Todos los caminos pasan por Ciudadanos

A unos meses de las elecciones municipales y autonómicas, que este año coinciden también con las que renovarán el Parlamento Europeo, tenemos algunas certezas en torno a las formaciones situadas en los extremos del arco ideológico español: La luna de miel obligada entre el PP y VOX, que Ciudadanos parece querer acompañar los días pares de la semana, y la fragmentación de la izquierda tras la implosión de Podemos y el ajuste de cuentas que estamos viendo entre las diferentes corrientes desde que el jueves pasado Iñigo Errejón anunció su intención de acudir a las elecciones autonómicas en Madrid con una marca electoral similar a la de Manuela Carmena.

Tenemos por un lado los movimientos detectados en el flanco derecho (desde la derecha que representa Pablo Casado y los ecos de ultraderecha que defienden los dirigentes de VOX) que han sido respondidos desde la izquierda con una descomposición largamente anunciada en un contexto de desmovilización del electorado del espectro situado en el centroizquierda y la izquierda, como algunas voces en el PSOE han comenzado a anunciar (y asumir).

A cuatro meses de las elecciones municipales y autonómicas, que tradicionalmente han servido en España como termómetro de cara a los comicios generales, hoy casi todos aceptan que será prácticamente imposible mantener los gobiernos municipales en las principales capitales de provincia y los gobiernos autonómicos conformados bajo el pacto del PSOE con Podemos y sus confluencias, que vuelan por libre.

Es en este contexto cuando algunos comienzan a mirar hacia Ciudadanos bajo dos prismas: El partido de Albert Rivera aguanta razonablemente el tsunami VOX según la mayoría de estudios sobre estimación de voto, algo que se explica por la prudencia que demuestran algunos dirigentes de la formación naranja a la hora de abrazar los postulados defendidos por el partido de Santiago Abascal.

De la incapacidad de VOX para postularse como una opción de gobierno seria puede depender un acercamiento más o menos claro de C’s al PSOE para reeditar un acuerdo similar al que en su momento firmaron Rivera y Pedro Sánchez en la investidura fallida tras las elecciones generales de 2015. Las negociaciones para formar los gobiernos municipales y autonómicos tras el 26 de mayo serán un buen termómetro.

La obsesión del PP se llama VOX

Hablamos de una suerte de luna de miel entre las direcciones del PP y de VOX, que se percibió en las negociaciones para colocar a Juan Manuel Moreno como presidente de la Junta de Andalucía y que se vivió también el pasado fin de semana durante la celebración de la Convención nacional del PP que rescató al aznarismo del rincón de la historia en el que habíasido  colocado durante el mandato de Mariano Rajoy. Durante los discursos, con especial mención al de José María Aznar, que volvió a entrar por la puerta grande, VOX fue la referencia explícita e implícita, un dato que muestra la obsesión de la dirección actual de Génova 13 por el daño que la aparición de VOX le pueda hacer en las urnas.

Un dato. De acuerdo con un sondeo de Invymark difundido por Telemadrid, VOX obtendría el 12.2% en la CAM, un dato similar al que obtuvo el partido en Andalucía y que evidencia lo que ya hemos avanzado en este blog: La pujanza de una opción como la que encabeza Santiago Abascal en territorios muy concretos del país, con correspondencia entre lo que gana VOX y lo que pierde el PP (-11.48 puntos respecto al resultado de 2015), lo que hace pensar también en un techo electoral para la formación ultra en su mejor momento. No ayuda la sobreexposición de sus líderes y las lagunas que muestran en todos los asuntos que no tengan que ver con gritar “viva España” o en arremeter contra el feminismo.

El mandato de Pablo Casado, y la elección de cabezas de lista vinculados al PP de Aznar de alguna manera, confirma la mala digestión que los populares están realizando de la aparición de una competencia en su flanco más extremo. No se explica de otra manera que, con la que ha caído, se vuelva a recuperar los nombres de Esperanza Aguirre o de Cristina Cifuentes en la CAM o que la número 1 del PP por Madrid haya repescado a Miguel Angel Rodríguez, ex portavoz del primer Gobierno de Aznar, como asesor en esta campaña.

Con estos gestos, Casado opta por recuperar la idea de una derecha unida, en torno a la figura de Aznar, olvidando que en, este ocasión, su discurso no será performativo respecto a la realidad. Y ésta habla del desgaste de su figura durante su segunda legislatura y la diferencia principal respecto a los años ’90 que mina la propia idea de su defensa de la unidad de las derechas: Aunque se puedan llegar a acuerdos, como en Andalucía, existe una competencia directa entre PP y VOX por un tipo de electorado y entre el PP y C’s por el votante más centrista, ese que se supone que decide las elecciones y que puede salir espantado ante la connivencia del PP con VOX.

Al PSOE no le salen los números

Todos los estudios sobre estimación de voto sitúan al PSOE como primera fuerza política si hoy hubiera elecciones generales. Una lista encabezada por Pedro Sánchez le haría ganar 2-3 puntos respecto al resultado conseguido en los comicios de 2016 y le situaría en los 100 diputados. Es decir, en el peor momento de Podemos, con una descomposición de las candidaturas de aluvión que se decidieron entre 2015 y 2016 para ejecutar el sorpasso fallido al PSOE, los socialistas son incapaces de ilusionar a un electorado que prefiere irse a la abstención y esperar al tsunami de las derechas. Podemos ver la lección andaluza repetirse en todo el país, mientras nadie parece capaz de frenar la apatía ciudadana que John Carlin percibe en torno al Brexit en Reino Unido y que en España se percibe ante el próximo ciclo electoral.

Ésta es la lectura que se ha comenzado a filtrar desde los diferentes territorios, quizás en un intento de minimizar las celebraciones de Ferraz ante el colapso de Podemos, con invitación expresa a Errejón para que se integre en el PSOE: “nuestro partido es la gran casa de la izquierda. Aquí ha entrado mucha gente a lo largo de los años. No sé lo que tiene en mente Iñigo Errejon, pero en este partido las puertas están abiertas”.

Sea como fuere, el mensaje de prudencia ante la situación interna de la formación morada también ha llegado a La Moncloa: Con un Podemos roto y debilitado internamente, el trabajo realizado para destensar el conflicto catalán, con la seducción cada vez más evidente de ERC, es inútil e incluso perjudicial para los intereses de los barones socialistas, como se evidenció en Extremadura con la petición de la aplicación del art. 155 de la CE de nuevo mientras en el proyecto de PGE del Gobierno se destaca especialmente la partida que recibiría Cataluña.

