El ‘sanchismo’ gana la partida, de momento

Pedro Sánchez ha ganado la partida a sus críticos. El hecho mismo de que esta mañana se celebre el Comité Federal convocado antes los descalabros electorales en Galicia y Euskadi (donde el descalabro este viernes es hizo mayor al constatarse que el PSE ya no será la pieza fundamental para apuntalar un nuevo Gobierno del PNV) muestra que el secretario general del PSOE ha logrado aguantar el envite.

Por si quedaba alguna duda, a última hora de esta tarde, Sánchez lanzó un aviso a navegantes en una comparecencia sin preguntas de la prensa: El secretario general del PSOE presentará su dimisión si el comité federal decide que el Grupo parlamentario se abstenga una nueva investidura de Mariano Rajoy: “Si el comité federal decide que hay que pasar a la abstención, no puedo administrar una decisión que no comparto”.

En un tono muy distinto a las comparecencias de estos días, Sánchez se marcó el mismo farol que en 1979 lanzó Felipe González en el 28 Congreso del PSOE en relación al abandono del marxismo. Y quedó clara cuál es la estrategia del partido: Se ha pasado del plebiscito a su continuidad como líder a un plebiscito sobre la abstención del PSOE ante un Gobierno de Rajoy (que no del PP). Si tenemos en cuenta el rechazo que la figura del presidente del Gobierno en funciones causa a los que no son votantes del PP, este posicionamiento obligará a los críticos a un trabajo de pedagogía que casa muy mal con los marcos abrazados durante la crisis del partido.

El cambio de tono de Sánchez, que insistió en dirigirse a la militancia de tú a tú, parece indicar que su opción no tiene los votos suficientes en el Comité Federal para sacar adelante sus propuestas. Aun así, está por ver cuál será su reacción si finalmente pierde la votación ante el máximo órgano de funcionamiento del partido entre congresos y si Patxi López, elegido por los dos sectores enfrentados como el llamado a mediar, consigue apaciguar los ánimos de guerra total y las posibilidades de que todo el asunto acabe en los tribunales.

capturaricardo280916Viñeta de Ricardo en El Mundo

Un conflicto por motivos no del todo explicados

A la espera del desarrollo de acontecimientos, en las próximas horas, está a punto de concluir una semana eterna en la que el antiguo partido que más se parecía a España, por su capacidad para obtener representación de forma transversal, se ha liado la manta a la cabeza en una guerra descarnada en el mismo foco mediático. Ironías de la vida, esos mismos medios están siendo obligados a seguir los acontecimientos a pie de calle debido a la negativa de la dirección a, como es habitual, cederles espacio para que puedan trabajar.

El objetivo era que Sánchez no llegara vivo al Comité Federal y se ha fracasado en el intento. Y eso gracias a una operación frustrada en la que han saltado por los aires las buenas maneras y el respeto que, se supone, debería presidir la relación entre compañeros de organización (y ni hablar de la relación de muchos militantes con los líderes de sus propias organizaciones). Para reafirmar este punto, desde Ferraz se ha solicitado a la Delegación de Gobierno un refuerzo policial para evitar enfrentamientos entre los militantes llamados a rodear la sede socialista.

Tras una semana caótica, hemos confirmado que el sanchismo parece conocer el partido mejor que buena parte de sus cabezas pensantes o, al menos, que tiene bastantes menos escrúpulos para iniciar la guerra total. Se comprobó el lunes, cuando Pedro Sánchez hizo lo que se había filtrado días antes y anunció primarias en octubre y un congreso federal en plenas negociaciones para la investidura y/o en plena campaña electoral si el día 31 sigue sin haber un grupo con los votos suficientes para investir a su candidato.

El anuncio de Sánchez pilló con el pie cambiado a sus críticos, que sólo tienen en común su oposición visceral al secretario general y a su manera de utilizar todos los mecanismos del partido con el objetivo de permanecer en el puesto a pesar de su legado electoral. Aun a costa, según ya circula, de una negociación abierta de un Gobierno alternativo con Podemos y con los independentistas catalanes, a los que el PSC llama estos días a facilitar un gobierno presidido por Sánchez. Como nada parece casual, el presidente de la Generalitat aseguró, tras anunciar la convocatoria de un referéndum unilateral el próximo año, que sería posible negociar con un Gobierno de otro signo. ¿Puede haber sido ésta la causa final de los movimientos de los críticos a Sánchez? Si fuera así, el secretario general habría dado un paso más en el incumplimiento de la resolución del Comité Federal celebrado en enero y que sus partidarios esgrimen como reflejo de que Sánchez habría sido leal al partido.

El miércoles, con la resistencia a la dimisión de la mitad de la Ejecutiva, los afines a Sánchez volvieron a confirmar que tenían prevista incluso la reacción, y de ahí la interpretación de los estatutos del partido y la propia campaña de comunicación en torno a Sánchez: En apenas unos días, ha pasado de ser un líder absolutamente mediocre, objetivo de burlas generalizadas por sus intervenciones públicas, en un político coherente (?) y, sobre todo, en una víctima de los malvados barones territoriales y de sus supuestas conexiones con el establishment con quien habría negociado una abstención a Mariano Rajoy.

En un entorno de histeria mediática, todos estos movimientos se han ejecutado en directo, de manera que los medios de comunicación, en lugar de canales de información, han entrado en una guerra de guerrillas como si sus empresas se jugaran algo en la disputa interna de un partido con 137 años de historia y que, según los que entienden, está al borde de la escisión.

Dichos medios, a menudo muy críticos, por ejemplo, con la actitud de los independentistas en Cataluña, han pasado por encima de que Sánchez necesitaría de un acuerdo con ellos para encabezar un Gobierno alternativo al del PP. Así, ha calado la idea de un apoyo explícito al PP obviando que lo que se comienza a vislumbrar es abstención negociada con el PP (con puntos como los que señalamos con anterioridad: derogación de la LOMCE, de la Ley Mordaza, de la reforma laboral, etc). Ésta era precisamente la posición del propio Sánchez antes de irse de vacaciones, por cierto.

Por ello, conviene tener en cuenta una serie de consideraciones:

Primera: El PSOE está conformado por miles de personas que, como militantes, pueden tener visiones de la política y de la acción del partido muy diversas. Es cierto que esta diversidad parece estar en retirada, como confirman dos circunstancias sumamente interesantes en el caso del que hablamos:

  • Por un lado, la propia elección de Sánchez, en julio de 2014, del candidato más conservador de los tres que se presentaron. Como recordábamos hace unos días, Sánchez recibió apoyo sobre todo por parte de los militantes  de las federaciones que más claramente se posicionaron a su favor. Casualidades de la vida entre unas bases que quizas son bastante menos independientes de lo que hoy se quiere reflejar.
  • Por otro, las bases supuestamente de izquierdas apoyaron claramente el acuerdo que el PSOE firmó con C’s en la anterior legislatura, un texto que analizamos en su momento como ejemplo de giro a la derecha por parte de un líder bastante lejano de los postulados de la izquierda, tanto en su discurso como en sus prácticas habituales.

Segundo: Es lícito que los que no estén de acuerdo con la posición de Sánchez reaccionen ante su intento de blindarse como secretario general en unas primarias que requieren de plazos (no en vano, oficialmente no hay otro candidato) y de un congreso que ha de prepararse si quiere ser la reunión en la que el partido afronte sus problemas y no una reunión para loar al líder. Tradicionalmente, los congresos del PSOE han sido conflictivos y basta con recordar los problemas que hubo en el de 2008, a pesar de que el partido había colocado de nuevo a Rodríguez Zapatero en la Moncloa.

En este asunto, las discrepancias contra Sánchez tienen un marco superior: El líder socialista ha renunciado asumir su propia responsabilidad tras unas elecciones en las que Ferraz había tenido mano directa (a través de una afín, Idoia Mendía, en Euskadi, y  tras las operaciones para proteger a Gómez Besteiro hasta el último instante). En lugar de asumir su papel en esos resultados, Sánchez ha optado por enfrentar las dos legitimidades de las que hablaba el otro día Esther Palomera: La de su elección por las bases frente a la de los órganos de dirección cuyo mandato emanó de la voluntad de los delegados representados en un congreso. Como si fuera incompatible.

