Todo el poder para Macron

La política francesa entra en terreno desconocido. Hace un mes hablábamos de la composición del nuevo Gobierno del presidente de la República, Emmanuel Macron, un gabinete que exploraba el centro derecha liberal con gotas de apoyo procedente de la sociedad civil y de los aliados electorales del que fuera delfín de François Hollande, el partido centrista MoDem de François Bayrou, uno de los primeros apoyos electorales en la campaña de las presidenciales.

Antes de las elecciones legislativas, nada hacía presagiar ningún nubarrón en el CapturaEconomisthorizonte del joven presidente francés, cortejado por la prensa europea desde que se convirtió en una opción seria a ocupar el Elíseo, tras la caída en desgracia de François Fillon, convertido ya en el llamado a ser el salvador de la UE (tal y como recogió el semanario The Economist en su nada sutil última portada).

Sin embargo, el país vive un nuevo sobresalto debido a movimientos que pueden acabar, precisamente, con la reconfiguración de los apoyos de Macron, que sí ha confirmado a Edouard Philippe como primer ministro. Después de las elecciones legislativas francesas, que han arrojado una victoria incuestionable para el partido del presidente, La República En Marcha, con un dato de abstención récord en la política francesa, se suceden los movimientos de recambio con la salida, precisamente, de todos los ministros vinculados al MoDem, comenzando por el propio Bayrou.

En apenas unos días, la formalidad de presentar la dimisión en bloque para volver a ser confirmados tras conocerse los resultados de las elecciones legislativas, se ha tornado en una jugada de otro nivel  que puede dejar vacío, listo para ser ocupado, todo el espacio ideológico situado en el centro político: Cuatro ministros han presentado su renuncia, entre ellos Richard Ferrand, ministro de Cohesión Territorial y peso pesado del Gabinete, muy cercano a Macron. El motivo, adelantarse a una posible acusación de tráfico de influencias ocurrida en 2012.

También dimitía el lunes la titular de Defensa, Sylvie Goulard, del MoDem, y este martes les llegaba el turno a François Bayrou, titular de Justicia, y a Marielle de Sarnez, ministra de Asuntos Europeos, que anunciaron sus respectivas dimisiones investigados por supuestos empleos ficticios a cargo del Parlamento Europeo. En la práctica, Macron se ampara en el compromiso de moralizar la vida pública y corta la cabeza de la formación que podría competir ideológicamente por ocupar el centro liberal, un espacio que se puede prologar a la derecha dada la crisis de identidad que vive en estos momentos Les Republicáins.

Macron se postula como el nuevo mirlo blanco de la política europea

Hace cinco años, François Hollande asumió el cargo de presidente de la República francesa tras una victoria contundente frente a Nicolas Sarkozy. Un mes después, las elecciones legislativas confirmaron al Partido Socialista como vencedor, lo que arrojaba una conclusión clara: El mirlo blanco de la socialdemocracia europea no tendría grandes problemas para liderar la refundación de una UE con una vuelta del reequilibrio francoalemán en un momento de cuestionamiento del proyecto por, entre otros asuntos, la gestión de la crisis financiera en los llamados PIGS.

El mandato de Hollande concluyó y las elecciones presidenciales confirmaron una crisis del sistema de partidos francés que aprovecharon Marine Le Pen, que obtuvo 10.6 millones de votos, el 33.90% de la representación, y sobre todo Emmanuel Macron, al frente de un movimiento político creado hace apenas un año, que se coronó como el claro vencedor de la crisis política francesa. La elección de los miembros de su primer Gobierno le confirmaba como un estratega con posibilidades de vender una refundación del sistema político francés sobre las cenizas de los partidos tradicionales.

Así ha sido. La segunda vuelta de las elecciones legislativas, celebradas el pasado domingo confirmaron a su partido, La República En Marcha, como la novedad política de la temporada al hacerse con el 60.65% del voto que se tradujo en 350 diputados, 61 más de los necesarios para conseguir la mayoría absoluta. Es decir, una paliza sin paliativos que silenció a quienes señalaban, con razón, las dificultades organizativas de un partido que se está haciendo en estos momentos y que necesitaría tiempo para asentarse en el territorio.

CapturaFranciaLegislativas

Su inmediato competidor, Les Republicáins, se conformó con el 22.53% del apoyo (137 diputados), mientras que el Partido Socialista confirmó su crisis interna al quedarse como tercera opción con el 7.97% del voto (-40.5 puntos si lo comparamos con los resultados obtenidos en 2012) y 46 escaños, nada menos que 234 menos que hace cinco años.

Con un 58% de abstención, +13.4 puntos respecto a 2012, Jean Luc Mélenchon y Marine Le Pen lograron convertirse en diputados y, por lo tanto, la Asamblea pasa a ser un escenario con varios candidatos a convertirse en el principal líder de la oposición. Este escenario se completa con la crisis interna que vive la antigua UMP, una crisis que terminó de estallar con el fichaje de destacados dirigentes por parte de Macron para que formaran parte de su Ejecutivo y con la ruptura del grupo parlamentario en dos anunciado tras los comicios: 40 diputados crearon un grupo parlamentario propio con vocación de “acompañar las reformas que vayan en el buen sentido y oponerse cuando haga falta”, señalaron.

La República en Marcha se queda, por lo tanto, como la única opción política con peso y unidad interna suficiente para acompañar las decisiones presidenciales, con dos únicas amenazas que proceden, precisamente de los extremos políticos. El Frente Nacional y La Francia Insumisa serán las voces que respondan políticamente de las medidas adoptadas por el presidente y su Gobierno, unas medidas que, vaticinamos, serán respondidas en la calle como único frente de respuesta que le queda a la izquierda.

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Simple Lógica: El PSOE se sitúa a menos de 5 puntos del PP

Durante las últimas semanas hemos detectado una tendencia que se repite en todos los sondeos sobre intención de voto publicados: Una caída en la expectativa de voto de Unidos Podemos y, sobre todo, del PP, que se completa con una recuperación electoral por parte de C’s y del PSOE, que parecen convertirse en las formaciones que estarían recibiendo parte del voto de descontento con las fuerzas llamadas a protagonizar la vida política española esta legislatura.

