La sacudida comienza en Andalucía

La digestión de los resultados de las elecciones autonómicas andaluzas está siendo muy pesada. La irrupción de VOX como partido con representación parlamentaria con nada menos que 400.000 votos y 12 escaños, pulverizando todas las estimaciones de voto publicadas, puede constituir el inicio de una ola similar a la que en su momento situó a Podemos como la formación llamada a sustuir al PSOE como fuerza hegemónica de la izquierda.

A pesar de que VOX fue fundado hace cinco años y que durante este periodo ha pasado muy desapercibido, Andalucía constituye su puesta de largo para el electorado medio con un discurso que no es en absoluto novedoso en el fondo pero sí en las formas, tal y como vio Franco Delle Donne desde su cuenta de Twitter:

Estamos ante el ideario tradicional de la ultraderecha española que, con discursos actuales, ha encontrado un caladero de votos en sectores contrarios al Estado de las autonomías, a los movimientos sociales y políticos identitarios y que entiende la inmigración como el principal problema como baluarte de disolución del sustrato cultural católico aprovechando la coyuntura de una crisis económica cuyas heridas siguen abiertas en el tejido social.

Con los 400.000 votos recibidos el 2D, VOX se presenta como un partido con utilidad para acabar con la hegemonía socialista en Andalucía y con una capacidad de crecimiento en los próximos meses que puede derivar en ruidosas sorpresas en las elecciones europeas, autonómicas y municipales previstas para el próximo mes de mayo. Sobre todo si el resto de formaciones políticas entra en su juego blanqueando sus planteamientos por miedo o por conveniencia de cara a los pactos presentes y futuros o si compran sus temas y argumentos aunque sea como forma de oposición, como ha  hecho PSOE y Podemos desde que las urnas confirmaron la sorpresa en Andalucía.

La izquierda, en retroceso

La noche del 2 de diciembre se consumó la sacudida: Con una participación del 58,65%, -3.6 puntos respecto a las elecciones de 2015, el PSOE de Susana Díaz no aguantó y se dejó 400.00 votos y 14 diputados respecto a las últimas elecciones autonómicas. Con 33 diputados, Díaz corona el peor resultado del socialismo andaluz en los comicios de una CCAA que llevan controlando durante 40 años. Hasta ahora, las elecciones de 1994 constituían el peor resultado del PSOE-A (1.4 millones de votos y 45 diputados). En perspectiva, los resultados de este domingo certifican el desgaste del partido hegemónico por excelencia en Andalucía, que en 2008 logró 2.2 millones de votos y 56 diputados y  que constituye hoy el principal granero de votos del PSOE a nivel nacional tras la hecatombe en Cataluña.

La jugada resulta más difícil de digerir si tenemos en cuenta que la presidenta de la Junta en funciones decidió adelantar los comicios medio año para aprovechar el impulso del cambio de Gobierno central. Esta decisión, y la construcción de una campaña muy personalista y centrada en su persona, que evidenciaba su desconexión con el sanchismo, conlleva la asunción directa de unos resultados que, seguramente, tienen una lectura nacional importante. El electorado que esta vez ha optado por VOX es posible que se haya sentido incentivado a acudir a las urnas por la decisión de Pedro Sánchez de apoyarse en los votos del independentismo para desalojar a Mariano Rajoy del Palacio de la Moncloa en la moción de censura votada el pasado mes de mayo.

Hace unos días, Lucía Méndez destacaba el origen popular de Santiago Abascal y de VOX. Eso contribuye a explicar la posición del PP respecto a su anterior compañero, que abandonó el partido por su oposición a todo lo que representaba y defendía Mariano Rajoy. Sin embargo, ese giro a la derecha no ha derivado tampoco en ganancias para la lista que encabezaba en Andalucía Juan Manuel Moreno. El PP pierde 316.000 votos y siete diputados, un mal resultado que el partido ha camuflado con las opciones de que Moreno se convierta en el próximo presidente de la Junta con el apoyo de VOX y de C’s, que estos días mantiene cierta distancia sobre la posibilidad de entrar en esa alianza.

Es decir, con el peor resultado posible para el PSOE, que ha visto cómo la abstención crecía en sus feudos tradicionales, el PP no aparece como alternativa creíble y retrocede a niveles de apoyo de 1990 (611.000 votos y 26 escaños). Además, el espacio ideológico que ocupaba en solitario se ha fragmentado en tres, con competencia directa en su flanco más centrista y en el extremo a pesar de tener a Pablo Casado, que no ha evitado comprar los marcos puestos en marcha en VOX durante toda la campaña andaluza.

Como apuntábamos, C’s sigue siendo una incógnita difícil de entender en un país como España: Con un candidato muy flojo, han hecho una campaña que ha evidenciado dificultades orgánicas que, sin embargo, se han traducido en 660.000 votos, lo que les hace pasar de 9 a 21 diputados. C’s es hoy la llave de Gobierno de la Junta gracias a un éxito electoral sólo empañado por el hecho de no lograr sobrepasar al PP como segunda fuerza parlamentaria en Andalucía-.

Por su parte, VOX consigue el 11% de la representación y 12 escaños, con presencia en todas las circunscripciones y con hasta dos escaños en Málaga, Sevilla, Cádiz y Almería, las cuatro provincias en las que se daba por segura su entrada en el arranque de la campaña. Su mérito, sin embargo, será la normalización de sus opciones dentro del sistema político a pesar de su ideario de derecha sin complejos, abiertamente xenófobo, anticatalanista, contrario al Estado de las autonomías y a toda la normativa que huela a derechos de minorías, igualdad o feminismo.

En este contexto, la confluencia Adelante Andalucía también confirmó su fracaso al quedarse en 584.000 votos y 17 diputados, algo que nos sorprende especialmente. A pesar de la buena campaña que ejecutó el tándem Teresa Rodríguez-Antonio Maíllo, AA perdió 282.000 votos respecto a los resultados que consiguieron por separado en 2015 Podemos e IU. El análisis de los resultados electorales por parte de Unidos Podemos, apelando a la constitución de un “frente antifascista” que pare a VOX en la calle, no hace sino consignar un análisis errado que debería pasar por las dudas ante las posibilidades de las confluencias y el agotamiento de un planteamiento en retroceso en Andalucía y en el resto del país.