Las continuadas derrotas electotorales y el estado en el que el partido se encuentra internamente tras dos años de una gestión basada en el revanchismo y en purgar cualquier elemento que se considere disidente con los postulados de Ferraz. Llevamos meses escribiendo a propósito de la soledad de la Ejecutiva de Sánchez y de sus apoyos puntuales. También de las operaciones para desplazarle como líder.

Tercero: Los críticos han fallado en la puesta en escena de su desacuerdo y también en la forma de ejecutar el mismo. El jueves, Susana Díaz reunió a la Ejecutiva andaluza y de nuevo amagó con ser el ‘elefante blanco’ que se espera que se enfrente a Sánchez. La presidenta andaluza, que lleva tres años con la misma jugada, pierde credibilidad a raudales si se tiene en cuenta que sus amagos se corresponden con su presencia en toda una serie de reuniones con el objetivo de armar una mayoría de críticos contra él para desplazarlo del poder. Esta vez, se limitó a ofrecerse para “coser” la brecha creada.

Los críticos, que hasta el miércoles se mostraban muy fuertes, han fallado en varios aspectos:

  • En el desconocimiento de la figura de Sánchez y de su entorno. Creyeron que bastaba con exponer el desacuerdo con Sánchez para que éste presentara su renuncia por el bien del partido, sin ser conscientes de que el sanchismo sólo considera la organización y las siglas como una herramienta para conseguir sus fines.
  • En la propia tibieza de la actuación, centrada en no salirse de lo que recogen los estatutos y en la presencia en los medios de comunicación tradicionales como altavoces. En el primer aspecto, demostraron una candidez tremenda contra quienes, recordemos, echaron a Tomás Gómez cambiándole la cerradura del despacho. En el segundo aspecto, hemos visto a dos generaciones distintas referirse al partido: Por un lado, los veteranos, en la línea de lo expuesto por Felipe González y los críticos; por otra, los que consideran que esa generación está gagá y que el funcionamiento del partido se centra en que voten las bases como si ésa fuera LA manera de purgar todo lo anterior al 15M y ganarse el favor de quienes en la calle se parapetaron con el grito “No nos representan”.
  • En no tener cuenta la propia guerra que durante años tienen abierta los medios de comunicación por ser quien lidere el estado de opinión. Así, hemos visto cómo incluso Sánchez respondió a El País a través de un medio, eldiario.es, al que a menudo su gente ha culpado de ser el causante de cómo Podemos ha ganado apoyos en una base electoral que tradicionalmente votaba PSOE.  Durante estos días ha sido habitual leer a propósito de un supuesto “golpe de Estado” de los barones (argumento que se ha comprado por parte de los militantes sanchistas) y dar voz a las opiniones de trazo grueso que vinculan a los críticos con la derecha. Es bien sabido que en un contexto como el actual el control de los medios es fundamental precisamente para reconducir el estado de opinión.

Este viernes, tuvimos un reflejo de cómo han perdido esta batalla en forma de editorial. Tras la barbaridad del jueves, con descalificativos personales contra Sánchez, El País salió con un editorial bastante más pausado que parecía una enmienda al “hay que echar a este irresponsable como sea”:

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Dudamos de que este editorial ayude a recuperar el prestigio del periódico, algo reseñado por Josep Borrell (víctima a su vez de la campaña de El País en su contra en 1998) en una entrevista en la Cadena SER.

Cuarto: La crisis del PSOE, que ha tenido su consabido reflejo en los medios internacionales, ha provocado unas heridas muy profundas que tardarán mucho en cicatrizar. No es casualidad que Ximo Puig, secretario general del PSPV, sea uno de los que más críticas ha recibido, sobre todo porque su federación se ha mostrado dividida en la operación para desplazar a Sánchez. No es casualidad tampoco que sean las federaciones de Andalucía, Extremadura o CLM las que aparentan más fortaleza frente al estado de opinión de las bases críticas. La división descarnada del PSOE es todavía más preocupante si recordamos que sigue siendo el principal partido de la oposición y que ha sido un factor fundamental de la Historia de España desde la Transición política. Hay quien estos días ha comenzado a comparar al PSOE con el proceso sufrido por el PASOK en Grecia, que hoy se mueve en torno al 6% de intención de voto.

Quinto: Es significativo el silencio del PP y de sus militantes durante toda la crisis del PSOE, quizás conscientes de lo que esta situación implica en relación al partido que se ha turnado en el poder. Aunque se logre reconducir de alguna manera el desastre, bien con Sánchez, bien con Díaz o bien con un independiente al frente (el jueves se hablaba de Ángel Gabilondo como esa persona), será difícil que se subsanen los daños de un partido que se encuentra dividido en dos mitades, con sus referentes achicharrados [Una muestra: Visión que de lo ocurrido realiza el programa de TV3 Polònia]:

Aunque a casi nadie le importe en estos momentos, el daño parece irreparable en al menos tres aspectos:

  • En relación a la imagen del partido como una organización cuyos miembros están dispuestos a arrasar todo en aras de una guerra de poder por el liderazgo.
  • Las heridas orgánicas entre compañeros que, en teoría, pelean por un mismo objetivo. Es difícil vincular los insultos recibidos (golpistas, fascistas, cobardes, agentes de la derecha, ejecutadores del Ibex) con la necesidad de funcionar como una máquina en los procesos electorales. C’s puede dar buena cuenta de lo que significa contar con una organización que funcione sobre el terreno o carecer de ella.
  • Volver a hacer del PSOE un partido con poder de atracción de cuadros con vocación de servicio público y que no consideren su entrada en política como un premio a su lealtad o un cauce para ascender socialmente. Tras la guerra abierta entre los propios, la organización no tendrá un poder atrayente salvo para los muy convencidos.

Sexto: También resulta sumamente interesante comprobar la actitud de Podemos, tanto en lo relativo a sus dirigentes como a sus militantes y /o simpatizantes, que han decidido callar respecto a su propia guerra interna. Es enternecedor cómo de repente se insta a Pedro Sánchez a resistir como sea, aunque esa resistencia numantina se lleve por delante las siglas sin la promesa de ser apoyado electoralmenete en el futuro. Como aquí somos muy mal pensados, no podemos sino vincular ese brote de sanchismo repentino con un objetivo electoral a corto y medio plazo, sobre todo si Sánchez finalmente gana la partida y consuma su intento de ser presidente del Gobierno con el apoyo de Podemos o candidato del PSOE en las próximas elecciones generales.

Con estos mimbres y a la espera de lo que ocurra en el PSOE, vamos camino de 10 meses de bloqueo institucional en el Estado y con Cataluña dando pasos hacia la independencia sin que desde Madrid ni siquiera parezca tomarse en serio las señales que siguen llegando desde el Parlament y la calle.

CODA. Éstas fueron las portadas publicadas por la prensa general este viernes. Por quinto día consecutivo, el PSOE y sus cuitas interno fueron asunto de primera plana:

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Portugal: La izquierda concentra el 53% de la representación

Si hoy hubiera elecciones en Portugal, la izquierda seguiría acaparando el 53% de la representación parlamentaria, aunque perdería un punto respecto a la suma de los resultados de los sondeos publicados hace un mes. Es la principal conclusión del sondeo de Eurosondagem publicado en el mes de agosto, que sitúa a los socialistas como la primera fuerza parlamentaria con el 35.5% de los votos, +3.2 puntos respecto a los resultados obtenidos en las urnas hace un año:

CapturaPortugal

El PSD se movería en el 32.5% de los votos  (+1 punto respecto a los sondeos de hace un mes) con el CDS en el 6% (casi un punto más que en la estimación de hace un mes). Si ambos partidos volvieran a concurrir juntos, se moverían en torno al 38.1%, un porcentaje casi idéntico al que la coalición PaF obtuvo en los últimos comicios parlamentarios.

De acuerdo a la estimación del sondeo Eurosondagem, no habría grandes cambios respecto a los resultados del Bloque de Esquerdas y de los comunistas respecto a la estimación de hace un mes. El BE habría perdido medio punto de representación respecto a los comicios mientras que los comunistas se habrían dejado 0.4 puntos (aunque habrían ganado prácticamente lo mismo respecto a la media de los sondeos correspondientes al mes de junio).

