La legislatura entra en territorio incierto

Había cierto recelo en las filas del PP ante una victoria de Pedro Sánchez en las primarias socialistas. La notoria animadversión entre el líder del PSOE y Mariano Rajoy y el desgarro interno socialista ante la decisión de abstenerse en la investidura del presidente del Gobierno, que ha servido de leit motiv de la resurrección sanchista, hacían presagir una legislatura corta a través de la fórmula de la moción de censura, de la que oiremos hablar mucho durante lo que resta de la legislatura.

De ahí el interés por los primeros pasos del secretario general electo del PSOE, ahora aupado en la idea de un giro a la izquierda que, por el momento, no se ha traducido en una voluntad de tender puentes con Unidos Podemos, su principal competidor electoral. Como casi siempre, Sánchez no ha defrauda y, mientras gestiona internamente el ánimo de hacer sangre con los perdedores de las primarias, su estrategia política huele a un retorno a 2016: Según ha filtrado su entorno, podría liderar una moción de censura después del verano si contara con el apoyo de Ciudadanos, algo que, por el momento, no está nada claro.

Viñeta de Manel Fontdevilla publicada en eldiario.es

Sí ha quedado clara la posición de Sánchez ante la próxima cita parlamentaria de renombre: Una de las primeras decisiones de Sánchez, además de situar a José Luis Ábaloscomo secretario de Organización y de filtrar que promoverá una reforma constitucional que reconozca el carácter plurinacional de España, ha sido la negativa a apoyar la moción de censura anunciada por Unidos Podemos y que se debatirá el próximo 13 de junio. Ese día, Pablo Iglesias se subirá a la tribuna del Congreso de los diputados para defender la moción de censura de su grupo contra el Gobierno de Mariano Rajoy. Por tercera vez desde la restauración democrática, un partido de la oposición opta por esta fórmula para escenificar la soledad del partido en el Gobierno, aunque en esta ocasión se presentan algunas novedades.

A la espera de ver si surte efecto el llamamiento de Mónica Oltra en público a Iglesias para que posponga la moción de censura hasta que Sánchez tome posesión de su cargo en el próximo congreso federal del PSOE, estamos ante la primera vez que el principal partido de la oposición no es quien lidera la moción de censura; tanto en 1980 como en 1987, fueron los dirigentes del PSOE y de Alianza Popular, respectivamente, los que defendieron las posiciones de su partido aun sabiendo que iban a perder la votación pero con vocación, sobre todo en el caso de Felipe González, de situar a su partido como el recambio inmediato de una UCD noqueada.

En esta ocasión, será Iglesias el que se subirá a la tribuna del Congreso de los Diputados y, como se esperaba, no tendrá enfrente la réplica de Mariano Rajoy. El presidente del Gobierno ha hecho uso de la prerrogativa del Reglamento de la Cámara Baja y enviará a Rafael Hernando, portavoz del Grupo Popular, a dar la réplica al líder de Unidos Podemos. Mensaje a la grada: Iglesias no es opción de Gobierno a corto o medio plazo y sus cinco millones de votantes ni siquiera merecen que el presidente del Ejecutivo contraponga sus argumentos a los que esgrimirá Iglesias, presumiblemente centrados en la ciénaga de corrupción que salpica a diario al PP, con especial epicentro en Madrid.

Es posible que Iglesias y Unidos Podemos tengan en la memoria lo que pasó en la primera moción de censura, con un añadido importante que tiene que ver con la aritmética parlamentaria y con la propia situación de los partidos políticos: La formación morada se ha quedado sin el tronco central del relato que le hacía emerger como la única alternativa en todo el territorio nacional al PP. Con los socialistas manchados con el pecado original de la abstención al Gobierno del PP, en pleno tsunami de casos de corrupción, la única alternativa real era votar a Unidos Podemos, al menos si se supera el rechazo que provoca Pablo Iglesias a todos los votantes que no forman parte de su mercado electoral.

Este relato se completa con la evidencia de la debilidad de un PP en minoría, lo que le hace pendular entre ser objetoo de un rechazo casi total del resto de los grupos, como ocurrió en la investidura de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno, a la colaboración estratégica en ámbitos concretos, como el voto favorable de C’s y el PNV al decreto de reforma de la estiba o el acuerdo entre el PNV y el PP para sacar adelante el proyecto de PGE. Es posible que estas dinámicas se corrijan con el asentamiento del nuevo PSOE y las estrategias que adopte en los próximos meses, sobre todo si tenemos en cuenta que Sánchez deberá realizar su labor de oposición desde su despacho en la calle Ferraz.

CODA. Sánchez acordó con la líder del PSM, Sara Hernández, y el portavoz de la formación en la Asamblea de Madrid, no apoyar la moción de censura presentada por Podemos (tercera fuerza parlamentaria) contra el Gobierno de Cristina Cifuentes, por las dimisiones y casos de corrupción que salpican a diario la actualidad informativa. Si todo marcha según lo previsto, Sánchez ha aplicado la misma estrategia en el Congreso de los diputados y en la Asamblea de Madrid, a la espera de nuevos movimientos que escenifiquen la vuelta de los socialistas como el principal partido de la oposición.

Por su parte, Susana Díaz ha vuelto a Andalucía con dos mensajes claros: Lealtad a la nueva dirección socialista, lo que rebaja las expectativas de una pelea por los delegados que acudirá al Congreso Federal y mensaje en torno al control de la federación andaluza. Una de las primeras medidas ha sido anunciar para el mes de  julio la celebración del congreso andaluz, lo que ha supuesto una nueva fricción con los sanchistas andaluces, que esperaban contar  con un poco más de tiempo para poder presentar un candidato alternativo.

CODA 2. Según datos difundidos por Iván Redondo, el PP caería de forma importante tras el mes negro que vive desde que estalló la Operación Lezo. Hoy obtendría el 29% de los votos frente a un PSOE y Unidos Podemos que siguen disputándose la segunda plaza con 23  y el 22% de los apoyos respectivamente, y un C’s que estaría subiendo como la espuma, de nuevo, y que ya estaría en el 16% de intención de voto.

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CIS: La preocupación por la corrupción cae 2.8 puntos antes de estallar la Operación Lezo

Una de las grandes incógnitas, que hemos esbozado en el análisis de otros estudios demoscópicos, tiene que ver con la incidencia de la corrupción como termómetro de estimación de voto que, como hemos visto, no pasa una factura enorme al PP de acuerdo con los estudios realizados con los datos recogidos con fecha posterior a la explosión de la Operación Lezo. Existen otras formas de entrever la incidencia de este asunto: Su lugar en la lista de preocupaciones de los ciudadanos de acuerdo con el último barómetro del CIS.

De acuerdo con los datos, a partir de 2.492 entrevistas recogidas entre los días 1 y 8 de abril, la corrupción vuelve a ser el segundo problema para el 42%, -2.8 puntos respecto al barómetro anterior. Conviene tener muy presente la fecha de la recogida de datos para realizar el estudio, es decir, antes de la puesta en circulación del Tramabús de Podemos y antes de la detención del ex presidente de Madrid Ignacio González, de la dimisión encadenada de Esperanza Aguirre y de las novedades en torno a las prácticas de la familia Pujol. Por recuerdo de voto, este asunto interesa sobre todo a los votantes del PSOE (42.3%), de Compromís (48.1%) y de Unidos Podemos (50.4%), de C’s (51.4%) y de En Comú Podem (52.9%) y En Marea (60%).

El paro seguía siendo la principal preocupación para el 69.6%, -2.7 puntos de acuerdo con el barómetro del mes anterior, aunque seguía siendo el problema que afecta más directamente a la ciudadanía para el 37.4%. Por recuerdo de voto, destaca el interés entre los electores de En Marea (80.6%) y del PSOE (80.3%), así como del PP (74.4%). Sorprende que el interés entre los votantes de UP, C’s y Compromís quede por debajo de la media nacional.

