La reforma constitucional como plataforma de aterrizaje del ‘Procés’

A las 10 horas de este lunes acaba el plazo del requerimiento enviado por el Gobierno central a la Generalitat para que confirme si Carles Puigdemont declaró la independencia en el Pleno del Parlament del 10 de octubre. Ésa fue la principal decisión adoptada por el Consejo de Ministros convocado de forma extraordinaria el pasado miércoles para responder a lo ocurrido en Parlament en la tarde del martes, una convocatoria que según la prensa de Madrid acabó con una declaración unilateral de independencia, suspendida de inmediato, y que para la mayoría de fuerzas políticas en Cataluña concluyó sin DUI.

Si el Govern no respondiera al requerimiento del Gobierno central, se daría por declarada la independencia de Cataluña, al igual que si la Generalitat respondiera afirmativa, en cuyo caso se tendría en cuenta el segundo plazo: Antes del jueves 19, a las 10 horas, se debería obtener alguna respuesta. En caso contrario, el Senado avalará la intervención de la Generalitat en aplicación del art. 155 de la Constitución Española.

La decisión del Gobierno central se dio a conocer poco antes de que Mariano Rajoy respondiera en el Congreso de los diputados sobre los acontecimientos que se suceden en Cataluña desde el 1 de octubre, y antes de la plasmación de movimientos estratégicos por parte de los distintos partidos políticos con un objetivo: no quedarse fuera de un relato que ya se asume como cierto.

Viñeta de Ricardo publicada en El Mundo el verano pasado

Existe un problema real en Cataluña, un problema que ya salpica a los socios del Govern, con presiones desde ERC a Puigdemont para que declare la independencia, y del entramado civil que representan ANC y Omnium Cultural, presiones a las que este viernes respondieron Irene Rigau y Artur Mas, voces importantes en el movimiento soberanista por la decisión de la justicia de ir a por su patrimonio por organizar la consulta del 9N.

Albert Rivera insistió en la idea de que el Gobierno debería activar el art. 155 de la CE, un objetivo que comparte con la mayoría de la prensa editada en Madrid y con los grandes grupos empresiales, que parecen haberse convertido en un problema para el propio Mariano Rajoy. Este entramado, que lleva semanas presionando a Moncloa para que actúe en sentido restrictivo, quedó en evidencia con la propuesta lanzada por el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, que salió de su escondite para ofrecer una reforma de la CE como solución al problema catalán.

Sánchez explicó que había acordado con el PP la apertura de un proceso de reforma del texto constitucional, que culminaría en seis meses, una circunstancia de relevancia si se tiene en cuenta la alergia generalizada a abrir el melón constitucional, y más en estos momentos. La reforma de la Carta Magna, que viene siendo una petición más o menos popular desde la segunda mitad de los años ’90, se convierte así en el instrumento llamado a reconducir el conflicto catalán. Y lo intenta mediante una modernización de un texto que se acordó como se acordó durante la Transición política y que se ha sacralizado hasta la extenuación a pesar de las referencias a la necesidad de una actualización por parte del PSOE, en los tiempos de José Luis Rodríguez Zapatero, o como reivindicación del movimiento 15M desde 2011.

Sobra decir que una reforma, necesariamente, no es positiva per se y que muy es posible que, a tenor de los tiempos, el nuevo texto constitucional sea más restrictivo desde el punto de vista social (sobre todo el Título VII o las referencias a los derechos económicos y sociales del Título II) o más recentralizador en términos territoriales (espcialmente si se tienen en cuenta las opiniones que comienzan a aparecer en algunos sondeos).

Sin embargo, forma parte de la nueva jugada adoptada por el PSOE que ha conseguido dos objetivos: Reafirmar el eje PP/PSOE, en aras de una recuperación del llamado “régimen del 78”, en entredicho desde el 15M; y dejar fuera de juego tanto a C’s, que aparece bloqueado en su idea de aplicar el art.155, y a Unidos Podemos, que ya no tiene margen para reclamar un referéndum pactado para que Cataluña decida su futuro y que haría muy mal en quedarse al margen de la reforma del texto como aventuran las primeras reacciones a la “traición socialista“.

Más “régimen del 78″ que se vio en las celebraciones de la Fiesta Nacional, con C’s como actor llamado a apuntalar el sistema (sobre todo si, como marcan los sondeos, se consolida como el principal beneficiario de la tensión entre Madrid y Barcelona) y con imágenes que se quisieron ignorar eta vez: El éxito más que moderado de la convocataria de Sociedad Civil Catalana en Plaça Catalunya concentrada en 65.000 asistentes, según la Guardia Urbana, cifras que no tienen nada que ver con las facilitadas en la manifestación organizada el 8 de octubre, con nutrida presencia de españoles llegados de otras CCAA.

