VOX marca la agenda y Sánchez vuelve a tropezar con Cataluña

La entrada de VOX en el Parlamento andaluz ha provocado el efecto esperado: Los sondeos sobre intención de voto que se van publicando estos días recogen el ascenso del fenómeno VOX de cara a las próximas elecciones generales. Los 12 escaños conseguidos en las elecciones andaluzas, que todavía están siendo analizados por las empresas demoscópicas para conocer a su elector tipo, han conseguido dar a conocer una marca electoral que, hasta el momento, pasaba desapercibida.

Sus posiciones respecto a la unidad de España, con querella contra el presidente de la Generalitat incluida por unas declaraciones del pasado fin de semana, y respecto a todo lo que tiene que ver con la revolución cultural de los años ’60 (feminismo, derechos minorías, derechos de colectivo LGTB) han encontrado un caldo de cultivo que omite sus postulados respecto a la economía, del Estado de bienestar o de todo lo que no sea amurallar a los colectivos más privilegiados que atesoren un Rh neocon.

No ayuda a minimizar el tsunami VOX la actitud de una parte de la izquierda amplia y de sus altavoces mediáticos: Desde la caza del votante ultra en Marinaleda al desprecio a los municipios en los que el partido logró un buen resultado el pasado 2 de diciembre por una supuesta ausencia de librerías. Como ya ocurrió durante el fenómeno Trump y en la mayoría de procesos electorales en los que ha habido una elección por candidatos o partidos con un tinte autoritario marcado, una parte de los analistas parece cómodo en arremeter contra el votante de estas formas políticas desde un desprecio de clase en lugar de hacer autocrítica.

La principal consecuencia pasa por entender que VOX será fundamental en la configuración de los próximos gobiernos a nivel local y autonómico, con C’s y el PP dispuestos a establecer vías de diálogo con la formación ultra. La cercanía de las elecciones imposibilita cualquier desgaste de la formación, por lo que ya se da por hecho que el fenómeno estará presente en la vía institucional durante los próximos cuatro años.

El reajuste de las estrategias

En este contexto, se comienzan a perfilar las estrategias de los diferentes partidos ante lo que queda de legislatura, con el ojo puesto en las elecciones municipales, autonómicas y europeas del próximo mes de mayo. Así, el PP anda todavía digiriendo la fragmentación de su espacio electoral natural, con una dirección cada vez más escorada a la derecha, que ha decidido intentar frenar la vía de votos hacia VOX con la asunción de un discurso que adopta los símbolos para diferenciar a los buenos españoles de los malos: “Nosotros celebramos la Navidad, ponemos el belén, ponemos el árbol, celebramos nuestras tradiciones, nuestra Semana Santa y nos sentimos orgullosos. Y a quien no le guste, ¡que se aguante! ¡Porque nosotros somos españoles y celebramos la Navidad y la Semana Santa! ¡Y nos sentimos orgullosos de nuestros agricultores! ¡Y defendemos la caza! ¡Y defendemos al que quiera ir a los toros, que vaya, y al que no le guste, que no vaya! ¡Pero que no se prohíbe nada! ¡Ya está bien! ¡Ya está bien!”.

El abrazo del PP hacia lo simbólico, que ya se esbozó durante la campaña de las elecciones andaluzas y que ya se asume sin rubor, evidencia una falta de discurso alternativo que pueda convencer al elector que hoy duda entre dar su confianza a los populares o a VOX y también la falta de banquillo para buscar cabezas de lista como empuje para el mes de mayo. Es simplemente marciano que Génova se esté planteando en serio colocar a Adolfo Suárez Illana, el hijo del ex presidente y paracaidista profesional, como número 1 de la lista del PP al Ayuntamiento de Madrid, mientras se despeja la incógnita de si queda alguien en el PP madrileño que no sea Garrido para liderar la lista del partido a la Comunidad.

En el caso de C’s, los resultados de Andalucía y su papel como llave de gobierno en la Junta ha venido acompañado de un giro cada vez más evidente para buscar el centro político, en la actualidad huérfano con tanta testosterona ideológica en juego. Si se cumple el pronóstico, Albert Rivera comenzará a disputar ese votante al PSOE, que intenta minimizar el golpe recibido en Andalucía (recibido por Susana Díaz en primera persona pero también por Pedro Sánchez) conformándose como la única alternativa a la ola autoritaria en España.

Con Unidos Podemos echado al monte del antifascismo vacío de contenido, la estrategia de Ferraz, que puede dar resultados positivos, necesita de tres elementos para que dé resultados:

  • El primero y más importante, que Moncloa y Ferraz dejen de cometer errores no provocados a diario con mensajes contradictorios sobre los temas que ocupan la agenda mediática. Sánchez ha conformado un equipo de personas autónomas incapaces de seguir una línea estratégica o argumental fijada desde los cuarteles generales, más ocupados en lograr su trozo de pastel que en pensar a medio plazo.
  • Articular una estrategia para colocar a diario asuntos que les beneficien con el fin de movilizar a su electorado con un discurso con marcado toque social y de defensa de derechos. Las famosas líneas rojas de las que hemos hablado en otros momentos en este blog y que se están saltando a diario, ya sea en forma de vulneración del derecho a la libertad de expresión o de protección de las fuentes periodísticas, como confirmaron este martes los dos periodistas mallorquines a los que la policía requisó sus móviles por negarse a desvelar la identidad de sus fuentes.
  • Y por último, y relacionado con este asunto, reducir el conflicto dialéctico con Cataluña, que por ahora está sirviendo de pegamento para unir postulados en pro de una España unitaria al tiempo que traslada el mensaje de que el Gobierno central está en un callejón sin salida por sus acuerdos con las formaciones independentistas para conseguir el poder.

