Las urnas no despejan la incertidumbre política en Bulgaria

Una de las grandes incógnitas ante las elecciones generales adelantadas en Bulgaria este domingo era si las urnas serían capaces de arrojar un resultado capaz de cerrar la crisis abierta hace cuatro años, una crisis que no se ha resuelto en las tres convocatorias electorales celebradas desde entonces. Los comicios han confirmado que el país sigue apostando por gobiernos en minoría, por lo que la estabilidad vuelve a depender de la capacidad de los distintos partidos en trabajar y mantener acuerdos con otras fuerzas parlamentarias.

Con una abstención del 50%, Boyko Borisov puede apuntarse un tanto: Su partido, el GERB, clave en la gobernabilidad del país durante la última década, volvió a ser el partido más votado con el 32.55% de los votos,  un resultado prácticamente idéntico al obtenido hace dos años pero con mejor rédito. De acuerdo con los resultados del escrutinio, el nuevo Parlamento disminuye el grado de fragmentación que se vivió, sobre todo, desde 2013, con cinco fuerzas políticas con representación. Así, tenemos a cuatro viejos conocidos (uno de ellos, el Bloque Patriótico, ya se presentó como coalición en las anteriores elecciones, aunque entonces se excluía a Atack, que se presentó en solitario) y a un nuevo partido, Volya, que logró representación por los pelos.

Así, a pesar de repetir porcentaje de voto, el GERB gana 11 escaños debido al nuevo reparto de escaños debido a que varias fuerzas políticas con representación en el anterior parlamento no han logrado superar el 4% que supone el umbral necesario para conseguir diputados. Éste ha sido el caso del Bloque Reformista, uno de los socios parlamentarios de Bossirov en la anterior legislatura, que en esta ocasión se ha quedado en el 3.06%, -5.83 puntos respecto a las anteriores elecciones. También ha sido el caso de ABV, al que casi ningún sondeo previo otorgaba representación, y de Bulgaria sin Censura, que en estos comicios no se ha presentado como tal.

Como se esperaba, el Partido Socialista Búlgaro (BSP) consiguió un buen resultado que hay que leer sólo en clave comparativa: En los comicios de otoño de 2014 sus posibilidades se hundieron en las urnas tras un Gobierno de coalición que no duró ni dos años. Desde el domingo cuenta con 80 diputados que suponen el 27.20% de la representación, +11.8 puntos respecto a 2014. A pesar de que los sondeos le situaban muy cerca del GERB, finalmente la distancia entre ambos fue de más de 5 puntos. En este sentido, hay quien sostiene que los socialistas se pasaron de frenada al prometer que el país tendría una mejor relación con Moscú

También acertaron los sondeos en situar a Patriotas Unidos como tercera fuerza política con el 9.07% de los votos, un buen resultado si lo comparamos con el porcentaje de voto obtenido hace dos años pero negativo si, como apuntábamos anteriormente, tenemos en cuenta que en esta ocasión Attack se había sumado a la coalición. En total, las tres fuerzas obtuvieron el 9.07% de los apoyos, -2.73 puntos respecto a la suma de todas las opciones que concurrieron juntas en esta ocasión. Aun así, sus 27 diputados serán clave para la gobernabilidad del país.

El Movimiento de Derechos y Libertades (PDS), el partido en el que se aglutinan los representantes de la minoría turca, un 10% de la población total búlgara, perdió 5.85 puntos respecto a 2014 hasta el 8.99% de los apoyos, una caída que se explica por la fuga de votos hacia el BSP y, en parte, haci ael DOST, el nuevo partido para el que el presidente turco había pedido directamente el voto creando un conflicto diplomático, otro más, con Bulgaria. Tal y como se esperaba, el DOST quedó fuera del Parlamento con el 2.86% de los votos.

Por  último, la sorpresa llegó de la mano de Volya, el partido de Veselin Mareshki, de ideología liberal populista, que estuvo a punto de quedarse fuera del Parlamento búlgaro. Finalmente entró con el 4.15% de los votos y 12 diputados, que también podrían ser fundamentales para que Borisov intente la formación del Gobierno. Aun así, los resultados hundieron sus expectativas electorales: Se manejaba que podría conseguir el 7.8% de los votos y, recordemos, su líder consiguió el 11.7% de los apoyos en la primera ronda de las presidenciales del año pasado.

Borisov apuesta por un nuevo mandato

Tras conocerse los sondeos a pie de urna, bastante fiables, el primer ministro, que dimitió el pasado mes de noviembre tras el fracaso de la candidata del GERB en las elecciones presidenciales, Boyko Borisov confirmó que intentaría la formación de un nuevo Gobierno, posibilidad a la que se había negado en noviembre y que fue el origen de esta convocatoria electoral adelantada.

Con los datos sobre la mesa, y una vez desechada la posibilidad de un Gobierno de gran coalición, todos los caminos parecen pasar por una reedición del acuerdo con Patriotas Unidos (27 diputados), lo que nos llevaría a los 122 escaños de los 250 que componen la cámara búlgara.

La misma noche electoral, uno de los líderes de Patriotas Unidos mostraba disposición a apoyar un nuevo Gobierno del GERB si incluía medidas para mejorar la vida de los más desfavorecidos, compromiso contra la inmigración ilegal y oposición a la “amenaza de Turquía”. El lunes, la formación matizó este apoyo, lo que da a entender que las negociaciones serán largas y el GERB tendrá que satisfacer una parte importante de sus demandas.

Tampoco está claro lo que hará Voyla: A falta de lo que ocurra con los Patriotas Unidos, sus 12 diputados serán claves para decidir el signo del futuro gobierno. Es posible que Mareshki opte por apoyar un hipotético gobierno formado por el BSP y los representantes de la minoría turca, sumando 128 escaños, sobre todo si quiere seguir cimentando la imagen de un partido de oposición al GERB, que, a pesar de todos los problemas, se mantiene imbatible desde las elecciones de 2009.

