La repetición de las elecciones no desbloquea la investidura

Los sondeos publicados antes de la investidura fallida de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno, por segunda vez en su trayectoria, confirman la tendencia: Tanto PSOE como PP siguen en ascenso aprovechando las debilidades de sus competidores ideológicos, aunque el sistema político seguiría estando bloqueado. Las pérdidas y ganancias se establecen entre bloques políticos, lo que dificulta desatascar una investidura en la que el PSOE aparece como primera fuerza pero sin la potencia suficiente para prescindir del apoyo de UP y apoyarse sólo en la geometría variable de los nacionalismos periféricos.

En el caso del PP ocurre algo similar: Recupera espacio perdido a un ritmo muy lento y sus datos le dejan muy lejos de poder repetir en el Congreso de los diputados los acuerdos alcanzados con C’s y VOX en otras instituciones. En este sentido, merece especial mención VOX, que a pesar de apuntarse como tantos obligar a sentarse a negociar a PP y C’s para desbloquear gobiernos autonómicos (los últimos ejemplos, Murcia y Madrid), se desinflan ante la posibilidad de un posible adelanto electoral, una opción que conviene no descartar del todo tras la derrota parlamentaria del PSOE.

Mientras se deshoja la margarita de una negociación que, según todo apunta, se parecerá a la fórmula portuguesa, con un gobierno monocolor y apoyos parlamentarios de otras fuerzas políticas, los sondeos publicados llevan a un lugar destacado al PSOE, que sigue sacando 12.5 al segundo, una vez eliminado el dato del CIS del promedio por su efecto distorsionador. A pesar de esa ventaja, los estudios publicados apuntan que el electorado responsabilizan, sobre todo, a los socialistas del bloqueo de la situación (según Sociométrica), con un porcentaje nada desdeñable que apuesta por repetir las elecciones generales,  de acuerdo con la empresa demoscópica de cabecera de El País, anterior correa de transmisión de Ferraz.

Con un 33.1% de los votos (31% si eliminamos el dato del CIS por el sesgo que aporta), el PSOE volvería a ser la primera opción con una atribución de 131 escaños, de acuerdo con los datos de Celeste-Tel, que recoge un aumento de la abstención en el caso de repetición de las elecciones; en este escenario, los socialistas ganarían 4.42 puntos y volvería a certificar una recuperación de su suelo electoral, hundido desde 2015.

El PP, por su parte, confirma su recuperación respecto al batacazo electoral del pasado 28A y se movería en torno al 17.4% de estimación de voto (18.6% si eliminamos de la variable el porcentaje del CIS, que vuelve a situarle en el 13.7%). En su horquilla mayor, hablamos de una recuperación de casi dos puntos que se traducirían en 79 diputados; los populares siguen tendencia alcista, algo que se podría confirmar en las próximas oleadas de estudios demoscópicos, sobre todo al constatarse que finalmente ha logrado amarrar gobiernos clave para Pablo Casado, con especial mención al Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid.

La mejor noticia para Génova es que se aleja la posibilidad de sorpasso de C’s. La formación naranja, que sigue con el goteo de bajas de históricos del partido, al tiempo que se reafirma el núcleo duro en torno a Albert Rivera, se movería en torno al 14.8% de estimación de voto, un punto menos que en las últimas elecciones generales y que el promedio de las encuestas publicadas durante el mes de junio.  Se confirmaría, pues, que la formación naranja podría haber tocado techo electoral el pasado 28A, dato que se completa con las dificultades que podría tener en Cataluña. Tras la marcha de Inés Arrimadas del Parlament, tanto el GESOP como el CEO sitúan a C’s como cuarta fuerza parlamentaria, por detrás de ERC y del PSC y en clara competición con JxC.

Buena parte del interés por los datos demoscópicos que se van publicando tienen que ver con la fortaleza de Unidas Podemos, sobre todo tras la exhibición de una negociación a cara de perro en la que se ha proyectado un interés por ocupar cargos en un hipotético gobierno de coalición de Sánchez y una negativa clara de los socialista a permitir esa posibilidad. Por el momento, los datos apuntan a que UP no sufren un desgaste excesivo por sus tácticas de negociación y se moverían en torno al 13.85% de estimación de voto, medio punto más que hace un mes y apenas medio punto menos que su último resultado en las urnas.

