Fuego amigo en la última fase de las primarias del PP

El último tramo de las primarias, que este fin de semana desvelarán el liderazgo del Partido Popular, confirman las señales avanzadas en las últimas semanas: La elección del próximo presidente del PP, y previsible cabeza de lista para las elecciones generales, confirma un problema de división interna importante que, si bien no ha llegado a los niveles que vimos en las primarias socialistas, confirma que la pugna no está siendo precisamente educada y que podemos estar en el inicio de heridas como las que el PSOE abrió en las primarias de 2012 y que todavía siguen sin cicatrizar.

Hace unos días, se hizo pública la inclusión de Javier Arenas en el equipo de Soraya Sáenz de Santamaría. Un anuncio oficial de lo que era una colaboración consumada durante años al calor de la enemistad de Arenas y María Dolores de Cospedal. El viernes comenzó a viralizarse en Whatsapp un vídeo en el que se remarcaba, precisamente, la contradicción entre los mensajes de renovación de la candidata y la colaboración con Arenas y otros destacados miembros del PP andaluz, la organización que aporta más compromisarios en esta elección y que, en teoría, votará en su mayoría a favor de la ex vicepresidenta del Gobierno.

La difusión del vídeo, que poco a poco también llegó a los medios digitales, derivó en la presentación de una queja por parte del equipo de Santamaría a la comisión que organiza el congreso extraordinario, mientras Pablo Casado descartaba que su gente estuviera detrás de un spot que, sobre todo, regala munición a sus rivales políticos en las próximas citas electorales. De acuerdo a informaciones de eldiario.es, uno de los primeros en difundir el vídeo fue un compromisario vinculado a Casado.

Desde Galicia, Alberto Núñez-Feijóo, al que se mira con atención estos días también por lo que puedan votar los compromisarios gallegos, atribuyó la autoría a alguien ajeno al partido: “En este mundo global cualquiera puede hacer un vídeo y se le puede atribuir al que no sale beneficiado en el mismo, y esta tarde a lo mejor hay otro y salen perjudicadas otras personas”. Una declaración que despertó la carcajada generalizada, sobre todo de las personas ajenas al PP ante lo que es un ejemplo de manual de lo que significa una campaña de fuego amigo.

En cualquier caso, la difusión del vídeo desde Andalucía, que Celia Villalobos vincula a Casado, pone en evidencia que, a pesar de las buenas formas de los candidatos, con fotografía de confidencias y risas incluida, el proceso de primarias está siendo más feo de lo que se asume en público. Eso explica por qué numerosos cargos orgánicos se negaron a que finalmente se celebre el cara a cara entre los candidatos  y por qué se están difundiendo las claves de la negociación para conseguir el voto de los 3.802 compromisarios que este fin de semana decidirá el destino próximo del PP.

Tenemos un ejemplo magnífico en una pieza del diario ABC en la que se habla de presiones y trueque de favores, sobre todo de cara a las próximas listas electorales, y de un operativo en el que hay que tener en cuenta las cuentas pendientes de los barones con Santamaría (como José Manuel Soria, que todavía controla a los compromisarios canarios) y que funciona así:

“Los equipos de los candidatos tienen un «cuentacompromisarios», con enlaces en cada territorio, y que va poniendo cruces según los apoyos ganados, o bien, de forma más visual, se señalan con colores. Los «barones provinciales» del partido tienen un poder decisivo en todo el proceso. Su influencia puede llegar a ser fundamental. Un pronunciamiento de este cabecilla provincial puede arrastrar el voto de todos, o una buena parte, de los compromisarios que están bajo su control”.

En este contexto hay que enmarcar la presencia de María Dolores de Cospedal en un desayuno informativo protagonizado por Pablo Casado este lunes, que el equipo de Santamaría minimizó. Por si no quedara claro, la secretaria general del PP mostró su apoyo al dirigente más vinculado con el aznarismo, siguiendo el camino abierto por otros cargos destacados vinculados a Cospedal la semana pasada (como el alcalde de Málaga y Jaén o la ex ministra de Agricultura). No es el caso de Alicia Sánchez-Camacho o José Antonio Monago, que este lunes mostraron su apoyo a Santamaría ante la incapacidad para aunar una candidatura de consenso que la ex vicepresidenta ha intentado hasta el último momento.

Desde el entorno de Santamaría, asumen que cuentan con el apoyo de 2.000 de los 3.082 compromisarios llamados a votar este sábado. Este dato confirmaría que no ha funcionado el “todos contra uno” que se comenzó a dibujar al conocerse los datos de la primera votación y que los apoyos recibidos por los candidatos que no pasaron el corte habrían ido a parar a la ex vicepresidenta del Gobierno. Un escenario, cuanto menos, curioso, sobre todo si tenemos en cuenta el apoyo explícito de Cospedal, Margallo y Elio Cabanés a la candidatura de Casado.

