28A: El PSOE gana con contundencia a un PP que hunde su suelo electoral

Hace tres años, analizamos los resultados de las elecciones generales de 2015 y 2016 como un punto de inflexión en relación al suelo electoral del PP situado en los siete millones de votos. Tras los resultados de los comicios de este domingo, se confirma la capacidad de hundimiento del partido de referencia del centroderecha español, que ha sufrido en primer persona la fragmentación del bloque ideológico del que veníamos hablando estas semanas a favor de VOX y, sorpresa de la noche, de Ciudadanos.

A pesar del tono de la campaña, o precisamente gracias a ello, la formación de Albert Rivera pasa a ser una de las ganadoras de la noche al quedarse a menos de un punto de distancia de los populares, que reciben un correctivo en las urnas que, con total probabilidad, tendría mayores consecuencias si no hubiera convocadas elecciones municipales, autonómicas y europeas en menos de un mes. Pablo Casado, en su primera comparecencia pública tras el hundimiento del PP, asumió errores en el planteamiento de la campaña aunque volvió a disparar hacia la fragmentación de un electorado que, hasta no hace tanto, era absolutamente fiel a las siglas que representa Génova.

Los sondeos sobre estimación de voto acertaron en relación a VOX, que entra en el Congreso con 24 diputados y 2,7 millones de votos, unos datos que contradicen los rumores de la última semana de campaña electoral, cuando se trasladaba su capacidad de movilización a su empuje como la fuerza dirigida a disputarle al PP su espacio. La formación de ultraderecha obtiene el 10.26% de los votos y se confirma como un fenómeno a tener en cuenta pero mucho más limitado de lo que se apuntaba en la recta final de la campaña.

Sánchez gana sus primeras elecciones generales 

El PSOE se confirmó como el claro vencedor de unos comicios que se sustentan sobre la división del electorado en dos bloques muy claros con una fuerza parecida: Por un lado, el centroderecha con proyección estatal, que reúne 11,2 millones de votos correspondientes al apoyo recibido por PP, C’s y VOX; por otro lado, el centroizquierda (11,4 millones de votos, sumando la representación de PSOE, UP y las antiguas confluencias).

En mitad de ambos bloques quedan los nacionalistas periféricos, que refuerzan sus posiciones respecto a 2016, y una suerte de pequeñas formaciones que, en esta ocasión, han aprovechado el desplome del PP para crecer en sus territorios y que pueden ser fundamentales de cara a la próxima investidura de Pedro Sánchez. Es el caso de CC (2 diputados) o el Partido Regionalista de Cantabria, la formación de Miguel Angel Revilla, que entra con un escaño en el Congreso.

Las últimas encuestas publicadas confirmaron los datos del PSOE, que logró 7,480 millones de votos (dos millones más que en 2016) y se convirtió en primera fuerza política en casi todo el país, con porcentajes de apoyo que prácticamente duplican el apoyo a la segunda opción. Este escenario se da en Andalucía, con un 34.23% frente al 17.7% de C’s; Extremadura, con un 38.08% frente al 21.40% del PP; en Canarias, con un 27.85% frente al 15.72% de UP; o en Asturias, con un 33.13% frente al 17.91% del PP.

En términos globales, la lista del PSOE le saca casi 12 puntos al segundo y prácticamente duplica su representación en escaños. Así, la lista que encabeza Sánchez obtiene el 28.68% de los votos, es decir, un porcentaje de apoyo similar al que logró en 2011 el PSOE de Alfredo Pérez Rubalcaba  y 123 diputados que certifican el fin de la travesía en el desierto; por primera vez en 11 años, Ferraz celebra una victoria en unas elecciones generales que, apuntan, serán la antesala de un buen resultado en los comicios convocados el 26 de mayo y a los que el PP acude completamente desmoralizado y con la refundación pendiente.

En ese contexto se puede leer la petición de Casado de que Sánchez piense en España en su articulación de pactos de investidura, en lo que pareció por momentos una oferta de Génova para evitar que el candidato socialista depanda de las demandas de los independentistas. En la práctica, el líder socialista puede abrirse a tres opciones: La que le reclamaron sus bases en la celebración nocturna en Ferraz, es decir, una fórmula que pase por un acuerdo con UP (165 diputados en total, a la espera de sumar a Compromís también).

Por otro lado, existe la posibilidad de abrirse a un pacto con C’s (180 escaños), un escenario que ha planeado desde  hace meses y que el propio Sánchez se negó a cerrar al hablar  de que evitaría “cordones sanitarios“.  Inés Arrimadas, esta mañana, se ha negado a esta opción que supondría enmendar toda la estrategia de C’s durante la campaña electoral.

Por último, los socialistas pueden intentar un gobierno en solitario y abrirse a pactos puntuales con el resto de las fuerzas políticas apelando a la estrategia de la “geometría variable” que tantos quebraderos de cabeza le dio entre 2008 y 2011 al segundo Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. La vicepresidenta en funciones, Carmen Calvo, se inclinó por esta tercera opción en su primera valoración de los resultados electorales.

El efecto VOX desploma el suelo electoral del PP

Hasta el momento, se partía del supuesto de la capacidad del PP para mantener un suelo electoral estable que, en 2015, bajó a los 7,2 millones de votos. Las elecciones de este domingo han venido a enmendar ese supuesto: La lista de Pablo Casado conserva sólo 4,356 millones de votos (3,6 millones menos de los obtenidos el 26 de junio de 2016) y 66 escaños en su peor resultado desde la refundación del PP (en 1989 obtuvo el 25,79% de los votos).

Los populares se mantienen, por los pelos, como la principal fuerza de oposición con el 16,7% de la representación, con un retroceso generalizado en todos sus feudos históricos. En Castilla y León se convierten en segunda fuerza con el 26,05% de los votos (-18.22 puntos), al igual que en Galicia (-14.14 puntos y 9 diputados, uno menos que el PSOE) o en Comunidad Valenciana (-17.86 puntos). En Murcia, se queda como segunda opción tras perder 23 puntos y 3 diputados (dos de ellos pasan a VOX).

En Madrid, C’s sobrepasa al PP como principal fuerza de oposición  (-19.61 puntos y 7 escaños) mientras que en Andalucía, la CCAA a la que se miraba con lupa tras el pacto a tres tras los comicios autonómicos, el PP retrocede también por detrás de C’s al dejarse 16,3 puntos en representación. El PSOE, por su parte, pasa de 20 a 24 escaños con un avance de apenas  237.000 votos, lo que certifica el daño que la fragmentación ha infligido en estos comicios a las formaciones de centroderecha, que ha sido el argumento principal defendido por Casado.