Cataluña como herida permanente

Una parte de los análisis postelectorales de Andalucía se centran en el peso del conflicto catalán en la decisión del voto el pasado 2 de diciembre. De acuerdo con esta teoría, una parte del votante de izquierdas se quedó en casa u optó por otras fuerzas políticas, como C’s o VOX, por la actitud de Podemos y del PSOE respecto al independentismo. El apoyo de ERC y el PdeCat a la moción de censura de Pedro Sánchez se habría percibido más como una afrenta que como una oportunidad para reconducir el problema.

El bloqueo de la legislatura por parte de las fuerzas independentistas con representación parlamentaria, que se acompaña con la huelga de los políticos del Procés encarcelados por los acontecimientos en torno al referéndum del 1 de octubre, completaría el escenario de un país con un fuerte conflicto territorial que habría tenido como consecuencia una reacción exarcebada de los defensores de los símbolos nacionales y la defensa de la unidad de España como marcos de referencia.

Nuestro análisis tiene más que ver con la falta de incentivos reales para votar a unas fuerzas progresistas que, en la práctica, no asumen planteamientos que cuestionen el statu quo o que hablen de los temas que preocupa a su base electoral. Eso explica la abstención en Andalucía o la evidente desmovilización del electorado que sólo saldrá a votar, de nuevo, con la nariz tapada si percibe que la ultraderecha puede romper su techo electoral, situado en torno al 10% de estimación de voto.

En cualquier caso, la tendencia es mirar hacia la izquierda para ver cómo modula su discurso y estrategias, y constituye el primer error de análisis. El votante que se posiciona de forma ruidosa con VOX siempre estuvo ahí, domesticado bajo las siglas del PP. Fue la situación en Cataluña la que hizo que estallaran las propias costuras del partido, ya muy tensas por la gestión de las contradicciones bajo el mandato de Mariano Rajoy.

Desde su elección como presidente del PP y, sobre todo, desde que se reanudó el ciclo político tras el parón vacacional, Pablo Casado no disimula su temor a que VOX siga marcando una agenda política y mediática que, tanto en el fondo como en la forma, les perjudica electoralmente. No es casualidad que los primeros espadas del PP se hayan lanzado a defender en público símbolos que se relacionan con la España más conservadora, como la referencia a la tauromaquia o la adopción del árbol de Navidad y el Belén como símbolos del buen español.

Hoy VOX marca una agenda que vuelve a tener en Cataluña uno de los temas preferidos. El guante de la querella anunciada por Santiago Abascal contra Quim Torra por su apelación a la vía eslovena para lograr la independencia de Cataluña o la inacción de los Mossos al corte de la AP7 por parte de los CDR  el pasado fin de semana fue recogido por el ministro del Interior, que hizo pública una carta al conseller de Interior de la Generalitat en torno que las FCSE cumplirán el mandato constitucional de permitir la libre circulación por todo el territorio español. En un nuevo giro, inesperado sólo para los que confían en los principios de Pedro Sánchez, el presidente del Gobierno ha negado la posibilidad de un referéndum pactado como punto de partida para resolver el problema catalán, una posibilidad que dejaba abierta hace sólo dos meses.

Y todo ello mientras los sectores independentistas más vinculados con la acción directa confirman que habrá boicot a la reunión del Consejo de Ministros que se celebrará en Barcelona el próximo 21 de diciembre. La cita, propuesta Pedro Sánchez como gesto para indicar una distensión del conflicto con Cataluña, puede convertirse en la tumba del presidente del Gobierno si, como se sugiere desde diferentes ámbitos, la carta de Grande-Maslaska avanza que se pondrá en marcha una nueva aplicación del art. 155 de la CE si el Govern no controla a las bases sociales del independentismo.

No ayuda a rebajar la tensión la aparente contradicción entre los miembros del Gobierno con un ministro de Fomento, mano derecha del presidente del Gobierno, que sugirió la conveniencia de mantener la cita  con los avisos de boicot sobre la mesa: “Los Consejos de Ministros se van a hacer los viernes, normalmente en Madrid. Lo que hay que ver en todo caso es las razones que llevaron a que este Consejo de Ministros se hiciera en Barcelona. Yo creo que eso es lo que hay siempre que contemplar, si las razones que siempre buscan un resultado positivo pues pueden seguir manteniéndose”.

Tras la rectificación de Moncloa, que aclaró que “por supuesto” se mantiene la cita en Barcelona para el 21 de diciembre, el propio Abalos reculó y apuntó que hablaba a título personal cuando cuestionó que finalmente el Consejo de Ministros se trasladara a la Ciudad Condal. El daño ya está hecho: El Gobierno ha enseñado sus cartas gratis y ha asumido que hay un sector que siente temor ante lo que pueda ocurrir en Barcelona el 21 de diciembre, lo que debería dar más motivos al CDR y a ANC para la movilización. Por otra parte, si Sánchez hubiera rectificado y hubiera decidido no celebrar la reunión en Barcelona para prevenir incidentes, VOX hubiera capitalizado el miedo de un Ejecutivo al que le quedan cada vez menos fuegos de artificio.