Los últimos datos demoscópicos llegan al conocerse que la deuda pública del país sigue en tendencia ascendente y que alcanzó el 131.6% del PIB durante el segundo trimestre del año (+2.7 puntos respecto al trimestre anterior). El dato es manifiestamente superior al de las previsiones del FMI y de la OCDE, que situaron el objetivo de deuda para este año en el 128.3% del PIB, de la CE (126%) y del Gobierno luso (124.8%), y llega con el país creciendo al 0.9% en el segundo trimestre del año. La economía portuguesa sigue, por lo tanto, en ritmo ascendente tras el periodo de recesión entre 2011-2013. En 2014, el PIB creció un 0.9%, que se convirtió en el 1.5% el año pasado. El dato de desempleo se mantuvo en el 11.1% (-7 puntos respecto al pico del 18% alcanzado en 2013), que se dispara al 26.3% entre los menores de 25 años.

CODA. El ex primer ministro Antonio Guterres sigue en la carrera para suceder a Ban Ki-moon como secretario general de la ONU tras ser el candidato más apoyado por los 15 países que forman en la actualidad el Consejo de Seguridad. Le avalan sus 10 años al frente de ACNUR y el apoyo nada disimulado de EEU.

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El PSOE entra en punto de no retorno

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Éstos son los nombres de los 17 miembros de la Comisión Ejecutiva del PSOE que este miércoles presentaron su dimisión para provocar la destitución de su secretario general. Coherente con el caudal de información que se sucedió durante todo el día, 17 de los 35 miembros del ‘gobierno’ del todavía principal partido de la oposición ejecutaron una jugada que buscaba evidenciar la soledad de Pedro Sánchez. El objetivo, nombrar una gestora, es decir, un órgano interino que se encargue de la actividad del partido hasta la convocatoria de un congreso que designe un nuevo secretario general y una nueva dirección. Se da por hecho que esta gestora promovería la abstención en una hipotética investidura de Mariano Rajoy.

Estos 17 votos, procedentes en su mayoría de dirigentes de la federación andaluza, se sumaban a los de los tres miembros de la Ejecutiva que abandonaron el cargo desde su elección en marzo de 2012 (entre ellos el fallecido Pedro Zerolo) para plasmar una mayoría (50% +1) recogida en el artículo 36 de los Estatutos del partido. Este asunto, la interpretación de lo que implican los puestos vacantes, era el que en el momento de elaboración de este post figuraba en el aire y justificaba la negativa de Sánchez a abandonar su cargo.

Se consuma, pues, lo que apuntábamos este miércoles: Pedro Sánchez ha decidido morir matando a pesar de que en su disputa con el sector crítico se lleven por delante las siglas del partido. El sanchismo se enfrenta pues a un partido que parece haber decidido jugar hasta el final un pulso que tendrá al menos dos capítulos más: Este jueves, se reunirá de nuevo la comisión ejecutiva (sin los dimisionarios). El sábado, se celebrará el Comité Federal que habrá de votar la propuesta de Ferraz de convocar a la militancia para elegir al próximo secretario general y el congreso pospuesto “por el bien de España” el primer fin de semana de diciembre. Es decir, en pleno arranque de la campaña electoral de las próximas generales si Sánchez es blindado por las bases del PSOE.

Durante la tarde, se impidió a Antonio Pradas acceder a su despacho de la sede de Ferraz mientras que el partido ha borrado los nombres de los miembros de la Ejecutiva dimitidos de la web del partido. Por su parte, César Luena, secretario de Organización socialista, insistió: “Si quienes temen a los militantes o no quieren que hablen, ¿pueden dirigir el PSOE? En el PSOE se tiene que tener el respaldo de los militantes para dirigir. No caben atajos, ni artimañas, ni golpes”. Luena no se pronunció sobre cómo Ferraz impidió que la prensa que habitualmente sigue la información del PSOE pudiera realizar su trabajo en la misma sede, por lo que la puerta de la calle Ferraz número 70 se convirtió en el escenario de un espectáculo mediático. Otro más en una semana en la que parecen haber saltado todas las costuras orgánicas.

Choque de legitimidades en torno a un liderazgo débil 

Hemos señalado en numerosas ocasiones que este conflicto no nace del mal resultado de las últimas elecciones autonómicas, aunque los malos resultados del PSdG y del PSE han sido la gota que colmó el vaso. Tampoco arrancó en los malos resultados del PSOE en las elecciones generales, interpretadas desde Ferraz como un mal contexto para los intereses socialistas por la presencia de Podemos.

Hay que trasladarse a 2011 y al estado en el que José Luis Rodríguez Zapatero dejó el partido, que se encaminó a la celebración de un Congreso en el que se enfrentaron a pecho descubierto Alfredo Pérez Rubalcaba y Carme Chacón. Aquellas heridas no cicatrizadas supuraron durante los dos años de mandato de Rubalcaba y certificaron la propia evolución del PSOE posterior, con el posicionamiento de los distintos sectores en torno a las figuras de Eduardo Madina y Pedro Sánchez, con los resultados ya conocidos.

Ignacio Varela, buen conocedor de los entresijos del PSOE, puso el dedo en la llaga sobre la elección de Sánchez: “En el verano de 2014, tras la dimisión de Rubalcaba, varios dirigentes de gran ascendencia y poder orgánico entregaron la dirección del partido a alguien a quien desconocían por completo. Una semana después, ya se habían arrepentido, pero era tarde. Santa Rita, lo que se da no se quita. Esta es la tensión que ahora ha estallado como una bomba de racimo. Quienes lo auparon sin pensar han tratado inútilmente de enmendar su error. Y él, Pedro Sánchez, se ha dedicado exclusivamente a defender a dentelladas una posición de poder que jamás hubiera alcanzado por sus propios méritos. El resto del trabajo hasta el siniestro total lo han ido haciendo las urnas”.

Por su parte, Esther Palomera iba más allá: “todo (es) consecuencia de un conflicto entre legitimidades, la de un secretario general elegido por voto directo de los afiliados y la de los órganos de dirección cuyo mandato emanó de la voluntad de los delegados representados en un congreso. De aquellos polvos estos lodos”. Como si estuviéramos en las primarias de 1998 (en las que Josep Borrell ganó a Joaquín Almunia) o en el congreso de 2000, que contra todo pronóstico ganó José Luis Rodríguez Zapatero frente a los deseos de Ferraz. Sólo que esta vez el suelo electoral se sitúa en los 85 diputados y con un partido que pierde apoyo territorial en cada cita electoral.

Desde el lunes, la dirección ha sido muy ágil al situar el marco de Sánchez como oposición a un Gobierno de Mariano Rajoy (“No es no”) y, bajo la construcción de un perfil de mártir,  intenta anteponer el apoyo de las bases, algo que tiene muchos matices dada la correspondencia entre la posición de las distintas direcciones federales durante las primarias de 2014 con los resultado finales, con la del propio funcionamiento del partido. No es casualidad que los afines a Sánchez  hablen de “golpe de Estado” o expresiones similares para referirse a lo que es un hecho: La pérdida de confianza de una parte del partido hacia su líder, del que se sospecha que busca su propia supervivencia política tras los desastres electorales de Galicia y Euskadi.

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La dirección socialista olvida que ésta fue precisamente su manera de actuar frente a Tomás Gómez, en el PSM, en 2015, circunstancia que dejó reventado al partido en Madrid pero que el gran público ni siquiera recuerda.

Una crisis de difícil solución 

Es posible que Sánchez sea un visionario y España esté en camino de tener partidos políticos como los de EEUU, que son, sobre todo, maquinarias electorales al servicio de un liderazgo más o menos carismático. Con el indudable matiz de la mediocridad de Sánchez, que se ha plasmado en sonoros fracasos electorales desde que accedió a la Secretaría General que, salvo sorpresa, no se revertirían a pesar de los innumerables apoyos que durante estos días recibe. Sin ir más lejos del líder de Podemos, que ha cancelado incluso un viaje que tenía previsto a Colombia para mostrar su apoyo a Sánchez (también lo ha hecho Albert Rivera). Casualmente, hablaron los líderes de los dos partidos que, hasta el momento, han sido los principales beneficiarios de la sangría de votos que sufre el PSOE.