Intervención de la Generalitat y nuevas elecciones 

Se produzca o no la respuesta al requerimiento de Moncloa, parece que estos días el espectáculo seguirá en la pista central del espectáculo con opciones de todo tipo: Desde los que opinan que Puigdemont responderá al Gobierno central con una copia del discurso de su intervención en el Pleno del Parlament hasta los que sostienen que el Ejecutivo tiene ya todo listo para intervenir institucionalmente la Generalitat.

De fondo se asume como muy probable la idea de convocar nuevas elecciones autonómicas en 3-6 meses , que no desbloquearían la situación política, y el posible nombramiento de un “ministro especial para Cataluña“, copiando así la figura institucional del Reino Unido en la suspensión de la autonomía del Ulster. Medidas, ambas, que no hacen nada por solucionar la brecha abierta en Cataluña respecto a España y viceversa, tal y como recogía estos días Ignacio Varela en El Confidencial.

Mientras, se suceden las noticias en relación a la fuga de empresas de Cataluña (en buena medida por las que tienen su principal volumen de negocio con el resto de España), sobre el suspenso de la aprobación de los PGE porque el PP no es capaz de atraerse el voto del PNV con la que cae en estos momentos y sobre las presiones del FMI, que insiste que si sigue abierta la crisis catalana puede verse afectada la economía de España y de la Eurozona, con asunción por parte del Gobierno central de que se deberá rebajar la previsión de crecimiento si las cosas siguen igual.

Internacionalmente, el Gobierno sigue trabajando para mejorar la imagen exterior de España tras las cargas policiales del 1 de octubre, mientras cosecha el apoyo de EEUU y de la UE frente a la independencia catalana. Al menos oficialmente, con declaraciones de Jean Claude-Jüncker, presidente de la CE por la cuota de Luxemburgo (menos de 600.000 habitantes), señalando que no quiere una UE con 98 Estados , o Emmanuel Macron y su defensa de no intervención en un tema que considera asunto interno de España.

Oficialmente, nadie está dispuesto a reconocer que está actuando de mediador entre Madrid y Barcelona, por mucho que algunos apunten a Kofi Annan o, en sentido más negativo, a Moscú como beneficiario (?) de la ruptura catalana. Entre las sombras, sin embargo, se habla de contactos más o menos directos entre los gobiernos de Madrid y Cataluña para reconducir la situación, un diálogo que podría partir del hecho de una vuelta a la legalidad previa a la aprobación de las medidas durante el Pleno del 6 de septiembre del Parlament catalán. Como si este mes nunca hubiera existido y se pretendiera un aterrizaje suave del independentismo.

Una visión que asumen quienes vieron y ven el Procés como un movimiento dirigido por elites políticas, culturales y/o económicas por oportunismo político y no como una forma de organización y movilización social a pesar de esas mismas élites. En este sentido, será sumamente interesante comprobar la capacidad de negociación que cada una de las partes tiene a partir de este lunes y también los beneficiarios si finalmente el PdeCat aparece como la formación llamada a decretar la suspensión indefinida de la República catalana.

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GAD3: C’s aprovecha el descalabro de PSOE y PP y se convierte en tercera fuerza

Ironías de la vida: La exhibición patriótica que recorre el país durante las últimas semanas podría tener un efecto sorprendente en términos de intención de voto. De acuerdo con los datos del sondeo de GAD3 para el diario ABC, el gran beneficiado de la situación política actual podría no terminar siendo el PP, a pesar de liderar la respuesta españolista a la crisis catalana, sino Ciudadanos, el partido que ha acompañado a los populares en esa puesta en escena de recuperación de la bandera española y todo el entramado simbólico habitual.

Con el 19.5% de intención de voto, C’s sube 3.7 puntos respecto al sondeo realizado el pasado mes de septiembre, y adelanta a Unidos Podemos como tercera fuerza parlamentaria con 58 escaños. Si lo comparamos con su representación actual, la formación de Albert Rivera sube +6.5 puntos respecto a las elecciones del 26 de junio, un dato que habla de un refuerzo de expectativas electorales similar al que se dio en los meses previos a las elecciones generales de diciembre de 2015, con el dato de desinfle final arrojado por las urnas.