CODA. Datos de la encuesta postelectoral de Sigma Dos para El Mundo, con el origen del voto a VOX y las transferencias de voto de los diferentes partidos políticos. Completamos también con los datos de 40dB para El País

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La izquierda retrocede a la espera de computar el tsunami VOX

Los estudios sobre estimación de voto publicados a lo largo del mes de noviembre nos permite dibujar el escenario demoscópico anterior a la sacudida al sistema político que constituye la entrada de VOX en el Parlamento andaluz. Con alguna excepción (Metroscopia, el pasado mes de octubre,  y GESOP), casi ninguna empresa incluía al partido de Santiago Abascal en las estimaciones de voto de cara a las próximas elecciones generales, una decisión que confirma la minusvaloración del fenómeno VOX, que podría estar en el 10% de apoyo, por parte de casi todos.

Los resultados de las elecciones andaluzas celebradas el domingo pasado, y sobre todo los análisis posteriores, anticipan una ola que, en estos momentos, beneficiará a VOX en dos sentidos: Por un lado, la presentación de su marca electoral ante el electorado menos enganchado a la actualidad política; y, por otra, la construcción de una seña de identidad victimista si se quiere atizando el fantasma de la ultraderecha sin dar argumentos que desmonten el ideario montado en torno a VOX.

Aun siendo conscientes de que nuestro análisis de los estudios demoscópicos quedará incompleto, creemos necesario fijar el escenario electoral antes de los comicios andaluces, con un PSOE que perdía apoyos, un PP estancado y un C’s incapaz de ejecutar el sorpasso respecto a la formación conservadora por antonomasia. Todo ello con Unidos Podemos en el 17% deintención de voto, una estimación que le aleja de cualquier competición con el resto de formaciones de implantación estatal y que le atribuye sólo valor en términos de configurarse como llave de gobierno de cara al próximo Congreso de los Diputados.

Con un 25.88% de media, el PSOE sería el partido más votado, sumando apenas 2 puntos más que en las elecciones generales de 2016 y con una caída de 1.42 puntos respecto a la estimación de los estudios publicados el pasado mes de octubre. Tras la debacle andaluza, que aventura la apertura de una nueva batalla entre el sanchismo y los sectores reconfigurados en torno a Susana Díaz, tanto el PSOE como Moncloa se han empeñado esta semana en alejar la posibilidad de un adelanto electoral para la próxima primavera.

A cambio, Pedro Sánchez se ha comprometido a llevar a las Cortes el proyecto de PGE con dos intenciones: Por un lado, la evidente, es decir alargar la legislatura lo máximo posible mediante la aprobación de las cuentas públicas. La segunda, más estratégica. Sánchez pondrá a los partidos que apoyaron la moción de censura ante el espejo con el fin de elaborar un discurso del tipo “O yo, o la ultraderecha” con el que reconfigurar el que será su mensaje de cara al próximo ciclo electoral.

Especialmente significativo ha sido el repligue del Gobierno de la Generalitat valenciana, donde ya se daba por hecho que Ximo Puig adelantaría los comicios autonómicos al mes de marzo para darle a la campaña un toque puramente valenciano. Los resultados andaluces han llevado al congelador todas las propuestas en este sentido.

El PP sigue como segunda fuerza con un 23.06% de estimación de voto, medio punto menos respecto al promedio del mes anterior y -10 puntos si lo comparamos con las elecciones generales de 2016. Con VOX llamando a las puertas, queda confirmado que el espacio que tradicionalmente ocupaban en solitario queda fragmentado en tres espacios: el de VOX capitalizando el voto más extremo y el resto, en el que muerde también C’s.

Así, parece claro que, en estos momentos, el PP sigue aguantando por el peso de sus siglas pero, el hecho de que les haya salido competencia, y nada menos por parte de un ex dirigente del PP, confirma que los deberes no se hicieron y que Pablo Casado no parece ser el candidato que el partido necesita en estos momentos. El modo pánico en el que ha entrado esta semana, con la asunción de todos los mensajes de VOX para conseguir su apoyo para desalojar al PSOE de la Junta andaluza, indica que tampoco ha realizado una digestión adecuada de los resultados electorales de Andalucía, lo que da más energía a las opciones de crecimiento de VOX.

Algo parecido le puede estar pasando a C’s, que sigue como tercera opción con un 21.28% de apoyo, +1 punto respecto al mes anterior y +8.2 puntos en relación a sus últimos resultados electorales. A pesar de su crecimiento desde hace un año, el partido de Albert Rivera no aprovecha el momento de debilidad por el que pasa el PP  y, a pesar de cierto giro al centro por parte de sus primeros espadas, la formación naranja sigue entrando en el modelo territorial y en Cataluña como obsesión, dos mensajes que, en estos momentos, pueden terminar beneficiando a VOX.

Unidos Podemos, por su parte, se sitúa en el 17.02% de media, casi 0.3 puntos menos respecto a la estimación del mes de octubre, -4 puntos si lo comparamos con su último resultado en las urnas. Sus análisis de los resultados andaluces, apelando a un frente antifascista en la calle, combinado con su equidistancia respecto al independentismo y con la asimilación en el sistema por parte de los sectores más posibilistas, apuntan a una desmovilización de su base electoral en el próximo ciclo electoral con beneficio directo de las derechas políticas. Ya ocurrió, por cierto, en las elecciones generales de 2000 y, en cierta medida, en la de la mayoría absoluta de Mariano Rajoy.

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A reconfiguración comeza en Andalucía

Madrid | 6 de decembro. 2 de decembro, 22 horas. Despois de adiarse a publicación do reconto das eleccións autonómicas, a sorpresa: Vox entre no Parlamento con 12 escanos, superando todas as estimación que, no mellor dos casos, atribuíanlle oito deputados. A campaña de Vox, o partido de modo, deu seu froito e o PP conseguía unha carambola perfecta. O afundimento do centroesquerda andaluz e o espantallo da ultradereita poden levar a Juanma Moreno ao Pazo de San Telmo malia que os populares asinaron o seu peor resultados nas urnas desde o ano 1990.