A la espera de que la militancia se pronuncie, algo que no sabemos si ocurrirá a corto plazo, el partido está dividido en dos sectores muy diferenciados:

  • Por un lado, los que opinan que el “aparato” territorial del partido ha ido demasiado lejos con las estrategias para obligar a Sánchez a dimitir (tarea en la que han participado dirigentes tan achicharrados como Carme Chacón y a lo que empujan medios como El País). Ésta es la versión que se puede rastrear en buena parte de la prensa digital alternativa y, sobre todo, en las redes sociales, con especial incidencia en perfiles vinculados a Podemos.
  • Por otro, los que consideran que la situación de Sánchez era insostenible, sobre todo si se tiene en cuenta su intención de formar Gobierno con los 85 diputados obtenidos el 26J. Además del diario de Prisa, ésta es la versión que compra, sobre todo, los medios tradicionales.

Falta por saber si existe una tercera vía: Militantes, simpatizantes y votantes que reprueben los métodos de los críticos a Sánchez pero que tampoco vieran futuro al liderazgo del secretario general en un contexto de recuperación electoral por parte del centroderecha (y ahí están los ejemplos del PNV en Euskadi o del PP en Galicia).

Todos parecen ignorar la evidencia: El PSOE tiene un enorme problema de credibilidad que ni siquiera el retroceso de Podemos en las encuestas sobre intención de voto mitiga. Los socialistas obtuvieron 5.4 millones de votos el pasado mes de junio, un resultado atribuible a los problemas de la marca del partido pero también a la propia mediocridad de Sánchez. Esa misma mediocridad que olvidan los repentinos defensores del sanchismo, que todavía no sabemos si estarán dispuestos a votarle en unas terceras elecciones, frente a una deriva teóricamente derechista de unos barones y de unos cuadros que buscarían desbloquear la situación política del país.

La fórmula mencionada para dar este apoyo pasaría por la redacción de un decálogo de exigencias, como las derogaciones de la Ley mordaza, de la LOMCE o de la reforma laboral, que podrían haber sido fácilmente vendibles a un electorado que, sobre todo, muestra hartazgo ante la situación de bloqueo actual. Ésta hubiera sido la manera en la que sacar rendimiento de los 85 diputados del PSOE a la espera de tener margen suficiente para ser una oposición dura al PP y, sobre todo, poder reconstruirse orgánicamente.

Este escenario, por supuesto, ni siquiera se contempla en estos momentos, como tampoco el de un Ejecutivo con Podemos, tal y como remarcó este miércoles el propio Pablo Iglesias. El PSOE ha volado por los aires desde el punto de vista interno y nadie parece tener intención de buscar una salida que, por experiencias pasadas, dejará muchas heridas que serán difíciles de cerrar. Tal vez es prematuro hablar de escisiones, pero no consideramos exagerado tachar la crisis socialista como la situación más delicada que vive el partido desde el Congreso de Suresnes, celebrado en 1974, en el que pugnaron por la orientación ideológica el sector de los líderes históricos, encabezado por Rodolfo Llopis, secretario general en el exilio, con que el encabezaron Felipe González y Alfonso Guerra entre otros.

CODA. Así se presenta la prensa hoy. Otro día más, la crisis del PSOE monopoliza la atención de los medios frente a otros temas como las novedades sobre el caso Bárcenas o el anuncio del presidente de la Generalitat de convocar un referéndum unilateral  en Cataluña el próximo año.

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Sánchez asume el papel de mártir

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Viñeta de Ricardo publicada en El Mundo

Pedro Sánchez y su entorno han conseguido que la debilidad extrema del PSOE que se plasma en cada cita electoral se venda como una lucha entre el aparato del partido y su líder, que espera contar con el apoyo de la militancia. El Comité Federal que se celebrará este sábado se convertirá en un escenario en el que se enfrentarán dos opciones: La de los partidarios de blindar el liderazgo de Sánchez, a través de la celebración de las primarias y del congreso federal en el arranque de la próxima campaña electoral si no se logra formar Gobierno; y los que critican que la salida a la crisis del liderazgo de Sánchez sea tensionar más a la militancia y promueven, de una manera u otra, que el partido se abstenga para desbloquear la situación política. La posición de este segundo grupo pasaría por forzar la dimisión de la mayoría de la Ejecutiva y que una gestora se haga cargo del partido.

Como un aviso a navegantes, Sánchez dejó claro que prefiere unas terceras elecciones a facilitar un Gobierno de Mariano Rajoy y que no dimitirá en el caso de que el Comité Federal tumbe el sábado su propuesta de consultar a la militancia en estos momentos. Es decir, que tendrán que ser sus críticos los que reúnan los votos suficientes para obligarle a abandonar el cargo, convirtiéndose en el primer secretario general socialista elegido por las bases que es descabalgado de su puesto por el aparato del partido. Eso o encontrar un candidato con disposición para medirse con él en las primarias que se celebrarían el 23 de octubre. Este martes, Susana Díaz ha jugado a la ambigüedad al señalar que ella estará donde sus compañeros decidan que es más útil.

Desde la rueda de prensa de este lunes, Sánchez se ha convertido en un mártir para sus afines en el PSOE y para los que, desde fuera, insisten en que el secretario general aguante y evite un nuevo Gobierno del PP. Se apoyan en la posición de la prensa, sobre todo de medios que, no hace tantos años, caminaban al lado de la acción del PSOE, como El País y, en menor medida, la SER. Durante semanas hemos glosado los intentos de la cabecera de Prisa para obligarle a abstenerse en la investidura de Rajoy, un enfoque editorial que no le diferencia ya del diario ABC, La Razón o El Mundo. Éstas fueron las portadas con las se presentaron este martes, con editoriales que dejan poco lugar a la discrepancia: Se quiere la cabeza de Sánchez como sea.

Ironías de la vida, la construcción del perfil de líder/mártir ha tenido un efecto curioso: El apoyo explícito por parte de la mayoría de medios digitales de información alternativa, habitualmente cercanos a las tesis de Podemos, de sus plumas más reconocidas y de columnistas como Manuel Castells, que en La Vanguardia nos deja frases que contradicen la propia imagen del secretario general del PSOE: “La mirada de Pedro Sánchez va más allá de un sillón presidencial. Se refiere al futuro del PSOE como par­tido de centroizquierda en que el epíteto de izquierda no sea una simple apos­tilla”.

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Viñeta de Manel Fontdevilla en eldiario.es

Hasta el momento, nadie ha escrito sobre la evidencia: Sánchez no estaría en esta situación si hubiera conseguido un buen resultado en las urnas en diciembre de 2015 o el pasado mes de junio. Tampoco se pediría su cabeza si el partido hubiera podido salvar los muebles en Euskadi y en Galicia, por no hablar de las Comunidades en las que el partido tampoco salió bien parado en las autonómicas de mayo de 2015. No es casualidad que sean los líderes de las CCAA en las que el PSOE se mantiene más fuerte los que con más fuerza hablan de asumir responsabilidades cuando las urnas otorgan veredictos tan contundentes como los que enlaza Sánchez al frente del partido.

Desde 2011, el PSOE se ha desangrado en las urnas, con pérdidas de poder territorial e institucional que sólo se han recuperado con el apoyo de Podemos (y de C’s en Andalucía). Desde las elecciones generales del 20 de diciembre de 2011, el partido se ha dejado 25 diputados en el camino y ha comprobado que su suelo electoral es bastante más escaso de lo que se esperaba. Por ello, en lugar de reclamar que aguante la presión y loar su intento de enmascarar su supervivencia política con la salvación de la socialdemocracia europea (?), basta con votar la lista que encabece Sánchez cuando se vuelvan a convocar elecciones generales.