En la práctica, hablamos de un bloque ideológico que, en 2011, votó al PP de Mariano Rajoy y que hoy se presenta fragmentado en tres opciones, con un PP en retirada.  Hace unos días escribíamos sobre los paralelismos entre la situación que vive el PP hoy con la que le tocó al PSOE de Sánchez entre 2014 y 2015. Hoy podemos certificar otra semejanza más: La obsesión de ambos por taponar la fuga de votantes de sus respectivos extremos a opciones percibidas como novedosas (Podemos antes y VOX ahora) que se tradujo en una pérdida de 26 diputados del PSOE entre 2011 y 2016 (85 diputados menos si nos remontamos a la última victoria socialista, en 2008, con la pérdida de 51 diputados entre 2008 y 2011) y de 71 escaños por parte del PP en sólo tres años (120 si retrocedemos a 2011).

Como hemos intentado reseñar en este blog, durante meses el PP se ha obsesionado con la vía de agua que se le abrió en su flanco derecho sin analizar que estábamos ante un fenómeno a tener en cuenta pero limitado. A pesar de los rumores en torno a la movilización del electorado de VOX, hablamos de 2 millones de electores que han dado su confianza a una formación que deparará grandes días en el Congreso de los diputados pero que, por el momento, tiene una capacidad de influencia concreta, aunque inmensa en el efecto contagio en la elaboración de candidaturas por parte de Génova o por la adopción de una estrategia de campaña muy errática, que culminó este viernes con la oferta a VOX para entrar en un gobierno de coalición, por la mañana, para pedir el voto del centro en el mitin de cierre.

C’s y UP, con suerte dispar

Tras la apertura de las urnas, se ha confirmado que el escoramiento excesivo del PP a la derecha, con la defensa de argumentos que hacían imposible diferenciar el discurso de VOX y el elaborado por Génova, junto a la imagen de Casado rodeado de los líderes de la formación de ultraderecha, había conseguido dos efectos simultáneamente. Por un lado, había permitido visualizar el bloque político a evitar con una movilización de la izquierda y de los nacionalistas, particulamente evidente en CCAA como Euskadi o Cataluña (donde el PSC  logró 960.000 votos y 12 escaños); y, por otro lado, había dejado al descubierto el centro ideológico, que es que tradicionalmente ha dado la victoria al PP en los anteriores procesos electorales.

Éste es el espacio que parece que se han repartido el PSOE y C’s, convertido en uno de los vencedores de la noche electoral. A pesar de una estrategia de campaña desquiciada, al partido de Albert Rivera le salieron las cuentas  y gana casi un millón de votos respecto a 2016 (de 3,141 millones a 4,136 millones), es decir, el 15,86% de la representación (+2.8 puntos) y 57 diputados. La impresión de que la formación naranja puede terminar de comerse el espacio que le queda al PP, del que solo le separan 9 diputados, añade todavía más interés al próximo proceso electoral, que comenzará cuando apenas nos hemos recuperado de la resaca de estos comicios.

UP parte de una posición inversa. En 2016, la formación morada y las confluencias sumaron 5,080 millones de votos. Las elecciones de este domingo han supuesto un descalabro para la formación que lidera Pablo Iglesias -que suma 3,732 millones de votos, 3,921 millones si añadimos los datos de Compromís (172.751) y En Marea (casi 18.000)- un descalabro que hubiera sido mayor sin la movilización de la última semana gracias, en buena medida, a la actuación de Iglesias en los debates electorales.

Cuando se publique la encuesta postelectoral del CIS, podremos comprobar con datos la impresión de que buena parte del dato de participación (75,75%, +9.27 puntos respecto a 2016) tuvo que ver con el resultado de la formación morada, que cae a la cuarta posición con el 14.31% de los votos y 42 escaños. Su futuro político, en estos momentos, pasa por su capacidad de situarse como socio preferente del PSOE, algo que ya se dibujó en la comparecencia de Pablo Iglesias, rodeado de su equipo, la misma noche electoral,en la que volvió a asumir como error la exhibición de los problemas internos y las purgas en el partido.

El PP se convierte en fuerza residual en Cataluña y Euskadi

Las elecciones del 28A han supuesto un refuerzo claro de las opciones independentistas y nacionalistas, que pueden volver a ser la llave del futuro gobierno. En el caso catalán, el aumento de la participación respecto a 2016 (+14,16 puntos) se traduce en una recuperación del PSC, que estuvo disputando la primera plaza con ERC. Los socialistas sumaron casi 400.000 votos más que hace tres años y pasan de 7 a 12 diputados, un resultado que da la vuelta a los datos de los comunes, hace tres años, y que vuelve a remarcar la teoría de que al PSOE le va bien en las urnas cuando las cosas funcionan en Cataluña (y en Andalucía).

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Este dato, junto al de ERC (más de un millón de votos y 15 diputados), permiten mirar también a los grandes perdedores de la noche: El más evidente, el PP, que sólo conserva un diputado (por Barcelona) de los 6 que logró en 2016, convirtiendo su presencia electoral en Cataluña en residual; lo mismo puede decirse de VOX, que consigue un diputado con 150.000 votos. Por su parte, JxC pierde la pelea interna que mantiene con ERC, aunque aguanta de forma razonable el resultado conseguido hace tres años (sólo pierde un diputado). Por último, C’s mantiene tambiéñ los cinco escaños conseguidos en 2016, aunque gana 117.000 votos respecto a aquellos comicios.

En Euskadi, el PP no logró ni siquiera mantener el diputado de Javier Maroto, número 3 del PP y uno de los principales estrategas de Casado en esta campaña electoral. El PP desaparece de una CCAA en la que VOX sólo aglutinó 28.000 votos. El resto se repartió a partes iguales entre PSE (segunda fuerza con casi 253.000 votos), Podemos (223.000) y EH-Bildu, que duplica su representación respecto a 2016 con 212.000 votos (59.000 más). El PNV, por su parte, vuelve a ser la fuerza hegemónica con el 31.05% de la representación y la suma de un diputado a los cinco que mantenía en la anterior legislatura. Todo hace pensar que será la principal fuerza en la que Sánchez se apoye una vez descartada la vía C’s:

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CODA. El buen resultado electoral del PSOE se confirma con el reparto de senadores, con ausencia de los candidatos de UP. Los socialistas se hacen con 121 actas frente a las 56 del PP. Mención especial merece los 4 senadores que suma el PNV, que se suma al diputado de EH-Bildu, a los 11 de ERC y a los dos de JxC.

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Deserciones y temor a VOX en la recta final de la campaña del PP

Las elecciones generales de este domingo, y las autonómicas, municipales y europeas del 26 de mayo, confirmarán una fragmentación en el centroderecha inédita y difícil de creer hasta que C’s despuntó como la formación preferida del electorado conservador como respuesta al Procés y a los sucesos del 1 de octubre. El PP, el partido de referencia del centroderecha español, la pieza clave del bipartidismo imperfecto que ha caracterizado la política española desde la Transición política, está a punto de sufrir en las urnas un voto de castigo que comenzó en las elecciones generales de 2015 y 2016 y que se estaría acelerando con la irrupción de VOX como alternativa en el bloque.