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Sigma Dos: Los socialistas se consolidan como primera fuerza electoral

La situación política actual consolida la fortaleza del PSOE tras la llegada de Pedro Sánchez a La Moncloa. Las perspectivas electorales positivas que apuntan los sondeos se explican desde diferentes factores: Por un lado, el velo ganador que envuelve a Pedro Sánchez, que emerge como un líder valorado, todavía con el “efecto hooneymoon” al que hemos referencia en otros momentos. Por otro lado, el PSOE se beneficia en este momento de la situación de interinidad que mantiene el PP, que sigue con la pugna directa entre Pablo Casado y Soraya Sáenz de Santamaría de forma más discreta de lo acostumbrado en otras formaciones políticas con procesos de primarias competitivos, y con el reacomodo de Unidos Podemos y C’s a este nuevo tiempo político.

A grandes rasgos, éste es el escenario que dibuja el sondeo de Sigma Dos para el diario El Mundo: A la espera de lo que ocurra el próximo fin de semana en el congreso del PP, que podría tener un efecto directo en las aspiraciones de C’s, el PSOE se consolida como primera fuerza políticac con el 26.3% de intención de voto, +6.6 puntos respecto al último sondeo publicado a partir de datos recogidos el pasado mes de marzo. Se confirma, pues, el efecto positivo de la moción de censura en la situación de los socialistas, que se nutre de bajadas generalizadas del resto de formaciones con implantación estatal.

Así, C’s sería segunda fuerza parlamentaria con el 24.2% de los apoyos, -2.3 puntos respecto al mes de marzo aunque todavía suma +11.2 puntos si comparamos el dato con su representación parlamentaria actual. En este contexto, el PP sería la tercera opción con un 22.3% de los apoyos (-1 puntos respecto al mes de marzo, -10.7 en comparación con su último resultado en las urnas), lo que apunta a un trasvase de voto directo desde las filas populares a la lista de C’s en estos dos años de legislatura.

Por su parte, Unidos Podemos queda descolgado de la competición por la primera plaza con un 16.1%de intención de voto, -2.3 puntos en comparación con la estimación anterior y -5 puntos respecto a su último resultado en las urnas. No ayuda a su definición estratégica la ausencia de sus principales líderes por motivos médicos (Irene Montero dio a luz prematuramente a los mellizos que esperaba), a lo que se suma el daño de los anuncios del Gobierno de Sánchez en relación al Valle de los Caídos o a la publicación de los nombres de los beneficiarios de la amnistía fiscal aprobada por el Gobierno de Mariano Rajoy en 2012. Y todo ello a pesar del reconocimiento del Ejecutivo de Sánchez de que no podrá hacerlo por motivos legales.

Con un trabajo de campo realizado a partir de 1000 entrevistas recogidas entre los días 9 y 12 de julio, el PSOE también se beneficia de la valoración de líderes: Pedro Sánchez aparece como el líder mejor valorado con una subida de más de un punto en relación al dato obtenido el pasado mes de marzo. Hoy lograría una puntuación de 4.74, 6.54 entre sus votantes.  

El líder de C’s, Albert Rivera, sube también respecto a su anterior valoración: Hoy conseguiría un 4.53 (6.41 entre sus votantes), con Alberto Garzón en un 4.5 (6.30 entre los suyos). Pablo Iglesias cierra la tabla con un 6.07 (6.09 entre los votantes de UP), sin apenas registrar cambios respecto a la anterior valoración.

Por su parte, Sigma Dos también pregunta en esta ocasión por la opinión respecto a Soraya Sáenz de Santamaría y Pablo Casado, los dos últimos aspirantes de las primarias en el PP, con datos que van en la líena de lo señalado en otros análisis: La ex vicepresidneta logra una mejor valoración en general (4.18 frente al 3.72 de Casado) y también entre los votantes del PP (6.49 frente al 5.61).

Santamaría logra también mejor dato entre los electores de PSOE y UP, y especialmente entre los de C’s (4.40 frente  al 3.81 de Casado), una referencia que conviene tener en cuenta de cara al futuro. Aun así, volvemos a recordar la evidencia: El próximo fin de semana votan los compromisarios y su opinión no tiene que ser una correa de transmisión de la de sus votantes y mucho menos de los electores de otras formaciones políticas.

El electorado acompaña los primeros gestos de Sánchez hacia Cataluña

A pesar del titular que destacó El Mundo respecto a los resultados del estudio de Sigma Dos en relación al conflicto catalán, con un 45.5% de españoles que considera que la respuesta de Sánchez a la Generalitat está siendo “muy blanda”, lo cierto es que el resto de datos parecen acompañar los gestos para destensar las relaciones entre Madrid y Barcelona.

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Un 46.2% ve bien la decisión de Moncloa de acercar a los líderes independentistas presos a Cataluña y un 52.8% ve positivo que el Gobierno central actúe con menor beligerancia respecto al independentismo. Asimismo, el 44.1% no cree que Sánchez vaya a hacer concesiones a los partidos independentistas, lo que configura, también desde Madrid, un escenario positivo a la plataforma de aterrizaje de la que hemos venido hablando durante estos últimos meses.