A la espera de comprobar si todos los que hoy salen en defensa de Sánchez le darán su apoyo en la próxima cita electoral, parece claro que estamos en plena disputa entre el sanchismo y el PSOE. No es nuevo: Poco después de su llegada a la Secretaría General, tanto Sánchez como su entorno se empeñaron en construir un liderazgo presidenciable en detrimento de la marca PSOE, achicharrada desde mayo de 2010. Algo que tenía sentido dado que surgía como un desconocido para el gran público, pero no después. Sin embargo, sus afines a menudo insisten en anteponer “a Pedro” y su supervivencia al interés de un partido con 137 años de Historia. Basta recordar las purgas continuadas o la filtración interesada de intervenciones a puerta cerrada de líderes críticos con la estrategia de Ferraz.

Es evidente que el problema del PSOE no es sólo de liderazgo, aunque parece que Sánchez ha llegado para empeorar aun más las cosas. Tiene razón cuando habla de ruido interno y de los efectos que tiene en el electorado, pero se olvida de sus propias capacidades y, sobre todo, de sus carencias para articular un liderazgo mínimamente sólido independientemente del partido. No es un buen orador y, durante estos años, ha capitaneado un liderazgo errático, en el que prima el anuncio frente a la coherencia y que se ha olvidado de cualquier atisbo ideológico para abrazarse al marketing.

Esta circunstancia se suma a los propios problemas del partido, que sigue achicharrado en todos los ámbitos. La marca PSOE comienza a entenderse como la de un partido que puede funcionar en el sur de la Península (Extremadura, Castilla-La Mancha y Andalucía) pero no en el resto del país, y basta ver los resultados de las elecciones autonómicas o generales para darse cuenta de este extremo.

Así, el partido sigue encadenado sonoras derrotas electorales sin que nadie haya asumido la menor responsabilidad o haya abierto una reflexión sobre por qué las siglas PSOE no son atractivas para los menores de 45 años, para los nuevos electores o para los que viven en núcleos urbanos. Según Ferraz, todos los males se deben al contexto y a la existencia de Podemos, como si eso tapara la evidencia de que Podemos surge porque, entre otras opciones, el PSOE ya no es alternativa política al PP. Y ese problema no lo solucionará la emergencia de Sánchez como superviviente entre los suyos.

CODA. La guerra no cesa. Esta mañana, Felipe González, en una entrevista en la Cadena SER, aseguró que se siente engañado por el secretario general del PSOE porque Sánchez, después de las elecciones del 26J, aseguró que la posición del partido ante la investidura de Rajoy sería la de la abstención.

Como respuesta, Antonio Hernando, portavoz parlamentario del PSOE y uno de los hombres que forman el núcleo duro de Sánchez (como antes de Zapatero y de Rubalcaba), confirmó en Onda Cero que su propia posición era ésa pero que ha ido cambiando de opinión.

A la espera de que mañana fije su posición José Luis Rodríguez Zapatero, las portadas de este miércoles vuelven a centrarse en la lucha intestina socialista, con informaciones que ya hablan de crear una gestora que dirija el partido si Sánchez pierde el sábado la votación para convocar primarias y el 39 Congreso del partido. Según filtraciones de Ferraz, eso no pasará:

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El PSOE abre su guerra interna a cara de perro

Una de los rasgos del PSOE en los últimos años es que cada vez resulta menos previsible, también a la hora de dilucidar sus problemas internos en público. Antes de las elecciones de Galicia y Euskadi ya estaba meridianemente claro que tras la debacle socialista en las dos CCAA supondría el pistoletazo de salida para un ajuste de cuentas que lleva pendiente desde que Pedro Sánchez decidió que quería ser presidente del Gobierno.

Tras los primeros resultados en las urnas, desde el socialismo andaluz se pidió asumir responsabilidades, una petición a la que, a lo largo de este lunes, se fueron sumando federaciones como la de CLM (con el añadido de la ruptura del acuerdo de investidura anunciado por Podemos) o referentes como Eduardo Madina o José Blanco, antiguo jefe del actual secretario general socialista.

La respuesta de Ferraz tampoco resultó ser una sorpresa: Se confirmó en la Comisión Permanente que las informaciones filtradas hace unos días no eran un rumor y que convocará primarias el próximo día 23 de octubre y que el partido celebrará el 39 Congreso, pospuesto desde el mes de marzo, entre los días 3 y 4 de diciembre. Es decir, el secretario general del PSOE busca reforzar su liderazgo una semana antes de que expire el plazo legal para celebrar nuevas elecciones si no hay acuerdo de investidura y, en el caso de que fuéramos convocados a las urnas el 18 de diciembre, el partido estaría dedicado, durante el primer fin de semana de campaña, a tomar decisiones orgánicas.

Tras el anuncio de Ferraz, desde Castilla-La Mancha y Andalucía, por ejemplo, reseñaron que el partido no estaba ahora para celebrar un congreso, algo que tiene más sentido si recordamos que la excusa para no convocarlo cuando tocaba era que el partido estaba volcado en que la negociación para que hubiera un Gobierno en España. Meses después, el país sigue en la misma situación pero ahora para Sánchez y los suyos ése no es un problema.

Es posible que éste sea uno de los argumentos que se destacarán en la reunión del Comité Federal, convocada para el próximo sábado, que se celebrará con el órdago de Sánchez sobre la mesa. Desde hace días, se viene publicando que es posible que los críticos al secretario general puedan conseguir los votos suficientes para impedir que se ejecuten los planes que desea Ferraz, con las implicaciones que ello conllevaría: Dimisión de Sánchez y nombramiento de una gestora que dirija el partido hasta la celebración del 39 Congreso. Sea como fuere, la imagen del partido queda otra vez dañada ante la evidencia de que estamos ante una guerra de poder y no tanto de modelo de partido o de proyecto de país, que es precisamente lo que las urnas son tozudas en demostrar.

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Imagen de Sánchez la noche electoral. Fotografía de Javier Barbancho

Ese escenario, el de su dimisión, fue descartado por completo por el secretario general socialista. Sánchez compareció ante la prensa a primera hora de la tarde e insistió en que el Comité Federal aprobará dar la voz a la militancia porque queda tiempo suficiente para votar y luego decidir si se intenta un proyecto alternativo al PP “con las fuerzas del cambio” (sin descartar del todo a los independentistas) o se va a elecciones: “Asumo mi responsabilidad, planteo este congreso y la elección en primarias porque reconozco que existe un debate a la vista de las declaraciones públicas de significativos dirigentes territoriales. Está abriendo una división que nos perjudica electoralmente y por eso lo hago”.  Sea lo que se elija, el objetivo es que el partido vuelva a actuar “unido y con una sola voz“, algo que, según dijo, no ocurre en estos momentos: “No tiene ningún sentido que yo intente hablar con otras fuerzas políticas y se me cuestione desde dentro”.

Tras dedicar buena parte de su intervención al PP y a Mariano Rajoy, sin apenas autocrítica por los resultados del partido en Galicia y Euskadi, el líder socialista justificó la convocatoria de las primarias y del congreso federal para dar cabida al debate que lleva abierto mucho tiempo sobre el papel que debe jugar el PSOE. Argumentó que él defenderá un proyecto de izquierdas, claramente diferenciado del PP y autónomo, por lo que dio por hecho que el partido, bajo su liderazgo, no facilitará la investidura de Rajoy. Al mismo tiempo, apeló a los que quieren que el partido sea otra cosa, un mensaje dirigido a sus críticos, a los que indirectamente situó a su derecha, más cerca del PP.

Es decir, la pelota está en el tejado de los críticos y buscará contraponer el proyecto del “aparato, que permitiría gobernar al PP, frente al que hipotéticamente defiende Sánchez y buena parte de la militancia socialista. Los llamamientos a que aguante la presión externa no dejan de sucederse incluso en sectores que, ni mucho menos, suponen la base electoral socialista ni estaría dispuesto a dar su confianza a Sánchez si hoy se celebraran elecciones.

Otra resaca electoral agónica

Se abre una semana muy complicada para el PSOE y, una vez más, la resaca electoral es la excusa para la guerra interna que evidenciará, sobre todo, la soledad de Sánchez respecto al ‘aparato’ del partido. Desde el PSOE andaluz, ya se habla de mala fe en la elección de los plazos para reforzar o no el liderazgo de Sánchez, habida cuenta de que la celebración de las primarias coincidirá con el debate del estado de Andalucía y con la negociación de los presupuestos autonómicos.