Los grandes damnificados de esta subida son los partidos políticos de los que tradicionalmente se ha nutrido C’s. Por un lado, el PP cae al 29.8% de intencíon de voto, -2.1 puntos respecto al dato de diciembre y -3.2 puntos si lo comparamos con la representación conseguida en las últimas elecciones generales. Este apoyo se traduciría en 125 diputados, hasta 12 menos de los actuales.

La buena noticia para Génova es que bastaría con sumar los 55 diputados de C’s para volver a ocupar el Palacio de La Moncloa. La mala noticia es que seguramente C’s ponga unas condiciones mucho más duras que las adoptadas en 2016 para firmar un acuerdo de Gobierno con los populares, algo que podría significar, en principio, que Mariano Rajoy se apartara de la primera línea.

Por otro lado, el PSOE también sufre en estos momentos, quizás por la posición adoptada por la dirección federal respecto a este asunto, con un Pedro Sánchez escondido en Ferraz y dejando el protagonismo a Josep Borrell. Los socialistas se moverían en torno al 21.8% de intención de voto, -2.1 puntos en comparación con el dato del mes de septiembre. Cae 0.9 puntos respecto al dato registrado el 26J y -4.1 puntos si lo comparamos con el sondeo realizado el pasado mes de mayo, en fechas inmediatamente posteriores a la elección de Pedro Sánchez como secretario general.

Cataluña y la posición adoptada por la dirección federal al respecto suponen, por lo tanto, un torpedo en la línea de flotación de los intereses electorales de Pedro Sánchez, que hoy lograría 86 diputados (solo uno más respecto a los 85 que tiene en la actualidad).

Unidos Podemos es la formación que mantiene una tendencia más estable en su expectativa de voto, con tendencia a la baja. Con el 17.9% de los apoyos, pierde 0.4 puntos respecto al mes anterior y 3.2 puntos si lo comparamos con su representación actual. La formación morada pasaría de 71 a 55 diputados, que serían prácticamente irrelevantes para orquestar una mayoría alternativa al bloque liderado por el PP y C’s.

GAD3 realiza el sondeo a partir de 1.238 entrevistas de las que 561 se recogieron en Cataluña entre los días 2 y 6 de octubre. En este sentido, también se reflejan cambios en relación al protagonismo de los partidos catalanes: ERC pasaría de 9 a 11 diputados (aunque se deja 3 respecto a la estimación del mes pasado) y el PdeCat pasaría de 8 a 6 escaños (recuperándose respecto a los 4 que le atribuía GAD3 el mes de septiembre). También hay algún cambio en Euskadi, que permanece a la espera de cómo se desarrolla el conflicto catalán: El PNV mantendría sus 5 escaños (pierde uno respecto a la estimación de hace un mes) y EHBildu suma uno a los dos que tiene en la actualidad y que bien podría proceder de las pérdidas de Unidos Podemos. CC mantiene el escaño conseguido en las últimas elecciones.

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El PP no recupera el gobierno de la Comunidad Valenciana

Una de las noticias de las elecciones autonómicas celebradas en mayo de 2015 fue la pérdida de un bastión clave del poder del PP: Comunidad Valenciana. A pesar de que el PP fue la fuerza más votada entre los valencianos, años de mala imagen de la CCAA por la corrupción y el gasto desmesurado en grandes obras que hacían aguas por todas partes arrojaron un parlamento escorado a la izquierda que supuso el pistoletazo de salida para la formación de un gobierno de la Generalitat liderado por el socialista Ximo Puig.

Dos años y medio después del cambio en el Gobierno, el sondeo de Invest Group acentúa el giro a la izquierda con la entrada en las Corts de EUPV, la marca IU en la Comunidad Valenciana, que en 2015 se quedó sin representación por no superar el umbral mínimo del 5% de la representación. En estos momentos, EUPV se movería en el 5.9% de intención de voto y 6 escaños, que se sumarían a los 50 que se reparten el PSPV, Compromís y Podemos. Las cuatro fuerzas políticas controlarían el 56% de la Cámara, dejando pocas opciones al PP.

Con un 29.3% de los votos, el PP volvería a ser el partido más votado: suma 2.3 puntos respecto a las últimas elecciones aunque esto no se traduce en un aumento de la representación. Los populares pierden uno de los 31 diputados que tiene en la actualidad por la entrada de un nuevo partido con opciones de representación, en un contexto de movilización a propósito del sistema de financiación prácticamente ignorada en Madrid.