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Primer gesto para retomar el diálogo entre Madrid y Barcelona

Lo avisamos en los días posteriores al referéndum del 1 de octubre: El resultado de la movilización y de la participación a pesar de la represión ordenada desde Madrid hurtaba de legitimidad a cualquier intento de la Generalitat de proclamar la independencia unilateral de Cataluña. La evidencia obligaba a preparar una plataforma de aterrizaje para dar salida a un conflicto que ha consumado el exilio de Carles Puigdemont y de varios de sus consellers y la prisión para el resto de su último Govern. El presidente de la Generalitat, Quim Torra, se ha convertido en la persona llamada a liderar la fase de destensión política necesaria para preparar la salida de un conflicto que sigue enquistado.

El Gobierno de Mariano Rajoy, que primero ninguneó las peticiones políticas que llegaron desde Barcelona, en la celebración de la Diada de 2012, lo fió todo a una solución judicial que dejó descabezado toda la esfera política del Procés y que evidenció el riesgo de carecer de interlocutor con el que negociar y, segundo y más importante, capaz de controlar a su propia gente. La propia morfología del independentismo catalán, que ha hecho un enorme esfuerzo por proyectarse como un movimiento pacifista y, sobre todo, en positivo, ha evitado que la reclamación política derive en situaciones de violencia. Nadie puede garantizar que, de seguir el bloqueo político, la situación vaya a mantenerse de la misma manera.

En la esfera emocional y social, sigue la desconexión de amplias capas de catalanes (también de no independentistas) con España y lo que significa. No ayudan a revertir la situación los análisis de trazo grueso que ponen el énfasis en el supuesto carácter violento de la movilización independentista o de un teórico racismo que casa mal con la presencia de castellanoparlantes o extranjeros residentes en Cataluña en las protestas. La ruptura de la convivencia en Cataluña (percepción que queda muy matizada sobre el terreno) sí ha tenido una consecuencia directa en el resto del país: La sima creciente entre el resto de la población española y Cataluña que comenzó con el grito de “a por ellos” y que se percibe en cualquier conversación fuera de Cataluña que se refiera a lo que ocurre allí.

Desde el pasado mes de octubre pero, sobre todo, desde comienzos de año, existen diferentes movimientos para asegurar la plataforma de aterrizaje de la que venimos hablando, algo que han reconocido pesos pesados de ERC con declaraciones y gestos. Sobre todo cuando se ha constatado que, por un lado, Cataluña sigue siendo un foco de atracción de riqueza económica, que la Generalitat quiere potenciar con el retorno de las sedes sociales de las grandes empresas que se marcharon en las semanas posteriores al referéndum. Y, por otro, que el electorado catalán tiene un comportamiento bastante estable respecto a sus aspiraciones electorales, como se confirmó en los comicios celebrados el pasado mes de diciembre. También respecto al malestar por el encaje de Cataluña en el conjunto del Estado.

En este contexto de aparente deshielo, cobran más relevancia las palabras de Clara Ponsatí reconociendo que la Generalitat iba de “farol” en la proclamación de la independencia de Cataluña. Sus afirmaciones nos llevan, de nuevo, a plantear la responsabilidad de unos representantes políticos que, simplemente, se sumaron a la ola de protesta que fue cristalizando desde la sentencia del TC sobre el Estatut. Este 11 de septiembre podremos comprobar el nivel de desconexión entre los representantes políticos y el movimiento independentista, que sí que parece haber asumido que estamos ante un proceso más largo de lo que se creía en un principio.

Vuelve la política entre Madrid y Barcelona

Este lunes, mes y medio después de tomar posesión del cargo, el presidente del Gobierno recibió el presidente de la Generalitat en lo que parece el inicio del deshielo de las relaciones entre Madrid y Barcelona, prácticamente rotas desde 2014. El signo de los nuevos tiempos hace pensar en un intento de aterrizar las aspiraciones máximas del independentismo, aunque Quim Torra defendiera tras su reunión con Pedro Sánchez el derecho de autodeterminación como el cauce para dar salida política a las aspiraciones del pueblo catalán.

Para comenzar, Torra señaló que Sánchez había asumido que estamos ante un problema político y que había establecido una diferencia clara entre la vía política y la judicial. En ese sentido, el presidente del Govern habló de cambios en la judicialización del Procés en consonancia con el nuevo ciclo abierto: “Hay muchos entes judiciales y políticos que tienen incidencia sobre la libertad de la gente. Esperamos ver cómo se mueven estos entes”. Sobre la mesa sigue siendo un tema prioritario la excarcelación de los Jordis, de Oriol Junqueras y del resto de consellers del Govern de Puigdemont, en prisión preventiva por la ejecución del referéndum.

Por su parte, el Gobierno central rechazó la vía de la autodeterminación como relato y, a cambio, siguió con su política de gestos, que comenzó con las propias cuentas oficiales de La Moncloa y de Sánchez. Ambas difundieron tuits en catalán sobre la reunión y la vicepresidenta, Carmen Calvo, avanzó que se retomaría el deshielo entre ambos Gobiernos a través de la comisión bilateral Estado-Generalitat. Además, confirmó que el Ejecutivo retiraría los recursos que el Gobierno de Mariano Rajoy interpuso ante el TC contra varias leyes sociales catalanas.