CODA. En tiempos en los que se denostan los resultados de las encuestas, encontramos en Bulgaria otro ejemplo de acierto. Nada más cerrarse los sondeos, Gallup y Alpha Research difundieron sondeos a pie de urna cuyos resultados se irían confirmando después con un algún margen de error: Según Alpha Research, el GERB obtendría el 32.2% de los votos, el BPS el 28%, la Unión Patriótica (UP) el 9.5%, el DPS un 9.7% y el Volya un 5.1% (finlamnete fue del 4.2%). Quedarían fuera el BR (4%) y ABV (2.4%). De acuerdo con los datos de Gallup, el GERB ganaría con el 32.8%, el BPS se quedaría en el 28%, la UP en el 9%, el DPS en el 7.3% y Volya en el 4.6%. Los reformistas obtendrían el 4%, un porcentaje que finalmente fue del 3.06%.

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Susana Díaz exhibe músculo e historia del PSOE frente a Sánchez

Susana Díaz ya es precandidata del PSOE para las primarias que servirán para elegir al futuro secretario general del partido el próximo mes de mayo: “Me siento contenta y me siento feliz, porque hoy voy a anunciar que tengo el orgullo y el honor de anunciar mi candidatura a la Secretaría General del PSOE”. Este domingo, ante 6.000 personas (9.000 según los organizadores), la presidenta de la Junta de Andalucía dio un paso al frente confirmando, de paso, que la batalla interna por el liderazgo socialista será presumiblemente cruenta a pesar de los llamamientos a la unidad y, quién lo diría, a no insultar a los compañeros.

La presidenta andaluza se hizo acompañar por el aparato del partido actual (entre los barones, sólo faltaron Javier Fernández, presidente de la gestora, y Francina Armengol, que apoya a Patxi López), con una fuerte movilización de las federaciones de Extremadura, Andalucía y Castilla-La Mancha, junto a referentes del PSC como Carme Chacón o Celestino Corbacho. También acudieron en primera línea los ex presidentes del Gobierno (José Luis Rodríguez Zapatero y Felipe González), Alfonso Guerra y Alfredo Pérez-Rubalcaba. Entre los primeros espadas del PSOE, sólo faltaron Joaquín Almunia y Josep Borrell, candidato del PSOE con la marcha de González y que durante semanas coqueteó con un apoyo más o menos directo a Pedro Sánchez.

El acto de Madrid de Susana Díaz fue la demostración de fuerza que se esperaba y, sobre todo, la constatación de que el PSOE está muy dividido y que, a juzgar por los insultos que se cruzan simpatizantes de las dos principales caras de las primarias en las redes sociales, la confrontación irá a más. Al mismo tiempo que Díaz confirmaba el anuncio avanzado hace dos semanas, Pedro Sánchez reunía en Burjassot (Valencia) a 2.500 personas, que pasa por ser la cifra mágica de buena parte de los actos que está protagonizando durante las últimas semanas. Y cambiaba su perfil de Twitter con una fotografía del precandidato con mirada al frente (tras probar perfiles a la derecha y a la izquierda) y adoptar una estética que se parece más a la de un cartel del Che Guevara que del Sánchez que lideró el PSOE desde julio de 2014.

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Sus afines, precisamente, destacaron la diferencia del acto de Valencia (con militantes de base, sin demasiadas caras conocidas) con el del pabellón de Ifema que protagonizó Díaz. A la misma hora, Patxi López celebraba encuentros con militantes en Cantabria, actos que apenas tuvieron repercusión a pesar de que el ex lehendakari trata de situar el mensaje de que él es el candidato de la militancia que acude a escuchar sin necesidad de que alguien ponga autobuses autobuses para conseguir el efecto de actos masivos.

Heredera de la historia del PSOE vs el partido de la militancia

Los dos aspirantes mostraron este domingo por dónde dirigirán sus mensajes. Susana Díaz se definió como heredera de la historia del PSOE, enraizó su mensaje en lo que hicieron sus antecesores y, tras pedir fraternidad entre los militantes (“Os pido que habléis bien de todos los compañeros y compañeras. Quiero un partido que respeta el debate y a los que debaten, que recupere la fraternidad”), contrapuso personalismos con la lealtad a las siglas: “Yo soy 100% PSOE. Me siento 100% del PSOE, pero no sentiré nunca que el PSOE me pertenezca al 100%. No seríamos nada sin el PSOE. Nosotros pertenecemos al PSOE, el PSOE no nos pertenece a nosotros”. Uno de sus lemas será .

En Valencia, Sánchez contrapuso su modelo, “el de la militancia”, frente al de la abstención defendida por buena parte de los que se encontraban en el Ifema: “Sólo hay dos opciones: un PSOE del siglo XX que pide la abstención a Rajoy o uno del siglo XXI de izquierdas y con la base”, dijo Es evidente que estamos ante una herida que sigue supurando y tanto Sánchez como el sanchismo están dispuestos a seguir ahondando en ese marco, con escasa respuesta, hasta el momento, por parte de los defensores de la abstención respecto a los últimos éxitos parlamentarios alcanzados.

La precampaña de las primarias ha puesto en evidencia las dificultades de López de hacer colar su mensaje frente a los dos choques de trenes que suponen Susana Díaz y Pedro Sánchez, enfrentado con la gestora por el crowfunding abierto para financiar su campaña. En la reunión que mantuvieron el martes pasado representantes de los tres aspirantes en Ferraz, los equipos de Díaz y de López aceptaron canalizar las aportaciones para financiar sus campañas a través del partido. No fue ése el caso del representante de Sánchez, lo que sirvió para abrir una nueva disputa pública en la que se ha vuelto a acusar a la gestora de no ser neutral mientras Ferraz avisa de acusaciones de financiación ilegal al PSOE (puesto que Sánchez recauda dinero usando el nombre del partido). Los partidarios de Sánchez apuntan a que estamos ante un nuevo intento de la gestora por conocer el nombre de los que han aportado dinero en la campaña de Sánchez (para confirmar si, como avanzan, muchos de los que le acompañan ni siquiera son militantes y, por lo tanto, no tienen derecho a voto en las primarias).