Tras la moción de censura que acabó con Mariano Rajoy fuera de La Moncloa, los populares se abrieron a unas primarias para elegir al futuro líder, un competición que explica buena parte del escenario de desintegración que se percibe estos días. Conocemos la historia: Las bases eligieron a Pablo Casado como presidente del PP, un candidato que, a pesar de ascender en la última etapa del marianismo, mantenía cauce directo con un PP vinculado a José María Aznar, todavía recordado como el líder que fue capaz de aglutinar todo el voto del centroderecha bajo las siglas del PP.

Casado se postulaba como la tercera vía entre Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal y, en principio, iba a ser el llamado a cerrar unas heridas abiertas durante años de rivalidad entre los resortes de poder del Gobierno y de Génova. Prometía, además, volver a las esencias y a una propuesta de país conservadora en lo social y político y con los habituales tintes de neoliberalismo en lo referido al modelo económico. Sus primeras decisiones pasaron por apostar exclusivamente por un núcleo duro de fieles, vendiendo renovación como cierre de una etapa jalonada por escándalos de corrupción y  por unas medidas económicas que han ampliado la brecha de desigualdad. En el debate territorial, optó por una posición dura respecto a Cataluña para intentar volver a seducir a un tipo de elector defraudado por no ver tanques en las Ramblas.

Mientras el PP exploraba la fórmula para recuperar el espacio electoral perdido, C’s se preparaba para recibir la herencia de los desencantados del PP, abandonando en el camino la propia esencia de su fundación: La formación naranja creció políticamente bajo el consigna de ocupar el centro político, que se postulaba como una tercera vía basada en el sentido común y en la teórica ausencia de ideología.

Su viraje hacia posiciones más cercanas a las defendidas tradicionalmente por el PP, para aprovechar el descontento provocado por la crisis catalana, confirmó el abandono del centro con un objetivo: Impulsarse gracias al caldo de cultivo creado, propuesta que se desinfló parcialmente con la moción de censura contra Mariano Rajoy y la expectativa en relación a la resurección electoral del PP. En el fondo, toda la corriente creada a raíz de la crisis catalana sólo se necesitaba un actor percibido como novedoso que estuviera en el sitio adecuado en el momento justo. Ese actor fue VOX y ese momento fueron las elecciones andaluzas, que sirvieron de catapulta de unas aspiraciones que aún están por medir, pero que le sitúan en estos momentos en clara competición con el PP por ser segunda fuerza parlamentaria.

Según los últimos sondeos sobre estimación de voto publicado, VOX se movería en torno al 10% de representación, dato que los trackings de esta semana superan ampliamente por la movilización de su electorado, que no deja de llenar recintos en las grandes capitales y en la España interior. El discurso, absolutamente simplificado, y su política de confrontación directa con los medios de comunicación generalistas, al más puro estilo Trump, ha provocado un mayor secretismo en torno a sus propuestas y una victimización que se percibe claramente en sus multitudinarios actos de campaña, que también son seguidos en Youtube y en Facebook por miles de simpatizantes (o votantes de otras opciones aterrorizados por los que defienden los líderes de VOX en el escenario).

La batalla por la derecha

Con todas las distancias, el PP está sufriendo un proceso similar al que vivió el PSOE entre 2014 y 2015, cuando fue literalmente apartado como principal opción en el centroizquierda gracias al fenómeno Podemos. La formación morada aprovechó la ventana de oportunidad que supusieron las elecciones al PE para comenzar a minar una base social, la del PSOE, muy crítica con la última etapa de José Luis Rodríguez Zapatero y con la posición de Estado defendida por Alfredo Pérez Rubalcaba ante la crisis financiera y económica.

Génova agradeció esta actitud confrontando directamente con Podemos, lo que contribuyó a alimentar aún la sensación de que los socialistas eran parte del pasado y que la nueva formación política constituía el relevo natural al PSOE por parte de sus herederos. Justo lo que Pedro Sánchez ha hecho en esta campaña electoral con VOX, formación a la que mencionó de manera directa e indirecta una treintena de veces en los dos debates electorales celebrados como la principal fuerza de oposición de cara a la próxima legislatura.

Sí hay una diferencia fundamental entre PP y PSOE como víctimas directas de la fragmentación ideológica entre bloques que provocará que cinco partidos sumen más del 10% en la próxima legislatura: la propia posición interna de militantes y cargos medios. Durante la crisis interna del PSOE, que se prolongó durante la etapa de Pedro Sánchez, con su muerte y resurrección política incluida, muchos de los críticos con las decisiones de la Ejecutiva o del Comité Federal se retiraron a sus casas, donde pudieron conspirar de una manera directa o indirecta contra la dirección desde la defensa de las siglas del PSOE. Hubo algún fichaje de ex socialistas en C’s (como Luis Salvador), pero, en general, no hubo desembarco de cuadros medios en las nuevas formaciones.

De ahí que sorprenda el aire de descomposición interna que persigue al PP desde que VOX se convirtió en una opción de futuro, en buena medida por el error estratégico de Génova de participar en sus marcos ideológicos y de organizarse como frente común frente a la izquierda en Andalucía o en la Plaza de Colón de Madrid. Si unimos esto a las críticas internas respecto a la gestión del partido por parte de Casado y a los ajustes de cuentas a propósito de la composición de las listas, tenemos el caldo de cultivo perfecto para entender la OPA hostil que están sufriendo los populares desde VOX y C’s.

El penúltimo ejemplo, el fichaje del e xpresidente de la CAM, Angel Garrido, militante del PP desde 1991 y mano derecha de Cristina Cifuentes y María Dolores de Cospedal, que este miércoles anunció que irá en las listas de C’s a la CAM. Garrido, que en principio iba a ser cabeza de lista del PP en Madrid, fue designado como número 4 de la lista del PP al PE tras la elección personal de Isabel Díaz Ayuso, por parte de Casado, como futura presidenta de la CAM. Ironías de la vida, la marcha de Garrido, que se parece mucho a un acto de venganza, se anunció en mitad de la tempestad por las últimas declaraciones desacertadas de Díaz Ayuso y cuando Génova se empeñaba en vender remontada electoral tras el segundo debate electoral.

Viiñeta de Ricardo, en elmundo.es

La marcha de Garrido, en la última etapa de la campaña electoral, alimenta la hipótesis de que el PP se hundirá el próximo 28 de abril; también demuestra la pasta de la que están hecha buena parte de los líderes políticos españoles, que han encadenado sueldos públicos desde su juventud y que, simplemente, son incapaces de plantear su paso a la empresa privada tras el fin de una etapa. Asimismo, este caso, que se suma a los fichajes de Soraya Rodríguez (PSOE) y de José Ramón Bauzá (PP) como candidatos del PE y certifica tres argumentos en torno a C’s: Su carencia de estructura orgánica 12 años después de su fundación; los escasos escrúpulos para atraer a unos políticos en lo que se parece a casos de transfuguismo de manual; y el poco ojo para anunciar la atracción de “un talento” que ni siquiera ha respetado un tiempo prudencial de duelo entre un partido y otro.