Veremos en los próximas semanas la relación entre socios, con IU ya manifestando públicamente que no compartía la manera de negociar de Pablo Iglesias, una vez alejado el riesgo de un salto de Más Madrid a la política nacional. Iñigo Errejón ha aprovechado estos días para desmentir esa posibilidad, que atribuye a la rumorología, y a ofrecer una imagen de líder realista y sosegado, más del tipo que preferiría Sánchez en esta nueva fase para buscar “acuerdo de carácter programático vinculado a la sociedad civil”, tal y como lo explicitó en la carta que dirigió a la militancia:

Los datos publicados sitúan a VOX en el 7.8% de estimación de voto, +0.3 puntos respecto al mes anterior pero -2.4 puntos en comparación con su último resultado en las urnas. Como apuntábamos inicialmente, la formación sufre un desgaste en los sondeos a pesar de haber exhibido fortaleza en la negociación de los gobiernos autonómicos y municipales, que se han desbloqueado recientemente. Ahora, le queda un trabajo de vigilancia permanente, con capacidad para trasladar a la ciudadanía su utilidad como partido y, sobre todo, su capacidad para imponer la agenda con la que concurrió a las elecciones. No es tan sencillo como parece, sobre todo si comienza a recibir críticas de teóricos colaboradores en los medios como Federico Jiménez Losantos.

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Se estrecha el espacio entre Los Verdes y la CDU por la primera posición en Alemania

El mes de julio ha reforzado demoscópicamente la impresión de que la próxima batalla en Alemania se medirá entre la CDU y los Verdes, que definitivamente sustituyen al SPD como la gran alternativa política a los conservadores y a lo que representan los gobiernos de coalición entre los partidos centrales del sistema político alemán. Aunque en el blog no hemos podido continuar la serie histórica, los sondeos publicados desde el pasado mes de mayo apuntalan la sustitución de la socialdemocracia por una alternativa política que, en estos momentos, conecta con el movimiento ecologista que ha rebrotado, sobre todo, en el continente europeos.

Los datos demoscópicos publicados a lo largo del mes de julio sitúan a la coalición verde en el 23.9% de estimación de voto media (+15 puntos respecto a las elecciones de 2017), con sondeos , como el de Infratest, que le sitúa empatado con la CDU en el 26% de la representación. Tras el sorpasso a los socialdemócratas, en las elecciones de mayo, en las que lograron un apoyo del 20,5%, los Verdes emergen como la formación de oposición a lo que representa la Gran coalición, con especial mención a la sangría de votos que vive el SPD, desnortado ideológicamente y también sin liderazgo, Andrea Nahles, tras el paso atrás que dio tras los resultados del partido en las elecciones europeas.

La CDU se movería en torno al 27.5% de estimación de voto (-5.4 puntos respecto a su representación actual), en lo que sería su peor resultado en las urnas desde la refundación del sistema político germano tras la Segunda Guerra Mundial. No ayuda a sus intereses la progresiva y esperada retirada de Angela Merkel de la primera línea política, en mitad de rumores sobre su estado de salud, ni la falta de empuje de su sustituta, que recientemente se ha convertido en ministra de Defensa del Gobierno de la Grosse Koalition.

Ya en otros niveles encontramos la resto de fuerzas del arco parlamentario. Por un lado, la ultraderecha, que sigue en plena competición con el SPD por ser la tercera fuerza política del país. AfD, que pulsará en estos meses su pujanza en las elecciones convocadas en el este del país, se movería en torno al 12.5%, un resultado casi idéntico al conseguido en 2017, con oscilaciones de estimación de voto entre el 11.5% (Allesbach) o el 14.5% (INSA), mientras que los socialdemócratas caen al 13.25%, con una tendencia a la baja en los sondeos publicados a partir de la segunda mitad del mes. En dos años pierde 7.25 puntos y profundiza su suelo electoral.

Ya en los escalones inferiores encontramos a los liberales, que se asientan en el 8% de la representación (-2.7 puntos), y Die Linke, que repta por el 8.3% a pesar de la sangría de votos que sufre el SPD. Queda claro, pues, que la izquierda no es la alternativa preferida del electorado en mitad de la debacle agónica de la socialdemocracia germana, que prefiere dar su confianza a un tipo de ecologismo liberal,  partidario de reformar el sistema sin cambiarlo, de promover una sociedad más justa y sostenible  sin cuestionar el libre mercado, con una política fiscal más laxa que conecta con las clases medias y funcionariales.

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Sánchez vuelve a hacer historia parlamentaria al perder su segunda investidura

124 votos a favor (PSOE y el diputado del Partido Regionalista Cántabro), 155 en contra y 67 abstenciones (Unidas Podemos, ERC, PNV y Bildu). Éste fue el resultado de la segunda votación de investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno. Por segunda vez en tres años, el candidato socialista sale del hemiciclo con una sonora derrota que, a diferencia de 2016, se asume como un error de análisis y de estrategia del PSOE, dividido entre las artes desplegadas desde Moncloa por el propio presidente del Gobierno en funciones y su director de gabinete, Iván Redondo, y la falta de comunicación con Ferraz, como ha quedado patente en las intervenciones de Adriana Lastra.

Los resultados electorales de las autonómicas y municipales de mayo fueron el pistoletazo de salida hacia un cambio sutil de estrategia que parecía nítido la noche electoral del 28 de abril: El electorado había respondido el llamamiento de los partidos progresistas para frenar a VOX y todo parecía abonado para un acuerdo amplio entre socialistas y UP, en plena fase de distensión tras el protagonismo de la formación morada en la conformación de la mayoría que finalmente aupó a Sánchez a La Moncloa tras la moción de censura. Los gritos de la militancia socialista, en Ferraz, negando un posible acuerdo con C’s parecía marcar el camino del líder socialista, que ganó las primarias de su partido prometiendo, precisamente, que escucharía a la militancia.