Estos mensajes confirman que quedan por delante dos meses en las que es posible que el PSOE vuelva a dar un espectáculo similar al del pasado mes de octubre y de los días previos a la abstención durante la investidura de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno. Sea como fuere, la guerra entre ambos líderes, que pareció cerrada con la dimisión de Sánchez tras aquel aciago Comité Federal del mes de octubre, en el que Díaz tuvo un papel muy destacado, dificulta las equidistancias entre dos compañeros que fueron de la mano en las primarias que Sánchez ganó en verano de 2014. Conviene recordar que fue la posición de la federación andaluza contra Eduardo Madina la que explica, en buena medida, por qué ganó Pedro Sánchez en un momento en el que no le hacía ascos al aparato del partido ni entonaba La Internacional después de cada acto.

Tres años después, será la militancia la que decidirá quién gana esta batalla interna (y quién la pierde) porque, esta vez, parece que se votará además un proyecto de partido y de país, con consecuencias claras. En las últimas semanas, miembros del PP han citado off the record la posibilidad de ir a una convocatoria de elecciones generales anticipadas el próximo otoño si Sánchez se convierte en el secretario general del PSOE, algo que, como se confirmó este domingo,  es más difícil de lo que parece.

Como hemos señalado en numerosas ocasiones, los afiliados socialistas son mucho más disciplinados de lo que parece a veces, aunque eso signifique mostrar una imagen conservadora y, sobre todo, con escasa capacidad de penetración entre los electores más jóvenes. Y lo cierto es que, en el acto de Ifema, se pudo ver juntos a eternos enemigos, protagonistas de históricas y recientes rupturas, como Rubalcaba y Chacón, González y Guerra e incluso González y Zapatero. Todos unidos frente a lo que representa Pedro Sánchez, al que en su momento tuvieron cerca Rubalcaba (Sánchez trabajó durante años para José Blanco y Elena Valenciano), Díaz e incluso Zapatero (que rompió con Sánchez cuando repudió la reforma del art. 135 de la CE que había ayudado a redactar).

Fotografía de Chema Moya

Los críticos ponen el acento, precisamente, en el daño que la fotografía de Díaz, rodeada de los prohombres del partido, puede suponer para sus intereses. Una crítica bien traída que obvia, sin embargo, que esa imagen, entre los militantes, no tiene el mismo efecto que entre los electores sin adscripción partidaria. A pesar de las críticas, Felipe González, Guerra o incluso Zapatero siguen teniendo un significado importante en una militancia que lleva muchos años viendo cómo se pierde elección tras elección. Es decir, ante el mismo sentimiento que aprovecha Sánchez para impulsarse, los asistentes al acto de Díaz resaltan precisamente la lealtad a la historia de unas siglas.

Estamos, pues, ante el mismo problema que hemos resaltado en otras ocasiones sobre los sondeos que muestran que Díaz es la peor opción entre las posibles para liderar el partido. Ésa puede ser una historia para el día después de las primarias, y el candidato socialista a las presidenciales francesas, Benoït Hamon, puede dar una buena lección al respecto. Pero en estos momentos, por increíble que parezca, ése no es el debate.

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Bulgaria trata de cerrar su crisis política con las terceras elecciones en cuatro años

Este domingo, Bulgaria vuelve a las urnas para renovar su Parlamento. La cita electoral ya se dio por hecho tras la dimisión del primer ministro, Boyko Borisov , la misma noche de la victoria aplastante del Rumen Radev, un independiente apoyado por el partido socialista, próximo a Moscú, que logró un 59.37% de los votos en las elecciones presidenciales del año pasado frente a la candidata de Ciudadanos por el desarrollo Europeo de Bulgaria (GERB), que se quedó en el 36.16% de apoyos en la segunda vuelta.

Desde la dimisión de Borisov se sucedieron contactos para proceder a la formación de un nuevo Gobierno que terminara la legislatura, aunque ya se daba por hecho que sería imposible por la negativa de las principales fuerzas a explorar esta posibilidad. Por lo tanto, este domingo vuelven a las urnas los siete millones de búlgaros con derecho a voto dentro y fuera del país para elegir entre las dos formaciones tradicionales (el GERB y el BSP) y un abanico de nuevos partidos formados por viejos conocidos:

  • Los Patriotas Unidos, una confluencia del IMRO (Movimiento Nacional Búlgaro), el IFSB (Frente Nacional de Salvación Patriótico) y Atacka (la formación ultranacionalista por antonomasia), que se postulan como tercera fuerza.
  • También se espera unos resultados razonables del PDS (del que forma parte el Movimiento por las libertades), el partido de la minoría turca del país, que compite con el DOST (una escisión que cobra protagonismo porque ha sido el partido mencionado por Recep Tayyip Erdogan como la formación a la que deberían votar los búlgaros de origen turco)
  • El Bloque Reformista, una alianza entre viejos partidos con raíz sectorial, y conservadora, formado en 2014 por cinco formaciones que no lograron representación parlamentaria en 2013 (Movimiento por una Bulgaria fuerte, el Movimiento de los Ciudadanos búlgaros, la Unión de las fuerzas demócratas, el Partido de la gente libre y digna y la Unión nacional agraria búlgara). Según los últimons sondeos, pierde la mitad del apoyo y que roza el umbral mínimo para lograr representación parlamentaria (4%).
  • Y se espera que, Volya, un partido liberal búlgaro fundado en 2007 por el empresario Veselin Mareshki, refundado este mismo año de las cenizas del anterior Hoy (y antes Alianza Liberal), que en las elecciones presidenciales del año pasado obtuvo un resultado más que razonable (11.17% de los votos).

Los últimos sondeos sobre intención de voto publicados antes del cierre de la campaña electoral, este viernes, no auguran estabilidad tras los comicios: El GERB y el BSP están prácticamente empatados según todas las encuestas en torno al 30% de intención de voto, una situación buena para la oposición socialista (las elecciones de 2014 le llevaron al 15.40% de la representación) y que se mantiene estable respecto al GERB, que conserva un consolidado suelo electoral incluso con la crisis política de la que ha sido protagonista desde el año 2013.