Los problemas económicos aparecen, un mes más, como el tercer problema con un 21.2% que se convierte en un 22% cuando se pregunta por los asuntos que afectan más directamente. Por partidos, es un tema que destacan los votantes de En Marea (23.3%), C’s (24%) y UP (22.1%). Le siguen los políticos y los partidos políticos, que menciona el 20.9% de los ciduadanos, sobre todo los de C’s (27.9%) y UP (22.9%).

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En un segundo nivel encontramos los problemas habituales: La sanidad es mencionada por el 12.6% (aunque ocupa la cuarta posicón con un 12.9% cuando se pregunta por los asuntos que afectan más directamente), la educación por el 10.4% (sobre todo entre votantes de Compromís, 18.5%, UP y En Marea 13.2%, o C’s, con un 12.5%) y los problemas de índole social (10.1%). En esta ocasión, resaltamos la preocupación por las pensiones que cita el 6.7% de la ciudadanía pero que escala al 9.5% cuando se pregunta por los asuntos que interesan más directamente.

Respecto al contexto político, el 69% lo define como mal (35.3%) o muy malo (33.7%), +13.3 puntos si lo comparamos con quienes se pronuncian así con la economía y -12.9 si lo comparamos con el barómetro del CIS publicado en mayo de 2016, con el país a las puertas de unas nuevas elecciones generales por la incapacidad de los partidos por acordar un candidato a la investidura de la presidencia del Gobierno. El 24% define la situación como regular. Así, el 12.2% considera que la situación es peor que hace un año, con un 28.7% que la califica de mejor y un 55.8% que mantiene que todo sigue igual. Respecto al futuro, el 13.7% señala que todo irá a peor, algo que no comparte el 20.7%, que cree que las cosas mejorarán, ni el 50.2% que considera que todo seguirá igual. El 14.6% no sabe qué puede ocurrir dentro de 12 meses.

Por su parte, el 55.7% define la situación económica como mala (35.7%) o muy mala (50%), -12.7 puntos respecto a quienes se pronunciaban así en mayo de hace un año. Un 37.3%, además, la cataloga de regular. El 2.3% considera que es peor que hace un año mientras que el 53.1% considera que todo fluye igual y un 22.4% apunta que ha mejorado. De cara al futuro, el 24.8% vaticina que irá a peor, con un 45.6% que mantiene que todo seguirá igual y un 15.2% que señala que mejorará. El 14% no sabe qué responder.

Modelo de Estado 

El apoyo al modelo autonómico, en esta ocasión, sube respecto al sondeo anterior en 3.1 puntos y se convierte en el dato más alto de la serie, sólo comparable al 39.8% y al 39.9% de apoyo que recibía el sistema autonómico que recogían los barómetros de enero y febrero de 2016: El 40% defiende la configuración del Estado tal y como está concebido, algo especialmente claro entre los votantes socialistas (55.3%), entre lo sde En marea (46.7%), entre los de C’s (42.3%) y el PP (41.6%). También obtien eun 40.7% entre los electores de Compromís.

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La recentralización del Estado es defendida por el 27.4% de los ciudadanos. El 16.9% reclama un Estado unitario, sin CCAA, algo que ve con buenos ojos el 26.6% del electorado del PP y el 20.2% del de C’s. El 10.5%, por su parte, aboga por reducir el nivel competencial de las CCAA, algo que respalda el 17.7% del votante del PP, el 19.2% del de C’s y el 11.1% del de Compromís.

El 24.3% defiende descentralizar más el Estado: El 14.9%, +1.7 puntos respecto al mes anterior, pide que las CCAA puedan aumentar sus competencias, algo que ven bien los votantes de En Comú Podem (48.5%), los de En Marea (26.7%), de UP (26.4%), de Compromís (25.9%) y del PSOE (16.2%). La posibilidad de que las CCAA se puedan convertir en Estados independientes convence al 9.4% de los votantes, +0.1 puntos respecto al mes de abril, y es claramente la opción entre los votantes de En Comú Podem (29.4%) y de los de UP (12%).

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CIS: Unidos Podemos y PP caen en un barómetro de transición

A un mes de que se cumpla el primer año desde la convocatoria de las segundas elecciones generales que sirvieron, sobre todo, para desbloquear institucionalmente el país, los sondeos sobre intención de voto recogen bandazos en la intención de voto de las principales fuerzas políticas.

Desde hace meses, venimos alertando de la necesidad de tomar con mucha cautela estos datos, por motivos obvios: Unidos Podemos afrontó unas primarias hace unos meses cuyos resultados están marcando la acción estratégica del partido, como se confirmó este sábado con un pinchazo relativo en la Puerta del Sol en la convocatoria de apoyo a la moción de censura presentada por la formación. Por su parte, el PSOE, la principal fuerza con la que compite electoralmente, elige hoy mismo a su secretario general, una elección trascendental desde el punto de vista orgánico pero también respecto a las posiciones socialistas en lo que quede de legislatura.

En este escenario, que parecía más complicado para las fuerzas del centroizquierda, sólo faltaban los problemas del PP con la corrupción y, desde hace más de un mes, los informativos vuelven a situar en la escaleta piezas sobre financiación ilegal en lo que cada vez tiene más pinta de un ajuste de cuentas con el objetivo de gestionar la herencia futura del partido. Así, las últimas informaciones han salpicado a dos de las tres mujeres que aparecen siempre en las quinielas para suceder a Mariano Rajoy: Cristina Cifuentes, presidenta de la CAM; María Dolores de Cospedal, secretaria general del PP y ministra de Defensa, en una situación complicada por los negocios de su esposo; y Soraya Sáenz de Santamaría, vicepresidenta, que es la única que, por el momento, no está inmersa en situaciones incómodas.

En este contexto, sólo C’s parece listo para servir de fuerza de atracción a un electorado cansado de las guerras políticas internas y de los ajustes de cuentas en el PP. Eso explicaría por qué algunas empresas demoscópicas vuelven a plantear estimaciones de voto disparadas. Sea como fuere, parece claro que al menos hasta después del verano, cuando ya hayan concluido los procesos internos de los partidos, no habrá encuestas de opinión más o menos fiables.

Con estas prevenciones, abordamos el análisis del barómetro del CIS que, en esta ocasión, incluye estimación de voto. Y los datos vuelven a ir en la senda que hemos señalado desde hace semanas: El PP volvería a ser el partido más votado, con un 31.5% de los votos, -2.5 puntos respecto a sus resultados el pasado mes de junio y en comparación con el último barómetro publicado con estimación de voto. Hay que tener en cuenta que el CIS elaboró este estudio a partir de 2492 entrevistas realizadas entre los días 1 y 8 de abril, por lo que todavía no había estallado la Operación Lezo que mantiene en prisión al ex presidente regional Ignacio González y que ha sido el origen de los desvelos de Cifuentes.

En cuanto a la izquierda, se constata una suerte de empate técnico que hay que leer en dos direcciones: En el caso de los socialistas, llega a este dato, el 19.9% de los votos, en plena guerra interna por el control de la formación, mientras que en el caso de Unidos Podemos, el 19.7% que le otorga el CIS se explica después de la victoria del sector de Pablo Iglesias sobre el de Iñigo Errejón, con la criba de dirigentes posterior que hemos vivido desde el pasado mes de febrero.

Así, los socialistas ganan 1.3 puntos respecto al anterior estudio, aunque siguen por debajo del 20% de intención de voto (-2.8 puntos respecto a la representación que obtuvo el 26J). En el caso de la formación morada, el 19.7% implica una caída de 2 puntos en intención de voto respecto a su representación y también en términos comparativos con el barómetro publicado hace tres meses.