El sondeo de Simple Lógica, a partir de 1004 entrevistas realizadas entre los días 5 y 9 de junio, se suma a esta tendencia. Durante los días previos al debate de la moción de censura de Unidos Podemos contra el Gobierno, el PP se movía por debajo del 30% de intención de voto que, sumado a un ascenso de los socialistas, reducía la distancia entre ambos partidos de 10.3 puntos a menos de cinco.

Según los datos de Simple Lógica, los populares obtendrían el 29.9% de los apoyos, -3.1 punto respecto a su representación actual y menos un punto si lo comparamos con la estimación de hace un mes. Este contexto se completa con un PSOE que sube del 22.3% de los votos a un 25.3% en un solo mes, de manera que hoy el partido gana 2.6 puntos respecto a los resultados conseguidos hace un año.

Por su parte, Unidos Podemos cae al 18.6% de los apoyos, -1.2 puntos en un un solo mes y -2.5 puntos respecto a los resultados del 26J. Esta pérdida es casi idéntica a la que gana el PSOE en un solo año, por lo que no sería descabellado pensar que los socialistas estarían recuperando parte del voto que se fue a las filas de la formación morada entre enero de 2014 y diciembre de 2015, cuando las urnas confirmaron que Ferraz tenía un problema en forma de fuga de votos a su izquierda.

En el caso de Ciudadanos, hablamos de una situación parecida. Simple Lógica le otorga el 16.8% de los votos, +2 puntos en un mes y +3.8 puntos respecto a sus resultados de hace un año, que también se parece mucho a las pérdidas de apoyo que recibe el PP. Y todo ello, recordemos, en un contexto de recuperación económica y con el frente catalán abierto.

Por lo tanto, podríamos estar anta un escenario en el que al PP ya no le sirven los marcos clásicos de movilización y retención de voto, sepultados quizás por la reacción ante los casos de corrupción política y las noticias que impiden pasar página (como la puesta en libertad bajo fianza de Francisco Granados hace unos días).

En voto directo, encontramos también datos que merecen ser destacados. El principal, el 39% del electorado que se inclina por la abstención, el voto nulo o blanco, o los que se muestran indecisos o prefieren no responder. Entre los que lo hacen, llama la atención los valores que obtienen los partidos clásicos (con un empate entre PP y PSOE en movilización de su base electoral con poco más del 15% de voto decidido). Unidos Podemos se queda enel 12% y C’s, con un 11.7%, también se quedaría cerca.

En cuanto a la fidelidad de los votantes respecto a las siglas, vemos que el PSOE aparece como el partido con mayor lealtad entre sus votantes: El 75.1% votaría por sus siglas en el caso de nuevas elecciones, con un 7.2% que se abstendría. Sorprendentemente, el PP amarra sólo al  72.8% de sus electores (un dato que es muy bajo si lo comparamos con el de Celeste-Tel o el de My Word), con un 8.7% que en esta ocasión votaría por C’s y un 2.3% que lo haría por el PSOE.

Entre los partidos de la nueva política, Unidos Podemos conserva al 65.8% de sus votantes y tiene fugas hacia la abstención (9.2%) y hacia el PSOE (5.9%), lo que confirmaría el argumento de recuperación de ex votantes por parte de los socialistas. En el caso de C’s, mantiene al 68.7% de su base electoral, con un 12.2% que se abstendría en el caso de nuevas elecciones; un 4.9% que optaría por el PP y un 3.3% por el PSOE.

Respecto al liderazgo, Pablo Iglesias vuelve a ser el dirigente que mayor rechazo genera, con un 74.3% de los votantes que desaprueba su gestión. También es el líder que menos apoyo recibe entre los suyos (61.1%) y entre los votantes de un partido cercano (en este caso del PSOE, con un 28.1% que le aprueba). Como es habitual, Alberto Garzón le sobrepasa en valoración (el 60% desaprueba su gestión, -14.3 puntos menos que el dato que registra Iglesias) y también recibe mejor dato entre los votantes de UP: el 65.7% respalda su gestión, porcentaje que se suma al 36.1% de los electores del PSOE que se suman a la aprobación.

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Mariano Rajoy suspende para el 67.1% de los votantes pero registra un buen dato entre los del PP (82.4%) y de forma secundaria también entre los de C’s (37.4%). Por su parte, Pedro Sánchez suspende para el 62.5% y tampoco despunta en exceso entre los votantes del PSOE: El 64.3% respalda su liderazgo, al igual que el 28.1% de los electores de C’s.

Por último, Albert Rivera vuelve a ser el líder que menor rechazo genera: Aprueba para el 40% y suspende para el 52.1%. Es el dirigente que mejor porcentaje recibe entre sus votantes (84.7%) y, como siempre, también logra penetrar en los electorados de PSOE (43.5% aprueba su trabajo) y, sobre todo, del PP, con 6 de cada 10 votantes que aprueba su gestión.

Conviene tener en cuenta, sin embargo, que la recogida de datos se realizó antes del debate sobre la moción de censura de UP sobre el Gobierno, de manera que es posible que Iglesias haya obtenido mejor dato entre sus votantes (y quizás entre los del PSOE), con un posible refuerzo de Rajoy y de Rivera entre los suyos.

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El PSOE se despide de la estructura orgánica clásica y explora proyectarse como movimiento

El resultado de las primarias socialistas, con una derrota sin paliativos del aparato del partido, explica la calma con la que el PSOE salió este fin de semana su 39 Congreso Federal. Pedro Sánchez vuelve a la Secretaría General y lo hace diseñando un partido a su medida sin oposición interna aparente, a la espera de consignar, en los próximos meses, el lugar que cada uno ocupa en el futuro del partido que se aleja de la estructura orgánica clásica para parecerse más a un movimiento polítio, a la espera de emular el éxito de Emmanuel Macron en las elecciones presidenciales (y legislativas) francesas.