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En este contexto, C’s sube un punto en intención de voto (del 12.3% al 13.4%), y consevaría sus 13 escaños actuales, datos curiosos si se comprueba el trasvase de votos entre ambos partidos: El 5.5% del voto fugado de C’s iría a parar al PP y el 3% de ex votantes del PP daría su confianza a C’s. En cualquier caso, estamos ante una mayoría insuficiente para orquestar una mayoría alternativa a un proyecto liderado por el centroizquierda valenciano, que también registra movimientos internos en términos de transferencias de voto.

Tras el  paso de Puig como presidente de la Generalitat valenciana, el PSPV se asienta como la segunda opción parlamentaria con el 26.2% de los votos y aleja por completo las opciones de sorpasso desde Compromís. Los socialistas suman 5.35 puntos respecto a 2015 y pasan de 23 a 26 diputados, un resultado que se puede explicar desde la caída de expectativa de voto de Podemos. La formación morada, en la Comunidad Valenciana, se deja casi la mitad de su electorado al conseguir el 6.9% de los votos (frente al 11.57% obtenido hace dos años) y se queda a un tiro de piedra de ser alcanzada por EUPV, que estarían recuperando una parte de su voto natural (que en 2015 podría haber ido a Podemos).

Así, la representación de Podemos pasa de 13 a 7 asientos, que se suma a los dos que también se deja el partido que lidera Mónica Oltra. En este contexto, por lo tanto, hay que buscar el dato de EUPV, que es el partido que parece aglutinar ese voto del descontento en la izquierda al subir 1.5 puntos en intención de voto y conseguir seis escaños. Los datos relativos a las transferencias de voto hacen pensar en una suerte de cambio entre los votantes de las principales fuerzas de centroizquierda, con datos a destacar: El PSPV recibe el 8% del voto de Podemos que se iría en el caso de nuevas elecciones y Compromís recibiría una prate del voto de Podemos (7.7%) y de ex votantes del PSPV (3.6%).

De acuerdo con la estimación de Invest Group, a partir de 750 entrevistas realizadas entre los días 25 y 28 de septiembre, PP y PSPV prácticamente empatan en voto directo y simpatía con un 18.3% y 16.4% de apoyo respectivamente. Este dato aleja la posibilidad de que otro partido pueda desplazar a los socialistas como la principal fuerza de oposición en la Comunidad Valenciana, en un contexto de recuperación de protagonismo.

El partido llamado a ocupar ese papel, Compromís, recibe un apoyo del 10.6% mientras que C’s se cuela como la cuarta opción con un 8.4%. Podemos se convierte en una fuerza prácticamente irrelevante en este aspecto (4.3%), con EUPV recuperando posiciones (3.7%) como una fuerza política a tener en cuenta en el futuro.

CODA. Habrá que seguir con atención el efecto en el comportamiento electoral de las agresiones de corte ultraderechista registradas el lunes, en la fiesta de la comunidad, tanto durante la mañana a los cargos políticos vinculados a Podemos y Compromís como por la tarde, con la intimidación a manifestantes independentistas y/o agresión en las calles. En el momento de elaboración de este post, no había sido identificado ni detenido ningún agresor, a pesar de la difusión de vídeos e imágenes de sus rostros.

La presencia de la ultraderecha en las calles, algo que el propio jefe de Opinión de El País negó hace un mes confundiendo la inexistencia de un partido político de ultraderecha con la existencia de grupos adscritos a esa ideología, contrasta con la actitud de buena parte de los medios de comunicación masivos, que intentaron minimizar lo ocurrido de dos formas: Hablar de es algo puntual, en absoluto relacionado con la erupción del patriotismo de bandera por el conflicto catalán; o equiparar provocaciones (políticas) con agresiones físicas que, en seis años de movilización independentista en Cataluña, han brillado por su ausencia.

Todos los partidos, excepto el PP, rechazaron lo ocurrido en Valencia a las pocas horas de la difusión de las imágenes. El PP valenciano esperó a emitir un comunicado el martes a mediodía, un texto en el que con fecha errónea se condenó la violencia “venga de donde venga” obviando la propia realidad: En Valencia se vio a un grupo apalizando a gente que se manifestaba pacíficamente.

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Cataluña como excusa para la recentralización autonómica

La crisis económica y política que llegó aparejada a la misma tuvo una derivada que apenas se abordó en su momento y que hoy pasa desapercibida: La crítica al Estado autonómico y a la descentralización del país en términos generales en un país con unos territorios que manifiestan una fuerte tendencia federalizante, tal y como se ponen de manifiesto en los Consejos de Política Fiscal y financiera, sanitarios o educativos.

