Estabilidad demoscópica en Portugal

La situación política en Portugal sigue estable a poco más de un año de las próximas elecciones generales. Con un 40.5% de intención de voto, el PS del primer ministro, Antonio Costa, despunta como la primera fuerza política tras conseguir +8.2 puntos respecto a los comicios de 2015. En términos comparativos, gana casi un punto respecto al promedio de los estudios publicados en el mes de mayo, último mes en el que las dos empresas demoscópicas recogieron estimación de voto.

El resultado del PS no perjudica, a grandes rasgos, al resto de formaciones de la izquierda parlamentaria, aunque se repite una tendencia: El aumento de apoyo a los socialistas que recoge Eurosondagem perjudica al BE, que caería por debajo del 8% de apoyo. En cualquier caso, el promedio de estudios otorga al partido hermanado con Podemos un 8.7% de media (-0.3 puntos respecto al mes anterior, -1.5 puntos respecto a los comicios de 2015). El CDU, por su parte, sigue anclado en el 7.45% de apoyo (-0.75 puntos en comparación con las elecciones), un resultado casi idéntico al conseguido en mayo.

En el centroderecha, tampoco hay grandes variaciones. El PDS vuelve a estar bloquedado en el 27.2% de apoyo (-0.6 puntos respecto al mes de mayo), con resultados casi idénticos recogidos en Aximage y Eurosondagem. Por su parte, el CDS se movería en torno al 7.15% de apoyo, medio punto más que hace dos meses. La suma de ambos les situaría en el 34.35% de apoyo, -4.25 puntos respecto a los resultados de la coalición electoral de 2015.

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Simple Lógica apunta un empate técnico entre PSOE y PP

La elección de Pablo Casado como presidente del PP parece beneficiar las expectativas electorales de su partido. Los sondeos publicados tras la resolución de las primarias populares recogen un ascenso en su apoyo electoral, lo que viene a incidir en la idea de que Casado podría ser el candidato que sus electores potenciaban necesitaban en estos momentos. Este ascenso explica también el porqué de la campaña de C’s contra el top manta en la grandes ciudades o las apelaciones a la seguridad y al orden con la que han buscado hueco en las agendas mediáticas estos días.

El sondeo de Simple Lógica recoge la recuperación del PP, que se situaría en situación de empate técnico con el PSOE tras subir +5.7 puntos en un solo mes. Con un 24.4% de apoyo, -8.6 puntos respecto al resultado conseguido en las elecciones generales de 2016, un PP encabezado por Casado sumaría 5.7 puntos en relación a la estimación de Simple Lógica de hace un mes  y se colocaría a 1.1 puntos del PSOE, que sería primera fuerza en votos (aunque, seguramente, no en escaños).

La aparente luna de miel del electorado con los socialistas parece haber llegado a su fin y su lista pierde 1.7 puntos respecto al mes de julio. El PSOE se movería en torno al 25.5% de apoyo, casi 3 puntos más que hace dos años, y recibe una buena noticia: La contienda electoral volvería a centrarse en PP y PSOE, dos partidos que, a priori, no comparten electorado. Eso explica por qué el PP sigue centrado en potenciar su imagen más escorada a la derecha (ETA, Cataluña), que ni siquiera es respondida desde el PSOE, que parece no temer grandes rivales en estos momentos.

Los partidos que sí podrían hacerle daño electoralmente, tanto a su derecha como a su izquierda, siguen cayendo: C’s estaría en el 23.4% de porcentaje de apoyo (-2.6 puntos respecto a hace un mes aunque sigue+10.4 puntos por encima del resultado conseguido en las urnas) y Unidos Podemos, con un 15.3%, sigue desaparecido y en caída libre (hasta 28 diputados menos, según reconocen).

La formación morada pierde 2 puntos respecto a la estimación del mes de julio, -5.8 puntos si lo comparamos con el resultado conseguido el 26J. Y, de paso, se confirman las enormes dificultades para dibujar un discurso en un momento de ausencia de sus líderes (tanto Pablo Iglesias como Irene Montero están centrados en el ciudado de sus hijos prematuros), lo que avanza un riesgo de desaparición cuando Iglesias abandone la primera línea política.

Con un 45.7% de voto no consignado (24% que se reparte en la abstención, voto nulo, en blanco y 21.7% que se muestra indeciso o prefiere no responder), el PSOE despunta como el partido en voto directo (14.8%), seguido de C’s (13.2%) y el PP (10.2%). UP queda relegado al último lugar con un apoyo del 8.3% que viene a apuntalar su luga en estos momentos. Un 45.7% se decanta por la abstención, voto nulo (24%)  o no declara su voto (21.7%), lo que deja un margen enorme para ejecutar estrategias electorales de cara al próximo ciclo electoral.