Por primera vez desde Suresnes, el PSOE pasa de ser una formación basada en la democracia representativa de los delegados respecto a las bases y el equilibrio de poder entre los territorios a convertirse en un sistema presidencialista que hunde sus raíces en el hiperliderazgo de Pedro Sánchez que, en esta ocasión, opta por una Ejecutiva basada en lealtades personales y no en redimensionar el poder territorial. De manera coherente con lo ocurrido durante estos meses, Sánchez se rodea de fieles y puentea a los cargos medios del partido (que hicieron campaña en su contra) con el objetivo de establecer una relación directa con la militancia.

La consecuencia más inmediata fue la decisión de Susanan Díaz y afines de abandonar el plenario antes de la votación, como gesto de malestar ante el escaso peso de la federación andaluza en la nueva dirección, un territorio que, por el momento, es el que aporta más votos al PSOE en términos nacionales. Estábamos, pues, ante la confirmación de que el partido puede afrontar una tregua pero que, ni mucho menos, ha cosido o trabajado la unidad interna.

El segundo síntoma llegó este domingo con el bajo apoyo de los delegados a la Ejecutiva de Sánchez respecto a sus antecesores: El 70.5% avaló la composición de la nueva dirección del partido, lejos del 90.2% que consiguió José Luis Rodríguez Zapatero en el congreso de 2000, del 80% que obtuvo Alfredo Pérez Rubalcaba en 2012 (tras un proceso tan conflictivo como el protagonizado por Sánchez y Susana Díaz) y lejos también del 86% de respaldo que consiguió el propio Sánchez en la presentación de su primera Ejecutiva.

Asimismo, también se escucharon críticas de los secretarios generales de las distintas federaciones al sectarismo que, a partir de este fin de semana, pasa a ser la seña de identidad del sanchismo. Los dirigentes que se levantaron en un primer momento contra la dimisión de Sánchez y contra la abstención del PSOE en la investidura de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno aparecen como pesos pesados de la nueva dirección, con mención especial a Cristina Narbona, nueva presidenta del partido, de Oscar Puente, el nuevo portavoz del partido en este periodo, y de figuras vinculadas al zapaterismo como Carmen Calvo o Beatriz Corredor. La conexión con una parte del pasado llega de la mano de Manuel Escudero (el hombre que trabajó en su momento la candidatura de Josep Borrell) y de José Félix Tezanos (histórico del partido y responsable de la revista ‘Temas para el Debate‘)

Orgánicamente, Sánchez diseña una dirección hecha a su imagen y semejanza, sin rastro de pesos pesados del pasado que, unánimemente, respaldaron a Susana Díaz en las primarias. Por supuesto, en la nueva dirección no está Eduardo Madina pero tampoco José Blanco o Elena Valenciano (ex secretarios de Organización del partido) ni tampoco César Luena, la mano derecha de Sánchez en su primera etapa de Ferraz que mostró su disposición a apoyar a Patxi López en la primarias del partido.

Sánchez opta por rodearse de rostros de la sociedad civil y de afines (que a la vez se proyectan como enemigos de Susana Díaz y de muchos de los que la apoyaron) y copia las grandes líneas del organigrama de la Ejecutiva que en 2008 rodeó a José Luis Rodríguez Zapatero y sitúa a Adriana Lastra como vicesecretaria general del partido (un cargo creado en 2008 para José Blanco) y a José Luis Ábalos como secretario de Organización (un lugar que en su momento ocupó Leire Pajín).

En su momento, las fricciones entre Blanco y Pajín fueron más que evidentes, algo que quizás no se dé en esta ocasión por la necesidad de afrontar la legislatura próxima con unidad interna frente a las propias disensiones de los barones. Estos, por el momento, quedan desactivados como fuerza de oposición federal, a falta de lo que ocurra con los procesos internos que, tras el Congreso, arrancarán en las distintas federaciones y provincias durante los próximos dos meses. La situación no invita a ser optimista, tal y como puso en evidencia Ximo Puig, líder del PSPV y uno de los barones que tiene más opciones de perder su congreso frente al candidato sanchista.

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Viñeta de Ricardo publicada en elmundo.es en octubre de 2015

Giro a la izquierda sin adelanto electoral a la vista

Una de las frases más remorables del candidato Sánchez fue señalar que lo primero que haría si era elegido secretario general sería pedir la dimisión de Mariano Rajoy, en un momento en el que Génova volvía a ser protagonista informativo a su pesar por la detención de Ignacio González y la Operación Lezo. Un mes después, el líder del PSOE ha optado por moderar sus aspiraciones y optar por diseñar una mayoría parlamentaria para frenar o revertir legislación aprobada por el PP durante la legislatura 2011-2015: “Voy a trabajar sin descanso para que haya una mayoría parlamentaria alternativa que acabe con esta etapa negra del PP”, dijo ante 8.500 delegados.

En la práctica, esta decisión tiene un efecto con el que quizás no contaban sus partidarios: Abortada la moción de censura presentada por Unidos Podemos, con la evidente ruptura de la formación morada con C’s, que se muestra cada vez más cerca del PP, resulta imposible pensar en un escenario en el que las distintas fuerzas parlamentarias se pongan de acuerdo para lograr una mayoría absoluta que derribe el Gobierno de Rajoy.

Por lo tanto, y a falta de sorpresa mayor no descartable en el personaje, la legislatura durará todo lo que el presidente  del Ejecutivo quiera, por lo que el giro a la izquierda en la política española, de tener lugar, no se producirá hasta que unas hipotéticas elecciones generales arrojen una mayoría suficiente en ese sentido. La imposibilidad de un derribo del PP ayudará a explicar por qué el rival directo al que se dirigirá Sánchez en esta segunda etapa será Unidos Podemos y no tanto el PP, sobre todo si tenemos en cuenta que el líder de la formación morada tendrá a su disposición la tribuna del Congreso desde la que postularse como alternativa.