Semanas después se confirma que la relación entre los dos partidos ubicados en el espectro del centroizquierda está más que deteriorada, con un cruce de acusaciones en la misma tribuna del Congreso de los diputados. Atrás quedan semanas de ninguneo a Podemos, con una seducción nada disimulada a un Ciudadanos que, definitivamente, está echado al monte, o la petición de que el PP actúe con sentido de Estado absteniéndose en la investidura de Sánchez, algo que el presidente del Gobierno en funciones volvió a sugerir en una entrevista en Tele5, la primera tras su derrota parlamentaria. De repente, el recuerdo de la investidura fallida de 2016 se instala en el recuerdo del electorado todavía interesado por el devenir del parlamentarismo español, que ha demostrado estos días  capacidad de innovación en términos de negociación parlamentaria.

La experiencia de otros países confirma que la discreción suele ser la estrategia más certera para negociar equipos entre formaciones políticas diferentes y, a menudo, rivales directos. Estas semanas hemos visto que, en España, lo que ha primado es aportar demasiada luz sobre una negociación de lo que se vislumbró inicialmente como un gobierno de coalición y que quedó finalmente desdibujado en una suerte de gobierno socialista con una vicepresidencia social y algunas carteras en manos de Unidos Podemos.

Durante estas semanas hemos visto entrevistas de los negociadores en los que confirmaban los términos que se estaban debatiendo. Según se acercaba la fecha del debate de investidura, a las entrevistas se sumó la filtración de documentos y la traslación al electorado de los términos de una negociación que partía de un supuesto: El PSOE se siente vencedor de unas elecciones generales que, en la práctica, le dieron sólo 123 diputados con un líder, Pedro Sánchez, que no ha sentido la necesidad de sentarse a negociar con ninguna fuerza política bajo el argumento de que nadie quiere volver a repetir las elecciones en otoño ante la falta de acuerdo.

Viñeta de Vergara en eldiario.es

Sobre esa base, la realidad, que no es otra que la complicada relación entre PSOE y UP, que entiende que la formación morada vino a ocupar un espacio electoral que le pertenece por derecho y que se ha notado en los extremos de la negociación: O rendición total, con la aceptación de carteras ministeriales importantes pero no nucleares, o nada. Ha parecido que los socialistas han buscado, sobre todo, un ajuste de cuentas con UP por lo ocurrido en el pasado, desde la mención a los GAL en sede parlamentaria a la consideración del PSOE como parte del régimen a derribar, en 2014.

Baste recordar, en este sentido, que Sánchez era el líder socialista mientras los sondeos aupaban a UP como segunda fuerza parlamentaria y que ya vivió en 2016 las consecuencias de la primera derrota de su investidura, derrota que terminaría, en octubre, con su dimisión como secretario general y su vuelta tras una resurrección política que sólo se entiende por el estado de opinión general.

A la relación conflictiva entre Pablo Iglesias y Pedro Sánchez, que no se caracteriza precisamente por un liderazgo muy potente y/o atrayente, se suma la relación de desconfianza entre el PSOE y UP que se ha notado en la negociación in extremis de la investidura. Desde hace dos semanas, el espectáculo ha sido un ejemplo de manual de cómo no se debe afrontar una negociación de estas características: Relato, al minuto, del estado de las negociaciones en medios de comunicación y Twitter; filtración de propuestas y contrapropuestas, en algunos casos para denunciar que UP quería entrar en el Consejo de Ministros con el fin último de tocar poder, como si ésa no fuera la intención de cualquier partido político; y ninguneo de las carteras ministeriales ofrecidas, por un lado, sin asumir, por el otro, que precisamente se ofrecía a UP materias no nucleares de la acción de gobierno.

Por otro lado, se ha explicitado el veto a la figura de Iglesias, que anunció que no sería ministro si ése era el escollo de la negociación a pesar de que la militancia había votado antes a favor de no aceptar vetos de ningún tipo. También se ha visto la tensión en el propio seno de UP, con IU manifestando su desacuerdo con la estrategia defendida por la dirección. Y, como trasfondo, la confirmación de que el PSOE no se sentía cómodo con la imagen que proyectaría un gobierno compartido con miembros destacados de UP en el Consejo de Ministros. Lo ocurrido en el ciclo electoral 2014-2016 vuelve a pesar en la relación de ambos, habida cuenta de que sus líderes siguen siendo los mismos.