Así, el GERB de Borisov volvería a ser el partido más votado con una media del 29.4%, -3.27 puntos respecto a sus resultados hace tres años, lo que indica, por sí solo, la fortaleza de la formación a pesar de sus problemas parlamentarios. El BSP, formado sobre todo por socialistas y comunistas y liderado por Kornelia Ninova, duplicaría su resultado de 2014 hasta el 28.2% de los votos:

Respecto al Bloque Patriótico, pasaría de un porcentaje del 11.8% en 2014 a un 10.5% de media (si no tenemos en cuenta el sondeo de Barometer, que distorsiona en buena medida los datos al estimar un resultado tan abultado) o al 12.6%  si contamos con la estimación de dicho sondeo. Queda por ver si la formación ultraderechista puede capitalizar haber liderado en los últimos días la protesta en la calle contra Turquía por lo que se califican de injerencias en el proceso electoral búlgaro.

El partido de Mareshki, Volya, se movería en torno al 7.8% de los votos (obtuvo 11.17% en las elecciones presidenciales), con el Bloque Reformista en torno al 4.2% de media (-4.69 puntos respecto al dato de 2014 y -5.21 si lo comparamos con los datos que obtuvieron por separado las formaciones que hoy configuran la coalición). Alternativa para la Vuelta de Bulgaria (ABV), de izquierdas, pugna por sobrepasar el mínimo legal para conseguir representación en el país.

Por su parte, el PDS (antiguo MRF) perdería casi la mitad de su electorado (del 14.84% a una media del 8.6%), un dato que se explica por la tensión que ha existido entre Sofía y Ankara durante toda la campaña, hasta el punto de que los líderes del GERB y el BSP han protestado en público por la actitud turca durante la campaña.

El lunes Radev se reunió con el fiscal general y con los jefes de los servicios de espionaje, contraespionaje y seguridad, para discutir el proceso electoral y las actividades de Turquía durante el proceso. El motivo: Ankara ha pedido directamente que los 700.000 votantes que forman la minoría turca en Bulgaria voten esta vez por el DOST y no por la fuerza tradicional, fundada en 1990, que los representaba en el Parlamento. Antes, ultranacionalistas búlgaros bloqueron los tres principales pasos fronterizos turcos para impedir la entrada al país de ciudadanos de doble nacionalidad que residen en Turquía con derecho a voto.

Junto a los efectos económicos de la incertidumbre política y las relaciones de Bulgaria con Turquía, la proximidad a Rusia, abierta con la elección de Radev en las presidenciales, también ha copado buena parte de los discursos en campaña. Así, la cabeza de lista del BSP aseguró que hará lo posible por conseguir un levantamiento de las sanciones impuestas por la UE contra Moscú por su anexión de Crimea: “Si el Partido Socialista gana las elecciones y yo soy primera ministra, iré a Bruselas y declararé: ‘Señores, la próxima vez que voten prolongar las sanciones contra Rusia, Bulgaria impondrá un veto'”, dijo.

Frente a estos argumentos, Bossirov enfatizó su compromiso con la OTAN y la UE y se centró en pedir estabilidad: “El próximo lunes Bulgaria tiene que estar más estable que nunca para no tener el destino de los demás países vecinos, que se enfrentan a una mala clasificación crediticia e inestabilidad política”.

Una crisis política que dura cuatro años

En el mes de febrero del año 2013, una movilización contra la subida del precio de la energía, en lo más crudo del invierno, y la política de privatizaciones sirvió de catalizador para poner de manifiesto el malestar de amplias capas de la sociedad con el funcionamiento de un país gobernado por Borisov, del GERB, en el poder desde las elecciones de 2009. A pesar de que las urnas le devolvieron el poder unos meses después, la imagen de Borisov, omnipresente en los últimos años de la política búlgara, ya no fue la misma y la dificultad para garantizar Gobiernos estables así lo certifica.

Este domingo, el país más pobre de la UE afronta sus terceras elecciones generales en cuatro años, una situación que viene explicada por la enorme inestabilidad abierta desde la dimisión y victoria del ex guardaespaldas del último líder comunista, Todor Yivkov, que se alzó con el poder gracias a un discurso antimafia a pesar de los rumores siempre presentes de contactos con el crimen organizado, que con el 30.54% de la representación no pudo formar Gobierno.

La oposición socialista (26.61%), segunda fuerza del país, llegó a un pacto de Gobierno con la minoría turca del Movimiento de Derechos y Libertades (MRF) y con los ultranacionalistas de Attack, que dio su poder a Plamen Oresharski, aunque pronto tuvo que enfrentarse a una fuerte movilización en las calles durante el verano de 2013, que coincidió con las protestas de Brasil contra Dilma Rousseff y de Turquía contra Erdogan, que necesitó incluso de mensajes tranquilizadores de las autoridades de la UE a favor de que el Ejecutivo trabajaría para acabar con la corrupción.

La crisis política acabó con una nueva convocatoria electoral en octubre de 2014 ante la debilidad del Gobierno, y el GERB, con el 32.66% de los votos, amplió su mayoría respecto al Partido Socialista búlgaro (BSP), que se hundió  con un 15.40% de los votos; su apoyo parlamentario, el MRF mejoró en cambio al pasar del 11.31% de la representación a un 14.84%.

Los resultados facilitaron un gobierno entre el GERB, el Bloque Reformista y el Frente Patriótico, Gobierno que duró hasta que, en noviembre de 2016, se confirmó la victoria de Rumen Radev en las elecciones presidenciales frente a Tsetska Tsecheva. Desde ese momento, el presidente interino, Rosen Plevneliev, alargó los plazos para la formación de un nuevo Gobierno, con la negativa del GERB y del BSP a intentarlo de nuevo, para que el nuevo presidente convocara elecciones generales cuando jurara el cargo.