En general, ninguno de los fichajes anunciados por C’s aporta valor a la candidatura de la formación a nivel nacional, europeo o autonómico y, en cambio, sí proyecta la imagen de personas aferradas al cargo (y la paga) del herario público de forma vitalicia. Sobre todo cuando, hasta hace muy poco, esas mismas personas criticaban decisiones y actuaciones de la formación a la que finalmente han recalado.

En el caso de Garrido, el daño que ha hecho su marcha, en el fondo y por las formas, se puede apreciar en las reacciones de los actuales cargos del PP, que no han escatimado insultos y menciones a que el ex presidente de la CAM ha actuado por pura venganza hacia Casado. En el fondo, lo que subyace es la propia organización del PP desde el punto de vista interno, más cerca de un partido de notables que de un partido de masas, con una base militante muy menguada tras la depuración de las listas de cara a las primarias, que se moviliza cuando hay elecciones y que vuelve a los cuarteles de invierno en cuanto pasa el periodo electoral.

Hablamos de una estructura que se ha caracterizado siempre por la obediencia en público,  muy jerarquizada y presidencialista, y con escaso margen para la discrepancia interna más allá de las corrientes conocidas. Es decir, a diferencia de otros partidos, y ahí la izquierda puede ser referente en todas sus manifestaciones (IU, PSOE, UP o ERC), en el PP se taponan los flujos que pudieran dar cabida a la discordia o la oposición interna, lo que provoca escenarios como el que está viviendo el PP estos días: Todo se vuelve personal, de manera que, cuando se pierde el favor del líder, la única forma de confrontación pasa por “matar” al líder, sobre todo en un escenario en el que se percibe una derrota sin paliativos el próximo domingo, con la consiguiente pérdida de cargos y de puestos de trabajo.

El domingo por la noche asistiremos, probablemente, al inicio de la refundación del PP, una tarea que, según la derrota sufrida, se puede posponer hasta después del 26 de mayo. Pablo Casado, cuyo rostro cada día se aproxima más al de Hérnandez Mancha, podría enrocarse y defender que sus antecesores (y Pedro Sánchez) necesitaron tres citas electorales para ganar las elecciones. La dimensión de la caída que aventuran los datos demoscópicos hacen muy improbable que esta vez cale ese discurso.

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28A: Vídeo del PACMA y de #YoNoVoto

Además de los spots de campaña oficiales y los vinculados a los principales partidos, esta campaña electoral también está siendo prolífica en mensajes alternativos procedentes de las esquinas del sistema político, que inciden en la idea del régimen político como farsa y/o como campo de batalla ideológico.

Destacamos dos, por el planteamiento pero también por el interés que han cosechado. Por un lado, el vídeo electoral del PACMA, formación política que estaría a punto de lograr un escaño en el Congreso, según algunos de los sondeos publicados estos días. Por otro, el trabajo de un colectivo, el Movimiento de Ciudadanos hacia la República Constitucional, muy crítico con el statu quo actual y que propugna la abstención como la primera acción para empujar a un cambio constituyente hacia la constitución de una república constitucional.

PACMA confronta directamente con VOX

El partido animalista plantea una campaña similar a la que hace unos años habría planteado Podemos: Una línea roja entre el nosotros y ellos que, sobre todo, centraliza en lo que representa la irrupción de VOX como marca política con tirón electoral todavía por cuantificar en las urnas. Así, consciente del efecto contagio que la formación de ultraderecha está teniendo en el resto del arco político, particularmente en el centroderecha, PACMA confronta directamente con el partido de Santiago Abascal, sobre todo en dos aspectos: En la defensa de la caza y en su guerra directa contra el feminismo.

Son estos temas que aparecen directamente citados en un spot ágil, con una sucesión de planos extraídos de las imágenes que emiten los informativos de televisión, con una mujer, joven, que reflexiona frente a una montaña de televisores, metáfora directa de la amplificación del mensaje que VOX está recibiendo de los medios de comunicación de masas. Comienza el spot con el mensaje animalista habitual (hasta el segundo 0.20), con el visionado de una corrida de toros, y se responde directamente: “Eres involución. Sientes el poder, la lujuria de arrebatar una vida. Fuerte pero con una escopeta. Valiente cobarde con tu manada”.

A partir de ese momento, el mensaje de centra en los posicionamientos defendidos por VOX: Desde su idea de la patria, como herederos del franquismo (“primero los de aquí, como si mosraras un ápice de humanidad por los tuyos”), que se sustenta en el discurso frente a la inmigración, a su crítica a la diversidad (parejas homosexuales besándose, feministas), que se acompaña con lo que anteriormente se entendía como la casta: “Ciegos de poder. Poder enquistado”, entre los que se vislumbran imágenes de la concentración de Colón, en la que coincidieron VOX, C’s y PP, con fotografías de Felipe González, José María Aznar y Soraya Sáenz de Santamaría, símbolos de la España de la corrupción y de las puertas giratorias.

A partir del minuto 0.57 se desvela el objetivo del spot: “Eres involución (con giro de la protagonista al espectador), y contra la involución no nos conformamos solo con la evolución. Empieza la ReEvolución”. Todo ello con la exhibición de imágenes, en televisión, de los que están llamados a protagonizar la confrontación directa: Animalistas, ecologistas y mujeres, es decir, los ejes sobre los que están pivotando los movimientos sociales internacionales.

La prueba de la potencia de estos ejes la tuvimos, el viernes pasado, en la campaña de Podemos , #UnPaísAnimalista , y de C’s en redes sociales para atraer, precisamente, al votante que podría estar debatiéndose entre el voto útil y PACMA (286.702 votos en 2016, el 1,19% de la representación). Según datos de 40dbEs, podría tener hasta 2 diputados.

#YoNoVoto

Vídeo puesto en circulación por el Movimiento de Ciudadanos hacia la República Constitucional antes del arranque de la campaña. En él, hombres anónimos, de todas las franjas de edad, se presentan frente a cámara y anuncian que, llegado el momento, ejercerán su abstención de forma activa, rompiendo las papeletas electorales en sus colegios (gesto que realizan delante de las cámaras en una serie de grabaciones amateur).

Su no voto, dicen, tendrá un carácter activo: Funcionará como símbolo de desacuerdo con el sistema político y con la actual democracia española. En ese sentido, se dirigen al espectador: “¿Y tú, qué vas a hacer? En España no hay democracia”, frase de colocan encima de un plano de las calles de Madrid (Puerta del Sol y Plaza España) desdibujados.

Según los protagonistas, el spot constituye una crítica hacia la oligarquía de partidos, reclama abrir un “periodo de libertad constituyente en España” que derive en la implantación de una “República Constitucional” que se fundamente en “la representación ciudadana y la separación de poderes”.

Ninguno de estos argumentos aparece en un spot que se centra, sólo, en el gesto de abstenerse, en el fallo más evidente de un planteamiento que tiene más recorrido del que parece. Buena parte de la bolsa de indecisos que detectan los sondeos sobre estimación de voto están en posiciones parecidas a las que, en grandes rasgos, postulan los autores del vídeo, para enfado de las bases sociales de la izquierda, más interesados en evitar que la desmovilización lleve a repetir en las elecciones genrales lo ocurrido en Andalucía que en acudir a votar sin la nariz tapada.