Como apuntábamos anteriormente, C’s es la única formación que parece aprovechar este escenario: Conseguiría el 14.9% de los votos, +2.5 puntos respecto al dato publicado en febrero, y casi dos puntos por encima del porcentaje de voto conseguido en las últimas elecciones generales.

En voto directo, el 37.5% de los ciudadanos se inclina por la abstención (13.6%), la indecisión (18.1%), la falta de respuesta (1.9%) o el voto blanco y nulo (3.9%). Entre los que sí se posicionan, el 18.5% lo hace en favor del PP, que obtiene un 79.3% entre sus votantes, de acuerdo con los datos de recuerdo de voto.

En el caso de Unidos Podemos, el 14.1% señala que le votaría en este punto, 67.1% entre su base electorado, que se mantiene por encima en el caso de los electores de En Comú Podem, con un 69.1%, e inferior entre los votantes de Compromís (66.7%) y En Marea (66.7%).

Por su parte, el PSOE obtiene un 13.4% de voto decidido, que pasa a ser del 65.8% con los que manifiestan que lo votaron en las últimas elecciones. En el caso de C’s, el porcentaje de voto directo llega al 9.25% que pasa al 69.2% entre su base electoral. Confirmamos, de nuevo, que el PP es la formación que manifiesta mayor capacidad de fidelidad entre sus votantes.

Como siempre, hay dos elementos importantes para destacar las posibilidades de las distintas formaciones, más allá del momento puntual en el que se realiza la recogida de datos. Hablamos de la simpatía y del voto + la simpatía. De esta manera, respecto a la cercanía respecto a las diferentes siglas, volvemos a encontrar tendencias que ya hemos resaltado en otras ocasiones: El PSOE sigue siendo todavía una referencia para una parte de la ciudadanía que, en estos momentos, no está dispuesto a votarle. Así, el 16.9% manifiesta su cercanía por las ideas que defiende el PSOE, un dato que llega al 72.2% entre sus votantes. El dato es casi idéntico al que recibe el PP (17%, 70.2% entre sus votantes), que en cambio despuntaba en voto directo respecto a los socialistas.

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En cuanto a Unidos Podemos, recibe el 13.7% de la simpatía (41.9% entre sus votantes), un dato por encima del voto decidido. Por último, el 8.9% señala sentirse cerca de lo que defiende C’s, 58.7% entre sus votantes. Aun así, el 32.9% de los ciudadanos dice no sentir simpatía por ningún partido político, un dato que debería hacer reflexionar sobre los mensajes que de las fuerzas políticas llegan a la ciudadanía.

Si sumamos voto y simpatía, el PP vuelve a despuntar con eun 20.2% (82.7% entre sus votantes) minetras que encontramos cómo PSOE Y Unidos Podemos vuelven a competir por la segunda plaza: Los socialistas consiguen un 17.1% (77.9% entre sus votantes) mienrtas que la formación que lidera Iglesias mantiene un 17% (76.74% entre los suyos, un dato superior a los que registran los electores de En Comú Podem, 75%, de Compromís, 75.9%, y de En Marea, 68.2%). Por último, C’s, recibe un 10.6% (76% entre sus votantes) con un 20.4% que se inclinaría por la abstención.

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Otro dato a tener en cuenta tiene que ver con el grado de rechazo que suscitan las distintas formaciones, porque suelen ser un buen termómetro para medir su capacidad de entrar en otros caladeros de votos. Como es habitual, el PP es el partido que mayor rechazo genera, con un 53%, seguido muy de cerca por Podemos (52.1%) y las confluencias (con un 53.7% que señala que nunca votaría por En Marea). El 49.5% asegura que nunca votaría por IU, el mejor dato con permiso de Compromís (40.4%). En el caso del PSOE, el 37.2% mantiene que nunca votaría por sus siglas mientras que en el caso d eC’s ese porcentaje llega al 45.3%.

En el otro extremo, el PP aparece como el partido con mayor porcentaje de voto entre sus votantes (el 7.5% dice que le votarÍa con total seguridad), seguido de PSOE (4.7%). En el caso de Podemos, este porcentaje llega al 3%, al igual que En Marea, y ya por debajo encontramos al resto de confluencias y a IU. En el caso de C’s, por su parte, el 1.1% sostiene que con total seguridad le votaría, un dato que explica las dificultades que puede tener la formación de Albert Rivera de cara al futuro si no acierta con su asentamiento y posible proyección.

A partir de estos datos, el PSOE es el partido con una media más alta (3.07), seguido del PP (2.61), Compromís (2.50) y En Comú Podem (2.39). Por debajo de ese dato encontramos a Compromís (1.95), IU (2.14), Podemos (2.16) y C’s (2.37). Entre sus votantes, el PP es el que mantiene mayor grado de fidelidad (76.6%), seguido del PSOE (70.9% señala que votaría por sus siglas de nuevo), Podemos (65.4%) y C’s (61.5%).

Destaca el 62% que recibe En Comú Podem (por dealnte del dato que registra C’s), la pérdida de apoyo entre los votantes de IU (51.6% votaría por sus siglas de nuevo, es decir, por la formación de la que forma parte desde las elecciones del 26J), o el 46.9% que registra Compromís. El 60.3% de los electores de En Marea repetiría el sentido de su voto.

Valoración de líderes y gestión del Gobierno

El presidente de la gestora del PSOE, Javier Fernández, vuelve a ser uno de los líderes nacionales mejor valorados, con una puntuación de 4.12, exactamente la misma que en el barómetro anterior. Esta valoración es mínima entre los votantes socialistas (5.35) y razonable entre los del PP (4.82) y C’s (4.33%).

Por delante del presidente asturiano quedan Alberto Garzón, que vuelve a ser el mejor situado con un 4.26 (6.81 entre los votantes de UP y 4.50 entre los socialistas), sólo superado en el país por Joan Baldovi Roda (4.54) y Xavier Domènech (4.27). Por su parte, Albert Rivera se mueve en el 3.68 de la valoración, mejorando levemente el dato de hace tres meses; entre los suyos logra un 5.95 y es el único que aprueba entre los electores de otros partidos: consigue un 5.06 entre los votantes del PP.

Mariano Rajoy y Pablo Iglesias vuelven a ser los líderes con peor puntuación, aunque en esta ocasión el responsable de UP queda por delante del presidente del Gobierno. Iglesias logra una valoración de 3 puntos, que se convierte en 6.3 entre sus bases; destaca, de nuevo, que queda por debajo entre los votantes de En Comú Podem (5.88) y Compromís (6), aunque en esta ocasión recibe un buen dato desde Galicia (6.23). En el caso de Rajoy, pasa del 3.10 de hace tres meses al 2.91 de valoración que pasa al 6.68 entre los votantes del PP (3.21 entre los de C’s).

En cuanto a la gestión del Ejecutivo, el 53.1% la define como mala (27.3%) o muy mala (25.8%), con un 32.5% que la tacha de regular (47.1% entre los votantes del PP) y el 78.84% dice sentir poca (31.7%) o ninguna (47.1%) confianza en Rajoy. Respecto al PSOE, el 61% define su labor de oposición como mala (39%) o muy mala (22%), con un 30.3% que la define como regular (52.1% de sus votantes).

Tampoco las cosas marchan mejor para los ministros que forman el Gobierno, que presentan una característica: Todos son grandes desconocidos para el electorado, especialmente los titulares de AAEE (73.4% dice no saber quién es) y de Industria (73.6%). Sólo cuatro ministros presentan datos de reconocimiento superiores al 70%, con hitos como el grado de desconocimiento del titular de una cartera tan mediática como Interior o la portavocía del Gobierno.