El nuevo viejo PSOE 

Todo el discurso de clausura de Sánchez como secretario general socialista giró sobre esta idea no mencionada, con los elementos de su personalidad política confirmando que estos meses no le han convertido en un gran orador. Hizo referencias generalistas a lo que debe ser el partido con referencias al pasado superficiales que pasaron por encima de los que hicieron Historia al frente del partido y que, en esta ocasión, se posicionaron en contra de su liderazgo y que intentaron restar protagonismo al nuevo PSOE. Se vio el sábado en el plenario a Rodríguez Zapatero, a Pérez Rubalcaba y a Joaquín Almunia, pero ninguno de ellos asistió al cierre de la reunión socialista.

Así, ya sin ellos en el auditorio, Sánchez habló mucho de la izquierda responsable y de la vuelta de un PSOE ganador, mención que sitúa como adversario directo más a Unidos Podemos que al PP: “Ahora se nos dice que somos el nuevo PSOE, pero somos el PSOE de siempre, el PSOE que gobierna, que no tiene miedo al cambio y que va a ganar las próximas elecciones”.

Los socialistas concluyeron su Congreso con menos debate y propuestas en comparación a lo que solían ser habituales en el pasado, con una referencia a la España plurinacional, que constituyó el guiño más claro hacia la situación catalana: “Las tensiones relacionadas con la organización territorial del Estado han sido una constante en la historia de la España moderna (…) y la falta de unas soluciones comúnmente aceptadas ha ocasionado tensiones competenciales, y en los últimos años también identitarias, basadas en supuestos agravios comparativos. Ante esta situación, los socialistas entendemos que el federalismo, con sus premisas de cooperación, colaboración y solidaridad, como se defiende en nuestra Declaración de Granada, puede y debe ser la solución de una España orgullosa de su diversidad y comprometida con el autogobierno de las comunidades que la integran”.

Entre las enmiendas aprobadas, figura el rechazo de la maternidad subrogada; con el compromiso de despenalizar la eutanasia y acabar con los privilegios de la Iglesias católica (que constituye un clásico que se aprueba en todos los congresos del partido); y con el grito del reelegido secretario general dirigido a la generación que se movilizó en torno al 15M y que hoy todavía no ven diferencias en la práctica entre las buenas palabras y las decisiones que finalmente el PSOE termina adoptando.

Arremetió contra el PP  por corromper la Constitución y las instituciones y se dirigió a Unidos Podemos sin mencionarlos: “Nosotros somo la izquierda de Gobierno y la izquierda de gobierno tiene que hacer las cosas de forma seria, serena, ambiciosa, pero rigurosa”. Fue la referencia más directa a las improvisaciones de la formación morada, que consuma una buena semana política que le ha permitido dominar los marcos informativos y postularse como alternativa a un PSOE que, por el momento, tiene los sondeos sobre intención de voto a favor pero que todavía no aporta más que las habituales operaciones de ascenso y asentamiento de los vencedores en las batallas internas.

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El PSOE insiste en su giro a la izquierda

Este fin de semana se celebra el 39º Congreso Federal del PSOE, que confirmará a Pedro Sánchez como secretario general y que establecerá el punto de partida de su proyecto político de país, ahora sin sujeción con los barones territoriales. Durante estos días, se han filtrado las personas elegidas para su Ejecutiva, en donde figuran algunos de los dirigentes que le han acompañado durante estos meses.

Como preparación para la reunión socialista, que a priori se desarrollará con bastante más tranquilidad de la que se esperaba en los días previos a las primarias, el PSOE difundió un spot que reúne la reinvención del sanchismo y, entendemos, su proyección futura a partir del domingo: Una vuelta a las raíces de izquierda sin cuentas pendientes con el pasado.

Eso explica el relato de la penalidades del país desde hace seis años (cuando el PP ganó las elecciones generales) y la ausencia de referencias a los más de dos años en los que Sánchez lideró el PSOE. En cambio, Ferraz prefiere centrarse en el renacimiento de Sánchez como baluarte de la militancia asumiendo que es ahora cuando ha escuchado el grito de los que se manifestaban contra las medidas aprobadas con la mayoría absoluta obtenida por Mariano Rajoy en 2011.

Así se enmarca la vuelta a la izquierda desde un partido “unido, fuerte, coherente, creíble y de izquierdas”,  “la única alternativa real al PP” para convertir España en “una nación moderna, democrática, transparente, justa”, discurso que se realiza sobre imágenes de Barcelona, en lo que supone un guiño al proceso independentista . Y todo ello centrado en Sánchez como el líder indiscutible de ese renacimiento, al que se coloca rodeado de militantes en sus actos de campaña frente a Susana Díaz y Patxi López.

El vídeo aporta dos novedades: La duración (poco más de un minuto) y la abundancia del color rojo en la imagen, un hecho novedoso si tenemos en cuenta la imagen corporativa del partido durante la primera etapa de Sánchez como secretario general. Será interesante ver en qué se plasma el giro a la izquierda prometido y, sobre todo, si ese compromiso se acompaña de hechos, algo que ha faltado desde la elección de Sánchez como secretario general.

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My Word: El PP pierde 4.4 puntos y cae a niveles de 2015

El PP obtuvo el 28.7% en las elecciones generales de diciembre de 2015, un resultado prácticamente idéntico al que consiguió el PSOE en los comicios generales de 2011 y que se tradujo en una mayoría absoluta de su principal rival político. Estos datos, por sí solos, explican el cambio operado en el sistema político y la ruptura del sistema de partidos español desde la Transición, con la fragmentación de los bloques ideológicos tradicionales en cuatro formaciones.

La repetición de las elecciones, hace un año, ayudaron a matizar ese escenario con una victoria más holgada de la primera fuerza política. Hoy, el sondeo de My Word para la Cadena SER  vuelve a situar al PP como primera fuerza con un apoyo similar al que venimos reflejando. Si hoy hubiera elecciones, los populares habrían conseguido el 28.6% de los votos, -4.4 puntos respecto a las elecciones del 26 de junio y -2.1 puntos si lo comparamos con los datos del pasado mes de marzo.