En términos de fidelidad de voto, C’s es la formación que arrama más voto conseguido en los comicios de hace dos años (69.3%), aunque tiene una fuga de votos hacia el PSOE (6.5%), según lo esperado. Los socialistas mantienen al 57.9% de sus votantes y recibe apoyo de los electores de UP (14.6%), que recibe el apoyo del 53.6% de su base. El PP, por último, conserva al 53.1% de sus votantes, con una fuga de votos del 19% que recalaría en C’s.

Si nos fijamos en la valoración de líderes, Albert Rivera vuelve a ser el mejor situado con una aprobación del 34.3% (suspende para el 51.8%), seguido de cerca por Pedro Sánchez (32.9% de aprobación y 52.1% de suspenso). Alberto Garzón sigue siendo la tercera referencia entre los votantes, con una aprobación del 26.3% (65.4% de suspensos) mientras que los dos Pablos siguen siendo los líderes nacionales peor valorados. Casado obtiene una aprobación del 22.4% (con 6 de cada 10 votantes que lo suspende), sólo superado por el 66% que reprueba la oposición de Iglesias, que sólo logra un 19.2% de aprobación.

Cuando cruzamos la variable recuerdo de voto, vemos datos curiosos que tienen que ver, quizás, con las fechas de recogida de datos en el trabajo de campo (1029 entrevistas realizadas entre los días 1 y 3 de agosto). Así, vemos variaciones en los datos que obtiene Iglesias entre los suyos en relación con hace un mes (+10.5 puntos) o la valoración que los votantes de UP le dan a Sánchez (+6.3 puntos). También destaca la diferencia de +7.3 puntos de los votantes socialistas a Rivera.

Ya en el detalle, Casado logra una aprobación del 61% entre sus votantes, que siguen valorando mejor a Rivera (77.3%). El presidente del PP consigue una aprobación del 40.3% entre la base electoral de C’s, lo que viene a confirmar la pugna entre ambas formaciones por un segmento del electorado muy concreto.

Sánchez recibe un apoyo del 68% entre los votantes socialistas (-2.6 puntos respecto al mes de junio) y un 55.2% entre los de UP, dato que hay que tener en cuenta de cara a valorar las futuras estrategias elaboradas por Ferraz para que esa simpatía se convierta en votos.

Por su parte, Rivera vuelve a esr el líder mejor valorado entre sus votantes (77.3%) y también el que logra mejor dato entre los electores de otros partidos (67% entre los del PP y 32.9% entre los socialistas, con permiso del 55.2% mencionado anteriormente referido a los votantes de UP).

En la órbita de la formación morada, Iglesias recupera valoración en su base electoral (66%) y prácticamente empata con Alberto Garzón (65.4%). Sí hay diferencias en la capacidad de penetración en las simpatías de los votantes de otros partidos: Iglesias es aprobado por el 19.5% de los electores del PSOE frente al 30.1% que respalda la labor de oposición de Garzón. Estos datos también tendrán recorrido a la espera de si IU consuma o no su alianza con Podemos de cara a las próximas elecciones generales.

CODA. Dejamos algunas referencias a la campaña de C’s a propósito del top manta. El discurso para luchar contra la supuesta inseguridad de las calles en España entra en la agenda durante este mes de agosto:

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A vueltas con la ejemplaridad: El caso Begoña Gómez

Begoña Gómez está casada con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Durante su primer mandato al frente del PSOE, entre 2014 y 2016, Ferraz decidió utilizar el tándem Sánchez/Gómez en la estrategia de construcción del candidato a la presidencia del Gobierno. Durante este periodo, se sucedieron las entrevistas a Gómez, en las que proyectó una imagen de moderna de mujer profesional y de éxito, con un curriculum seguramente mejor que el de su consorte.

También se enfatizó la presencia de Gómez en actos de partido como el que protagonizaron, envueltos en la bandera de España, en un intento de trasladar las imágenes y estrategias de marketing de EEUU a nuestro país. No triunfó especialmente pero aquellos meses sirvieron para constatar que Begoña Gómez era una pieza fundamental en la candidatura de Sánchez. Hasta el punto de que, antes de las elecciones generales de 2015, se despedía de todo el mundo con un “Nos vemos en Moncloa”.

Tras las primarias y su resurrección, se consideró que ya no hacía falta que equilibrara la imagen de Sánchez y Gómez desapareció de la escena. Sólo la noche de la victoria de Sánchez en las primarias permitió ver a Gómez entre el público. Lo mismo ocurrió durante la moción de censura, en la que apareció en la tribuna de invitados, con la familia de Sánchez, sin demasiado protagonismo.