Como envoltorio, propuestas en la misma tribuna del Congreso de los Diputados por parte de Iglesias (azuzado, presuntamente, por José Luis Rodríguez Zapatero), en una nueva innovación de las artes de negociación “made in Spain”, y una abstención, la de UP, que confirma la dificultad de la izquierda para asumir responsabilidades y el papel que le toca jugar en la historia. Ahora quedan dos meses para que Sánchez vuelva a intentar seducir a Albert Rivera y/o a negociar, de forma más discreta, un  posible gobierno entre potenciales sociales que deben comenzar por trabajar sus relaciones de confianza. Y todo ello con el espantajo de una repetición de las elecciones generales, en noviembre, a las que el PSOE iría confiados en un buen resultado pero que UP no quiere ver ni en pintura, por el coste de la negociación en forma de abstención y por la posibilidad de un nuevo competidor en la figura de Iñigo Errejón.

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La investidura de Sánchez y el juego del gallina

España parece vivir un déjà vu respecto a 2016 que, a su vez, tiene mucho que ver con la contestación hacia las políticas del PSOE que cristalizaron en el 15M y en la fundación de Podemos como el partido que canalizó aquel caudal de protesta. Dos meses y medio después de las elecciones generales, en las que el PP obtuvo el peor resultado de su historia y con un PSOE que recupera espacio por primera vez desde 2008, el país vive un bloqueo institucional que parece dirimirse en la presión para que Unidas Podemos  (42 diputados) renuncie a su entrada en el gobierno de Pedro Sánchez (123 escaños), a la espera de que los partidos nacionalistas periféricos  voten a favor o se abstengan en la segunda votación de la investidura del líder socialista.

Este jueves, el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, se salió del guión previsto para anunciar que llamaría a Pablo Iglesias con el fin de “poner en marcha dos equipos que empiecen a hablar de lo que importa a los ciudadanos” y formalizar un acuerdo que permita arrancar la legislatura con un presidente socialista en La Moncloa. Todo ello apenas 48 horas después de la ruptura exhibida entre el propio Sánchez e Iglesias tras su último contacto en La Moncloa, con discrepancias entre lo que se habría hablado y/o acordado.

La primera señal del malestar entre ambos, que se trasladó también en la conversación mantenida este jueves, la dio el líder de Unidas Podemos, que ni siquiera compareció ante la prensa para valorar la reunión o dar pinceladas sobre un posible acuerdo del gobierno de cooperación del que habla el PSOE en las últimas semanas.  La segunda, las declaraciones de Adriana Lastra, que avisó a la formación morada de que no habría segundas oportunidades.

Viñeta de Ferrán Martín realizada en enero de 2016

De nuevo la desconfianza entre ambos líderes, como durante la negociación de la primera investidura fallida de Sánchez, en 2016, con los papeles cambiados: UP es el socio más débil frente a un PSOE que recupera espacio electoral, en buena medida a costa de la formación morada. Se cierra así el círculo abierto desde 2011, con la fuga de votantes progresistas que, a partir de 2014, recalaron sobre todo en Podemos y la promesa de desplazar al PSOE como principal fuerza del centroizquierda español.

Todo apuntaba, pues, a que éstabamos abocados a una repetición de las elecciones debido, sobre todo, al ultimátum por parte de los socialistas al trasladar al líder de UP que no prevé que haya miembros de la formación morada en el Consejo de ministros, llevando así la presión al partido de Iglesias: O rendición total, con un cheque en blanco para los socialistas, o arriesgarse a ir a una repetición de las elecciones generales en las que seguramente no salga beneficiado (con o sin Iñigo Errejón liderando propuesta electoral). En manos de Iglesias estaría su definición como el gallina que se tiraría del vehículo en marcha para salvar la vida o su suicidio político. Al menos hasta el enésimo triple salto mortal anunciado por el propio Sánchez.

En el momento de elaboración de este post sólo hay una certeza: El reloj se pone en marcha el 22 de julio, fecha anunciada del debate de investidura en el que Sánchez buscará el apoyo de la Cámara para repetir cargo como presidente del Gobierno, para lo que sólo cuenta, por el momento, con los votos a favor del PSOE. Hasta el anuncio de Sánchez, que ha venido a confirmar que el líder socialista va por libre , se entendía la nueva convocatoria electoral como un escenario no descartable y que favorecería, en principio, a PP y PSOE como fuerzas tradicionales del sistema de partidos español.

Escenario 1: Refuerzo del PSOE a costa de UP

Los sondeos publicados indican que el bloqueo beneficia al PSOE, que superaría el 30% de estimación de voto con un aumento de la abstención, que se situaría en torno al 32%. El aumento del apoyo al PSOE se explica por la fidelidad de su electorado y por la caída en las expectativas de UP, que salvaron la primera bala en las elecciones generales y que siguen purgando el fracaso de las alianzas en plazas simbólicas como Madrid, epicentro de toda la actualidad nacional, como no podía ser menos.