No es la primera vez que hablamos de la soledad de Sánchez, amurallado en Ferraz con el apoyo, escaso, de algunas federaciones que no pasan precisamente por su mejor momento político. El fracaso en Euskadi y Galicia sirve pues de excusa para que se pongan en evidencia todas las maniobras que, desde hace meses, se vienen sucediendo en torno a la federación andaluza, la misma, por cierto, que decantó la balanza a favor de Sánchez durante las primarias en las que se enfrentó con Eduardo Madina y Pérez Tapias.

Entonces, éstos fueron los resultados:

  • Andalucía se configuró como un centro de poder. Sobre la mesa, aportó el 25% de los votos de todos los militantes socialistas en el país y de ahí procedió buena parte de los 41.000 avales que presentó Sánchez. Coherente con esa idea, el 61.14% de la militancia votó por el madrileño, +37.96 puntos en relación con el apoyo recibido por Madina, al que, en esta CCAA, parece que le ha dañado la candidatura de Pérez Tapias (5.222 votos y el 15.68% del censo).
  • Otras CCAA en las que las diferencias entre ambos, a favor de Sánchez, fueron abultadas: Euskadi, la federación de Eduardo Madina (15.59 puntos); Aragón (24.86 puntos); Galicia (13.06 puntos); La Rioja (10.22 puntos); Canarias (21.02) y América (39.48 puntos).
  • Por el contrario, hubo CCAA en las que Madina se impuso con claridad:  Asturias (donde le ha sacado a Sánchez 12.99 puntos), Extremadura (12.51), Navarra (9.55) y la federación europea (27.06 puntos)
  • En el resto de federaciones, la distancia entre ambos quedó reducida a menos de 7 puntos. Es el caso de Baleares (1.5 puntos a favor de Sánchez); Cataluña (3.05 puntos a favor de Madina), Comunidad de Madrid (6.64 a favor de Sánchez), Murcia (6.08 a favor de Sánchez), Comunidad Valenciana, la tercera en tamaño (4.83 puntos a favor de Sánchez), Cantabria (6.16 puntos a favor de Madina), Castilla-La Mancha (5.58 a favor de Sánchez) y Castilla y León (6.48 puntos a favor de Madina)

El secretario general socialista, aupado a ese cargo en julio de 2014, lo fía todo al apoyo de la militancia, que le dio la victoria en 2014 y que le respaldó en la consulta sobre el acuerdo firmado entre el PSOE y C’s el pasado mes de marzo. Lo que Sánchez ignora adrede es que esa militancia votó casualmente lo que marcaban con discreción los respectivos aparatos de las federaciones y que, durante la consulta, los críticos a Sánchez no llevaron a cabo una contracampaña.

Las primarias del 23 de octubre, si se celebran, serán un buen test para dirimir el estado interno del partido y, sobre todo, si el ‘aparato’ mantiene todavía su poder sobre las bases. A favor de Sánchez jugará, sin duda, la baza de su insistencia, por activa y por pasiva, que no facilitará un Gobierno del PP. Una decisión que debe explicarse en las líneas rojas que el Comité Federal, el máximo órgano de decisión entre congresos, marcó el pasado mes de enero: Ferraz no podría negociar con independentistas.

Desde hace semanas, esas líneas rojas adquieren una tonalidad mayor si tenemos en cuenta los contactos del PSOE y del PSC con Compromís y de éstos con ERC, por ejemplo, para facilitar una hipotética investidura de Pedro Sánchez con el apoyo de Podemos. El mismo partido que ha situado la derrota de los socialistas como el único argumento tras la paliza en las  urnas del PP en Galicia o ante la evidencia de que EH-Bildu le sobrepasó en Euskadi.

A la espera del mirlo blanco

A la espera de lo que ocurra en el Comité Federal del sábado, la duda hoy es quién o quiénes serán los rivales de Pedro Sánchez en las primarias para secretario general. Casi todo el mundo da por hecho que la elegida será la presidenta andaluza, Susana Díaz, que afrontaría el proceso en una situación de debilidad enorme tras los sucesivos amagos y la guerra quemada que mantiene contra Sánchez desde que éste confirmó que no sería un hombre de paja.

A pesar de los resultados del partido en el país, Díaz puede argumentar que en Andalucía ha aguantado mejor que en otros territorios, un hecho que puede ser a su vez un gran problema en el resto del país. Díaz presenta un perfil muy andalucista, con una visión territorial que, digamos, no se compadece con lo que su partido defiende en Cataluña, Comunidad Valenciana (donde Ximo Puig se reunió recientemente con el presidente de la Generalitat), Galicia o Euskadi, por poner sólo unos ejemplos.

La presidenta de la Junta sería la candidata perfecta para que el PSOE asumiera que aspira, sólo, a ser un partido importante en el sur, algo que ya se plasmó en los sucesivos procesos electorales y que explica parte de la debacle del PSOE en el norte del país. Sin embargo, todo hace sugerir que su hipotética victoria, si la federación andaluza y otras la respaldan, no ayudaría en exceso a cerrar unas heridas que llevan abiertas desde, al menos, la marcha de José Luis Rodríguez Zapatero.

Es por ello que quizás lo más adecuado, en estos momentos, sería que apareciera un dirigente prácticamente desconocido para el gran público pero con cierto apoyo orgánico, sin demasiadas ataduras con el pasado y virgen de las purgas internas que ha ejecutado el equipo de Sánchez. Hay quien, en este punto, comienza a hablar de Eduardo Madina, un dirigente apoyado por el PSOE extremeño y asturiano y que está muy cercano últimamente a Susana Díaz y a los críticos al secretario general.

A nuestro juicio, hace falta alguien con un perfil dialogante que se empeñe en reconstruir o refundar el partido, dividido tras las batallas internas protagonizadas por Sánchez y su equipo frente al resto de las federaciones. Todo ello ante un partido que, a la espera de que concluya el ciclo electoral, parece que todavía no ha tocado suelo electoral y que va camino de la irrelevancia en Euskadi (aunque termine apoyando un Gobierno de PNV), en Madrid o en Galicia.

Quizás ha llegado el momento en el que el PSOE deba dirigir sus esfuerzos a lograr ese objetivo, su propia reconstrucción interna, y no tanto a garantizarse la supervivencia política personal a través de un acceso al poder que podría ser el inicio del abrazo del oso de Podemos, siempre y cuando la formación morada logre domesticar sus ganas de autodestrucción. Parece evidente, para todos, que Sánchez no es esa persona. Hay muchas dudas también de que Susana Díaz sea también la elegida.

CODA. Mientras se sucedían las reacciones y críticas en el partido, con muchos referentes del partido pidiendo la cabeza de Sánchez, Ferraz intentó ‘vender ‘ a la prensa  el nuevo aspecto de la sede. Todo un símbolo: paneles de madera natural que evocan las colinas sembradas que dibujó José Ramón Sánchez para el cartel electoral de Felipe González en 1979. En la práctica, tal y como se comprobó en la comparecencia de Sánchez, un desierto sobre el que quedó situado el líder del PSOE. No se nos ocurre una metáfora mejor.

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El PNV se refuerza en Euskadi y el PP arrasa en Galicia (I)

Pocas sorpresas en las elecciones autonómicas celebradas este domingo en Euskadi y Galicia. Tal y como avanzaron los sondeos sobre intención de voto, tanto el PNV como el PP, partidos de gobierno en la Lehendakaritza y en la Xunta respectivamente, salieron reforzados de la cita en las urnas. La lista de Iñigo Urkullu mejoró los resultados respecto a 2012 y, en este punto, sólo le queda decidir el partido en el que se apoyará para lograr la investidura y cuatro años más de Gobierno.

Por su parte, Alberto Núñez Feijóo, en Galicia, revalidó la mayoría absoluta obtenida en las anteriores elecciones autonómicas, convirtiéndose en el barón del PP con mayor legitimidad y poder territorial. Génova había puesto todo el foco en obtener una mayoría contundente en Galicia y lo consiguieron, de manera que Feijoó vuelve a ser el líder regional que apuntala el poder de Mariano Rajoy, como ocurrió en 2009 y, en menor medida, en 2012.