CODA. Para conocer más sobre la política búlgara y los partidos políticos, recomendamos un post magnífico de Ivaylo Dinev y Stanislav Dodov en Sin Permiso del que extraemos algunas ideas sobre las implicaciones de las elecciones presidenciales (veremos si se confirman el domingo):

La clave para entender la situación es reconocer la ferviente explotación de la idea de cambio y las posibilidades para conseguirlo.  De hecho, pudiera ser el punto de partida para el surgimiento de una fuerza progresista significativa

El mayor defecto de los políticos de derechas (desde los “patriotas” a la derecha elitista del Bloque Reformista, pasando por el GERB) reside en algo mucho más importante: en su incapacidad intrínseca de ver y hablar del sufrimiento social (y mucho menos combatirlo con políticas adecuadas).  Radev, de una manera muy similar a Trump en los Estados Unidos, defendió la dignidad del búlgaro común y esto es algo que permaneció en gran medida inadvertido en el discurso de los medios de comunicación durante la campaña electoral.

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NC-Report: Susana Díaz mantiene la fortaleza del PSOE-A y pierde medio punto desde 2015

Todo listo para que Susana Díaz anuncie, este domingo, su disposición a disputar el liderazgo para la Secretaría General del PSOE en las primarias que se celebrarán el próximo mes de mayo. Un proceso interno al que llega con un Pedro Sánchez subido a la ola de una militancia enfadada por los resultados del partido en los últimos años y también por la crisis interna que destapó los truenos el pasado mes de octubre.

La presidenta de la Junta, que arrrastra una imagen negativa entre los votantes (también entre los del PSOE), según los últimos sondeos publicados, mantiene, sin embargo, buena parte del poder que le asegura Andalucía como un feudo del socialismo. Ésa es la conclusión de los resultados del sondeo de NC-Report para el diario La Razón, que refleja que en estos dos años de gestión al frente de la Junta, el PSOE-A sólo pierde medio punto en intención de voto y entre 1 ó 2 escaños. Es decir, después de la movilización por la gestión sanitaria y la mala imagen que Díaz proyecta, el electorado andaluz la respalda, en un contexto de pérdida de apoyo en la izquierda parlamentaria.

Según los datos de NC-report, a partir de 1200 entrevistas realizadas entre los días 6 y 11 de marzo, el PSOE-A obtendría el 34.9% de los votos y entre 45-46 escaños. Un escenario que completamos con los resultados de Podemos, que pasa del 14.9% de representación a un 14.5% y de 15 a una horquilla de entre 14 y 15 escaños. IU, por su parte, se deja casi dos puntos en intención de voto (del 6.9% al 5.1%) y conservaría 3-4 escaños de los 5 que tiene en la actualidad, un hecho que seguramente se revisará en el caso de nuevas elecciones autonómicas si se confirma la intención de Podemos e IU de profundizar las confluencias y/o las candidaturas ciudadanas en las elecciones municipales de 2019.

Los resultados del PSOE se expolican por la propia situación del PP, que mejora su porcentaje de voto respecto a 2015 pero que no se postula como una alternativa clara. Así, una candidatura liderada por Juan Manuel Moreno obtendría el 28.1% de los votos (+1.4 puntos) y pasaría de 33 a 34-35 asientos.

C’s, por último, gana 0.4 puntos en intención de voto y podría sumar un diputado a los 9 que tien en la actualidad. Llama la atención, por cierto, que suma prácticamente lo mismo que se deja el PSOE, partido al que sostiene parlamentariamente.

NC-Report plantea un supuesto de participación del 57.7% (casi 5 puntos menos que hace dos años) y sitúa al PP como el partido que mayor fidelidad de voto mantiene: El 86.9% de sus votantes repetiría el sentido de su voto, con un 7% que se abstendría y un 3.8% que votaría por C’s.

Los socialistas conservan al 80.5% de sus votantes, con un 10.5% que se abstendría y un 2.2% que votaría por Podemos. Entre los votantes del partido morado, el 67.7% votaría por la lista de Teresa Rodríguez (el porcentaje de fidelidad más bajo registrado entre los partidos andaluces,con permiso de IU, que ni siquiera aparece); el 13.3% no votaría y el 7.9% lo haría por el PSOE.

Por último, el 72.7% de los votantes de C’s repetiría lista mientras que el 11.6% se abstendría y el 11.6% preferiría al PP. Estamos ante la fuga de votos más importante entre las formaciones en Andalucía.

Si manejamos la variable de voto, comprobamos variables parecidas a las que veíamos hace unos días con el sondeo de Celeste-Tel para eldiario.es: Los menores de 30 años son los más incentivados a abstenerse (52.5%) frente a los que tienen 45-64 años, que son los que menor porcentaje de abstencionistas registran (a diferencia de lo que ocurre a nivel nacional, donde los que se muestran más incentivados a participar en las elecciones son los mayores de 65 años).

  • Entre los menores de 30 años en Andalucía, Podemos es la primera opción (13%), seguido de cerca por el PSOE (10.1%), a diferencia del sondeo referido, en el que el PP es esa segunda opción. En Andalucía, los populares obtienen un 8.8% de voto deciddio, con C’s en el 5.5% e  IU en el 2.9%
  • Los que tienen 30-44 años ya votan como primera opción al PSOE en Andalucía (16.8%), con el PP como segunda opción (12.9%), seguido de cerca por Podemos (12%). C’s registra un apoyo del 6.6% e IU, del 2.3%.
  • Las distancias se amplían entre los que tienen 45-64 años: El 24.3% vota al PSOE, el 18.1% al PP y tanto Podemos como C’s se ubican en el 6% de intención de voto, con C’s ganando la partida entre los nuevos partidos. Este escenario, recordemos, no se da en el resto del país.
  • Los mayores de 65 años votan sobre todo al PSOE (26.6%), con el PP (24.1%) situándose ya muy cerca en el capítulo de preferencias. El apoyo al resto de formaciones es prácticamente residual.