Esta semana, Gómez se ha convertido en el termómetro que vuelve a confirmar que, en cuestiones de ética y ejemplaridad pública, no hay grandes diferencias entre los dirigentes de los grandes partidos; independendientemente de si aspiran a ocupar el espacio de la derecha o la izquierda, se extiende la percepción de que muchos entran en política porque, quizás, no tienen otro lugar en el recalar con esas condiciones salariales y, de paso, para beneficiarse personalmente o a su entorno más cercano del lugar de privilegio que ocupan por su adscripción a un partido político.

Los hechos: Con agostidad y alevosía, el Instituto Empresa anunció el fichaje de Begoña Gómez para dirigir el Centro de Estudios Africanos (IE Africa Center), una institución de nueva creación que comenzará a operar en septiembre. El nuevo centro dependerá de la Fundación IE, que se nutre de una parte de fondos públicos. Asimismo, el comunicado lanzado no incluye cuál ser la retribución de Gómez debido a la  “política de confidencialidad y protección de datos”.

Gómez es licenciada en marketing y experta en captación de fondos para ONG, es decir, un trabajo de lobby que había dejado aparcado con una excedencia por una cuestión de estética. Con la decisión anunciada, parece que el matrimonio Sánchez/Gómez ya no tiene problema en ganar dinero con un trabajo en el que es fundamental la ingeniería social, es decir, la posibilidad de acceder a una red de contactos inexistentes si Sánchez no presidente del Gobierno.

Los efectos nocivos de la partitocracia

Llevamos semanas  hablando de los regalos presuntamente recibidos por Pablo Casado y otros dirigentes del PP por parte de instituciones públicas en pleno ascenso de su carrera política. Los medios conservadores llevan a diario datos a propósito de la colocación de los afines a Sánchez, a menudo sin formación relacionada, en las empresas públicas, que son consideradas un elemento más, a cargo de los PGE, para devolver favores políticos y/o personales.

Políticos que se definen como liberales a pesar de que nunca han ocupado un puesto en la empresa privada o defensores de lo público que aprovechan su lugar para crecer profesional y personalmente. En este contexto, y a pesar de que medio país está de vacaciones, el fichaje de Gómez ha sido duramente criticado como una muestra más de cómo la meritocracia se transforma en una red de contactos que, cada vez más, tienen más relación con los contactos que posees frente a los conocimientos o la capacidad.

No ayuda que Ferraz haya hecho piña en torno al derecho de Gómez de seguir con su carrera profesional sin renunciar a los beneficios de vivir en el Palacio de La Moncloa, una afirmación que han glosado con la recuperación irónica del Manual de buena esposa que elaboró la Sección Femenina durante el franquismo o con una cita de Virginia Woolf sobre la independencia económica de la mujer.

Y he aquí la propia debilidad del argumento. A pesar de que el IE asegura que lleva desde febrero en conversaciones con Gómez, lo cierto es que se anuncia el fichaje apenas unos meses después de que Sánchez ganara la moción de censura frente a Mariano Rajoy. Como suele ocurrir con demasiada frecuencia en este país, la guinda profesional suele llegar cuando el candidato logra una puntuación por su vínculo con una personalidad relevante de la vida institucional española. Le ocurrió al marido de Soraya Sáenz de Santamaría y a la esposa de Eduardo Madina con Telefónica y le ocurre a Gómez, de la que tampoco se conoce un gran conocimiento de la realidad de África.

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Para añadir más desvergüenza, esta política de fichajes fue duramente criticada por Sánchez en el año 2013, en ese caso en relación a Juan José Güemes, pareja de Andrea Fabra. Ironías de la vida, se refería al mismo Instituto Empresa que acaba de fichar a su esposa. En tiempos más recientes, el entonces líder del PSOE prometía legislar contra las puertas giratorias, una definición que se podría ajustar a este caso a pesar de que Gómez nunca ocupó cargo público. Su entrada en política, como consorte de Sánchez, la puso en el foco de los medios y, de paso, subió su caché como profesional bien relacionada.

Hace unos meses, Pablo Iglesias e Irene Montero fueron noticia por su decisión de comprarse una casa valorada en 700.000 euros a irse a vivir fuera de Madrid para tener privacidad. Entonces, hablamos de la voladura de la construcción de un perfil político que evidencia que quizás es momento de volver a recuperar el concepto de casta política para referirnos a los representantes políticos que dan el salto a lo público con el argumento de representar a sus votantes pero con el fin de beneficiarse personalmente.

Hoy hablamos de unos hechos parecidos. No tenemos elementos para dudar de la capacidad de Gómez para ocupar ese puesto. Sí dudamos de que su fichaje se consumara en el caso de ser una persona anónima, sin relevancia institucional, lo que ya de por sí invalida cualquier discurso a favor de la transparencia (no se conoce que hubiera otros candidatos al puesto), la regeneración y la despolitización de la vida pública defendidas por Sánchez y, tras la defensa de Gómez, por parte del PSOE. La prueba definitiva es pensar en lo que se estaría diciendo si la protagonista de la noticia hubiera sido la esposa de Mariano Rajoy.