El análisis y las consecuencias

Hasta ahora, el sistema político y de partidos andaluz constituía una singularidad en un sistema político que ha cambiado el propio funcionamiento del país en los últimos años. En línea con lo que está ocurriendo en buena parte de Europa y España, Andalucía se suma al sistema multipartidista y fragmentado que se vislumbró en 2012 y que se confirmó en las elecciones celebradas entre 2015 y 2016. Con años de retroceso, el electorado ha hecho pagar al PSOE sus lastres en forma de corrupción, clientelismo y un retraso económico que esconde la inexistencia de un modelo productivo más allá del sector agrario o el turismo.

No obstante, los resultados esconden algo más y tiene que ver con las costuras del sistema social y político resultado de la crisis económica que cristalizó hace una década. Recordemos el giro que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ejecutó a partir de mayo de 2010 y el sacrificio de las generaciones más jóvenes para proteger a los mayores de 65 años, una tendencia que se mantuvo con el cambio de signo en el Gobierno central. Hoy, el escenario tras la crisis es elocuente: precarización de las condiciones de trabajo,  expulsión del mercado laboral de trabajadores de más de 40 años o imposibilidad de entrada en el mismo de los más jóvenes, que tienen más que asumido que vivirán peor que sus padres o sus abuelos.

La gestión de la crisis económica y financiera se ha traducido en un aumento de las desigualdades, que se traduce en subidas nimias de sueldos mientras se disparan los beneficios empresariales, y la voladura controlada de todo el tejido que sustentaba el Estado social. La combinación de este factor, el hecho de que ni la formación sirve como ascensor social ni estar empleado garantiza salir de la pobreza y la percepción de que las ayudas sociales sólo recaen en la población extranjera (10%) alimentan una frustración social que se traduce en una desconexión de un sistema que se empieza a percibir como parte del problema y no de la solución.

Es en este contexto en el que el electorado opta por una abstención crítica (como parece que ha ocurrido en Andalucía, más allá de constatarse que hay mayores niveles de participación cuando estos comicios coinciden con la convocatoria de elecciones generales) o la tentación de optar por fuerzas que, con un discurso de corte autoritario, hablan de tú a tú al electorado en un idioma que entienden y que tienen como requisito la voladura del sistema político.q

VOX ha encontrado en la crisis abierta en Cataluña el pegamento perfecto para unir a sectores que sienten amenazada la unidad de España en un combo en el que se atacan todos los avances sociales que huelan a igualdad o feminismo. Es decir, el electorado más conservador, católico militante, que antes constituía un mercado cautivo para Génova, que tenía capacidad de movilización en función de los intereses de sus respectivas direcciones, se ha desmembrado del núcleo familiar y ha encontrado acomodo un partido nuevo que, además, forma parte del tronco ideológico tradicional popular.

Ahí no ayudan análisis de los resultados electorales como el que hizo Susana Díaz el lunes: “Si quitas a la extrema derecha, es evidente que hay una mayoría de izquierdas en Andalucía”. Tampoco hablar de un frente antifascista en la calle cuando lo que se constata es un alejamiento de las fuerzas políticas de izquierda de su electorado, que quizá no entiende que la prioridad sea el discurso inclusivo o la almendra central en Madrid y no atacar de raíz las desigualdades económicas o de clase. Así, poco a poco se extiende la desconexión del centroizquierda con los que deberían ser sus representantes y que no sólo se amurallan en chalets en Galapagar, sino que ni siquiera hablan su idioma ni parecen tener interés por sus preocupaciones.

El éxito de la derecha en Andalucía tiene que ver con su capacidad de movilización pero también con la decepción de la izquierda respecto a sus referentes. Seguramente, una parte del electorado socialista no entendiera que Susana Díaz liderara la opción de facilitar el gobierno de Mariano Rajoy o su tentativa de salto a la política nacional. Asimismo, es posible que una parte del electorado que en su momento confió en IU y/o Podemos entienda que estamos ante partidos inútiles para conseguir objetivos reales porque han perdido pegada en su cuestionamiento del sistema en su raíz. En este sentido, basta recordar la conexión de Pablo Iglesias con Pedro Sánchez para aprobar los PGE o la posición de la formación morada respecto a Cataluña.

Esta crítica o abandono ocurre en un momento en el que una parte del electorado más escorado a la derecha, que hasta ahora votaba al PP con la nariz tapada, ha considerado que es más útil dar su voto a las siglas que lidera Abascal, que podría moverse en torno al 10% de intención de voto en unas elecciones generales, gracias a un discurso que ataca la unidad de España que Cataluña ha puesto en duda, el combate contra las feminazis y la “ideología de género” y la inmigración no europea.

En la práctica, hemos visto la entrada en la vida política de un partido que embrida con el  movimiento neocon, aderezado con elementos singulares en torno a la unidad de España o el modelo identitario con trazas de catolicismo militante. No es de extrañar que Marine Le Pen o Steve Bannon hayan felicitado a Abascal por sus resultados en Andalucían y por la brecha que ha abierto y que constituye el verdadero problema de VOX: Su capacidad para contagiar al resto de formaciones políticas y los discursos con un dominio de la agenda en la que también tendrán responsabilidad unos medios de comunicación absolutamente volcados en la audiencia.

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2D: El PSOE saca 13 puntos al segundo, en disputa entre PP y Adelante Andalucía

La campaña electoral afronta su recta final. El domingo Andalucía se convertirá, con datos reales, en el primer laboratorio de pruebas para testar la situación política española tras la moción de censura que descabalgó al PP del Gobierno central. A pesar de la singularidad andaluza, con un PSOE desgastado tras 40 años en el gobierno de la Junta, las urnas permitirán extraer conclusiones en torno a la competencia que le ha surgido al PP en su blanco derecho e izquierdo y a las opciones de acuerdo entre PSOE y Podemos una vez que todos los protagonistas se preparan poco a poco para un adelanto de las elecciones generales.

