentar la transferencias autonómicas, lo que es compartido por el votante del PSOE (16.1%), de UP (29.7%) y las confluencias, con mención especial al 42.4% que se registra entre los votantes de ECP. La posibilidad de que las CCAA se conviertan en Estados independientes es compartida por el 9.4% del electorado, -0.3 puntos respecto al mes pasado, sobre todo el ubicado en la órbita de UP y las confluencias (con mención especial al 42.4% registrado entre los de ECP y, por escaso, al 14.3% de apoyo entre los de Compromís).

Por último, y en relación al eje izquierda/derecha, los españoles se ubican en el 4.6 de media: a la derecha encontramos al PP (6.9) y a C’s (5.38), mientras el resto de formaciones políticas compite por la izquierda. Ahí encontramos al PSOE 83.8), a UP y ECP (ambos en el 3.09) y a Compromís (3.17). Los votantes de En Marea (2.56) son los que más se ubican a la izquierda, un dato que rompe la tendencia de la serie.

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