Los sondeos sobre intención de voto en Galicia recogieron, casi en su totalidad, que el PP revalidaría la mayoría absoluta. Así, la duda estaba en si En Marea sobrepasaría al PSdG como segunda fuerza parlamentaria y en la capacidad del BNG para aguantar la OPA hostil de la marca Podemos en Galicia. Finalmente, un puñado de votos podría decidir el último escaño para los socialistas, que empatan a 14 diputados con En Marea (aunque el segundo logra más votos).

A pesar de que la disputa por la segunda plaza en Galicia puede disimular el hecho de que Feijoo ha enlazado su tercera mayoría absoluta consecutiva, tras las elecciones se ha confirmado que los socialistas tienen un problema muy grave, con batacazo en Euskadi incluido, y que Pedro Sánchez afronta con mayor debilidad que la semana pasada la guerra abierta por el liderazgo del partido.

Otros datos a tener en cuenta de cara al futuro: Tanto el BNG como EH-Bildu, en Euskadi, aguantaron mejor de lo esperado el envite de la marca Podemos, que tiene todos los elementos para hablar de un techo electoral y de claro desgaste según transcurre el tiempo (y la situación de bloqueo del país).

Así, el BNG triplicó las previsiones que recogían los sondeos y EH-Bildu, con 17 escaños, se asentó claramente como la segunda fuerza parlamentaria en la Cámara Vasca, finiquitando en las urnas las previsiones que partían de la traslación de los resultados de las elecciones generales de 2015 y de este mismo año, en las que Podemos fue la fuerza más votada en Euskadi, con las expectativas de la formación en clave autonómica.

En PP vasco cayó según lo esperado, certificándose como la quinta fuerza parlamentaria, con gran fuerza, como nos tiene acostumbrados, en Alava. Por último, C’s no obtuvo representación en ninguno de los dos parlamentos que se renovaban, una circunstancia que debería propiciar lecturas en el partido sobre su capacidad de implantación terrritorial y, sobre todo, por su ausencia de los parlamentos de Galicia, Euskadi, Navarra, Castilla-La Mancha y Canarias.

Euskadi: Desplome histórico del PSE, que empata con el PP

El PSE sumó un nuevo descalabro electoral este domingo. Los socialistas vascos se dejan 85.800 votos en comparación con 2012, una sangría de votos que ya recogían todas las encuestas sobre intención de voto. Con el 11.94% de los votos (-7.19 puntos) pasa de 16 diputados a 9, aunque puede darse la paradoja de convertirse en una pieza central para la gobernabilidad de Euskadi: sus 9 diputados son los que necesita el PNV para obtener los 38 que garantizan la mayoría. Este movimiento también debe leerse como pieza para desbloquear la situación política en el resto del país, sobre todo si finalmente Pedro Sánchez da el paso de intentar formar un Gobierno alternativo al del PP.

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Con un 62.27% de participación (-3.56 puntos respecto a 2012), el PNV mejoró en votos y en escaños. Obtuvo el 37.64% de los votos, +3.04 puntos respecto a hace cuatro años y pasó de 27 a 29 diputados. De acuerdo con los resultados del escrutinio, consiguió 397.664 votos, 14.100 más que hace cuatro años, y lo hizo con un líder que representa el anticarisma como ningún otro.

EH-Bildu, con 224.254 votos, es decir, el 21.23% de la representación (casi -4 puntos respecto a 2012), se asentó como segunda fuerza parlamentaria aunque se dejó 4 diputados en el camino. A pesar de que hubo sondeos que plantearon, antes del inicio de la campaña electoral, que existía una pugna con Podemos por la segunda plaza, lo cierto es que sus resultados son incontestables y que los vascos han vuelto a priorizar el voto según eje nacional frente al eje izquierda/derecha.

Euskadi, de nuevo, volvió a demostrar que forma parte de la normalidad que el votante manifieste preferencias distintas según el nivel de la Administración del que se trate y que es compatible situar a Podemos como primera fuerza en las elecciones generales de 2015 (25.98% de los votos, por delante del PNV, que se quedó en el 24.72%, y de EH-Bildu, que obtuvo el 15.06%) y 2016 (29.05% de los apoyos frente al 24.91% del PNV y el 13.30% de EH-Bildu) y que sea ahora la tercera opción.

Con el 14.83% de los votos y 156.671 votos, Podemos se quedó en los 11 escaños, un escenario que no recogió ninguno de los sondeos sobre intención de voto publicados y analizados en este blog que, en el peor de los casos (Gizaker) le pronosticaron 13 diputados. Si tenemos en cuenta que antes del inicio de la campaña electoral, Podemos aspiraba incluso a ganar al PNV, este resultado es todavía peor de lo que parece.

Será interesante ver qué análisis se hace en el cuartel general de Podemos de una campaña mal diseñada, en la que se han cometido errores no provocados por parte de una candidata elegida, precisamente, para arañar votos a EH-Bildu. También habrá que seguir qué implicaciones tiene este resultado en la propia deriva de Podemos en el país, habida cuenta de que Pilar Zabala fue una apuesta del sector de Iñigo Errejón, claramente enfrentado con Pablo Iglesias a pesar de los mensajes conciliadores de la recta final de la campaña.

El PP no tenía grandes aspiraciones en Euskadi, donde se ha convertido en un partido casi residual. La lista de Alfonso Alonso obtuvo el 10.16% de los apoyos y 9 diputados, los mismos que consiguió el PSE. Los ‘populares’ se han dejado 22.500 votos en los últimos cuatro años, un resultado maquillado por el éxito de Alberto Núñez Feijóo en Galicia.

C’s, con 21.362 votos, se quedó fuera de la Cámara vasca con el 2.02% de los votos. Si lo comparamos con los resultados del partido en las elecciones generales de diciembre de 2015, C’s pierde 28.900 votos, casi 19.000 si nos fijamos en los datos de la noche electoral del 26J. Si bien conviene tomar estos datos con precaución por los incentivos del votante para elegir a un partido u otro en función de la cita electoral, sí parece relevante reseñar los datos dada la ausencia de serie histórica.

Por provincias, también se cumplió el guión que recogían los sondeos:

  • En Álava, el PNV fue primera fuerza con el 28.21% de los votos y 8 escaños, tres más respecto a la segunda fuerza, que fue el PP con el 18.58% de los votos. EHBildu se quedó en el 17.90% de los votos y 5 diputados. Por su parte, Podemos consiguió 4 asientos (16.23% de los votos) mientras que el PSE, como se esperaba, pierde la mitad de la representación y se queda con el 13.02% de los votos y 3 escaños. Fue la provincia con menor participación:  61.09%.

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  • En Vizcaya, el PNV obtuvo el 42.12% de los votos y 12 diputados. El resto se repartió entre EH-Bildu (15.53% de los votos) y Podemos (14.84%), con cuatro diputados cada uno. El PSE se quedó en el 11.72% de los apoyos y 3 diputados (2 menos que en 2012) y el PP se quedó en el 9.70% de la representación y dos escaños. Fue la provincia con mayor porcentaje de participación: 62.82%

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  • En Guipúzcoa, con un 61.87% de participación, el PNV concentró el 34.38% de los votos y 9 escaños, mientras que EH-Bildu se dejó uno (28.85% de los apoyos). Podemos, con el 14.20% de los votos, se quedó en 3 diputados, los mismos que obtuvo el PSE (11.83%). El PP conservó los 2 diputados que tenía desde 2012 con el 7.23% de los apoyos.

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Tras estos resultados, la atención está puesta ahora en las quinielas para formar Gobierno. Casi todos dan por seguro que habrá continuidad en la Lehendakaritza con Iñigo Urkullu al frente del Ejecutivo y con apoyo parlamentario del PSE. Casi todos dan por hecho que este apoyo también podría traducirse en un acuerdo en Madrid para apoyar la investidura de Pedro Sánchez de una forma u otra. En total, PSOE, Podemos y PNV sumarían 163 escaños frente a los 169 que tendrían PP y C’s si la formación de Albert Rivera, totalmente desaparecido durante la noche electoral, mantiene su acuerdo con Mariano Rajoy.