Estos resultados pueden arrojar dos conclusiones: Desde el punto de vista positivo para los intereses de Susana Díaz, daría el salto a disputar las primarias con el aval de mantenerse imbatida en Andalucía, un hecho incuestionable para Pedro Sánchez (que tiene en su haber liderar la lista del PSOE que obtuvo los peores resultados desde la restauración democrática) o Patxi López. Desde una perspectiva negativa, la fortaleza del socialismo andaluz pudría conllevar la ruptura de España entre un sur cada vez más limitado geográficamente y el resto del país, en donde el liderazgo de Díaz se percibe como negativo. Imaginamos que el equipo de Susana Díaz ha analizado estos puntos antes de tomar la decisión de dar el salto a la política nacional.

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Macron y Le Pen consolidan sus posiciones y Hamon se aleja de la cuarta plaza

Hace tres años escribimos: El FN da el primer aviso, a propósito de la primera vuelta de las elecciones municipales francesas. Resulta más que adecuado recuperar ese post cuando queda menos de un mes para la primera ronda de las presidenciales y parece que, salvo sorpresa, todo está sentenciado. A pesar de los últimos escándalos en torno a la manera en la que François Fillon ha usado su perfil público, que de forma directa se traduce en un repunte en su intención de voto, la segunda ronda será una elección entre el candidato de ¡En Marche!, Emmanuel Macron, y de la líder del Frente Nacional, Marine Le Pen.

Los últimos trackings hablan de un empate técnico entre ambos en primera ronda, con Macron postulándose cada vez más como el candidato más votado: 25.75% según la media de los últimos datos (+0.3 puntos respecto a la última media referida en este blog) frente al 25% de Le Pen (-1.1 puntos según esa misma media).

Entre las razones de la caída en la expectativa de voto de Le Pen podemos encontrar cierta fuga de votos debido al resultado del debate presidencial entre los cinco candidatos el pasado lunes, un debate en el Macron salió más que vivo y en el que Jean-Luc Melénchon podría haber conectado con una parte del electorado de izquierdas crítico con el modelo de UE y las proclamas de europeísmo de Macron.

Así, según estas estimaciones, el líder de La France insoumise se mueve en torno al 13.6% de los votos (+1.8 puntos respecto a la oleada anterior) y podría haber convencido a una parte del electorado que coquetea con la idea del Frexit que defiende Le Pen pero que puede ser reacia a apoyar otros puntos del programa (por ejemplo, los referidos al ataque a la multiculturalidad y, específicamente, a la presencia del Islam aunque sí vea con buenos ojos la idea de cerrar las fronteras frente al terrorismo). No vemos a este electorado, por cierto, dando su confianza a Macron en la segunda vuelta, por lo que será sumamente interesate comprobar cómo se modulan ciertos mensajes a partir del día 24 de abril y hasta la fecha en la que se elegirá al próximo inquilino del Elíseo.

Sin embargo, la noticia en esta nueva oleada de trackings electorales está en la proyección del líder socialista: Benoït Hamon sigue cayendo en expectativa de voto y obtendría el 11.75%  (-1.05 puntos respecto a la oleada anterior), quedándose como la quinta opción del electorado galo. De nada sirvió la dimisión inmediata del ministro del Interior, Bruno Le Roux, tras publicarse que tuvo a sus  hijas de 14 y 15 años como “asistentes parlamentarias” entre los años 2009 y 2016, lo que habría supuesto 55.000 euros de dinero público cobrado, a priori, por trabajos no realizados.

Estamos, pues, ante una modalidad del Penelopegate que persigue desde hace meses a François Fillon, del que no dejan de salir informaciones. La última, el el cobro de 50.000 dólares  por organizar una reunión entre Vladimir Putin y un empresario libanés en 2015. Las nuevas revelaciones se tradujeron en un leve repunte en la intención de voto que se fue moderando según transcurrió la semana hasta llegar al 18% de media, con datos, como el de Opinion Way, que le otorgan en 19% de los votos.

Constantamos, de nuevo, cómo parece que los problemas de Fillon ante la justicia se traducen en repuntes en el apoyo de su electorado, que se mantiene bastante estable pese a las revelaciones constantes de, digamos, prácticas poco éticas. Es por ello que en este viernes, el candidato de Les Republicáins puso en énfasis en el perfil de víctima del aparato del Estado que personalizó en el presidente, François Hollande, al que acusó de “cubrirle de fango”.

Una segunda vuelta más incierta de lo que parece

A la espera de nuevas informaciones que puedan dañar a los dos candidatos (aunque el electorado de Le Pen se muestra bastante fiel a pesar de sus problemas judiciales y por ahora sus buenas relaciones con Rusia parecen no afectar a sus proyecciones), de la victoria de Macron dependerá, en buena medida, la capacidad del resto de formaciones para plasmar en la movilización el pacto para bloquear cualquier gobierno con la ultraderecha. Si Le Pen sigue con el perfil que está demostrando en esta larguísima campaña presidencial, tenemos dudas de que el electorado actúe de la misma forma que en el año 2002, cuando Jean Marie Le Pen se enfrentó a Charles De Gaulle en la segunda ronda de las presidenciales.

Todos las empresas demoscópicas otorgan una victoria clara de Macron en segunda vuelta (entre el 63-65% de apoyo frente al 35-37% que recibiría Le Pen). La distancia se reduciría entre 8 y 10 puntos si Fillon sustituyera al líder de En Marche en la segunda vuelta. Sin embargo, a un mes de la primera ronda de las presidenciales existe una bolsa de voto no declarado que se sitúa en torno al 40% (indecisos, abstencionistas, voto en blanco, etc). Datos que podrían esconder, también, la vergüenza de un sector del electorado, particularmente de izquierdas, a declarar una preferencia de voto hacia el Frente Nacional.