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Ambas delegaciones hablaron de un encuentro cordial, “fluido” y “muy educado”; nada que ver con los apelativos de “racista” que Sánchez vertía contra Torra en los días previos a la presentación de la moción de censura que le convirtió en presidente del Gobierno, o con la presencia de Calvo entre los representantes políticos que decidieron la activación del art. 155 de la CE en Cataluña.

Así, el Gobierno y la Generalitat parecen más interesados en comenzar un nuevo tiempo que, sobre todo, deja en evidencia al Ejecutivo de Rajoy. Hasta el momento, más allá de las declaraciones, no hay cambio en lo esencial desde Madrid; tampoco desde Barcelona, pero parece que, en estos momentos, que no haya tensión evidente ya es un punto a favor.

Por cierto  el buen tono del encuentro, fuertemente contestado desde C’s y el PP, seguirá este jueves con la reunión de la vicepresidenta, Carmen Calvo, con el vicepresidente de la Generalitat, Pere Aragonès, en el seno de la Comisión bilateral Estado-Generalitat, y en sucesivas reuniones, entre ellas las de la la ministra de Políticas Territoriales, Meritxell Batet, y el conseller de Exteriores, Ernest Maragall.

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Casado, en disposición de vencer a Santamaría con el apoyo de Cospedal

La primera vuelta de las primarias para elegir al líder del PP se saldó como se esperaba: Una gran movilización de los afiliados inscritos, que representan apenas al 7.6% del censo total, que optaron por Soraya Sáenz de Santamaría (que recibió más votos y compromisarios) y de Pablo Casado, vicesecretario general del PP, que se medirán en el congreso al voto de los compromisarios.

La votación  de los afiliados dejó en un tercer lugar a María Dolores de Cospedal, la rival directa y personal de la ex vicepresidenta del Gobierno y a quien se mira de cara a la segunda vuelta, que se decidirá en el congreso que los populares celebran dentro de dos semanas y que, en el momento de elaboración de este post, apuntaba a una pinza con Casado para superar a la ex vicepresidenta del Gobierno.

El voto directo de los afiliados se tradujo en este reparto por CCAA elaborado por eldiario.es: Santamaría logró 21.513 votos, sobre todo procedentes de Andalucía, Comunidad Valenciana, Canarias, Castilla y León, La Rioja, Euskadi y Asturias. Las CCAA en las que la ex vicepresidenta ganó mandan 1.369 compromisarios al Congreso, entre ellos tres de las CCAA con más poder orgánico en el PP con el censo actual (Andalucía, con 475; Comunidad Valenciana, con 349; y CyL, con 278).

María Dolores de Cospedal, con 15.090 votos, fue la vencedora en Cantabria, Castilla-La Mancha y, atención, Galicia (excepto en Ourense). Conviene seguir con atención lo que ocurra en Galicia, que envía 279 compromisarios al congreso del PP y que podría pasar a aglutinar el grupo de apoyo al líder madrileño si se confirma el acuerdo para trasvasar sus apoyos a la lista de Casado.

Por su parte, Pablo Casado, con 19.967 votos, confirmó los rumores y fue la primera opción en Madrid, Extremadura, Murcia, Baleares, Aragón, Navarra y Cataluña, con apoyo directo además de los lobbies ultracatólicos que pidieron el voto para su candidatura. Tras conocerse el resultado de la primera vuelta, Casado pidió aglutinar todo el voto que no había ido a parar a la candidatura de Santamaría para hacerse con el control del partido en dos semanas y el sector vinculado a Cospedal habría aceptado negociar.

Modernización del partido y pugna entre aznarismo vs marianismo

En el Congreso del PP, que se celebra los días 20 y 21 de julio, podemos ver varios escenarios al margen de la reapariciónrevitalización y resurgimiento que mencionaba Raúl Arias este sábado: El partido debe enfrentar en anquilosamiento de su estructura en un momento como el actual. Aunque sus bases sean obedientes y poco amigas de los “líos internos”, un partido que aspira a gobernar España no puede funcionar con apenas 70.000 afiliados reales, cifra que se parece mucho al número de cargos que tiene en las instituciones españolas. Cabe mencionar la experiencia de Les Republicains (cuatro millones participaron en las primarias que eligieron a François Fillon candidato presidencial en 2016) como una de las posibles salidas para revitalizar un partido que tiene como primera tarea depurar los censos.

En el próximo congreso veremos el bandono de la idea de que debe gobernar la lista más votada que el PP ha defendido en los últimos procesos electorales asumiendo, de facto, que estamos en un sistema presidencialista y no parlamentario. La petición de Casado de que los compromisarios de Cospedal asuman su candidatura, contra la que Santamaría ya se ha pronunciado, tendría un efecto directo en su argumentario de cara al próximo ciclo electoral, en el que no está previsto que el PP arrase.