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El PNV se refuerza en Euskadi y el PP arrasa en Galicia (y II)

El PP concluye el ciclo electoral, que arrancó con las elecciones al PE de mayo de 2014, con una nueva estrella emergente: Tras el 25S, Alberto Núñez Feijóo se ha convertido en el barón con mayor poder territorial y en valedor de Mariano Rajoy. No pocos hablan del presidente de la Xunta, que obtuvo este domingo su tercera mayoría absoluta consecutiva, como el recambio natural de Mariano Rajoy en el caso de que el presidente del Gobierno en funciones decidiera una retirada táctica para desbloquear la situación política del país.

Los sondeos sobre intención de voto no planteaban grandes sorpresas en Galicia más allá de si el PP se quedaría cerca de los 38 escaños que garantizan la mayoría absoluta y la disputa sobre la segunda plaza. Ironías de la vida, este domingo se produjo en Galicia el escenario que los sondeos vaticinaban en las elecciones generales del pasado mes de junio: Hubo sorpasso de En Marea a los socialistas que, en cambio, empatan en número de escaños.

El consuelo que no ha evitado que se hable de crisis en el PSdG, que vive una situación muy complicada en estos cuatro años, con retirada en el último momento de su candidato por una imputación en un caso de corrupción y la elección de una persona, Xoaquín Fernández Leiceaga, que procede precisamente de las filas del BNG. Los resultados del partido, reventado por dentro, también pueden contribuir a acabar con el liderazgo de Pedro Sánchez al frente de la Secretaría General del PSOE.

Otro de los datos de interés durante la noche electoral fue la situación en la que quedaba el BNG, el partido que ha sufrido más la cristalización de En Marea. Sus resultados permiten un margen de alivio que puede ser también el inicio de cierta recuperación, sobre todo una vez que se ha confirmado que En Marea tiene todos los signos de haber tocado techo electoral, con repetición de los patrones que ya hemos visto en otros territorios: Solvencia en los núcleos urbanos, sobre todo en los más poblados, y retirada en los entornos más rurales. De nuevo, Ourense y Lugo se confirmaron como las provincias más interesadas en mantener el statu quo (en ambas, el PSdG quedó como segunda fuerza).

Galicia: En Marea, segunda fuerza en votos, con un PP intratable 

El dato de participación el 25S fue del 63.75%, frente al 56.38% de hace cuatro años, con un PP invencible. Según los resultados del escrutinio, ganó casi 23.000 votos respecto a las elecciones de 2012, casi un punto más de representación, lo que le permitió conservar los 41 diputados que logró Alberto Núñez Feijoó en los anterioes comicios. Y eso a pesar de que durante muchos momentos de la noche pareció que podría superar los 42 escaños, que constituye el récord conseguido por Manuel Fraga en 1993.capturagalicia

En Marea se hizo con 271.418 votos, el 19.25% de la representación, que se tradujo en 14 escaños. Como apuntamos en otros momentos, Galicia supuso en 2012 la primera prueba de la alternativa de izquierdas al PSOE (y al BNG) con la creación de AGE. Si comparamos los resultados de AGE con los de En Marea, vemos que  han ganado 5.34 puntos, es decir, más de 70.000 votos y que los 9 escaños de 2012 se han convertido en 14 (por debajo de las estimaciones de los sondeos analizados en este blog). Si jugamos a hacer traslación respecto a las elecciones generales, En Marea se ha dejado 139.000 votos respecto a diciembre de 2015 y casi 73.000 respecto a las elecciones de hace tres meses.

El PSdG logró 254.552 votos, es decir, el 18.06% de la representación (-3.04 puntos) y se dejó en el camino 4 diputados. A pesar de quedar por detrás el número de votos, y a la espera de lo que arroje el voto exterior, los socialistas aguantaron el chaparrón y se movieron por las estimaciones que atribuían los últimos sondeos sobre intención de voto. Si finalmente empataran con En Marea, un análisis de brocha gorda permitiría mirar con optimismo los resultados: Se podría hablar de una pugna entre ambos partidos que se enfrentarían en el mejor momento de En Marea y en el peor momento del PSdG, que sigue teniendo un problema grande con el voto urbano.

El BNG, con 118.982 votos, logra salvar los muebles a pesar de perder 26.500 votos. Con el 8.4% de los apoyos, -2.05 puntos respecto a 2012, se deja un diputado en el camino (por Pontevedra), un resultado positivo si tenemos en cuenta que antes de la campaña electoral hubo sondeos que les otorgaba un máximo de 2 asientos.

Como en Euskadi, C’s quedó sin representación en el nuevo Parlamento gallego. Apenas obtuvo el 3.41% de los votos, 48.103 papeletas, más de 100.000 menos de las que obtuvo en las elecciones generales de diciembre de 2015 y casi 86.000 menos que las que recibió el pasado 26 de junio. De nuevo, sus mejores resultados se produjeron en las provincias más pobladas y urbanas.

Los resultados por provincias confirman el éxito del PP, sobre todo en la Galicia interior, y el aguante del PSdG en las circunscripciones que reparten menos diputados. Por el contrario, En Marea logra mejores datos en las más pobladas, con distancias de casi 30 puntos respecto a los resultados del PP:

  • En A Coruña, el PP mejoró sus resultados respecto a 2012: +1.54 puntos, con 13 diputados. En Marea, con el 19.58% de los apoyos, gana 2.9 puntos en comparación con hace cuatro años y suma un diputado más a los 4 que obtuvo AGE entonces. El PSdG, por su parte, se deja 5.89 puntos hasta el 13.37% de la representación. aunque logra mantener sus 5 escaños. También ocurre lo mismo con el BNG, que conserva sus 2 escaños con el 8.93% de los votos (-1 punto). Fue la provincia que más se abstuvo (votó el 62.55%).

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  • En Lugo, el PP también mejoró sus resultados hast el 53.36% de la representación (+0.49 puntos) aunque perdió un diputado (en esta ocasión, en Lugo se repartía un escaño menos que hace cuatro años, escaño que pasaba a A Coruña). El PSdG se mantuvo como segunda fuerza con el 19.2% de los votos (-4 puntos) pero perdió un diputado. En Marea, por su parte, ganó casi 5 puntos y duplicó su representación, con el BNG en el 7.47% de los votos y un diputado. Fue la segunda provincia con mayor participación: 65.2%.

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  • Ourense fue la provincia en la que el PP obtuvo su mejor dato: Nada menos que el 53.52% de ls votos, casi +3.5 puntos respecto a 2012 y 9 escaños, uno más que hace cuatro años. Como en Lugo, en Ourense el PSdG también aguantó el pulso con En Marea y se mantuvo como segunda fuerza con el 17.79% de los votos (-6.44 puntos) aunque perdió la mitad de la representación. En Marea, con el 13.9% de los apoyos, +6.12 puntos, ganó un escaño mientras que el BNG mantuvo el suyo con el 6.08% de los votos (-2.63 puntos). Democracia Ourensana sobrepasó a C’s en votos. Fue la provincia con mejor dato de participación (66.12%)

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  • En Pontevedra acudió a votar el 63.85% de los ciudadanos, que mostraron su preferencia por el PP, aunque con el porcentaje más bajo en comparación con el resto de las circunscripciones. El 43.64% respaldó la lista de Feijóo, levemente por debajo del dato de 2012. El PP mantuvo sus 11 escaños. En Marea, con el 22.19%, gana casi 8 puntos respecto a los resultados de AGE y pasa de 3 a 5 diputados. Por su parte, el PSdG se quedó en el 18.55% de los votos (-2.74 puntos) y perdió un diputado. El BNG se dejó 3.17 puntos en votos y un diputado de los 3 conseguidos hace cuatro años. En Pontevedra, C’s obtuvo su mejor resultado con el 3.92% de los votos, insuficiente para lograr representación en el Parlamento gallego.

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Tras conocerse el veredicto de las urnas, En Marea celebró sus resultados, a pesar de que, en la práctica, el PP gallego y su lider salieron reforzados, mientras que el PSdG prometió una oposición constructiva como tercera fuerza parlamentaria. No es la primera vez que ocurre: los socialistas quedaron sobrepasados por el BNG tanto en las elecciones de 1997 como en las de 2001.

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