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Los mejor valorados vuelven a ser Soraya Sáenz de Santamaría (3.79), Iñigo Méndez de Vigo (3.23)e Isabel García Tejerina (3.18), mientras que en el otro extremo encontramos a Cristóbal Montoro (2.44), Rafael Catalá (2.73) y Dolors Montserrat, la ministra de Sanidad, que se queda con el 2.73 de valoración.

Eje izquierda/derecha

Los españoles se sitúan en un 4.64 de media según el eje izquierda/derecha, en el que 0 es la extrema izquierda y el 10 la extrema derecha. Cuando llega el momento de situar a los distintos partidos políticos, se repiten tendencias que hemos señalado en otros análisis: La ciudadanía percibe al PP como mucho más escorado a la derecha de lo que se consideran sus votantes e incluso los votantes respecto a la actuación de su partido político. Lo mismo sucede, de forma más matizada respecto a Unidos Podemos y las confluencias.

El PP es situado en el 8.22 en este eje, mientras que el votante medio popular se sitúa en el 6.82 y al partido en el 7.45. Es decir, el ciudadano medio percibe al PP como mucho más escorado a la derecha, algo que le ocurre también a C’s: Es situado en el 6.46 en el eje mencionado mientras que sus votantes se sitúan en el 5.20 y al partido en el 5.84 de media.

En el caso del PSOE, vuelve a ser el partido que se sitúa más cerca de la media según el ideario generla: 4.59 en el eje mencionado. Como siempre, sus votantes se identifican mucho más a la izquierda (3.71), situando al partido en el 4.17. Es decir, para el ciudadano medio, sin adscripción de recuerdo de voto, el partido se sitúa más a la derecha.

Respecto a Unidos Podemos, la ciudadanía le ubica en el 2.22 en el eje izquierda/derecha, mientras que sus votantes se sitúan a sí mismos en el 3.09 y al partido en el 2.69. A su izqueirda encontramos a IU (2.20. con sus votantes situando al partido en el 2.50) y a En Marea (2.13, con sus votantes escorándose a la derecha, con un 3.32, y al partido en el 2.93). A la derecha de UP encontramos a En Comú Podem, con un 2.91 (que el que más se acerca a cómo se ubican sus votantes, 2.94, y cómo éstos sitúan al partido (2.90), y a Compromís, que recibe una media de 2.80; sus votantes se sitúan en el 3.62 y al partido en el 3.06 de media.

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Pedro Sánchez gana con contundencia a Susana Díaz

La militancia del PSOE habló y lo hizo claramente. Ocho meses después de la salida de Pedro Sánchez de la Secretaría General, tras el intento de convocar un congreso exprés que le blindara como líder a pesar de sacar 85 diputados en las elecciones generales de junio de 2016 y de cosechar unos resultados nefastos en Galicia y Euskadi, ganó las primarias del PSOE frente a todo el aparato del partido. El relato de la resurrección de un Sánchez escorado a la izquierda, que acaba sus actos políticos cantando La Internacional, y conectado con la militancia frente al aparato del partido funcionó, y lo ha hecho de forma contundente.

Con una participación del 79.91%, el ex secretario general obtiene 74.223 votos, el 50.21% del censo total, frente a los 59.041 que cayeron del lado de la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, que queda arrasada con el 39.94% del apoyo. El tercero en discordia, Patxi López, consiguió 14.571 votos, el 9.85% del censo total de los convocados a las urnas, 187.831 militantes.

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Las primarias socialistas han conseguido movilizar a la militancia, que, de acuerdo con el signo de los tiempos, ha optado por votar en contra de la organización y ajustar cuentas con un discurso que modifica la propia concepción del partido: Con la victoria de Sánchez gana la idea de un PSOE más cercano a una suerte de movimiento político, con un sesgo presidencialista que parte del supuesto de la relación imbricada entre el líder y los militantes. En este contexto, el aparato serviría sólo de correa de transmisión entre ambos extremos, algo que modifica la propia concepción del PSOE tanto en su funcionamiento diario como en la consideración del Comité Federal como máximo órgano de poder territorial entre congresos.

El apoyo a Sánchez supone eliminar uno de los elementos que explican su salida de la Secretaría General en octubre del año pasado y, sobre todo, tiene mano ancha para acabar con uno de los déficits de su candidatura, esto es, la escasez de cuadros medios y de lo que se conoce como aparato orgánico. En el 39º Congreso y, sobre todo, en los congresos regionales posteriores podremos ver cómo se ejecuta este enfoque, que tendrá que coincidir con la llegada de los dirigentes que han apoyado a Sánchez durante estos meses.

Fractura entre militantes y la dirección 

Los resultados confirman el mal planteamiento de la campaña por parte de Susana Díaz (y de la Gestora) y, además, evidencian algunas de las cuestiones que apuntabámos este domingo. La más importante tiene que ver con el malestar de un sector muy amplio de las bases del PSOE con la manera en la que se trató a Pedro Sánchez el pasado otoño y, particularmente, con la abstención del partido a la investidura de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno.

Esta suerte de “pecado original” es lo que ha alimentado la reconstrucción del liderazgo de un Pedro Sánchez, que estaba políticamente muerto en aquella entrevista que concedió a Salvados tras salir de la Secretaría General y que ha conseguido que no se recuerden sus ambigüedades tras los resultados del 26J y las referencias a la gran coalición que realizaba en la prensa internacional antes de que arrancara la campaña electoral.

Su reconstrucción como líder se basó en su “no es no” y ese grito ha conectado con una parte de la militancia hastiada de las sucesivas derrotas electorales que, al parecer, no eran responsabilidad de Sánchez. Esos mismos militantes han ajustado cuentas con el pasado reciente, desde Felipe González a Alfonso Guerra pasando por José Luis Rodríguez Zapatero, Miguel Sebastián (un hombre fundamental en la trayectoria profesional de Sánchez) o la fallecida Carme Chacón. Por tercera vez, después de Josep Borrell y José Luis Rodríguez Zapatero, la militancia vota de forma contraria a lo que han defendido en público los notables del partido. Un mensaje del que hay que tomar nota de cara al futuro.

Sánchez ya tiene su relato de outsider de la política

Una de las tendencias que estamos viendo en los últimos tiempos tiene que ver con la construcción de liderazgos por parte de personalidades que han formado parte del establishment pero que, en algún momento de su trayectoria, se apartaron de la organización o institución en la que han crecido políticamente. Lo vimos en EEUU con Donald Trump, con el Brexit y en las presidenciales francesas con Emmanuel Macron e incluso con Marine Le Pen.

Sánchez ha conseguido un logro enorme: Poner en contra a todo tipo de líderes y facciones enfrentadas en el PSOE, que se pusieron de acuerdo para apoyar a Susana Díaz como mal menor frente al ex secretario general, a pesar de la mala prensa que la presidenta andaluza tenía entre los ciudadanos, también entre los socialistas. Muchos la responsabilizaron de la operación que acabó con la dimisión de Sánchez y con la abstención al Gobierno de Rajoy, una mala imagen que se ha potenciado en los últimos meses con su tardanza en dar el salto a la política nacional o con la recuperación de declaraciones desafortunadas.

Frente a ella, Sánchez tuvo todas las herramientas para poder construir una imagen de defenestrado por parte de las fuerzas invisibles del partido, esas que además gozan de un descrédito social y político enorme por sus coqueteos con la tercera vía, la reforma del art. 135 de la CE (en cuya redacción formó parte), los recortes del último tramo del mandato del Gobierno de Zapatero o la inacción e incapacidad política ante el rodillo parlamentario del PP a partir de 2011.