[El resto del análisis se puede leer en Adiante . Si alguien tiene dificultades con el gallego y le interesa, puede pedirme una copia en castellano aquí o en mi cuenta de Twitter: @C_Arango77]

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#UnFuturoCompartido: La ruptura de Errejón con Podemos

La casualidad ha querido que el cabeza de lista por Unidos Podemos en las elecciones autonómicas de Madrid, Iñigo Errejón, lanzara su primer vídeo de campaña en plena resaca de las elecciones andaluzas. Con motivo del 40 aniversario del referéndum que aprobó la Constitución de 1978, Errejón lanzó un spot personal con claro tinte electoral en el que ha conseguido desmarcarse de la línea oficial de Podemos en, al menos, dos sentidos.

En pleno llamamiento de Pablo Iglesias a articular un frente antifascista en la calle, que ya se ha notado en la presión a líderes de C’s por su posición de abrir negociaciones con el PP para conformar un gobierno alternativo a Susana Díaz en Andalucía, ya veremos si con el apoyo de VOX, Errejón ha reivindicado la cosecha de 1978 y la literatura en torno a las bondades de la Transición, que tuvo en la aprobación de la Constitución uno de sus hitos históricos.

Así, el candidato de Podemos en Madrid se suma a la conmemoración de la Carta Magna como algo positivo en la Historia del país, una posición que contrasta con la de la dirección central de Podemos, que se ha desmarcado de los homenajes en el Congreso de los Diputados y que ha lanzado una propuesta propia para avanzar hacia la república como forma de Estado. De nuevo confirmamos la “entente cordiale” entre la dirección nacional de Podemos y la candidatura de Errejón en Madrid, que apunta a su absoluta independencia respecto a los postulados del partido tanto en el fondo como en las formas.

Errejón lanza estos mensajes en un vídeo muy personalista, estéticamente bien hecho, con buena factura, que pretende ser un ejercicio de reflexión que se percibe tanto en la acción elegida (un paseo en solitario por una gran ciudad) como por la música que acompaña las imágenes, totalmente centradas en el candidato y en cómo se va tropezando con ciudadanos anónimos que le reconocen, saludan o se hacen selfies con él.

Se opta por una estética muy concreta, el centro de Madrid, epicentro de la vida política de un país más centralista de lo que sugiere su modelo territorial, como si Errejón fuera candidato al Ayuntamiento y no la Comunidad, que es bastante más diversa de lo que se proyecta en la almendra central de la capital. En cualquier caso, se prefiere un paseo del candidato Errejón por las vías centrales de Madrid en el que reflexiona a propósito del significado de la Carta Magna y del orden político e institucional puesto en marcha por los herederos del franquismo y una oposición política legalizada apenas unos meses antes de 1978: “Miro atrás con respeto. No todo se pudo. Pero soy hijo de aquel esfuerzo colectivo para hacer un país democrático”.

Estamos, pues, ante una de las reflexiones más contundentes en la galaxia Podemos que rompen con la base del argumentario puesto en marcha a partir de la movilización del 15M: La Transición fue una farsa que permitió pasar página sin asumir responsabilidades, lo que explicaría una raíz putrefacta del sistema político puesto en pie entonces, que explica la crisis económica y política que vive el país desde 2008 y que se ha trasladado a la actualidad con unas elites que se asemejan a castas.

Sólo al final del relato, Errejón parece querer reconciliarse con el 15M con dos referencias concretas: “La Puerta del Sol, donde hace ocho años comenzamos a vislumbrar la esperanza” (con guiño, suponemos, a la fecha de las elecciones autonómicas previstas para 2019 y no en la movilización del 15M propiamente dicha) y “Madrid va a ser la llave de la esperanza en España” (como ocurrió en 2011, cuando la acampada de Sol contagió a otras ciudades españolas). Es decir, no todo está perdido y la ciudadanía tiene todavía posibilidades de revertir el eterno retorno en el que parece que estamos inmersos.

Como un buen ejemplo de storytelling, Errejón comienza su historia haciendo una referencia a su biografía, con una imagen suya de pequeño incluida. A partir de ahí, encontramos las tres paradas habituales en la construcción de una historia: Introducción (la asunción del relato histórico, que le permite engarzar con las generaciones anteriores), nudo (el momento presente, lleno de dificultades que, en este caso, se centran en las heridas de la crisis económica, en forma de “desigualdad y los privilegios casi nos rompen la convivencia”) y desenlace, es decir, el planteamiento del futuro que está por llegar y que el propio Errejón asegura afrontar con coraje (“yo hoy no miro hacia delante con pesimismo sino con coraje”).

El candidato Errejón es consciente de la depresión colectiva en la que vive un sector del electorado, que ha visto cómo las esperanzas puestas en Podemos como partido político llamado a cambiar las cosas se ha truncado por completo. No es casual que se refiera al pesimismo (que puede estar en las cifras de asbstención en Andalucía o en la desmovilización de la izquierda que recogen los sondeos sobre intención de voto) y que lo contraponga a pasar a la acción, aunque sea con un tono moderado y no excesivamente combativo que contrasta con el estilo Iglesias:

“Hay momentos decisivos en la historia, como entonces,cuando los pueblos tienen como una chispa de luz, un flechazo de dignidad que deja huella en el tiempo. Éste es el nuestro. En estos mometnos hay un sola manera de caminar: hacia delante, juntos, cuidándonos. Para hacer una patria moderna, justa, diversa y que no deje a nadie atrás. España no va a retroceder. Vamos a encarar el futuro como mejor sabemos: con empatía, con firmeza, con solidaridad, a mi generacion le toca dar un paso al frente. Sin gritos pero con determinación, recogiendo el esfuerzo de nuestros mayores”.