Como recogen otros estudios, esta caída beneficia, sobre todo, a C’s, que aparece como el principal competidor por el centroderecha del PP. El partido de Albert Rivera conseguiría el 15.7% de los apoyos, +2.7 puntos en comparación con los datos del 26 de junio, +1.7 puntos en sólo dos meses.

El PSOE, con un 24.8% de los apoyos, sube dos puntos respecto a su representación actual y también respecto al último sondeo publicado por My Word, elaborado con datos recogidos en los primeros días de las primarias socialistas. Casualmente, la subida del PSOE es prácticamente la misma que la caída de Unidos Podemos, que se aleja del umbral del 20% de intención de voto.

La formación morada, con un 18.9%, prosigue su tendencia a la baja con una caída de 2.2 puntos respecto a su representación actual y -1.4 puntos si lo comparamos con la última estimación de My Word, realizado poco después de consolidarse la victoria del sector que lidera Pablo Iglesias frente al errejonismo.

En voto directo también encontramos datos curiosos: Unidos Podemos y las confluencias obtiene un 17.9% y se sitúan como la primera fuerza en este sentido, mientras mantiene al 75.7% de sus votantes y atrae al 4.5% de los del PSOE. Los socialistas, con un 14.8%, se sitúan como segunda opción y logran un 75.1% entre su base electoral y un 8.4% entre los votantes de UP (es decir, ya atrae más voto de la formación morada respecto a las fugas).

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En el caso del centroderecha, C’s obtiene un 14.6%, un porcentaje casi idéntico al que consiguen los socialistas; entre los suyos, el apoyo llega al 73.5% y convence al 16.7% de los votantes del PP, en lo que constituye una seria fuga de votos que explica la estimación final de My Word. Por su parte, el PP moviliza al 11.1% de los electores (67.7% de los suyos), con un 29.1% del electorado que se inclina por el voto en blanco (4.1%), nulol (2.6%), la abstención (6.9%), la indecisión (10.6%) o prefiere no responder (4.9%).

Cuando se pregunta por la simpatía, vemos datos también interesantes: En primer lugar, el apoyo a UP se dispara al 20.5% (con un 80% de los votantes de UP que manifiestan sentirse cerca de su partido). Le sigue C’s, con un 18.9% (76.6% entre sus votantes y 28.5% entre los del PP) aunque es el PSOE el que manifiesta mayor fidelidad de sus electores respecto a las siglas (81.1% dice sentir simpatía por lo que defienden los socialistas). El 9.6% mantiene sentirse cerca del PP (52.2% de votantes del PP), en lo que constituye un ejemplo de libro de voto oculto que no casa con la estimación final.

Sobre las posibilidades del próximo presidente del Gobiernom el 31.1% opina que Pedro Sánchez sería la mejor opción, opinión que respaldan 8 de cada 10 votantes del PSOE y, atención, el 32.7% de los de UP. Albert Rivera es la segunda opción para el 28.5% de los españoles (86.7% de votantes de C’s y, de nuevo, sorpresa, el 36.2% de los electores del PP). En el caso de Pablo Iglesias, el 24.8% lo preferiría como opción en La Moncloa, opinión que respalda el 63% de los ciudadanos. Por último, el 15.6% señala a Mariano Rajoy como un buen presidente, y es el líder que recibe menor respaldo en su base electoral (58.2%).

En este sentido, resulta sumamente llamativa la opinión de los votantes del PP respecto a Rivera y de los de UP respecto a Sánchez, sobre todo lo que implica de inicio de una vuelta del electorado socialista que abandonó el partido en las elecciones de 2011. En un sistema tan presidencialista de facto como el nuestro, un liderazgo aceptado por los votantes puede ser el primer paso para dar la confianza, lo que añade más incertidumbre a las posibilidades de futuro de UP.

El PSOE se refuerza con la elección de Pedro Sánchez 

El estudio de My Word, a partir de 1008 entrevistas realizadas entre los días 30 de mayo y 1 de junio, pregunta en esta ocasión por la opinión ante la victoria de Sánchez en las primarias socialistas. En general, los datos son positivos y refuerzan tanto la imagen del secretario general electo como del partido.

El 47.4% señala que la victoria de Sánchez aporta una imagen positiva o muy positiva del PSOE, opinión que comparten el 81.1% de los votantes del PSOE y el 74.9% de los de Unidos Podemos. El 31.2% , por su parte, estima que la imagen del partido ahora es negativa o muy negativa, algo en lo que coinciden sobre todo los votantes de PP (79.4%) y de C’s (53.3%).

El 32.7% asegura que su victoria aporta menos estabilidad a la vida política española (66.9% de votantes del PP y 53.6% de los de C’s) mientras qu eel 19.5% cree que aporta estabilidad (45.8% de electores del PSOE y 24.7% de los de UP). El 29.14% cree que no afecta (43% de electores de UP).

En cuanto a la posibilidad de que Pedro Sánchez sea la solución para reflotar el partido, el 46% estima que sí (13.3%) o que probablemente sí lo sea (32.7%), algo que comparten los votantes socialistas (76.8%) y de UP (65.3%). El 38.5% cree que probablemente no solucione los problemas del PSOE (21.7%) o directemente no creen que lo sea (16.8%), opinión mayoritaria entre los votantes del PP (80.3%) y de C’s (58.6%).

Respecto a la relación con otros partidos, el 32% señala que ahora mejorarán los contactos del PSOE con UP (49% de votantes del PP y 45% de los de UP), mientras que un 37.6% opina que todo seguirá igual (42.8% de votantes socialistas) y un 12.7% vaticina un empeoramiento (20.3% de votantes de PSOE y 18.2% de los de C’s). Respecto al PP, el 56.1% señala que las cosas empeorarán, opinión que respalda más del 50% de todos los electorados (sobre todo el 76.9% de los del PP). Si hablamos de ls relaciones con C’s, el 47.5% asegura que todo seguirá igual (más del 50% de los votantes de UP, PSOE y PP se posicionan así) y un 25.9% vaticina que irán a peor (51.7% de electores de C’s).