Existen síntomas que indican que el fantasma del Brexit comienza a planear sobre las presidenciales francesas: Por ejemplo, la petición de que el empresariado francés comience a expresar en público su preocupación ante una eventual victoria de Le Pen en las presidenciales

A esta altura de la campaña, sí queda claro el batacazo de los socialistas, mucho más pronunciado de lo que se esperaba hace meses, lo que confirmaría la enorme distancia entre la militancia socialista, que lo eligió en primarias, respecto al electorado medio, con una raíz más liberal de lo que pareciera inicialmente (de ahí las fugas de apoyo de personalidades del PS a la candidatura de Macron).  También será interesante vislumbrar el giro del partido ante las elecciones legislativas que se celebran el próximo mes de junio y en la que, suponemos, tratarán de que se repita el mismo desastre que se avecina en las presidenciales.

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NC-Report: PP y ERC, únicos partidos en ascenso en voto y representación

A pesar de que los últimos trabajos demoscópicos plantean la posibilidad de que C’s se esté beneficiando de este momento de incertidumbre política, en detrimento de PSOE, Unidos Podemos e incluso el PP, el sondeo de NC-Report para el diario La Razón nos devuelve al escenario habitual en los últimos meses: Los populares serían los que se estarían aprovechando de la coyuntura, con porcentajes de voto más habituales respecto al partido más votado que los que tenemos desde las elecciones de 2015.

Con todos los partidos de implantación estatal a la baja respecto a sus datos del 26 de junio, el PP sería la fuerza más votada con el 37% de los votos, +4 puntos respecto al 26% y +0.2 puntos si lo comparamos con el tracking publicado por NC-Report hace un mes, lo que se traduciría en una horquilla de entre 153-158 escaños (hasta 21 más que los que tiene en la actualidad).

El PSOE, por su parte, vuelve a ser la segunda opción parlamentaria con el 20.8% de los apoyos (-2 puntos respecto a su representación actual aunque sube 0.9 puntos con los datos de hace un mes). Pasaría de 85 a 75-79 diputados, por lo que parece que se estaría recuperando desde el desplome en la intención de voto desde los meses posteriores a la dimisión de Pedro Sánchez.

Unidos Podemos, con el 20.2% de los apoyos, se deja 1.4 puntos si lo comparamos con su representación actual y -0.6 puntos respecto al mes de febrero. Sus 71 diputados pasan a ser 64-68, lo que alejaría cualquier posibilidad de un Gobierno alternativo de izquierdas al actual.

A diferencia de otros estudios, NC-Report plantea una caída de la expectativa de voto de C’s, que se quedaría en el 11.3% de los apoyos (-1.7 puntos en comparación al 26J y -0.2 si nos remitimos al tracking del mes de febrero). Ahora se movería en torno a 24-28 escaños.

Otros datos a tener en cuenta: ERC suma uno o dos diputados a sus 9 escaños; el PdeCat podría perder exactamente lo mismo y la representación de EH-Bildu, PNV y CC se mantiene igual. Todo ello a partir de un trabajo de campo de 1000 entrevistas realizadas entre los días 13 y 17 de marzo.

Si observamos el grado de fidelidad que mantiene cada partido con sus votantes, encontramos que el PP es la formación que conserva a la mayor parte del electorado que le dio su confianza el pasado 26 de junio (92.6%), con un 5.4% que se abstendría. En el caso del PSOE, aun sin liderazgo claro, el 73% repetiría el sentido de su voto; entre los que no lo harían, el mayor flanco lo constituyen los abstencionistas (19.8%), con un 2.4% que votaría por Unidos Podemos en el caso de nuevas elecciones hoy. Un 2.2% se inclinaría por dar su confianza al PP.

Unidos Podemos mantiene a 8 de 10 votantes (79.4%); entre los que se van, el 14.6% se abstendría y el 3.2% votaría por los socialistas. Por último, C’s es el partido que conserva menos votantes (70.5%); el 17.9% se abstendría, el 8.2% votaría por el PP y el 2.9% por el PSOE. En la práctica, los dos partidos que han protagonizado el bipartidismo imperfecto español comienzan a recuperar poco a poco votos que se habían ido a las formaciones emergentes.

NC-Report también realiza reparto de votos según la franja de edad y de nuevo vemos cómo los votantes más veteranos son los más incentivados a acudir a las urnas (casi 14 puntos más que los menores de 30 años).

  • Entre los que tienen 18-29 años, el 51.6% se abstendría. Unidos Podemos aparece como la primera opción (15.5%), con el PP como segunda alternativa (10.3%). El PSOE convence al 9% y C’s al 5.2%.
  • Entre los que tienen 30-44 años, el PP ya aparece como la primera opción (17.1%), seguido de Unidos Podemos (16%), PSOE (9.1%) y C’s (6.5%).El 44.9% se abstendría.
  • Los que tienen 45-64 años se abstendrían en un 39.6%. De nuevo, el PP despunta como la primera opción (23.6%), seguido del PSOE (13.9%), Unidos Podemos (10.3%) y C’s (7.7%).
  • Los mayores de 65 años votarían claramente por el PP (30%), apenas 8 puntos por debajo de los que dicen que se abstendrían. El PSOE también es segunda opción en este grupo de edad (14.8%), seguido de Unidos Podemos (6.6%) y C’s (5.8%).

Vemos, por lo tanto, cómo el PP comienza a recuperar espacio electoral en todos los grupos de edad mientras que el PSOE sigue medianamente fuerte entre los mayores de 45 años. También llama la atención que C’s consiga mejores datos entre los mayores de 30 años que entre los de menor edad, sobre todo si relacionamos esta variable con la de la abstención.

CODA. Según Jaime Miquel uno de los politólogos que acertaron con las estimaciones de voto en las elecciones del 26J, las expectativas de los grandes partidos son éstas: PP 31% y 129 escaños; el PSOE  sería tercera fuerza con el 18% de los votos y 63 diputados (-22 respecto a la actualidad); UP escalaría al 24% de los votos (+2.4 puntos) que se traduciría en 81 escaños; y C’s daría el salto hasta el 16% de los votos que se traducirían en 49  diputados. Los socialistas, por lo tanto, estarían a dos puntos de ser sobrepasados por la formación que lidera Albert Rivera.