En la práctica, parece que se asume que no es posible una sacudida como la que Podemos y el propio Errejón defendían en 2014, es decir, plantea claramente la derrota entre el proyecto y la realidad. Así, tanto el mensaje como la puesta en marcha traslada una sensación de tristeza por lo que pudo haber sido y de resignación ante los límites del cambio posible, lo que engarza a Errejón con la posición tradicional del PSOE durante estos años.

Sin referencias económicas o de clase, Errejón esboza su idea de país que, de nuevo, vincula al modelo que sitúa a Madrid como referente: “Tenemos que volver a coser España” (única mención al conflicto territorial que, de acuerdo con el análisis de los cuarteles generales del PSOE, explica el ascenso de VOX en las elecciones andaluzas) que debe luchar por la igualdad, contra la precariedad y que debe envolverse de la bandera del ecologismo (quizás como guiño a un nicho de mercado como el que está propiciando al ascenso de los Verdes en Alemania).

Y todo ello con un candidato, Errejón, con un aspecto pulcro, que no tiene nada que ver con la estética de sus años de estudiante en la Facultad de Ciencias Políticas, y con unas formas pausadas, a veces rozando la tristeza o resignación ante la tarea que está por delante. En cualquier caso, y de forma coherente, sigue la construcción de una candidatura muy personalista que bien podría ser votado por el electorado tradicional del PSOE en una ciudad como Madrid. Nada que ver con la puesta en escena de direcciones colegiadas o las referencias a la comunidad en las que el propio candidato por Madrid participaba.

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La sacudida comienza en Andalucía

La digestión de los resultados de las elecciones autonómicas andaluzas está siendo muy pesada. La irrupción de VOX como partido con representación parlamentaria con nada menos que 400.000 votos y 12 escaños, pulverizando todas las estimaciones de voto publicadas, puede constituir el inicio de una ola similar a la que en su momento situó a Podemos como la formación llamada a sustuir al PSOE como fuerza hegemónica de la izquierda.

A pesar de que VOX fue fundado hace cinco años y que durante este periodo ha pasado muy desapercibido, Andalucía constituye su puesta de largo para el electorado medio con un discurso que no es en absoluto novedoso en el fondo pero sí en las formas, tal y como vio Franco Delle Donne desde su cuenta de Twitter:

Estamos ante el ideario tradicional de la ultraderecha española que, con discursos actuales, ha encontrado un caladero de votos en sectores contrarios al Estado de las autonomías, a los movimientos sociales y políticos identitarios y que entiende la inmigración como el principal problema como baluarte de disolución del sustrato cultural católico aprovechando la coyuntura de una crisis económica cuyas heridas siguen abiertas en el tejido social.

Con los 400.000 votos recibidos el 2D, VOX se presenta como un partido con utilidad para acabar con la hegemonía socialista en Andalucía y con una capacidad de crecimiento en los próximos meses que puede derivar en ruidosas sorpresas en las elecciones europeas, autonómicas y municipales previstas para el próximo mes de mayo. Sobre todo si el resto de formaciones políticas entra en su juego blanqueando sus planteamientos por miedo o por conveniencia de cara a los pactos presentes y futuros o si compran sus temas y argumentos aunque sea como forma de oposición, como ha  hecho PSOE y Podemos desde que las urnas confirmaron la sorpresa en Andalucía.

La izquierda, en retroceso

La noche del 2 de diciembre se consumó la sacudida: Con una participación del 58,65%, -3.6 puntos respecto a las elecciones de 2015, el PSOE de Susana Díaz no aguantó y se dejó 400.00 votos y 14 diputados respecto a las últimas elecciones autonómicas. Con 33 diputados, Díaz corona el peor resultado del socialismo andaluz en los comicios de una CCAA que llevan controlando durante 40 años. Hasta ahora, las elecciones de 1994 constituían el peor resultado del PSOE-A (1.4 millones de votos y 45 diputados). En perspectiva, los resultados de este domingo certifican el desgaste del partido hegemónico por excelencia en Andalucía, que en 2008 logró 2.2 millones de votos y 56 diputados y  que constituye hoy el principal granero de votos del PSOE a nivel nacional tras la hecatombe en Cataluña.

La jugada resulta más difícil de digerir si tenemos en cuenta que la presidenta de la Junta en funciones decidió adelantar los comicios medio año para aprovechar el impulso del cambio de Gobierno central. Esta decisión, y la construcción de una campaña muy personalista y centrada en su persona, que evidenciaba su desconexión con el sanchismo, conlleva la asunción directa de unos resultados que, seguramente, tienen una lectura nacional importante. El electorado que esta vez ha optado por VOX es posible que se haya sentido incentivado a acudir a las urnas por la decisión de Pedro Sánchez de apoyarse en los votos del independentismo para desalojar a Mariano Rajoy del Palacio de la Moncloa en la moción de censura votada el pasado mes de mayo.

Hace unos días, Lucía Méndez destacaba el origen popular de Santiago Abascal y de VOX. Eso contribuye a explicar la posición del PP respecto a su anterior compañero, que abandonó el partido por su oposición a todo lo que representaba y defendía Mariano Rajoy. Sin embargo, ese giro a la derecha no ha derivado tampoco en ganancias para la lista que encabezaba en Andalucía Juan Manuel Moreno. El PP pierde 316.000 votos y siete diputados, un mal resultado que el partido ha camuflado con las opciones de que Moreno se convierta en el próximo presidente de la Junta con el apoyo de VOX y de C’s, que estos días mantiene cierta distancia sobre la posibilidad de entrar en esa alianza.