Esta tendencia, que fue un hecho en septiembre de 2012, cuando el apoyo al estado de las autonomías llegó al 29.4% (29.9% en noviembre de 2014) se fue mitigando desde el año 2015, tal y como se puede comprobar en la serie de barómetros del CIS que hemos analizado en este blog, se convirtió en una anécdota mientras se recuperaba el fuelle económico. En julio, octubre o diciembre de 2015, el apoyo al Estado autonómico actual superaba el 38% mientras que en febrero, marzo o junio de 2016 ese apoyo rozó el 40%. En el barómetro del CIS de abril de este año, el apoyo al modelo actual llegó al 40% (40.6% en el barómetro del pasado mes de julio).

La crisis catalana, además de favorecer el resurgimiento de un patriotismo ausente en España fuera de las competiciones futbolísticas, puede estar propiciando, a las bravas, una opinión dominante a propósito de la recentralización del Estado por la vía de la aplicación del art. 155 y de la recuperación de una parte de las transferencias realizadas a las CCAA. Una tendencia que, repetimos, no era mayoritaria ni mucho menos en los últimos barómetros del CIS publicados.

Éste es el escenaroi que plantea el sondeo de GAD3 para el diario ABC, realizado a partir de1.238 entrevistas dentro y fuera de Cataluña entre los días 2 y 6 de octubre, es decir, con tota la resaca del referéndum sobre la independencia. Destacamos varios mensajes: El 60% de los españoles considera que el Gobierno central debería recuperar todas las competencias transferidas a Cataluña si el Govern declara la independencia catalana, porcentaje que se queda en el 34% cuando se pregunta a los catalanes.

Así, el 69% considera que el 1-O los Mossos desobedecieron una orden judicial (31% de catalanes opina así) y el 69% considera que el Estado debería recuperar las competencias de seguridad (36% de catalanes). Este mismo porcentaje lo conforman los españole que señalan que la Generalitat está descuidando los servicios públicos por el Procés.  El 66% mantiene que lo mismo debería ocurrir con la educación, que debería estar controlada por el Gobierno central.

En otro orden de cosas, el 73% de españoles y el 75% de catalanes mantiene que los dos gobiernos deberían dialogar para evitar la ruptura ante un referéndum que el 88% apunta que ha dividido a la sociedad catalana (66% de catalanes opina así también); el 93% señala que el referéndum ha perjudicado la economía (75% de catalanes) y el 57% (46% de catalanes) reclama la celebración de elecciones autonómicas como vía de solución del conflicto.

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Los sondeos apuntan a un gobierno de centroizquierda en Islandia

Islandia celebra estos días su clasificación para el Mundial de fútbol, la primera vez en su Historia, y se prepara para unas elecciones legislativas adelantadas el próximo 28 de octubre que volverán a renovar los partidos que entrarán en su Parlamento. De acuerdo con los sondeos publicados, el nuevo parlamento estaría compuesto por siete fuerzas políticas que recogerán cierto castigo a los partidos políticos que hicieron de la regeneración y el cambio su capital electoral.

El Movimiento Verde, que hace un año logró el 15.9% de los votos, obtendría ahora el 26.7% de los votos de media. +3.7 puntos respecto a la media de los sondeos publicados nada más conocerse el adelanto electoral, por lo que estaría en disposición de liderar las negociaciones para un Gobierno que gire hacia la izquierda. Su rival, el Partido de la Independencia del primer ministro saliente, caería al 22.4% de los apoyos de media (-6.6 puntos respecto a la representación obtenida hace un año) y cae también en comparación con los últimos sondeos publicados (-2.65 puntos).

Los Piratas, con el 10.2% de los votos de media (-1 punto respecto a hace un mes), pierde 2..3 puntos en intención de voto respecto a las elecciones de 2016 y compite con la Alianza Socialdemocráta por ser la tercera fuerza parlamentaria. Los socialistas, con el 10.1% de media, es uno de los partidos con tendencia ascendente en estos comicios y gana 1.5 puntos en comparación con los últimos sondeos analizados en este blog. Aun así, se queda muy lejos del 29.8% obtenido en las elecciones de 2009.

El Partido del Progreso, con el 6.8% de los votos de media, pierde 3.6 puntos respecto a hace un mes, -4.7 puntos en comparación con sus últimos resultados electorales, el Partido Reformista, socio parlamentario del Gobierno saliente, que se quedaría en el 6.9% de los apoyos de media (-3.6 puntos respecto a las últimas elecciones aunque recupera 2.3 puntos respecto al mes anterior). Futuro Brillante, que también apoyó parlamentaria al Ejecutivo, no logra salvar los muebles y podría quedarse fuera del Parlamento con un apoyo del 3.1% de media (-4.1 puntos, -1.6 si lo comparamos con el 4.7% de media que le atribuían los sondeos publicados en el mes de septiembre).