Este domingo, Sánchez ha vuelto a ganar unas primarias tres años después de vencer en  las primeras. Y lo hace con mayor número de votos y tras haber construido la imagen de un outsider que ha construido su candidatura tras aprender cómo funciona el poder y los hilos que lo sostiene. En el pasado defendía que él era el secretario general elegido por la militancia, un título que ahora se completa con una evidencia: Es la militancia la que le aupa a ese cargo frente a la opinión del aparato orgánico. Es decir, Sánchez puede cimentar la imagen de un hombre hecho a sí mismo en esta última etapa, capaz de superar el bloqueo de unas instituciones que están cerca de considerarse ilegítimas respecto al nuevo mando.

Andalucía y Euskadi, islas en el nuevo mapa del sanchismo

Las primarias han confirmado que existe una fractura clara entre las bases y las respectivas direcciones del partido, algo que han puesto de manifiesto los resultados por CCAA y provincia. Si bien Susana Díaz contó con el apoyo de todo el que había sido alguien o es alguien en el partido, de Felipe González a José Luis Rodríguez Zapatero y casi todos los secretarios regionales, los resultados son claros: Díaz sólo vence en Andalucía, donde saca 13.500 votos a Sánchez, y, territorialmente, en las provincias andaluzas, en Avila, Huesca y Cuenca.

Si sumamos Vizcaya y Guipúzcoa, que cayó en el lado de Patxi López, Sánchez arrasa en todos los territorios, en particular en Baleares, Cantabria, Cataluña, Galicia, La Rioja, Madrid, Navarra y Comunidad Valenciana. En estas CCAA, Sánchez duplica con creces el apoyo a Díaz, especialmente en Cataluña (le saca 7 veces más votos),en Baleares o Navarra (4 veces más) o en La Rioja (triplica sus resultados).

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Castilla-La Mancha (84.54%), Comunidad Valenciana (84.33%), La Rioja (83.85%), Murcia (83.66%), Navarra (82.37%) registraron una participación superior al 79.90% registrado en todo el país. A estas CCAA se sumaron Andalucía (81.62%), Asturias (81.71%), Cantabria (81.86%), Castilla y León (82.02%), Extremadura (81.19%) o Melilla (81.19%). En el resto de CCAA, la participación quedó por debajo de la media, con especial mención a Cataluña (69.37%).

En los próximos meses, veremos la dimensión de la victoria del sanchismo, que ya ha provocado el anuncio de la dimisión de Antonio Hernando como portavoz parlamentario. Hernando, amigo personal de Sánchez, representa la traición que muchos militantes consideran que se cometió al partido con la defensa de la abstención a Rajoy y su salida era esperaba si perdía Susana Díaz (Sánchez lo anunció en una entrevista la semana pasada).

Quedan pocas dudas de que los dirigentes de las CCAA que apoyaron a Díaz tendrán problemas serios de continuidad, con especial mención a Ximo Puig, a Guillermo Fernández Vara o a Emiliano García-Page, con mención especial a Javier Fernández o a Luis Tudanca. También es posible que veamos la retirada de históricos como Abel Caballero y, en general, de todo el que unió su futuro político a la victoria de Díaz.

Número de avales y votos

La comparación entre el número de avales que cada candidatura presentó en su momento y los votos finales también resulta curiosa: Tanto López como Sánchez obtuvieron más votos que avales, lo que abunda la teoría de presiones desde la candidatura oficialista a los militantes que se notó en el aval (con identificación) pero que se ha diluido en el voto. En el lado contrario encontramos a Díaz, que ha conseguido 350 avales menos según la cifra depurada que facilitó Ferraz.

La primera conclusión, al margen de las presiones, tiene que ver con la movilización del partido, que con el 70.4% ya era altísima antes de la presentación de los avales, y de las posibilidades de cada candidato en aumentar el apoyo durante las semanas en las que ha durado la campaña electoral. En este sentido, había dudas de si esos apoyos  constituían su suelo electoral o su techo; los datos han confirmado que en su caso se trataba de un techo electoral que, en el lado de Sánchez, constituían su suelo mínimo.

La unidad, esa ficción

Desde la elección de Alfredo Pérez Rubalcaba como secretario general del PSOE, en febrero de 2012, la unidad ha sido una de las apelaciones más recurrentes por los diferentes líderes del partido, una unidad que se ha antojado imposible. Rubalcaba tenía en contra a la mitad de las de las federaciones, que votaron por Carme Chacón, y Sánchez vivió algo parecido ante su manera de entender la acción del partido desde el búnker de Ferraz.

A pesar de haber contado con un apoyo orgánico notable en las primarias de 2014, pronto se vio que los barones comenzaban a abandonarle, sobre todo tras escuchar valoraciones eufóricas de malos resultados en las urnas o interpretaciones de resultados que ponían el acento en la existencia de Podemos como competidor (y no en que el PSOE había dejado de ser opción para muchos votantes).

En esta ocasión,  los mensajes y el nivel de fractura no hacen presagiar una reconstrucción del partido sosegada, a pesar de las referencias de Patxi López en esa dirección. Por si acaso, los tres candidatos comparecieron juntos brevemente en sala Ramón Rubial de la sede de Ferraz para una foto oficial que plasmaba perfectamente el desconcierto de Díaz tras perder unas primarias que, al parecer, creía seguras.

Poco después, la presidenta andaluza abandonaba la sede socialista en coche, sin haber escuchado el discurso de Sánchez como secretario general electo del PSOE. Un mal presagio de cara a la reconstrucción del partido, a partir de mañana, que se completó con la negativa de Díaz a mencionar el nombre de Sánchez (aunque sí aseguró que se pondrá a disposición de lo que decida su partido) y con gritos de “susanista el que no bote” con los que los partidarios de Sánchez recibieron sus menciones a Díaz.

Susana Díaz vuelve a Andalucía con un liderazgo muy tocado y que le pasará factura ante una oposición que lleva meses denunciando la parálisis de la CCAA a la espera de los éxitos de la presidenta en Madrid. Ahora deberá hacer frente a dos tareas: Certificar que sigue siendo la opción preferida de los andaluces y apuntalar su poder ante un posible conato de Sánchez de controlar a la federación andaluza a pesar de los 12.500 votos de diferencia.

Las negociaciones que arrancan este lunes sobre la composición de la Ejecutiva y del próximo Comité Federal serán claves para vislumbrar las posibilidades de acuerdo entre las tres candidaturas. Con 14.600 votos, Patxi López puede lograr una buena representación en el PSOE del futuro, sobre todo por la necesidad de Sánchez de escenificar cierto intento de acuerdo y unidad que deje en evidencia a Díaz si finalmente ésta se niega a negociar.

La victoria de Sánchez obliga a reconfigurar argumentos

Mariano Rajoy hoy tiene más motivos que ayer para estar nervioso. Si se había garantizado una legislatura más o menos estable con el pacto de no agresión al PSOE, que se ha cimentado en la búsqueda de nuevos socios parlamentarios para no tensionar aun más la imagen de los socialistas frente a su electorado, la victoria de Sánchez echa por tierra esa estrategia. Uno de los primeros mensajes que filtró su equipo, tras conocerse los resultados, fue remarcar que el secretario general es el mismo que defendió el “no es no” a la investidura de Rajoy, lo que avanza una estrategia de confrontación directa en lo que resta de legislatura.

Este enfoque en el PSOE también afecta directamente a Unidos Podemos, que ve cómo se achica su espacio para hacer oposición y emerger como la única alternativa al PP. La moción de censura que presentarán el próximo mes de junio puede ser un buen termómetro para medir el cambio en el PSOE, a pesar de que el debate llegará, presumiblemente, antes de que se celebre el Congreso socialista y antes de que se hayan apuntalado las estructuras orgánicas del nuevo PSOE.