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En cuanto al giro a la izquierda que pregonan Sánchez y sus afines y la constatación de su “no es no” a Rajoy, parece que no goza de demasiada credibilidad: el 41.6% cree que habrá giro a la izquierda pero que no presentará una moción de censura contra el Gobierno, opinión que comparten mayoritamente los electorados de todos los partidos (sobre todo el 51.5% de los de C’s). El 27.2% apunta a que habrá giro a la izquierda con moción de censura (34.6% de votantes del PP opina así, al igual que el 33.7% de los de PSOE y el 33.5% de los de UP). El 16.2% apunta a que las cosas seguirán igual que hasta ahora a pesar del cambio de liderazgo (18.8% de votantes de C’s y 16.2% de los del PP se pronuncia así).

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Si se pregunta por la preferencia de estas posiciones, sí que se registran cambios: El 43.9% preferiría un giro del PSOE a la izquierda, con moción de censura incluida, algo que comparten masivamente los votantes de UP (83.8%) y algo menos los del PSOE (57.6%). El 20.8% preferiría un giro a la izquierda sin moción de censura (26.4% de votantes del PSOE se posiciona así, al igual que el 30.7% de los de C’s). El 17.1% preferiría que las cosas siguieran igual que hasta ahora, algo que comparten sobre todo los votantes del PP (49.9%) y de C’s (32.4%).

En resumen, parece que Sánchez tiene una segunda oportunidad y que, con ese escenario, tiene muchas opciones de disputar en serio al PP la presidencia del Gobierno. Veremos si la realidad no le pasa por encima.

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Iglesias hace méritos como líder de la oposición en el Congreso

La tercera moción de censura presentada contra un Gobierno desde la restauración democrática acabó como se esperaba: 170 diputados (los del PP y C’s) votaron en contra de la iniciativa de Unidos Podemos, que, como se había avanzado, sólo contó con el apoyo de su grupo y de los diputados de ERC y EH-Bildu (82 síes). Los 97 votos restantes, correspondientes a los escaños de PSOE, PNV y PdeCat, computaron como abstención tras un debate en el que se confirmó que la iniciativa de la formación de Pablo Iglesias puede acabar teniendo unos resultados más parecidos a los de la moción de censura fracasada del PSOE contra Adolfo Suárez que la que Alianza Popular presentó contra Felipe González en 1987.

En un contexto de crisis económica y política, con la UCD desintegrada por completo, el PSOE presentó su moción de censura en 1980 contra el Gobierno de Adolfo Suárez con un objetivo claro: Aparecer como la alternativa política más inmediata a pesar de perder la votación. En octubre de 1982, las urnas arrojaron una mayoría absoluta incontestable para el PSOE, una circunstancia de la que Alianza Popular tomó nota para emular la estrategia en 1987. Entonces, Hernández Mancha defendió la necesidad de una moción de censura contra el PSOE en su segunda legislatura. Dos años después, Alianza Popular volvía a perder unas elecciones generales por goleada y Manuel Fraga tuvo que volver a capitanear el proyecto, al menos hasta que cedió el testigo a José María Aznar.

La tercera moción de censura presentada desde la restauración democrática reunía novedades respecto a las demás: Por primera vez, no era el principal partido de la oposición el que la presentaba y, también por primera vez, los números permitían censurar al Gobierno. De ahí el principal fallo que señalamos en su momento, es decir, la prisa de Unidos Podemos por presentar una iniciativa en pleno proceso de primarias del PSOE que parecía un mensaje más dirigido a los socialistas que a poner en evidencia al PP.

Hasta que llegó el día del debate y todas estas prevenciones quedaron matizadas. Unidos Podemos se tomó en serio su función de Pepito Grillo de la situación del país y sale vivo de una estrategia arriesgada que le permite reconectar con su base electoral en un momento de caída generalizada en los sondeos sobre intención de voto. También, y no menos importante, el protagonismo le permitió poder cortejar al electorado socialista, que comparte gran parte del diagnóstico que se escuchó durante un día y medio en la Carrera de San Jerónimo, tal y como se lleva reconociendo días.

Como se apuntaba tras la crisis interna socialista, el Congreso fue el escenario de una dialéctica entre el PP y Unidos Podemos, convertido en el principal partido de la oposición durante unas horas gracias a un discurso basado en la denuncia de una situación reconocible para cualquiera que siga la actualidad. Queda por saber, eso sí, si ese retrato sigue minando las aspiraciones del PP en unas hipotéticas elecciones (los sondeos, por el momento, apuntan a que sí).

Viñeta de Ricardo publicada en elmundo.es

El debate permitió contrastar dos modelos y dio cancha para que Rajoy también se dirigiera a los suyos poniendo el énfasis en los marcos habituales: La corrupción no es sistémica, el PP no es un partido corrupto y está tomando medidas contra las manzanas podridas que se aprovechan de las siglas para delinquir. Y eso lo hace en un contexto de recuperación económica que permite el mayor crecimiento económico de la Eurozona, por lo que el retrato que realiza del país Unidos Podemos no es cierto ni justo. Como es habitual, apenas hubo guiños hacia los que peor lo están pasando, ni hacia la devaluación interna consecuencia de la crisis, con un empobrecimiento generalizado de las clases medias.

La moción también sirvió para que C’s confirmara el papel que decidió jugar con el apoyo a Rajoy el pasado mes de octubre, que se mantiene hasta la actualidad, y, con un PSOE en transición y con su líder fuera del Congreso de los Diputados, quedó más evidencia que Ferraz lo tendrá muy complicado para tomar la iniciativa si los focos siguen concentrados en el funcionamiento diario de las Cortes Generales. Ironías de la vida: Puede que la dimisión de Sánchez, en su momento, le permitiera enarbolar un aire de coherencia sobre el que cimentó su perfil de renacido político. Sin embargo, aquella decisión puede volvérsele en contra, sobre todo si nos aventuramos a una legislatura larga.