Los sondeos sobre intención de voto publicados en las dos últimas semanas  sobre Andalucía son claros: El PSOE volverá a ser el partido más votado, muy por delante de su inmediato competidor. La lista que encabeza Susana Díaz sufre de cierto desgaste, que es más pronunciado según el estudio demoscópico al que hagamos referencia. Con un 33.5% de media, apenas se deja 2 puntos en intención de voto respecto a las elecciones de 2015, con horquillas de entre 37 (Sociométrica) y los 47 escaños que tiene en la actualidad (CIS). Con un 38% de abstencionistas e indecisos, Díaz parece una de las grandes beneficiadas de la norma no escrita en campañas electorales que prioriza al candidato o la marca electoral tradicional como motor para convencer a los indecisos en los últimos días de campaña.

La pugna se concentra en la segunda plaza, con tres claros competidores que parten de puntos de partido diferente: Adelante Andalucía, la marca de Podemos en estas elecciones, se movería en torno al 19.5% de intención de voto, con estudios (CIS,Me4troscopia, SE Demos) que colocan la lista que lidera Teresa Rodríguez incluso por delante del PP. Los últimos estudios publicados (GAD3, Sigma Dos, Sociométrica o NC-Report) sí recogen cierta distancia de Adelante Andalucía respecto al PP, y todo ello a pesar dela buena campaña electoral que el partido está ejecutando en estas elecciones y de una candidata como Teresa Rodríguez, que ha priorizado los temas sociales (dependencia, empleo, pobreza) y Andalucía frente al factor nacional español del que han hecho gala los competidores de Díaz.

A la espera de lo que decidan las urnas, el PP cae en estimación de voto de acuerdo con todos los estudios publicados, una situación que recuerda mucho a la que el PSOE sufrió en su momento con la irrupción de Podemos. En un momento de desgaste de la marca electoral de referencia en Andalucía, el PP pierde apoyo y se movería en torno al 20.8% de media, con estudios que lo coloca como tercera fuerza (CIS, SW Demos) o en clara competición con Podemos por ser la segunda fuerza. En cualquier caso, la lista de Moreno se deja 6.8 puntos a pesar de la presencia masiva de Pablo Casado en Andalucía estos días y de la asunción de discursos que acercan al PP al ideario de VOX.

La campaña andaluza ha puesto de manifiesto que, con años de tardanza, C’s parece en disposición de competir con los populares por ser la fuerza de centroderecha referencia en Andalucía, y todo ello con una escasa presencia en la calle y con un candidato manifiestamente mejorable, como se confirma en todos los debates electorales a los que acude.

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La decisión de concentrar buena parte de sus mensajes en Cataluña y en la unidad de España parece convencer a un electorado andaluz que perdona que Marín y el resto de pesos pesados de C’s hayan elaborado una campaña en clave nacional y no andaluza. Según los estudios publicados, se movería en torno al 17.5% de estimación de voto, +8.2 puntos en relación a su último resultado en Andalucía y a pesar de tener un equipo prácticamente desconocido para el electorado medio.

En este punto, hay que hablar también de VOX, al que algunos sondeos le otorgan hasta 5 diputados en el próximo Parlamento andaluz. Estas elecciones debieran servir como punto de inflexión, sobre todo si se constata la capacidad de influencia de su discurso en sus competidores ideológicos. Durante el útlimo fin de semana de campaña, Casado habló directamente de “valores occidentales” en aparente contradicción con la cultura de la inmigración de base musulmana, una referencia que no se aleja demasiado de la idea de Reconquista con la que Santiago Abascal parece obsesionado.

VOX, que hace unos días reunió a 2000 personas en Granada, podría entrar en el Parlamento andaluz con un 4.5% de estimación de voto y horquillas de entre 0-5 diputados. Nuestra apuesta es que tiene tres asegurados (Almería, Málaga y Sevilla), a la espera de que el juego de mayorías no le convierta en decisivo para formar gobierno en Andalucía.  Casado estaría dispuesto si esa opción se diera.

CODA. Por motivos personales, apenas he podido seguir esta campaña electoral más de los sondeos sobre intención de voto publicados, que he ido rescatando en mi perfil del blog en Twitter, y de las herramientas puestas en marcha por los diferentes partidos para dar a conocer a sus candidatos y propuestas. Esta campaña no será recordada por la calidad de los planteamientos: Desde los mejores planos fotográficos para ocultar que C’s apenas reunió a un grupo de amigos en su acto de Dos Hermanas (Sevilla) al intento de acercar a un candidato tan flojo como Juan Manuel Moreno al común de los electores. Para muestra, su interpretación de la canción Sabor de amor, de Danza Invisible en el último fin de semana de campaña:

O su réplica a un vídeo puesto en circulación por Podemos en el que Teresa Rodríguez aparecía como la Khaleesi andaluza, uno de los guiños habituales a Juego de Tronos en la formación morada:

Moreno, que tiene 47 años, optó por otra referencia a la cultura pop más cercana a su generación, Star Wars. No se puede decir que el vídeo proyectara una imagen de improvisación o de comodidad del candidato, que volvió a vestirse con el chaleco del que ya hablamos a propósito del arranque de la campaña:

Mención aparte merece el spot elaborado por el partido y emitido en la previa del primer debate de los cabezas de lista de las elecciones autonómicas celebrados en Canal Sur. Parece que el vídeo fue retirado por el propio cuartel de campaña de Moreno una vez asumido el error en el planteamiento y en el tono que, evidenemente, no transmitía ninguna ilusión por la marca electoral popular.

Compárese con la factura de los vídeos electorales de Adelante Andalucía, que ha demostrado tener presencia en las calles, como demostró el mitin improvisado de Rodríguez en Almería o que el auditorio de la Universidad de Granada se quedara pequeño en el acto de campaña organizado por la formación.

