Sánchez confirma su resurrección política

Salvo sorpresa de última hora, en absoluto descartable, la cuarta moción de censura presentada desde la restauración democrática contra un presidente del Gobierno saldrá adelante con 180 votos a favor. Y todo ello con los votos a favor de distintas formaciones del arco político en un contexto de fragmentación parlamentaria como resultado de las elecciones de junio de 2016, un escenario que no está previsto que se corrija en la próxima convocatoria electoral, prevista para junio de 2020.

Con los votos de Unidos Podemos, Compromís, PdeCat, ERC, EH-Bildu y el PNV, Pedro Sánchez podrá convertirse este viernes en presidente del Gobierno en lo que constituye el mayor ejemplo de resurrección política vivido en este país desde la restauración democrática tras un debate en el que se confirmaron todas las brechas abiertas en estos momentos en el eje izquierda/derecha y centro/periferia, con la ola neoconservadora presente con un cariz patriótico que, sobre todo, exhibió Ciudadanos.

Gráfico de El País

En un debate en el que Sánchez volvió a confirmar sus carencias como orador, sobre todo en sus primeras intervenciones de la mañana, quedó claro que la estrategia se basaba en un “todos contra uno” por higiene democrática. Se escenificaba, pues, el aviso de Ferraz de que no habría negociación de cartras o políticas puesto que el objetivo era salvar la democracia expulsando al PP del Gobierno como respuesta a la sentencia de la pieza central del caso Gürtel. Una sentencia judicial que, en una semana, ha dado un vuelco a toda la legislatura, que  hasta entonces pasaba por la capacidad del Gobierno de aprobar el proyecto de PGE de este año.

Mientras Sánchez y su portavoz, José Luis Ábalos, caían en errores de novatos durante la mañana, Rajoy confirmó que se había preparado para la cita y lanzó el mensaje que ha manejado la dirección del partido durante estos años: La corrupción es inherente a la condición humana y el PP tuvo corruptos como otros partidos con poder. Este discurso, absolutamente demoledor para ampliar aun más la brecha entre la política y los ciudadanos, fue bien respondido por el líder socialista, que, a diferencia de Ábalos, pasó por encima de las acusaciones en torno a los ERE o el caso de financiación irregular que se está abriendo en el PSPV.

Hace año y medio, Sánchez quedaba desahuciado como líder político tras la rebelión interna de su partido contra su decisión de empujar a una repetición de las elecciones generales, las segundas en menos de un año, para evitar la llegada de Mariano Rajoy a La Moncloa. Un año después de ganar las primarias, el líder socialista tiene al alcance de su mano convertirse en el próximo inquilino de La Moncloa y gestionar así las dos tensiones que figuran en el apoyo del resto de formaciones a su moción de censura: La de ir a unas elecciones generales anticipadas cuanto antes, convocatoria que le corresponde al presidente del Gobierno, o la de agotar la legislatura, que es la que maneja Ferraz.

En ambas, Sánchez tiene todas las de ganar por el control de los tiempos que aporta alcanzar el poder y, sobre todo, porque estaría en disposición de afrontar un ciclo electoral endiablado desde el cargo de presidente del Gobierno. Esa pátina presidenciable, como sugería Pablo Iglesias, coloca al PP y a C’s como únicos rivales electorales del socialismo una vez que la moción de censura neutralice al el resto de partidos que le puedan dar su apoyo este viernes.

Es posible que ésta haya sido la lectura que ha extraído C’s, cuya estrategia se ha basado en evitar, a toda costa, que Sánchez pudiera ser presidente del Gobierno una vez aprendida la lección del sorpasso frustrado de UP en 2015 y 2016. Aun en sus peores momentos, PP y PSOE no dejan de ser las formaciones centrales del sistema político español, con una base electoral bastante más fiel de lo que sugieren las encuestas sobre intención de voto.

Tres escenarios abiertos hasta la votación

En quince días, la política española ha dado un vuelco al más puro estilo italiano; entonces, hablábamos de la estabilidad, a dos años vista, que conseguiría el PP si lograba aprobar los PGE. Desde que el PSOE anunció que presentaría la moción de censura contra Rajoy, se abrieron varias posibilidades que siguen sobre la mesa: Por un lado, si Sánchez logra los votos necesarios (y todo apunta  a que será así en el momento de elaboración de este post), lo habrá conseguido tras confirmarse el poder de los nacionalismos periféricos, vasco y catalán, y de Unidos Podemos, formación con la que todo apunta que podría comenzar una nueva relación de cara al futuro a juzgar por las intervenciones de Pablo Iglesias y de Sánchez en el hemiciclo.

Por otro lado, queda pendiente que Rajoy vuelva a confirmar su capacidad de supervivencia política, algo que tiene difícil tras la confirmación de que el PNV, que hace una semana le ayudó a aprobar los PGE, votará a favor de la moción de censura si el presidente del Gobierno no presenta su dimisión en las próximas horas por ética y responsabilidad: “Lo hemos hecho teniendo en cuenta dos perspectivas: la ética política y la responsabilidad que nos atañe”.

Si lo hiciera antes de la votación, prevista para hoy, decaería la moción de censura y entraríamos a aplicar los plazos del art. 99 de la CE: Apertura de ronda de consultas por parte del Rey para presentar un candidato que consiga la mayoría abosluta en primera vuelta o la mayhoría simple en la segunda, que se votaría en cinco días. Si no fuera posible y no hubiera candidato alternativo, en dos meses se convocarían elecciones generales que se celebrarían a finales de septiembre u octubre. El PP habría ganado tiempo, a la espera de los movimientos del resto de partidos, que este jueves ya avanzaron parte de sus estrategias de campaña en el caso de ir a unas nuevas elecciones en unos meses.

