La militancia socialista vuelve a escorarse a la derecha

Lo repetimos: Es muy complicado vender el acuerdo que el PSOE firmó con C’s como esencialmente de izquierdas cuando uno de sus protagonistas, Albert Rivera, invita al PP a sumarse al texto (se entiende que porque no va en contra de lo hecho durante la legislatura 2011-2015) o cuando personalidades poco sospechosas de militar en la izquierda, como Pedro J. Ramírez, destaca las bondades del contenido del acuerdo. Sin embargo, los socialistas lo intentan y ya se puede vislumbrar cómo casi todos dirigen la vista hacia Podemos y hacia la posibilidad de que la formación morada, por su coincidencia de voto con el PP, termine finalmente favoreciendo la reedición de un Gobierno conservador.

Nos faltaba conocer la opinión de la militancia socialista hacia el triple salto mortal exhibido por la dirección federal durante la pasada semana. Y no ha habido grandes sorpresas: Este fin de semana quedó definitivamente sepultado el mito de que las bases del PSOE están más escoradas a la izquierda que su dirección y Pedro Sánchez consigue el apoyo de los suyos para seguir con la estrategia iniciada ante el Rey cuando se postuló como candidato a la investidura como presidente del Gobierno.

El 78.97% de las bases respaldó la pregunta que autorizaba a su secretario general a alcanzar acuerdos con otras formaciones políticas para lograr la investidura esta semana. Es decir, en la práctica, las bases del PSOE ratificaron el acuerdo firmado por Pedro Sánchez con C’s en la consulta convocada por la dirección federal. Con una participación del 51.7%, 73.940 de los casi 190.000 militantes censados respaldaron el sí frente a los 19.692 que se opusieron.

Se trata de la segunda, vez, en año y medio, que los militantes del PSOE ratifican su giro a la derecha. En verano de 2014, el 48.6% de los militantes eligió a Sánchez como secretario general en detrimento de Eduardo Madina y José Antonio Fernández Tapias, el candidato más izquierdista de los tres que se presentaron a las primarias socialistas. Entonces se habló del apoyo recibido por Sánchez por parte de las dos federaciones más potentes del socialismo hoy (Andalucía y la Comunidad Valenciana). En esta ocasión, su posición ante la consulta habría sido distinta.

En Andalucía la participación llegó al 49,9% de los militantes (por debajo de la media) y en la Comunidad Valenciana acudió el 59,53%, mientras que Cataluña registró el dato de participación más bajo (31.32%). Las federaciones más participativas fueron la de Euskadi (70% de participación), Extremadura (62.53%), La Rioja (61.55%), Castilla-La Mancha (60.34%), Murcia (60.38%) y Navarra (57.73%). Por debajo del 51% se pronunciaron, además de Cataluña y Andalucía, Canarias (44.31%), Comunidad de Madrid (47.22%), Baleares (49.56%), Galicia (50.48%) y Asturias (50.92%).  Sólo en Huesca, las bases habrían rechazado el acuerdo con C’s (56.8%):

Sánchez gana tiempo

No había muchas dudas sobre lo que la dirección pretendía conseguir con la consulta: Un refuerzo de la figura del secretario general ante los movimientos internos de los barones que se han sucedido desde la misma noche en la que se confirmó que el PSOE había conseguido los peores resultados desde la Transición. De ahí esa pregunta genérica para obviar, precisamente, que sólo hay dos partidos con los que ha llegado a un consenso en estos momentos: CC y C’s, partido al que no hace muchos meses se equiparaba con el PP.

El respaldo a las posiciones de Sánchez sirve, precisamente, para exhibir que la militancia respalda a su secretario general frente a los problemas que ha hecho público el aparato del partido con notable éxito: A pesar de que la Ejecutiva federal es aparato puro y que hablamos de luchas de poder internas, en la práctica se percibe a Sánchez como una víctima de las federaciones territoriales (a lo que han contribuido dichas federaciones).