También existen dudas sobre lo que pueda conseguir un nuevo partido, Centro Regenerador, que se movería en el 3.6% de media. No hay dudas, en cambio, sobre la entrada del Partido de la Gente, que pasaría del 3.5% conseguido hace un año a un 8.3% de media, un dato que hay que tomar con pinzas: Hace unas semanas, los sondeos le otorgaban un 9.5% de apoyo de media.

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Sociométrica: El independentismo sufre el desplome de la CUP

Uno de los grandes debates en torno a la situación política en Cataluna tiene que ver con el escenario que arrojarían las urnas en el caso de nuevas elecciones autonómicas a raíz de lo ocurrido desde el 1 de octubre. Los primeros sondeos realizados al respecto hablan de una pérdida de poder en el bloque independentista atribuible, en su mayoría, a un desplome de la intención de voto de la CUP. En este escenario, y como ya ocurrió en 2015, el papel llamado a jugar por Catalunya en Comú (CeC) sería fundamental para entender la distribución de fuerzas en un Parlament en el que tampoco se registran grandes movimientos a favor del bloque constitucionalista.

Ésta es la principal conclusión del sondeo de Sociométrica para El Español, realizado a partir de 800 entrevistas recogidas entre los días 4 y 9 de octubre. Según sus datos, que no coinciden exactamente con los que recoge su gráfico, ERC sería la gran beneficiada de la ruptura de la alianza electoral con la antigua Convergència y obtendría el 31.7% de los votos y 51 de los 62 diputados que consiguió la marca Junts Pel Si en las elecciones de 2015. El PdeCat sería sexta fuerza parlamentaria con el 8.1% de intención de voto y 10 escaños, una representación que habla de la pérdida de hegemonía de los restos de CiU. Conviene retener este dato para futuros análisis: La suma de ambos partidos arroja el 39.8% de la representación, un resultado casi idéntico al 39.6% que obtuvo JxS en las últimas elecciones autonómicas.

Aclarado este punto, los ojos se dirigen a la CUP y al papel que ocupa durante estos días: Con el 6.3% de los votos, se deja prácticamente dos puntos en intención de voto que se traduce en una pérdida de 4 diputados. La suma de sus votos con los de ERC y el PdeCat sitúa al independentismo al borde de la mayoría absoluta (67.5 diputados) con el 46.1% de la representación, por lo que habría que prestar atención a la estrategia de CeC.

La marca Podemos en Cataluña conseguiría el 12% de los votos (+3.1 puntos respecto a 2015) y pasaría de 11 a 14 escaños, superando al PSC, que cae al 9.5% de intención de voto (-3.2 puntos) y se deja dos de los 16 diputados que tiene en la actualidad en el Parlament. Parece, por lo tanto, que una parte del voto del socialismo catalán habría ido a parar a CeC durante los días de recogida de datos del sondeo, un hecho que podría deberse a la posición neutra adoptada por el PSOE (no por el PSC) respecto a las cargas policiales del 1 de octubre, cargas que Ada Colau o Albano Dante Fachin en Cataluña o Pablo Iglesias en Madrid condenaron con rotundidad.

Según Sociométrica, C’s se consolida como la principal alternativa a ERC, con un 18.3% de intención de voto (+0.4 puntos respecto a 2015), que se traduce en 27 diputados, dos más de los que tiene en la actualidad. El PP catalán, por su parte, sobrepasa al PSC en votos al conseguir el 10.1% de los apoyos (+1.6 punto respecto a su representación actual) pero no en escaños: Sumaría dos diputados a los 11 que tiene, por lo que quedaría por detrás del PSC y de CeC. El bloque constitucionalista concentraría al 37.9% del electorado, a la espera de la decisión final de CeC.

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Comienza la fase de recuperacion del ‘seny’

A pesar de la expectación mediática, con mil periodistas acreditados por el Parlament, este martes no fue el día en el que se declaró la independencia catalana. El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, asumió el mandato recibido en las urnas el 1 de octubre y declaró la independencia para suspenderla a continuación con el objetivo de dar un margen de semanas para afrontar una negociación con el conjunto del Estado español.