Durante este jueves, además, se extendió el rumor de que Rajoy, que no estuvo presente en las intervenciones de los portavoces parlamentarios tras reanudarse la sesión, a las 15 horas, finalmente podría hacer una de las suyas. Esta posibilidad obligó a María Dolores de Cospedal a comparecer ante los medios para negar que el PP estuviera en negociaciones con PNV y C’s para formalizar la dimisión de Rajoy a cambio de un acuerdo de investidura a favor de la candidata popular, un movimiento que no garantizaría la mayoría absoluta de dicha persona en la primera vuelta. La secretaria general del PP confirmó que Rajoy no tenía pensado presentar su dimisión, hipótesis que no se puede descartar del todo a juzgar por el aire de despedida que tuvo todo el comportamiento de Rajoy en el hemiciclo y, sobre todo, fuera.

Un cambio de alianzas para la segunda mitad de la legislatura

En el plenario, se confirmó el cambio de alianzas de cara a lo que resta de legislatura: El PP y C’s escenificaron su animadversión política y casi personal, sobre todo durante la intervención de Albert Rivera, más propia de un mitin político que de una intervención parlamentaria. El líder de C’s se sabe en campaña electoral y, ante la posibilidad de quedarse descolgado del nuevo tiempo político, si Sánchez logra los 176 votos necesarios para ser investido presidente del Gobierno, alertó sobre las concesiones del PSOE para conseguir la ayuda del independentismo y enfatizó un discurso patriótico en la línea de las últimas semanas.

La principal novedad es que C’s deberá competir con el PP como principal partido de la oposición en un momento en el que la formación naranja sigue mordiendo en el electorado popular, a la espera de los efectos que pueda producir el desalojo de Rajoy de La Moncloa en los sondeos sobre intención de voto. Si finalmente Rajoy no dimite, podemos volver a verle como líder del principal partido de la oposición, como entre 2004 y 2011, con dos necesidades: La de enfatizar su eje a la derecha por la competición con C’s y la de la pura venganza. No queda más que recordar la estrategia de Génova en la legislatura 2004-2008 por entender que el PSOE les había arrebatado unas elecciones que creía ganadas.

Además de la nueva relación entre Madrid y Cataluña, que podría ayudar a desencallar el conflicto catalán una vez constituido el Gobierno de la Generalitat, se pudo ver cómo Unidos Podemos y, sobre todo, Pablo Iglesias abrieron una nueva etapa de relación con los socialistas tras el fiasco de las negociaciones durante la primera investidura de Sánchez, en febrero de 2016: “Hemos trabajado en comunidades y ayuntamientos y nos va bien. Usted dice que hay que ir a elecciones generales, yo digo que tenemos que ganar juntos las elecciones generales”. Ambos líderes se empeñaron en exhibir un buen tono de colaboración, especialmente significativo después de que Iglesias exigiera a Sánchez un cambio de rumbo en políticas económicas, sociales, institucionales y territoriales.

Viñeta de 

En cuanto a los partidos vascos, tampoco debería pasar desapercibido el sí de los dos diputados de EH-Bildu, apenas unas semanas después de que ETA anunciara su disolución. En cuanto al PNV, volvieron a confirmar que tienen uno de los mejores portavoces parlamentarios en estos momentos y que su acción política sigue siendo la de beneficiar a Euskadi como sea. En las negociaciones con el PSOE, la formación vasca habría conseguido el sí de Ferraz a mantener los PGE del PP (que el Senado podría vetar temporalmente) y a no convocar elecciones anticipadas ya, como reclama Podemos y, sobre todo, C’s.

Dos años de calvario para el PP

Los populares están en disposición a afrontar el periodo más complicado de su historia reciente con varios frentes abiertos: La pérdida de La Moncloa por un acuerdo de una mayoría de partidos en contra, lo que da pistas sobre el escaso trabajo ejecutado por Génova desde que llegó al Gobierno tras las elecciones de 2011. Si sale adelante la moción, asistiremos a la desactivación del frente constitucionalista para hacer frente a la crisis catalana, lo que abre una vía de solución a la aplicación del art. 155 de la CE  y, entendemos, entierra las peticiones de Sánchez, hace una semana, a favor de reformar el Código Penal para actuar contra los líderes independentistas.

Y todo ello en un contexto de fuerte confrontación entre dos de los partidos centrales de ese frente constitucionalista. Rivera insistió en colocar su marco de excepcionalidad provocada por Cataluña, en un claro ejemplo de que la principal competencia de Génova será C’s, especialmente significativa a un año de las elecciones autonómicas y municipales, con avisos de los barones territoriales sobre el tsunami que se avecina. Además, durante los próximos meses se espera el goteo de sentencias judiciales sobre corrupción política que evidenciará, de nuevo, la mala gestión política que de este asunto se hizo desde el comienzo.

Si bien la mayoría de los casos proceden de líderes que crecieron a la sombra de José María Aznar, el PP no supo ver la dimensión del problema y, sobre todo, el coste para sus siglas, que en estos momentos están achicharradas ante la opinión pública. Desde hace una semana, la mayoría de líderes de la formación muestran un pánico escénico que disimulan muy difícilmente y, tras la senda marcada por la AN, hay quien teme que finalmente Rajoy y la propia Cospedal acaben imputados en las causas abiertas. Y este asunto no queda sepultado por los buenos datos macroeconómicos que, por otra parte, no esconden la fractura social y la quiebra de la confianza de los ciudadanos en las instituciones.

Al PP, por lo tanto, le queda una tarea por delante bastante más complicada de lo que parece, sobre todo porque en los últimos días se le percibe noqueado. No se explica de otra manera la ausencia de Rajoy del Congreso de los diputados y su permanencia, durante horas, en un restaurante cercano junto a varios ministros y colaboradores.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en transición
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