Por otro lado, podemos asistir a la visualización de las fracturas en el poder territorial popular. La mayoría de análisis da por hecho el voto por bloques territorriales de los compromisarios, obviando que en varias CCAA no ha habido grandes diferencias entre la primera opción y la segunda (o la tercera, si sumamos también a Cospedal). Ahí está el caso de la Comunidad Valenciana (Santamaría: 3.640  votos, Casado: 3.159  y Cospedal: 1.185); Galicia (Cospedal: 1.560, Casado: 1.160 y Sáenz de Santamaría: 1.104); CyL (Sáenz de Santamaría: 2.859, Casado: 2.049 y Cospedal: 566); La Rioja (Sáenz de Santamaría: 686; Casado: 672  y Cospedal: 181). No parece que haya dudas respecto a lo que pasará en Andalucía, Madrid, Murcia, Euskadi o C-LM, CCAA en las que las primeras opciones duplican con creces las opciones del resto de competidores.

Asimismo, el cónclave popular decidirá el futuro próximo del partido entre dos candidatos que, a su vez, representan la enésima pugna de sus mentores. Si el partido opta por Santamaría, Génova confirmará una línea de continuismo respecto a Mariano Rajoy eligiendo a su mano derecha en el Gobierno; de paso, el PP sería el primer partido nacional que eligiera a una mujer como número 1 de su candidatura y, salvo desastre electoral monumental, perjudicaría las opciones de Alberto Núñez Feijoo para saltar a la política nacional en 2020. En este sentido, cobra todavía más sentido seguir lo que pueden hacer los compromisarios gallegos, con especial mención a la habitual contestación que recibe el líder gallego en Ourense.

Pablo Casado, en cambio, representa una línea de continuidad del aznarismo, especialmente en relación a lo defendido por el PP entre los años 1999 y 2008, con la segunda derrota electoral de Mariano Rajoy. Además de sus problemas personales con su expediente académico, la elección de Casado le equipara en argumentos a Albert Rivera en aspectos como la política territorial, Cataluña o el enfoque económico. Así, su candidatura pondría al PP en disposición de disputarle a C’s todo el espectro ubicado a la derecha, especialmente, si Albert Rivera sigue alejándose del centro ideológico.

Si se confirma este movimiento, por cierto, podríamos ver el comienzo de la ejecución de la estrategia avanzada hace unas semenas: Pedro Sánchez tendría todas las opciones para lanzar mensajes hacia su flanco de centroizquierda o de centro puro mientras que Unidos Podemos podría congregar todos los mensajes dirigidos a la izquierda electoral de cara a un futuro gobierno de coalición.

Santamaría y Casado, opciones de transición

En cualquier caso, por un motivo u  otro, parece que ninguno se consolida como una opción de liderazgo definitiva con opciones de superar el suelo electoral del PP, situado en torno a los siete millones de votos. Santamaría, que empezó a trabajar con Rajoy sin estar afiliada al partido, adolece de ser, en el fondo, una outsider respecto al aparato orgánico; esta circunstancia explica por qué, durante todas la competición, habla de recuperar el Gobierno, obviando el control del partido, en línea con su actuación al lado de Rajoy. A falta de apoyos directos en el aparato, Santamaría se ha apoyado en el trabajo de personas interpuestas de la formación política desde el Gobierno (Javier Arenas, Juanma Moreno, Alfonso Alonso por citar ejemplos conocidos), lo que no enmascara que en un partido tan disciplinado y jerárquico como el PP no ha arrasado.

Sus intervenciones en las primarias del PP no la sitúan, precisamente, como una buena oradora ni en relación a sus bases ni tampoco respecto a su electorado.  De cara a  un proceso electoral, tampoco sumaría puntos frente a Pablo Iglesias, Albert Rivera o Pedro Sánchez, como se vio en el debate a cuatro que protagonizó ella en sustitución de Mariano Rajoy en las elecciones de 2016. Asimismo, la campaña en su contra de medios y periodistas situados en la órbita conservadora tampoco servirá de ayuda para construir un liderazgo con proyección suficiente para recuperar el espacio perdido en beneficio en C’s.

Casado tiene a su favor juventud y una buena conexión con las bases del partido, pero sus postulados suenan a antiguos; proyecta una imagen rancia del centroderecha español, muy centralista y con un peso de la moral que, quizás, tampoco conecta del todo con el electorado que finalmente se moviliza y acude a las urnas. El apoyo de los medios que en su momento estuvieron más cerca de José María Aznar limita también su capacidad de recuperar electores descontentos, aunque para ello depende de la estrategia que finalmente decida ejecutar C’s en los próximos meses.

CODA. Extraemos el reparto de votos y compromisarios de los tres candidatos con más apoyo en las primarias celebradas esta semana elaborado por el diario ABC:

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NC-Report sitúa a PP y PSOE en empate técnico en voto y escaños

Si hoy hubiera elecciones, PP y PSOE prácticamente empatarían en intención de voto y atribución de escaños con interpretaciones diferentes: En el caso de los populares, bajarían del mínimo histórico obtenido desde el desplome de la UCD (105 diputados en 1986) mientras que los socialistas, que en las elecciones de hace dos años tocaron su mínimo histórico, se recuperan hasta niveles cercanos a los conseguidos por la lista encabezada por Alfredo Pérez-Rubalcaba en noviembre de 2011.

Este escenario se traduce en un Congreso en el que no hay grandes diferencias en cuanto al reparto de poder entre los grupos ideológicos, lo que confirma la tesis de un multipartidismo que, desde la perspectiva de bloques, se parece bastante al reparto de poder que atesoraron PSOE y PP antes de 2015.