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Celeste-Tel: Unidos Podemos se queda sin ventana de oportunidad

Desde hace meses, los sondeos vienen reflejando tendencias que confirmarían que el tiempo de la reconfiguración del tablero ha pasado. Tanto Unidos Podemos como C’s parecen haber tocado techo electoral y, de acuerdo con casi todos los sondeos, pierden apoyo respecto a sus últimos resultados electorales mientras que PP y PSOE parecen recuperar espacio, en buena medida por la recuperación de votantes que se fueron a la abstención en los comicios de 2015 y 2016 y, en el caso del PSOE, con la relativa paz tras las divisiones mostradas durante el pasado otoño.

El sondeo mensual de Celeste-Tel difundido por eldiario.es aporta datos en esta dirección: El PSOE es el único partido que crece respecto a los datos de hace un mes, con pérdidas leves de expectativa de voto en PP y Unidos Podemos y estabilidad en C’s. A diferencia del sondeo de Metroscopia que difundimos hace unos días, en esta ocasión la formación naranja se mueve en los márgenes que recoge el resto de estudios demoscópicos.

El PP volvería a ser el partido más votado con el 35.6% de los votos, -0.1 puntos respecto al mes pasado pero +2.6 puntos en comparación con su representación actual. Este resultado se traduciría en 148-150 diputados, es decir, que volveríamos a estar en niveles de atribución de escaños que ya se parecen más a los que hemos visto en otras legislaturas (en 1996, el PP obtuvo 156 escaños, por ejemplo).

Un PSOE en pleno proceso pre-primarias para elegir a su futuro líder estaría a medio punto de igualar los resultados que logró Pedro Sánchez en las elecciones del 26J. Según Celeste-Tel, obtendría el 22.1% de los votos (+0.8 puntos respecto al mes anterior) que se traducirían en 80-83 escaños.

Por su parte, Unidos Podemos se aleja cada vez más del PSOE y confirma que se quedaría por debajo del 20% de intención de voto: Se movería en torno al 19.3%, -0.4 puntos respecto al mes de febrero, y se quedaría entre 5 y 6 escaños.

Por último, C’s sigue anclado en el 12.1% de los apoyos, casi un punto menos que en las últimas elecciones, y podría perder hasta seis diputados de los 32 que tiene en la actualidad. Los datos del sondeo se realizan a partir de 1100 entrevistas recogidas entre los cinco primeros días laborables del mes.

Otros datos interesantes tienen que ver con el desplazamiento definitivo de PdeCat respecto a ERC: La antigua CiU podría perder uno de los 8 diputados que obtuvo el 26J mientras que ERC sumaría un escaño a los 9 que actuales. En Euskadi, el PNV repite con 5 diputados mientras que Bildu podría sumar uno más (seguramente procedente de Unidos Podemos). CC mantiene su diputado.

El PP sería la fuerza mejor situada en voto más simpatía, una variable que nos ayuda, sobre todo, a pulsar el grado de movilización de la base electoral de los partidos y, sobre todo, sus posibilidades de crecimiento descontando el voto oculto. Volvemos a constatar cómo los populares son los que mayor voto oculto registrarían (13 puntos de diferencia respecto a la estimación final).

Los socialistas aparecen como la segunda fuerza en este sentido, con un portcentaje del 18.1%, casi 3 puntos de diferencia respecto a Unidos Podemos (15.3%).C’s se movería en torno al 9.5% del voto decidido.

El inicio de la recuperación del PSOE también se explica desde la fidelidad de su electorado: Así, el 78.6% volvería a votar por sus siglas, porcentaje que sólo superan los electores del PP respecto a su partido (88.7%). Entre los ex votantes socialistas, el 16.8% optaría por la abstención y el 1.9% votaría por el PP o por Unidos Podemos.

Los votantes de Unidos Podemos repetirían decisión en un 75.3% con un 17.9% que se iría a la abstención, un dato que debería llevar a la reflexión porque supera el que recibe el PSOE. El 3.1% votaría otras opciones.

Entre los electores del PP, casi 9 de cada 10 votaría por las mismas siglas y, entre los que no lo harían, el 9.9% se abstendría y el 0.8% preferiría a C’s. En cuanto a la formación que lidera Albert Rivera, mantiene al 76.9% de sus votantes, con un 13.2% que se abstendría en el caso de convocar elecciones; el 6.3% votaría por el PP.

Si observamos la variable edad, vemos cómo los menores de 30 años son los más inclinados a abstenerse (+16 puntos respecto a los mayores de 65 años, que son los que muestran más disposición a votar). Sus opciones son las siguientes:

  • Más de la mitad (52%) de los votantes de menos de 30 años se abstendría. Entre los que votarían, el 16% lo haría por Unidos Podemos, el 11% por el PP, el 8% por el PSOE y el 6% por C’s.
  • Entre los que tienen 31 y 44 años, el 47% se abstendría. PP y Unidos Podemos empatan en porcentaje de voto en esta franja de edad (15%), el PSOE convence al 10% del electorado y C’s al 7%.
  • Entre los que tienen 45-64 años, el 38% se abstendría, el 22% daría su confianza al PP y el 14% al PSOE. Unidos Podemos convence al 10% del electorado y C’s al 8%.
  • Como viene siendo habitual, el PP despunta como opción favorita entre los mayoes de 65 años: El 30% daría su confianza al PP, apenas 6 puntos menos de los que se abstendrían. Los socialistas aglutinan al 17% de los votantes mientras que Unidos Podemos convence al 6% y C’s al 5%.

Con estos datos, se confirma, por lo tanto, que el PSOE presenta disposición a aguantar el sorpasso de Unidos Podemos, que sigue envuelto en cómo gestionar la salida del errejonismo. Como llevamos señalando desde hace semanas, basta con que el PSOE acierte en la salida a su crisis interna, que no es poco, para que este escenario cambie en su beneficio.

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