El resultado de la consulta permite incluir una cuña entre la dirección del partido en los territorios y la militancia y, externamente, se abunda en el respeto de la dirección por los militantes al demandar su participación en la toma de decisiones. Si tenemos en cuenta la baja participación en los procesos de consulta de Podemos y la ausencia de los círculos desde hace meses en las decisiones de la dirección, este mensaje mina también uno de los logros que se apuntaba Podemos hace más de un año.

Sin embargo, los datos de la consulta socialista ofrecen otras lecturas que conviene no perder de vista:

  • La consulta no obtuvo un buen resultado de participación pero sí suficiente para los intereses de Sánchez. El 51.7% registrado permite a la dirección federal salvar los muebles (sobre todo si tenemos en cuenta porcentajes como los registrados en Cataluña) pero no oculta un problema: Ya sea por desinterés o para no evidenciar una mayor ruptura interna, la mitad de los militantes decidió no participar en la consulta en la que se buscaba refrendar el acuerdo con C’s. Podemos, por lo tanto, entender que buena parte del 48% de la abstención registrada debe ser interpretado como malestar ante la situación del partido en estos momentos (por su situación, por las decisiones de su dirección, por los problemas internos, etc).
  • Baste recordar que en 2014, el 67% de los militantes participó en las primarias de las que salió elegido Pedro Sánchez como secretario general. Hablamos, pues, de una pérdida de 15 puntos en participación en un partido que ha ido perdiendo militantes progresivamente: 8.956 personas desde que Sánchez tomó el control del partido. El PSOE se mueve en torno a los 190.000 afiliados, 25.000 menos de los que tenía en el año 2002, cuando la Secretaría de Organización actualizó el censo, que pasó de los 400.000 a los 215.000.
  • Estos datos todavía ganan más peso si se tiene en cuenta el grado de implicación y de movilización que la militancia socialista ha mostrado por tradición. El partido lleva en la UVI desde el giro económico que decidió el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero (y que apoyó el resto del partido sin apenas discrepancias interna); los datos confirman que la militancia también parece estar inmersa en ese proceso, un estado que Sánchez podría estar agudizando con sus decisiones.
  • A pesar de los mensajes de destacados dirigentes, es imposible que un militante tradicional acepte un acuerdo que, en la práctica, legitima los recortes de la reforma laboral (no se plantea, en ningún caso, devolver el statu quo anterior a 2012), el copago farmacéutico, la LOMCE (que se paraliza) o la Ley Mordaza. El mensaje del socialismo catalán, respecto a lo que el texto recoge sobre Cataluña, quedó meridianamente claro con la abstención de casi el 70% de los militantes.

En este punto, queda claro lo que demanda la militancia del PSOE, de manera que ya nadie, en Podemos, puede señalar que la mayo parte de las bases socialistas reclama un acuerdo de izquierdas. Lo ocurrido este fin de semana confirma la mayoría está muy cómodo con un texto como el firmado con C’s, como refleja que 8 de cada 10 militantes haya refrendado la estrategia de Sánchez.

Desde aquí esperábamos un dato de participación parecido al que finalmente se registró aunque contábamos con un resultado que aclamara las posiciones de Sánchez. Eso nos permite señalar que hay marejada en la militancia socialista y que esos movimientos podrían confirmarse en las primarias convocadas por el partido para primeros de mayo. De su futuro político dependerá haber conseguido o no ser presidente del Gobierno:

  • Si no lo consigue, a Pedro Sánchez le resultará muy difícil volver a ser elegido secretario general y ya veremos si se repite su nombre como cabeza de lista del partido en las elecciones de junio (si las hubiera).
  • Si logra ocupar La Moncloa (en el aire la abstención o no del PP, una vez descartada la posibilidad de que Podemos refrende el texto acordado con C’s), Sánchez quedará refrendado como líder de su partido a corto y medio plazo.

En un caso u otro, las consecuencias, desde el punto de vista orgánico, están ahí.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
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