Con un 26.3% de intención de voto, el PSOE sería la primera fuerza de acuerdo con los datos del sondeo de NC-Report para el diario La Razón, a partir de un trabajo de campo de 1000 entrevistas realizadas entre los días 25 y 30 de junio. Supodrían un avance de 3.6 puntos repsecto a las elecciones de 2016 y +1.4 puntos si lo comparamos con la última estimación de voto, hace un mes, y se traduciría en una horquilla de 103-105 diputados, hasta 20 más de los actuales.

 El PP, con un 25.2% de apoyo, se movería en el suelo electoral que le atribuye NC-Report, a la espera de que se resuelva el liderazgo en el partido. En dos años, el partido habría perdido 7.8 puntos en intención de voto y ahora se movería en torno a 102-104 diputados frente a los 137 actuales, por lo que habría que mirar hacia el resto de formaciones políticas para armar una mayoría suficiente para volver al Gobierno.

En este contexto, los ojos se dirigen a C’s, el principal damnificado por el cambio de ritmo que ha supuesto el éxito de la moción de censura socialista. Hoy estaría en el 20.6% de intención de voto, -0.4 puntos respecto al mes anterior pero +7.6 puntos si lo comparamos con su último resultado en las urnas. Conviene tener en cuenta que el avance de la formación naranja es prácticamente idéntica a las pérdidas del PP, al que no le quedaría ni siquiera el consuelo de un acuerdo de gobierno con el partido de Albert Rivera.

C’s obtendría una horquilla de 67-70 diputados que, incluso en sus niveles máximos, no serían suficientes para llegar a los 176 escaños necesarios para que el PP volviera al Gobierno. Si tenemos en cuenta, además, que entre ambos partidos parece haber una simbiosis de pérdidas y ganancias, volveríamos a mirar al resto de formaciones para armar una mayoría suficiente que evitara repetir elecciones.

En cuanto a Unidos podemos, NC-Report le atribuye el 16.2% de intención de voto, -5 puntos respecto a las elecciones del 26J y medio punto menos que la estimación de hace un mes, que se traduciría en 49-52 escaños, que también serían insuficientes para garantizar la permanencia de Sánchez en La Moncloa.

Con un supuesto de participación del 62.4%, ERC pasaría de 9 a 10-11 escaños, el PdeCat se movería en torno a los 5-6 y el PNV sumaría uno a sus 5 diputados actuales. EH-Bildu conserva 2 diputados, al igual que CC; a diferencia de otros estudios, NC-Report no recoge la entrada de nuevas formaciones (VOX o Pacma) a un Congreso que, en los grandes números, permanece muy estable.

En voto y simpatía, el PSOE despunta como la primera opción con un 17.8% de voto movilizado, con el PP en segundo lugar con un 14.6%. Por su parte, UP y C’s prácticamente empatan con un 13% y un 13.8% respectivamente que nos ayudan también a entender las transferencias de voto en estos momentos. .

Como se esperaba y ya recogió Simple Lógica, el PSOE sale reforzado en su base electoral, con un 83.7% que votaría por sus siglas de nuevo en el caso de nuevas elecciones; sólo tiene fugas de votos hacia C’s (5.2%), más reducidas que en los meses previos, y hacia UP (1.3%). Estas fugas aumentan cuando se habla del resto de partidos: En el caso del PP, mantiene al 67% de su electorado y tiene un 18.4% que hoy votaría por C’s. Por su parte, C’s conserva al 77.7% de sus votantes, pero pierde un 7.9%, que iría a parar al PP, y un 4.6% que estaría volviendo al PSOE. Por último, UP mantiene al 65.3% de su electorado y presenta una fuga de votos del 15% hacia el PSOE.

Si cruzamos las variables voto y edad, vemos cambios respecto al mes anterior que se traducen en una recuperación del voto por parte del PSOE en los votantes de 30 a 64 años, entre los que aparece como la primera opción. De forma consecuente, C’s pierde apoyo en esta franja de edad, aunque todavía compite con UP en el apoyo de los menores de 30 años.

Con un 46.2% de abstención, los votantes más jóvenes vuelven a ser los menos interesados por participar en las próximas elecciones, con una direrencia de 12 puntos respecto a los mayores de 65 años (entre los que el PP vuelve a ser la formación preferida, con un 27.2%, con un avance del PSOE, que gusta al 21.1%). Los que votarían, lo harían por UP (15.9%) y luego por C’s (11.7%) y PSOE (10.3%).

Entre los 30 y 44 años, la abstención llega al38.25% y existe una triple pugna por la preferencia entre PSOE (15.4%, que recupera este lugar después de muchos meses), C’s (14.3%) y UP (13.9%). El PP queda descolgado con un apoyo del 10% que sube al 15.1% entre los ubicados entre los 45 y 64 años. Este grupo de edad prefiere, no obstante, al PSOE (16%), con C’s (13.7%) y UP (10.3%) en lugar secundario.