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GAD3: La elección de Casado refuerza al PP, que se acerca al PSOE

La elección de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno tras la moción de censura contra el Ejecutivo de Mariano Rajoy ha tenido un efecto directo en el refuerzo del PSOE como marca electoral. Esta tendencia ha sido recogida por todos los estudios demoscópicos publicados desde el mes de junio, que recogía también un descenso de las opciones del PP, a la espera de sus primarias para elegir al próximo presidente de partido.

La elección de Pablo Casado puede haber sido el primer signo de que la marca PP se está recuperando, con la consiguiente bajada de las aspiraciones de C’s. De esta forma, parece que la próxima pugna se medirá entre las dos fuerzas tradicionales del bipartidismo imperfecto español, con C’s y UP como las opciones que pueden desequilibrar la balanza.

A grandes rasgos, éste es el resultado del sondeo de GAD3 para el diario ABC, que sigue situando al PSOE como primera fuerza política con un 27.9% de estimación de voto (+5.2 puntos respecto a su último resultado en las urnas), aunque registra una caída de 0.9 puntos en relación con la última estimación de GAD3 publicada. Este resultado se traduciría en 113 escaños, por lo que una lista encabezada por Sánchez superaría la marca que dejó Alfredo Pérez-Rubalcaba ante de la emergencia de Podemos.

El PP, con un 26.2% de apoyo, sube 0.6 puntos respecto al sondeo publicado el pasado mes de junio aunque sigue 5.8 puntor por debajo de la representación conseguida en las últimas elecciones generales. Con 104 diputados, habría que mirar a los resultados del resto de formaciones políticas del arco parlamentario.

C’s obtendría el 19.1% de los apoyos (+6.1 puntos respecto al 26J pero cae 1.5 puntos respecto al anterior sondeo). Aunque una lista encabeza por Albert Rivera lograría un resultado magnífico, parece que el tiempo en el que despuntaba como una fuerza capaz de convertirse en hegemónica en el centroderecha ha pasado. Eso sí: pasaría de 31 a 66 diputados, que, junto a los del PP, sumarían 170, a seis de la mayoría absoluta. De paso, se confirmaría un resultado muy parecido al de la legislatura actual (en la que ambos partidos suman 169 diputados), lo que reafirma la impresión de que las próximas elecciones generales no supondrá un tsunami en cuanto a las expectativas de voto de los respectivos bloques.

Unidos Podemos se mueve en torno al 15.1% de apoyo, +2 puntos respecto al mes de junio, y obtendría 40 diputados (-31 respecto a esta legislatura). Si sumamos sus escaños a los del PSOE, obtendríamos 153 diputados, tres menos de la suma de PSOE y UP en esta legislatura. Vemos, por lo tanto, que tampoco hay grandes cambios en este bloque, lo que se explica por el trasvase de votos hacia el PSOE, que estaría recuperando parte del electorado que se fue a la formación naranja entre 2014 y 2015.

En este contexto, el PSOE volvería a necesitar el apoyo del nacionalismo periférico, que obtendrían un resultado asentado en la bajada de las opciones de Catalunya en Comú en Cataluña: ERC lograría 11 escaños, el PdeCat aguanta con 7 y el PNV suma uno, por lo que lograría seis asientos (suficientes, por cierto, para ar la mayoría a una coalición entre PP y C’s). EH-Bildu y CC se mantienen en su representación actual.

Con un trabajo de campo de 804 entrevistas realizadas entre los días 23 y 27 de julio, Pedro Sánchez despunta en la valoración de líderes con un 4.8 que pasa al 6.5 entre los votantes del PSOE y a un 5.5 entre los de UP (lo que supone el primer aviso serio de la OPA que podría ejecutarse si Ferraz considerara útil empezar a entrar en su caladero de votos).

Pablo Casado y Albert Rivera empatan con 4.4 puntos, aunque Rivera sigue teniendo una buena aceptación (5.4) entre los electores del PP, que otorgan un 6 al nuevo presidente de su partido. Pablo Iglesias, por último, logra una valoración de 3.3 puntos que pasa al 5.4 entre sus electores. Entre los socialistas, consigue una puntuación de 3.5, lo que incide en la idea de que, ahora mismo, UP tiene muy difícil poder avanzar entre un electorado que no es el suyo.

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El PP persiste en la estrategia Cifuentes en su defensa de Casado

Tres semanas después de haber elegido a Pablo Casado como presidente del PP, Génova se embarra en los problemas académicos de su líder, que centralizan la agenda mediática, con permiso de las designaciones del Gobierno a afines del partido para ocupar puestos muy bien remunerados en empresas públicas. Este lunes,  la jueza de Instrucción número 51 de Madrid decidió elevar al Tribunal Supremo el caso en el que investiga las presuntas irregularidades en el máster que realizó el presidente del PP en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.