Hablamos de un elector cercano a lo que recoge esta viñeta de Mel:

Movilización de ilustradores y creativos

Campaña en Facebook y Twitter por parte de ilustradores contra la abstención. De la misma manera que ocurrió durante la campaña de las elecciones municipales, que encumbró a Manuela Carmena, ilustradores presentan obras relacionadas con las elecciones para reclamar un voto de izquierdas que evite la posibilidad de un pacto a tres como en Andalucía.

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28A: Sánchez no pierde, Iglesias renace y se confirma la disputa entre PP y C’s

Afrontamos la recta final de la campaña de las elecciones generales que, el próximo domingo, confirmarán el inicio de la reconfiguración política en todo el país para los próximos cuatro años.

Los comicios generales, y la segunda vuelta que supondrán las elecciones municipales, autonómicas y europeas del 26 de mayo, establecerán la fragmentación partidista y la necesidad de conformar amplias mayorías como el eje fundamental de la política española, con cinco formaciones políticas por encima del 10% de la representación. A juzgar por la evolución y resultado de los debates de los cabezas de lista de las principales fuerzas (sin VOX) celebrados en RTVE y Atresmedia, parece que no será una tarea sencilla.

La batalla por la derecha

VOX fue el elefante presente en la sala que nadie, excepto Pedro Sánchez, quiso mencionar. La formación de ultraderecha, que exhibe fuerza en los mítines y en las redes sociales, ironizó sobre la ausencia de Santiago Abascal de unos debates configurados, primero, como minimítines de los candidatos y, luego, como un ejercicio de paciencia del espectador ante la sucesión de chascarrillos y mensajes de barra de bar, particularmente por parte de un Albert Rivera absolutamente desquiciado.

El líder de C’s se postuló como el líder del centroderecha, aprovechando la mala actuación de Pablo Casado en el debate de RTVE. El líder del PP se fue desdibujando, manifiestamente incómodo ante los ataques recibidos en relación a la corrupción de su partido, a la manipulación de las escasas cifras exhibidas y al intento exagerado de vincular el futuro de Pedro Sánchez al terrorismo y al independentismo, marcos que no supo manejar, seguramente por el riesgo de que pasarse de frenada terminara beneficiando a VOX.

Esa actitud de Casado dejó el espacio abierto a un Rivera espídico, que recibió, además, el apoyo de los medios conservadores, que le dieron de forma mayoritaria la victoria en ese debate. Quizás por este motivo, el líder de C’s intentó repetir la actuación y se proyectó como un líder muy sobreactuado, faltón, que interrumpía constantemente al resto de candidatos y que terminó enfrentado a Sánchez (previsible) y a Casado, al que el día anterior le pidió insistentemente que formalizara un acuerdo de coalición tras el 28A. Tras el debate de este martes, resulta muy difícil pensar en ambos líderes pactando una agenda común.

En cualquier caso, Rivera se intentó proyectar como el principal referente del centroderecha, una actuación que gustó a los seguidores de VOX que, por otra parte, no le van a votar el próximo domingo. En el resto del electorado, queda una sensación de estar ante un “showman” por su capacidad para utilizar todo tipo de objetos (el libro de la tesis doctoral de Sánchez, fotografías enmarcadas del presidente del Gobierno con Quim Torra o de Idoia Mendía con Arnaldo Otegi, rollos de papel sobre los casos de corrupción del PSOE y toda una serie de gráficos), muy sobreactuado en la defensa de los autonómos, las familias y una idea de España. Como muestra, su minuto de oro en el debate organizado por RTVE.

Por si quedaba alguna duda de lo que el PP se juega este domingo, Casado apeló al voto útil y pidió el voto en el minuto de oro del segundo debate frente a la fragmentación del centroderecha, que amenaza con confirmar la debacle que apuntan todos los sondeos. Fue la primera vez que el candidato popular mencionó a VOX, que prosigue con la OPA hostil a cuadros medios del PP que han sido descabalgados de las listas para el ciclo electoral mientras gana audiencia en la retransmisión de sus mítines en Youtube.

Sánchez supera los debates sin perder apoyo

Es un hecho que el presidente del Gobierno no es un gran orador. A Pedro Sánchez no se le dan bien los debates ni confrontar ideas con sus adversarios. Si unimos, además, el vodevil a propósito de la celebración de los dos debates electorales, parece claro que Sánchez era el que más se jugaba con el reenganche del electorado a esta última fase de la campaña electoral. Parece que no ha salido mal de las dos citas, en buena medida por el papel que decidieron jugar sus adversarios ideológicos.

El candidato tenía como objetivo escenificar que el PSOE es el dique de contención ante la unión “de las tres derechas”, marco que ni Casado ni Rivera quisieron o supieron contrarrestar. Sánchez fue el único que habló de VOX abiertamente, sobre todo cuando era objetivo fundado de los ataques de sus adversarios, como ocurrió con el patinazo cometido con Casado respecto a la violencia de género; la defensa de Casado fue respondida por Sánchez con un viraje hacia Rivera y el acuerdo con VOX.

En los dos debates, Sánchez tuvo una actitud presidenciable y se centró, sobre todo, en lo que se había hecho desde su llegada a La Moncloa. En el debate de RTVE, apenas entró en el cuerpo a cuerpo y prefirió “ir a hablar de su libro”, ignorando incluso las apelaciones directas que se le hacían. El objetivo era vender gestión y lanzar propuestas. En el debate de Atresmedia prefirió bajar al barro con los candidatos de PP y C’s, con enfrentamientos directos con Rivera que parecían una sucesión de eslóganes. Ni siquiera sus discursos para atraer el voto feminista (violencia de género, agresiones sexuales e igualdad) sonaron naturales, a diferencia de lo ocurrido con sus referencias a Cataluña o la vinculación de la moción de censura a la corrupción en el PP.

En definitiva: El PSOE llegaba a los debates con la vista puesta en no perder la ventaja que recogen todos los sondeos sobre estimación de voto, y creemos que lo consiguió. Tal vez no convenció a la bolsa de indecisos, pero sí dejó el escenario preparado para atraer ese voto de última hora en la recta final. A eso ayudará el recuerdo de los debates, que dejaron claro que  tras el 28A, prefiere un acuerdo con Unidos Podemos, aunque no cerró la puerta a abrir una negociación con C’s si los números dan. A pesar de los requerimientos de Pablo Iglesias, Sánchez no quiso certificar una negativa a un diálogo con C’s, algo que, a juzgar por el nivel de los enfrentamientos mantenidos por ambos líderes, se antoja complicado pero no imposible.