Y es que, a la parálisis en el Gobierno central se suma la situación que se vive en CCAA como Madrid, con el Ayuntamiento de la capital generando noticias diarias por su decisión de desmantelar todo lo que huela a carmenismo, o Murcia, con VOX negándose a apoyar un gobierno de centroderecha con el PP y C’s, que orbita entre alimentar el espectáculo político con presuntas agresiones en manifestaciones como las del Orgullo Gay del pasado fin de semana y su negativa a reunirse con el líder del PSOE.

A la espera de comprobar la eficacia de las negociaciones entre PSOE y UP, manejamos la hipótesis de una repetición de los comicios generales, con estrategias diferentes respecto al 28A. Si se confirma el fracaso de los negociadores, es sumamente improbable que Ferraz, que estas semanas ha protagonizado un nuevo viraje al centro, vuelva a protagonizar una campaña con la apelación a frenar a la ultraderecha, pero con Pedro Sánchez e Iván Redondo a los mandos todo es posible.

En cualquier caso, todo hace pensar en que el PSOE maneja obtener un buen resultado en una repetición de los comicios (más de los 131 diputados que le atribuye el sondeo de Celeste-Tel), a la espera de que el PP haga su trabajo en relación a una recuperación del electorado perdido el 28A en dirección a VOX y a C’s. Los datos demoscópicos publicados apuntan a que el PP de Casado recupera una parte del suelo electoral perdido en los comicios, con niveles de apoyo más parecidos a los que el partido obtuvo en las municipales y autonómicas del mes de mayo.

El espectáculo diario de las negociaciones con VOX y, sobre todo, con un C’s que ya se mueve cómodo en ese espacio ideológico hacen presagiar un voto de castigo de sus respectivos electorados, algo que podría terminar beneficiando a un PP que se proyecta como una formación política previsible: El objetivo es gobernar y si hace falta hacerlo con C’s y VOX habrá negociación.

Escenario 2: Refuerzo de las derechas

Las elecciones de abril confirmaron una fragmentación en el espacio del centroderecha inédita desde la Transición política. La debilidad extrema del PP (66 diputados), tras una transición atropellada y, a menudo, polémica lideradada por Pablo Casado necesita de cierto sosiego para acomodar proyectos de partido y de país. Con VOX y C’s deparando titulares diarios, a cada cual más polémico, el PP se proyecta como un partido razonable, quizás como el padre de hijos conflictivos que debe mediar entre ellos para conseguir objetivos.

El posible adelanto electoral no es una mala noticia para el PP, que estaría recuperando voto perdido en los anteriores comicios, un voto que podrían multiplicar sus ganancias con la aplicación de la LOREG, sobre todo en la España interior. Y eso a pesar de que Casado lidera un proyecto que aún no está maduro y que presenta aristas, como su decisión de disputar el espacio conservador con muy pocos guiños al centro, completamente abandonado tanto por populares como por C’s.

Escenario 3: El PP devuelve el favor a Sánchez

En 2016, el PSOE decidió abstenerse en la segunda votación de investidura de Rajoy como presidente del Gobierno. El partido, ya sin Pedro Sánchez al frente, decidía actuar con sentido de Estado y favorecer la gobernabilidad en el país. Hoy, este escenario está abierto, como antesala a la recuperación del poder central de los partidos políticos tradicionales. Ironías de la vida, Casado devolvería el favor a Sánchez, artífice del “no es no” que, finalmente, acabó con su primera etapa como secretario general, aunque para eso haría falta una abstención en bloque del Grupo Popular, que protagonizaría otra imagen inédita en la historia parlamentaria del país.

En esa línea se pronunciaron los diputados socialistas que facilitaron la investidura de Rajoy, la mayoría de ellos defenestrados por la dirección federal de Ferraz, que pidieron al PP que apoyen sin condiciones la investidura de Sánchez: “No os pedimos la abstención a favor de un Gobierno socialista. Os pedimos que os abstengáis para que España tenga un Gobierno. No os pedimos que hagáis nada que no hayamos hecho antes nosotros”.

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Grecia: Mitsotakis logra la mayoría absoluta con un buen resultado de Syriza

Alexis Tsipras cayó con honor. Con un 57,92% de participación, los griegos confirmaron las tendencias de los sondeos sobre estimación de voto, con un refuerzo claro de las opciones que representan Nueva Democracia y Syriza. El centroderecha griego ganó las elecciones con el 39,85% de los votos, que confirmó su mayoría absoluta parlamentaria (158 diputados de los 300 que componen el Parlamento heleno) gracias al bonus de 50 diputados que establece la ley electoral para el partido más votado.

ND sube 11.75 puntos en cuatro años, un escenario que se entiende por la desaparición de buena parte de los partidos ubicados entre el centro y la extrema derecha. Ni Amanecer Dorado ni Griegos independientes (Anel) lograron representación parlamentaria en la cámara parlamentaria menos fragmentada desde los comicios de 2012, lo que viene a confirmar el éxito de una campaña electoral centrada en la movilización y en la concentración del voto en una formación política, una campaña que ha dado resultado en casi todo el país. Así, un repaso por el resto de fuerzas parlamentarias confirman que, salvo Solución Griega y EK, más ubicados en el centro liberal, el resto de opciones se mueven en el espectro del centroizquierda, dato que tiene su importancia, sobre todo de cara al futuro.