Con este combo, Sánchez debiera comenzar a asumir que será imposible revalidar una mayoría similar a la de la moción de censura que le hizo convertirse en presidente del Gobierno, lo que deja todo el espacio abierto a Casado para explorar una alianza a la andaluza más o menos permanente, a la espera del desgaste natural que llegará a VOX entre su electorado más efervescente.

Podemos se desintegra en una lucha personal

Este lunes, Iñigo Errejón anunciaba que dejaba su acta de diputado para centrarse en el proyecto que ha decidido liderar junto a Manuela Carmena en Madrid. Tras explicar su decisión en La Sexta (no podía ser menos) el sábado por la noche, se ha constatado la ruptura interna y pública en Podemos entre las corrientes que vencieron en Vistalegre II -que tachan de traición el movimiento de Errejón- y las que, de una manera u otra, han permanecido agazapadas a la espera de un momento más propicio.

El anuncio de Errejón, que en el momento de elaboración de este post se definía como militante de Podemos, ha permitido cristalizar el enfrentamiento entre los “pablistas” (en horas bajas de reputación por la compra del chalet en Galapagar) y la oposición de todos los que, en algún momento, tuvieron algún conflicto directo con Pablo Iglesias, dato que se vuelve a explicar por la conexión personal que muchos de ellos mantuvieron hasta 2016. También se encuentran entre los que empujan a Errejón muchos de los que en su día abandonaron IU para conformar las listas de Podemos ante la evidencia de que IU no podía ser ni el presente ni el futuro de la izquierda en España.

Viñeta de Gallego y Rey en elmundo.es

Como apuntábamos hace unos días, el proyecto ha durado exactamente cinco años y, en estos momentos, y a pesar de la buena voluntad que los cercanos a Errejón muestran en las redes sociales, está más cerca de desintegrarse que de poder insuflar ilusión a un electorado que cada vez parece más desconectado de las pugnas personales de dirigentes que parecen más interesados en organizar su propio futuro profesional que de conectar con una realidad en el que crece la desigualdad y, sobre todo, la falta de perspectivas.

C’s, a la espera de lo que digan las urnas

Desde hace unos meses, el partido de Albert Rivera muestra cierto interés por mirar hacia el centro ideológico, consciente de que al final la contienda electoral se mide en ese sector del electorado. Las negociaciones de Andalucía han añadido cierta incertidumbre a ese viraje, esperado en términos de estrategia electoral, que se puede explicar desde la necesidad de empujar a un cambio de gobierno tras 36 años de hegemonía del PSOE. Su intento de no acercarse demasiado a la onda expansiva de VOX certifica la estrategia de la formación morada en estos momentos, a la espera de abrir un abanico de negociaciones en mayo tanto con el PP como el PSOE en función de sus necesidades.

En este punto de la legislatura, y a pesar del acercamiento del PSOE a los partidos independentistas catalanes y de las palabras gruesas de Albert Rivera contra Pedro Sánchez por negarse a adelantar las elecciones generales, no se puede descartar en absoluto una relación más fluida entre ambos partidos por pura supervivencia. Los resultados de los comicios de 2015 y de la repetición del 26J de 2016 mostraron que la política necesitaba cintura para la negociación con otras fuerzas políticas por la propia fragmentación del electorado, una tendencia que no se va a corregir en las próximas citas electorales.

En ese punto, y con la implosión de Podemos, C’s aparece como la fuerza política mejor colocada para negociar programas y políticas concretas, una vez asumido que, a pesar de lo que arrojen políticas concretas, no existen grandes diferencias entre los diferentes partidos en asuntos como el modelo económico, el modelo territorial o el papel de España en una escena internacional que, simplemente, ignoramos a pesar de su influencia.

CODA. Cartel difundido por el PP en su cuenta oficial de Instagram. No se puede añadir nada más:

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Y al quinto año, Podemos colapsó

La aventura ha durado exactamente cinco años. En el aniversario de la fundación de Podemos, la guerra de guerrillas abierta en la organización desde que las elecciones generales de 2016 confirmaron que no había sorpasso al PSOE y que la formación morada debía rearticular su estrategia ha proporcionado el enésimo capítulo de la voladura interna de un proyecto político que pretendía ser la voz de los indignados y, en general, de los disconformes con el statu quo del sistema representativo español.

En el quinto aniversario de su fundación, vivimos en directo la consumación de muchos de los males que tradicionalmente han lastrado la acción de las formaciones de izquierdas: Las cuentas personales entre dirigentes, expuestas en público, les llevan a anteponer su propio beneficio (y el de los sectores que encabezan) al del partido o, si elevamos el nivel, del país. Así, frente al pragmatismo que muestran las organizaciones de centroderecha, con un último ejemplo en el acuerdo para elegir al líder del PP como presidente de la Junta de Andalucía, la izquierda se acuchilla ante los focos de los medios por cuestiones puramente personales.

La penúltima batalla la hemos vivido en directo en Madrid, como no podía ser de otra forma: En mitad de las negociaciones para confirmar la lista de Podemos en la Comunidad de Madrid, casi el único bastión  de poder de la formación morada tras la disputas en otros territorios, Iñigo Errejón se levantó de la mesa y anunció su intención de articular un proyecto político como el de Manuela Carmena en el Ayuntamiento de Madrid.

El anuncio de Errejón, que dice sentirse todavía dentro de Podemos, no ha pillado a casi nadie por sorpresa; sí ha sorprendido, en cambio, su llegada al artefacto electoral de Carmena tras una negociación de meses, según filtran a los medios sectores vinculados a Pablo Iglesias. El protagonista, en cambio, justificó su decisión en lo ocurrido en las elecciones andaluzas: “A veces los partidos caen en un ensimismamiento a pesar  de los toques de atención que nos da la realidad. Andalucía nos ha dado un toque muy serio y nos ha dicho que hay que reaccionar. Todo el mundo reconocía que hace falta un revulsivo, sumar a una buena parte de electores que se encuentran huérfanos o que se han desgastado por el camino”.

Errejón pone en marcha un proyecto, que también acompañan personalidades vinculadas en el pasado a IU-Madrid, con un objetivo orgánico: Desvincularse de facto de la organización que controla en Madrid Ramón Espinar para presionar a Pablo Iglesias, que en su momento le ofreció autonomía si Errejón dejaba las conspiraciones a nivel nacional para centrarse en su candidatura en Madrid. Aquella decisión, que buscaba no dividir todavía más una organización que manifestaba su incapacidad para adaptarse a una legislatura sin tensiones electorales, es lo que ha estallado en estos momentos ante la colocación de la líder de IU-Madrid, Sol Sánchez, como número 2 de la lista de Podemos en la CAM en correspondencia con la aportación de la organización a la campaña electoral.