En su valoración del paso que le acerca a la imputación, Casado añadió: “Deberíamos reflexionar si es justo que durante 4 meses se me someta a este escrutinio exhaustivo sobre un curso de doctorado no finalista ni habilitante de hace 10 años cuando no era nadie, mientras se han ignorado irregularidades en los expedientes de líderes de otros partidos.”

De acuerdo con el auto, que pide que se le cite como imputado en el TS por su condición de aforado, ha quedado “indiciariamente acreditado” que este máster se usaba “como regalo o prebenda” a alumnos “con una posición relevante en el ámbito político, institucional o que mantenían vínculos estrechos de amistad o de carácter profesional” con el catedrático Enrique Álvarez Conde, principal implicado.

Para Casado y el PP, todo es una suerte de caza de brujas, es decir, asumen una línea de defensa de Cristina Cifuentes utilizó en su momento y que no evitó que tenga que responder ante la justicia por las irregularidades en relación al máster que logró también en la URJC de Madrid. El presidente del PP, que confunde legalidad con ética y política, no tiene reparos en poner en marcha el manual de la desvergüenza e incide en un cúmulo de falsedades que se funda sobre la idea de que los hechos que nos ocupan sucedieron cuando él era un ciudadano anónimo. Su propia biografía invalida esa consideración.

Casado (37 años) entró en política en el año 2003 y en 2005 ya dirigía Nuevas Generaciones en Madrid. En el año 2007, fue elegido diputado en la Asamblea de Madrid y ya era considerado como un valor en alza vinculado a Esperanza Aguirre y a José María Aznar. Es en estos años cuando se registran expedientes académicos extraños en la UCM y los “regalos” que contribuirían a dar lustre a un expediente que, hasta ese momento, era bastante mediocre.

Su nombre lleva años circulando en la lista de beneficiarios de prácticas de la URJC, un artefacto creado por la Comunidad de Madrid y que ha sido usado como centro de estudios público de buena parte de los cargos vinculados al PP. He ahí el principal error cometido al extender las prácticas habituales en centros universitarios privados a órganos de titularidad pública, que tiene otras implicaciones legales.

Una línea de defensa equivocada 

Tanto Casado como el PP han optado por defenderse usando dos marcos que, por sí mismos, denotan la debilidad de la propia línea de defensa: Por un lado, el victimismo y la denuncia en torno a una supuesta persecución política por hechos que, además, se habrían usado sólo para adornar el curriculum vitae y no para emprender una carrera académica. Como si eso quitara gravedad a los delitos cometidos. Por otro lado, el y tú más a partir del ataque al adversario usando asuntos relativos a los expedientes académicos y profesionales como el doctorado oculto de Pedro Sánchez, un máster que aparece en un curriculum vitae y que no habría cursado o los problemas de Iñigo Errejón con la Universidad de Málaga.

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En cualquier caso, volvemos a ver cómo Génova mezcla conceptos que no tiene que ver ni siquiera en una sociedad con una ética púlblica tan elástica como la nuestra, en la que podría calar el mensaje de que todo el mundo habría hecho lo mismo que Casado si se le hubiera dado la oportunidad de obtener títulos oficiales sin esfuerzo.

En lugar de optar por la sinceridad brutal que coloque a la sociedad española frente a su espejo, los dirigentes del PP se enrocan en incluir en el mismo saco la ética y ejemplaridad pública (de la que carece quien falsee su curriculum) con la ilegalidad de recibir un regalo (en este caso, un título de Máster en una universidad pública) por ser integrante de un partido político y/o por su previsible ascenso como representante público.

Es por eso que los hechos resaltados en los ataques de los portavoces del PP pueden ser artillería en la contienda política frente a caso de Casado, que ha pasado de la esfera política a la judicial, donde rigen otros parámetros. Detalle sin importancia que prefieren ignorar los portavoces del PP, que estos días toman las riendas de la respuesta del partido ante la ausencia de Casado, de visita oficial en Colombia.

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Bannon y el movimiento alt-right de la ultraderecha europea

En la última década, al calor de la crisis económica y de sus efectos, han florecido formaciones políticas de extrema derecha en la mayoría de países europeos. En algunos casos, hablamos de partidos que fueron creados en la década de los años ’90 como consecuencia, también, de una crisis económica que coincidió con la desaparición de la URSS y el bloque soviético; en otros, de la aparición de nuevos partidos de corte extremista que han mostrado, sobre todo, una agilidad especial en usar Internet y las redes sociales como plataformas para canalizar unos argumentarios que ya forman parte del acervo cotidiano en cualquier conversación privada entre ciudadanos.