ND fue la primera opción en todas las regiones y municipios excepto en Creta,  Arta, Atenas occidental, Achaea y Xánthi, único bastión en el norte del país en el que Syriza fue primera fuerza. Su fracaso en prácticamente todo el norte del país hace pensar en los efectos del acuerdo firmado con Macedonia y del voto de castigo sucesivo consiguiente que lleva a la izquierda radical a la oposición. Será interesante comprobar cómo Syriza afronta la próxima legislatura una vez que ha asumido, en el Gobierno, el realismo en política y que Atenas no tiene fuerza, en estos momentos, para liderar ningún cambio de posición radical en relación a los rescates financieros.

En culquier caso, Kyriakos Mitsotakis, nuevo primer ministro, no ha logrado acabar con Syriza, que ha logrado un resultado más que aceptable si tenemos en cuenta los virajes de Alexis Tsipras en relación a la política económica, a la política exterior griega e incluso como el símbolo de la izquierda alternativa que en su momento pretendió liderar en Europa y que hoy pasa por horas bajas (como ejemplos bastan la situación en la que sobrevive hoy el M5S en Italia o Podemos en España).

El domingo, la izquierda griega consiguió salvar los muebles y quedó muy por encima de los márgenes de los sondeos sobre estimación de voto previos a las elecciones. Con un 31,53% de los votos, logra un buen resultado, más que aceptable si se tiene en cuenta que, en relación a las elecciones de 2015, pierde apenas 3.96 puntos, que es lo que gana el partido que lideró en estos comicios Yanis Varoufakis (MERA25, con el 3,44% de los votos y 9 diputados).

El respaldo a Tsipras, pues, ha sido más que aceptable a pesar de la propaganda en su contra en países como España por su viraje en la política económica tras las últimas elecciones y a pesar del resultado del reférendum sobre el tercer rescate financiero. Y de paso, apunta el camino del primer ministro heleno, que ya ha hablado directamente de volver a negociar con la Troika medidas para aligerar la carga financiera sobre el país,al tiempo que confirma el refuerzo del bipartidismo en Grecia, con Syriza como sustituto del PASOK. Las dos primeras fuerzas políticas concentran el 71.38% de los votos en el Parlamento, algo que no ocurría desde las elecciones generales de 2009.

Amanecer Dorado se queda sin representación parlamentaria, aunque es sustituido por Solución Griega, que entra con el 3,70% del apoyo y 10 diputados, cumpliéndose así también las últimas estimaciones de los sondeos. La tercera posición la ocupa ahora KINAL, la evolución política del PASOK, que obtiene el 8.10% de los votos frente al 6.29% conseguido hace cuatro años por la socialdemocracia clásica helena. Por su parte, el KKE vuelve a confirmar su techo y suelo electoral, con un 5.30% de los apoyos y 15 diputados, los mismos que consiguió en las últimas elecciones.

Quedan fuera del parlamento opciones como EK, fundada para sustituir a To Potami, y con la intención de ocupar el centro político; se queda en el 1.24% de los votos. Lo mismo sucede con LAE (0,28% de los votos) y otras opciones que nacieron de las escisiones de Syriza por desacuerdo con la decisión de Tsipras de cumplir con el mandato de la Troika, muy presente todavía en el día a día económico y financiero del país.

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La izquierda lusa pierde apoyo pero concentra el 52% de apoyo parlamentario

Los resultados de las elecciones europeas han confirmado que la esperanza del centroizquierda socialdemócrata pasa, sobre todo, por España y Portugal. Los comicios generales en España del pasado mes de abril, a la espera de que se dirima la investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno, y las buenas expectativas del PS en las elecciones generales lusas, previstas para el próximo 6 de octubre, confirman a ambos países como puntas de un eje hacia una teórica reconfiguración del reparto de poder en la UE que ha vuelto a dejar mucho que desear. Esta proyección se percibió en la reunión del G20, en Japón, con la exhibición de buenas relaciones entre Emmanuel Macron y el propio Sánchez, y en la negociación de los cargos a designar en las instituciones de la UE para los próximos cinco años.

Volvemos, pues, a dinámicas reconocidas y reconocibles del statu quo anterior a la crisis financiera, con la pérdida de poder de Syriza,  que ganó las elecciones en 2015 como símbolo de recuperación de la dignidad griega y de un giro hacia  una Europa más empática con los ciudadanos,  y con un espejo, Italia, que apuntala una retirada de influencia en la escena comunitaria como castigo nada disimulado a las políticas defendidas por Matteo Salvini en el país, con la desactivación del M5S mediante.