Los electores más veteranos vuelven a ser, de nuevo, los que manifiestan más intención de acudir a las urnas. Su preferencia, el PP (27.2%), con un PSOE como segunda opción con un 21.1% (+1.6 puntos respecto al mes anterior). C’s se queda en un apoyo del 10.2% y UP queda en la irrelevancia con un apoyo de apenas un 2%.

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Aires de fin de ciclo de Merkel tras la crisis con la CSU

La negociación para formación del gobierno alemán tras el resultado de las elecciones generales aventuró que podemos estar ante un final de ciclo. Angela Merkel consiguió su cuarto mandato como canciller tras seis meses de negociaciones con el SPD para la formación de un Gobierno de coalición que estas semanas ha estado a punto de caer por las discrepancias de la CSU con la política migratoria.

Los hechos: el ministro de Interior y presidente de la CSU (formación con la que la CDU mantiene un acuerdo en Baviera), Horst Seehofer, amenazó hace dos semanas con cerrar de forma unilateral las fronteras a los inmigrantes ya registrados en otros países europeos. Este asunto, la llegada de 2.5 millones de refugiados desde 2015, que estuvo sobre la mesa de negociaciones durante la formación de Gobierno, pone el foco en las discrepancias respecto a la política migratoria que la CDU/CSU han arrastrado durante los últimos años y que sobrevolaron también durante la larga campaña electoral el año pasado.

Ante la amenaza de Seehofer, que dos tercios de alemanes consideró que se movía por intereses electorales, Merkel se comprometió a buscar un acuerdo con la UE en la cumbre migratoria en la que Pedro Sánchez se estrenó como jefe de Gobierno español. En esta reunión, se alcanzó un acuerdo para frenar los  flujos de peticionarios de asilo dentro de la UE y Berlín llegó a acuerdos bilaterales de buena voluntad con una docena  de países para acelerar las devoluciones de inmigrantes.

El presidente bávaro consideró insuficiente el contenido del acuerdo y mantuvo la amenaza de cerrar las fronteras de Baviera la medianoche del lunes, lo que derivó en horas de negociaciones que se cerró con un acuerdo entre socios que aleja la posibilidad de la dimisión del ministro de Interior y presidente de la CSU (que se dio por hecha el domingo por la noche) y de una crisis de gobierno como consecuencia de una ruptura entre formaciones aliadas.

La CSU es un partido hermanado de la CDU y juntos forman la alianza de los conservadores alemanes bajo la premisa de que la segunda no participa como partido en las elecciones bávaras y el CSU se mantiene a nivel regional. Una ruptura supondría una fragmentación del voto con la entrada de la CDU en los comicios bávaros que, en teoría, perjudicaría a la CSU, con impacto directo en las opciones de la ultraderecha.

Por el momento, parece que la tormenta ha amainado con un acuerdo que Merkel explicó de la siguiente forma: “Por un lado queremos instalar centros de tránsito en Alemania y desde allí llevar a cabo devoluciones de acuerdo con países de los que vengan los demandantes de asilo y en los que ya estén registrado (…) De esta manera, el espíritu de la Unión Europea se preserva y a la vez damos un paso importante para ordenar y controlar la migración secundaria (la de peticiones de asilo)”.

Consecuencias: El SPD ha mostrado discrepancias por la fórmula alcanzada, a la espera de más datos. Por su parte, la ultraderecha, principal beneficiada electoral de este debate y cuyo avance explica la posición de la derecha bávara, se mostró en contra de un acuerdo  y avanza que será uno de los asuntos de la campaña electoral de los comicios en Baviera, previstos para el próximo mes de octubre y en las que ya es evidente que la CSU no repetirá el apoyo del 47.7% conseguido hace cinco años. Por otra parte, Austria ha anunciado que revisará su frontera (“Estaremos obligados a tomar medidas para evitar desventajas para Austria y su población”) si Berlín da el visto bueno a la restricción en la entrada de inmigrantes en Alemania.

El ultimátum de la CSU constata la sitaución de debilidad con la que Merkel afronta su cuarto mandato y aventura un final de ciclo con consecuencias en el papel de Alemania, cuya economía está dando síntomas de problemas, en una futura UE controlada por líderes ultranacionalistas o, directamente, por la ultraderecha. En Alemania, los últimos sondeos sobre intención publicados a nivel federal sitúa al CDU/CSU en el 31.1% de intención de voto, -1.8 puntos respecto a su resultado en las elecciones de septiembre de 2017.

Su socio de gobierno, el SPD, tampoco recupera porcentajes de apoyo anterior al desplome sufrido hace un año: Se movería en torno al 18.4% de promedio, -2.1 puntos respecto a 2017, con AfD pisándole los talones. La ultraderecha sigue sacando rédito de controlar el discurso político y se movería en torno al 14.8% de apoyo, +2.2 puntos respecto a su último resultado en las urnas, con sondeos que les sitúan como segunda preferencia entre los 25 y 64 años y que apuntan que en las elecciones de Baviera, en cuyo parlamento entraría con un apoyo similar al de SPD.

Los Verdes siguen en progresión ascendente, con un 12.1% de media, mientras que los liberales conseguirían el 9.15% de intención de voto  y Die Linke  el 10.1%. En este sentido, parece que se constata el fin de castigo a los liberales por la gestión de sus negociaciones en el gobierno de coalición Jamaika tras los comicios. También que la izquierda radical no parece ser el partido llamado a beneficiarse del descrédito de la política tradicional salvo en feudos concretos, como Berlín.