En uno y otro caso, se trata de formaciones que, hasta hace unos años, apenas tenían relevancia electoral. Hoy aparecen como marcas políticas con capacidad para ganar las elecciones en buena medida por su capacidad para marcar discursos, durante años, y por la tentación del resto de fuerzas políticas de entrar a fondo en esos debates blanqueando sus propuestas. Es lo que hemos visto en la crisis que afrontó hace unas semanas Angela Merkel son sus socios de la CSU en Baviera y, a grandes rasgos, es lo que estamos viendo  en los discursos de Albert Rivera y Pablo Casado con su alerta en torno a la presión migratoria inexistente en las fronteras españolas o en su cruzada con la invención del “papeles para todos”.

Las consecuencias de la crisis financiera, con un efecto directo en el desplazamiento de la soberanía hacia las instituciones de la UE,  percibido como un gran aparato burocrático que, en general, sirve sólo para dificultar la vida de los ciudadanos, han supuesto una nueva reflexión sobre los Estados de bienestar como fórmulas para reducir las desigualdades y/o garantizar la atención de la población más desprotegida. Si añadimos la presencia de refugiados o la presión migratoria en las fronteras europeas procedente del norte de Africa o Asia, tenemos los factores que explican la pujanza de un discurso que utiliza la inmigración como chivo expiatorio de los problemas internos de las sociedades europeas y de los efectos nocivos del capitalismo.

Así, en un contexto global de precarización del trabajo creciente, los discursos proteccionistas e identitarios han encontrado un caldo de cultivo inmejorable para la difusión de mensajes que suelen ser muy proteccionistas y conservadores en la esfera identitaria, neoliberales desde la perspectiva económica o en la consideración del papel del Estado y con un sustrato conspiranoico en el funcionamiento de la política global.

En definitiva, la alt-right se presenta como una mezcla de neoconservadurismo (sobre todo, en asuntos morales), Estado mínimo (con recorte de políticas sociales en beneficio de la caridad), centrado en la seguridad, y neoliberalismo (especialmente en lo económico). Y todo ello desde un discurso que ha copiado los planteamientos revolucionarios de la izquierda radical y que se ha modernizado gracias a la financiación que, desde los años ’60, se está produciendo en fundaciones y think tanks, particularmente en EEUU, aprovechando el retroceso en la contienda ideológica de los sectores progresistas y/o de izquierdas.

Por si quedara alguna duda de su avance, Steve Bannon, el que fuera estrategia de Donald Trump en la campaña electoral y en la Casa Blanca, hasta que fue expulsado, anunció que se establece en Bruselas con el fin de fundar The Movement, un think tank que reúna a todos los grupos de la derecha populista europea con un objetivo: Que cristalice un bloque de ultraderecha en las elecciones  al Parlamento Europeo del próximo mes de mayo como Caballo de Troya para desestabilizar el proyecto europeo. Por el momento, el UKIP ha mostrado su disposición a sumarse a la estrategia más clara de probar la estrategia que llevó a Trump a la Casa Blanca en suelo europeo.

En la recámara, la admiración de Bannon por el primer ministro italiano y su apoyo al presidente húngaro o a Marine Le Pen durante la migración desde el Frente Nacional a la Agrupación Nacional, donde habló en estos términos: “Lucháis por vuestro país y os llaman racistas. Pero los días en que eso era un insulto se han quedado atrás. Los medios del establishment son los perros guardianes del sistema. Cada día que pasa, nosotros somos más fuertes, y ellos más débiles. Dejadles que os llamen racistas, xenófobos o lo que quieran, y llevad esas palabras como una medalla”.

A todos ellos les ofrecerá ofrecerá asesoramiento sobre  sondeos, mensajes de campaña e identificación de datos, así como investigación, a toda la red de partidos de derechas europeos que lo requieran desde una perspectiva paneuropea antiestablishment. En su presentación, Bannon señaló que pretende que su organización, fundada por un abogado belga, sea el contrapunto a la Open Society de George Soros, señalada como la principal plataforma de financiación de movimientos progresistas, especialmente en países situados en la zona de influencia de Rusia.

A la manera de Trump -mensajes claros (America First) a propósito de renacionalizar la economía, la confrontación directa con los movimientos progresistas y las elites y la utilización de las minorías como chivos expiatorios-, Bannon busca  formar en Europa un movimiento equiparable a la alt-right que empujó en la victoria republicana en las elecciones de 2016. Desde esta perspectiva,  tiene opciones de aunar mínimamente el discurso de las fuerzas alt-right europeas en torno a la crisis real del proyecto europeo y a la oposición de los flujos migratorios, sobre todo de origen musulmán, pero poco más.