Es decir, en las elecciones autonómicas de mayo, Errejón pretende encabezar el cartel electoral de Podemos con un estatus parecido al de candidato independiente vinculado a Más Madrid, el proyecto de Carmena con confirmó su ruptura con Podemos, con consecuencias directas en torno a la suspensión de los concejales que no acataron la disciplina de Podemos y se embarcaron en el proyecto de la alcaldesa de Madrid.

Una idea que, por cierto, Pablo Iglesias ya descartó en su valoración del anuncio: “Con todo el respeto, Íñigo no es Manuela. En la Comunidad de Madrid y en todos los demás municipios de nuestro país, Podemos saldrá a ganar, construyendo con Izquierda Unida y con el resto de aliados UP y candidaturas municipalistas de unidad. Y lo seguiremos haciendo con la sociedad civil y con la gente”. Podemos articulará una lista que competirá en las urnas con la marca política que lidere Errejón, un golpe indirecto a las opciones del cabeza de lista del PSM, Angel Gabilondo, para ser el próximo presidente regional y, de paso, para el futuro de Pedro Sánchez a medio plazo.

Ventana de oportunidad y relaciones personales

La historia de la fundación de Podemos es bien conocida: Tras las movilizaciones del 15M y de las mareas ciudadanas, que pillaron con el pie cambiado a casi todos los académicos y sectores articulados en torno a movimientos sociales clásicos, se entiende que ni el PSOE ni IU son las referencias para articular proyectos políticos conectados con la calle. Ante las elecciones al PE, en las que es más fácil que una formación nueva consiga escaño por la aplicación de la  Ley D’Hondt a una única circunscripción, un grupo de amigos, vinculados  a la Universidad Complutense y que en su momento trabajaron también para IU y el PSOE, decide en 2014 articular una organización política aprovechando el impulso de las movilizaciones contra el Gobierno de Mariano Rajoy.

Las razones: la incapacidad que muestra el principal partido de la oposición en ese momento, el  PSOE, para superar el castigo recibido en las elecciones de 2011 por su gestión de los primeros años de la crisis y la falta de confianza ante las opciones de que IU liderara ese cambio. Ese grupo estaba atravesado por dos disyuntivas que, a la larga, serían su condena: Una relación de amistad personal construida durante años de militancia y trabajo en la UCM y una trayectoria profesional académica, con escasa conexión al mercado laboral, lo que les obligaba a hacer de la política una profesión permanente a pesar de los discursos esgrimidos.

Viñeta de Ricardo de julio de 2016

Las elecciones municipales les permitieron tocar poder real y, de paso, explorar la alianza con las fuerzas de izquierdas ante la articulación de un proyecto frente al PP. Los comicios generales de 2015 constituyeron el primer aviso de que Podemos podía sobrepasar al PSOE como primera fuerza en la izquierda tras haberse merendado a IU, que desde 2014 purga el pecado de no haber aceptado conformar una lista conjunta con Podemos al PE, con Pablo Iglesias como número 2 de la lista. Tras el fracaso de la negociación del acuerdo de gobierno con Pedro Sánchez, en buena medida atribuida a las aspiraciones maximalistas de Podemos, llegaron las elecciones generales de junio de 2016, en las que el PSOE aguantó el tsunami morado contra todo pronóstico.

Las urnas arrojaron dos conclusiones: La suma de Podemos e IU no había conseguido desbancar al PSOE en su peor momento político desde la Transición por lo que, a la espera de que Podemos se institucionalizara, todo estaba a favor para entender que su momento había pasado. Seguramente nadie en Ferraz esperaba la crudeza de las disputas internas, con la retirada paulatina de los fundadores de Podemos que, por cierto, estos días han mostrado su apoyo a la estrategia de Errejón. 

Una ruptura anunciada 

Es en este contexto en el que se empiezan a hacer patentes las diferencias estratégicas entre el sector articulado en torno a Pablo Iglesias (apoyado también por IU) y el de Iñigo Errejón, más partidario de articular proyecto transversal con un acercamiento al PSOE ante la confirmación de que, llegado el momento, había que entenderse para poder desbancar al PP del Gobierno. En los últimos tiempos, Errejón ha abrazado a la defensa de un cierto españolismo acorde a los tiempos que vivimos, con menciones  a la recuperación de los símbolos nacionales por parte de la izquierda con el fin de cerrar la ventana de oportunidad que está aprovechando VOX para crecer políticamente.

Es decir, Podemos afrontó como pudo el eterno debate de la izquierda sobre las opciones de empujar a un cambio radical o el posibilismo de ir cambiando las cosas poco a poco mediante el conocimiento de las instituciones. Así se llega al segundo congreso de Vistalegre, que dio carta blanca a Iglesias tuviera para desplazar a todos los sectores que en su momento habían apoyado a Errejón, limitando la maniobra de acción del defensor del “núcleo irradiador” a la CAM, donde no ha cesado la guerra de guerrillas en las que Podemos lleva embarcado desde hace dos años. 

El colapso de Podemos, que este jueves se confirmó con la reaparición de Pablo Iglesias, que interrumpió su baja por paternidad para responder al anuncio de Carmena y Errejón, se produce, como siempre, en el peor momento posible. El miércoles, Juan Manuel Moreno fue elegido presidente de la Junta de Andalucía con los votos de PP, C’s y VOX, una maniobra defendida también en Madrid por Begoña Villacís, la principal beneficiaria de esa triple alianza si se confirman los sondeos que circulan sobre estimación de voto en el Ayuntamiento de Madrid.

Así, mientras otros dirigentes de C’s filtran a los medios que el partido está abriendo un periodo de reflexión y que hay corrientes que no se sienten cómodos compartiendo fotografía con los líderes de VOX, en Madrid se dejaba claro que C’s está por la negociación con la formación de ultraderecha. El leit motiv de la campaña electoral de la izquierda, por lo tanto, estaba ya fabricado de antemano y sólo se requería un poco de altura política y, quizás, dejar en un lugar secundario las expectativas personales.