Para el futuro, convendría cuidar la vestimenta del candidato (la chaqueta le quedaba grande) y el maquillaje, que le daba cierta imagen de cadáver, sensación más evidente en sus intervenciones ante la militancia para valorar el debate a su llegada a la sede de Ferraz (en ambos casos, Sánchez se elevó, micrófono en mano, en un escenario rodeado de afiliados al PSOE, jóvenes en su mayoría, en una puesta en escena muy americanizada). También convendría entrenarle para que transmita algo más en sus intervenciones o, al menos, que no parezca un robot que repite argumentarios sin hilvanar.

Pablo Iglesias renace de sus cenizas

Hay consenso en que el líder de Unidas Podemos fue el ganador del segundo debate y, en general, el que obtuvo mayores puntos en la suma de los dos encuentros. Pablo Iglesias tenía como objetivo remarcarse como el único referente de izquierdas que hará virar a un Gobierno de Sánchez hacia la izquierda a partir del 28 de abril y lo consiguió.

Con un tono tranquilo y manifiestamente más educado que el de sus competidores (particularmente Rivera, al que se refirió directamente), utilizó sus intervenciones para obligarles a aterrizar y mencionar los problemas que preocupan al español medio: Vivienda, empleo, desigualdad, sanidad, educación y la necesidad  de articular un Estado de bienestar potente a través de un reparto más equitativo de la carga impositiva.

El primer día, acompañó sus propuestas con la lectura de artículos concretos de la Constitución, un gesto que ya realizó durante su reapirición tras disfrutar de la baja por paternidad que perdió efectividad según repetía el gesto. El segundo día, se le notó más desengrasado y, sobre todo, con un tono que le permitía conectar con el espectador que tal vez en 2015 estaba enfadado por el statu quo y que en la actualidad se siente abochornado por el cruce de niñerías y de ejemplos de testosterona que exhibieron, sobre todo, Rivera y Sánchez.

Frente a ellos, aparecía un Iglesias sosegado, razonable, seguramente ahora más cercano a su base electoral, que pivota entre el hastío ante los modos de los protagonistas políticos en estos momentos y el temor a una alianza que rebaje aún más el Estado de bienestar español. Para enmarcar su manera de restar tensión al problema catalán, vinculándolo en una crisis del modelo territorial que afecta, de una manera u otra, a las CCAA, y sus críticas a Casado y Rivera por utilizar la brocha gorda para afearle a Sánchez que dialogue con Eh-Bildu o con el independentismo.

Éste fue su minuto de oro del segundo debate, una declaración que insistió en uno de los argumentos de la campaña electoral (UP es víctima de las cloacas del Estado y de los poderes fácticos del país) y tendió la mano al electorado para hacer historia. Es muy posible que sus intervenciones hayan movilizado a una parte de su electorado, sobre todo al que iba a abstenerse, y eso debiera abrir una reflexión en la formación morada sobre el coste político que han supuesto sus batallas internas y falta de ejemplaridad en su credibilidad y proyección electoral.

Para una gran mayoría de votantes, la campaña electoral concluyó tras la finalización del debate de Atresmedia.

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28A: El PSPV, primera fuerza por primera vez en 24 años

El presidente de la Generalitat Valenciana, Ximo Puig, aprovechó la convocatoria de elecciones generales adelantada por el presidente del Gobierno para adelantar los comicios autonómicos, una prerrogativa del Estatuto de autonomía, aprobado en los tiempos de Francisco Camps y que no suscitó, ni mucho menos, el mismo debate que el Estatut catalán a pesar de incluir la llamada cláusula Camps.

Puig, uno de los barones que se opuso en su momento a Pedro Sánchez, unía su destino al del presidente del Ejecutivo y sometía su gestión al veredicto de las urnas un mes antes de lo previsto. La propia evolución de la campaña de las generales confirma que tenía razón y que el PSPV se beneficiará del efecto bandwagon (caballo ganador) que apuntan todos los sondeos sobre estimación de voto de generales, lo que le permitirá convertirse en la primera fuerza política en la Comunidad Valenciana, algo que no ocurría desde las elecciones autonómicas de 1991.

De acuerdo con los sondeos y trackings publicados, el PSPV lograría el 28% de estimación de voto, +7.2 puntos respecto a las elecciones celebradas en mayo de 2015 y que terminaron con el Acuerdo del Botànic, con Compromís y Podem para gobernar juntos en una de las CCAA fetiche del poder del PP desde los tiempos de José María Aznar. Según los datos de Celeste-Tel, los socialistas serían primera fuerza en todas las provincias, especialmente en Valencia.

Por primera vez en 24 años, los valencianos optan por un voto de castigo sin paliativos al PP, que ya comenzó en los comicios de 2015, cuando los populares pasaron del 50.67% de represnetació na un 26.9%, pero que este 28 de abril se verá desde todos los enfoques elegidos. Hablamos de una CCAA en la que tanto Eduardo Zaplana como Francisco Camps eran capaces de aglutinar el 50% del voto (2011 y 2007), con datos superiores al 40% desde 1995.

Ximo Puig, por lo tanto, tiene todo a su favor para volver a reeditar un acuerdo de gobierno de centroizquierda, a pesar de las tensiones entre el PSPV y Compromís (particularmente entre el propio Puig y Mónica Oltra) a propósito del adelanto electoral. En cualquier caso, Compromís se movería en torno al 16.9% (-1.8 puntos respecto a 2015) y Podem escala, de acuerdo al último tracking de IMOP, y obtendría el 9.83% de los apoyos (-1.67 puntos respecto a 2015).

No es descabellado pensar que la suma de lo que pierden ambos partidos llegue al PSPV, sobre todo si tenemos en cuenta los actos de campaña programados por la caravana de Pedro Sánchez en la Comunidad Valenciana y el propio papel de Puig, que no escatima críticas de trazo grueso a uno de los fenómenos de la campaña electoral, Cayetana Alvarez de Toledo.

Las proyecciones demoscópicas en la CCAA en relación al centroderecha confirman buena parte del escenario que venimos anunciando respecto al resto del país. El PP sufre un desgasate importante por la aparición de competidores ideológicos, algo que ya comenzó a perfilarse en 2015, cuando C’s se convirtió en cuarta fuerza parlamentaria con el 12.7% de los apoyos. De acuerdo con los datos manejados en estos momentos, la lista que lidera Toni Cantó obtendría el 14.1% de los votos, aprovechando así una parte del desplome que sufre el PP, quese quedaría en el 20.7% de los votos (17.6% según el último tracking de IMOP, que le situaba hace unos días en el 20.5%).

Por su parte, VOX entraría con el 7.9% de los apoyos (el IMOP le sitúa 3 puntos por encima de su estimación anterior, que era del 7%), un resultado histórico que confirma el daño que la candidatura que lidera en España Santiago Abascal está produciendo en la base electoral popular en una de las CCAA que han simbolizado los problemas de corrupción de Génova que han sentado en el banquillo de los acusados a dos de sus ex presidentes: Francisco Camps y Eduardo Zaplana (en libertad provisional por su estado de salud).