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El PS luso aprovecha el descenso de la izquierda roza el 40% de estimación de voto

Los grandes números hablan de estabilidad demoscópica en Portugal, a un año de las elecciones generales. La izquierda parlamentaria concentra el 55% de la representación, según los sondeos publicados a lo largo del mes de noviembre, +21 puntos respecto a la suma de PSC y CDS, formaciones que en 2015 se presentaron como única marca electoral.

Hablamos de todo un referente para los primeros meses del Gobierno de Pedro Sánchez que, sin embargo, parece obviar el punto de partida que diferencia España de Portugal: en el país vecino, el PS no se desplomó como marca electoral como le ocurrió al PSOE, ni siquiera tras la dimisión del primer ministro socialista José Sócrates, luego encausado por corrupción. 

Si analizamos los datos según los bloques, vemos algunos cambios que se vienen repitiendo en los últimos meses y que habla de cierta concentración del voto en torno al PS en el bloque de centroizquierda y a un PSD estancado, situación de la que se benefician los liberales.

Con un 39.8% de media, el PS sería el ganador de las elecciones en Portugal, +13.2 puntos respecto a su inmediato competidor y +7.5 puntos en relación a su último resultado en las urnas. Este resultado se explica por la paulatina caída de apoyos en relación a sus socios parlamentarios, en buena medida por la marcha de la economía y porque, también en lo simbólico, los socialistas capitalizan sus discursos en torno a la lucha contra la corrupción  o el discurso migratorio.

Frente a un primer ministro socialista con buena imagen interior y exterior, el PS busca ampliar todavía más su base electoral dirigiéndose, precisamente, a los votantes de izquierdas, frente a los que antepone la madurez del Gobierno socialista frente a la poca preparación del resto de formaciones de izquierda para gobernar.

Según los sondeos, el BE se movería en torno al 8.4% de estimación de voto, casi 2 puntos menos que en las elecciones de 2015 con un sondeo, Aximage, que todavía le acerca a los niveles obtenidos hace tres años. Su líder, Catarina Martins, fue reelegida en la XI convención nacional que el partido celebró hace unos días. Por su parte, el CDU obtendría un 6.6% de media, -1.6 puntos respecto a su último resultado en las urnas, una caída que es más pronunciada en el estudio de Aximage.

El PSD, con un 26.6% de media, sigue sin despegar en los sondeos sobre intención de voto, con datos que parecen indicar que el CDS estaría arañando votos. Según los datos de noviembre, se movería en torno al 7.35% de media, lo que suma un 33.95% de apoyo, -4.7 puntos respecto a su último resultado en las urnas, con su líder, Assunçao Cristas, apelando al enfoque de centro frente a un Gobierno socialista al que acusa de estar entregado a la izquierda radical.

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ND se despega de Syriza y le saca 13 puntos

El adiós anunciado de Angela Merkel y la posición del Gobierno italiano respecto a sus presupuestos han ayudado a recordar a propios y extraños la gestión de la crisis del euro que capitaneó la canciller y el trato que, sobre todo los países del norte de la UE, dispensaron a las economías del sur, con especial mención a Grecia. Nada de lo que ha ocurrido en el país desde 2008 respecto al empobrecimiento de amplias capas sociales y en relación al sistema de partidos y al propio régimen político griego se explica sin la cara más fiera del capitalismo financiero, sin la gestión de la Troika y sin la actitud de buena parte de los países ricos de la Eurozona, que hoy se escandalizan con la emergencia del llamado factor nacional frente al comunitario.

Hoy, Nueva Democracia tiene todo a su favor para ganar las elecciones con comodidad, con un resultado muy parecido al que logró Syriza en su momento en un país que ha vivido hace unos días la séptima huelga general convocada desde que Syriza llegó al poder y que se acompañó con una huelga de funcionarios. Con un 37.4% de media, ND gana 9.3 puntos respecto a sus datos de hace tres años y suma 2.5 puntos en relación a los sondeos que analizamos el mes anterior.

Su líder, Kyriakos Mitsotakis, sigue usando el acuerdo con Macedonia como argumento contra el Gobierno de Syriza, consciente de que éste es un asunto que dificulta las relaciones entre la formación de izquierda radical y su socio de gobierno, ANEL, que amenazó hace unas semanas con una crisis de gobierno en toda regla por su oposición a los términos del acuerdo. ND ultima estos días las candidaturas para las elecciones locales, que se celebrarán el próximo mes de mayo y que constituyen el primer test que medirá la fortaleza de Syriza y ND de cara a los comicios generales.

En este contexto de movilizaciones, Syriza se quedaría en el 26.3% de los apoyos, -9.16 puntos en relación a los comicios, casi 2 puntos menos respecto a los estudios publicados a lo largo del mes de septiembre. Alexis Tsipras, que multiplica estos días sus contactos internacionales,  centra todos sus esfuerzos en lograr un acuerdo con la UE que le permita no recortar las pensiones y ganar tiempo para acabar la legislatura. La de arena llegó en forma de anuncio de reforma constitucional para, entre otros puntos, limitar a dos el número de mandatos consecutivos, introducir un sistema electoral proporcional, facilitar la designación del presidente de la República e introducir la posibilidad de convocar referendos a iniciativa popular.

Amanecer dorado seguiría siendo tercera fuerza parlamentaria con un 8.3% de intención de voto, un resultado muy similar al que recogían los sondeos hace un mes y +1.4 puntos por encima de su último resultado en las urnas. El Movimiento para el Cambio, KINAL, que ha cumplido su primer aniversario desde su creación, se movería en torno al 8.4% de representación, +0.65 puntos respecto a los estudios de hace un mes y +2.12 puntos en relación al resultado del PASOK. En este tercer nivel, el KKE subiría al 7.4% de media, +0.9 puntos respecto a los estudios publicados en el mes de septiembre.