Pero no. Madrid vuelve a ser la referencia de lo peor de la política, con un rearme de la derecha que sólo se articula desde la renuncia de la izquierda a presentar batalla, lo que deja a los electores dos opciones: La abstención o el voto con la nariz tapada a la opción percibida como la menos mala. Por un lado, tenemos al PSOE, situado entre la apatía que proyecta un Angel Gabilondo que no quiere entrar a debatir en el barro y la búsqueda de alguien que acepte encabezar la lista del Ayuntamiento de Madrid. Por otro, queda el espectáculo del ajuste de cuentas explícito y en público de los dirigentes de Podemos, con Pablo Echenique señalando directamente la puerta de salida a Errejón, con IU como figurante invitado.

En el centro derecha, mientras, pueden seguir comiendo palomitas ante una deriva que ayudará a que Isabel Ayuso, cuyo liderazgo se explica únicamente por su cercanía a Pablo Casado, pueda convertirse en la próxima presidenta regional con una alianza similar a la que han orquestado PP, C’s y VOX en Andalucía. La siguiente parada serán las elecciones generales en otoño.

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La CDU recupera espacio tras la elección de AKK

Lo apuntábamos hace un mes: La elección de Annagrete Kramp-Karrenbauer como líder de la CDU en sustitución de Angela Merkel frena la caída registrada por los conservadores germanos en los últimos meses. Con un 30% de media, los estudios publicados a lo largo del mes de diciembre sitúan al partido de centroderecha alemán más cerca de porcentaje de voto obtenido en las últimas elecciones generales, que parece ser el modelo de fragmentación política en el que se moverá la política alemana en los próximos años.

En la práctica, el partido de AKK sube 3.3 puntos respecto al promedio de estudios del mes de noviembre, los últimos en los que se preguntó por la intención de voto con Merkel como cabeza de lista. El cambio, por lo tanto, parece haber beneficiado a la CDU, con un ascenso moderado que, por ejemplo, no tiene nada que ver con lo que le ocurrió al SPD tras la elección de Martin Schulz como candidato. Ya conocemos la historia, por lo que es posible que éste sea un ascenso con más proyección que el que su día protagonizó el líder socialdemócrata.

Los datos de la CDU se traducen en las opciones de otros partidos que habían comenzado a recibir voto por parte de su electorado más crítico. Es el caso de los liberales, que se moverían en torno al 8% de media tras ceder 0.8 puntos respecto a los sondeos de hace un mes y 2.7 puntos si lo comparamos con sus resultados en los últimos comicios.

Por su parte, Los Verdes siguen despuntando como la opción preferida como alternativa a la CDU, aunque se coloca a casi 10 puntos de las opciones de una lista encabeza por AKK. Con un 19.3% de media, suben 10.4 puntos desde los comicios pero bajan 2 puntos respecto a los sondeos de hace un mes. La suma de lo que pierden ambos partidos es justo lo que crece la CDU, por lo que no sería descabellado pensar en una vuelta de los votantes perdidos, algo que está pendiente de asentarse o no en las próximas semanas.

No hay grandes novedades entre el SPD y AfD, que compiten por ocupar la tercera y cuarta plaza en el Bundestag. Con un 14.5%, el SPD pierde 6 puntos respecto a los últimos comicios, aunque la buena noticia es que no cae más respecto a la estimación de voto del mes de noviembre. Estos días, se recuerda su pasado histórico mientras  su líder se encuentra inmersa en un debate que cuestiona su liderazgo y sus opciones como cabeza de lista en las próximas elecciones generales mientras que, desde el Gobierno, se pone el foco en exigir información y responsabilidades a su socio de gobierno por la filtración de datos personales de periodistas y políticos.

En el caso de AfD, se deja 0.2 puntos respecto al mes anterior pero sigue en el 14.3% de media, +1.7 puntos respecto a las últimas elecciones y con anuncios de nuevas escisiones que pueden dañarle, precisamente, en las zonas del país donde la ultraderecha es más fuerte: André Poggenburg anunció que fundará otro partido, Aufbruch deutscher Patrioten, y que su objetivo serán los comicios que se celebrarán en el este del país a lo largo de este año. La marcha de Poggenburg se sumaría a la que en 2o17 protagonizaron Frauke Petry, ex presidenta de la formación, y Uwe Wurlitzer y Kirster Muster, ambos pesos pesados del partido en el este del país.

Die Linke, por último, se movería en torno al 8.3% de media, casi un punto por debajo de su último resultado en las urnas y respecto al 9.1% de promedio de hace un mes. Si se mantiene el cordón sanitario frente a la ultraderecha, su apoyo será fundamental en el caso de que se consume un acuerdo entre el SPD y Los Verdes para imprimir un giro de izquierdas a la cancillería.

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El acuerdo del PP con VOX y C’s en Andalucía reconfigura la legislatura

La teatralización de las últimas semanas a cuenta de la negociación del futuro gobierno de la Junta de Andalucía culminó este miércoles con el anuncio de acuerdo entre el PP y VOX que, unido al acuerdo previo de los populares con C’s, garantiza el cambio de gobierno en Andalucía tras 36 años de hegemonía del PSOE. Juan Manuel Moreno, desahuciado políticamente hasta que las urnas desvelaron sus opciones de evitar que Susana Díaz revalidara mandato, se convertirá previsiblemente en el próximo presidente de la Junta tras protagonizar unas negociaciones que trasladan tres conclusiones.

Primera lección: El PP se adapta al ciclo como primera fuerza conservadora. El fenómeno VOX, completamente desmadrado de acuerdo a los datos de los últimos sondeos sobre estimación de voto, ha llegado para quedarse, especialmente en un contexto de clara desmovilización de la izquierda que, en la práctica, se traduce en que la división histórica en el centroderecha español se traduce en una pérdida de apoyo que el PP sustituye con un planteamiento de negociación hasta las últimas consecuencias con las formaciones que estarían creciendo, precisamente, gracias a su fuga de votos.

A pesar de lo ocurrido en Andalucía y de lo que recogen los sondeos, el PP puede afrontar el próximo ciclo como primera fuerza política conservadora, a la espera de que el suflé VOX comience a descender cuando sus potenciales votantes más exigentes, muchos procedentes de las filas populares, vean en la práctica que no es tan sencillo trasladar a la vida institucional y política sus postulados, que el propio partido difundió en la víspera del acuerdo en Andalucía.

Santiago Abascal los defendió de esta manera: “Son propuestas para negociar y no órdagos. Tenemos el derecho y el deber de hacerlas. No pretendemos contentar a todo el mundo pero tampoco engañar a nadie. Y así seguiremos, representando a los 400.000 andaluces que nos han dado su confianza. Sin miedo, y sin pedir permiso” ha escrito Abascal en la red social, donde insiste en que Vox ha presentado un documento “negociable” frente a “otros” que “han tratado de dinamitar el cambio”.