Las sociedades europeas muestran mayor heterogeneidad y la realidad social, política y económica polaca tiene poco que ver con la italiana o la española. Ahí encontramos su principal debililidad, aunque eso no oculta que tiene todo a su favor para proyectar cierta imagen de unidad que, si se plasma en las elecciones, puede comenzar a bloquear procedimientos en las instituciones comunitarias y, sobre todo, lanzar la idea de que es posible una alternativa al statu quo.

En este contexto, será muy interesante comprobar si las fuerzas políticas tradicionales tienen capacidad de aguante a la potencia de este discurso, que cada vez está más asumido por el ciudadano medio, especialmente entre los damnificados de las crisis económicas, y de la capacidad de reacción para armar un discurso con una fuerza política similar. Con la izquierda inmesa en sus cuitas identitarias propias, parece una tarea imposible en estos momentos.

CODA. Adjuntamos un mapa con el auge de los partidos de extrema derecha en las elecciones legislativas nacionales de sus respectivos países elaborado en 2016. Desde entonces, ha  habido cambios notables: Lega italiana consiguió el 17% de los votos y hoy es primera fuerza según los sondeos sobre intención de voto; AfD logró el 12.6% de la representación en Alemania (hoy se sitúa por encima del 15% de intención de voto); el PVV logró el 13% en Países Bajos; el Frente Nacional obtuvo el 34% de los apoyos en la segunda vuelta de las presidenciales francesas

 

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GAD3: Estabilidad en los bloques con mayoría independentista en el Parlament

La política en Cataluña sigue moviéndose, a pesar del intento del Gobierno central de rebajar la tensión desde el encuentro celebrado en Moncloa entre el presidente del Ejecutivo, Pedro Sánchez, y el presidente de la Generalitat, Quim Torra. Hace unos días, la asamblea del Partit de Catalunya respaldó las tesis de Carles Puigdemont, partidario de mantener la confrontación directa con Madrid con el objetivo de negociar una salida del conflicto en clave independentista. Los mensajes del ex presidente de la Generalitat, ya en Bélgica, apuntan en esa dirección.

El congreso de la antigua Convergência acabó con la salida de Marta Pascal, a quien se apunta como reponsable de la moción de cenusra que acabó con Mariano Rajoy, y el ascenso de los dirigentes más cercanos a Puigdemont. Además, el ex presidente se apuntó como tanto el impulso de la Crida Democrática como más que posible oferta electoral con vocación de aunar a todo el independentismo a partir de otoño.

La sucesión de noticias durante estas semanas provoca que buena parte de los sondeos publicados queden obsoletos. Ése es el caso del trabajo de GAD3 para el diario La Vanguardia realizado a partir de 800 entrevistas recogidas entre los días 14 y 21 de junio, es decir, pocos días después de la llegada de Pedro Sánchez a La Moncloa. Por este motivo, conviene tomar con más pinzas de las habituales las estimaciones de voto que, en cualquier caso, vuelven a apuntar a la estabilidad entre los bloques políticos, con movimientos sólo entre los partidos integrantes de esos bloques.

Así, en el independentismo, ERC aparece como la primera fuerza política con el 24.3% de los votos (+3 puntos respecto a la representación conseguida en las elecciones del pasado mes de diciembre) y 35 escaños, 3 más de los actuales. JxC, el cartel electoral con el que se presentó el PDeCat a los comicios, se movería en torno al 20.1% de los votos (-1.5 puntos) y pasaría de 34 a 30 escaños. Completa el marco la CUP, que sigue estancado en el 4.5% de intención de voto, aunque podría sumar un diputado a los 4 conseguidos el 21D. En total, volverían a hacerse con 70 diputados, por lo que revalidarían la mayoría absoluta.

En el bloque constitucionalista encontramos también algunos cambios que, como se esperaba, tiene al PSC como principal beneficiario. Como suele ocurrir siempre que hay un cambio en el Gobierno central, el partido en el gobierno suele salir beneficiado a corto plazo del efecto luna de miel del que hemos hablado en otras ocasiones y que, en este caso, tendría más que ver con la capacidad de vender cambio de Pedro Sánchez que con la propia evolución del PSC.

En cualquier caso, el PSC obtendría el 14.6% de los apoyos (+0.8 puntos) y pasaría de 17 a 19 diputados; esta ganancia de dos diputados son los que pierde C’s, que conseguiría el 24% de los apoyos (-1.3 puntos) y se quedaría en 34 escaños. El PP, por su parte, sigue reptando en el 4.1% de intención de voto (-0.4  puntos respecto al 21D), aunque conserva sus 4 escaños. En total, volverían a obtener 57 asientos, que serían insuficientes si se quisiera contar con Catalunya en Comú (CeC). Con un 7% de apoyo, cae 0.4 puntos en intención de voto, aunque mantiene sus 8 escaños.