Si aciertan los sondeos sobre estimación de voto, el próximo Parlamento heleno será menos fragmentado que los últimos. Así, en la cola encontramos a las formaciones políticas habituales, con dos, To Potami y EK situadas en el 2.15% y en el 2.4% de media respectivamente. Tanto Anel como LAE estarían por debajo del 2% de apoyo (1.75 y 1.25% respectivamente).

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2D: Carteles de campaña de las elecciones andaluzas

El jueves arrancó la campaña electoral de los comicios autonómicos andaluces, la primera prueba para testar la situación política y las opciones de los diferentes partidos en un escenario real. Analizamos en este post los carteles electorales con los que se presentan las candidaturas con más opciones para entrar en el Parlamento andaluz, con permiso de los 2 escaños que algunos estudios demoscópicos otorgan a VOX.

  El PSOE lo fía todo a la marca Susana 

Díaz anunció el adelanto electoral en Andalucía vestida de verde. En el cartel de campaña, su equipo la sitúa como la protagonista indiscutible en una imagen en la que se opta por no centrar a la candidata. Susana Díaz aparece claramente escorada a la izquierda, aunque se corrige la postura con leve pronunciamiento corporal a la derecha que se nota en su eje y en cómo se resalta el brazo derecho cruzado debajo del pecho. En un contexto en el que se sigue acusando al PSOE de no estar suficientemente comprometido con la izquierda, éste es un mensaje directo al electorado que, también, obtiene el mensaje de que es Susana Díaz (“con Susana”, en rojo) la persona llamada a ese giro.

La cabeza de lista del PSOE aparece inserta sobre un fondo blanco y entre dos franjas verdes, un mensaje también evidente a la vertiente andalucista de la que siempre hace gala la presidenta de la Junta. Por si queda alguna duda, esta idea se remarca con el lema de campaña “+ Andalucía”, en letras blancas sobre el fondo verde, otro guiño más a la bandera andaluza. El eslogan, que lanza el mensaje con el símbolo “más”, se repite al incluir el hashtag   sobre la fotografía de la candidata y una mención a las redes sociales que el equipo de campaña está utilizando en estas elecciones.

En cuanto a la imagen elegida, destaca la mirada al frente de Díaz, es decir, al elector, a pesar de que su eje corporal esté girado a la derecha. También destaca la juventud, que se proyecta tanto en su rostro como en el peinado, maquillaje y ropa que lleva, que se completa con varias pulseras de tipo informal en su muñeca derecha. Si comparamos la imagen de Díaz (44 años) cuando llegó a la Junta y la Díaz actual, es evidente que ha mejorado en su estilismo y que se ha envuelto de un barniz de actualidad que se proyecta, sobre todo, en la elección de la cazadora de cuero roja.

Cabe recordar que la imagen de Susana Díaz recuerda a la de otra candidata socialista se vistió de manera similar para otras elecciones, en la precampaña de las municipales de 2003; en aquel momento, se entendió que Trinidad Jiménez aparecía demasiado guapa y que eso podría minar sus opciones al Ayuntamiento de Madrid, por lo que se optó por cambiar la fotografía de la candidata a otra más conservadora.

En esta ocasión, Díaz opta por una chaqueta de cuero rojo, que, jutno con la postura, resutla menos agresiva que la que proyectaba Jiménez en 2003. También se destaca el color rojo en la frase “Con Susana”, una manera de personalizar a la candidata y acercarla al electorado medio. Así, los socialistas no se olvidan del color habitual de la izquierda socialista, que también recupera en las siglas del partido, que aparecen en un lugar muy secundario del cartel, casi como salida al mismo. En conjunto, se refuerza la idea de una mujer moderna, de izquierdas aunque sin pasarse y con Andalucía como seña de identidad y, entendemos, como proyecto final tras su fracaso en las primarias socialistas.

Errores no provocados del PP en el arraque de la campaña

Juan Manuel Moreno no es un buen candidato en términos generales. Lo demostró en las elecciones autonómicas de hace tres años y lo está demostrando de nuevo en las últimas semanas. El patinazo en su imagen de la fotografía con Pablo Casado y sus respectivas familias en un McDonald’s ha pasado de ser una anécdota a formar parte de una estrategia de campaña que, a nuestro juicio, está equivocada porque ignora el perfil medio del votante del PP y porque dispersa un mensaje que debería estar claro en estos momentos de la legislatura.

El lema del PP en la campaña andaluza es  y, con esa idea, Moreno arrancó su campaña en Málaga con un acto en el que se pretendía visualizar un proyecto económico que haga de Andalucía una potencia de innovación y que, en la práctica, volvió a resultar extraño. Por un lado, se optó por priorizar las imágenes de los políticos hombres jugando con videojuegos, es decir, de nuevo se trasladó la idea de que las mujeres están ahí para encargarse de tareas admninistrativas y/o para admirar a sus compañeros. Por otro, se pasó por encima que el perfil de votante del PP es hombres de más de 55 años, es decir, no especialmente conectados con el mensaje que la campaña de Moreno quería transmitir.

Por si esto no fuera poco, Moreno y Casado protagonizaron luego un mitin en el que, sobre un escenario con un fondo innovador, ambos aparecieron como si fueran presentadores de un evento y no políticos profesionales pidiendo el voto. No ayudó en exceso que Moreno decidiera vestirse con un chaleco que, como se han visto bien en otros análisis, no casa en absoluto con la tradición española y, mucho menos, con la de un partido que, a menudo, peca de ser excesivamente serio y conservador también en su vestimenta.

Algo de esto se traslada al mensaje de campaña, que puede el más tradicional en su planteamiento. De nuevo, una candidatura elige aclarar los contornos de la imagen, como ya se hizo con la candidatura de Pedro Sánchez en su momento, aunque en este caso el candidato popular no presenta una imagen tan cadavérica como el entonces número 1 del PSOE. En esta ocasión, se prefiere colocar a un Moreno centrado -guiño al espacio electoral que quiere ocupar-, que mira de frente al votante -para ganarse su confianza- y que esboza una sonrisa. Su rostro levita sobre un fondo blanco  y queda enmarcado con letras que combinan el azul corporativo del PP con un verde vivo que, entendemos, quiere enfatizar la idea de que estamos ante unas elecciones andaluzas, aunque esa tonalidad no es la de la bandera andaluza.