Segunda lección: Génova como epicentro de todas las negociaciones. Ante este escenario, Génova ha decidido asumir en primera pesona las negociaciones para la formacion del gobierno andaluz con las direcciones nacionales de C’s y de VOX. De esta manera, si se repite la misma situación que la derivada de las elecciones andaluzas, parece claro que el equipo de Pablo Casado liderará las conversaciones para formar gobiernos autonómicos alternativos, en lo que parece la confirmación de su desprecio a la construcción autonómica y al reparto de poder derivado de la existencia de CCAA. Si se repite el modelo andaluz, la última decisión llegará desde Madrid y sus respectivos candidatos aparecerán simplemente como invitados obligados en el momento de la firma de los acuerdos.

Viñeta de  en ABC

Tercera lección: Refuerzo del marco conservador. El último mensaje, y quizás el que más recorrido tiene en este momento, tiene que ver con la propia estrategia desplegada por el PP. Las negociaciones del futuro gobierno andaluz han evidenciado que la dirección nacional del principal partido de la oposición está dispuesta a pactar con quien sea y en los términos que sea si eso supone tocar poder, una característica muy en consonancia con el tipo de liderazgo que ejerce Pablo Casado.

La penúltima confirmación de la elasticidad de los principios ideológicos, en estos momentos más cercanos al extremismo que representa Abascal que las corrientes más vinculadas a Mariano Rajoy, llegó la víspera del anuncio del acuerdo, con la difusión del programa de máximos que VOX puso sobre la mesa, absolutamente desquiciado. A pesar de los mensajes públicos de algunos de los barones del PP, que en los próximos meses se juegan su propio fututo político, el PP llegó a un acuerdo con la formación que lidera en España Abascal con la reducción de la carga neocon de algunos de los postulados recogidos en el documento pero que, en esencia, asume como propio el ideario de VOX.

El acuerdo andaluz y, sobre todo, la combinación de un efecto hooney moon que recogen todos los estudios demoscópicos y del dominio de la agenda mediática por parte de VOX plantean una legislatura en la que los marcos se han desplazado a la derecha de manera significativa, con un PP empeñado en unir su futuro al de la ultraderecha y un C’s que no sabe cómo situarse tras los últimos movimientos. La pugna, a pesar del intento de Albert Rivera por desentenderse del acuerdo alcanzado por el PP y VOX en Andalucía, se concentra en el marco del centroderecha y la extrema derecha, algo que reafirma el propio acuerdo alcanzado en Andalucía.

La oportunidad del PSOE se postularse como voto útil

Como se esperaba, el desplazamiento del discurso y de la propia atención del electorado a la derecha provoca que el centro ideológico queda desatendido, a la espera de los mensajes que lance en esa dirección del PSOE, que este viernes presentará su proyecto de PGE. Ante unas perspectiva de elecciones generales en octubre, Pedro Sánchez tiene recorrido suficiente para presentarse como el único voto útil para frenar que el PP (e indirectamente C’s) asuman los postulados de VOX a cambio del reparto de carteras, algo que veremos con total seguridad a partir de las elecciones autonómicas y municipales de mayo.

En este momento se plantean dos posibililidades que, en principio, parecen contradictorias pero que no lo son tanto si tenemos en cuenta la propia trayectoria de Sánchez: Por un lado, un reajuste de la estrategia de Ferraz para situar a C’s en el mismo lugar que el PP y VOX, algo relativamente sencillo si tenemos en cuenta los equilibrios de Rivera para no aparecer públicamente vinculado con la formación ultra. Por otro, la necesidad de mantener a C’s como posible socio de cara a la formación de los próximos gobiernos a partir de las elecciones del mes de mayo y que podrían servir de antesala para una posible negociación tras las generales. Estos días hemos visto muestras de las dos estrategias: La de cal, por parte de Moncloa, atacando duramente a C’s por el acuerdo  en Andalucía y la de arena, con los barones del PSOE filtrando a los medios que mantienen los puentes abiertos con el partido de Rivera para hablar a partir del 27 de mayo.

Al margen del cambio histórico en Andalucía ha dejado paso a una preocupación creciente ante el acercamiento del votante a un fenómeno como VOX, empeñado en una guerra cultural similar a la de los neocons estadounidenses pero incapaz de plantear una sola medida contra el desempleo en la CCAA con mayor tasa de paro. Frente a la realidad, propone tipos únicos de IRPF (lo que beneficia a las rentas más altas), subvencionar la tauromaquia o la Semana Santa y equiparar en la distribución de fondos la educación público respecto a la concertada o privada,

Desde el 2 de diciembre, el fenómeno VOX ha centralizado la atención de unos medios de comunicación que, en su mayoría, ni siquiera ha hecho el esfuerzo de señalar el origen de buena parte de los líderes de la formación y de sus votantes potenciales o rebatir las barbaridades manfiestadas por sus dirigente sen directo. En la práctica, tratan a VOX como una fuerza política más o blanquean sus planteamientos más extremos, lo que traslada la idea de que VOX es una fuerza política que merece respeto a pesar de sus ataques frontales a las mujeres que no cumplen con el rol tradicional, a los colectivos LGTB o a todo lo que no huela a esencialismo español y al manejo de cifras sesgadas o, directamente, bulos para defender sus postulados.

Llevamos casi seis semanas en los que el discurso político y la agenda mediática gira en torno a VOX. De ahí que resulten significativos los análisis que asumen su crecimiento en en los sondeos en los próximos meses y también la manera en la que, personalmente, se puede actuar para que sus mensajes y discursos ideológicos no sean unánimes. Toca releer a George Lakoff (el autor de “No pienses en un elefante“) que, en esencia, plantea que es el momento de diseñar marcos ideológicos propios que no pasen por ser la contraposición del marco del rival. En esa pugna, el que toma la iniciativa tiene las de ganar.

CODA. Destaco especialmente dos análisis sobre cómo se puede combatir el fenómeno VOX desde las redes sociales, que está sirviendo de plataforma para la difusión de sus mensajes en combinación con el uso de Whatsapp: Gutiérrez-Rubí pulsa la tecla de aviso adecuada:

En redes sociales, Vox es uno de los partidos que consigue mejor rendimiento a su presencia en estas plataformas. El tipo de contenido y la segmentación realizada con sus publicaciones provoca que sean los usuarios con un perfil de izquierdas los que más estén hablando en redes de esta formación política.