En este contexto nos fijamos en Portugal, un país al que observa como reflejo futuro, en buena medida porque, en los grandes números, la economía marcha.  Los sondeos sobre estimación de voto no recogen grandes cambios en relación a las expectativas de los diferentes partidos en Portugal en relación a la serie histórica, a excepción de la paulatina caída de las expectativas de voto de los socialistas, que por el momento no se traduce en una recuperación del espacio perdido por el centroderecha.

Así, el PS sigue liderando la competición con un 36.35% de apoyo de media, -1.4 puntos respecto al mes de mayo pero todavía +3 puntos en relación a su último resultado en las urnas, con el anuncio de medidas y políticas, como el control de los precios de alquiler, que hace las delicias del electorado de centroizquierda español, especialmente en un momento en el que la vivienda, en todas sus vertientes, se confirma inmersa en una nueva burbuja financiera.

El PS se destaca del PSD, que sigue reptando en su suelo electoral. El partido de centroderecha portugués por antonomasia obtendría el 23.55% de los apoyos, -1.8 puntos respecto a la estimación realizada el pasado mes. Su socio de coalición electoral en 2015, el CDS, se movería en torno al 6.65% (-1 punto respecto al mes anterior) y juntos sumarían el 30.2% de lo sapoyos, -8.4 puntos en relación al resultado obtenido hace cuatro años por Portugal à Fora.

En cuanto a los socios parlamentarios del PS, no se perciben tampoco grandes oscilaciones electorales: El BE sería tercera fuerza con el 9.05% de los apoyos, -1.2 puntos en relación a los últimos comicios pero una proyección idéntica a la de hace un mes. La CDU, por su parte, caería al 6.3% de los apoyos (-1.9 puntos en relación al mes pasado). Entre las tres fuerzas sumarían el 51.7% de la representación parlamentaria, por lo que todo estaría listo para reeditar un pacto como el de la geringonça. 

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El PSOE refuerza posiciones y el PP recupera suelo electoral

Los primeros sondeos publicados tras las elecciones generales, y con la resaca de los comicios de mayo, confirman la tendencia: Los partidos tradicionales recuperan posiciones en un contexto de fragmentación política que se mantiene a pesar de las dificultades. Con el foco puesto en Unidas Podemos y, sobre todo, C’s por sus respectivas estrategias en relación al reparto de poder tras el ciclo electoral, los sondeos sobre estimación de voto recogen un desgaste de la marca de los nuevos partidos políticos, con diferentes puntos de partida.

Por un lado, hay que hablar de C’s y de una singular crisis interna por la posición defendida, precisamente, por su líder, una estrategia que se ha saldado con el abandono de Manuel Valls, tras apoyar la investidura de Ada Colau en Barcelona, además de la dimisión de Toni Roldán y de otros cargos del partido en el resto del país, además de las críticas públicas de otros destacados miembros de la dirección. El motivo, el cordón sanitario impuesto por Albert Rivera, y respaldado por la dirección de C’s, a pactar con Pedro Sánchez una investidura, lo que ata al partido al presente y al futuro del PP.

Si tenemos en cuenta, además, que la debilidad del PP se sustenta en la emergencia de VOX, queda claro que estamos ante una estrategia en la que la formación naranja ha decidido postularse como una alternativa al PP en el centroderecha, tal vez, en los próximos años, una estrategia que hoy pasa por sentarse a negociar con VOX la formación de los gobiernos autonómicos pendientes (Madrid y Murcia), como guindas al pacto de gobierno alcanzado en otros niveles institucionales (Andalucía, Castilla y León y el Ayuntamiento de Madrid como principales referencias). A diario, los perfiles oficiales de VOX y C’s dejan sobradas muestras de un diálogo de sordos entre ambos, con agarrones en los que ya no se disimulan insultos.

Unidas Podemos comparte con C’s crisis interna, aunque por otros motivos. La lista de Pablo Iglesias permitió salvar los muebles en las elecciones generales de abril, algo que no sucedió en los comicios autonómicos y municipales del mes de mayo. Las urnas no permitieron maquillar el hundimiento de Unidas Podemos, que todavía se hizo más patente con la pérdida del Ayuntamiento de Madrid y la incertidumbre instalada en la CAM, en donde la lista de Angel Gabilondo fue la más votada aunque sin poder suficiente para evitar un acuerdo a tres del espectro de las derechas.

La resaca de las elecciones han vuelto a establecer la crisis como el estado perpetuo en la situación de la formación morada, un escenario que casa mal con la designación como cargo de confianza de candidatos que no consiguieron un buen resultado y con el abrazo del oso con el que el PSOE decidió emprender la negociación de la investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno.

Ferraz sabe que el tiempo corre en contra de los intereses de Unidas Podemos, en crisis permanente desde Vistalegre II y que, ahora mismo, se circunscribe a la posición defendida por Iñigo Errejón y la corriente que lidera, a la espera de confirmar si da el salto o no a la política nacional en el caso de una repetición de las elecciones generales. Por el momento, el cabeza de lista de Ahora Madrid ha llegado a descartar la entrada de su partido en un hipotético gobierno de Gabilondo para convencer a C’s de que se abstenga, un movimiento que Iglesias hizo suyo también estos días.