Es decir, con el peor resultado posible para el PSOE, que ha visto cómo la abstención crecía en sus feudos tradicionales, el PP no aparece como alternativa creíble y retrocede a niveles de apoyo de 1990 (611.000 votos y 26 escaños). Además, el espacio ideológico que ocupaba en solitario se ha fragmentado en tres, con competencia directa en su flanco más centrista y en el extremo a pesar de tener a Pablo Casado, que no ha evitado comprar los marcos puestos en marcha en VOX durante toda la campaña andaluza.

Como apuntábamos, C’s sigue siendo una incógnita difícil de entender en un país como España: Con un candidato muy flojo, han hecho una campaña que ha evidenciado dificultades orgánicas que, sin embargo, se han traducido en 660.000 votos, lo que les hace pasar de 9 a 21 diputados. C’s es hoy la llave de Gobierno de la Junta gracias a un éxito electoral sólo empañado por el hecho de no lograr sobrepasar al PP como segunda fuerza parlamentaria en Andalucía-.

Por su parte, VOX consigue el 11% de la representación y 12 escaños, con presencia en todas las circunscripciones y con hasta dos escaños en Málaga, Sevilla, Cádiz y Almería, las cuatro provincias en las que se daba por segura su entrada en el arranque de la campaña. Su mérito, sin embargo, será la normalización de sus opciones dentro del sistema político a pesar de su ideario de derecha sin complejos, abiertamente xenófobo, anticatalanista, contrario al Estado de las autonomías y a toda la normativa que huela a derechos de minorías, igualdad o feminismo.

En este contexto, la confluencia Adelante Andalucía también confirmó su fracaso al quedarse en 584.000 votos y 17 diputados, algo que nos sorprende especialmente. A pesar de la buena campaña que ejecutó el tándem Teresa Rodríguez-Antonio Maíllo, AA perdió 282.000 votos respecto a los resultados que consiguieron por separado en 2015 Podemos e IU. El análisis de los resultados electorales por parte de Unidos Podemos, apelando a la constitución de un “frente antifascista” que pare a VOX en la calle, no hace sino consignar un análisis errado que debería pasar por las dudas ante las posibilidades de las confluencias y el agotamiento de un planteamiento en retroceso en Andalucía y en el resto del país.

El análisis y las consecuencias

Hasta ahora, el sistema político y de partidos andaluz constituía una singularidad en un sistema político que ha cambiado el propio funcionamiento del país en los últimos años. En línea con lo que está ocurriendo en buena parte de Europa y España, Andalucía se suma al sistema multipartidista y fragmentado que se vislumbró en 2012 y que se confirmó en las elecciones celebradas entre 2015 y 2016. Con años de retroceso, el electorado ha hecho pagar al PSOE sus lastres en forma de corrupción, clientelismo y un retraso económico que esconde la inexistencia de un modelo productivo más allá del sector agrario o el turismo.

No obstante, los resultados esconden algo más y tiene que ver con las costuras del sistema social y político resultado de la crisis económica que cristalizó hace una década. Recordemos el giro que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ejecutó a partir de mayo de 2010 y el sacrificio de las generaciones más jóvenes para proteger a los mayores de 65 años, una tendencia que se mantuvo con el cambio de signo en el Gobierno central. Hoy, el escenario tras la crisis es elocuente: precarización de las condiciones de trabajo,  expulsión del mercado laboral de trabajadores de más de 40 años o imposibilidad de entrada en el mismo de los más jóvenes, que tienen más que asumido que vivirán peor que sus padres o sus abuelos.

La gestión de la crisis económica y financiera se ha traducido en un aumento de las desigualdades, que se traduce en subidas nimias de sueldos mientras se disparan los beneficios empresariales, y la voladura controlada de todo el tejido que sustentaba el Estado social. La combinación de este factor, el hecho de que ni la formación sirve como ascensor social ni estar empleado garantiza salir de la pobreza y la percepción de que las ayudas sociales sólo recaen en la población extranjera (10%) alimentan una frustración social que se traduce en una desconexión de un sistema que se empieza a percibir como parte del problema y no de la solución.

Es en este contexto en el que el electorado opta por una abstención crítica (como parece que ha ocurrido en Andalucía, más allá de constatarse que hay mayores niveles de participación cuando estos comicios coinciden con la convocatoria de elecciones generales) o la tentación de optar por fuerzas que, con un discurso de corte autoritario, hablan de tú a tú al electorado en un idioma que entienden y que tienen como requisito la voladura del sistema político.q

VOX ha encontrado en la crisis abierta en Cataluña el pegamento perfecto para unir a sectores que sienten amenazada la unidad de España en un combo en el que se atacan todos los avances sociales que huelan a igualdad o feminismo. Es decir, el electorado más conservador, católico militante, que antes constituía un mercado cautivo para Génova, que tenía capacidad de movilización en función de los intereses de sus respectivas direcciones, se ha desmembrado del núcleo familiar y ha encontrado acomodo un partido nuevo que, además, forma parte del tronco ideológico tradicional popular.

Ahí no ayudan análisis de los resultados electorales como el que hizo Susana Díaz el lunes: “Si quitas a la extrema derecha, es evidente que hay una mayoría de izquierdas en Andalucía”. Tampoco hablar de un frente antifascista en la calle cuando lo que se constata es un alejamiento de las fuerzas políticas de izquierda de su electorado, que quizá no entiende que la prioridad sea el discurso inclusivo o la almendra central en Madrid y no atacar de raíz las desigualdades económicas o de clase. Así, poco a poco se extiende la desconexión del centroizquierda con los que deberían ser sus representantes y que no sólo se amurallan en chalets en Galapagar, sino que ni siquiera hablan su idioma ni parecen tener interés por sus preocupaciones.