Montero e Iglesias hacen los deberes

La portavoz parlamentaria de UP abrió el debate con un discurso de dos horas centrado casi en exclusiva en la corrupción. Por si queda alguna duda de cuál es la principal vía de agua de los populares en estos momentos, Irene Montero golpéo con saña al partido en el Gobierno por la ristra de casos de corrupción política que atesoran Madrid y la Comunidad Valenciana, y que constituye otro  síntoma  de cómo se articula la vida política para buena parte de nuestros representantes desde la capital.

El éxito de Montero, además de aguantar un discurso de más de dos horas, fue inmediatamente reconocido por Mariano Rajoy, que subió a la tribuna a dar la réplica. Quedaba claro , por lo tanto, que el intento de ningunear la moción de censura, como el jueves pasado hizo Cristina Cifuentes con Podemos en la Asamblea de Madrid, quedaba invalidado por la importancia que el propio Rajoy daba al evento.

Es decir, con su gesto, el presidente del Gobierno reconocía a Unidos Podemos como una adversario político de nivel con la que confrontar políticamente, aunque sólo fuera para soltar su habitual argumentario sobre la buena salud de la economía española y el retrato negro del “cuanto peor, mejor” que realiza Unidos Podemos por conveniencia política.

La respuesta a Rajoy, que realizó una intervención al más puro estilo mariano, llegó después de la mano de Pablo Iglesias, que insistió en el discurso de Montero anterior con propuestas para combatir la corrupción o para garantizar un crecimiento económico con menos desigualdad. En un tono más contenido de lo que nos tiene acostumbrados, el líder de Podemos ganó solvencia, al menos entre los suyos, y evitó confrontar con formaciones que serán necesarias para sumar si se plantea una moción de censura en el futuro. Hasta que llegó el turno de Ana Oramas, de CC, con la que perdió los papeles.

La intervención de Iglesias se prolongó durante dos horas y media y también fue respondida por Rajoy, que confirmó que se tomaba muy en serio lo que estaba ocurriendo en el Congreso de los Diputados, en buena medida por conveniencia política. Como mensaje al exterior, quedó clara la evidencia: Al filo de las 17 horas, todo el debate había girado en torno a Rajoy, Montero e Iglesias, convertidos en los únicos protagonistas informativos del día. Sería así a pesar de las intervenciones de los portavoces del resto de partidos y se prolongaría hasta este miércoles, con el enfrentamiento casi personal de Iglesias con Albert Rivera, al que trató como un vendedor en un sitio equivocado.

Ahí apareció el Iglesias prepotente y arrogante que hace las delicias de sus seguidores pero que no permite ganar ni un solo voto más ni entre el electorado escorado a la abstención o cabreado con su formación de referencia. Tampoco mejora las relaciones con el resto de partidos políticos, a los que UP necesitará en el caso de presentar una hipotética nueva moción de censura en los próximos periodos de sesiones.

El inicio de una buena relación con el PSOE

Quedaba la duda de lo que pasaría con el PSOE y pronto se despejó la duda:  Iglesias exhibió un tono menos bronco con el nuevo portavoz parlamentario socialista, evidente si se compara con el que recibió Antonio Hernando en el debate de investidura de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno. La imagen de ambos dándose la mano, buscada por el propio líder de Podemos, inaugura un periodo de diálogo que podría hacer realidad el deseo de Iglesias de echar al PP antes de Navidad: “Entre votos a favor y abstención hay mayoría suficiente para echar al PP. Creo que hemos tendido puentes para echar al PP. Ojalá antes de Navidad podemos echar al PP. Y vamos a trabajar en esa dirección”.

José Luis Ábalos trasladó que el PSOE está dispuesto a “construir mayorías alternativas” con Unidos Podemos para “desmontar políticas injustas”, mensaje que llegó tras acusar a la formación morada de fortalecer a Rajoy (“Usted con esta moción va a fortalecer al que quiere censurar y no es verdad que nos estemos jugando que se vaya o no el señor Rajoy, no es verdad”), por lo que justificó la abstención de su grupo: “Abstenerse a veces no es tan grave”.

Si tenemos en cuenta la crisis interna por la abstención del pasado mes de noviembre y que Pedro Sánchez, hasta ahora, no ha pedido la dimisión del presidente del Gobierno, como prometió en campaña, hay que tomar con pinzas estas afirmaciones que hacen presagiar una legislatura larga o, al menos, todo lo larga que quiera el acuerdo entre PP y C’s y otras formaciones periféricas, como ha ocurrido con la negociación de los PGE.

La votación de la moción de censura nos retrotrae a momentos que vivimos en el pasado, tanto en la legislatura fallida resultado de las elecciones de 2015, como los momentos que vivimos hasta la abstención del PSOE en la investidura de Rajoy. La moción se rechazó con los 170 votos de PP y C’s a los que UP enfrentaría los 82 que votaron a favor y, sobre todo, los 97 que se abstuvieron. Entre todos suman 179 escaños y tumbarían el Gobierno.

Falta por ver si hay voluntad de variar estas abstenciones a votos a favor de un proyecto liderado por Pedro Sánchez y apoyado por Unidos Podemos en una simulación del acuerdo parlamentario portugués. No parece, por el momento, que haya una mayoría alternativa a la que atesora el PP a pesar del intento de Pedro Sánchez de fijar posición desde las páginas de El Mundo con un artículo en el que confirmó que su partido buscará alianzas para echar al PP del Gobierno “cuanto antes”.

La respuesta de C’s, este jueves, no pudo ser más clara: “Al PP hay que ganarle en las urnas, en vez de sumar un batiburrillo de partidos”. Albert Rivera, demás, puso el acento en la difícil relacíón con el Podemos de Pablo Iglesias, de manera que a Sánchez sólo le queda cortejar a las formaciones nacionalistas para conseguir su objetivo de llegar a La Moncloa.