Tras semanas exigiendo que en el próximo Gobierno haya ministros de Unidas Podemos, Iglesias dejó caer la posibilidad de no entrar en el Gobierno de cara a la segunda votación de la investidura de Sánchez, que se votará el próximo 22 de julio, para evitar una repetición de los comicios generales que serían mortales para la formación morada, hoy condenada a ser la muleta de apoyo del PSOE.

El PSOE saca 14 puntos al segundo

Los sondeos sobre estimación de voto confirman que los partidos que en su momento encabezaron la nueva política no pasan por su mejor momento, lo que se traduce, a su vez, en un refuerzo de las posiciones del bipartidismo tradicional. Este refuerzo es claro en el caso del PSOE, que aprovecha la fuga de votos detectadas en UP y, también, en C’s, que aleja la posibilidad de sobrepasar al PP como primera fuerza en el centroderecha. Por su parte, los populares aprovechan la caída en las expectativas de VOX, un dato que vendría a refrendar la posición de fuerza de Génova durante la negociación de la composición de los ayuntamientos, negociación en la que C’s no destacó precisamente por su visión.

De acuerdo a los datos publicados a lo largo del mes de junio, el PSOE subiría al 32.16% de estimación de voto (31.3% si eliminamos el sesgo del CIS, mucho más pronunciado en el barómetro publicado este miércoles). El bloqueo institucional, que recuerda mucho al que vivimos en 2016 con Mariano Rajoy como candidato a la investidura, parte del supuesto de que una repetición de las elecciones generales ampliaría la distancia de los socialistas respecto al segundo competidor: Gana en un par de meses 3.48 puntos y su líder, Pedro Sánchez, se proyecta como el mejor valorado.

Este análisis obvia, quizás conscientemente, el aumento de la abstención, sobre todo por electores que ya fueron en abril a votar con la nariz tapada con el argumento de parar al fascismo y que el sanchismo reforzaría su poder a costa de la caída de UP, lo que dejaría todo en manos de que el reparto de poder con la aplicación de la LOREG amplificara la posición de los socialistas como primera fuerza.

Todos los sondeos publicados (excepto Simple Lógica y el CIS) apuntalan cierta recuperación del PP, que se movería en torno al 17.78% (19.06% si obviamos el dato del CIS), con cierta recuperación respecto al batacazo del 28A tanto en relación con el PSOE como, sobre todo, respecto a C’s, que aleja la posibilidad de sorpasso. Los populares ganan 1 punto respecto a abril (+2.36 si descartamos al CIS) y, sobre todo, aparecen como el árbitro moderador de las tensiones exhibidas en público por C’s y VOX, que aprieta estos días con retirarse de la negociación del gobierno de la CAM si no se habla de reparto de cargos.

C’s se movería en torno al 15.8%, un dato que confirmaría que el 28A tocó techo electoral y que, por el momento, existe poco margen de maniobra. Este escenario, en sí mismo, aventura la primera dificultad de la formación de Albert Rivera, que ya no pasa por ser el líder mejor valorado (ver datos del CIS o de Simple Lógica) y al que muchos de sus partidarios colocan ahora como parte del problema que atraviesa la formación. El tiempo dirá si la estrategia emprendida por el partido es la correcta o no; por el momento, queda manifiestamente claro que C’s ya no pretende disputar el espacio del centro ideológico y que, tal y como hemos visto estos meses, prefiere entrar en la zona que, hasta ahora, era territorio natural de los populares.

Las cosas tampoco pintan bien para los intereses de UP, que caería al 13.4% de estimación de voto (-1 punto respecto a su último resultado en las urnas), con el liderazgo de Pablo Iglesias totalmente achicharrado como evidencia actitudes como la de equipo negociador del PSOE, que hace semanas dejaba caer la posibilidad de negociar finalmente un gobierno de coalición pero sin Iglesias sentado en el Consejo de Ministros.

El fenómeno VOX también sufre cierto desgaste, sobre todo en relación a sus resultados en las elecciones generales. El partido que lidera Santiago Abascal, muy desaparecido de los focos de los medios durante estas semanas, caería al 7.4% de estimación de voto, casi -3 puntos en relación a su representación actual aunque todavía por mayor proyección que la registrada en las elecciones mayo. VOX se confirmaría, por lo tanto, como una opción con más potencia en términos nacionales que locales, a la espera de ver cómo se dirime la negociación de su posición en las investiduras pendientes. Estos días lidera la batalla cultural de la semana contra la reivindicación del Orgullo Gay.

CODA. Una muestra de las buenas relaciones que, en público, mantienen C’s y VOX desde sus perfiles oficiales en Twitter. En la práctica, con el PP mediante, ambos partidos comparten negociación y votos, como se puso de manifiesto hace unas semanas con los presupuestos andaluces.

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