Tal y como se desprendía del texto pronunciado, dado a conocer a la CUP poco antes del inicio del Pleno, previsto para las 18 horas y que tuvo que aplazarse una hora por desencuentros entre los partidos vinculados al independentismo, se asumen las dificultades de facto de un proceso que ha tenido sobresaltos: Uno de los más importantes, la salida de las empresas con sede en Cataluña por, según ellos, la inseguridad jurídica creada por el Govern con su intención de declaración de independencia y el momento de tensión máxima que hemos visto desde el día del referéndum.

Hacia las 22 horas, los diputados de JxS, de la CUP y de CSQEP firmaron una declaración de independencia que “constituye la república catalana como un Estado independiente y soberano”. Un texto sin registrar en el Parlament, más simbólico que normativo, que en teoría es un punto seguido a un proceso frenado en seco momentáneamente.

Primero: Frustración de la CUP 

La portavoz parlamentaria de la CUP, Anna Gabriel, confirmó que su partido rechaza suspender la declaración de independencia y que no renuncia a ella, mensaje que llegó cuando muchos de los manifestantes convocados por ANC abandonaba el entorno el Parlament con evidentes signos de frustración.

La portavoz de la CUP pronunció un discurso extraño, muy medido, en buen tono, hablando de una hipótesis de futuro frustrada en el último momento, quizás consciente del sector de la calle que se siente muy cerca de sus postulados. Así, Gabriel se refirió a la República catalana como el proyecto que se ofrecía al mundo para luego reconocer que se habían enterado del contenido del texto leído por Puigdemont en el último momento.

Tal y como se venía señalando en los últimos días por fuentes oficiosas, desde la CUP se asumía en la tribuna que se habían quedado al margen de todo lo relativo a la negociación del texto a propósito de la independencia, lo que implícitamente dejaba en el aire la acusación de “traición” al Govern pronunciada por Arran.

El discurso de Gabriel, muy esperado para pulsar el efecto entre una base social y electoral muy concreta en Cataluña, fue calmado y hablaba sobre todo de una frustración idealista ante una lección de realismo político. El contenido de su intervención, junto a su tono y los llamamientos de ANC por mantener la calma en la calle, explican por qué muchos habían abandonado la concentración antes de que la portavoz de la CUP terminara su discurso. Incluido David Fernández, antecesor en el cargo entre 2012 y 2015.

Poco después, Quim Arrufat confirmó que la CUP suspende su actividad ordinaria lo que queda de legislatura en el Parlament, lo que abre la puerta a un posible adelanto electoral por la pérdida de mayoría por parte de JxS en un mes, que fue el plazo que se le ofreció al presidente de la Generalitat para negociar la independencia.

Segundo: Comienza la fase de negociación

Es muy posible que, si se hubiera permitido votar el 1-O y si no hubiera habido cargas policiales durante la mañana del 1 de octubre, llevaríamos días hablando del poder efectivo del independentismo para proclamar una república independiente. No es descabellado pensar que, tras la intervención del Estado central en la Generalitat, se preveía un aumento de la participación que no existió: Hablaríamos de 2.5-3 millones de catalanes dispuestos a la ruptura con España, pero no hay más. Al menos mientras no se plantee un referéndum similar al de Escocia o Quebec, con campaña por el no incluida.

Este dato ha pesado y pesa sobre una losa sobre los líderes políticos del independentismo, especialmente tras el posicionamiento oficial de buena parte de la comunidad internacional. Eso es lo que explica, a mi entender, por qué este martes hemos visto en primer plano la que puede ser la próxima jugada de estrategia del Govern: Pedir tiempo para rebajar una tensión que está provocando la salida de la ultraderecha y de un nacionalismo que roza el autoritarismo con el fin de internacionalizar el conflicto y encontrar aliados de peso. En los últimos días se habla de la mediación de Kofi Annan, y muchos ojos se dirigen a Alemania, donde los Verdes, sensibles al procés, han abierto negociaciones para la gobernabilidad con Angela Merkel.

A su favor juega que el Gobierno central recibe el apoyo expreso de la UE y organismos internacionales al tiempo que le llegan avisos sobre el efecto contagio a la economía de la Eurozona de mantener la crisis abierta indefinidamente. Ésta es la baza a jugar en estos momentos, aprovechando, de paso, el caudal de simpatía que, como he dicho anteriormente, provoca el movimiento independentista desde el punto de vista de movilización cívica.

En su intervención, Puigdemont habló de mesas de diálogo propuestas en público y en privado, idea que también reafirmó Quim Arrufat, que confirmó que el presidente de la Generalitat había justificado la no proclamación de independencia en una petición de los mediadores internacionales en el último momento. La sola mención de su existencia ya da cuenta de que existen contactos más o menos discretos para buscar una salida a un conflicto incuestionable.