CODA. Mención aparte merece Rafael Hernando, portavoz parlamentario del PP, que en el cierre del debate protagonizó una intervención dirigida, sobre todo, a minar a Irene Montero. Hernando, en su estilo habitual, habló directamente de la relación de pareja que mantiene con Iglesias, un argumentario que exhibieron distintas diputadas del PP en sus cuentas de Twitter y que borraron ante la crítica generalizada por las acusaciones sexistas contra Montero.

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Celeste-Tel: El PP cae 3 puntos en un mes

Poco a poco, todas las empresas demoscópicas retratan  el mismo escenario: Caída de la expectativa de voto de los llamados a ser los protagonistas de la legislatura tras la crisis socialista de otoño del año pasado (PP y Unidos Podemos) y subida del PSOE y C’s, que acortan la distancia entre las principales fuerzas políticas de implantación estatal. Se confirma, pues, lo que hemos apuntado en otras ocasiones en este blog: Durante estos años ha habido una fragmentación del voto en dos bloques ideológicos más o menos estancos, que se trasvasan votos entre sí en función de los problemas de cada formación. Y todo ello con los habituales partidos nacionalistas periféricos.

La entrega mensual del barómetro de Celeste-Tel que difunde eldiario.es  se abona también a este escenario, aunque lo hace un mes después que el resto de empresas: Ahora es cuando recoge abiertamente una pérdida de poder para el PP, como consecuencia de la Operación Lezo y de los problemas que el partido en el Gobierno mantiene con el Poder Judicial e incluso con el TC, que tumbó la semana pasada la amnistía fiscal impuesta por el rodillo parlamentario popular en 2012.

Los problemas de corrupción y, sobre todo, la impresión de que no hay consecuencias ni siquiera cuando un tribunal enmienda una propuesta estrella como la amnistía fiscal pueden explicar que el PP esté ahora en el 31.9% de intención de voto, -1.1 punto respecto a las elecciones de junio de 2016 pero -2.9 puntos si lo comparamos con los datos de Celeste-tel de hace un mes. Si recordamos la mejor situación demoscópica del PP en esta legislatura, en octubre de 2016, hablamos de una caída de 4.2 puntos en un contexto de buenos datos macroeconómicos.

En la práctica, el PP se movería en torno a los 134 y 137 diputados (los mismos que tiene en la actualidad), aunque podría solventar una hipotética legislatura con C’s si el partido de Albert Rivera obtuviera una horquilla aceptable. Según Celeste-Tel, la formación naranja sería una de las grandes beneficiadas de la situación por la que atraviesa el PP y obtendría el 14.5% de los votos, +1.5 puntos en comparación con el 26J que se traduciría en 39-42 escaños (hasta 10 más de los que tiene en la actulaidad. Supone una mejora de casi dos puntos en comparación con el sondeo del mes pasado.

Junto a C’s, el PSOE se convierte en uno de los favorecidos por la situación actual: Se movería en torno al 23.5% de los votos, casi un punto más que hace un mes, y convertiría sus 85 diputados en una horquilla de 87-90 escaños. En un mes, ya con un trabajo de campo realizado con Pedro Sánchez como líder, los socialistas suben un punto en intención de voto, casi tres si lo comparamos con el dato que registraba el pasado mes de octubre.

Sin embargo, a pesar de mejorar, el PSOE podría verse abocado a una situación parecida a la que vivió Pedro Sánchez en su primer mandato tras las elecciones de 2015: Unidos Podemos, con el 19% de los votos,  pierde 0.3 puntos respecto al mes pasado y obtendría entre 61 y 64 diputados. En el mejor de los casos, es decir, en el supuesto de que ambos lograran sus horquillas máximas, sumarían 154 diputados, un dato que se parece mucho a los 159 que sumaron tras los comicios de 2015.

Sí queda claro, eso sí, que la tendencia de Unidos Podemos sigue a la baja, algo que viene certificado por la estimación de Celeste-Tel pero también por el voto directo y la simpatía y por el trasvase de votos. Así, en voto directo, Unidos Podemos suma el 15.2% del apoyo, 2.3 puntos por detrás del 17.5% que registran los socialistas en este aspecto. El PP vuelve a ser el partido con mayor voto decidido en estos momentos (20.3%) mientras que C’s cierra esta tabla con un 10.6%.

En cuanto a las transferencias de voto, tanto PSOE como PP aparecen como las formaciones con mayor fidelidad entre su base electoral. Entre los socialistas, el 82.3% (+2.5 puntos respecto al mes anterior y +8.1 puntos respecto al mismo dato registrado en octubre) repetiría el sentido del voto del 26J; un 11.6% que se abstendría (-4.5 puntos respecto al mes pasado) y un 2.6% que votaría por Unidos Podemos. En el caso del PP, mantiene al 82.3% de sus votantes y sus fugas se producen hacia la abstención (11.8%) y hacia C’s (5.1%).

Unidos Podemos conserva al 74% de su base electoral y su principal fuga de votos se produce hacia la abstención (18.1%, +8.3 puntos respecto al mismo dato publicado en octubre del año pasado), con un 4.9% que optaría ahora por el PSOE. Por su parte, C’s amarra el 79.4% del voto del 26J, con un 12.6% que no votaría en esta ocasión y un reparto de voto entre PP (3.6%) y PSOE (3.9%).

Otros datos a tener en cuenta, que abonan nuestra teoría de que no apenas hay cambios en los grandes bloques ideológicos, tienen que ver con las estimaciones de voto de los partidos periféricos. Así, ERC vuelve a ser la formación con mayor proyección al pasar de 9 a 11 diputados, con el PdeCat perdiendo entre 2 y 3 diputados (de 8 a 5-6 escaños). En Euskadi, sigue la pugna entre PNV y EH-Bildu, que podrían estar disputándose un diputado que podría pasar a las filas de la izquierda abertzale. CC también mantiene su escaño actual.

La estimación se realiza a partir de 1.100 preguntas recogidas en los cinco primeros días laborables del mes.

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