CODA. Una imagen fija del desastre electoral que se le avecina al PP en la Comunidad Valenciana. Hemos destacado los resultados obtenidos desde los comicios de 1991, los últimos en los que el PSOE de Joan Lerma lograron ser primera fuerza política. Desde entonces, la CCAA ha estado dominada por un PP que en cada proceso electoral ampliaba su distancia respecto a  unos competidores que sólo comenzaron a remontar cuando el olor de la corrupción se hizo tan evidente que era imposible ocultarlo.

Si tenemos en cuenta la OPA hostil que se está ejecutando desde las filas de VOX a los cuadros medios del PP, a los que está reclutando, en las provincias que menos atención mediática reciben, podemos entender el gran problema al que se enfrenta Génova a partir de la noche del 28 de abril, con segunda vuelta en las elecciones autonómicas y locales del 26 de mayo. Hoy hablamos de la Comunidad Valenciana, pero es muy posible que veamos escenarios parecidos en otras CCAA históricas, como Madrid, Galicia o Castilla y León.

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28A: El PSOE saca 10 puntos al PP, que se la juega en los debates

Última semana de campaña de las elecciones generales que se celebrarán el próximo domingo, momento en el que la gran mayoría del electorado se enganchará a las elecciones tras el parón vacacional, con la atención puesta en los debates electorales que permitirán  confrontar las opciones de los principales cabezas de lista de los partidos mayoritarios. No hay dudas de que el fantasma del ausente VOX planeando durante las intervenciones, que debieran ser más tácticas de lo habitual con un objetivo: Dominar las discusiones creando un ambiente electoral propicio que seduzca a los indecisos no especialmente politizados.

Esta noche, y tras la rectificación del comité electoral del PSOE, Pedro Sánchez acudirá al plató de RTVE en lo que supondrá el primer acto del debate que organiza mañana Atresmedia y en el que, casi con total seguridad, los diferentes candidatos arriesgarán más con dos objetivos: Movilizar a sus propios votantes, para asegurar un suelo electoral que está desplomado en el caso de PP y Unidas Podemos y muy dudoso si nos referimos a Ciudadanos; y convencer a la enorme bolsa de indecisos que, de acuerdo con todos los estudios demoscópicos publicacos este fin de semana, todavía reflexionan sobre el sentido de su voto el próximo 28 de abril.

De acuerdo con los últimos datos publicados por GAD3 o NC-Report, podemos hablar de 2 millones de electores que, a estas alturas, todavía estarían dudando entre dar su confianza a PP o a C’s, con VOX como el enorme elefante que sobrevuela en todas las estimaciones publicadas de acuerdo con la normativa legal. La formación de Santiago Abascal confirma pulsión ascendente a diario en la organización de sus actos electorales, sobre todo en antiguos feudos del PP, y en las redes sociales, con la emisión de todo tipo de mensajes y memes que permiten remarcar el voto enfadado y, a menudo, políticamente incorrecto sobre el que se ha construido su campaña electoral.

Mientras se asume que el PP está sufriendo en sus propias carnes un fenómeno similar al que vivió en 2014 y 2015 el PSOE con la irrupción de Podemos, los datos, por el momento, parecen darle la razón. La división del centroderecha confirma que el PP se está desangrando en sus nichos de votos tradicionales (con especial mención a la España interior), una pérdida de apoyo que se reparte entre VOX y, veremos si se confirma, C’s pero que al final termina beneficiando al PSOE, que se destaca como el principal adversario ideológico en ese bloque.

Eso explica un mapa como el que este fin de semana publicó GAD3 sobre el dominio generalizado de un PSOE que, a pesar de la crisis abierta por el error en torno a la presencia de Sánchez en los debates electorales, podría estar rozando los 140 diputados en estos momentos, con la apelación al voto útil como uno de los mensajes centrales  de la campaña que lidera el presidente del Gobierno. Hasta el momento, parece estar funcionando, a pesar de que se percibe cierta recuperación en Unidas Podemos, que se mantiene, no obstante, muy lejos del 21,1% conseguido en 2016.

En Galicia, el PSOE podría ser primera fuerza tras 37 años de dominio popular y en la Comunidad Valenciana, que celebra elecciones autonómicas también el próximo domingo, el PSPV estaría en disposición de convertirse en primera opción del electorado por primera vez desde que la CCAA pasó a manos del PP, en 1995, convirtiéndose en uno de los graneros de votos simbólicos del poder conservador desde los tiempos de José María Aznar.

De acuerdo con los datos de IMOP, existe una veintenna de circunscripciones en las que se está disputando el último escaño por un puñado de votos, algo que seguramente veremos confirmado durante el escrutinio en la noche electoral. Entre las provincias que situamos en la lupa encontramos Ourense, A Coruña, Salamanca, Asturias, Badajoz o Granada. Según los datos de GAD3, también podemos sumar Zamora.

Para añadir más pistas sobre lo que se juega cada uno, recomendamos revisar las agendas electorales de los diferentes partidos, que suelen señalar precisamente escenarios en los que se la juegan. Si tenemos en cuenta, además, la celebración atípica de los debates, tendrán apenas tres días tras los debates para retomar una campaña en la que ya se asume la división en bloques.

El PSOE adelanta en 10 puntos al segundo

Todos los estudios demoscópicos publicados hasta este lunes coinciden en un mismo escenario: El PSOE se postula como el gran favorito para ganar las elecciones del próximo 28A aprovechando la división del centroderecha, que le beneficia en las circunscripciones en las que se reparten menos diputados, y en la propia situación de Unidas Podemos.

Todos los estudios recogen un retroceso de UP, que en los anteriores comicios constituyó la bestia negra de Ferraz hasta el punto de que temió un sorpasso que sólo se evitó por la tradición y potencia de una marca política como la que constituye el PSOE. Hoy, UP se mueve en torno al 13.3% de los votos (-7.6 puntos respecto a las elecciones de 2016 pero medio punto más que la anterior oleada estudiada en este blog).

Por otro lado, el PSOE es el principal beneficiado del desplome sin paliativos del PP, que se deja más de 13 puntos en estimación de voto que van a engrosar opciones alternativas nacidas al calor de la crisis interna que se larvó durante años y que estalló con la moción de censura a Mariano Rajoy. Su retirada de la primera línea política y la batalla por la sucesión sólo han confirmado que el PP tenía un gran problema que, hace unos meses, aprovechaba C’s y que en estos momentos aprovecha VOX, una criatura nacida a los pechos del aznarismo, que estos días apela al voto útil.

Los datos son concluyentes: El PP obtendría hoy el 20.01% de los apoyos, 19.6% si sumamos los datos del CIS, de Simple Lógica y GESOP, que forman parte de la anterior oleada analizada; estos datos, no obstante, vienen enmascarados en buena medida por el resutlado aceptable que le otorgan todavía NC-Report y Celeste-Tel, que lo sitúan en torno a los 100 diputados. Sobra decir que las estimaciones no tienen demasiado que ver con el de otras empresas demoscópicas, que lo sitúan en torno a los 75 escaños, es decir, una pérdida de 60 diputados que, en la práctica, supone la fuga de la mitad del electorado que la dio su confianza el 26J de 2016, especialmente desde que Pablo Casado tomó las riendas del partido (Rajoy se fue con el partido en el 22.9% de media, +3.3 puntos respecto a los datos que se registran hoy).