Como ejemplo, el contenido del primer tramo de la intervención de Puigdemont, centrada en la misma base del problema, desde una concepción descentralizada de España a partir de la CE que Cataluña lo entendió como punto de partida y no como llegada por gran parte del Estado español. Este punto de partida, de origen, se agudizó con la chapuza sobre la negociación, aprobación y suspensión del texto del Estatut, con campañas contra Cataluña promovidas por partidos como el PP, y a propósito de la negativa de Madrid a negociar cualquier punto a pesar de que la calle comenzó a llenarse de catalanes muy críticos con el statu quo a los que se ha ninguneado durante años.

Tercero: La pelota vuelve al tejado del Gobierno

En un momento de una clase política que adolece de una importante falta de altura política, quizás llegue el día en el que haya que agradecer que sea Mariano Rajoy el presidente del Gobierno en estos momentos. Durante años se ha echado en falta un liderazgo proactivo para encauzar un conflicto que, desde el comienzo, ya estaba enquistado y, tras el rearme nacionalista de corte español de los últimos días, quizás deberíamos agradecer esa actitud indolente que ha evitado, por ejemplo, la presencia del Ejército en las calles de Cataluña o la activación del art. 155 de la CE.

Es posible que, como en casi todas las facetas de su trayectoria política, el particular liderazgo que ejerce Rajoy pueda haberle librado de ser el presidente que deba hacer frente a la independencia de una parte del territorio. Al menos durante su mandato, lo que no significa que haya arreglado o, simplemente, reconducido el problema.

Tras la declaración suspendida de independencia de Cataluña, ahora le toca al Ejecutivo central mover ficha. En el momento de elaboración de este post, Moncloa daba por declarada implícitamente la independencia y convocaba Consejo de Ministros extraordinario este miércoles para estudiar su respuesta a lo exhibido por Puigdemont, lo que confirmaría que lo ocurrido en el Parlament la tarde del martes puede haberles pillado por sorpresa.

Pese a todo, conviene tener en cuenta que Mariano Rajoy se enfrenta al desfile que conmemora el Día la Hispanidad, este jueves, un evento que José Luis Rodríguez Zapatero conoce bien por los pitidos y gritos que solía recibir de los asistentes. En este contexto, queda descartado que por el momento se acepte en público una oferta de diálogo y/o negociación, aunque los cauces parecen estar abiertos.

De manera más o menos pública, veremos un despliegue de ese seny que caracterizaba a los políticos catalanes desde los tiempos de Jordi Pujol, una forma de negociar en beneficio de Cataluña (1993, 1996 y 2004, con gobiernos del PSOE y del PP) y que se habría abandonado en 2012 a cambio de una confrontación más directa con el Estado.

En el futuro habrá que analizar las presiones a las que el PP debe hacer frente en cualquier decisión que adopte en relación al modelo territorial o a desafíos como el que en su día supuso el fin de ETA o la negociación con Cataluña. Sobre todo en un momento en el que se ha provocado, directa o indirectamente, el resugir del nacionalismo españolista del que venimos hablando desde hace unos días.

Cuarto: Unas elecciones anticipadas que no resuelven nada 

Desde C’s, PSC y el PP volvieron a reclamar la convocatoria de elecciones anticipadas en Cataluña como el primer paso para resolver la crisis política de la que, en términos generales, responsabilizaron a Puigdemont y a los partidos que forman el Govern. Mención aparte merece la intervención de Miquel Iceta, que volvió a apelar al diálogo ya no aplicar el art. 155 de la CE, medida en la que luego insistió Albert Rivera en su primera rueda de prensa tras lo ocurrido en el Parlament.

En el supuesto de que ésta sea la solución, y no es descartable si la CUP retira su apoyo parlamentario a Puigdemont, unas nuevas elecciones supondrían la pérdida de la mayoría absoluta del independentismo, que necesitaría del apoyo de un cuarto partido (presumiblemente Podemos) para volver a gobernar.

En este sentido, volvemos al punto de partida de 2015, con una pérdida de apoyo concentrado, sobre todo, en la CUP y en el PdeCat, que cede su caudal electoral anterior a ERC, el verdadero ganador electoral. Sobre todo si se comienza a situar como argumento que éste es sólo un bache más en el camino para conseguir un objetivo a medio o largo plazo. En este sentido, ya han comenzado a circular contenidos a propósito del punto y seguido que supone lo ocurrido este martes:

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