El éxito de la derecha en Andalucía tiene que ver con su capacidad de movilización pero también con la decepción de la izquierda respecto a sus referentes. Seguramente, una parte del electorado socialista no entendiera que Susana Díaz liderara la opción de facilitar el gobierno de Mariano Rajoy o su tentativa de salto a la política nacional. Asimismo, es posible que una parte del electorado que en su momento confió en IU y/o Podemos entienda que estamos ante partidos inútiles para conseguir objetivos reales porque han perdido pegada en su cuestionamiento del sistema en su raíz. En este sentido, basta recordar la conexión de Pablo Iglesias con Pedro Sánchez para aprobar los PGE o la posición de la formación morada respecto a Cataluña.

Esta crítica o abandono ocurre en un momento en el que una parte del electorado más escorado a la derecha, que hasta ahora votaba al PP con la nariz tapada, ha considerado que es más útil dar su voto a las siglas que lidera Abascal, que podría moverse en torno al 10% de intención de voto en unas elecciones generales, gracias a un discurso que ataca la unidad de España que Cataluña ha puesto en duda, el combate contra las feminazis y la “ideología de género” y la inmigración no europea.

En la práctica, hemos visto la entrada en la vida política de un partido que embrida con el  movimiento neocon, aderezado con elementos singulares en torno a la unidad de España o el modelo identitario con trazas de catolicismo militante. No es de extrañar que Marine Le Pen o Steve Bannon hayan felicitado a Abascal por sus resultados en Andalucían y por la brecha que ha abierto y que constituye el verdadero problema de VOX: Su capacidad para contagiar al resto de formaciones políticas y los discursos con un dominio de la agenda en la que también tendrán responsabilidad unos medios de comunicación absolutamente volcados en la audiencia.

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2D: El PSOE saca 13 puntos al segundo, en disputa entre PP y Adelante Andalucía

La campaña electoral afronta su recta final. El domingo Andalucía se convertirá, con datos reales, en el primer laboratorio de pruebas para testar la situación política española tras la moción de censura que descabalgó al PP del Gobierno central. A pesar de la singularidad andaluza, con un PSOE desgastado tras 40 años en el gobierno de la Junta, las urnas permitirán extraer conclusiones en torno a la competencia que le ha surgido al PP en su blanco derecho e izquierdo y a las opciones de acuerdo entre PSOE y Podemos una vez que todos los protagonistas se preparan poco a poco para un adelanto de las elecciones generales.

Los sondeos sobre intención de voto publicados en las dos últimas semanas  sobre Andalucía son claros: El PSOE volverá a ser el partido más votado, muy por delante de su inmediato competidor. La lista que encabeza Susana Díaz sufre de cierto desgaste, que es más pronunciado según el estudio demoscópico al que hagamos referencia. Con un 33.5% de media, apenas se deja 2 puntos en intención de voto respecto a las elecciones de 2015, con horquillas de entre 37 (Sociométrica) y los 47 escaños que tiene en la actualidad (CIS). Con un 38% de abstencionistas e indecisos, Díaz parece una de las grandes beneficiadas de la norma no escrita en campañas electorales que prioriza al candidato o la marca electoral tradicional como motor para convencer a los indecisos en los últimos días de campaña.

La pugna se concentra en la segunda plaza, con tres claros competidores que parten de puntos de partido diferente: Adelante Andalucía, la marca de Podemos en estas elecciones, se movería en torno al 19.5% de intención de voto, con estudios (CIS,Me4troscopia, SE Demos) que colocan la lista que lidera Teresa Rodríguez incluso por delante del PP. Los últimos estudios publicados (GAD3, Sigma Dos, Sociométrica o NC-Report) sí recogen cierta distancia de Adelante Andalucía respecto al PP, y todo ello a pesar dela buena campaña electoral que el partido está ejecutando en estas elecciones y de una candidata como Teresa Rodríguez, que ha priorizado los temas sociales (dependencia, empleo, pobreza) y Andalucía frente al factor nacional español del que han hecho gala los competidores de Díaz.

A la espera de lo que decidan las urnas, el PP cae en estimación de voto de acuerdo con todos los estudios publicados, una situación que recuerda mucho a la que el PSOE sufrió en su momento con la irrupción de Podemos. En un momento de desgaste de la marca electoral de referencia en Andalucía, el PP pierde apoyo y se movería en torno al 20.8% de media, con estudios que lo coloca como tercera fuerza (CIS, SW Demos) o en clara competición con Podemos por ser la segunda fuerza. En cualquier caso, la lista de Moreno se deja 6.8 puntos a pesar de la presencia masiva de Pablo Casado en Andalucía estos días y de la asunción de discursos que acercan al PP al ideario de VOX.

La campaña andaluza ha puesto de manifiesto que, con años de tardanza, C’s parece en disposición de competir con los populares por ser la fuerza de centroderecha referencia en Andalucía, y todo ello con una escasa presencia en la calle y con un candidato manifiestamente mejorable, como se confirma en todos los debates electorales a los que acude.

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La decisión de concentrar buena parte de sus mensajes en Cataluña y en la unidad de España parece convencer a un electorado andaluz que perdona que Marín y el resto de pesos pesados de C’s hayan elaborado una campaña en clave nacional y no andaluza. Según los estudios publicados, se movería en torno al 17.5% de estimación de voto, +8.2 puntos en relación a su último resultado en Andalucía y a pesar de tener un equipo prácticamente desconocido para el electorado medio.