El presidente del PP encabeza una campaña en la que han sido habituales las exageraciones, las enmiendas y las ocurrencias, que parecen más propias de los jóvenes del partido (la última, protagonizada por el secretario general del partido este fin de semana en La Sexta), con críticas cada vez menos veladas de sectores que, de una manera u otra, están siendo depurados por la propia organización. Si tenemos en cuenta, además, los fichajes de históricos por parte de VOX, no resulta descabellado pensar en un ajuste de cuentas, a partir de mayo, con la actual dirección, sobre todo si el partido se queda por debajo de los 84 diputados, que constituye la peor marca del PSOE.

Los socialistas, por su parte, se mueven en torno al 29.9% de estimación de voto (29.81% si excluimos los datos de CIS, Simple Lógica y GESOP), un porcentaje similar al de hace una semana que los cuarteles de campaña del PSOE elevan en privado por encima del 30%. Todo queda, por lo tanto, a la espera de las intervenciones de Pedro Sánchez en los dos debates electorales, un formato que no se le da especialmente bien y que puede llevárselo por delante. Lo lógico sería pensar en una actitud “presidenciable”, llena de propuestas y que responda de manera firme pero sin exageraciones a las críticas que, por descontado, le llegarán desde el PP y C’s. Será el candidato que, seguramente, más se refiera a la ultraderecha y a las opciones de un pacto de VOX con PP y C’s para postularse como alternativa útil para combatir ese frente.

En este punto, tenemos dudas de la posición que adopte Pablo Iglesias, que ya no disimula que las opciones de su partido pasan por lograr una mayoría suficiente que obligue al PSOE a pactar un gobierno de coalición. En ese sentido, lo normal sería que el líder de UP no atacase con mucha vehemencia a Sánchez, de la misma manera que el líder socialista no debería entrar en un cuerpo a cuerpo con Iglesias que pudiera arrebatarle unos escaños que serán fundamentales en la resaca postelectoral para negociar mayorías parlamentarias para mantener La Moncloa.

El caso de C’s constituye un ejemplo de manual de cómo se pueden perder unas elecciones en apenas un año. El partido de Albert Rivera, que insiste en situar los debates como los actos de campaña que constituirán la remontada, se mueve en torno al 14.5% de media (14,47% si extraemos los porcentajes de CIS, Simple Lógica y GESOP), medio punto menos que  hace una semana y +1.5 puntos respecto a su representación actual. Si tenemos en cuenta que, hace sólo un año, los sondeos le otorgaban el 27% de estimación de voto, resulta evidente el daño que le ha hecho una decisión externa (la moción de censura) y otra interna (el giro para disputar la derecha al PP y a VOX).

En los debates, podemos ver un enfrentamiento directo entre Rivera y Casado por disputarse la hegemonía del centroderecha conservador, con el fantasma de VOX como fórmula innombrable. La formación que Abascal se situaría en el 10.9% de estimación de voto (+0.9 puntos en una semana), mientras llena auditorios y se filtran dudas más que razonables de que finalmente pueda quedar como tercera fuerza parlamentaria. La ultraderecha, que será uno de los argumentos esgrimidos en los debates, se convierte en uno de los beneficiados de la campaña al no sufrir el coste de ver a Abascal confrontar propuestas vinculadas tradicionalmente a la extrema derecha.

CODA 1: Evolución de los sondeos y trackings electorales que hemos venido analizando en el blog desde el pasado mes de enero. Se percibe, claramnete, la evolución en ascenso del PSOE, sobre todo desde que se anunció el adelanto electoral, con un PP estancado. Mención aparte merece la caída progresiva de C’s, que corre el riesgo de quedarse como en las elecciones de junio de 2016. De nuevo, la incertidumbre corre a cargo de VOX:

CODA 2.Tras el vídeo de C’s centrado en los independentistas catalanas, la formación naranja opta estos días por lanzar un mensaje al nacionalismo vasco con la excusa del Cupo. En una factura similar al anterior spot, el partido de Albert Rivera confirma su escasa proyección electoral en Euskadi y Navarra (donde acude en coalición con UPN, defensor público y notorio el Concierto navarro).

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El PS portugués pierde 4.6 puntos en un año

El primer ministro, Antonio Costa, encara el periodo preeletoral con un escenario de pérdida de apoyo, de acuerdo con los sondeos sobre estimación de voto publicados, y con la gestión de una huelga convocada por el Sindicato Nacional de Transportistas de Mercancías Peligrosas y que ha dejado desabastecidas las estaciones de servicio del país.

La huelga, desconvocada la madrugada del jueves tras un acuerdo con la patronal, ha derivado en colas kilométricas de vehículos, con declaración de situación de alerta incluida que incluyó la movilización de militares y fuerzas de seguridad para garantizar el abastecimiento de combustible. A cinco de las elecciones generales, no es precisamente una buena noticia para el PS, que sigue cayendo entre el electorado, con el primer ministro avisandondo, en plenas vacaciones de Pascua, que el país tardará unos días en recuperar la normalidad.

De acuerdo a los datos publicados a lo largo del mes de abril, con trabajo de campo realizado antes de la huelga, el PS se movía en torno al 35.75% de estimación de voto,-1.05 punto respecto al mes anterior, en el que también se vislumbró una caída de apoyo en relación a la serie histórica. Con este promedio, el PS apenas gana 3.45 puntos respecto a las elecciones celebradas en otoño de 2015, un registro parecido a lo que los sondeos estimaban durante la primavera de 2016 y, en cualquier caso, muy lejos del 40.35% que le otorgaban los sondeos hace apenas un año.

La caída del PS no es recogida por ninguno de sus socios parlamentarios. El BE, hermanado con Podemos en España,obtendría el 8.15% de promedio, -2 puntos por debajo de su último resultado en las urnas y medio punto por debajo del apoyo que recogían los sondeos el mes de marzo. Por su parte, el CDU obtendría el 8.45% de apoyo, +0.25 puntos en relación a su representación actual pero -0.65 puntos en comparación con el dato registrado el mes pasado.

El PSD, por su parte, parece que recupera parte del apoyo que ha ido perdiendo estos meses y pasaría del 24.55% de promedio de hace un mes a un 26.15%, mientras su líder, Rui Río, niega que su partido esté ubicado a la derecha y arremete contra el PS por utilizar lo que denomina propaganda electoral. En este ámbito se circunscribe el rechazo a que su propuesta electoral incluya un recorte de pensiones. El CDS, que en 2015 fue en coalición electoral con el partido conservador luso por antonomasia, se movería en torno al 7.15% (+0.20 puntos respecto al mes anterior). Entre ambos sumarían el 33.3% del electorado, aún lejos del 52.35% que sumaría el PS con sus socios parlamentarios.

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