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Simple Lógica: Patxi López afronta las primarias con los mejores datos de aprobación

Hoy se celebran las primarias socialistas que deberán elegir al próximo secretario general del partido entre tres candidaturas: Patxi López, Susana Díaz y Pedro Sánchez. Este domingo, las bases del partido confirmarán si hay divorcio entre la militancia y el aparato del partido, algo que ha quedado meridianamente en los enfoques de la mayoría de los medios de comunicación que han seguido las primarias socialistas.

Tanto la entrega de avales como el tono de la campaña, con hitos como el rescate de unas declaraciones que Susana Díaz realizó en enero en relación al 15M, que va en la línea de lo que escribimos en el aniversario del movimiento, hacen presagiar una victoria clara para Sánchez, un escenario curioso si se tiene en cuenta que hace apenas un año estaba desahuciado políticamente, a la espera del sorpasso de Unidos Podemos que finalmente no se produjo.

Durante la última semana,  hemos hablado de sondeos que plantean como hipótesis un buen resultado de un PSOE liderado por Sánchez. Otros estudios, como el de Simple Lógica, recogen desde que comenzaron las quinielas de los candidatos a liderar el partido que el líder que menos opciones tiene de ganar mañana, Patxi López, es el que menos rechazo genera entre los votantes y también entre los electores socialistas.

El sondeo mensual de Simple Lógica vuelve a incidir en esta idea: Entre los líderes socialistas, el ex lehendakari obtiene un respaldo del 39.3% entre los votantes que pasa al 58.8% entre los del PSOE, +3 puntos respecto al dato registrado el pasado mes de marzo. También es el líder que mejor dato recibe entre los electores de otros partidos políticos: El 45.9% de los de UP aprueba su gestión, al igual que el 44.4% de los de C’s y el 43.8% de los del PP. En la práctica, López saca 10 puntos de aprobación entre los votantes a Susana Díaz  y casi 14 puntos a Pedro Sánchez.

Los datos, en cambio, varían cuando se pregunta a los votantes del PSOE: Susana Díaz sólo aprueba para el 41.3% de sus votantes (el 56.7% la suspende) y vuelve a obtener mejor dato entre los votantes del PP (50.6% aprueba su gestión). Los de C’s se sitúan en el 38.2%. En cambio, Sánchez, que recibe un mal dato entre el votante en general, sigue de cerca los niveles de aprobación de López (55.6%, +6.8 puntos respecto al mes de marzo) entre los votantes socialistas y consigue también un buen dato entre los de UP (38.5%).

A pesar de los porcentajes, llama la atención que se dé por hecho que será el tercer candidato en votos, algo que podría venir explicado, precisamente, por los llamados a las urnas. Conviene tener en cuenta, de nuevo, que estamos hablando de votantes y no de militantes socialistas, que podría estar valorando otras opciones antes de dar su confianza a uno u otro líder este domingo. Entre esas opciones figuran la capacidad de cada uno de los candidatos para unir o no al partido, los problemas para la propia supervivencia de la organización en función de quién venza las primarias o las posibilidades de volver a La Moncloa con la situación interna que vive el partido desde hace años.

La corrupción no pasa factura al PP

Existe cierto mito en torno a la fidelidad del votante del PP respecto a su partido, una fidelidad que pasaría por encima de renuncias a programas electorales, ideológicas e incluso a la corrupción política. Este dato se puede contrastar con la sucesión de distintos procesos electorales, en los que el PP ha perdido apoyo social, sobre todo en los territorios más afectados por la corrupción. Es cierto que, en la mayoría, ese proceso coincidió en el tiempo con un desgaste tras años en el poder en un contexto de fuerte crítica a la gestión desde el Palacio de la Moncloa, pero no deja de ser un hecho que la corrupción, aunque sea acompañando a otros factores, hicieron perder al PP 3.63 millones de votos entre las elecciones de noviembre de 2011 y las de diciembre de 2015.

Hace unos días, destacamos como posibilidad que tengamos que ver la corrupción política como una variable independiente respecto a los resultados electorales del PP. Es decir, eas posible que los distintos casos de corrupción que estamos conociendo estos días ya no pasen factura electoralmente al PP. Analizamos hoy el segundo sondeo que plantea esta hipótesis, con un PP en el 30.9% de los votos, un resultado casi idéntico al registrado hace un mes, cuando el trabajo se campo se había realizado antes del estallido de la Operación Lezo.

El PP se movería en un porcentaje casi idéntico al del mes de abril, -1.9 puntos si lo comparamos con los datos del 26J, con el PSOE anclado como segunda fuerza parlamentaria. Con el 22.3% de intención de voto, los socialistas casi igualan el porcentaje de voto recibido hace casi un año (-0.4 puntos) aunque se deja 1.5 puntos respecto a la estimación de hace un mes, un dato que, ya señalamos, nos parecía sumamente extraño en el contexto en el que se encuentra los socialistas en estos momentos.

Unidos Podemos, por su parte, conseguiría el 19.8% de los apoyos, medio punto más que hace un mes, pero cae casi dos puntos respecto a su representación en las urnas. De nuevo, un sondeo constata el cierre de la ventana de oportunidad de la formación de Pablo Iglesias en un contexto en el que su principal competidor ideológico, el PSOE, se encontraba inmerso en una guerra interna que terminará en los próximos meses, con la celebración de los congresos autonómicos y provinciales.

La gran novedad del sondeo de Simple Lógica es el avance de C’s, que se movería en torno al 14.8% de los apoyos, +1.8 puntos respecto a su dato el 26J. Sube casi un punto en un mes y, de nuevo, el avance se parece mucho a lo que se deja el PP en el camino. Un dato que, sin embargo, no se explica en las menciones a las transferencias de voto: C’s conserva el 72.8% de los votantes y pierde un 4.1% que se iría al PP.

En el caso del PP, mantiene al 77% de su electorado, con un 6% que se iría a C’s y un 8.7% que dice no saber qué votaría en el caso de nuevas elecciones. Respecto al PSOE, conserva al 68.4% de sus votantes (la cifra más baja entre los cuatro partidos), con fugas de votos hacia la abstención (9.7%) y la indecisión (13.7%), con un 2.1% que votaría por Unidos Podemos.

Por último, la formación que lidera Pablo Iglesias mantiene al 72.8% de sus votantes y también registra fugas de votos en todas las direcciones. El dato más llamativo es el 9.1% que señala que votaría por el PSOE en el caso de nuevas elecciones, un porcentaje superior a los que se muestran indecisos (5.8%) o los que se abstendrán (7.7%).

Respecto a los liderazgos de los distintos partidos, Mariano Rajoy y Pablo Iglesias vuelven a ser los que generan mayor rechazo entre el electorado: 69.5% en el caso del presidente del Gobierno y 69.6% si nos referimos al líder de Unidos Podemos. La gran diferencia entre ambos es el diferente grado de aceptación entre sus votantes: Rajoy recibe un respaldo del 80.6% entre sus electores (36% entre los de C’s) mientras que Iglesias se queda en el 62.5% de apoyo entre sus votantes (14.7% entre los del PSOE).

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Como viene siendo habitual, Alberto Garzón recibe mejores datos tanto en la aprobación del electorado en general (31.5%, +10 puntos respecto al porcentaje que recibe Iglesias) y también entre los de UP (74.2%, +12 puntos en comparación con Iglesias). También duplica la aprobación entre los votantes del PSOE (28.5%).

Por  último, Albert Rivera es el líder que menor rechazo genera: El 41% aprueba su gestión al frente de C’s. También es el dirigente con mayor capacidad de penetración en otros partidos políticos, un dato a tener en cuenta desde el sesgo presidencialista que tiene nuestro sistema de partidos. Así, Rivera aprueba con un 85% entre los votantes de C’s, llega al 66.6% de aprobación entre los del PP y al 44.8% entre los del PSOE.