Otro factor importante es su reacción a los memes contra la formación, practicando contra esos usuarios judo digital. Ante ello, Vox contraataca. A nivel volumétrico, ya superan en número de seguidores a PP, CS y PSOE en sitios como Instagram. Precisamente el éxito en esta plataforma, la más utilizada entre los más jóvenes, es una de las claves que algunos consideran ha sido la causa de éxitos como el lleno del mitin de Vistalegre.

César Calderón, por su parte, escribe tres ideas que conviene grabarse:

A día de hoy la principal batalla que está ganando Vox es la de la agenda, están colocando sus temas estrella, los que les aportan mayor rédito(inmigración, conflicto territorial) como objeto de debate en los medios, y tanto estos como el resto de partidos están entrando a ese trapo, limitando su aportación a responder a Vox y auto-anulando su propia capacidad de propuesta política.

Un debate político no lo gana quien solo quien consigue imponer su agenda, sino aquel que además de esto consigue imponer su marco conceptual, lo que los norteamericanos llaman ‘framing’.

La clave es traer a primer plano lo que significaría la aplicación de esas propuestas de gobierno de Vox para la vida de la gente, y no de la gente en general, sino de cada ciudadano, y no teóricamente, sino en lo concreto: en sus derechos, en su educación, en su sanidad, en sus impuestos, en la vida de sus hijos…

 

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El ciclo electoral arranca con la derechización del electorado

Tal y como apuntamos, el tsunami VOX ya está aquí. Tras su irrupción en el Parlamento andaluz, el cierre del año ha pivotado en torno a su marca, discurso y líderes en un contexto de polarización del electorado y de desmovilización de la izquierda. La consecuencia directa es la inclusión de la marca VOX en todos los sondeos sobre estimación de voto publicados durante el mes de diciembre, con grandes oscilaciones entre los estudios publicados a comienzos del mes y los que se han hecho públicos al cierre del año. En todo caso, el partido que lidera Santiago Abascal irrumpe como un actor al que se deberá tener en cuenta en el próximo ciclo político, sobre todo si finalmente hay un adelanto de los comicios generales al SuperMayo electoral.

La principal conclusión de los estudios demoscópicos publicados en el mes de diciembre es que todas las formaciones con implantación estatal retroceden en porcentaje de voto, especialmente PP y C’s, partidos en los que VOX podría estar pescando un tipo de electorado muy concreto. Sin embargo, la novedad es que también retrocede la izquierda, un hecho que tendría dos motivos.

Por un lado, una fuga de votos del electorado menos ideologizado que votaba PSOE por su discurso en torno a España o a Unidos Podemos por su crítica generalizada al sistema. Por otro, una desmovilización del electorado de izquierdas evidente ante el giro a la derecha que apuntan todos los sondeos, con VOX como actor principal del nuevo eje que formarían PP y C’s.  Es decir, podemos estar ante la repetición de lo ocurrido en Andalucía el pasado 2 de diciembre, con una victoria de la derecha por la renuncia de la izquierda.

Con un 24.48% de media, el PSOE seguiría siendo la fuerza más votada aunque cae 1.3 puntos en relación a los estudios publicados hace un mes. De acuerdo con estos datos, conviene tener en cuenta el efecto distorsionador que provoca el dato del CIS (31.2%), muy por encima de la media del resto de estudios. Si nos fijamos en la estimación de diputados, los socialistas mejorarían los resultados conseguidos en 2016 aunque todavía estaría lejos de los 110 escaños obtenidos por Alfredo Pérez Rubalcaba en 2011.

A pesar de que el PSOE mejora los resultados de los últimos comicios, no aprovecha la caída de Unidos Podemos, que se situaría en el 16.4% de media, -0.6 puntos en comparación con la media del mes de noviembre. La lista morada, que se deja 4.68 puntos en relación a sus resultados de las elecciones del 26J, pasa de 71 a una horquilla de 48-63 escaños, por lo que pasaría a sufrir las consecuencias de la aplicación de la LOREG como cuarta fuerza con representación parlamentaria.

Enfrente, se consuman dos tendencias compatibles entre sí: Un giro a la derecha que roza la extrema derecha en algunos puntos, tal y como se desprende de los discursos esgrimidos por los líderes de PP y VOX especialmente; y una fragmentación en el centroderecha similar al que en su día sufrió el PSOE con la irrupción de Podemos y de la que aún no se ha recuperado. Entre los tres partidos sumarían el 49.1% de media frente al 46% que suman PP y C’s en el actual parlamento, datos que conviene matizar a la espera de cómo se dirime la relación entre C’s y de VOX, enfrentados en las redes sociales en los últimos días por la negociación del acuerdo de gobierno en Andalucía.

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El PP, con un 20.7%, se convierte en el principal damnificado de la irrupción de VOX, un dato congruente si analizamos cómo es la base electoral que está llegando en aluvión a la formación ultra. A pesar de la elección de Pablo Casado, un líder que puede tratar de tú a tú a Santiago Abascal, el PP sigue desangrándose, ahora por su flanco derecho: Se ha dejado 12.3 puntos en intención de voto desde las elecciones de 2016 y cae nada menos que 3 puntos respecto a los datos de hace un mes. Y eso si no tenemos en cuenta el efecto distorsionador de las estimaciones de NC-Report (24.4%) y Celeste-Tel (24.7%) respecto al resto de estudios, que sitúan al PP entre el 19-21% de representación política.

C’s también es otro de los partidos que sufre el desgaste de la irrupción de VOX: Hoy sería tercera fuerza parlamentaria y se movería en torno al 19.5% de estimación de voto, a poco más de un punto del PP. En la práctica, C’s suma 6.5 puntos al porcentaje de voto recibido hace tres años pero cae 1.7 puntos si tenemos en cuenta los datos que analizamos hace un mes. En sus cuarteles generales se analiza el equilibrio de un acercamiento pragmático a VOX y el impacto de una larga campaña electoral con la foto fija de una relación directa pero conflictiva con la formación ultra, lo que podría ahuyentar a su electorado más moderado.

VOX, con un 8.9% de media, entraría en el Congreso de los Diputados con horquillas de diputados que van desde los 10 a los 29 (Metroscopia) y con porcentajes de voto que le sitúan como tercera fuerza parlamentaria con el 17.1% de estimación de voto (Juan José Domínguez). Como se esperaba, tras la sorpresa de Andalucía llega su ascenso como formación política percibida como novedosa por parte de un electorado muy crítico con el sistema actual y con los marcos que VOX ha elegido como tablero de pugna en lo que entra a diario.