En cuanto a la valoración de líderes, las semanas previas a lo que ya se entiende como una vuelta de Puigdemont situaban a Oriol Junqueras como el único político catalán que superaba el aprobado (6, que pasba al 8.7 entre los votantes de ERC, a 8.4 entre los de JxC y a 7.8 entre los de la CUP). Le seguía Quim Torra, con un 4.9 (8 entre los votantes de ERC y CUP) y Puigdemont (4.8, que pasba al 8.4 entre los electores de JxC y 8.3 entre los de la CUP).

En el resto de partidos, Miquel Iceta (4.2) se situaba por detrás de Meritxell Batet (4.8), ministra de Organización Territorial y, en teoría, la persona llamada a facilitar el aterrizaje del conflicto. Por su parte, Doménech se movía en el 4.6 de valoración, por delante de Carles Riera (4.2), líder de la CUP, que se coloca por delante de Inés Arrimadas (3.2) y de Xavier García-Albiol, que volvía a cerrar la tabla con una valoración de 2 puntos.

Contexto y salida negociada 

GAD3 se interesa esta vez por las posibles salidas al conflicto, con un 27.8% de votantes que volvía a mostrarse partidario de reeditar un gobierno de coalición entre ERC y JxC, con el apoyo de la CUP, en el caso de nuevas elecciones, fórmula a la que sólo se acerca el 25.5% que apostaría por un gobierno en solitario del partido que resultara más votado en los comicios. Un 15.5% prefería un ejecutivo con las tres fuerzas constitucionalistas y un 14.8% optaría por la idea de un gobierno de izquierdas con ERC, CeC y PSC.

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El 52.4% apoyaba la elección de Torra como presidente de la Generalitat y el 52.9% también veía con buenos ojos la composición de su Govern. Todo ello con un 51.5% que definía la situación de forma negativa (-17.5 puntos respecto al sondeo de GAD3 publicado en diciembre) y un 31.2% como regular. De cara al futuro, el 42% consideraba que la situación política mejoraría y un 27.4% que seguiría igual.

Con un 53.4% que veía positiva la llegada del PSOE al Gobierno central, el 40.4% apostaba por una negociación bilateral entre los Gobiernos de Madrid y Barcelona para desbloquear la sitaución; el 37% veía mejor un acuerdo amplio en Cataluña (para presionar a Madrid, suponemos) y el 12.1% apostaba por una negociación entre partidos políticos. En caso de la negociación bilateral, el 67.9% citaba la financiación de Cataluña como uno de los temas a tratar, un porcentaje similar al 65.8% que pide una reforma de la CE. El 57.5% reclama un referéndum de independencia y un 42.8% un nuevo Estatut (un 42.7% lo rechazaría).

Los socialistas, primera fuerza en el Congreso por el ‘efecto Sánchez’

El sondeo de GAD3 para La Vanguardia recoge también datos de estimación de voto en el caso de unas nuevas elecciones generales, y aquí sí se detectan cambios importantes en cuanto a la preferencia de los catalanes en relación a lo que votaron en 2016. Si entonces la marca de Podemos en Cataluña era la preferida, hoy el PSC-PSOE aparece como la primera fuerza en porcentaje de apoyo (23.8%), aunque empataría con ERC en escaños: Conseguirían 11 diputados cada uno.

En ambos casos, hablamos de una tendencia ascendente que coloca a ERC como la primera fuerza del independentismo en el Congreso al sumar 1.5 puntos en intención de voto y  2 diputados a los 9 actuales y que, en el caso del PSOE, comienza a plasmarse la idea de que Ferraz necesita de un buen resutlado en Cataluña para tener opciones de mantener el Gobierno central (el PSC sumaría 4 diputados a sus 7 actuales).

Estos avances se explican por las caídas registradas en los comunes y en el PdeCat, principal damnificado de la situación política (algo que podría haber cambiado a raíz de la asamblea del PdeCat). En el primer caso, se movería en torno al 16.1% de intención de voto (-8.4 puntos) y se dejaría 4 escaños; en cuanto al PdeCat, obtendría el 12.3% de apoyo (-3.9 puntos) y un diputado, que se sumaría también a su caída en relación a la proyección de voto de cara a unas elecciones autonómicas.

En el retrato falta la proyección de C’s y el PP, que cerrarían la tabla con 6 y 4 escaños respectivamente. También parece que hay transferencias de votos entre ambos partidos, con un C’s que conseguiría el 14.9% de los votos (+4 puntos) y sumaría un diputado y un PP en retroceso con un 11% de los apoyos (-2.4 puntos) y se dejaría dos asientos. En este sentido, no cabe esperar que la elección de Pablo Casado como líder cambie demasiado este escenario en Cataluña.

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