Por su parte, el candidato viste una camisa azul celeste que se aclara totalmente en la parte inferior del cartel, donde aparece la página web del candidato (una idea innovadora en las campañas electorales de hace años y que ya sirve para poco por su poco margen de sorpresa) y los iconos de las redes sociales en las que harán campaña en estos comicios. Igual que el PSOE, el PP esconde las siglas en la parte inferior izquierda del cartel

El PP empieza la campaña con el objetivo de quedar como segunda fuerza en el Parlamento, un dato que, según filtran a diario, estaría garantizado. En estos momentos, no tienen ninguna opción de vencer a Susana Díaz, de manera que su lema tiene que ver con sus opciones para liderar una alternativa que impida que Díaz pueda reeditar su cargo. No parece, por lo tanto, que su lema sea muy ajustado al leit motiv que debería envolver su campaña.

Para reflexionar la incongruencia entre los que el PP proyecta en la práctica y el diseño de una campaña en la que, además, la presencia de Pablo Casado será diaria. Hasta tal punto se está volcando Génova en Andalucía que Casado protagoniza carteles en los que el candidato aparece como mero telonero y actos electorales en solitario. No hay mejor confirmación de que Casado se juega buena parte del resto del ciclo electoral el 2D, lo que puede resultar un regalo envenado para sus adversarios si el PP no logra el objetivo que se ha fijado en estos comicios.

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Adelante Andalucía: 

Una de las incógnitas de estas elecciones será el lugar que ocupe finalmente la marca de Podemos en Andalucía. Si, como apunta el CIS, quedara como segunda fuerza, el mensaje que llegaría al resto del país es que la fragmentación en el centroderecha puede beneficiar al resto de opciones en el país. En clave interna, un buen resultado en Andalucía le permitiría a Teresa Rodríguez seguir manteniendo la independencia del aparato andaluz respecto a las decisiones orgánicas del partido a nivel nacional, dato que cobra más interés si tenemos en cuenta el penúltimo problema que ha saltado en Madrid a propósito de las candidaturas para las próximas elecciones locales.

En esta ocasión, el partido no ha arriesgado en la elección del cartel de campaña. Ha situado a Teresa Rodríguez y a Antonio Maíllo, coordinador general de IU Andalucía, como los líderes que pretenden aglutinar el voto situado a la izquierda del PSOE. A diferencia de 2015, en esta ocasión sí ha habido acuerdo para una candidatura única que se nota en el marketing electoral y también en el propio diseño de la campaña, con la presencia conjunta de ambos en mítines y actos que difunde el propio equipo en redes sociales.

En el cartel se combinan dos colores predominantemente: Por un lado, el blanco de la camisa que portan ambos candidatos y que se refuerza con el blanco que se vislumbra en las personas, en su mayoría mujeres, que aparecen desdibujadas al fondo. Y por el otro, el verde que, entendemos, recoge los colores oficiales de la bandera andaluza, una pertenencia de la que Teresa Rodríguez hace gala siempre que puede. El verde sirve de fondo para colocar las siglas de la coalición electoral, su anagrama (las dos Aes en mayúscula) y el lema de la campaña, un dato que cobra más sentido si tenemos en cuenta las críticas que llegaron desde ámbitos del PP a Andalucía por el retraso de sus alumnos.

En esta ocasión, prima la ausencia del color morado, que se usa sólo para colorear el nombre de Podemos Andalucía, mientras Rodríguez y Maíllo miran al frente, buscando la complicidad con el electorado. También lo hacen las personas que aparecen al fondo de la imagen y que vuelven a construir la idea de grupo o de colectividad empujando para un bien común, algo que ya Podemos puso en marcha en las elecciones generales de 2015 y de 2016.

En cuanto a los candidatos, resalta el uso del blanco como color corporativo, lo que resulta más llamativo todavía porque no es un color muy habitual en Rodríguez, que prefiere vestir con colores más vivos. Sí mantiene su peinado y sus pendientes con raíces étnicas, lo que vendría a proyectar la idea que siguen siendo ellos a pesar del tiempo transcurrido desde su primer asalto en Andalucía.

En este sentido, parece más acertado un cartel que difundieron horas antes del arranque oficial de la campaña desde sus redes sociales:

Ciudadanos vuelve a tirar de líderes nacionales:

Uno de los grandes problemas que tiene Ciudadanos es la sobreexposición de Albert Rivera como líder reconocido en todo el país. La dificultad para encontrar dirigentes solventes, con tirón, en la segunda y tercera línea obliga al presidente de C’s a multiplicar su presencia ante los medios, también en las campañas electorales de su partido.

En Andalucía, ha habido tres años y medio para que el electorado se familiarice con Marín, un candidato que, según el CIS, sólo es reconocido por el 46.9% del electorado a pesar del acuerdo de gobierno firmado con el PSOE para garantizar el gobierno de Susana Díaz. Eso explica por qué Inés Arrimadas, nacida en Jerez de la Frontera, ha protagonizado actos de precampaña con Marín, con pinchazo incluido, y por qué el cabeza de lista se ha rodeado tanto de Rivera como de Arrimadas en un cartel electoral que, por otra parte, es el más original de los analizados.

En él, Marín se sitúa en el centro, agarrando un palo selfie con el que, en teoría, se estarían haciendo la foto que se difunde como cartel de campaña. A su derecha se sitúa Arrimadas y, a su izquierda, Rivera. El eje corporal de Marín aparece girado a la izquierda, lo que puede denotar también un mensaje sublimal en torno al mensaje ideológico que quiere trasladar al votante: C’s es un partido de centro con pulsos a la izquierda en una CCAA como Andalucía. Será interesante ver si el equipo nacional de C’s recupera esta idea en los carteles para las elecciones autonómicas.