En este punto, hay que hablar también de VOX, al que algunos sondeos le otorgan hasta 5 diputados en el próximo Parlamento andaluz. Estas elecciones debieran servir como punto de inflexión, sobre todo si se constata la capacidad de influencia de su discurso en sus competidores ideológicos. Durante el útlimo fin de semana de campaña, Casado habló directamente de “valores occidentales” en aparente contradicción con la cultura de la inmigración de base musulmana, una referencia que no se aleja demasiado de la idea de Reconquista con la que Santiago Abascal parece obsesionado.

VOX, que hace unos días reunió a 2000 personas en Granada, podría entrar en el Parlamento andaluz con un 4.5% de estimación de voto y horquillas de entre 0-5 diputados. Nuestra apuesta es que tiene tres asegurados (Almería, Málaga y Sevilla), a la espera de que el juego de mayorías no le convierta en decisivo para formar gobierno en Andalucía.  Casado estaría dispuesto si esa opción se diera.

CODA. Por motivos personales, apenas he podido seguir esta campaña electoral más de los sondeos sobre intención de voto publicados, que he ido rescatando en mi perfil del blog en Twitter, y de las herramientas puestas en marcha por los diferentes partidos para dar a conocer a sus candidatos y propuestas. Esta campaña no será recordada por la calidad de los planteamientos: Desde los mejores planos fotográficos para ocultar que C’s apenas reunió a un grupo de amigos en su acto de Dos Hermanas (Sevilla) al intento de acercar a un candidato tan flojo como Juan Manuel Moreno al común de los electores. Para muestra, su interpretación de la canción Sabor de amor, de Danza Invisible en el último fin de semana de campaña:

O su réplica a un vídeo puesto en circulación por Podemos en el que Teresa Rodríguez aparecía como la Khaleesi andaluza, uno de los guiños habituales a Juego de Tronos en la formación morada:

Moreno, que tiene 47 años, optó por otra referencia a la cultura pop más cercana a su generación, Star Wars. No se puede decir que el vídeo proyectara una imagen de improvisación o de comodidad del candidato, que volvió a vestirse con el chaleco del que ya hablamos a propósito del arranque de la campaña:

Mención aparte merece el spot elaborado por el partido y emitido en la previa del primer debate de los cabezas de lista de las elecciones autonómicas celebrados en Canal Sur. Parece que el vídeo fue retirado por el propio cuartel de campaña de Moreno una vez asumido el error en el planteamiento y en el tono que, evidenemente, no transmitía ninguna ilusión por la marca electoral popular.

Compárese con la factura de los vídeos electorales de Adelante Andalucía, que ha demostrado tener presencia en las calles, como demostró el mitin improvisado de Rodríguez en Almería o que el auditorio de la Universidad de Granada se quedara pequeño en el acto de campaña organizado por la formación.

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El PS luso aprovecha el descenso de la izquierda roza el 40% de estimación de voto

Los grandes números hablan de estabilidad demoscópica en Portugal, a un año de las elecciones generales. La izquierda parlamentaria concentra el 55% de la representación, según los sondeos publicados a lo largo del mes de noviembre, +21 puntos respecto a la suma de PSC y CDS, formaciones que en 2015 se presentaron como única marca electoral.

Hablamos de todo un referente para los primeros meses del Gobierno de Pedro Sánchez que, sin embargo, parece obviar el punto de partida que diferencia España de Portugal: en el país vecino, el PS no se desplomó como marca electoral como le ocurrió al PSOE, ni siquiera tras la dimisión del primer ministro socialista José Sócrates, luego encausado por corrupción. 

Si analizamos los datos según los bloques, vemos algunos cambios que se vienen repitiendo en los últimos meses y que habla de cierta concentración del voto en torno al PS en el bloque de centroizquierda y a un PSD estancado, situación de la que se benefician los liberales.

Con un 39.8% de media, el PS sería el ganador de las elecciones en Portugal, +13.2 puntos respecto a su inmediato competidor y +7.5 puntos en relación a su último resultado en las urnas. Este resultado se explica por la paulatina caída de apoyos en relación a sus socios parlamentarios, en buena medida por la marcha de la economía y porque, también en lo simbólico, los socialistas capitalizan sus discursos en torno a la lucha contra la corrupción  o el discurso migratorio.

Frente a un primer ministro socialista con buena imagen interior y exterior, el PS busca ampliar todavía más su base electoral dirigiéndose, precisamente, a los votantes de izquierdas, frente a los que antepone la madurez del Gobierno socialista frente a la poca preparación del resto de formaciones de izquierda para gobernar.

Según los sondeos, el BE se movería en torno al 8.4% de estimación de voto, casi 2 puntos menos que en las elecciones de 2015 con un sondeo, Aximage, que todavía le acerca a los niveles obtenidos hace tres años. Su líder, Catarina Martins, fue reelegida en la XI convención nacional que el partido celebró hace unos días. Por su parte, el CDU obtendría un 6.6% de media, -1.6 puntos respecto a su último resultado en las urnas, una caída que es más pronunciada en el estudio de Aximage.

El PSD, con un 26.6% de media, sigue sin despegar en los sondeos sobre intención de voto, con datos que parecen indicar que el CDS estaría arañando votos. Según los datos de noviembre, se movería en torno al 7.35% de media, lo que suma un 33.95% de apoyo, -4.7 puntos respecto a su último resultado en las urnas, con su líder, Assunçao Cristas, apelando al enfoque de centro frente a un Gobierno socialista al que acusa de estar entregado a la izquierda radical.

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