La formación ultra, además, se enfrenta con una suerte histórica que, por ejemplo, Podemos no vivió en su día: Afrontará los comicios de mayo con muy poco margen para su desgaste, por lo que deberemos prepararnos para su presencia en los parlamentos autonómicos (sólo Euskadi y Cataluña parecen ser inmunes a VOX), en los Ayuntamientos y en el PE en la próxima legislatura.

De la prerrogativa presidencial para adelantar los comicios generales dependerá la posibilidad de que veamos también un VOX fuerte en el Congreso de los Diputados, una vez confirmado que el PP está más que dispuesto a negociar con el que considera su hijo pródigo. Si el PSOE logra constituirse como el único frente contra la ultraderecha, es posible que veamos finalmente un adelanto de las elecciones generales a mayo, aunque nuestra apuesta sigue siendo el próximo otoño.

CODA. Datos del sondeo de GAD3 para ABC sobre el reparto del poder municipal en las próximas elecciones de mayo. A esto nos referíamos anteriormente cuando apuntábamos que había que prepararse para la llegada de VOX a las instituciones de forma masiva:

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CODA 2. Los resultados de las elecciones andaluzas han vuelto a poner en evidencia las grietas internas en el PSOE, con avisos velados de que se reabrirá la pelea interna si Ferraz realiza movimientos para hacer dimitir a Susana Díaz. La salud precaria del partido se percibe también en la desaparición de los relatos que apuntaban a comicios adelantos en la Comunidad Valenciana o a la negativa de Alfredo Pérez-Rubalcaba y de José Luis Rodríguez Zapatero a liderar la candidatura socialista al Ayuntamiento de Madrid. Si tenemos en cuenta la mala relación que Sánchez mantiene con sus antecesores, esta petición define perfectamente la falta de banquillo en una plaza tan simbólica como Madrid.

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VOX en el epicentro del ciclo electoral 

Los resultados de las elecciones andaluzas han tenido un efecto muy parecido al de las elecciones europeas de 2014: La confirmación de un cambio en el sistema político y de partidos que, con cierta estabilidad, perduró en España desde la restauración democrática. A pesar de que Podemos sólo obtuvo 5 escaños en el PE, su irrupción constató la brecha en el bloque de centroizquierda con una tendencia a la fragmentación que se plasmó en las elecciones autonómicas y municipales de 2015 y en las elecciones generales de 2015, repetidas en junio de 2016 por la falta de acuerdo para consensuar un Gobierno.

Con todos los matices, las elecciones autonómicas andaluzas han trasladado la idea de que, con retraso, la fragmentación ha llegado también a todo el espectro del centroderecha, con la ruptura del electorado tradicional del PP que, en este ciclo electoral, podrá optar por tres marcas políticas que defienden postulados parecidos en las ideas fuerza del marco actual: PP, C’s y VOX. Enfrente tenemos a Unidos Podemos, que parece cada vez más desconectado de su base electoral, y a un PSOE que se tienta la ropa tras el aviso andaluz, pero con opciones de capitalizar la oposición a la derecha.

Como ya apuntamos en su momento, la decisión de Génova de escorar el partido a la derecha, uniendo su destino a VOX, deja huérfano un espectro ideológico en el que pueden competir C’s y el PSOE. Hasta que se abrieron las urnas en Andalucía, parecía que la formación naranja comenzaba un viraje tranquilo hacia el centro, una estrategia que saltó por los aires con la decisión de negociar el futuro de la Junta andaluza con el PP y, de forma indirecta, con VOX a pesar de las puntualizaciones que, desde hace un mes, se escucha desde la dirección de C’s.

Este giro supone un caramelo envenenado para C’s, que se enfrenta a dos opciones que no son contradictorias: Favorecer el cambio en Andalucía, un relato que debe apuntalar muy bien para que el electorado no recuerde su apoyo a Susana Díaz en la anterior legislatura; o asumir que su campo de batalla se sitúa al lado de PP y VOX, lo que supone participar activamente en la polarización del discurso y correr el riesgo de quedar engullido por dicha polarización.

En cualquier caso, las primeras decisiones de C’s reducen su margen para diferenciarse de sus competidores electorales y ofrece al PSOE un argumentario para enfatizar que el próximo ciclo electoral se decidirá entre ellos o una alianza de derechas. Si tenemos en cuenta, además, que en las próximas semanas veremos sondeos en los que VOX se moverá en torno al 10% de estimación de voto, tenemos todos los elementos para que el PSOE ponga en marcha una estrategia en la que se identifique como el único dique contra lo que parece inevitable. De su capacidad de convencer al electorado dependerá la vuelta del votante que en su momento se fue a las filas de Podemos y que puede volver a votar PSOE por pura supervivencia política.

Andalucía marca el camino

Un mes después de las elecciones, todavía se analizan los resultados de los comicios en el granero de votos del PSOE, que, salvo sorpresa en absoluto descartable, será desalojado de la Junta por un candidato, Juan Manuel Moreno, que el mismo día de los comicios veía cómo Génova filtraba su final político si se consumaba el desastre en las urnas que recogían todos los estudios demoscópicos.

Como la política es caprichosa, cuatro semanas después Moreno tiene todas las papeletas para convertirse en el próximo presidente de la Junta andaluza. Por el momento, se ha plasmado el acuerdo para constituir la Mesa del Parlamento, con el acuerdo del PP con VOX. Así, como si estuviéramos ante el hijo pródigo que regresa a casa, la maquinaria de Génova está empeñada en situar a la formación de ultraderecha en los postulados del constitucionalismo y de la derecha moderada europea.

Ése ha sido el tono de las intervenciones para explicar un acuerdo con la sucursal de VOX en Andalucía, que ha matizado el discurso antisistema y anti Estado autonómico de cara a la negociación para la formación del próximo gobierno de la Junta andaluza. Así, y a pesar del discurso y los argumentos que los líderes de VOX defienden en las redes sociales, que están sirviendo de verdadera plataforma para dar a conocer su marca política y sus ideas, vemos cómo la política institucional trata de integrarlos y asimilarlos como una formación más, tarea a la que también se ha sumado Ciudadanos.

A pesar de que VOX se aprovecha de la sangría de votos del PP y que la formación de Abascal capitaliza gran parte del descontento en la derecha, Génova no ha tenido reparos en sentarse a negociar con la formación política, en clara oposición con lo que ocurrió en el PSOE respecto a Podemos tras las elecciones generales de 2015. Ya conocemos la historia: Las presiones internas contra Sánchez y las pretensiones de Pablo Iglesias agotaron una negociación que apenas había comenzado, lo que abrió el espacio para que el PP mejorara sus resultados en la repetición de los comicios en junio de 2016.