Detrás de ellos aparecen personas anónimas, sobre todo mujeres, que acompañan a los tres políticos en lo que parece una instantánea obtenida en un acto informal: En una calle con casas enlacadas en blanco, típicamente andaluzas, un grupo de amigos se pararon para hacerse una foto de grupo. En la práctica, se proyecta la idea de que son un grupo bien avenido de gente normal y corriente que está pidiendo la confianza para el espectador, al que miran y sonríen de frente.

Igual que Adelante Andalucía, C’s tampoco esconde la sigla del partido, que aparece claramente en el flanco inferior derecho  y en el color corporativo que rodea la palabra “Ciudadanos”. La palabra el partido, así, también forma parte del lema de campaña, lo que refuerza la idea de que es la formación de Rivera la que se presenta a las elecciones, en sintonía con el mensaje de que C’s defiende lo mismo en todas las CCAA. Este dato deja en un segundo plano la idea de que estamos hablando de Andalucía, que se limita a retomar con el verde que rodea la expresión “Ahora sí” y que supone el único guiño al color oficial de la bandera andaluza y a esta CCAA.

VOX pide el voto a la España viva

Según algunos sondeos publicados, Vox podría entrar en el Parlamento andaluz con hasta 2 escaños (mi apuesta es que, al menos, serán tres: Almería, Sevilla y Málaga). De lo que no queda ninguna duda es de que el partido ha decidido jugar sus bazas con vídeos cada vez más tremendos, en los que mezclan mensajes de yihadistas con la entrada de inmigrantes de forma ilegal y con las concentraciones de colectivos de izquierdas fuera de sus actos de partido, con mensajes claros y directos en torno a la corrupción y a la ineficacia del sistema político para hacer frente a la crisis de representación de la que venimos avisando desde hace años.

El último ejemplo, difundido a través de la cuenta oficial del partido, está realizado expresamente para la campaña andaluza, con un locutor con marcado acento andaluz que acusa al socialismo de los problemas de la CCAA. Y frente a las imagénes tremendas, con música épica incluida, se contrapone a Santiago Abascal en un acto multitudinario e imágenes de las campañas financiadas por la Junta de Andalucía para promocionar el turismo en la CCAA en la que, según se cuela en una imagen de un cuadro que glosa la Reconquista, “comenzó todo”.

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Comienza la partida en Andalucía

El próximo 2 de diciembre, Andalucía votará la renovación de su Parlamento. El adelanto electoral permitirá pulsar las opciones de los principales partidos en lo que supone un arranque anticipado del ciclo que acabará con las elecciones generales previstas para  junio de 2020. Estamos, pues, ante un escenario parecido al de las elecciones europeas de 2014, cita que sirvió de ventana de oportunidad para que Podemos protagonizara la primera reconfiguración del sistema de partidos a la que después se sumó Ciudadanos.

En 2014, Podemos aprovechó la cuña para consolidar una fragmentación del centroizquierda, con amenaza real de desplazar al PSOE como la primera fuerza política en la izquierda. Andalucía, el 2D, constituye la primera prueba de que Génova podría estar a punto de vivir una situación parecida a la de los socialistas con la consolidación de Ciudadanos, formación a la que sacó 95 escaños en las últimas elecciones generales, y el desgaste que les supone la irrupción de VOX como marca electoral en su flanco más escorado a la derecha. Los populares sufren un sandwiche en toda regla con un candidato que, quizás, no es el más preparado para librar esta batalla, como confirma el fracaso de imagen de la iniciativa de reunión de constitucionalistas a la que finalmente solo acudieron C’s (pero no Albert Rivera), Foro de Asturias y UPN.

El barómetro preelectoral del CIS apunta a un escenario favorable al PSOE, que podría repetir los resultados obtenidos hace tres años, lo que confirmaría el olfato de Susana Díaz para aprovechar el impulso de la presencia del PSOE en el Gobierno central para asegurarse otra legislatura. La segunda clave tiene que ver con la segunda posición: El CIS aventura un triple empate entre PP, C’s y Adelante Andalucía (la marca de Podemos en estos comicios), que compiten por la segunda plaza, con la lista de Teresa Rodríguez levemente en cabeza en porcentaje de voto. Con la marejada que vuelve a llegar desde Madrid estos días, estos datos suponen un bálsamo para las opciones de la formación morada de cara al ciclo electoral.

Este escenario, que con matices han recogido otros estudios demoscópicos publicados, explica por qué la dirección del PP se está volcando en esta campaña electoral, con la presencia de Pablo Casado en hasta 45 actos en Andalucía. El reto, como le ocurrió al PSOE en 2015, es asegurar que C‘s no ejecute el “sorpasso”, un escenario inédito en la historia reciente del país y al que ahora se suma VOX. Una estrategia reconocida por Génova, que ha vuelto a criticar la cocina del CIS alegando que sus sondeos son mejores para sus intereses y los de la formación naranja.

La formación que lidera Santiago Abascal, que el pasado fin de semana llenó aforo en Sevilla, lograría un diputado en el Parlamento andaluz, un dato que conviene tomar con pinzas. El trabajo de campo del barómetro acabó el 31 de octubre y, desde entonces, la formación ha protagonizado campañas en redes y en medios que, aunque hilarantes, apuntalan la estrategia de dar a conocer unas siglas y unos candidatos con un programa electoral desquiciado que, sin embargo, activa determinados marcos.

El contexto andaluz, sin embargo, presenta algunas singularidades que habrán de tenerse en cuenta cuando se analicen los resultados que arrojen las urnas la noche electoral. Partiendo del hecho de que es incuestionable la victoria del PSOE en su feudo histórico, el PSOE tiene opciones de abrir vías de diálogo tanto con Ciudadanos como con Adelante Andalucía de manera que, lo que se decida habrá de marcar las relaciones entre los partidos de cara a las negociaciones que, con total seguridad, habrán de repetirse tras las locales y autonómicas de mayo de 2019 y las elecciones generales.