CODA. Datos de YouGov sobre la preferencia de los votantes de acuerdo con su edad. A destacar el empuje de los partidos tradicionales entre los electores de más de 65 años y entre los más jóvenes y la pujanza de la utlraderecha como segunda preferencia entre los electores de 25 a 65 años.

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CODA 2. Éstas son las últimas encuestas sobre intención de voto publicadas de cara a la renovación del Parlamento bávaro en las elecciones del próximo 14 de octubre. En este Länd se confirma el desgaste de las dos principales fuerzas políticas (más acusado en el caso del SPD en términos comparativos) frente al empuje de Los Verdes y, sobre todo, de Alternativa para Alemania, como ya ocurre en el resto del país.

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El PSOE se convierte en primera fuerza por el efecto ‘hooneymoon’

La llegada de Pedro Sánchez a La Moncloa ha tenido un efecto directo en las expectativas electorales del PSOE. A pesar de los problemas de sus primeras semanas de mandato, que en el momento de elaboración de este post tenía RTVE como frente abierto, el electorado parece dispuesto a darle su confianza en el caso de que hoy hubiera elecciones generales.

Se prolonga, por lo tanto, el efecto hooneymoon (luna de miel) de los votantes con los socialistas, del que también se beneficia, en parte, el PP. Con las primarias enfilando los últimos días de su primera etapa, los populares recuperan el pulso frente a C’s, sobre todo en los sondeos publicados en la segunda parte del mes de junio, mientras el partido de Albert Rivera sigue buscando su sitio tras la ruptura de la legislatura tras la moción de censura.

Con un 25.8% de promedio, el PSOE sería primera fuerza en el Congreso si hoy hubiera elecciones generales, lo que supone +3.1 puntos respecto a su resultado en las elecciones generales de junio de 2016, con estudios, como el de GAD3, DYM o el GESOP que lo sitúa cerca del porcentaje de apoyo conseguido en las elecciones de noviembre de 2011.

Si lo comparamos con los sondeos publicados antes de la moción de censura, cuando Ferraz filtraba la preocupación por la escasa aceptación de su líder y los malos resultados en intención de voto, hablamos de un avance de 4.9 puntos, lo que refuerza el efecto conexión con el electorado, a la espera de la resolución del vodevil sobre la elección del presidente de RTVE o medir el impacto de la designación de sus afines al frente de empresas públicas.

La plaza de principal partido de la oposición se la juegan PP y C’s, convertido en el principal damnificado del cambio de ritmo de la legislatura. Los populares, sin líder todavía claro en unas primarias en las que Pablo Casado podría dar la sorpresa, se situarían e el 22.6% de intención de voto, una media a la baja que propician las bajas estimaciones de Sociométrica (19.5%), IMOP (19.6%) o el GESOP (21%).

En la práctica, el PP pierde casi 10 puntos en intención de voto respecto a las elecciones generales de hace dos años y obtiene un resultado muy parecido al de los sondeos publicados el pasado mes de abril, lo que hace pensar en un suelo electoral claro. Sin embargo, Génova sí saldría bien parada en cuanto a la atribución de escaños debido, sobre todo, a las dificultades de C’s de entrar en las circunscripciones menos pobladas y en las que el bipartidismo sigue siendo la principal referencia de los electores: A pesar de obtener peor resultado que C’s, los sondeos con atribución de escaños le sitúan como primera o segunda fuerza con su peor resultado histórico.

C’s, por su parte, se movería en torno al 23.2%, -3.8 puntos en relación a los sondeos publicados a lo largo del mes de abril, con estudios publicados a comienzos de junio que le situaba como primera opción (IMOP 28.6%) y otros (Simple Lógica o el GESOP que le daba como segunda fuerza parlamentaria en votos).

Si bien se consuma el éxito de la formación de Rivera en relación a las últimas elecciones generales (+10.2 puntos), sí se percibe que ha tocado techo electoral, precisamente, tras la nueva fase abierta por el PP respecto a la elección de su liderazgo de la que se beneficiaría, en parte, el PSOE. Las pérdidas de apoyo a la formación naranja, en esta oleada, nutren de manera especial las ganancias de los socialistas, una tendencia que se podría consolidar durante el verano.

Algo parecido le ocurre a Unidos Podemos. La formación morada, que ha vuelto a demostrar cierta inmadurez en relación a la elección de RTVE, se deja casi un punto en intención de voto respecto al dato del mes de abril con un 16.45% de media, todavía -4.65 puntos respecto a su resultado en las urnas. Destaca, en este sentido, la estimación tan baja que le atribuye GAD3 (13.1%) o DYM (14.6%) frente a Celeste (17.4%) o IMOP (19.7%). Tal y como le ocurrió a C’s en las últimas elecciones generales, Unidos Podemos sería ahora el principal damnificado del efecto mayoritario que tiene la aplicación de nuestro sistema electoral, con una inversión de posiciones respecto a C’s.

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