Con el PP y VOX de acuerdo en negociar el cambio en Andalucía, la incógnita está en C’s, cuya dirección nacional negocia con Génova los términos del acuerdo que descabalgue a Susana Díaz. De ahí que hayamos pasado por dos fases en apenas un mes:

  • Tras saberse los resultados en las urnas, todo eran evasivas sobre la definición ideológica del partido ultra y la táctica de disparar al adversario (es decir, a Unidos Podemos) cada vez que se ponen en evidencia las contradicciones entre lo defendido por C’s en campaña electoral (no pactarían con los aliados de Marine Le Pen en Francia) y la realidad.
  • Después de analizar las consecuencias de su alianza con VOX, la dirección de C’s está optando por prescindir de los equilibrios para no aparecer al lado de la formación que lidera en España Santiago Abascal para remarcar que su negociación es con Génova y no con VOX, con amenaza de no sacar adelante el acuerdo de gobierno para Andalucía.

La principal consecuencia la encontramos en la reacción de VOX, que parece haberse cansado de la equidistancia y comienza a apuntar directamente a Albert Rivera como siguiente objetivo a batir tras críticas públicas como la de Manuel Valls al acercamiento de VOX, palabras que la formación de Abascal respondió recordando el origen francés del cabeza de lista de C’s al Ayuntamiento de Barcelona. Para muestra del tono de la relación entre ambos líderes, el tuit de Abascal contra Rivera:

VOX como epicentro del ciclo electoral 

La excepcionalidad española hacía imposible, hasta hace unos meses, la posibilidad de emergencia de una formación de ultraderecha con vinculaciones con la ola autoritaria y populista de derechas que ha brotado en buena parte de países de la UE y que asume postulados que se dan en EEUU o en Brasil. Se partía del hecho de que el PP había construido una marca política que había aglutinado a todo el espectro ubicado entre el centroderecha y la extrema derecha, asimilando los discursos ultramontanos de un sector del electorado que podría comulgar con la herencia ideológica del franquismo.

Las últimas eleccions generales y, sobre todo, el avance de C’s, al calor de la crisis catalana, puso en duda la existencia de ese conglomerado, que ha saltado por los aires hace apenas unas semanas. Hoy se da por hecho que VOX ha llegado para quedarse y que, en estos momentos, es el principal beneficiario de un ascenso que se basa en dos circunstancias: El interés de los medios por acercarse a un fenómeno informativamente atractivo y su capacidad para conectar con una parte del electorado muy crítico con el statu quo en un momento de clara desmovilización de la izquierda.

Todos los sondeos sobre intención de voto dan cuenta del ascenso de VOX de cara a unas hipotéticas elecciones generales, un tsunami del que ya alertamos en su momento y que se mueve en dos coordenadas: El conocimiento de una marca electoral que se percibe como nueva (a pesar de que Santiago Abascal es un veterano de la política tradicional) y la asunción de un discurso aparentemente sin complejos que gusta a un sector del electorado que antepone argumentos esencialistas al pragmatismo del que hizo gala el PP durante el mandato de Mariano Rajoy.

Medio año después de su marcha, la agenda mediática gira en torno a ideas simplistas (la existencia de una avalancha migratoria, el golpe de Estado en Cataluña con el inmovilismo del Gobierno central o la lucha frontal contra derechos que huelan a igualdad de género o de minorías), en buena medida porque Pablo Casado y Albert Rivera han comprado el discurso de trazo grueso de VOX, que podría aglutinar ya 1.5 millones de votos, de acuerdo con algunos sondeos publicados en las últimas semanas.

Hace una semana, el Gobierno celebró un Consejo de Ministros en Barcelona que, a pesar de las advertencias y de la movilización en las redes sociales, tuvo lugar sin incidentes reseñables. Junto a la confirmación de que el suflé parece estar bajando en estos momentos, en buena medida por la percepción de callejón sin salida entre una parte del independentismo, se celebró el encuentro entre Pedro Sánchez y Quim Torra, una cita que los líderes de VOX, PP y C’s calificaron de alta traición, un discurso que también compró buena parte de la prensa general editada en Madrid.

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Portugal: La excepción a la ola autoritaria europea

A un año de las elecciones generales, es uno de los pocos países europeos que resiste la ola autoritaria y populista, a la que podría estar sumándose España en este final de año. El Gobierno goza de una estabilidad envidiable que le ayuda a plantear un ciclo electoral con cierta seguridad de victoria en buena medida gracias a la situación de sus principales adversarios en las urnas.

Ayuda en la estabilidad del PS la propia situación del país, potencia turísticafoco de atracción de inversiones chinas, que estos días celebra su elección por parte de Google para montar un centro internacional de operaciones y que se percibe en hechos como el fracaso de la movilización de “chalecos amarillos” como efecto contagio de Francia o el efecto de la huelga  de transporte celebrada a comienzos del mes de diciembre.

La situación económica del país, que ha devuelto los créditos al FMI obtenidos durante el rescate de 2011 aunque todavía tiene la deuda pública disparada, se traslada a las opciones del partido en el gobierno, que obtendría un 37% de estimación de voto de acuerdo con los datos publicados por Aximage, -0.8 puntos en relación con el porcentaje de apoyo de esta empresa demoscópica hace un mes.

En la práctica, los socialistas sacan 13.7 puntos a su inmediato competidor, que sigue reptando por su suelo electoral. El PSD se movería en torno al 24.7% de apoyo, -1.7 puntos en relación al dato del mes de noviembre. Si tenemos en cuenta que el CDS obtendría de 6.3%, el centroderecha sumaría el 31% del apoyo, -7.6 puntos en relación a su último resultado en las urnas.

Como es habitual, una estimación de voto conservadora para el PS se traduce en buenos datos para sus socios parlamentarios, lo que certificaría la buena salud de la geringonça. El BE, que ha aprobado un código de actuación en redes sociales ante el próximo ciclo electoral, se movería en torno al 10% de estimación de voto, un resultado muy parecido al conseguido en las elecciones de otoño de 2015, quizás beneficiado por el intento de escenificar una separación en los objetivos por parte del Gobierno de Antonio Costa.

La CDU, que hizo también campaña contra el tono de derechas de los presupuestos defendidos por el primer ministro, que finalmente salieron con el apoyo de toda la izquierda parlamentaria, ganaría medio punto respecto a los últimos comicios generales, lo que certificaría la estabilidad de un Parlamento claramente escorado a la izquierda y que aglutinaría el 55.7% del voto luso.

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