Ironías de la política, Sánchez puede conseguir en Andalucía el primer respaldo a su política gubernamental, cuestionada a diario por la secuencia de anuncios  de medidas estrella que ni siquiera se concretan en proyectos de ley y que hacen pensar en una estrategia de campaña permanente hasta junio de 2020. Andalucía es la primera parada que permitiría al sanchismo ganar tiempo. Por ello, el presidente del Gobierno ha acudido en varias ocasiones a la CCAA para respaldar públicamente a su candidata con abrazos en público que proyectan también un mensaje interno: Las heridas abiertas durante las primarias son historia pasada.

CODA. Desde la cuenta del blog en Twitter [ @laultimablog ] analicé algunas de las claves del barómetro del CIS. Esta noche arranca la campaña y se verá de la capacidad de las distintas formaciones para convencer, sobre todo, a los indecisos (casi 30% no sabe o no contesta cuando se le pregunta por el sentido de su voto el próximo 2D). Una de las normas no escritas es que, ya en campaña, el candidato suele ser la principal baza para convencer a los votantes indecisos. Si tenemos en cuenta la proyección de los respectivos cabezas de lista, todo hace pensar en que tanto Susana Díaz como Teresa Rodríguez tienen todas las de ganar si no cometen errores.

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Merkel pone fecha a su marcha y Los Verdes se aprovechan del “efecto bandwagon”

Ya lo anunciamos: las elecciones de Baviera, con una caída en picado del apoyo a los partido que forman la gran coalición, traerían consecuencias inmediatas respecto a la salud del Gobierno federal. Las elecciones en Hesse, que volvieron a certificar el desgaste de la CDU y del SPD, con el ascenso inmediato de la ultraderecha y los Verdes, sirvieron de trampolín a la toma de decisiones que serán de gran trascendencia para el futuro de Alemania y del resto de la UE.  En mitad de un clima de rumores sobre un posible adelanto electoral, apenas un año después de haberse celebrado los últimos comicios, la canciller alemana, Angela Merkel, anunció que no se presentará a la reelección para liderar la CDU y, por lo tanto, ponía fecha a su salida de la política germana.

La marcha de Merkel, que lidera la CDU desde el año 2000 – desde 2005, además, al frente de la Cancillería-, ha provocado una guerra por la sucesión, que se hará efectiva si logra acabar la legislatura, en 2021. Entre los nombres que suenan con más fuerza de cara al congreso que se celebrará los días 7 y 8 de diciembre en Hamburgo figuran  Friedrich Merz (del ala más derechista de la CDU), Annegret Kramp-Karrenbauer (secretaria general de la CDU desde el pasado febrero y a la que apodan mini-Merkel) , Jens Spahny (también del sector derechista y crítico con la política migratoria) Armin Laschet (Renania del Norte-Westfalia y cercano a Merkel).

Los movimientos anunciados por Merkel se produce en plena luna de miel de los votantes con los Verdes, llamado a ser el partido de moda en estos momentos. Todos los estudios publicados durante el mes de octubre confirman que hoy sería segunda fuerza tras sobrepasar con claridad tanto al SPD como a la ultraderecha, que se desinfla respecto a los datos registrados a comienzos de mes. AfD competiría con el SPD por la cuarta plaza, aunque ha logrado, tras su resultado en Hesse, tener grupo parlamentario en todos los Parlamentos regionales alemanes, lo que ya certifica su pujanza.

No obstante, los focos se dirigen a los Verdes, que estaría creciendo gracias al voto de enfado del resto de formaciones. De acuerdo con los últimos sondeos publicadoss en octubre, tras las elecciones de Baviera y Hesse los Verdes se moverían en torno al 19.3%, +4 puntos respecto a los datos registrados hace un mes y que hablan de un efecto bandwagon (caballo ganador) de manual. En un solo año, habrían ganado 10.4 puntos, un escenario que ya indica los movimientos que se estarían produciendo también en el sistema político germano.

El SPD y la ultraderecha compiten por ser la tercera fuerza en el Bundestag. Con un 15% de media (-5.5 puntos en relación a las últimas elecciones), y con cierto efecto distorsionador del sondeo de Allesbach, la socialdemocracia se deja casi 2 puntos respecto al promedio de hace un mes mientras su presidenta, que ha invitado a sus compañeros a dar un paso al frente para gestionar la crisis del partido,  vincula sus últimos varapalos electorales en su participación en la Grosse Coalition: “La política federal no ha proporcionado viento a favor sino viento en contra. No hemos podido hacer visible nuestro propio perfil como partido dentro del Gobierno”

Mientras, AfD, con un 15.41%, sigue casi 3 puntos por encima de su útlimo resultado en las urnas, aunque pierde 1.3 puntos en comparación con los resultados de los estudios publicados a lo largo del mes de septiembre. Tras la irrupción de Los Verdes, es posible que una parte significativa del electorado esté recalando en la formación ecologista, bastante más sistémica que AfD, como voto de castigo respecto a los partidos que forman el Gobierno central.

Merkel anunció su marcha a finales del mes de octubre, por l o que su decisión todavía no se recoge en los estudios que analizamos en este blog. Con este matiz, cabe decir que la CDU/CSU se movía en torno al 26% de media, -6.9 puntos en relación a su representación actual y -1.6 puntos respecto al dato registrado en el mes de septiembre. Los primeros datos de los sondeos publicados durante noviembre recogen que el anuncio no ha conseguido frenar la caída y que hay estudios, como de Forsa, que sitúa a los Verdes (24%) a 3 puntos de la CDU (27%).

Los sondeos publicados durante el mes de octubre indican movimientos respecto a los liberales y Die Linke. La izquierda, que perdería también su papel hegemónico en ciudades como Berlín, caería al 9.6% de media (-0.6 puntos respecto al mes de septiembre, aunque se movería en los porcentajes obtenidos hace un año) mientras que los liberales se moverían en torno al 9.5%, +0.8 puntos respecto a los promedios de hace un mes pero todavía -1.2 puntos por debajo del resultado conseguido en las urnas.

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