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Macron experimenta con el extremo centro y pone en aprietos a los conservadores

Se cumple el guión. Durante toda la campaña de las elecciones presidenciales francesas insistimos en las dificultades de Emmanuel Macron de contar con dirigentes de un aparato orgánico ante la inexistencia del mismo. Se partía así de la posibilidad de que echara la red a políticos ubicados en el centroderecha y centroizquierda, además de las opciones políticas que le dieron apoyo durante los últimos meses de la campaña electoral.

Macron, que fundó el movimiento que le ha llevado al Elíseo hace apenas un año, se ha convertido en el primer presidente de la V República desvinculado de los movimientos políticos tradicionales aunque no tanto de los líderes de las corrientes que mejor casan con su ideario político. Así, Macron nombró primer ministro a Edouard Philippe, diputado de Les Republicáins y alcalde de la ciudad portuaria de Le Havre, “un hombre de derechas” según sus propias palabras, con un objetivo claro: “Utilizar a Philippe como señuelo para atraer votos conservadores hacia La République en Marche! y lograr, en las elecciones parlamentarias de junio, una mayoría macronista en la Asamblea Nacional”.

Philippe no es un desconocido en la política francesa. Pertenece a la corriente más centrista de Los Republicanos, encabezada por Alain Juppé, y muchos le veían como su heredero político. Con su nombramiento, Macron lanzaba dos mensajes: Su mandato, que se entiende como algo excepcional y casi de salvación nacional, pasará por encima de las diferencias ideológicas profundas; y además se lleva a su terreno una de las piezas más prometedoras de los republicanos de cara a las elecciones legislativas del próximo mes, amenazando así la unidad de la derecha.

Tras el nombramiento de Philippe, se dio a conocer la composición de su Gobierno y se confirmaron todas las sospechas: Se trata de un Gobierno multitcolor compuesto por 22 miembros (18 ministros y 4 secretarios de Estado), que han pasado por la empresa privada y que proceden de cuatro formaciones políticas (de Les Republicáins, del PS, del Movimiento Democrático -MoDem- y de La République en Marche! ) y de la sociedad civil e independientes. En el Ejecutivo no hay referentes de la izquierda ni sindicalistas, lo que lanza un mensaje nítido en torno a que va en serio con las reformas para liberalizar la economía del país y con la unión de diferentes sensibilidades políticas bajo el paraguas del reformismo modernizador y el europeísmo, dejando la oposición en manos de ambos extremos, el Frente Nacional de Marine Le Pen y la Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon.

El partido de Macron se reserva la portavocía del nuevo Gobierno, de la que será responsable Christophe Castaner, y del Ministerio de Cohesión de los Territorios, con Richard Ferrand, su secretario general. Además, ficha a Bruno Le Maire (Economía) y Gérald Darmanin (Acción y Cuentas Públicas), que proceden de Les republicáins, por lo que toda la política económica queda en manos de la derecha en un momento en el que tasa del paro baja del 10% por primera vez desde 2012. De las filas del PS proceden Gérard Collomb, alcalde de Lyon (Interior) y  Jean Yves Le Drian, que pasa de ostentar la cartera de Defensa a la de Exteriores. Del Partido Radical de Izquierdas llegan Annick Girardin (Ultramar) y Jacques Mézard (Agricultura) mientras que el MoDem se hará cargo de Justicia (en manos del líder del partido, François Bayrou) y Defensa (a cargo de la eurodiputada Sylvie Goulard).

El activista Nicolas Hulot, que rechazó formar parte de los Gobiernos de Chirac, Sarkozy y Hollande, se ocupará de la cartera de Transición Ecológica, que será clave en el nuevo diseño económico de Macron. Además, la editora Françoise Nyssen se encargará de Cultura. Macron también ha incluido en su Gobierno a personalidades sin experiencia política previa: Se trata de Agnès Buzyn, que se encargará de Sanidad; de Muriel Penicaud, en la cartera de Trabajo; de Jean-Michel Blanquer, responsable de Educación; y de esgrimista olímpica Laura Flessel, nueva responsable de Deportes.

A pesar de las críticas hacia la composición del Gobierno desde las filas de Les Republicáins, del Frente Nacional y de la izquierda que encabeza Jean-Luc Mélenchon, un sondeo elaborado tras conocerse la composición del Gabinete recogió que el 60% de la ciudadanía está de acuerdo con el primer paso adoptado por Macron. Es decir, buena parte de la ciudadanía ha comprado la idea de que Francia está en una situación excepcional que precisa del acuerdo y trabajo de dirigentes de diferentes sensibilidades para acometer sin disimulos los problemas del país. Según datos de Opinion Way, el 44% aprueba la composición del Gobierno, frente al 19% que la critica y un 37% que dice no saber lo suficiente para opinar.

Aun así, se estrenan en sus respectivos cargos Macron y Philippe con los porcentajes de popularidad más bajos respecto a sus homólogos en los últimos 22 años: 45% para el presidente y 36% para su primer ministro, muy por debajo del 56% registrado por Ayrault hace cinco años o del 59% que recibió Alain Juppé como primer ministro del primer mandato de Jacques Chirac en el año 1995.

Una jugada maestra  de cara a las legislativas 

El diseño del Gobierno por parte de Macron ha hecho daño a Les Republicáins, que aparecen como la formación que disputará la segunda vuelta al partido del presidente en la segunda vuelta de las legislativas. El cortejo del sector que lidera Juppé, quien perdió las primarias contra François Fillon, tiene una lectura muy clara: Se ha optado por un líder que se ha opuesto a la deriva derechista desde los tiempos de Sarkozy y, aunque Juppé manifestó su lealtad a Les Republicáins, más de 120 cargos destacados del partido firmaron un comunicado en el que reclamaron que el partido respondiera “a la mano tendida por el presidente de la República”.

Tras fagocitar el PS, muchos ven en la maniobra de Macron un intento de proceder de la misma forma con el partido conservador y se han adoptado medidas al respecto: Tras conocerse el nombramiento de Philippe como primer ministros, el comité de campaña de LR lamentó que el alcalde del Havre hubiera aceptado la oferta de Macron situándose “al margen de nuestra familia política”. No hubo suspensión ni tramitación de bajas. Tras conocerse las carteras del Gobierno que habían recaído en dirigentes del partido, ya se adoptó la decisión de expulsar  a Edouard Philippe, Bruno Le Maire y a Gérald Darmanin por aceptar el cargo y hacer campaña para el partido de Macron. Tras el shock inicial, fue un mensaje a la ciudadanía a dos semanas de que se celebre la primera vuelta de los comicios para renovar la Asamblea francesa.

Macron roza la mayoría absoluta

La République en Marche! contaba con un problema importante de cara a las elecciones legislativas: la falta de organización política asentada en los territorios, a la espera de una posible recuperación del Partido Socialista. Las palabras del ex primer ministro Manuel Valls sobre la muerte del socialismo francés y el anuncio de que se ponía a disposición de Macron, su enemigo político en la disputa por el afecto de Hollande, confirmaron que la situación de los socialistas es más precaria de lo que se demostró en las presidenciales, con los líderes de las diferentes corrientes buscando su propia supervivencia política, bien al calor de En marche, bien con movimientos políticos como el anunciado por Benoït Hamon.

A Valls, por el momento, la jugada no le ha salido bien. Desde el partido de Macron se le recordó que no cumple con los requisitos para ser candidato a las legislativas (“Ningún candidato puede ser investido si ha cumplido ya con tres mandatos parlamentarios”, dijo el secretario general del partido) aunque no se le cierra la puerta del todo, a la espera de una ayuda que podría ser fundamental si La République en Marche! se queda cerca de la mayoría absoluta. Finalmente, presentará candidatos en 521 de los 577 distritos electorales.

Lo que queda claro es que las elecciones legislativas decidirán el margen de maniobra de Macron al frente del Elíseo. Y, tras los últimos movimientos efectuados, parece que las cosas marchan bien: Su partido roza la mayoría absoluta, por lo que parece que no habrá cohabitación con los republicanos, encabezados en esta cita por François Baroin.

El último sondeo de Harris sitúa al partido del presidente en el 29% de intención de voto (27% de acuerdo con Opinion Way), con los conservadores  disputándose con el Frente Nacional la segunda posición con el 20% de intención de voto. La Francia Insumisa de Mélenchon obtendría el 14% de la representación en la primera vuelta mientras que el Partido Socialista se mueve en torno al 7% (según Harris) y el 11% de intención de voto (Opinion Way).

CODA. Como es tradición, el primer viaje oficial de Macron tras ser investido presidente de la República fue a Alemania, donde se reunió con Angela Merkel. Ambos abogaron por refundación de la UE, conscientes de los problemas que afronta el proyecto europeo tanto en términos de eficacia (y ahí está la negociación del Brexit para certificarlo a diario) como de credibilidad. Esa refundación, por supuesto, pasaría por revitalizar el eje franco-alemán, algo que, por otra parte, no se ha puesto en duda ni siquiera en los peores años de la crisis financiera y económica europea.

Este primer viaje de Macron ha supuesto, también, el primer roce del equipo del presidente con la prensa por el intento del Elíseo de elaborar la lista de periodistas de los distintos medios de comunicación que acompañarán al presidente en sus viajes al extranjero.  Le Monde, Libération, Le Parisien’, Le Point y Le Figaro, la agencia de noticias internacional AFP, las cadenas de televisión BFM, RTL y TF1, radios como RFI, France Info, Europe 1 y medios digitales como el consorcio Mediapart hicieron pública este viernes una carta en la que muestran su preocupación por la política de comunicación que pretende seguir el Elíseo: ” No es el presidente ni sus servicios quienes deben decidir el funcionamiento interno de las redacciones, la elección de su tratamiento y sus puntos de vista. Esta elección corresponde a las direcciones de las redacciones y a los periodistas que las componen”.

 

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Celeste-Tel: El PP ronda el 35% de la representación a pesar de los escándalos de corrupción

Existen dudas razonables que apuntan a que la corrupción en política ya no pasa factura electroral a las distintas formaciones, en particular a las que hasta hace un par de años han configurado el sistema central de partidos. Los datos de los últimos sondeos sobre intención de voto parecen apuntar a esta dirección: A pesar de los problemas que el PP de Madrid tiene desde hace un mes, con la Guardia Civil apuntando a Cristina Cifuentes, actual presidenta regional, como colaboradora de un delito de cohecho en la adjudicación de contratos a empresa que habrían financiado a su partido ilegalmente, ni su base electoral parece inquieta ni tampoco la ciudadanía. La España de este 2017 no tiene ya nada que ver con la que entre 2011 y 2014 organizaba grandes manifestaciones de condena ante el goteo de casos de corrupción que salpicaban los informativos a diario.

La entrega mensual del sondeo de Celeste-Tel que difunde eldiario.es  abunda en esta hipótesis. La detención de Ignacio González, con la consiguiente dimisión de Esperanza Aguirre, no mina de forma importante las expectativas electorales del PP, que sigue como el partido más votado en el caso de unas hipotéticas elecciones generales. Según su proyección, a partir de 1100 entrevistas realizadas en los cinco primeros días laborables del mes de mayo, el PP obtendría el 34.8% de los votos, -0.3 puntos respecto a los datos de hace un mes, recogidos antes de que explotara la Operación Lezo. Este porcentaje de voto se traduciría en una horquilla de entre 147-150 diputados, por lo que Génova estaría en una buena situación para volver a reeditar un Gobierno con el apoyo de C’s, siempre que garantizara su horquilla máxima de representación.

 A diferencia de otros estudios, Celeste-Tel plantea un supuesto del 12.7% de la representación para la formación que lidera Albert Rivera, +0.3 puntos en comparación con sus datos de junio de 2016 pero +0.6 puntos en comparación con la estimación de voto de hace un mes. Sus 32 diputados se convertiría en una horquilla de entre 25-28 escaños.

Convendría preguntarse en este punto cómo es posible que el PP, con el goteo diario de informaciones que apuntan a prácticas comunes de financiación ilegal que ya no se centran en determinadas CCAA sino que salpican a la dirección nacional, mantenga estos resultados. La respuesta inmediata es la ausencia de una oposición clara. Los datos del sondeo recogen cómo el PSOE se mueve en el 22.5% de los votos, un resultado prácticamente idéntico al que obtuvo el 26J, con dos circunstancias: Logra este porcentaje de voto en mitad de una lucha interna cuyos lances se resuelven en público y tras una caída en la expectativa de voto que todavía manejan otros estudios.

En cualquier caso, los socialistas obtendrían una horquilla de entre 80 y 85 escaños y recuperan 0.4 puntos en comparación con el dato registrado hace un mes. Por su parte, Unidos Podemos se queda anclado en el mismo porcentaje de voto que se registró en el mes de abril: El 19.3% votaría por sus siglas, -1.3 puntos en comparación con lo que pasó el 26J. En la práctica, la formación de Pablo Iglesias no ha aprovechado electoralmente los problemas del PSOE y, a pesar de su intento por situar en la agenda pública la trama como marco de ataque en este punto de la legislatura, tampoco hace mella en las aspiraciones del PP.

Existen otros datos interesantes que abundan en que parece que todo está vendido en este punto: Apenas hay transferencias de voto entre las principales fuerzas políticas y las fugas de votos se producen hacia la abstención en primer lugar. Así, Unidos Podemos es el partido que presenta más fugas con un 17.9% que señala que se abstendría en el caso de nuevas elecciones y un 3.3% que votaría al PSOE. La formación de Iglesias es la que presenta un dato menor de fidelidad de voto, con un 74.7% de electores que repetiría el sentido de su voto.

En el caso de C’s, amarra al 78.9% de sus votantes, con un 14.8% que se abstendría y un 4.1% que se decantaría por el PP, que vuelve a ser el partido que mayor fidelidad de voto mantiene: El 87.6% de sus votantes repetíría el sentido de su voto, con un 10.6% que se abstendría. Respecto al PSOE, el 79.8% votaría por sus siglas de nuevos, mientras que el 16.1% se abstendría y una mínima parte, el 1.7%, votaría por Unidos Podemos.

El PP es el partido que mantiene mayor porcentaje de voto movilizado y de simpatía: El 21.4% cita sus siglas cuando se pregunta en este sentido. Le sigue el PSOE, con un 18.1%, que se sitúa claramente por delante de Unidos Podemos y las confluencias (15.4%), un dato que explica las posibilidades de crecimiento en el futuro si se acierta con cuestiones como candidatos, programa o mensajes. En el caso de C’s, el 10% señala ya en este punto que se siente cerca de sus postulados, por lo que presenta menos de 3 puntos de crecimiento eletoral respecto a la estimación de voto final de Celeste-Tel.

Otras cuestiones a tener en cuenta tienen que ver con los resultados de partidos políticos periféricos. En el caso de Cataluña, se confirma que ERC aparece como la principal fuerza de CCAA con 10-11 diputados mientras que el PdeCat cae al pasar de 8 escaños a 6-7 (que son los que van a parar a ERC). En Euskadi, el PNV mantiene sus 5 asientos mientras que EH-Bildu podría sumar uno más a los dos que tiene en la actualidad. Como viene siendo habitual a lo largo de la legislatura, CC mantiene su escaño.

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